Cáncer: qué es, qué lo causa y cómo tratarlo

 

El cáncer es hoy la primera causa de fallecimiento en el mundo. Sólo en España provoca cada año la muerte de casi 100.000 personas en los hospitales. Sin contar a quienes, desahuciados, son enviados a morir a sus casas. Y no existe un solo fármaco utilizado en Oncología que haya demostrado en ensayo clínico haber curado un solo caso de cáncer. A pesar de lo cual los productos quimioterápicos constituyen, junto a la cirugía y la Radioterapia, las técnicas de tratamiento oficialmente promovidas. Ciertamente sobre las causas del cáncer, su desarrollo y cómo afrontarlo hay decenas de miles de estudios. Sabemos mucho sobre la enfermedad. Tanto que no sabemos curarla. Quizás porque la propia concepción de lo que es y significa el cáncer está equivocada. De hecho superar un cáncer no parece pasar por abrir el organismo para extirpar masas tumorales, quemarlas con radiación o intentar matar las células cancerosas con venenos. Tal estrategia ha fallado miserablemente pero se oculta para poder mantener el actual negocio del cáncer. Porque eso es exactamente: un negocio. De ahí que en Discovery DSALUD decidiéramos abordar abiertamente este problema, sin ideas preconcebidas y escuchando a todo el que afirme tener algo que aportar. Y debemos decir que hemos avanzado mucho. Hoy tenemos las ideas notablemente más claras. Sabemos, por ejemplo, que la mayor parte de las personas a las que se diagnostica un cáncer no mueren a causa de él sino de los agresivos tratamientos a los que se dejan someter. Algo muy grave. Como sabemos que todo indica que basta resolver los problemas psicoemocionales que suelen ser el detonante de su aparición, desintoxicar el organismo, equilibrarlo y aumentar las defensas del sistema inmune para vencer el cáncer. Cualquier “tipo” de cáncer. Pero todo esto es algo que explicaremos en un futuro próximo. Hoy exponemos de forma muy breve los resúmenes de los reportajes publicados hasta hoy. E invitamos al lector –y sobre todo a los profesionales de la salud, a nuestros representantes políticos, a los periodistas y, cómo no, a los enfermos- a leerlos ya que aportan gran cantidad de información poco conocida.

Cáncer: ¿qué es y qué lo causa?

Podría decirse que el cáncer es el nombre que se da a la multiplicación descontrolada de una célula cuando pierde sus mecanismos de control en virtud de lo cual termina formando un tumor -masa celular más o menos compacta- que posteriormente es capaz de invadir los tejidos adyacentes y diseminarse por el cuerpo. Algo que puede suceder en cualquier tejido de cualquier órgano. Es decir, son células normales que se cancerizan a causa de algún “agente carcinógeno” que daña su ADN o a genes que se tienen desde el nacimiento propiciando esa posibilidad (los llamados protooncogenes y oncogenes). ¿Y cuáles son esos agentes carcinógenos? Pues puede afirmarse que son muchos: determinados virus (como el papilomavirus, el citomegalovirus del sarcoma de Kaposi o el virus de la hepatitis B), algunos parásitos, la irritación física crónica del organismo a causa de alguna patología, diversos productos químicos utilizados en la industria (son los casos del arsénico, el asbesto, el alquitrán, el amianto, las aminas aromáticas, el benceno, los cromatos, el níquel, el cadmio, el cromo, la bencidina o el cloruro de vinilo, entre muchos otros) y en la agricultura (pesticidas y fertilizantes, especialmente los derivados del petróleo), productos utilizados en Medicina (como los agentes alquilantes, el dietilestilbestrol, la oximetolona y el thorotrat), una inadecuada alimentación (por ejemplo, la ingesta excesiva de alimentos tóxicos, grasas saturadas, alcohol, alimentos ahumados y picantes), el tabaco y los cientos de productos tóxicos presentes en los cigarrillos, la radiactividad natural de los rayos cósmicos así como la propia de algunos minerales como el uranio o el torio, el gas radón, los campos electromagnéticos (en especial los generados por las torres de alta tensión y los trasformadores), las microondas de las antenas de telefonía y los teléfonos móviles, los materiales de desecho radiactivos de la industria nuclear, hospitales y centros de investigación, la radiactividad que se incorpora artificialmente en muchos alimentos y bebidas durante su elaboración antes de ser comercializados (los crustáceos, mejillones, chirlas y almejas la concentran especialmente), las explosiones nucleares, etc. Todo ello sin olvidar que la mayor parte de los cánceres se manifiestan cuando el sistema inmunitario está bajo mínimos y se ha sufrido algún shock traumático inesperado que se vive en soledad. Algo que, como demostró el Dr. Ryke Geerd Hamer, se manifiesta además en el cerebro como puede fácilmente constatarse con un simple TAC (Tomógrafo Axial Computerizado).
(Más información en los números 35 y 36).

