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     REPORTAJES
NÚMERO 185 / SEPTIEMBRE / 2015

EL AYUNO INTEGRAL PROTEGE AL ORGANISMO DE FORMA INSOSPECHADA


Un equipo de investigación dirigido por el profesor de Gerontología y Ciencias Biológicas de la Universidad del Sur de California Valter Longo ha demostrado que el ayuno integral -no ingerir nada y beber solo agua de buena calidad durante cierto tiempo- permite al organismo soportar luego hasta dosis mortales de fármacos tóxicos. Aseverando que bastaría ayunar dos días antes de una sesión de quimio para evitar en gran medida sus efectos iatrogénicos. Longo lo atribuye a que el ayuno da lugar a un rápido cambio en la expresión genética de autoprotección de las células sanas. Los trabajos se han publicado en Oncotarget y hemos hablado con él de ello.

El ayuno es un método sencillo y eficaz para tratar numerosas dolencias como se explicó de forma amplia y documentada en el reportaje que con el título Eficacia del ayuno terapéutico apareció en el nº 162 de la revista y el lector puede leer en nuestra web: www.dsalud.com. Y se sabe que es así desde hace milenios aunque hoy los médicos no lo recomienden y prefieran recetar fármacos meramente paliativos mucho menos eficaces y a menudo iatrogénicos. Su eficacia es tal que la asumieron como prácticas de purificación del cuerpo todas las grandes religiones, especialmente los musulmanes que practican el Ramadán, ayuno un tanto sui géneris ya que no comen ni beben de día pero lo hacen de noche. Los cristianos, judíos, budistas e hindúes también lo saben y por eso sugieren ayunar en días señalados. Hasta numerosos textos antiguos hablan de su importancia; basta leer lo que sobre ello dice la milenaria Medicina Tradicional China o los Papiros de Ebers -que datan el 1500 a.C.- y lo que manifestaron más tarde personajes como Hipócrates (400 a.C.), Galeno (200 d.C.) y Paracelso (1493-1541).

Pues bien, la moderna investigación científica ha vuelto a poner de relieve las posibilidades del ayuno terapéutico, práctica que no debe confundirse con la mera restricción calórica que es lo que proponen hoy muchas clínicas que hacen seguir a sus clientes dietas muy bajas en calorías mientras les someten -bajo supervisión médica- a masajes de todo tipo y les hacen pasar por saunas y baños termales. Cabe añadir que hay muchos trabajos publicados -la mayoría en animales- según los cuales tanto la simple restricción de comida como ayunar de forma intermitente mejora la salud e incluso alarga la vida.

¿Y por qué? Pues porque el ayuno -incluso el no completo pero controlado- desintoxica al cabo de unos días, permite al organismo equilibrar su pH interno y da lugar a una auténtica endofarmacia de moléculas antiinflamatorias y reparadoras que además potencian el sistema inmune. De hecho hace bajar los niveles de colesterol total así como el del llamado “colesterol malo” mientras aumenta el del “bueno”, reduce el nivel de triglicéridos, baja la glucemia, la insulinemia y la resistencia a la insulina, disminuye la hipertensión y el ritmo cardiaco, decrece la posibilidad de sufrir ateroesclerosis, mejora el sistema inmune, disminuye la cantidad de tejido adiposo y potencia la resistencia neuronal a las toxinas además de aumentar la longevidad. Es más, protege al corazón y ayuda eficazmente en casos de hipertensión, ateroesclerosis, artritis, enfermedades inflamatorias intestinales –incluido el colon irritable-, anorexia, bulimia, asma, lesiones medulares, diabetes, lumbalgia y trastornos mentales como la depresión, la ansiedad, el trastorno de conversión (histeria) y las neurosis... entre otras dolencias. Hasta aumenta la segregación de dos hormonas del crecimiento -la somatotropina y la somatomedina- que podrían desempeñar un papel fundamental en la regeneración tanto de las neuronas como de las envolturas de mielina. A ello hay que sumar que se constató en animales un aumento de la longevidad, factor íntimamente asociado a un mejor metabolismo. Y es que es evidente que todos los factores mencionados están asociados con la gestación de las enfermedades típicas del envejecimiento; como la ateroesclerosis, los accidentes cardiovasculares, el síndrome metabólico, la diabetes tipo II, etc.

