Cómo tratar a un bebé enfermo sin darle fármacos

¿Cuantos padres no se desesperan frente a los catarros, faringitis, otitis o fiebres altas de sus bebés e hijos por no saber qué hacer, sobre todo si se repiten frecuentemente? ¿Y cuántos no se plantean si no estará el niño corriendo el riesgo de sufrir algún día efectos indeseables por haber tomado tantos fármacos como a veces se recetan? Pues bien, su temor tiene fundamento. Afortunadamente, todas esas dolencias -y muchas otras- pueden tratarse hoy sin el potencial peligro de los medicamentos de la medicina convencional mediante Homeopatía. Y, contra lo que mucha gente cree –buena parte de los médicos incluidos-, de forma efectiva. Por eso es cada vez mayor tanto el número de pediatras que recurren a ella como de farmacias en las que se pueden adquirir los preparados homeopáticos.

Las madres que han tenido la oportunidad y la suerte de beneficiarse de la homeopatía prenatal (véase nuestro artículo al respecto del pasado mes de enero) ya conocen las posibilidades que la misma ofrece frente a numerosas enfermedades, especialmente las benignas. Porque a diferencia de los fármacos de la Medicina alopática o convencional, los productos homeopáticos se pueden dar incluso a los lactantes echando simplemente los gránulos en un biberón con un poco de agua y removiendo el conjunto para que se disuelvan.

En cualquier caso, es necesario recordar antes de entrar a explicar qué se puede hacer concretamente en cada dolencia que las primeras etapas de los bebés y de los niños son especialmente importantes porque su organismo debe aprender a desarrollar sus defensas, es decir, el sistema inmunitario, vital para el futuro. Por tanto, conviene entender que las enfermedades en la infancia también tienen su vertiente positiva aunque a veces nos cueste entenderlo. Es igualmente importante entender que no todos los niños reaccionan igual a las enfermedades porque la genética, la herencia, juega a veces un papel determinante. Por ejemplo, si un padre o una madre tuvo convulsiones febriles de bebé o niño a sus hijos puede pasarles lo mismo. Y, en consecuencia, deberán tomar medidas precautorias que en otros niños no son necesarias. Sin olvidar que homeopáticamente, como ya expliqué en un artículo anterior de la revista, también puede incidirse en ocasiones sobre este aspecto.

En suma, es muy importante entender que las enfermedades infantiles sirven para estructurar adecuadamente de cara al futuro tanto el sistema inmune como el fisiológico en general. Y que, por tanto, si las abordamos apoyando ambos sistemas con homeopatía en lugar de “combatir” la enfermedad –que es el principio con el que actúa la Medicina alopática o convencional- permitiremos una mejor y más fuerte adaptación del niño al medio ambiente.

EL PERIODO DE LACTANCIA 

Debo aclarar también que desde el punto de vista de la Homeopatía hay tres tipos básicos de constitución en los bebés. Unos son de constitución fosfórica y se les identifica porque se trata de lactantes muy sensibles a los cambios ambientales que además se cansan y desmineralizan con facilidad. Otros son de constitución fluórica y se caracterizan porque sus síntomas son muy exagerados teniendo tendencia a la destrucción; por ejemplo, otitis con perforación o amigdalitis con úlceras. Y el tercer grupo lo integran los de constitución carbónica, lactantes más bien “cuadrados”, es decir, regordetes y simpáticos a los que les gusta comer. Eso sí, a diferencia de los otros dos tipos de constitución estos padecen a menudo problemas dermatológicos. Por ejemplo, el conocido “eczema del lactante” con las típicas costras en el cuero cabelludo. Suelen ser bebés que también presentan frecuentemente eritema en las nalgas debido a la sensibilidad de su piel a la acidez de las secreciones. Les suele sudar la cabeza y presentan un inconfundible olor ácido. Asimismo, sufren con frecuencia deposiciones blandas o líquidas, de color verdoso generalmente.

Pues bien, en estos casos –como digo, propios sobre todo de los niños de constitución carbónica aunque pueden padecerla también los otros-, basta administrar Calcárea Carbónica con una disolución a la 9CH tomando 5 gránulos en días alternos o a una disolución a la 15CH pero ingiriendo en ese caso 5 gránulos una vez a la semana. Y ello hasta la mejoría y desaparición de los síntomas. Si lo que sufre, en cambio, es un cólico de vientre después de mamar a pesar de haber eructado –suelen ser nocturnos- le sentará bien tomar Magnesia Carbónica 7CH, 2 veces al día.

