Los tratamientos médicos son ya ¡la primera causa de muerte!

por José Antonio Campoy

La primera causa de muerte en el mundo no son ya las enfermedades cardiovasculares ni la segunda el cáncer. Han sido desplazadas de lugar por ¡los tratamientos médicos! El hecho es de tal gravedad que resulta increíble que no se haya abierto urgentemente un debate público para analizar la situación. Y eso que el estudio que lo demuestra -aparecido a finales del año pasado y del que nos hacenos eco en este número- es impecable y no ha sido cuestionado. Según éste, publicado con el nombre de Death by Medicine, en Estados Unidos mueren no menos de 780.000 personas al año a causa de errores médicos, efectos yatrogénicos de los medicamentos, problemas relacionados con la cirugía, infecciones hospitalarias, procedimientos innecesarios, úlceras mal tratadas y malnutrición. Es decir, por tratamientos médicos. Y no están contabilizadas siquiera las muertes causadas por las exposiciones radiológicas, el uso excesivo de antibióticos, los medicamentos carcinógenos, el uso de la quimioterapia, la cirugía innecesaria, las terapias insuficientemente probadas y otras causas habituales lo que hace indicar que la cifra real es notablemente superior. De hecho, las cifras se basan sólo en los actos yatrogénicos reportados y se calcula que éstos no llegan al 20% de los ocurridos realmente. No puede extrañar, pues, que los propios autores del estudio afirmen: “Es evidente que el sistema médico americano es la causa principal de muerte y lesión en Estados Unidos” Y ofrecen el dato de que el coste de la iatrogenia para el sistema sanitario norteamericano es de ¡282.000 millones de dólares anuales¡ “Cuando la causa número uno de muerte en una sociedad es el sistema de protección de la salud -se llega a decir en las Conclusiones del estudio- entonces tal sistema no tiene excusa alguna para abordar sus propias limitaciones urgentes. Es un sistema fallido que precisa de atención inmediata. Lo que nosotros hemos perfilado en este documento refleja aspectos insoportables de nuestro sistema médico contemporáneo que necesita ser reformado desde sus mismos cimientos”. Obviamente, estas cifras son extrapolables a cualquier estado occidental desarrollado porque el sistema sanitario es muy similar en todos ellos. Y eso supone, teniendo en cuenta que en España somos hoy 43 millones de habitantes, que en nuestro país mueren por las razones inicialmente apuntadas -sin contar otras- no menos de 130.000 personas al año a causa de los tratamientos médicos. Evidentemente la cifra es muy superior ya que a ella habría que añadir, por ejemplo, los 100.000 españoles que fallecen de cáncer anualmente sólo en hospitales (sin contar a quienes mueren en sus casas). ¿Hasta cuándo vamos a consentir este disparate? ¿Hasta cuándo vamos a aceptar que un sistema completamente fracasado e inútil acabe cada año con la vida de decenas de millones de personas en el mundo sin que se haga nada? ¿Es entendible que se cree en España una comisión de investigación parlamentaria para averiguar qué llevó a la muerte a 192 personas en marzo pasado en un acto vil y cobarde pero no se quiera debatir el genocidio que se perpetra legalmente desde el sistema sanitario? El único debate que se desarrolla en nuestro ámbito político es el de cómo financiar ese sistema. ¡Vaya estupidez! Eso se resuelve fácil y rápidamente: basta con que los estados se nieguen a sufragar los medicamentos que no curan, aquellos que tienen mero carácter paliativo o se limitan a aminorar los síntomas sin afrontar la enfermedad… y que además provocan efectos secundarios negativos (es decir, yatrogénicos). Porque eso supondría dejar de costear ¡el 98% de los fármacos! Y es que la inmensa mayoría de los medicamentos ¡no curan nada! ¿Hasta cuándo se va a amparar, pues, tamaño dislate? ¿Es que la corrupción y la falta de ética han podrido hasta tal punto los pilares de nuestra sociedad que ésta carece ya de capacidad de reacción ante lo que está sucediendo?.