Nuestro
organismo expulsa a través de la orina la
clave para la curación de un gran número de
enfermedades, entre ellas el cáncer. Así lo
afirma al menos un grupo de investigadores
mexicanos dirigido por el Dr. Salvador Capistrán
que desde hace años trata con buen resultado
tumores cancerígenos mediante vacunas personalizadas
que se elaboran a partir de los antígenos
específicos que existen en la propia orina
de los enfermos. Una terapia que se debe al
descubrimiento que en ese sentido hizo algún
tiempo el también investigador mexicano Maximiliano
Ruiz Castañeda, fallecido en 1990 a los 92
años de edad.
México,
al igual que España y la mayor parte de los
países del mundo, es una nación colonizada
en el ámbito científico por lo que las terapias
oficiales en el tratamiento del cáncer son
las mismas que en nuestro país. Sin embargo,
los mexicanos tienen una envidiable puerta
abierta para quienes piensan que es posible
recuperar la salud de otra manera. Y es que
el artículo 103 de su Ley General de Salud
dice textualmente: "En el tratamiento de
una persona enferma el médico podrá utilizar
nuevos recursos terapéuticos o de diagnóstico
cuando existe posibilidad fundada de salvar
la vida, restablecer la salud o disminuir
el sufrimiento del paciente siempre que cuente
con el consentimiento por escrito de éste,
de su representante legal, en su caso, o del
familiar más cercano o con vínculo, sin perjuicio
de cumplir con los demás requisitos que determine
esta ley y otras disposiciones aplicables".
Pues bien, gracias a esta norma legal -que
interpreta perfectamente en el proceso de
la curación el papel del médico (intermediario)
y el del paciente (responsable último)- un
grupo de investigadores y médicos mexicanos
lleva largo tiempo trabajando en la aplicación
de vacunas contra el cáncer. Médicos que no
recomiendan abandonar los tratamientos habituales
a fin de no generar inseguridad en los pacientes
y evitar enfrentamientos con el establishment
oncológico y se conforman con compatibilizar
sus tratamientos con los convencionales centrándose
en cuatro objetivos básicos: controlar el
dolor del enfermo, mejorar su calidad de vida,
ayudarle a superar su padecimiento y posibilitar
la prevención. Nos consta, sin embargo, que
tienen la esperanza de que en el futuro las
vacunas que aplican lleguen a ser la parte
principal del tratamiento de los enfermos
de cáncer.
¿VACUNAS
PARA COMBATIR EL CÁNCER?
El principio de
actuación de cualquier vacuna es siempre el
mismo: se basa en la activación del sistema
de defensas de nuestro cuerpo -el sistema
inmune- para combatir cualquier microorganismo
que considera potencialmente dañino mediante
la rápida fabricación de anticuerpos. Y eso
ocurre cada vez que nuestro organismo detecta
un antígeno, nombre que se da a toda sustancia
extraña a él, generalmente procedente del
exterior si bien a veces se forma en nuestro
interior (toxinas virales o bacterianas).
Pues bien, cuando un antígeno se manifiesta
por primera vez el organismo forma gran cantidad
de anticuerpos, algunos de los cuales mueren
al neutralizar el antígeno y el resto permanecen
latentes en él. De esa forma, cuando el antígeno
aparece por segunda vez la reacción de inactivación
es muchísimo más rápida ya que se encuentra
con parte de los anticuerpos formados que,
además, "reconocen" al antígeno de inmediato.
En ello se basa pues el mecanismo de las vacunas.
Es decir, se trata de introducir voluntariamente
en el cuerpo de una persona el antígeno -sea
un virus, una bacteria, una toxina...- que
provoca una determinada enfermedad, en dosis
muy pequeñas, para que el organismo reaccione
fabricando los anticuerpos específicos contra
ella. De esa manera no sólo destruirá la escasa
cantidad de antígeno introducido con la vacuna
sino que dejará el organismo preparado para
combatirla de inmediato si en el futuro apareciera
de nuevo. Es lo que se llama inmunizarse
contra ese antígeno.
Obviamente, el planteamiento de que es posible
vacunarse contra el cáncer parte de la base
de que éste puede originarlo un antígeno,
es decir, una sustancia extraña. Y cuando
hace varios años el investigador mexicano
Maximiliano Ruiz Castañeda propuso
tal tesis... fue ignorado. De hecho, salvo
el microbiólogo español Fernando Chacón
-descubridor del Bio-Bac y de una vacuna
universal contra el cáncer (patentada)- y
algunos otros investigadores aislados, la
plana mayor de la Oncología rechazaba tal
posibilidad. Pero como el tiempo siempre termina
poniendo a la gente en su sitio actualmente
son numerosos los trabajos científicos que
avalan de forma irrebatible que el cáncer
tiene en muchos casos origen vírico.
De ahí que sólo la soberbia de los prebostes
que dicen hablar en nombre de la Ciencia -algo
habitual en todas las épocas-, sin olvidar
las presiones de algunas multinacionales para
salvaguardar sus intereses económicos, pueda
explicar el silencio que hasta el momento
ha rodeado tanto el trabajo realizado en España
por Fernando Chacón como por Ruiz Castañeda
y sus discípulos en México.
