¿Qué llevan las vacunas para magnetizar a los vacunados?

¿Cómo es posible que en los brazos de muchas de las personas a las que se han inoculado «vacunas Covid» se les «peguen» imanes y todo tipo de objetos metálicos? Cuando hace unas semanas nos llegaron las primeras informaciones, fotos y vídeos no nos quisimos hacer eco porque nunca publicamos nada cuya veracidad no hayamos constatado antes pero es que son muchos los médicos, enfermeros, dentistas, biólogos y naturópatas con los que hemos hablando y nos han confirmado personalmente que lo han comprobado en pacientes suyos recién vacunados. De hecho algunas de las fotos que publicamos nos las han enviado ellos. Inicialmente los testimonios se referían a imanes pequeños -sobre todo de neodimio- pero posteriormente pudimos comprobar que se adhieren en la zona de la inoculación todo tipo de objetos metálicos: clips, imperdibles, monedas, cucharas, tijeras, hojas de cúter… Hemos recibido incluso casos de bandejas de cierto tamaño cuya realidad no hemos podido sin embargo cotejar ya que se colocan por encima de camisas al igual que pasa con un video en el que se muestra cómo poniendo una bombilla en el punto exacto de la inyección ¡se enciende! Es de suponer que ello se confirmará o desmentirá en las próximas semanas pero no habíamos podido aún valorarlo en el momento de cerrar este número. Lo que es en cualquier caso evidente es que el fenómeno no es ni un «montaje«, ni una «falsedad«, ni un «bulo» por mucho que así pretendan hacerlo creer los «vacunólogos» y los autodenominados «verificadores» ante la imposibilidad de dar una explicación racional. Alegan que solo se pegan en la piel de las personas que tienen mucha grasa corporal pero obvian que se «pegan» igualmente con la ropa puesta. Es esperpéntico pues que hayan llegado al absurdo de negar las evidencias. ¡El magnetismo que producen las vacunas es real! ¿Y entonces? Nosotros no estamos en disposición de explicar la causa -ni nos corresponde- pero sí podemos aseverar que se trata de un fenómeno real y que negar los hechos no es ni racional, ni científico, ni ético así que las autoridades médicas y sanitarias, nuestros representantes políticos, las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y los fiscales, jueces y magistrados deberían dar un paso adelante porque las acusaciones sobre lo que hay detrás de toda esta farsa son muy preocupantes. En la revista hemos indagado sobre las diferentes posibilidades que pudieran explicar el fenómeno de lo que podríamos denominar como «magnetovacunas» y damos a conocer varias, entre ellas que lleven en realidad como transportadores de péptidos, proteínas y nucleótidos hasta el interior de las células nanopartículas magnéticas en lugar de lipídicas. Hoy cualquier ingeniero avanzado sabe que es habitual la magnetofección, nombre que recibe la utilización de nanopartículas y fuerzas magnéticas para introducir material ajeno en las células y que entre ellas se hallan las SPION, nanopartículas-supermagnéticas de óxido de hierro de entre 1 y 100 nanómetros formadas por magnetitas solo detectables con sofisticados aparatos de Microscopía Electrónica. Recuérdese además que un equipo de la Universidad de Stanford afirma haber creado mediante modificaciones transgénicas neo-proteínas de ferritina capaces de acumular en su interior ¡8.000 millones de átomos de hierro! Y que el ingeniero Sakhrat Khizroev creó y patentó hace unos años una nueva clase de nanopartículas magnetoeléctricas que pueden atravesar la barrera hematoencefálica, posicionarse junto a las neuronas y emitir y recibir información mediante señales eléctricas posibilitando el intercambio de información entre un cerebro y un ordenador sin cables ni implantes y que ahora estudia la posibilidad de usar nanopartículas biodegradables basadas ​​en nanoestructuras de carbono. Según Khizroev las nanopartículas magnéticas que diseñó se diferencian de las tradicionales en que pueden ser desplazadas a voluntad mediante campos magnéticos gracias a que el núcleo es ferromagnético y la capa ferroeléctrica. No olvidemos, por otra parte, que el uso de nanopartículas es habitual ya en todo tipo de industrias siendo fundamentalmente de cuatro tipos: con base de carbón (esféricas, elipsoidales o tubulares), con base metálica (transistores de un solo electrón y nanopartículas de oro, plata o metales reactivos), dendrímeros (polímeros nanométricos) y composites (combinación de nanopartículas con otras o con materiales de mayor dimensión). Y tampoco se olvide que hoy se fabrican nanoclústers, nanocristales y nanotubos -por ejemplo de óxido de grafeno reducido- prácticamente indetectables para la mayoría de los investigadores. ¿Están presentes -obviamente sin declararlo- en las «vacunas Covid»? Hay quienes ya lo están investigando. ¿Y podrían ser utilizados para enviar y recibir información desde fuera a través de radiofrecuencias? No es en absoluto descartable.

José Antonio Campoy

Director