Causas psicoemocionales del cáncer 

El médico alemán Ryke Geerd Hamer -sin duda uno de los hombres más injustamente perseguidos y vilipendiados de nuestra historia reciente- demostró más allá de toda duda razonable que el cáncer es un proceso biológico natural que el cuerpo pone en marcha como respuesta a un shock traumático inesperado, un choque conflictivo biológico que se vive en soledad y pilla a contrapié. Y que dependiendo de la naturaleza del conflicto -afectivo, laboral, sexual…- queda afectada una u otra área del cerebro y, por correspondencia biológica, uno u otro órgano. Así que mientras dura el conflicto el cáncer se extiende. Sin embargo, si el conflicto se resuelve el cáncer se detiene y el propio organismo lo hace desaparecer. Por lo que en muchos casos la mejor manera de curar un cáncer es actuar sobre el problema psíquico y emocional dejando a continuación que actúe la naturaleza. Es más, para Hamer tanto los microbios como los virus son indispensables en la fase de curación. Obviamente no es partidario pues de radiar o de dar quimioterapia. Y sólo en casos extremos, cuándo está en juego la vida del paciente, justifica la cirugía. Cabe añadir que son muchos los médicos que han verificado las afirmaciones y postulados de Hamer. Hay casi una treintena de estudios al respecto, algunos de ellos avalados por universidades europeas y oficializados notarialmente. Sin embargo, La Nueva Medicina Germánica postulada por Hamer sigue sin ser reconocida.
(Más información en los números 37 y 38).

Fracaso de los tratamientos convencionales contra el cáncer

Uno de cada cuatro españoles morirá de cáncer. Así lo aseguró al menos públicamente en el 2003 Mariano Barbacid, director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. Y, de hecho, según un informe de agosto del 2005 el cáncer se ha convertido ya en la primera causa de muerte global en España desde 1999. Es más, el propio Barbacid ha afirmado que la Quimioterapia funciona tan sólo en un 10% de los casos y la cirugía –siempre que el temor sea muy pequeño- en un 40%. Es más, asegura que el 90% de los fármacos que se utilizan en Oncología son altamente tóxicos y en muchos casos sirven sólo para paliar los propios efectos secundarios de los quimioterápicos. Todas las cifras constatan el fracaso global de los tratamientos convencionales. A pesar de que sólo en Estados Unidos se han gastado en la actual línea de tratamientos contra el cáncer desde 1971 más de ¡doscientos mil millones de dólares! El resultado es, sencillamente, pésimo. El epidemiólogo alemán Dieter Hoelzel –del Centro Clínico de la Universidad de Munich (Alemania) concluyó hace dos años que en los últimos 25 años no ha habido ningún progreso en la supervivencia del cáncer metástatico de colon, pecho, pulmón y próstata, culpables de la muerte por cáncer en el 80% de los casos. La cruda realidad, pues, es que los pacientes de cáncer mueren hoy tan rápido como hace 25 años. Pero ese dato se oculta.
(Más información en los números39, 50, 51 y 75).

