¿Falsos mitos en el ámbito del cáncer?

por José Antonio Campoy

La Consejería de Sanidad de Cataluña y el Instituto Catalán de Oncología orquestaron en febrero pasado una campaña conjunta cuyo presunto objetivo es combatir los “falsos mitos del cáncer” entre los que -a su juicio- estos son algunos de los más frecuentes:
-Que el cáncer provoque siempre dolor ya que un 25% de los enfermos no lo sufre nunca y del otro 75% solo un 10-15% necesita medidas para controlarlo.
-Que el cáncer sea hereditario cuando lo que suele haber es solo una “predisposición” a desarrollarlo en menos de un 10% de los casos.
-Que sea el “destino” el que determine que alguien sufra o no un cáncer ya que muchos estudios han demostrado que un estilo de vida saludable reduce significativamente el riesgo de desarrollarlo mientras los hábitos nocivos aumentan las posibilidades de padecer la enfermedad. Explicando que para disminuir el riesgo es recomendable seguir una alimentación sana y variada, practicar ejercicio físico a diario, evitar el tabaco, limitar el consumo de alcohol, evitar el exceso de peso, tener cuidado con el sol, evitar sustancias nocivas, hacerse las pruebas indicadas para detectar el cáncer a tiempo, consultar al médico si se detecta alguna alteración en el cuerpo y vacunarse porque algunos virus pueden provocar tumores.
-Que los microondas o el estrés provoquen cáncer (aunque admiten que éste último conlleva un aumento del riesgo).
-Que el uso de desodorantes, ciertos sujetadores o haber recibido un golpe en el pecho puedan provocar cáncer de mama. Admiten en cambio que el sobrepeso o la obesidad después de la menopausia, hacer poco ejercicio físico y el exceso de alcohol aumenta la probabilidad de desarrollar un tumor mamario.
-Que el cáncer avance más rápidamente si la persona se muestra pesimista.
-Que haga falta una actitud positiva para curarse. Lo importante según dicen es seguir escrupulosamente el tratamiento así como los consejos del médico y no abandonar el tratamiento.
-Que un diagnóstico de cáncer sea una “sentencia de muerte” porque más de la mitad de los pacientes lo superan gracias a los programas de detección precoz que lo hacen en sus inicios “fácilmente tratable“ y porque existen hoy tratamientos más eficaces y con menos efectos secundarios que antaño.
-Que algunas hierbas medicinales puedan curar el cáncer: no solo niegan tal posibilidad sino que advierten al enfermo de que si ingiere alguna debe decírselo al oncólogo porque puede interaccionar con la quimioterapia.
Tales son las afirmaciones y consejos de esos “expertos” algunas de cuyas consideraciones son tan obvias –no fumar, no ingerir bebidas alcohólicas, alimentarse bien, hacer ejercicio, etc.- que no hay nada que decir de ellas pero sí de otras sobre las que además vamos a ser muy beligerantes. Porque, ¿cómo pueden esos oncólogos afirmar que un estado de pesimismo no agrava un problema de cáncer y que ser optimista no ayuda a vencerlo? ¿Saben acaso algo de inmunología? Todo indica que no, que una disciplina científica como la Psiconeuroinmunología ni la conocen. ¿Y cómo pueden alegar que los desodorantes que llevan aluminio son inocuos? ¿O que los microondas no alteran las moléculas de los alimentos? ¿O que las vacunas antivíricas pueden prevenir el cáncer porque algunos virus lo provocan? ¿Cómo confunden una mera “asociación” con una cuestión de causa-efecto? Que en algunos tumores se hayan encontrado virus no significa que éstos sean la causa. ¿Qué pasa? ¿No hay microbiólogos entre los oncólogos? ¿Y cómo  se puede afirmar que ninguna hierba medicinal previene o cura el cáncer? ¿Es que no leen más que las publicaciones científicas que les “sugieren” los laboratorios? Hay infinidad de productos naturales –hierbas medicinales incluidas- que han demostrado en estudios científicos rigurosos sus propiedades anticancerígenas de muchos de los cuales nos hemos hecho eco en la revista. Incluso hay productos homeopáticos de eficacia constatada cuya eficacia ha valorado hasta el Anderson Cancer Center de Houston (Texas, EEUU). Por otra parte hemos dicho muchas veces que la expresión “detectar un cáncer a tiempo” solo tiene sentido cuando se habla de extirpar un tumor si es muy pequeño, está aislado y no hay riesgo de metástasis lo que acaece en una proporción de casos reducidísima. En el resto ni la cirugía, ni la Quimioterapia, ni la Radioterapia vale para gran cosa. Y es que su aseveración de que la investigación ha permitido tener hoy “tratamientos más eficaces y con menos efectos secundarios” es rotundamente falsa; en proporción a la población muere actualmente en España el mismo número de enfermos por cáncer que hace 30 años. Los datos de morbilidad hospitalaria del Instituto Nacional de Estadística (INE) son contundentes a ese respecto. ¿Hasta cuándo vamos pues a tener que soportar tantas mentiras? ¡Retamos por enésima vez a los oncólogos –esta vez a los catalanes concretamente- a que nos digan dónde y cuándo se ha publicado algún trabajo que demuestre que uno solo de los productos que financia el estado para tratar el cáncer previene o cura la enfermedad! ¿Dónde y cuándo se ha publicado un documento de ese tipo?  Si existiera alguno no llevarían tantos años dando la callada por respuesta. ¿”Falsos mitos”? Los mitos más falsos en el ámbito del cáncer son los que pregonan los oncólogos, los laboratorios, las instituciones que éstos controlan y muchos gobiernos cómplices. De hecho si lo que afirman fuese verdad, ¿por qué no lo demuestran? Es simple: ¡porque no pueden!