¿En qué se basan los tratamientos médicos?

por José Antonio Campoy

La pregunta que encabeza este editorial puede parecerle retórica a mucha gente, especialmente a los profesionales de la salud. ¿Pues en qué se van basar? ¡En los conocimientos médicos y en la eficacia clínicamente probada de los protocolos que se aplican! ¿O no? Bueno, pues ¡NO! La eficacia de la mayoría de los tratamientos médicos no se ha avalado científicamente ¡nunca! Y esta vez no lo decimos nosotros: lo ha constatado y desvelado el British Medical Journal en una investigación titulada Clinical Evidence según la cual de los casi 2.500 tratamientos analizados sólo el 13% son claramente beneficiosos y un 23% algo beneficiosos. Y eso significa que el 64% de los tratamientos que hoy se proponen a los enfermos no se justifican. Un auténtico escándalo del que, por supuesto, nadie quiere hablar entre la clase médica, política y periodística donde casi todos han optado por el silencio para evitar el ridículo. Quizás porque según el doctor Damien Downing -Director Médico de Aliance Natural Health- el estudio releva en especial la ineficacia de la quimioterapia en cáncer, de las estatinas para bajar el colesterol, de los antidepresivos, de los antiinflamatorios COX-2 y hasta de la llamada Terapia Antirretroviral Altamente Activa (HAART). Algo que en esta revista nos hemos hartado de denunciar en todos esos casos y en muchos otros. Hablamos de un estudio que demuestra que los protocolos médicos consensuados a nivel internacional por los expertos de cada especialidad no son fiables ya que la mayor parte no se han testado y los ha impuesto la industria farmacéutica a través de sus peones para asegurarse de que a los enfermos se les trata con sus fármacos sintomáticos y/o paliativos en lugar de con métodos naturales inocuos o, simplemente, afrontando la causa del problema. Este trabajo revela, por ejemplo, que de las ¡2.711 recomendaciones! que se hacen para el diagnóstico y tratamiento de las patologías del corazón sólo ¡el 11%! están apoyadas en ensayos clínicos aleatorios múltiples. Y encima de ese 11% hay que recelar porque cada vez aparecen más pruebas de que muchos de esos estudios eran fraudulentos cuando no directamente ¡inventados! Hace sólo unas semanas se supo, por poner un ejemplo, que el anestesiólogo Scott Reuben había falsificado al menos 21 de los 72 estudios de investigación que publicó en revistas médicas entre 1996 y 2008 en los que afirmaba que los analgésicos antiinflamatorios conocidos como COX-2 -el Celebrex de Pfizer y el Vioxx de Merck- eran más eficaces que los antiguos. ¿Y qué decir de la conclusión de que la quimioterapia es ineficaz, de que no sirve para curar el cáncer como hemos denunciado tantas veces? ¿Ha visto usted que los medios de comunicación social –especialmente radio y televisión- se hayan hecho eco de tan alarmante conclusión? Por supuesto que no. Como no se hicieron eco del artículo que los oncólogos Graeme Morgan, Michael Barton y Robyn Ward publicaron en el 2005 en Clinical Oncology constatando que la quimioterapia apenas sirve para nada. Como nunca se han hecho eco de ninguno de los dos congresos internacionales que esta revista ha patrocinado –el tercero se celebrará a finales de noviembre próximo- porque en ellos denunciamos con datos contundentes que en el tratamiento del cáncer los tratamientos convencionales no funcionan. Nuestros lectores son pues advertidos una vez más: las llamadas enfermedades no se curan con fármacos. Y la inmensa mayoría de los tratamientos médicos se basan en ellos. Por eso no funcionan. Lo hemos dicho tantas veces que resulta agobiante. Pero es que ahora lo acaba de corroborar una de las revistas científicas más importantes del mundo, luego, ¿cambiará eso algo? Y la respuesta es sencilla: ¡NO! Porque esa información seguirá sin llegar a la inmensa mayoría de la gente. Obviamente llegará a numerosos médicos pero éstos no van a dejar por ello sus protocolos ya que si lo hacen no sabrán cómo afrontar los problemas de salud de sus pacientes salvo que se hayan formado por su cuenta ya que lo que sí se puede hacer no se enseña en las facultades de Medicina, igualmente tomadas por la gran industria farmacéutica. Y ahora, cuando enferme, vaya a un galeno convencional si quiere pero sabiendo que sólo el 11% de los tratamientos que los médicos usan tienen algún fundamento científico y clínico. Y que la mayoría de las patologías no saben curarlas porque ni siquiera saben qué las provoca.