Claro que también hay otras razones de carácter
económico en el hecho de que estén siendo
ignoradas. Y es que las vacunas creadas por
los médicos mexicanos no se pueden fabricar
de forma masiva ni convertirse en un gran
negocio al uso.... porque no son patentables
y son personales.
Es decir, cada vacuna se fabrica utilizando
como antígeno una sustancia obtenida de la
orina del propio paciente. Esa sustancia y
no otra. Por eso la vacuna preparada con la
orina de una persona probablemente no funcione
en otra. En suma, la vacuna se elabora específicamente
para él y su padecimiento.
Además el proceso de obtención no es caro
por lo que resulta un método económico, eficaz
y sencillo de seguir. No sólo en el cáncer
sino en numerosas enfermedades autoinmunes.
Y para completar el panorama, es inocuo; es
decir, carece de efectos tóxicos.
Es obvio que el secreto de su eficacia y falta
de toxicidad está en su propia naturaleza
ya que se trata de una sustancia del propio
organismo expulsada por la orina.
En otras palabras, como un náufrago que arroja
un mensaje al mar en una botella a la espera
de que alguien la encuentre, así nuestro cuerpo
enfermo, una vez identificado a su enemigo,
envía la información a través del riñón a
la orina... a la espera de que alguien se
decida a utilizarla.
¿EN
LA ORINA? ¡SÍ, EN LA ORINA!
Lo curioso es que
la orina es considerada fuente de salud desde
tiempos ancestrales. Los hindúes practicaban
la Urinoterapia hace ya miles de años y son
cientos de millones los orientales que la
siguen practicando hoy. La ventaja del método
mexicano es que sólo se reintroduce en nuestro
cuerpo la sustancia que precisamos y no es
menester beberse vasos enteros de orina como
en el caso de la Urinoterapia. Lo que además
de ahorrarnos el asco que puede producir tal
práctica evita que junto a las sustancias
que nos ayudan a recuperar la salud introduzcamos
las toxinas de desecho que también hay en
la orina.
¿Y cuál es el mecanismo de acción de esta
terapia?, supongo que se preguntará el lector.
Pues resulta que es justo ahora, en los últimos
años, cuando se ha empezado a investigar en
profundidad. Algunos científicos norteamericanos
sospechan que algunas de las proteínas que
depuramos en nuestro riñón y eliminamos al
exterior son algo más que desecho. Ya han
identificado, por ejemplo, una proteína presente
en la orina de las mujeres embarazadas que
parece bloquear hasta la progresión del virus
del Sida. Así se apunta en un estudio realizado
por un equipo de la Facultad de Medicina de
la Universidad de Nueva York y de los Institutos
Nacionales de Salud (NIH) que se publicó en
la revista Proceedings of the National
Academy of Science. "Esas proteínas -llegó
a afirmar la principal autora del estudio,
la doctora Sylvia Lee-Huang- son
agentes antisida muy prometedores que deberían
ser bien tolerados por el organismo y causar
pocos efectos segundarios en la medida en
que son producidas naturalmente''. En
cuanto a cómo bloquea la proteína la progresión
del VIH sigue siendo un misterio para los
investigadores.
Bueno, pues lo más singular es que se trata
de una proteína muy común, la lisozima, descrita
ya en 1922 por Alexander Fleming -el
descubridor de la penicilina-, conocida por
proteger de las infecciones y que además de
en la orina está presente en las lágrimas
y en la saliva. De hecho, puede pedirse hoy
en cualquier farmacia.
ROBERT
GALLO INVESTIGA TAMBIÉN EN LA ORINA
Cabe agregar que
hoy también intenta encontrar en la orina
soluciones terapéuticas al Sida nada menos
que el famoso doctor Robert Gallo quien
ascendió al estrellato de la ciencia el 23
de abril de 1984 cuando se presentó ante el
mundo junto a la entonces Ministra de Sanidad
de Estados Unidos como descubridor del virus
del Sida, algo que de inmediato le discutiría
el también investigador Luc Montagnier.
Pues bien, también Gallo publicó -esta vez
en la prestigiosa revista Nature Medicine-
que una proteína presente en la orina de las
mujeres embarazadas parece ayudar a frenar
el virus del Sida. "Descubrimos en la orina
de las hembras de los roedores y en la de
las mujeres que se encuentran en las primeras
etapas de embarazo -contaría- un factor
que destruye las células del Sarcoma de Kaposi
(una extraña forma de cáncer vinculada con
el Sida). La aislamos y la llamamos 'maternina'.
Luego pudimos comprobar -in vitro y en vivo-
que no sólo es anticancerosa sino que también
reprime el VIH, posee efectos radioprotectores
y parece ser un poderoso promotor de la formación
de células sanguíneas".
El equipo de Gallo lleva desde entonces -hace
ya cinco años- trabajando en sus posibilidades
terapéuticas en la institución de la que es
director, el Instituto de Virología Humana
de la Universidad de Maryland (Baltimore,
EEUU).