Otro fenómeno de gran importancia en el lactante -y a veces de grave repercusión- es la diarrea, algo que nunca debe permitirseque dure varios días ya que los bebés se deshidratan con facilidad. Y similar peligro existe en los casos de vómitos repetidos. Pues bien, en esas situaciones lo aconsejable es darles también Magnesia Carbónica 7CH pero 5 gránulos 3 o 4 veces al día. Aportará alivio, sobre todo si son nocturnos o cuando el bebé esté en la cuna. Ahora bien, en el caso de que los vómitos (estén o no asociados con diarrea amarilla verde) se produzcan después de tomar leche lo aconsejable es darles 5 gránulos en un poco agua de Aethusa Cynapium 5CH. Y un gránulo más sorbido antes de mamar o de cada biberón (esta situación se de más a menudo con la lactancia artificial).

En cambio, si los vómitos se deben a una acetonemia pensaremos en darle Senna 5CH; 5 gránulos en un biberón y otro sorbido cada media hora hasta que se note la mejoría. Pero si se deben a un exceso de comida y se tiene la lengua blanca, mejor darles Antimonim Crudum 7CH. Cabe añadir que cuando se trata de vómitos bruscos -asociados o no a una crisis de tos- y se tiene la lengua limpia lo adecuado es Ipeca 5CH (esta segunda situación es más propia de niños que de bebés).

DOLOR Y FIEBRE EN LA DENTICIÓN  

Pasemos ahora a los habituales problemas de dentición, un periodo en el que el lactante puede llegar a tener fuertes dolores en las encías, casi inaguantables, mostrando gran agitación y irritabilidad. Pues bien, darles Chamomilla 9 CH -5 gránulos 2 o 3 veces al día- les ayudará a soportarlo. Sea cual sea su tipo constitucional. Como les ayudará de paso ese mismo medicamento en las diarreas que a veces acompañan el proceso, generalmente de color verde y mal olor que se acompañan de sudor caliente.

Ahora bien, en caso de que aparezca fiebre aguda en este proceso dental habrá primero que identificar si es seca o húmeda. De ello dependerá el tratamiento. La fiebre seca se caracteriza porque aparece de forma brusca, el niño se muestra agitado, tiene el rostro enrojecido y siente mucha sed. En ese caso hay que darle Aconitum Napellus 9CH, 5 gránulos 3 veces al día. En cambio, la fiebre húmeda se caracteriza porque produce sudor, dolor de cabeza, agotamiento e intolerancia a la luz y al ruido. El tratamiento adecuado entonces es dar al principio elAconitum Napellus 9CH comentado antes y a partir del cuarto día Belladona 9CH en similar dosis y tiempo.

LA FIEBRE EN OTROS CASOS 

Debemos recordar que la fiebre no es más que un mecanismo fisiológico de defensa del organismo producida por el sistema inmune y lo adecuado es esperar a que éste termine su proceso de curación. Es decir, la fiebre no es negativa en sí misma –todo lo contrario- por lo que sólo debe controlarse para que no exceda de los -aproximadamente- 38 grados y medio. Y hay que decir que en este caso, quizás como en ningún otro, la homeopatía nos ofrece la posibilidad de dejar al organismo hacer su trabajo sin interferir mientras, paralelamente, ayuda a los otros sistemas fisiológicos. Hemos explicado antes qué conviene dar al lactante si la fiebre se debe al proceso natural de la dentición. Pero la fiebre puede aparecer por otras causas menos específicas, ignorando a veces qué la provoca. Pues bien, si la fiebre aparece bruscamente, es alta sin que el niño tenga sed y siente alivio si se le aplica en la frente un pañuelo empapado de agua fría pensaremos en Apis Mellifica 15CH, 5 gránulos 2 o 3 veces al día. Pero si la fiebre aparece de manera progresiva hasta llegar a una temperatura determinada, el niño siente mucha sed y la fiebre sube bruscamente con el movimiento físico le daremos a Bryonia 9CH, 5 gránulos 2 o 3 veces al día. Y si, por el contrario, el movimiento continuo hace bajar la fiebre y mejora el estado del niño pero éste se agrava con la humedad y aumenta igualmente la sed, pensaremos entonces en Rhus Toxicodendron 9CH, 5 gránulos 2 o 3 veces al día.

