Carbohidratos refinados: un grave problema de salud

por José Antonio Campoy

Hace año y medio publicamos un extenso artículo con el título La intolerancia al pan y a los productos hechos con trigo es cada vez mayor -apareció en dos partes en los números 163 y 164- en el que dimos a conocer un preocupante hecho ignorado por la mayoría de la sociedad: que el trigo que se cultivaba hace solo 50 años apenas se comercializa ya habiéndose impuesto en casi todo el mundo unos trigos híbridos desarrollados en laboratorio más resistentes a las inclemencias meteorológicas y a la acción de los patógenos así como más ventajosos económicamente al aumentar su rendimiento por hectárea pero que la mayoría de la gente no asimila bien. Advirtiendo que según numerosos estudios su ingesta puede ser causa de muy diversas patologías… o agravarlas: celiaquía, resistencia a la insulina, diabetes tipo II, hipertrigliceridemia, obesidad, migrañas, hipermeabilidad intestinal, artrosis, artritis, enfermedades inflamatorias intestinales -colitis ulcerosa, disbiosis intestinal, enfermedad de crohn, etc.-, patologías neurodegenerativas -ataxia, autismo, esquizofrenia, hiperactividad, Síndrome de Down y otras-, asma, lupus, Síndrome de Sjögren, Tiroiditis de Hashimoto, incontinencia urinaria, enuresis infantil, infertilidad, abortos recurrentes, alopecia, hernia de hiato, dermatitis herpetiforme y atópica, acné, psoriasis e incluso cáncer. Explicando en ellos que el trigo actual es un híbrido no desarrollado de forma natural por los campesinos sino en laboratorios de investigación biológica alterando su genoma de tal manera que su ADN fabrica novísimas proteínas desconocidas para nuestro organismo que reacciona por eso contra ellas estando constatado que algunas se transforman en los intestinos en neurotoxinas y excitotoxinas que afectan a las neuronas cerebrales provocando muy distintas patologías del sistema nervioso. Un problema que provoca hoy sobre todo el trigo pero también todos los carbohidratos refinados como ya habíamos adelantado en otro artículo publicado en el nº 157 con el título ¿Qué ingerimos realmente cuando compramos pan? en el que explicamos que hoy la mayor parte de los productos que compramos como pan –barras, baguettes, hogazas, chapatas, pan de molde, integral, etc.- son industriales y refinados y, por ende, menos ricos en proteínas, minerales y vitaminas además de no contener apenas fibra por lo que provocan estreñimiento cuando no dañan los intestinos y el colon o bien causan problemas de intolerancia o alergia. Texto en el que además denunciamos que buena parte del pan se hace con levadura industrial refinada y usándose blanqueantes, propilenglicol, propionato de calcio -antibacteriano y fungicida que destruye enzimas-, aluminio –tóxico para el cerebro-, bromato de potasio –hoy prohibido en Europa-, cloruro de amonio, tartrato, cloruro de amilasa, emulgentes, conservantes, potenciadores del sabor, etc. De ahí que además de perjudicar la salud a las pocas horas esté duro y resulte indigerible. Pues bien, volvemos a retomar de nuevo el asunto porque con una diferencia de pocos meses se han publicado en España dos libros –Cerebro de Pan y Sin trigo, gracias- en los que una vez más se acusa al trigo actual de ser la causa subyacente de numerosas patologías. El primero escrito por David Perlmutter, neurólogo norteamericano para quien el gluten del trigo moderno es la principal causa de alzheimer y otras patologías neurodegenerativas al dañar el sistema nervioso central y el segundo por el cardiólogo William Davis quien no duda en afirmar por su parte que la principal causa de las patologías cardiacas no son el colesterol y la grasa saturada sino el trigo. Hablamos pues de un asunto muy grave ya que la inmensa mayoría de las personas sigue consumiendo productos de panadería y bollería, pasteles, pastas, pizzas, hamburguesas y cereales para el desayuno sin llegar a saber que eso que tan creen sano e inocuo les está llevando -con mayor o menor lentitud- a enfermar. Es más, ignoran que puede ser a menudo la causa de que sus niños enfermen e incluso terminen sufriendo cuadros alérgicos, pesadillas, intranquilidad, insomnio, asma, autismo, déficit de atención, hiperactividad y otras muchas patologías infantiles. Quizá algún día tomen conciencia de ello los padres, los profesores, los médicos y las autoridades sanitarias pero mientras sugerimos a nuestros lectores que se planteen seriamente eliminar de su dieta todos los carbohidratos refinados, especialmente el trigo.