Tras diez años proyectando modelos matemáticos sobre
la teoría del VIH como causa de la llamada enfermedad del SIDA Rebecca Culshaw
decidió hacer frente a sus propias convicciones y escribió un artículo titulado
¿Por qué abandoné la teoría del VIH como causa del SIDA? En él, desde su
experiencia como investigadora del más alto nivel, afirma: "Existen evidencias
suficientes para sostener que toda la base de esa teoría está equivocada. El SIDA
no es una enfermedad tanto como una estructura sociopolítica que pocas personas
entienden y aún menos se cuestionan. El problema de la causa parece estar fuera
de toda duda e incluso plantearlo se juzga irresponsable… pero las hipótesis en
ciencia merecen ser estudiadas y ninguna debe aceptarse antes de que sea probada;
especialmente cuando su aceptación ciega tiene horribles consecuencias".
Han
pasado veinte años desde que se nos dijo que un retrovirus bautizado como VIH
(Virus de la Inmunodeficiencia Humana) causa una enfermedad llamada Síndrome
de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) caracterizada porque la persona infectada
se queda prácticamente sin defensas y expuesta a adquirir fácilmente cualquier
dolencia que alguien sano superaría sin problemas pero a ella puede causarle la
muerte. Y lo cierto es que a pesar del tiempo trascurrido los ciudadanos de a
pie saben poco más de lo que se les contó en un principio. Eso sí, las autoridades
sacuden cada cierto tiempo nuestra conciencia con cifras alarmantes y con la vaporosa
promesa de una vacuna que nunca llega a pesar de los miles de millones de euros
invertidos en su búsqueda. ¿En la dirección correcta? Al menos en la dirección
científica y oficialmente aceptada. ¿La única? Evidentemente no porque un amplio
grupo de científicos discrepa de las teorías oficiales. Algunos de ellos eran
considerados investigadores de primera línea y gozaban de un gran prestigio...
hasta que se atrevieron a disentir de la teoría oficial del VIH como causa del
SIDA. Obviamente, como sucede siempre en estos casos, sus argumentos se ocultan
y no ocupan una sola línea ni en los medios de comunicación convencionales ni
en las grandes revistas científicas.
Podríamos decir que la postura oficial
es la representada por John P. Moore, un científico que se encuentra especialmente
cómodo escribiendo contra los que disienten de sus opiniones y que ha llegado
a afirmar: "Me extenderé muy poco sobre por qué no encuentro apropiado debatir
con quienes niegan el VIH y se definen como científicos o se autoproclaman como
tales. La principal razón es que no hay nada que debatir. La segunda es que no
hay nadie con quién debatir. Uno sólo debería debatir de ciencia con científicos
creíbles y ningún científico creíble discutiría el VIH como causa del SIDA".
Moore se negaba así a debatir recientemente con Harvey Bialy investigador
con más de 30 años de experiencia en Biología Molecular, editor durante 14 años
de una de las publicaciones más importantes de Biotecnología y miembro del mismo
club de disidentes que los premios Nobel Kary Mullis y Walter Gilbert
así como el prestigioso miembro de la Academia de las Ciencias de Estados Unidos
Peter Duesberg. Y como Moore, tantos como puedan ustedes imaginarse.
Ahora
bien, ¿todos quienes disienten de la explicación oficial opinan lo mismo? No.
Algunos niegan que el VIH exista. Otros, en cambio, admiten su existencia pero
niegan que sea responsable de lo que se conoce como SIDA. Pero en lo que sí coinciden
todos los disidentes es en el carácter dañino de los antirretrovirales. Lo que
sucede es que ni unos ni otros tienen demasiada oportunidad de explicarse. Lo
que no está evitando que nuevos miembros de la comunidad científica -en un goteo
constante- vayan abandonando el privilegiado club de la oficialidad para unirse
a las filas de los disidentes. Unos lo hacen en silencio, otros se ven envueltos
-por deseo propio o por las circunstancias- en algo más de ruido. Fue el caso
de Mark Pierpont. Nombrado coordinador del Programa de Prevención sobre
el VIH/SIDA en Florida (EEUU) a los pocos meses de ejercer su cargo -en junio
del 99- redactó su carta de dimisión en la que, entre otras cosas, afirmaba: "Tras
una cuidadosa investigación está lamentablemente claro que ha existido un cisma
en la investigación sobre el SIDA desde el políticamente cargado anuncio del Dr.