De hecho todo esto lo corroboraron los investigadores Valter Longo y Mark Mattson en un trabajo titulado Fating: Molecular Mechanisms and Clinical Applications (Ayuno: mecanismos moleculares y aplicaciones clínicas) que publicaron en 2014 en Cell Metabolism y constituye un resumen de lo que se sabe hoy sobre las implicaciones terapéuticas del ayuno. Y en él se afirma lo siguiente: “Basándonos en la evidencia existente -estudios en humanos y animales- puede concluirse que ayunar durante la vida adulta, tanto de forma intermitente como periódica, optimiza la salud y reduce el riesgo de padecer muchas enfermedades crónicas; especialmente entre quienes tienen sobrepeso y son sedentarios. Los indicadores de salud en los estudios con animales avalan los efectos claros y replicables del ayuno, incluyendo mayor sensibilidad a la insulina y reducciones de la presión arterial, la grasa corporal, el factor de crecimiento insulínico (IGFs), la insulina, la glucosa, los lípidos aterogénicos y la inflamación. Además ayunar ayuda a mejorar en numerosas enfermedades; al menos así ha ocurrido en animales con cáncer, infarto de miocardio, diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzheimer y parkinson. El ayuno desencadena respuestas adaptativas al estrés celular severo dando lugar a una mayor capacidad para hacerle frente y contrarrestar los procesos de enfermedad. Y al proteger el ADN celular, inhibir el crecimiento celular maligno y promover la apoptosis de las células dañadas previene la formación de tumores o retrasa su crecimiento".

 

AYUNO Y CÁNCER

 

Y lo antedicho no lo afirma un investigador cualquiera porque el norteamericano Valter Longo es profesor de Gerontología y Ciencias Biológicas de la Universidad del Sur de California (USC), director del Instituto de Longevidad y miembro del Centro Oncológico Norris y del Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer de la mima universidad estando considerado uno de los investigadores con más prestigio internacional en este campo. De hecho ha publicado en revistas como Science, Nature y Cell además de ser altamente citado entre sus colegas pues 10 artículos suyos cuentan cada uno con más de 100 menciones de otros investigadores. En pocas palabras, sus artículos se hallan entre los más leídos del mundo y actualmente es referente internacional por lo que a la eficacia del ayuno en el tratamiento del cáncer se refiere.

Claro que hablamos de alguien que ha estudiado durante más de 20 años los complejos mecanismos que controlan el envejecimiento -en ratones y humanos- así como en la identificación de vías moleculares capaces de ser moduladas para tratar o prevenir el cáncer, el alzheimer y las patologías propias del envejecimiento. De hecho sus ratones de laboratorio tienen el récord mundial de longevidad.

"La eficacia del ayuno en casos de cáncer no me sorprende –nos diría Valter Longo cuando contactamos con él- pero sí que funcione tan bien. Y soy muy feliz por ello. El ayuno periódico se ha mostrado muy eficaz. Originariamente lo utilizamos en organismos simples para entender las bases moleculares del ayuno, luego lo trasladamos a los ratones y ahora estamos terminando una serie de ensayos clínicos con humanos con unos resultados que son muy, pero que muy prometedores. La mayoría no se han publicado aún pero como muchos han concluido ya es previsible que el año próximo podamos publicar al menos tres artículos sobre la eficacia del ayuno. Y funciona tanto si quien ayuna es una persona sana como si padece cáncer u otra patología. Hemos encontrado algo realmente útil para la mayoría de la gente”.

Recordemos que en 2008 Valter Longo coordinó un equipo de investigadores de la Universidad del Sur de California -el trabajo se publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences de la USA con el título Starvation-dependent differential stress resistance protects normal but not cancer cells against high-dose chemotherapy (La resistencia al estrés diferencial dependiente del ayuno protege las células normales pero no las cancerígenas contra altas dosis de quimioterapia)- que ya constató que el ayuno mejora la eficacia de la quimioterapia y de ahí que propusiera a los oncólogos que sugirieran ayunar a sus pacientes antes o después de recibirla. Posteriores trabajos avalarían su propuesta.