Cáncer: los problemas de diagnóstico

Hasta hace relativamente poco no se disponía de métodos precisos para la detección precoz del cáncer -ni en sus estadios previos, ni en sus fases iniciales- ni podía hacerse un seguimiento adecuado de los casos. Es más, las pruebas efectuadas daban a veces “positivo” a pesar de que los pacientes no sufrían ningún tipo de cáncer -lo que se denomina un “falso positivo”- al tiempo que en otros los resultados aparentemente eran negativos cuando era obvio que el paciente sufría cáncer –un “falso negativo”-. Y, sin embargo, ese navegar a ciegas habría podido evitarse en muchos casos con la implantación de un método económico y bastante preciso de diagnóstico desarrollado por Sam Bogoch, médico y bioquímico formado en Harvard que en 1991 dio a conocer los resultados de sus más de 20 años de investigación destinados a reconocer en sus estadios primitivos prácticamente todas las formas de cáncer. El método, conocido como AMAS y que no se utiliza en España, detecta con una precisión inusual en otros métodos los anticuerpos presentes en una muestra de sangre del paciente. Aprobado por la FDA norteamericana en 1994 el AMAS mide la cantidad en sangre de un anticuerpo específico denominado anti-malignina que actúa contra la íntima capa proteica de la célula cancerosa y que, según Bogoch, se encuentra en todos los tipos de cáncer (no se conoce ningún tipo de cáncer que no reaccione a esta prueba). El método AMAS no sólo permite efectuar la detección precoz sino además seguir la evolución de la enfermedad midiendo la efectividad del tratamiento, percibida en términos de reacción de anticuerpos.
(Más información en los números 43 y 44).

Las manipulaciones estadísticas en el cáncer

La maquinaria del establishment oncológico se ocupa desde hace años de hacer creer a la sociedad que en la curación del cáncer se avanza de manera constante pero no es verdad en absoluto. Es puro marketing. En lo que se ha avanzado es en el diagnóstico y sólo en un mínimo porcentaje de cánceres: los menos importantes. Pero en la curación de los más graves no se ha avanzado prácticamente nada. Una verdad que se ha intentado ocultar mediante manipulaciones estadísticas. Es más, los presuntos éxitos de muchos fármacos en ensayos clínicos, sencillamente, se fabrican. ¿Cómo? Pues, por ejemplo, escogiendo adecuadamente las personas de los grupos que van a ser utilizadas en el estudio (llevando las de mejor pronóstico y salud al grupo que va a recibir el fármaco y las de menos posibilidades de mejora y supervivencia al que toma el placebo)- y presentando además inteligentemente los resultados. Y la afirmación de que el número de casos de supervivencia y “curaciones” es hoy mayor es igualmente falso. Lo que sucede es que gracias a las nuevas técnicas de diagnóstico los tumores se detectan antes -siendo bastante más diminutos- y en tales casos las posibilidades de superar los cinco años de supervivencia –la barrera mágica de los oncólogos que les permite alardear de que sus tratamientos sirven para algo- son mucho mayores. Porque cuando un enfermo sobrevive cinco años los oncólogos lo pasan a la categoría de enfermo "clínicamente curado”. Aunque se muera al día siguiente. Y se ha inventado la expresión "clínicamente curado" porque no existe un sólo producto quimioterápico que haya demostrado ser capaz de curar a un sólo enfermo de cáncer.
(Más información en el número 49).

El equipo de Hipertermia de Indiba frente al cáncer

El Equipo de Hipertermia de Indiba es un sofisticado aparato que permite aumentar artificialmente entre 3 y 5 grados la temperatura interna del cuerpo lo que permite regenerar el tejido celular interno al producir vasodilatación, incrementar la circulación sanguínea y linfática, y oxigenar las células. Aumento de temperatura que consigue al emitir una corriente de radiofrecuencias de entre 0,45 y 0,6 MHz que atraviesa los diferentes tejidos vivos desarrollando en ellos una potencia eléctrica que se transforma en el mencionado incremento térmico. Algo que ha demostrado ser capaz de detener la proliferación de las células cancerosas e, incluso, hacer desaparecer tumores y melanomas. Por otra parte, el aparato -como se demostró en un trabajo "in vitro" con células cancerosas en el Departamento de Investigación del Servicio de Bioelectromagnética y Bioquímicadel Hospital Ramón y Cajal de Madrid-emiteuna corriente eléctrica que, independientemente del positivo efecto térmico ya comentado, tiene efecto citostático (el cáncer deja de crecer) y/o citotóxico (destruye las células cancerosas), según los casos (vea lo dicho en este mismo número en la sección dedicada Electromedicina). Sus positivos efectos han sido ampliamente contrastados hasta en tumores cerebrales ya que al aplicarse no afecta a las células sanas.
(Más información en los números 9, 12, 22, 30, 41 y 56)