Robert Gallo al mundo de que el VIH es la probable causa del SIDA (1984).
Desgraciadamente sólo una parte de los datos científicos han sido puestos al alcance
del público. Parte que es, con mucho, la más poderosa y respaldada por los depósitos
financieros de las agencias del Gobierno Federal como los CDC y los NIH que financian
la mayoría de las campañas de información y de los programas de investigación.
Esta ciencia dominante es promocionada e incluso manipulada por los gigantes farmacéuticos
que tienen un motivo obvio de beneficio. El sistema de Salud Pública y las compañías
farmacéuticas son la principal fuente de información sobre el SIDA para los proveedores
de cuidados de salud y limitan su información a tan sólo una parte del debate
científico ignorando e, incluso, suprimiendo la investigación científica contraria.
Ayudado por unos medios de comunicación complacientes el Servicio de Salud Pública
ha hecho todo para silenciar las opiniones científicas contrarias y, en consecuencia,
ha negado a la población su fundamental derecho a un consentimiento informado.
Por la presente retiro mi participación de lo que un día puede ser visto como
la mayor violación del Principio de Consentimiento Informado en la historia de
la Salud Pública. Muy sinceramente. Mark Pierpont". Y claro, cabe preguntarse
por qué personas que lo tienen todo van a tirar por la borda su carrera profesional
y su prestigio a cambio de nada... salvo que sea por ética y por la convicción
personal de defender la verdad.
Bueno, pues ahora le ha tocado el turno a
Rebecca Culshaw, bióloga matemática. Su artículo, escrito en la primavera
de este año 2006 -y por tanto con todos los datos actualizados-, nos permite conocer
un poco mejor el lado oscuro del binomio VIH-SIDA
DE
MODELAR EL VIH A RECHAZARLO
Culshaw no ha sido galardonada con el Nobel
-ni probablemente lo sea ya- pero los diez últimos años de su vida ha vivido inmersa
en el paradigma oficial del VIH = SIDA. Su trabajo ha venido siendo crear modelos
matemáticos de la infección, un campo en el que entró en 1996. Sola o en equipo
tiene, incluso, trabajos publicados al respecto: "Comparison of optimal treatments
for HIV", "Review of HIV Models: The role of the natural immune response and implications
for treatment", "Optimal HIV Treatment by maximizing immune response", y algún
otro más. Bueno, pues su conclusión final hoy es que la visión oficial es falsa.
"Durante este tiempo -afirma- he llegado finalmente a comprender que
hay suficientes evidencias que permiten sostener que toda la base de esta teoría
está equivocada. El SIDA, no es, según parece, tanto una enfermedad como una estructura
sociopolítica que pocas personas entienden y aún menos se cuestionan. El problema
de la causa parece estar fuera de toda duda e incluso plantearlo se juzga irresponsable".