El doctor Anthony Fauci, del Instituto
Nacional de Salud de Estados Unidos, afirmaría
por su parte que el hallazgo de esta proteína
"es importante porque su acción contra varios
aspectos del VIH es amplia. Bloquea directamente
el virus, suprime el sarcoma de Kaposi y mejora
la capacidad de los glóbulos para reproducirse".
Los científicos norteamericanos entienden
además que al ser la proteína hallada un producto
del propio organismo los tratamientos tendrían
muy pocos efectos secundarios, algo que ya
han constatado hace tiempo los médicos mexicanos
que llevan trabajando con la vacuna desde
hace más de una década.
Este descubrimiento fue casual, según Gallo,
ya que su equipo estaba estudiando el sarcoma
de Kaposi en ratones. Resulta que habían puesto
juntos a un grupo de ratones de ambos sexos
en una jaula y los investigadores se dieron
cuenta de que sólo algunos de ellos desarrollaban
el tipo de cáncer que les habían inducido.
Y al comprobar lo que había de común entre
ellos constataron, sencillamente, que todas
eran hembras preñadas.
En un principio los científicos pensaron que
podría deberse a la acción de una hormona
del embarazo denominada hCG (hormona criónica
gonadotrofina) pero tras diversos experimentos
con ratones descubrieron que el elemento resistente
al virus o "factor asociado hCG" (HAF en inglés)
también es producido por las mujeres embarazadas.
Bien es verdad que el propio Gallo no ha querido
lanzar todavía las campanas al vuelo: "Les
pido que no publiquen nada exageradamente
optimista porque la verdad es ésta: la sustancia
existe y la hemos purificado pero no podemos
estabilizar su producción y aún no sabemos
cómo actúa. Por ahora no es útil ni para los
enfermos ni para la ciencia".
Claro que quizás en la palabra producción
esté la causa de su petición de discreción.
Porque no está claro si cuando habla de producción
se refiere al desarrollo del medicamento o
a la posibilidad de fabricar el producto de
forma masiva para que sea un buen negocio.
Algo que no preocupa a los médicos mexicanos.
MAXIMILIANO
RUIZ CASTAÑEDA
En todo caso, seguro
que al lector ya no le parece tan absurdo
relacionar la búsqueda de soluciones no tóxicas
contra el cáncer en distintas proteínas obtenidas
de la orina humana. Ni le extrañe tanto que
otro investigador, solo que esta vez mexicano
y llamado Maximiliano Ruiz Castañeda, descubriera
hace ya más de 20 años una vacuna contra el
cáncer (como hiciera igualmente Fernando Chacón).
"De la orina de los pacientes -escribió
en su día Ruiz Castañeda- se aíslan sustancias
con propiedades específicas para tratar sus
padecimientos; siendo de particular interés
que en la orina de los cancerosos se obtuvieron
antígenos específicos para cada tipo de cáncer".
Y añadiría: "No puedo afirmar que estoy curando
el cáncer pero si aplicamos el antígeno que
se elimina por la vía natural del paciente,
que es el riñón, en el sedimento obtenemos
una fracción peptídica que al aplicarla como
si fuera una vacuna nos permite reducir la
actividad tumoral al mínimo en beneficio del
paciente; permitiendo un mayor éxito en el
tratamiento del cáncer" (1) El
doctor Ruiz Castañeda -al que cariñosamente
llamaban sus colaboradores "maestro"
o, simplemente, "don Max"- era un hombre
delgado, de mirada adusta, poco sonriente
y de mucho rigor en sus investigaciones al
que nunca le gustó la publicidad. Se preocupaba
sólo de encontrar soluciones rápidas a problemas
prácticos.
Con motivo del homenaje que se le rindió en
diciembre de 1982, el doctor Gustavo Gordillo
Paniagua, editor del Boletín Médico del
Hospital Infantil de México, escribió de él:
"El maestro Ruiz Castañeda ha dedicado gran
parte de su vida al desarrollo de tecnología,
económica, simple y precisa, dirigida a cubrir
necesidades básicas de atención médica (...)
Así surge su técnica de fijación de superficie
para el diagnóstico de tifoidea, paratifoidea,
tifo y brucelosis adoptada por la OMS como
prueba de referencia (...) Sus resultados
a menudo fascinantes constituyen un reto para
que investigadores quizás menos creativos
pero más rigurosos, armados de la metodología
científica adecuada, demuestren sus hipótesis".
Pero claro, una cosa es la discreción y otra
que no se sepa que él, ya en 1980, tenía publicados
escritos sobre los antígenos urinarios cancerígenos.
Lo que va a evitar que algún listo intente
quedarse con la gloria... y el dinero. Que
ejemplos ya hay algunos muy significativos.