Cómo tratar el cáncer con Medicina Ortomolecular

La terapia ortomolecular consiste en proporcionar al organismo la concentración óptima de todas las sustancias que el organismo necesita a fin de corregir posibles alteraciones y mantener una buena salud: vitaminas, minerales, oligoelementos, aminoácidos, enzimas, ácidos grasos, fitohormonas, etc. Sustancias que deberíamos ingerir normalmente con los alimentos si no fuera porque los actuales procesos industriales lo han hecho imposible ya que hoy la mayor parte de ellos poseen muchos menos nutrientes que hace sólo unas décadas. Hay en cualquier caso determinados alimentos que tienen un especial interés para los enfermos de cáncer, tanto por su acción preventiva como por su actividad anticancerígena. Entre ellos, el ajo y la cebolla -por el sulfuro de dialilo y la alinasa-, el tomate -por el licopeno-; el té -por su concentración en catequinas-; la col, el brécol y las coles de Bruselas -por el indol-3-carbinol- o el cartílago de tiburón -por sus compuestos de glucoproteínas-. Sin olvidar otras sustancias igualmente importantes como la vitamina A, el ácido alfa lipoico, las vitaminas B17, C yE, la coenzima Q10, el calcio, el germanio, el selenio, el NADH, el alga chlorella pyrenoidosa, el extracto de arabinogalactano o la Uña de Gato, entre otros. En suma, hay muchos agentes anticancerígenos que, combinados adecuadamente, permiten tratar cualquier patología cancerosa. Sin efectos secundarios. Obviamente el tratamiento –qué productos, en qué dosis, durante cuánto tiempo…- debe ser supervisado por un especialista.
(Más información en el número 52).

El tratamiento del cáncer con BIRM

El BIRM -Biorregulador de la Respuesta Inmune– es un producto cuyo principal principio activo es el extracto de Dulcamara. Fue descubierto y desarrollado por el oncólogo ecuatoriano Edwin Cevallos quien, tras una amplia experiencia clínica, decidió presentar los resultados en los congresos sobre Sida celebrados en Japón y Vancouver. Sin embargo, el mayor respaldo científico le llegaría en junio del 2003 cuando la revista Cancer Chemotherapy and Pharmacology publicó un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami sobre las bases de actuación del BIRM como inhibidor del crecimiento del cáncer de próstata y metástasis. El estudio constató que tiene actividad citotóxica ‘in vitro’ contra los grupos de células de cáncer de próstata andrógeno-dependientes y andrógeno-independientes. Y lo más importante: que es capaz de reducir la incidencia del tumor, retardar su crecimiento y causar una reducción significativa de la metástasis en un modelo experimental de fase tardía de cáncer de próstata. Se trata, en definitiva, de un producto eficaz tanto en casos de cáncer como de Sida. Es inmunomodulador e inmunoestimulante y carece de efectos colaterales al no ser tóxico (vea lo dicho en este mismo número en la sección dedicada a Productos Naturales Recomendables).
(Más información en el número 53).

La Medicina Celular del Dr. Matías Rath y el cáncer

El médico alemán Matías Rath lleva muchos años explicando que los nutrientes esenciales para la vida y, en especial, algunas vitaminas, aminoácidos y oligoelementos –sobre todo la lisina, la prolina y la vitamina C- permiten tratar con éxito muchas de las enfermedades que hoy se consideran incurables, incluido el cáncer. Sus conclusiones se recogen en lo que denomina Medicina Celular. Según Rath, tanto para que una infección –esté producida por un virus, un hongo o una bacteria- como para que un grupo de células cancerosas puedan diseminarse por el organismo deben disolver temporalmente el colágeno -molécula estructural de los huesos, la piel, las paredes de los vasos sanguíneos y demás órganos- del tejido circundante. Deben “abrirse camino”. Y para ello utilizan unas enzimas susceptibles de disolver provisionalmente el colágeno. Pues bien, asegura que hay dos grupos de moléculas que pueden bloquear el mecanismo de disolución de colágeno: los inhibidores propios de nuestro organismo -insuficientes en el caso de enfermedades infecciosas graves o de cáncer- y los inhibidores de enzimas que provienen de nuestra dieta o de suplementos dietéticos y que forman una segunda línea de defensa. Siendo el más importante de este segundo grupo un aminoácido natural: la lisina. Según asevera, se puede disminuir o detener completamente la producción desmesurada de enzimas capaces de destruir el tejido usando los aminoácidos lisina y prolina combinados con vitamina C y algunos otros micronutrientes. La Medicina Celular postula que todos los tipos de células cancerosas estudiadas se pueden bloquear aprovechando esta sinergia de nutrientes al bloquear la acción de esas enzimas.
(Más información en el número 53).