Sus razones científicas las ha dejado plasmadas en un artículo titulado Por
qué abandoné la hipótesis del VIH-SIDA cuya versión original puede encontrar
el lector en www.lewrockwell.com/orig7/culshaw1.html. En él recoge las
mismas incertidumbres que comparten otros muchos investigadores y aporta argumentos
para el debate que quizás no sean suficientemente conocidos y que merecen el respeto
al menos de ser tenidos en cuenta en un debate en profundidad. Por ejemplo, ¿sabía
usted que no todos los que tienen el VIH acaban padeciendo SIDA? Probablemente
sí, pero, ¿sabía que hay quien tiene el SIDA y no tiene el VIH? ¿O que puede ser
usted seropositivo en Gibraltar y no en Málaga? Pues sobre estas realidades habla
la particular versión de Yo confieso de Rebecca Culshaw, una carta sincera y clara
en su argumentación dirigida al corazón de la comunidad ortodoxa y de todos aquellos
que experimentan a diario la duda en las convicciones aceptadas: "¿Por qué
nosotros como sociedad hemos aceptado tan rápido una teoría para la que existen
tan pocas evidencias sólidas? ¿Por qué tomamos las proclamas de las instituciones
gubernamentales como el NIH y el CDC, vía portavoces y organizadores, como muestras
de fe? El ciudadano medio no tiene ni idea de cuan débil es la conexión que realmente
existe entre VIH y SIDA siendo por eso que frases tan insostenibles como 'el virus
del SIDA' o 'la prueba del SIDA' se han vuelto parte de la lengua vernácula común
a pesar de que no hay ninguna evidencia de su exactitud."
POR
QUÉ ABANDONÉ LA TEORÍA DEL VIH COMO CAUSA DEL SIDA
Cushaw comienza recordando
en su escrito de marzo de este año el impacto que causó en la sociedad norteamericana
la irrupción de la enfermedad: "Cuando se anunció en 1984 que la causa del
SIDA había sido hallada en un retrovirus que llegó a ser conocido como VIH se
creó una gran sensación de pánico. Mi propia familia se vio inmediatamente afectada
por ese pánico puesto que mi madre había sufrido varias transfusiones de sangre
a comienzos de los 80 como resultado de tres abortos. En los primeros días temimos
que nos picaran los mosquitos, temimos besarnos y hasta sentarnos en los retretes
públicos. Aún puedo recordar el pánico que sentí cuando después de entrar en un
baño público leí un graffiti que decía '¿No tienes el SIDA todavía? siéntate
en este retrete'".
Sólo tenía diez años y con el tiempo el pánico se redujo
a un murmullo. El miedo a ir al baño o al dentista fue reemplazado por una cautela
más realista a la hora de practicar el sexo con desconocidos. Más tarde llegaría
la traumática experiencia de someterse a los 21 años a la prueba del SIDA por
un exceso de preocupación. "Me pasé dos semanas esperando los resultados convencida
de que me moriría pronto y de que sería 'todo por mi culpa'". Y eso lo pensaba
Cushaw a pesar de no ser drogadicta ni promiscua. Era el miedo. Como era lógico,
el resultado fue negativo.
Tiempo después llegaría su dedicación a la Biología
Matemática y de ahí ¡a los modelos matemáticos de la infección del VIH y la respuesta
inmunológica! "Como matemática encontré que virtualmente cada modelo que estudiaba
era poco realista. Las asunciones biológicas en que los modelos estaban basados
variaban de autor a autor y eso no tenía ningún sentido para mí". Diez años
trabajando día y noche en torno al VIH. Todo ello para al final rendirse a las
evidencias o a los argumentos que ella considera como tales. Diez años para contestar
en voz alta la pregunta más importante de su vida. "Así que ¿por qué ahora
y sólo ahora he decidido que ya es bastante y no puedo por más tiempo continuar
apoyando el paradigma sobre el cual mi carrera entera se ha construido?"
Cushaw describe su experiencia personal que, por supuesto, no es única: "El
SIDA hoy tiene poco o ningún parecido con el síndrome para el que fue nombrado.
En primer lugar la definición ha sido cambiada por el CDC varias veces extendiéndose
para incluir más enfermedades (todas las cuales existían desde mucho antes del
SIDA) y a veces a ninguna enfermedad en absoluto. Más de la mitad de todos los
diagnósticos de SIDA en los últimos años en Estados Unidos han sido hechos en
base a una cuenta de las células T y a una 'confirmada' prueba de anticuerpos
positiva. En otras palabras, una enfermedad mortal ha sido diagnosticada una y
otra vez en ausencia total de enfermedad clínica".