Robert Gallo, como antes decíamos, fue en
su día acusado por Montagnier de apropiarse
del descubrimiento del virus del Sida. A pesar
de lo cual hoy maneja presupuestos de miles
de millones en investigación privada y sigue
siendo considerado un guru a la hora de hablar
del Sida. ¿Podría repetirse, ahora que investiga
sobre la orina, una situación similar? No
sería difícil. Si Gallo ha comenzado afirmando
que ha hallado una proteína en la orina de
forma casual a pesar de que Ruiz Castañeda
llevaba 20 años trabajando en ese terreno
no es descabellado pensar que pudiera acabar
autoproclamándose en una rueda de prensa mundial
descubridor de una vacuna contra el cáncer.
Y por si siente la tentación, que antes lea
a Ruiz Castañeda: "Cuando la prueba de
fijación en superficie fue aplicada a investigaciones
inmunológicas en el cáncer pudo reconocerse
en el suero sanguíneo la presencia de anticuerpos
para sustancias de naturaleza retrogénica
liberadas de los tumores. Además fue posible
aislar en la orina de los pacientes sustancias
de acción específica para cada tipo de neoplastia".
Escrito quedó en México en 1980.
Bien, sentada la base de que es posible encontrar
salud en la orina dejemos también claro que
el impulsor de las vacunas con antígenos urinarios
no fue desde luego un investigador cualquiera.
Ruiz Castañeda desarrolló la vacuna contra
el tifo cuando éste era un azote mundial (mató
más gente en las trincheras que las armas
durante la I Guerra Mundial). Su capacidad
como inmunólogo fue indiscutida a nivel internacional
-lo que no quiere decir que sus teorías convenciesen
siempre a todos- y sus investigaciones están
recogidas en publicaciones de prestigio.
Es más, fue Senador de la República de México
y su busto preside hoy la entrada de la Secretaría
de Salud como reconocimiento a su trabajo.
Y recibió, entre otros galardones internacionales,
el Premio Nacional de Ciencias, la Medalla
Luis Pasteur y el Premio del Consejo para
la Investigación Médica. Actualmente la Academia
Nacional de México otorga cada año el Premio
Maximiliano Ruiz Castañeda y varios centros
hospitalarios de México llevan su nombre.
Hombre volcado en la búsqueda de soluciones
terapéuticas baratas no supo entender -o no
quiso- el papel de la popularidad y nunca
le interesó enriquecerse con sus descubrimientos
ya que decía que los trabajos de investigación
no debían beneficiar a "médicos mercenarios"
sólo preocupados por sus ganancias.
Y hay que decir que con el mismo planteamiento
han seguido trabajando sus discípulos en el
campo de la inmunoterapia, el nuevo El Dorado
de la investigación donde cada vez más médicos
esperan encontrar soluciones para el tratamiento
del cáncer. No hace mucho, el doctor Melchor
Alvárez de Mon, jefe del Servicio de Enfermedades
del Sistema Inmunitario y Oncología del Hospital
Universitario Príncipe de Asturias de Alcalá
de Henares, hablaba precisamente de la necesidad
de ahondar en la línea de la inmunoterapia:
"Es necesario dar a cada paciente aquello
en lo que es deficiente o las citocinas (proteínas
del sistema inmune) que le permitan recuperar
la normalidad de su sistema inmunitario, lo
que exige adaptarse al estado de cada individuo
y controlar su respuesta". Y apostaba
para ello por "un esfuerzo multidisciplinar
en el que se conecte la investigación básica
con la clínica". Pues bien, las evidencias
clínicas conseguidas hasta hoy por el doctor
Ruiz Castañeda y sus discípulos son lo suficientemente
prometedoras como para seguir siendo ignoradas.
LOS
ANTÍGENOS
Debo decir, llegados
a este punto, que junto a Maximiliano Ruiz
Castañeda trabajó largo tiempo el doctor
Salvador Capistrán, médico que a su muerte
encabezaría un grupo de investigadores mexicanos
que ha continuado hasta hoy su trabajo diseñando
un tratamiento alternativo con las autovacunas
como elemento principal. Un hombre que hoy
apoya sin reservas las aportaciones de Ruiz
Castañeda después de trabajar con él y tras
haber sufrido una gastrectomía total por neoplasia
maligna gástrica, lo que le permite entender
perfectamente a los pacientes de cáncer. Hoy,
a los 67 años, se encuentra "como un chaval"
y tiene claro que es gracias a los antígenos
con los que se ha estado tratando: "En
la confrontación antígeno-anticuerpo que se
realiza en el organismo por la vía natural,
que es el riñón, se elimina una fracción peptídica
(los péptidos son un tipo de moléculas
con bajo número de aminoácidos bastante más
pequeños que las proteínas) que se halla
en el sedimento urinario. Pues bien, su aplicación
como si fuera vacuna va a cambiar la historia
natural de la enfermedad en beneficio del
paciente. Ruiz Castañeda actuó con una lógica
increíble logrando el factor antigénico en
la orina del paciente".