El Cáncer y la Hipnosis

A Ángel Mateo Blanco -62 años- le fue diagnosticado un “carcinoma de células transicionales grado III que infiltra la capa muscular” y tras extraerle el tumor los especialistas le dijeron que sólo había una salida: extirparle por completo la vejiga y la próstata para seguir luego con un tratamiento con quimioterapia. Ángel Mateo se negó y prefirió tratarse el cáncer con hipertermia –o aumento de temperatura- pero lográndolo ¡mediante hipnosis! La idea era necrosar el tumor mentalmente mediante ejercicios de visualización en estado hipnótico. El tratamiento lo dirigió Jesús Genaro, director de la Academia Valenciana de Parapsicología. Un mes después el Instituto Valenciano de Oncología (España) confirmaría que el cáncer había desaparecido. La hipnosis es un método poco explorado pero que permite obtener buenos resultados en casos de cáncer sobre todo si no existen metástasis. El primer paso esprovocar un estado de relajación que permita inducir el trance hipnótico. El segundo es el encadenado de bajada, común en todas las terapias hipnóticas para activar una “falsa” actividad REM. A partir de ese punto la terapia se especializa y se genera el “aislamiento de zona” para no dañar órganos cercanos a las zonas tratadas con la hipertermia hipnótica. El cuarto paso es ya la hipertermia en sí misma. Se induce hasta lograr que el proceso de hipertermia alcance su punto más elevado. Luego se sostiene durante algunos minutos y después se invierte el proceso hasta normalizar la temperatura corporal. Este proceso se repite tantas veces como sea preciso en función de la localización y extensión del cáncer.
(Más información en el número 54).

El tratamiento del cáncer de la Dra. Hulda Clark

La principal aportación a la Medicina de la doctora Hulda Regehr Clark es su afirmación de que el ser humano sano alberga normalmente en su cuerpo muy diversos tipos de bacterias, virus, hongos y otros parásitos que mantiene bajo control en el intestino de donde normalmente son expulsados con las heces. Sin embargo las cosas cambian cuando éstos logran atravesar las paredes intestinales, penetran en otros tejidos y, simultáneamente, el cuerpo se contamina con productos químicos o metales pesados ya que entonces la presencia de los parásitos –sobre todo de sus larvas- provoca cambios celulares que dan lugar a muy diversas patologías degenerativas, cáncer incluido. De hecho, según afirma el cáncer lo provoca la presencia de un parásito de la especie Trematodo que suele llegar al intestino humano a través de la comida, las relaciones sexuales, la saliva, el contacto físico con animales, etc., cuando entra en contacto con contaminantes químicos –en especial alcohol isopropílico- y el sistema inmune está débil. Y partiendo de tal premisa desarrolló un método terapéutico que implica una desintoxicación completa eliminando del interior del cuerpo los parásitos y evitar la contaminación con alcohol isopropílico y metales pesados así como adoptar una forma de vida sana con hábitos dietéticos correctos. Para lo cual propone ingerir una mezcla de tres productos antiparasitarios de amplio espectro -el nogal negro, la artemisa y el clavo- a la que vez se utilizan dos instrumentos de apoyo importantes: el Zapper -un pequeño aparato que permite destruir los parásitos patógenos- y el Sincrómetro -aparato que permite saber si un producto está o no contaminado-. Y últimamente ha incorporado otros dos nuevos dispositivos: los zappping plates y las homeografías (vea también lo dicho en este mismo número en las secciones dedicadas a Desintoxicacióny a Electromedicina).
(Más información en los números 55, 67 y 71).