Todo comienza pues
en el diagnóstico. Neville Hodgkinson, un periodista británico, sostiene
en su artículo Sida: una catástrofe ¿viral o científica? lo siguiente:
"La teoría del VIH como causa del SIDA ha cubierto ciertas necesidades de salud
social y pública pero la comunidad científica no ha reconocido los serios fallos
que existen en ella y en la práctica médica derivada de la misma; en particular
su fracaso para validar la prueba de 'diagnóstico del VIH' con el aislamiento
del virus. Se pueden haber interpretado mal signos genéticos y químicos producidos
por las células inmunes caotizadas como evidencia de la presencia de un virus
letal".
De hecho no existe un modelo unificado que explique el mecanismo
biológico real del VIH. "La razón por la que no había ningún acuerdo general
matemático acerca de cómo el VIH mata a las células T -explica Cushaw en este
punto- era porque no había ningún acuerdo general biológico. Y no lo hay todavía.
El VIH es posiblemente el microorganismo más estudiado de la historia -ciertamente
es al que más fondos se han dedicado- a pesar de lo cual no hay todavía ningún
acuerdo sobre el mecanismo de patogénesis. Peor que eso: no hay ningún dato para
apoyar la hipótesis de que el VIH mata las células T en absoluto. No lo hace en
el tubo de ensayo. Él, básicamente, sólo se asienta allí como hace en las personas...
si es que llega a encontrarse. En 1984 Robert Gallo afirmó que había 'probado'
que el VIH causa SIDA. Sin embargo, el actual VIH puede ser encontrado sólo en
26 de cada 72 pacientes de SIDA. Hasta la fecha el VIH permanece siendo un blanco
huidizo en aquellas personas diagnosticadas con SIDA o simplemente seropositivos".
Es la doble cara del SIDA. Por un lado la pública, donde todo parece seguro, conocido
y controlado por las autoridades. Sin embargo existe una realidad que se oculta.
Liam Scheff, otro periodista investigador en temas de salud que lleva años
dedicado a estudiar el tema del SIDA, ha escrito en La cara oculta del SIDA:
"Cuando se pasa de los titulares te dirán, imperturbablemente, que las pruebas
del VIH no están estandarizadas, que se interpretan arbitrariamente, que no se
requiere tener VIH para padecer SIDA y, finalmente, que el término VIH no describe
una sola entidad sino una colección de material celular no-específico de reacciones
cruzadas".
Pero, ¡bueno! ¿Acaso no está montado todo el edificio de la
atención farmacológica sobre los tests y las pruebas diagnósticas? ¿Cuántas vidas
se habrán destrozado entonces en el caso del SIDA por presentar como definitivos
unos resultados que varían de un lugar a otro y además dependen de quien los interpreta?
"Acerca de las pruebas realizadas para medir la llamada 'carga viral' -escribe
Cushaw- la mayoría de las personas no es consciente de que ni son pruebas autorizadas
para medir la carga viral ni están recomendadas por la FDA para diagnosticar la
infección de VIH. Ello es así porque un 'test' del SIDA no es sino una prueba
de anticuerpos. Se usa carga viral, sin embargo, para estimar el estado de salud
de aquéllos diagnosticados como VIH-positivos. Pero hay muy buenas razones para
creer que no funciona en absoluto. La carga viral usa el PCR o una técnica llamada
amplificación de ADN (bDNA). El PCR es la misma técnica usada para recoger el
ADN de las huellas dactilares en las escenas de un crimen. El PCR fabrica en serie
ADN o ARN, esencialmente para que pueda verse. Si algo tiene que ser fabricado
en serie para incluso ser visto y el resultado de esa fabricación en serie se
usa para estimar qué cantidad de patógeno hay en el organismo eso podría llevar
a una persona a preguntarse cómo de relevante era el patógeno en un principio.