Capistrán nos contaría luego que el origen
de la terapia de Ruiz Castañeda tuvo lugar
cuando constató que las madres embarazadas
eliminan a través de la orina una fracción
peptídica concreta que se origina cuando el
sistema inmune reacciona ante la presencia
del feto (recordemos que cada ser humano es
producto de la fusión de dos ADN distintos,
el de la madre y el del padre, y que el de
éste es extraño para el sistema inmune de
la mujer), sustancia que el investigador mexicano
denominó Fetoproteína. Afortunadamente,
los inmunomoduladores de la especie evitan
que el organismo de la madre rechace al feto.
Pues bien, esa misma reacción se produce en
cada uno de los pacientes que padece cáncer.
Es decir, el enfermo de cáncer también elimina
por la orina una sustancia semejante a la
Fetoproteína que varía en función del
tipo de cáncer que se padezca. "El riñón
-nos aseguraría Capistrán- no se equivoca
y proporciona siempre el antígeno específico
del tipo de cáncer que tiene el paciente".
Y al inyectar subcutáneamente ese factor
-debidamente preparado- comienza la inmunoterapia
contra el cáncer. Estamos pues, nada menos,
que ante un antígeno específico o personal.
CÓMO
SE FABRICA LA VACUNA
El proceso de obtención
del antígeno específico comienza con la recogida
de la propia orina. En un recipiente de plástico
de cinco litros en el que deben depositarse
dos litros de alcohol de caña el paciente
deposita la primera orina de la mañana durante
cinco días (la primera que expulse después
de haberse acostado). Al cabo de cinco días
la acumulación de un sedimento en el fondo
del recipiente es evidente. Pues bien, ese
sedimento se centrífuga, se evapora, se suspende
en solución salina, se filtra y luego se diluye;
por último, se hacen pruebas de esterilidad
y de cultivo para verificar que el material
se encuentra libre de contaminantes y se puede
usar para el tratamiento. Finalmente se envasa
bajo las más estrictas medidas de asepsia.
Y después se entregan al paciente cinco frascos
que dan una cobertura de seis meses al paciente
y que se aplican como autovacuna dos días
a la semana inyectándose alternamente en los
brazos. Se comienza con la aplicación de 10
unidades aumentándose de diez en diez hasta
llegar a 80 unidades, momento en el que la
aplicación cambia a una vez por semana hasta
el final del tratamiento.
VACUNAS
CONTRA DIVERSAS ENFERMEDADES
Como el lector habrá
ya inferido por su cuenta este sistema permite
tratar prácticamente todas las enfermedades
autoinmunes. Y, de hecho, el doctor Ruiz Castañeda
encontró inicialmente en la orina antígenos
de enfermedades bacterianas, de padecimientos
resultantes de anomalías genéticas como el
síndrome de Down e, incluso, de dolencias
como la esquizofrenia o la epilepsia.
Más tarde, según se nos ha explicado, las
investigaciones y aplicaciones posteriores
de vacunas dieron resultados positivos en
pacientes afectados de alergias de las vías
respiratorias o de la piel, enfermedades autoinmunes:
artritis reumatoide, lupus eritematoso, esclerosis
múltiple, espondilitis anquilosante y esclerosis
lateral amiotrófica.
Incluso la andropausia y la menopausia pueden
ser tratadas con antígenos obtenidos de la
orina de un niño o una niña en los que empezaran
a aparecer los caracteres sexuales secundarios.
El doctor Capistrán nos reconocería que las
posibilidades de las autovacunas son múltiples.
Y nos contó algunos casos significativos:
"Una vez necesitábamos encontrar un paciente
de esclerosis múltiple en el primer estadio
de la enfermedad, en los primeros treinta
días, para poder comprobar mi hipótesis, cuando
nos llegó el caso clínico de un muchacho del
Tecnológico de Monterrey de 24 años de edad.
Empezaba a tener problemas de visión y el
oftalmólogo le había dicho que no encontraba
la causa así que le mandó al neurólogo. Y
éste le diagnosticó esclerosis múltiple. Bueno,
pues ese joven era el hijo de nuestro jefe
del servicio de Anastesiología así que le
propuse que, dado que era el caso clínico
que estábamos esperando, en lugar de seguir
el tratamiento convencional se sometiera al
antígeno de Ruiz Castañeda. Nos pidió 48 horas
para decidirlo y pasado el plazo nos dijo:
'No hay opción, así que nos someteremos al
tratamiento del doctor Ruiz Castañeda'. Obviamente
él sabía cuál es el desarrollo natural de
esa enfermedad. Pues bien, le dimos la vacuna
con su antígeno y afortunadamente Luis
Felipe Quevedo está hoy totalmente sano.
Al comparar las resonancias se puede constatar
incluso la desaparición de las lesiones que
ya tenía en el lóbulo occipital".
NUEVOS
ANTÍGENOS URINARIOS
Ruiz Castañeda constataría,
sin embargo, que el deterioro físico que presentaban
algunos de los pacientes que acudían a él,
muchos desahuciados o muy dañados ya por los
tratamientos convencionales a causa de una
medicación prolongada con inmunosupresores
o quimioterapia, anulaba o disminuía el efecto
del antígeno específico que, al final, lo
único que conseguía dar era un débil aumento
de las defensas.