La alcalinidad intracelular y el cáncer

Cinco investigadores –Salvador Harguindey, Eduardo Anitua, Stephan J. Reshkin, Gorka Orive yJosé Luis Arranz- han concluido que tanto el cáncer como las enfermedades neurodegenerativas están relacionadas con un pH intracelular desequilibrado. Y postulan que inducir la acidificación intracelular de las células cancerosas puede provocar su apoptosis o suicidio a la vez que alcalinizar el interior de las neuronas puede evitar su muerte en el caso de las enfermedades neurodegenerativas. Como se sabe, cuanta más alcalinidad hay dentro de la célula mayor acidez hay fuera, hecho clave y fundamental en la migración e invasión tumorales. Y de ahí que entiendan que bajando el nivel de alcalinidad intracelular de los tumores -es decir, acidificándolos- se conseguiría una mayor eficacia terapéutica de los productos quimioterápicos. Valga como ejemplo que con un pH intracelular de 7 sólo se necesitaría un miligramo de doxorrubicina (adriamicina) para matar una célula cancerosa de cáncer de pulmón cuando con un pH intracelular más alcalino -de 7,4 a 7,5 o aún más alto- se necesita una cantidad entre mil y diez mil veces mayor para lograr el mismo efecto. Por lo que, a su juicio, son enormemente útiles los inhibidores específicos del antiportador Na+/H+ de la serie amiloride y otros compuestos en la misma línea terapéutica (endostatina, angiostatina, esqualamina, 2-metoxiestradiol, anticuerpos anti-VEGF, etc.) así como el captopril -medicamento habitualmente usado en hipertensión arterial- con el que se han publicado remisiones completas en sarcoma de Kaposi en seres humanos.
(Más información en los números 56 y 85).

Las vacunas para el cáncer con antígenos urinarios del Dr. Capistrán

Un grupo de investigadores mexicanos dirigido por el Dr. Salvador Capistrán lleva muchos años elaborandovacunas personalizadas que se elaboran a partir de antígenos de la orina de los propios enfermos y que permiten afrontar múltiples enfermedades, entre ellas el cáncer. Se trata de una terapia que inició hace más de 20 años el también investigador mexicano Maximiliano Ruiz Castañeda tras comprobar que del sedimento de la orina eliminada a través del riñón se obtiene una fracción peptídica que, al aplicarla como si fuera una vacuna, permite reducir la actividad tumoral al mínimo permitiendo un mayor éxito en el tratamiento del cáncer. Asimismo confirmó que es posible aislar en la orina de los enfermos sustancias de acción específica para cada tipo de neoplasias con las que poder así elaborar vacunas “a la carta” para cada tipo de tumor. En definitiva, el tratamiento con antígenos urinarios entronca con las más modernas líneas de investigación: la inmunoterapia contra el cáncer y los anticuerpos monoclonales. Y lo que Maximiliano Ruiz Castañeda definía como una sustancia propia de una determinada patología es lo que la bioquímica moderna define como determinante antigénico, la parte mínima de una proteína capaz de originar un solo tipo de anticuerpo o anticuerpo monoclonal. Esto supondría que Ruiz Castañeda se habría adelantado ¡más de cincuenta años¡ a los conocimientos de su tiempo. Salvador Capistrán, discípulo directo de Castañeda, ha seguido sus pasos y mejorado la terapia con antígenos de refuerzo obteniendo en la práctica clínica grandes resultados (vea también lo dicho en este mismo número en la sección dedicada a Terapias y Técnicas de Tratamiento).
(Más información en el número 57).