Específicamente, ¿cómo pudo algo tan difícil de encontrarse, incluso usando la
tecnología más sensible y sofisticada, diezmar completamente el sistema inmune?
El bDNA, mientras, no amplifica nada como en el caso de la PCR, sólo busca los
fragmentos de ADN que se creen son componentes del genoma de VIH pero eso no está
probado. No hay ninguna evidencia que permita sostener que esos fragmentos no
puedan existir en otras secuencias genéticas no relacionadas con el VIH o con
cualquier otro virus. Es importante en este punto señalar que la carga viral a
estas alturas, como las pruebas de anticuerpo, nunca han sido contrastadas con
la norma de oro del aislamiento del VIH. El bDNA usa el PCR como norma de oro
o verificación, el PCR usa pruebas de anticuerpo como norma de oro y las pruebas
del anticuerpo no usan nada. Ninguna usa el propio virus VIH como contraste de
confirmación".
Es más, el mismísimo premio Nobel Kary Mullis, inventor
de la PCR, ha afirmado públicamente que es imposible que su técnica sirva para
poder decirle a alguien que es portador del VIH. Llegando a afirmar que habría
renunciado al Nobel de haber sabido el uso que se le iba a dar a su invención.
De hecho, en el prólogo que escribió al libro de Peter Duesberg, afirma: "Ni
Duesberg ni yo podemos entender cómo ha surgido esta locura (...) Sabemos que
errar es humano pero la hipótesis VIH/SIDA es un error diabólico". ¿Y qué
decir de los tests? "Hay una buena razón -señala Cushaw- para creer
que las pruebas de anticuerpos tampoco son fiables. Los dos tipos de pruebas rutinariamente
usados son el ELISA y el Western Blot (WB). El protocolo de comprobación actual
es verificar un ELISA positivo con el Western Blot, 'más específico' (test que,
sin embargo, está prohibido actualmente en Gran Bretaña por inestable). Pero pocas
personas saben que el criterio para un Western Blot positivo varía de país a país
e, incluso, de laboratorio a laboratorio. Dicho bruscamente, el estado VIH de
una persona podría cambiar dependiendo del lugar donde se realice la comprobación".
Aunque lo más grotesco de todo es que ni los propios laboratorios fabricantes
de tales tests osan afirmar que sirven para decidir si alguien tiene el VIH. De
hecho los fabricantes del ELISA han llegado a declarar: "Actualmente no existe
un estándar reconocido para establecer la presencia o ausencia del anticuerpo
VIH-1 en la sangre humana. Por tanto la sensibilidad se ha determinado a partir
de diagnósticos clínicos de SIDA y la especificidad se ha establecido en base
a donantes aleatorios".
Otra científico disidente, la doctora Eleni
Papadopulos, expuso en la XI Conferencia Internacional del SIDA en Ginebra
tras una década de investigación su convicción de que el VIH no ha sido aislado
y por tanto no puede disponerse de elementos para fabricar tests de anticuerpos,
realizar mediciones de carga viral o preparar iniciadores para la PCR. Incluso
el archiconocido doctor Luc Montagnier -considerado codescubridor del VIH-
reconoció en una entrevista publicada en 1997 que él no había aislado ningún virus
ni establecido relación alguna con el SIDA. De hecho Montaigner pasó a sostener
hace ya tiempo que el SIDA no podía explicarse sólo en relación con el VIH y era
preciso algo más, indefinido hasta el momento.