Cualquier otro médico, como aquello era normal,
se hubiera limitado a aceptarlo con resignación.
Pero no fue el caso de Ruiz Castañeda quien,
volviendo sobre los pasos ya dados pero ampliando
la perspectiva, acabó encontrando en la orina
de pacientes que habían superado la enfermedad
-y cuyos resultados de laboratorio (marcadores
tumorales, biopsias, estudios de imagen…)
así lo confirmaban- un antígeno al que denominó
Antígeno Inmunocompetente o de Refuerzo.
"Leticia Ramírez -nos contaría
el doctor Capistrán- se curó de lupus y
durante cinco años fue nuestra donante. Su
especificidad para pacientes de lupus es extraordinaria,
sobre todo para aquellos en los que la calidad
de su propio antígeno no es buena según la
fase de su enfermedad. Otra paciente, Lupita,
donó su antígeno específico que es ya competente
para nuevos pacientes y para aquellos que
ya hayan sufrido mayor daño a causa de la
artritis reumatoide. Lupita ya no tiene recaídas
y no sigue ninguna medicación".
LAS
APORTACIONES DE SALVADOR CAPISTRÁN
El último paso dado
hasta ahora en la búsqueda de soluciones terapéuticas
en la orina es ya producto de la investigación
personal del doctor Capistrán al considerar
que la orina de la mujer embarazada podría
ser una caja de sorpresas llena de recursos
terapéuticos. Y entendiendo que la mujer embarazada
encierra entre sus misterios el lenguaje de
la vida, la configuración de los sistemas
orgánicos de un nuevo ser vivo y la posibilidad
de modificar la reacción del sistema inmunitaria
ante la presencia de cuerpos extraños decidió
buscar... hasta encontrar e incorporar a su
modelo de tratamiento lo que denomina antígeno
de mujer embarazada. Un antígeno que aplican
en todos los casos de cáncer como refuerzo
pero que se recoge de forma selectiva en el
caso de cánceres hormonodependientes, el antígeno
masculino XY en el cáncer cervicouterino y
el cáncer de mama, y el femenino XX en el
cáncer de próstata. Y al parecer las expectativas
no se han visto defraudadas según el investigador
mexicano: "Los resultados clínicos, tanto
en tumores primarios como en las metástasis,
son extraordinarios. Así lo evidencian la
evolución clínica, los marcadores tumorales
y los estudios de gabinete en nuestros pacientes".
En el resto de cánceres también se usa
como refuerzo.
El tratamiento con antígenos urinarios entronca,
en suma, con las más modernas líneas de investigación:
la inmunoterapia contra el cáncer y la búsqueda
de soluciones terapéuticas en las proteínas
procedentes de la orina de la mujer embarazada.
Y quizás por el lado de la evidencia clínica
ha superado a la investigación de base.
Cabe agregar que con el tiempo, al tratamiento
con los 3 antígenos el doctor Capistrán ha
ido añadiendo como coadyuvantes otros recursos
terapéuticos procedentes de la Medicina Complementaria
para acelerar y mejorar el tratamiento. Estas
son las terapias de apoyo que utiliza:
-Aplicación de inyecciones de Gerovital
en los puntos de acupuntura que comunican
los tres grandes sistemas del ser humano -nervioso,
endocrino e inmunitario- a fin de estimular
la renovación celular y corregir el daño causado
por tratamientos más agresivos.
-Terapia de Acupuntura para paliar el dolor
y proporcionar estabilidad emocional al paciente.
-Utilización del BIRM, el fármaco basado en
una planta medicinal que desarrolló el doctor
ecuatoriano Edwin Cevallos, por considerarlo
de gran valor para la destrucción de células
tumorales (vea el reportaje en nuestra
web: www.dsalud.com).
-La Dieta Polarizante del doctor Demetrio
Sodi Pallarés (vea también el reportaje
en nuestra web).
-Ejercicios de Qui Gong.
Según Capistrán, la combinación de estas terapias
ha permitido, en coordinación con los oncólogos,
reducir las dosis de quimioterapia o radioterapia
y mejorar enormemente la calidad de vida de
los pacientes. "Nuestra sorpresa -afirma-
es que quienes sufren leucemia, linfomas
y mielomas, que son enfermedades de la sangre,
cáncer de la sangre, son los que más rápido
responden. Los tumores embrionarios de testículo
en los jóvenes, los cerebrales y los de próstata
también responden bien. Y los mismos resultados
tenemos en cáncer mamario y cervicouterino,
incluso cuando los pacientes están en etapas
avanzadas. Todos se benefician de una mejor
calidad de vida y es frecuente tener casos
clínicos que se acercan a lo milagroso".
LOS
ANTICUERPOS MONOCLONALES
Termino este artículo
con la opinión del doctor Francisco Vara,
miembro del Departamento de Bioquímica de
la Facultad de Medicina de la Universidad
Autónoma de Madrid y uno de los escasos médicos
que en España ha estudiado el trabajo del
doctor Ruiz Castañeda: "Las ideas del Dr.