Eficacia del Champiñón del Sol y otros hongos contra el cáncer

Un champiñón brasileño conocido como el Champiñón del Sol -el Agaricus Blazei Murill- posee propiedades antitumorales y antimutagénicas además de actividad inmunomoduladora por lo que su ingesta en casos de cáncer logra no sólo notables mejorías sino incluso recuperaciones sorprendentes. La razón parece estar en unos polisacáridos -los betaglucanosBeta (1-3) glucan y Beta (1-6) glucan– que potencian los mecanismos naturales del sistema inmune en su lucha tanto contra todo tipo de enfermedades infecciosas como en casos de cáncer. Se ha constatado que el Agaricus Blazei Murill estimula -entre otros- los linfocitos T y B, la producción de interferón y las interleuquinas. Y que cuando alguien ingiere el hongo aumenta en sangre un 3.000% la producción de las células NK –las llamadas células asesinas del sistema inmune- a los 2-4 días. También otros hongos -como el Shiitake, el Reishi, el Maitake o el Kombucha- han demostrado su capacidad para reforzar el sistema inmune sin producir efectos tóxicos. Siendo el factor común a todos ellos la presencia del betaglucano, al que los científicos reconocen ya hoy su valor como inmunomodulador anticancerígeno. Agregaremos que todos los hongos o setas basidiomiceto que se consumen habitualmente en España son también antitumorales una vez extractadas -incluido el champiñón común- aunque sea en proporciones menores que el Agaricus Blazei Murill (vea también lo dicho en este mismo número en la sección dedicada a Productos Naturales Recomendables). 
(Más información en el número 58 y 79).

La aplicación de la urea en cáncer

El doctor Joaquín Amat fue condenado en España por estafa y delito contra la salud pública a varios años de cárcel porque los tribunales no aceptaron sus argumentos científicos y sí los de los representantes de la Oncología oficial aun cuando es obvio que éstos no saben cómo curar el cáncer. Amat atendía a sus pacientes con un producto natural tras postular una compleja teoría bioquímica sobre el origen del cáncer que une dos realidades confirmadas por distintas investigaciones internacionales: que las células cancerosas -desde las leucemias a los tumores sólidos- presentan sistemática y continuamente un pH intracelular anormalmente elevado (alcalino) y que la urea -producto final del metabolismo de la proteína y sustancia principal excretada en la orina- es un agente anticancerígeno activo. Un producto tan barato que puede comprarse al peso. Amat mantiene que el organismo pasa continuamente de una situación de alcalosis a una de acidosis -y viceversa- y que ese ciclo natural puede verse alterado por razones genéticas o medioambientales y conducir hacia una alcalosis no crónica pero sí persistente. Y que cuando las células encargadas de invertir el proceso de alcalosis tienen un funcionamiento metabólico erróneo se producen más células –tumor- para producir acidosis lo cual conduce a mayor alcalosis y a mayor formación de glucosa que el tumor usa como alimento para crecer indefinidamente. Pues bien, según Amat se puede interrumpir ese círculo vicioso que conduce al crecimiento tumoral aportando urea concentrada a fin de ayudar a iniciar el mecanismo de respuesta inversa.
(Más información en el número 59).

Green Sap: gotas homeopáticas contra el cáncer

La base del Green Sap -producto homeopático en gotas desarrollado en Uruguay- está en la mezcla de tres plantas: plántago, carqueja y romero. Y a su eficacia demostrada en el tratamiento del cáncer y a la mejora de la calidad de vida de aquellos enfermos que deciden compatibilizar el tratamiento convencional con el homeopático se suma el hecho de que no provoca efectos colaterales y es inocuo incluso a grandes dosis. Todo parece indicar que la acción contra el cáncer de este medicamento homeopático se centra -como en el caso de otros productos naturales- en su capacidad para provocar la apoptosis (muerte por suicidio de las células cancerosas) y reforzar el sistema inmunitario del enfermo lo que se traduce rápidamente en una mejora de su calidad de vida. La casuística recogida ya en catorce países por el oncólogo Bernardo Udaquiola y distintos colegas homeópatas o practicantes de la Medicina Natural señala como principales indicadores de la mejoría de calidad de vida la estabilidad y mejora de los valores hematimétricos (parámetros que relacionan el índice hematocrito, la hemoglobina y el número de hematíes o glóbulos rojos), el incremento del apetito, el aumento del peso corporal, la disminución del tamaño de los tumores, el alivio del dolor y una reducción de los efectos indeseables de la Quimioterapia y la Radioterapia. Según otro de los componentes del equipo de Udaquiola, la doctora Araceli Tashjian, las mejores respuestas de actividad anticancerígena se dan en tumores de mama, próstata y sistema nervioso central afirmando haber obtenido un 80% de mejorías.
(Más información en el número 60).

Viusid + