El mito de la «Medicina moderna»

Que a Hipócrates de Cros se le considere «el padre de la medicina moderna» es un auténtico sinsentido porque vivió entre los siglos IV y V antes de Cristo, dos de sus principales máximas fueron «Si no puedes hacer el bien al menos no hagas daño» y «Que tu medicina sea tu alimento y el alimento tu medicina» y a los médicos «modernos» no se les enseña prácticamente nada sobre alimentación en la carrera de Medicina. Es más, en las facultades universitarias se le quita importancia a la dieta enseñándose a los estudiantes que lo que realmente cura son los fármacos sintéticos no naturales patentados que tantos efectos secundarios negativos provocan. Quien sí le hizo caso sin embargo fue nuestro más insigne escritor, Miguel de Cervantes, quien hace mas de cinco siglos pondría en boca del Quijote su mejor consejo dietético a Sancho Panza: “Come poco y cena más poco que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”. Lamentablemente verdades tan contrastadas como éstas han sido minusvaloradas por los prebostes de la Medicina desde hace siglos. Hasta ahora, claro, porque las investigaciones de las últimas décadas han recuperado la importancia y valor de tan admirables como sencillos consejos y empieza a ser imparable una idea: si enferma y quiere curarse ayune, descanse, beba mucha agua de calidad y haga luego una dieta básicamente vegetariana y ecológica -sin aditivos químicos- durante una larga temporada. Y es que empieza a probarse que prácticamente todas las llamadas «enfermedades» empiezan con un deterioro del microbioma. Fue de hecho lo que llevó en su día al doctor Jean Seignalet a escribir su rupturista libro La alimentación, la 3ª Medicina, magnífica obra en la que explica que la principal causa de la mayoría de las «enfermedades» -especialmente las reumatológicas, neuropsiquiátricas, autoinmunes y más del 65% de los cánceres- es el “ensuciamiento celular» ya que daña el ADN y lleva a las macromoléculas bacterianas y alimentarias procedentes de la alimentación a traspasar el intestino delgado terminando por acumularse en el medio extracelular acidificando el organismo. Conclusiones a las que llegó tras comprobar que sólo una mínima parte de las patologías inexplicadas pueden deberse a la herencia genética. Pocos años después -en 2005- dos centenares de científicos de casi 80 instituciones secuenciarían tras cinco años de trabajo el ADN de las bacterias obtenidas del interior de 242 personas presuntamente sanas en un intento de conocer el microbioma humano descubriendo -entre otras muchas cosas- que las bacterias se comunican entre sí, intentan vivir en armonía con los demás microbios y forman poblaciones organizadas así como que en nuestros intestinos hay muchas más cepas de las que se pensaba y que el microbioma difiere entre una persona y otra. Una investigación que entre otras cosas pretendía buscar métodos para afrontar la presencia en nuestro interior de microbios patógenos de forma más eficaz y menos peligrosa que usando antibióticos e instando a acabar con la estrategia de combatir enemigos con el arsenal farmacológico según el actual lenguaje belicista de la clase médica. Y es que cuanto más tardemos en desterrar la visión bélica según la cual en nuestro interior hay bacterias y virus enemigos causantes de patologías que para superar es preciso combatir y exterminar usando los arsenales farmacológicos creados por los laboratorios más tardaremos en entender que el camino no es ése sino el de obtener un terreno interno equilibrado en el que tales microbios pierdan su condición patógena. Algo de lo que dimos cuenta en el nº 154 -correspondiente a noviembre de 2012- en un reportaje titulado Ha empezado a descifrarse el ADN de las bacterias que viven en nuestros cuerpos. Es más, un equipo dirigido por David Underhill -investigador del Hospital Cedars-Sinaí de Los Ángeles- encontró unas 200 especies de hongos en los intestinos de seres humanos y otros mamíferos ¡la mitad de las cuales nunca había sido descrita! Hallando por su parte un equipo de científicos del Imperial College de Londres 128 especies de bacterias ¡en los pulmones! cuando se pensaba que era terreno estéril. De hecho aseguran que cada centímetro cuadrado de los pulmones es el hogar de 2.000 microbios. En pocas palabras: los microbios son fundamentales en nuestra vida y combatirlos es a menudo un gigantesco error. Es más eficaz e inteligente lograr la armonía entre los componentes de nuestro microbioma. Lea el lector lo que ya hemos publicado al respecto y los reportajes que a ello dedicamos en este número dada la importancia que para nuestra salud tiene comprenderlo y asumirlo; especialmente las entrevistas a Anne Katharina Zschocke, Pilar Francino y Pedro Ródenas así como reportaje sobre las quinolonas y fluoroquinolonas, antibióticos sintéticos no naturales cuyo uso plantea hoy serias amenazas para la salud.


Jose Antonio Campoy

Director