El ya mencionado Liam Scheff,
refiriéndose a los tests, afirma con ironía al respecto: "Si la leyes del comercio
fueran aplicadas con igualdad la campaña 'Conocer es bueno' para fomentar los
tests del SIDA tendría que llevar una advertencia similar a la del tabaco que
dijera: 'Este test no le dirá si está usted infectado/a por un virus. Quizás le
confirme que está embarazada, que ha consumido droga o alcohol, que ha sido vacunado/a:
que tiene un resfriado, una enfermedad hepática, artritis o que está estresado/a
o hambriento/a o cansado/a. O que es usted africano. No le dirá si usted va a
vivir o a morir. De hecho nosotros realmente no sabemos después de todo lo que
significa realmente dar positivo o negativo".
"Lo que no puedo admitir
-concluye Rebecca Cushaw este apartado de su explicación- es la idea de
que nadie a título individual necesite hacerse un test diagnóstico de VIH. Una
prueba negativa puede no ser exacta (cualquier cosa que eso signifique) pero una
positiva puede causar unos estragos absolutos y la destrucción de la vida de una
persona. Y todo por un virus que es más que probable que no haga absolutamente
nada. No creo que haya que añadir mucho más para afirmar que estas pruebas deben
prohibirse para propósitos de diagnóstico".
¿Y qué pasa entonces con África?
¿De dónde salen los millones de personas que la OMS dice que están allí infectadas
y esperando la muerte? El África subsahariana continúa siendo la región más afectada
en el mundo según los datos oficiales. El 64% de las nuevas infecciones (más de
tres millones de personas) ocurren en esta parte del mundo donde ya viven 28,5
millones de ciudadanos con VIH. Pues como con el resto de lo que tiene que ver
con el VIH-SIDA es preciso pasar de los grandes titulares -con los que solemos
conformarnos- a la realidad sobre el terreno, una realidad de enfermedades endémicas,
hambre, miseria y dinero. Mucho dinero... pero para el SIDA. Roberto Giraldo,
otro de los médicos investigadores del club de los disidentes, ya alertó de esta
situación en su trabajo La industria del SIDA en Africa: un negocio redondo
donde, entre otras cosas, escribió: "Puesto que en la mayoría de los países
africanos las pruebas del VIH son demasiado costosas como para que su uso se generalice
el SIDA se ha venido diagnosticando según los lineamientos establecidos por la
OMS, los que se conocen como "Definición Bangui del caso clínico". Para
que una persona se califique como de diagnóstico positivo de SIDA debe presentar
una combinación de síntomas tales como pérdida de peso, diarrea persistente y
fiebre de un mes de duración así como tos seca. El problema con un diagnóstico
sintomático VIH tal es que muchas de sus características difícilmente pueden distinguirse
de las de otras antiguas enfermedades como la tuberculosis y la malaria. Además
la prueba que se está practicando en África tampoco está exenta del peligro de
arrojar resultados exagerados. Según el doctor Harvey Baily, 'algunas
de esas pruebas son tan inespecíficas que entre el 80 y el 90% de los resultados
positivos son falsos positivos'. Con el resultado inevitable de que las cifras
de infecciones VIH en África han resultado desatinadamente exageradas alimentando
el autocumplimiento de la letal profecía".
Y añade Giraldo, él sí conocedor
de la materia y no quienes se limitan a enjuiciar el problema a través de imágenes
o titulares de prensa: "Hoy día los jóvenes africanos rehúsan buscar atención
médica para las enfermedades tradicionales debido al temor de ser señalados como
casos de SIDA. Al mismo tiempo, como anotaba el Ministro de Salud y Cuidado de
la Niñez en Zimbabwe, la OMS y la 'industria del SIDA' han patrocinado una dañina
epidemia de 'VIH-itis' en África trayendo como consecuencia el desvío del dinero,
la atención médica y el personal de salud de los problemas ya conocidos como la
malaria, la tuberculosis, las enfermedades de transmisión sexual y una maternidad
segura".
Es curioso, por cierto, que el abordaje con fármacos del SIDA
siempre llegue precedido de mejoras nutricionales en las poblaciones afectadas.