Incluidos los dos trabajos que acaba de publicar en Oncotarget titulados Fasting potentiates the anticancer activity of tyrosine kinase inhibitors by strengthening MAPK signaling inhibition (El ayuno potencia la actividad anticancerígena de los inhibidores de la tirosina quinasa mediante el fortalecimiento de la inhibición de señalización MAPK) y Fasting induces anti-Warburg effect that increases respiration but reduces ATP-synthesis to promote apoptosis in colon cancer models (El ayuno induce un efecto anti-warburg que aumenta la respiración pero reduce la síntesis de ATP para promover la apoptosis en modelos de cáncer de colon) que contradicen las propuestas que hacen los oncólogos a sus enfermos animándoles "a alimentarse bien" antes de someterse a quimioterapia cuando lo descubierto por Longo apunta que lo mejor es ayunar bebiendo solo agua los dos días previos y/o posteriores al tratamiento porque eso reduce los efectos secundarios de la quimio y aumenta su eficacia.

Propuesta cuya eficacia se está ya testando en ensayos con humanos cuyos resultados se conocerán a lo largo de este año y el próximo aunque los primeros datos parecen confirmar ya lo sostenido por Longo. Uno de ellos se está llevando a cabo en el Norris Comprehensive Cancer Center -conjuntamente con otros centros y universidades- y en él se pretende comprobar si el ayuno reduce los efectos secundarios negativos en personas con tumores sólidos avanzados que reciben clorhidrato de gemcitabina y cisplatino. Según la oncóloga Tanya Barauskas el estudio en fase I ha sido ya completado y sus resultados están solo pendientes de publicación; de hecho ya fue presentado en el congreso anual de ASCO 2014 y según nos aseguró "revela que un ayuno de 72 horas antes de recibir la quimioterapia es seguro y factible para pacientes con cáncer dando lugar a una disminución significativa de la insulina y los niveles de IGF1. La fase II tratará de delinear la insulina y la IGF1 como potenciales biomarcadores de la reducción de toxicidad de la quimioterapia”.

Y es que el Factor de crecimiento insulínico (IGF-1) acelera mucho la actividad de las células provocándolas estrés oxidativo y daños en el ADN mientras la hormona del crecimiento regula a la baja el eje GH / IGF-I; es decir, logra lo mismo que el ayuno pero desgastando -envejeciendo- el organismo.

 

EL AYUNO MEJORA LA QUIMIOTERAPIA

 

En el trabajo El ayuno induce un efecto anti-warburg que aumenta la respiración pero reduce la síntesis de ATP para promover la apoptosis en modelos de cáncer de colon antes citado lo que hizo Longo fue probar la citotoxidad del oxaliplatino -quimioterápico de primera línea en el tratamiento del cáncer colorrectal- cuando se aplica con lo que en el estudio se denomina Short-term-starvation (STS) -lo que podríamos traducir como hambre a corto plazo o ayuno restringido de pocos días- frente a células CT26 propias del carcinoma de colon. Una investigación que en este caso parte de un hecho reiteradamente señalado en nuestra revista: que las células tumorales se caracterizan por un alto consumo de glucosa y de producción de lactato, algo que puede darse tanto en presencia de oxígeno como sin él, fenómeno que se conoce como "efecto warburg" en homenaje al fisiólogo alemán Otto Heinrich Warburg, Premio Nobel por su descubrimiento de la naturaleza y el modo de acción de la enzima respiratoria.

Se sabe que con el fin de satisfacer sus necesidades bioenergéticas las células cancerosas alteran su metabolismo generando un peculiar patrón metabólico que se caracteriza por una alta glucólisis aeróbica y producción de altos niveles de ATP y NADH, algo que puede contribuir a la quimiorresistencia. Es pues lógico pensar que la vuelta de las células cancerosas a un modo de respiración normal podría promover su muerte.