LOS CATARROS 

Los catarros, resfriados o constipados suelen manifestarse en los lactantes a partir de los 3 meses -periodo de tiempo durante el cual la mayor parte de las madres dan el pecho- ya que la leche materna aporta anticuerpos. Obviamente, si el periodo de amamantamiento se prolonga la posibilidad de que el bebé se acatarre o enferme por cualquier otra causa disminuye.

En fin, un catarro o constipado se caracteriza por una inflamación y congestión de las mucosas respiratorias superiores que puede afectar a la nariz, la faringe y los oídos. Respuesta fisiológica, en todo caso, que no deja de ser también un mecanismo de defensa del organismo ante un problema concreto –por ejemplo, la reacción a un virus o a una bacteria- aunque los síntomas sea molestos. Es el caso de la congestión nasal ya que puede obstruir la nariz del lactante dificultándole mamar. Lo más útil e inmediato en tal caso es introducirle suero fisiológico a presión (por ejemplo, con una jeringuilla), primero en una fosa nasal y luego en la otra. Le desatascaremos y podrá así respirar mejor. Luego, si tiene fiebre, darle lo anteriormente mencionado. Y nada más. Sólo dejar actuar a la naturaleza.

Ahora bien, ¿y cuando los catarros son repetitivos o continuos? Pues hay que decir que en ese caso la causa suele estar en alguna actuación anterior. Por ejemplo, suele ser una reacción muy corriente entre los bebés cuando han recibido las primeras series de vacunas infantiles. Y es que si bien esas vacunas tienen como objetivo prevenir algunas enfermedades no es menos cierto que también conllevan gran cantidad de antígenos extraños que a veces producen una reacción exagerada del sistema inmune. Algo que, en suma, obliga al organismo a poner en marcha una adaptación crónica que da lugar a esos catarros constantes y repetitivos.

En todo caso, podemos actuar homeopáticamente sobre los síntomas. Así, para la sequedad y ardor de las mucosas nos valen los remedios de la fiebre: Aconitum -sobre todo si el resfriado viene después de una exposición al frío seco-, Belladona, Apis, Bryonia, Rhus Toxicodendron o Dulcamara (estos dos últimos sobre todo si el resfriado viene después de una exposición a la humedad). Para la obstrucción nasal seca en el lactante que no resuelve sólo el suero fisiológico contamos con dos remedios. Uno, el Sambuccus Nigra 5CH (saúco); disuélvanse 5 gránulos en un biberón con agua y désele al lactante un trago cada 10 o 15 minutos hasta notar la mejoría. Sobre todo, si se obstruye la nariz por la noche y el niño se despierta llorando por ello. El segundo remedio es Arum triphyllum 5CH, también útil, por cierto, para la laringitis estridulosa (el falso crup). Debe administrarse del mismo modo que el anterior.

En una fase posterior del catarro suele aparecer a menudo una secreción abundantey transparente que escora la nariz y el labio superior, algo que suele ser más frecuente en habitaciones caldeadas. Lo primero que hay hacer, pues, es airear bien el lugar en el que nos hallamos. En cuanto al medicamento homeopático adecuado para esta situación es Allium Cepa 9 CH. Deben darse al lactante 5 gránulos disueltos en un biberón con agua procurando que tome unos tragos cada hora. Y, por cierto, elAllium Cepa se elabora con cebolla. Luego nuestras abuelas sabían muy bien lo que hacían cuando, ante un catarro fuerte, ponían en la mesilla de la cama del enfermo una cebolla troceada para que éste oliera el aroma.

Pero sigamos porque en este proceso suele aparecer más tarde el típico moco amarillo espeso con costras pegadas. Y es cuando conviene darle Kalium Bichromicum 7CH cada 2 horas.

Es todo. Tratado de esta manera el niño volverá a encontrar su estado de salud y de ánimo rápidamente. Aunque debo añadir que existe un estimulante homeopático del sistema inmune no específico que, sin ningún tipo de peligro, puede ayudar en cualquier recuperación y además previene lasinfecciones microbianas: el Oscillococcinum. Basta echar un tubo entero del producto con los pequeños glóbulos en un biberón con agua y dárselo a beber al bebé en 2 tandas. Puede complementarse con otro excelente estimulante homeopático de las defensas como el Pyrogenium 9CH del que deben disolverse 5 gránulos en el biberón 2 veces al día.