Ruiz Castañeda puede tener una base científica
que es preciso explorar y que podría depararnos
enormes sorpresas. Supongamos que hay un tumor
cuya presencia se escapa al sistema inmune
porque presenta en su membrana celular antígenos
o señales tan débiles o enmascaradas que el
sistema inmunitario no es capaz de detectarla
en un principio. Como toda célula viva en
nuestro organismo sufrirá una degradación
de la cual pueden aparecer pequeños fragmentos,
los cuales podrían ser eliminados por la orina
ya que por su pequeño tamaño podrían atravesar
el riñón. Circulando por la sangre estarían
a tan baja concentración que no serian suficientes
para generar una respuesta inmune. Si recogemos
esas cadenas peptídicas de la orina, las concentramos
y las volvemos a poner en la sangre nuestro
organismo reaccionaría automáticamente generando
anticuerpos que ya sí podrían reconocer las
células antitumorales.".
"Lo asombroso -agrega el profesor Vara-
es que de alguna manera estamos hablando de
lo que la Ciencia Moderna conoce hoy como
anticuerpos monoclonales en los que se trabaja
como recurso terapéutico de última generación.
Estos pequeños péptidos recogidos en la orina
es lo que hoy conocemos como 'determinantes
antigénicos', que son la parte mínima de una
proteína capaz de originar un solo tipo de
anticuerpo o anticuerpo monoclonal. Los cuales
tienen una altísima especificidad de reconocimiento.
Los anticuerpos monoclonales son la respuesta
inmunológica a una cadena péptica de cuatro
o cinco aminoácidos, característica de una
determinada proteína, de un determinado virus,
de un tumor, o de cualquier agente que el
organismo reconoce como extraño. Lo que Maximiliano
Ruiz Castañeda definía como una sustancia
propia de una determinada patología es lo
que la bioquímica moderna define como determinante
antigénico y supondría que Ruiz Castañeda
se habría adelantado más de cincuenta años
a los conocimientos de su tiempo".
Es decir, lo que Maximiliano Ruiz Castañeda
definía como una sustancia propia de una determinada
patología y de bajo peso molecular que es
expulsada por la orina inicia básicamente
el mismo proceso que hoy se busca con un proceso
tecnológicamente costosísimo. "El no podía
tener ni idea de este concepto de vanguardia
-afirma el profesor Vara-. A este hombre
hay que darle al menos credibilidad porque
fue un gran inmunólogo en su época y sus logros
extrapolados a día de hoy bien podrían hacerle
acreedor a un premio Nóbel. Y cuando un premio
Nóbel de hoy en día dice algo así por lo menos
se le escucha. Si además hay quienes afirman
que por evidencia clínica el proceso es terapéuticamente
válido se hace necesario iniciar una investigación
seria con técnicas modernas porque el resultado
final podría llevarnos a un mundo casi de
ciencia ficción sobre las posibilidades de
los productos recogidos en nuestra orina."
Increíble sobre todo si se comparan los medios
actuales con los empleados por Ruiz Castañeda
para la obtención del antígeno: una centrifugadora,
algunos reactivos, unas pipetas, el chorro
del agua, un refrigerador y una incubadora
para comprobar que el material que salía del
laboratorio no estaba contaminado por bacterias
o virus.
Claro que el problema para profundizar en
sus investigaciones probablemente no esté
en los medios sino en los médicos que, como
Ruiz Castañeda dijo, "han sido programados
por una cultura médica adquirida con base
en la propaganda comercial. La mayoría no
se atreve a utilizar otros productos o métodos
que no sean recomendados por las casas transnacionales
y muchos de ellos no tienen plena conciencia
de su labor y, menos aún, estudian por interés
científico. Algunos vienen a veces a este
laboratorio, aprenden el método y comercian
con él explotando a los enfermos... El investigador
debe de estar económicamente preparado para
no tener que convertirse en 'chambista'. Debe
atreverse a buscar cosas nuevas que no sean
repetición de lo que hacen los americanos."
La vía, en suma, esta abierta. Ahora sólo
queda recorrerla.
Antonio
Muro
Nota a pie de página:
(1) "Método rápido para la investigación
de reacciones específicas y no específicas
en el cáncer". Archivos de Investigación
Médica (Mex) 11:83, 1980 Instituto Mexicano
del Seguro Social.
Más información:
Dr. Salvador Capistrán
Av. Cuauhtémoc N° 1187 Col. Letrán Valle C.P.
03650 México, D.F. Tel.: 56 88 89 46 Fax:
56 88 95 37
e-mail: capistra@prodigy.net.mx; drcapistran@hotmail.com;
drcapistran@yahoo.com.mx
LA
EXPERIENCIA CUBANA
Hay que decir que
los investigadores mexicanos están dispuestos
a colaborar con quien lo solicite y sólo condicionan
su participación en el desarrollo de la terapia
en otros lugares del mundo al hecho de que
sea adoptado por un sistema público de salud
capaz de extender lo que consideran una revolución
terapéutica al mayor número posible de enfermos.