Pues bien, tal como señala el estudio en su introducción investigaciones anteriores ya habían demostrado que ayunar tres días -bebiendo solo agua- provoca en los ratones un déficit generalizado de glucosa y aminoácidos que protege a las células sanas de la toxicidad de la quimioterapia... pero no a las tumorales. Es más, hace a éstas más sensibles a la quimio. Y todo ello con menos efectos secundarios.

Nuestros resultados en ratones –se dice en el trabajo- indican que tanto la Short-term-starvation (STS) -definida como una dieta de 2 días a base solo de agua- como una severa restricción de glucosa en el suero provocan un cambio metabólico profundo que promueve un efecto anti-warburg en las células colónicas cancerosas. El ayuno disminuye la glucólisis y la glutaminolisis a la vez que reduce la síntesis de ATP aumentando la producción de radicales libres, la fosforilación oxidativa y el consumo de oxígeno. Efecto este último presumiblemente asociado a la inducción de la apoptosis. La quimioterapia aumenta la citotoxicidad al inducir una respiración dependiente de los complejos I y II lo que lleva al aumento de especies tóxicas de oxígeno, a una reducida generación de ATP y, finalmente, a la muerte de las células cancerosas”.

En pocas palabras, el simple ayuno logra todo lo dicho pero como eso no es negocio la industria está buscando ¡fármacos que hagan lo mismo! Y de ahí que investiguen entre los transportadores de glucosa, la lexoquinasa, la piruvato quinasa M2, la lactato deshidrogenasa, el transportador de lactato y la glutaminasa. Y ello a pesar de que ayunar un par de días tiene una ventaja fundamental: no provoca efectos secundarios negativos. En cambio un fármaco que inhiba el trasporte de la glucosa puede alterar las funciones de cientos de proteínas y enzimas. “El presente estudio –concluye diciendo por ello Valter Longo- indica que la combinación de un ayuno de dos días con los ciclos de quimioterapia mejora de forma clara la respuesta a la quimioterapia; en parte porque promueve el efecto anti-warburg caracterizado por la reducción de la glucólisis, la reducción de la generación de lactato, el aumento de la fosforilación oxidativa con una baja síntesis de ATP, una alta generación de especies reactivas de oxígeno (ROS) y la apoptosis”.

El segundo de los trabajos publicados este año por Longo -El ayuno potencia la actividad anticancerígena de los inhibidores de la tirosina quinasa mediante el fortalecimiento de la inhibición de señalización MAPK- complementa el anterior señalando que en cuanto se priva a las células cancerosas de glucosa éstas recurren a un conjunto de enzimas llamada quinasas para intentar continuar viviendo y creciendo. Pues bien, según este trabajo el ayuno mejora lo que se logra con los inhibidores de las tirosinas quinasas, base de muchos productos oncológicos -como el erlotinib, el gefitinib, el lapatinib, el crizotinib y el regorafenib- que se usan para bloquear el crecimiento de las células cancerosas y otros mecanismos de reproducción. Constatando luego que lo más eficaz es el uso conjunto del ayuno, los inhibidores de la tirosina quinasa y la quimioterapia. "Los inhibidores de las quinasas –explica Longo-, aunque mucho menos que los quimioterápicos, son tóxicos para muchos tipos de células y como el ayuno los hace más eficaces los pacientes deberán utilizarlos menos tiempo para lograr los mismos resultados. Y aunque aún no lo hemos probado prevemos que el ayuno también reduce en las células normales la toxicidad de los inhibidores de las quinasas porque reduce la de la los quimioterápicos".

Valter Longo no duda de que en un futuro no muy lejano el ayuno de corta duración formará parte del tratamiento habitual del cáncer pero cree -y así nos lo manifestó- que los mejores resultados se obtendrán combinándolo con otras terapias, sobre todo en el caso de los casos más avanzados. “En algunos casos el ayuno podría usarse como monoterapia –nos diría- pero es improbable que eso solo pueda curar un cáncer avanzado. De hecho hemos observado que los cánceres pueden volverse resistentes al ayuno si se utiliza como única terapia por lo que es mejor combinarlo con quimio, radio u otras alternativas. Así es como creemos que puede alcanzarse la supervivencia libre de cáncer en diferentes tipos de tumores”.