LAS OTITIS

Muchos padres y pediatras temen que se complique el catarro de sus hijos. Y las principales complicaciones suelen ser las otitis y las bronquitis. Afortunadamente, la homeopatía también ofrece remedios para ello. Empecemos hablando de las otitis.

En primer lugar, si el bebé tiene fiebre recurra a los medicamentos mencionados anteriormente. Y luego dele Belladona 9CH porque ayuda en los casos de inflamación dolorosa, tanto de la faringe como del oído. Asimismo, apoye al sistema inmune dándole Oscillococcinum; un tubo entero -de la manera que ya se ha explicado- 2 veces al día.

En el caso de la otitis, además de la Belladona existe un remedio muy eficaz, incluso si la fiebre no es muy alta: el Ferrum Phosphoricum 7CH (5 gránulos cada 2 horas hasta que mejore). Producto que se puede complementar además atendiendo a las circunstancias de cada caso. Así, si el bebé tiene mucho frío, necesita calor y alterna estados de agotamiento y agitación hay que darle Arsenicum Album 7CH (5 gránulos cada 2 horas hasta que haya mejoría). Si la otitis produce dolor detrás del oído -en las mastoides-, désele entonces Capsicum 7CH (5 gránulos, 4 veces al día). Aliviará al lactante y prevendrá una posible nastoiditis. Y si la otitis es productiva -es decir, cursa con producción de secreción purulenta-, adminístresele Pyrogenium 9C H (5 gránulos 3 veces al día). Y si este tipo de otitis sobreviene o se agrava por la noche, añádase Mercurius Solubilis 7CH (5 gránulos cada 2 horas) o Mercurius Dulcis 7CH (a la misma posología). Igualmente es útil el ya mencionado Arsenicum Album 7CH (5 gránulos cada 2 horas hasta la mejoría) cuando el bebé está agotado, débil y presenta ansiedad. Y como analgésico -las otitis son muy dolorosas- puede dársele Chamomilla 9CH (5 gránulos, 2 o 3 veces al día). Por último, en la fase de convalecencia podremos ayudar al niño a recuperar su salud con Sulfur Iodatum 9CH (5 gránulos 2 veces al día, un par de días).

Quizás le sorprenda a lector no versado que recomiende a veces varios productos simultáneamente porque piense que pueden interaccionar entre ellos negativamente pero no es así. Sin embargo, sí debo decir quecuando su bebé padezca este problema no sele ocurra nunca darle Hepar Sulfur aunque sea en alta dilución porque actúa madurando los abscesos y existe el peligro de extender la infección hacia dentro.

LAS BRONQUITIS

La otra complicación del catarro que puede surgir es la bronquitis. Y en ese caso, una vez más, es importante ayudar alorganismo a salir del problema reforzándolo a la vez. Por tanto, además de darle los medicamentos para la fiebre ya comentados tenemos que empezar apoyando al sistema inmune con Pyrogenium 9CH (5 gránulos 2 o 3 veces al día).

Si la bronquitis es agudahay que dar al lactante Bryonia 7CH (5 gránulos 4 veces al día). Se caracteriza porque el niño manifiesta tener sed constante, su tos es seca, la agrava el mínimo movimiento y se encuentra peor en ambiente caliente que en el frío o apretando la zona inflamada.
En cambio, si la tos es productiva y la expectoración amarilla verde de mal olor y se desencadena o agrava por la noche lo adecuado es Mercurius Solubilis 7 CH (5 gránulos 4 veces al día),
Sólo si la tos productiva es desencadenada siempre por el mínimo aire frío podemos pensar en Hepar Sulfur 30CH y siempre asociado a Pyrogenium 9CH. Se recomienda tan alta dilución (30CH) para evitar cualquier riesgo de difusión de infección del oído hacia dentro. Ferrum Phosphoricum 7CH está indicado, por su parte, en los estados de congestión de las mucosas bronquiales.

Termino, en cualquier caso, recordando a los padres que me lean que en la infancia las enfermedades, incluidas las características de esta edad, permiten al niño adaptarse al medio ambiente y estructurar adecuadamente sus recursos naturales a la hora de afrontar nuevas situaciones. Y, por tanto, en nuestro mundo son poco menos que necesarias.

Dr. Diego Jacques

Médico homeópata. Presidente del IBI.

Este reportaje aparece en
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Marzo 2002
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