Los avances en el ámbito de la salud

por José Antonio Campoy

No cabe la menor duda de que el aumento del saber en todos los ámbitos de la ciencia ha sido espectacular en las últimas décadas. El conocimiento del ser humano, que aumentará de forma gigantesca en cuanto se complete el estudio del Genoma Humano y esos datos se pongan a disposición de todos, prevé un futuro esplendoroso para nuestros nietos y -quizá- hijos más pequeños. Porque el camino es aún largo y habrán de pasar no ya años sino décadas hasta que se pueda recoger la cosecha de lo sembrado. Por tanto, no se justifican ni los triunfalismos infantiles ni los interesados, especialmente por parte de algunas compañías y laboratorios farmacéuticos que pretenden muchas veces lucrarse a corto plazo vendiendo sólo… esperanzas. Ya conocemos la historia. Basta repasar en cualquier hemeroteca los destacados titulares dedicados por periódicos, revistas y libros a supuestos grandes descubrimientos que iban a resolver… lo que sea y seguimos esperando. Sólo sobre el cáncer o el sida se han ofrecido tal cantidad de falsas esperanzas, se han vendido tantas injustificadas expectativas e ilusiones que lo mismo a quienes postularon esas «noticias» como a quienes las difundieron la sociedad debería pedirles responsabilidades por su falta de ética. Urge un debate científico -abierto a todos los estamentos sociales- para clarificar el panorama de la salud. Las contradicciones entre los resultados -a veces completamente opuestos- de los estudios e investigaciones efectuadas en todo el mundo sobre muchos temas son de tal calibre que moverían a risa si no se tratase de un asunto tan serio. Y el silencio, el ostracismo o la persecución a los que son sometidos quienes discrepan de las líneas oficiales que marcan la «verdad científica» del momento comienza a ser ya una cuestión sonrojante y vergonzosa. Hay una auténtica mafia en el mundo de la salud y la gente debe saberlo. Y, sobre todo, existe hoy entre la clase médica un cúmulo tal de «creencias» tenidas por verdades científicas irrefutables -cuando muchas deberían estar al menos en entredicho- que sólo el miedo, la ignorancia, la soberbia o los intereses creados de los «gurus» del sistema justifican que no se hayan ya replanteado en todo el mundo. Claro que los médicos son también víctimas del sistema: defienden lo que les han enseñado. Lo que es una pena es que sea sólo una minoría la que se replantee si lo que han aprendido es o no verdad. Tal vez sea porque al que discrepa y piensa por sí mismo en lugar de asentir a todo lo que dice su superior jerárquico es considerado indeseable y generalmente termina sin trabajo. O quizá porque el grado de frustración entre la clase médica y el resto del personal sanitario va alcanzando cada día proporciones más preocupantes al ser cada vez más conscientes de sus carencias y limitaciones. Iremos hablando de ello.

José Antonio Campoy