 

EXPERIENCIAS EN HUMANOS

 

Queda solo constatarlo y de hecho hay ya en marcha varios estudios destinados a confirmar los beneficios del ayuno en pacientes sometidos a quimioterapia. Hasta ahora la experiencia que más se acerca a resultados constatables fue la que obtuvo el propio Longo -junto a otros investigadores- y explicó en el trabajo Fasting and cancer treatment in humans: A case serie report, (Ayuno y tratamiento del cáncer en humanos: informe de una serie de casos) publicado online en 2009 en Aging. Sin pretender establecer ninguna terapéutica el estudio recoge 10 casos en que los pacientes -7 mujeres y 3 varones de entre 44 y 78 años con diferentes tumores malignos- ayunaron voluntariamente antes de la quimioterapia (de 48 a 140 horas) y/o después de ella (de 5 a 56 horas). Cuatro tenían tumores de mama, dos de próstata y el resto de ovario, útero, carcinoma de células no pequeñas de pulmón y adenocarcinoma esofágico. Los enfermos recibieron de media 4 ciclos de varios quimioterápicos y ninguno informó de efectos secundarios significativos; solo cierta sensación de mareo en algunos casos. Y además la toxicidad medida según los Common Terminology Criteria for Adverse Events (Criterios de Terminología Común para Eventos Adversos) del National Cancer Institute (NCI) fue constatablemente menor. “Todos los pacientes –se dice en el trabajo- informaron de menos toxicidad severa inducida por la quimioterapia a pesar de que los ciclos de ayuno se llevaron a cabo a menudo en la parte posterior de la terapia. Los informes de los diez pacientes que ayunaron antes o después de la quimioterapia indican que ninguno sufrió náuseas, vómitos, diarrea, calambres abdominales o mucositis". Y lo que es igualmente importante: la quimioterapia fue así en algunos casos altamente eficaz.

Los investigadores del equipo de Valter Longo entienden que cuando el organismo está muy estresado tanto el ayuno como una restricción calórica severa permiten que éste use toda su energía para mantener las funciones vitales y proceder a la reparación celular maximizando las posibilidades de supervivencia. En organismos simples -como la levadura- la resistencia a los oxidantes y los quimioterápicos aumenta hasta 10 veces cuando ayunan; porcentaje que se eleva hasta 1.000 en algunas células. En cambio las células cancerosas, al tener alterado su metabolismo, tienen menos posibilidades de adaptarse y sobrevivir.

Cuando le preguntamos si en tal caso el ayuno debería contemplarse ya como parte del tratamiento del cáncer Longo fue esquivo pero claro: “El tratamiento del cáncer en sí está regulado por la FDA. Si queremos que el ayuno se contemple oficialmente como parte de una terapia dirigida a retardar la progresión del cáncer tendremos pues que seguir nuestros ensayos hasta conseguir su aprobación. Dicho lo cual debo decir que en casos de cáncer una persona enferma podría recurrir al ayuno con el fin de reducir los efectos secundarios de la quimioterapia. Y, claro está, si el ayuno se puede usar junto a la quimioterapia obviamente se está utilizando para tratar el cáncer…aunque no se pueda decir”.

En fin, lo que sí parece claro es que nunca, ni al equipo de investigadores de Valter Longo -aunque quisiera- ni a ningún otro, se le autorizará oficialmente a probar en un ensayo clínico la potencial eficacia en cáncer ¡de un simple ayuno! Se trata de una imposición que se aplica en todo el mundo a cualquier producto o tratamiento natural no patentable ya que se les exige probar su eficacia junto a los quimioterápicos aprobados en cada tipo de cáncer y no en solitario.

 

AYUNO Y ENVEJECIMIENTO

 

El propio Valter Longo se ha planteado por ello aprovechar comercialmente sus investigaciones y ha fundado L-Nutra, una empresa que ha recibido fondos del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos cuyo objetivo es desarrollar productos y dietas que intenten imitar los beneficios metabólicos que se consigue con el simple ayuno: depurarse, desintoxicarse, oxigenarse, equilibrar el pH, ralentizar el envejecimiento y, en suma, optimizar el funcionamiento del organismo y, por ende, evitar las enfermedades degenerativas y crónicas, cáncer incluido. O afrontarlas si ya se han manifestado.