Cualquier mejora en la comida y el estado del agua es evidente que redunda en
una mejora global del estado físico. Si la alternativa fuera tener malaria o cualquier
otra enfermedad endémica y no ser tratado ni alimentado... o declarar su malaria
como parte del SIDA y así comer y ser tratado, ¿usted qué opción escogería, amigo
lector? Pues eso es lo que pasa en África a diario.
Claro que el SIDA en Occidente
quizás haya servido también para otro tipo de instrumentalización médico-política,
sin querer entrar en el origen de tan enigmático síndrome. "El VIH, durante
muchos años, ha cumplido el papel de un terrorista microscópico -reflexiona
Cushaw-. Las personas han perdido sus trabajos, se les ha negado la entrada
en las Fuerzas Armadas, se les ha negado la residencia en el país y la entrada
en algunos países. Incluso han sido acusadas con cargos de asalto o asesinato
por tener sexo consentido; se ha separado a los bebés de sus madres y se les ha
suministrado medicaciones tóxicas a la fuerza. No hay ningún precedente para este
tipo de comportamiento. Y todo en nombre de una no probada y frágil hipótesis
que se basa en pruebas altamente sospechosas y tests indirectos para una supuesta
infección por un, según se alega, virus mortal. Virus que sin embargo nunca se
ha observado que haga mucho de nada".
Obviamente los nombres y argumentos
expuestos en este artículo son estigmatizados por quienes dominan el sistema sanitario.
Y cualquiera puede encontrar un millón de páginas más dedicadas a la teoría oficial
que a los planteamientos disidentes. Claro que por cada dólar del que éstos disponen
para explicar sus razonamientos los oficialistas cuentan con cientos de millones
y una amplia influencia en los medios de comunicación. Hay incluso quienes piden
la cárcel para ellos por "irresponsables" y por criticar los tratamientos actuales.
"Las víctimas reales en este enredo -dice Cushaw- son aquellas cuyas
vidas son puestas del revés por el estigma de un diagnóstico de VIH. Esas personas,
la mayoría de las cuales están completamente sanas, son animadas a evitar la intimidad
y, aún más, se culpabilizan de haber sido de algún modo muy tontos y descuidados.
Peor aún: se les anima a que tomen dosis diarias enormes de algunas de las drogas
más tóxicas jamás fabricadas (…) Porque la causa principal de muerte entre los
VIH-positivos en estos últimos años ha sido el fracaso hepático. No una enfermedad
definida como SIDA sino un efecto colateral reconocido de los inhibidores de proteasas
que los individuos asintomáticos toman diariamente en dosis masivas durante años".
¿Tienen razón los disidentes? Hay algo evidente a su favor: el hecho
de que llevan años jugándose su prestigio profesional y personal enfrentándose
con quienes se están enriqueciendo día a día desde hace dos décadas con el SIDA
y se niegan a salvar las vidas de los presuntos infectados con sus productos si
no es a cambio de dinero. Sólo eso ya hace los disidentes merecedores de al menos
unos minutos de reflexión.
"Después de diez años involucrada en el lado
académico de la investigación del VIH así como ampliamente en el mundo académico
-concluye Cushaw su alegato sobre el abandono de la teoría oficial- creo de
verdad que el reproche por la aceptación universal, incondicional y basada en
la fe de tal teoría sin bases recae pesadamente sobre los hombros de aquéllos
de entre nosotros que han vinculado activamente una hipótesis completamente sin
probar con el afán de prosperar en sus carreras. Claro, las hipótesis en ciencia
merecen ser estudiadas pero ninguna hipótesis debe aceptarse como hecho antes
de que sea probada, particularmente una cuya aceptación ciega tiene consecuencias
tan horribles (…) Yo no puedo por más tiempo permanecer sentada y no hacer nada
contribuyendo a esta locura. Y la locura ha durado ya bastante tiempo. Como humanos
-como académicos honrados y científicos- lo único que podemos hacer es permitir
que la verdad vea la luz".
Antonio F. Muro