Es el caso de la colaboración recientemente
iniciada con el Hospital Oncológico de Camagüey
en Cuba.
En uno de los muchos congresos realizados
en México sobre Medicina Tradicional el doctor
Capistrán consiguió atraer la atención
de la doctora Arely Díaz Cifuentes,
directora del Departamento de Medicina Tradicional
de ese hospital oncológico. Y ésta, interesada
por la terapia con antígenos de la orina,
se trasladó a México a visitar las instalaciones
del doctor Capistrán. Allí estudiaría, verificaría
los resultados clínicos y en laboratorio,
aprendería las técnicas y, finalmente, decidió
que la terapia era efectiva y merecía la pena
incorporarla en Camagüey. Se iniciaría así
-en noviembre del 2002- un convenio de colaboración
conjunta. A día de hoy la Doctora Arely Díaz
se muestra muy esperanzada en las posibilidades
de la terapia: "La terapia del antígeno
es muy buena; combinada con la de puntos da
maravillosos resultados a los pacientes. Nosotros
estamos comenzando a andar por un largo camino
y nos falta mucho por recorrer pero lo que
hemos visto hasta ahora son resultados alentadores"
RELATO
EN PRIMERA PERSONA
La primera vez que
escribí un artículo sobre la vacuna con antígenos
de la orina fue en 1998 y también en una revista
que dirigía el actual director de Discovery
DSALUD. Entonces no conocía la historia
de Pedro, a quien no conozco personalmente
pero cuyo singular proceso conocí casualmente
mientras elaboraba este artículo. Al explicármela
en detalle le pregunté si querría escribir
unas líneas sobre lo que había vivido para
acompañar este trabajo y accedió. Este es
su testimonio que transcribo sin comentarios.
No son necesarios.
"Todo empezó el año 1993 con unas molestias
en la parte baja de la columna. Pero esas
molestias, que al principio eran insignificantes,
se convirtieron en un dolor que progresivamente
pasó a piernas, espalda y cuello. Después
de varias visitas a los especialistas y distintos
análisis el diagnóstico fue espondilitis anquilosante,
una enfermedad reumática autoinmune de la
que nunca había oído hablar.
El traumatólogo me explicó que esa enfermedad
podía ser hereditaria y que era crónica pero
que con medicamentos, el ejercicio adecuado
en fases de baja actividad inflamatoria y
mucha paciencia se podría conseguir que no
fuera a más. Tuve que dejar el trabajo porque
la espondilitis sí evolucionó y los antiinflamatorios
y el ejercicio no fueron suficientes. Cada
vez me encontraba peor. En pocos años me vi
con muletas para poder caminar, fuertes dolores
y pocas esperanzas de recuperarme. La degeneración
era física y psicológica.
Una tarde, en abril del 98, leyendo una
revista que solía comprar para distraerme
encontré un artículo cuyo enunciado decía:
"Diseñan una vacuna con orina contra múltiples
enfermedades" (...) "Demostrada su efectividad
en dolencias presuntamente incurables". El
impacto fue inmediato. Conforme iba leyendo
el artículo me iba identificando con los enfermos
a los que se aludía y planteándome la posibilidad
de probar ese revolucionario método. El mismo
día contacté por teléfono con la clínica del
doctor Capistrán y él mismo me explicó el
proceso de la terapia y su experiencia con
otros enfermos. Me sentía ilusionado ante
esta nueva opción. Pocos días después de informarme
a través de personas que viajaron a México
y vieron en directo curaciones espectaculares
decidí que había llegado el momento de probarlo
yo también. Hice saber a mi médico de cabecera
mi decisión. Me dijo que él veía una base
científica y coherente en esa terapia y me
animó a intentarlo, que él en mi lugar también
lo haría dadas las carencias en la medicina
oficial hasta ahora en estas enfermedades
traumáticas. Empecé con las vacunas. Después
de un año de inyectarme mi antígeno empecé
a notar pequeños indicios de mejoría que me
animaron definitivamente a continuar. Sin
embargo, mi antígeno no era suficiente por
lo que pedí otro más de refuerzo. Y la mejoría
empezó a ser más palpable. Han pasado cinco
años, los dolores de la enfermedad han remitido
casi por completo y mi movilidad, aunque con
cierta rigidez en algunas articulaciones,
es muchísimo mayor que la de unos años atrás.
Tengo que decir también que la acupuntura
ha sido fundamental en mi progresiva
mejoría.
Deseo que llegue el momento en que estas
terapias sean más conocidas en España y que
se lleguen a normalizar por el bien de muchísima
gente. Espero poder seguir con este método
terapéutico mientras me pueda hacer falta
con total normalidad. También creo que seria
mucho más efectivo si se aplicara tan pronto
como se diagnosticara la enfermedad.
Un saludo y muchas gracias a Discovery DSALUD
por dejarme compartir mi experiencia con sus
lectores. Pedro".
Para
más información:
Dr. Salvador Capistrán
E-mail: drcapistran@yahoo.com.mx
E-mail:
drcapistran@hotmail.com
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