El Dr. Longo nos justificaría así su iniciativa: “Es difícil que la gente se adhiera a un ayuno estricto. Además puede ser peligroso si no se hace bien y no se está sano. Por eso hemos desarrollado una dieta compleja que provoque los mismos efectos en el cuerpo. La he probado personalmente y es mucho más fácil de seguir y más segura”. Es más, ha hecho un ensayo sobre su dieta que publicó el pasado mes de junio de 2015 en Cell Metabolism con el título A Periodic Diet that Mimics Fasting (FMD) Promotes Multi-System Regeneration, Enhanced Cognitive Performance, and Healthspan (Una dieta periódica imita las posibilidades del ayuno promoviendo una regeneración multisistémica y mejorando el rendimiento cognitivo y el tiempo libre de enfermedad). Financiado por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento el estudio, elaborado conjuntamente con investigadores y clínicos de la Universidad del Sur de California así como de Texas, Italia e Inglaterra para constatar su efecto en levaduras, ratones y humanos, concluye que es eficaz. Los ratones, animales de vida relativamente corta, aportaron detalles sobre los efectos de ciclos de ayuno periódico a lo largo de toda una vida; las levaduras, organismos más simples, permitieron descubrir los mecanismos biológicos que activa a nivel celular el ayuno; y un estudio piloto en humanos mostró que lo observado en levaduras y ratones es en cierta medida extrapolable a los humanos.

Por lo que respecta a los ratones los resultados fueron sorprendentes: “Cuatro días de la dieta que imita al ayuno, que desarrollamos para reducir al mínimo la carga de un ayuno prolongado, hizo disminuir en los ratones el tamaño de múltiples órganos/sistemas. Al finalizar la dieta y volver a la alimentación normal observamos una mayor proliferación de células madre y progenitoras que condujeron a una completa regeneración. Seguir la dieta que imita al ayuno cíclicamente -cada dos meses- aumentó la longevidad de la mitad de los animales, redujo su grasa visceral, la incidencia de cáncer y las lesiones de piel, rejuveneció su sistema inmune y retrasó la pérdida de densidad mineral ósea. Y en los ratones viejos promovió la neurogénesis del hipocampo, disminuyeron los niveles de IGF-1 y la actividad PKA, se elevó la NeuroD1 y mejoró el rendimiento cognitivo.

En cuanto a los humanos el ensayo piloto también arrojó resultados positivos tras seguirse la dieta especial durante 5 días y alimentarse los siguientes 25 de forma normal (repitiendo la operación tres veces). “Tras tres ciclos disminuyeron los factores de riesgo -biomarcadores- del envejecimiento, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer; sin que se presentaran efectos adversos importantes. Se respaldó así el uso de esta dieta para promover la salud”.

¿Y en qué consiste la dieta diseñada por el equipo de Valter Longo? Pues se basa en el consumo durante cinco días de una serie de plantas que según afirman logran efectos metabólicos similares a los del ayuno y a la vez proporcionan micronutrientes. De hecho se compone de sopas vegetales, barras y bebidas energéticas, té de flores de manzanilla y un suplemento vegetal en forma de tableta. Se trata de una dieta que aporta el primer día 1.090 kcal (10% de proteína, 56% de grasa y 34% de hidratos de carbono) y 725 kcal (9% de proteína, 44% de grasa, 47% de hidratos de carbono) los siguientes. Dieta que se propone seguir cada 3 o 6 meses en función del estado de salud y la circunferencia abdominal aunque las personas obesas o con problemas de salud de alto riesgo deberían hacerla cada dos semanas con el adecuado seguimiento médico. El Dr. Valter Longo terminaría indicándonos que iban a solicitar en breve a la FDA autorización para poder promocionar la dieta como método de prevención y tratamiento de diversos problemas de salud.

 

Antonio F. Muro
 



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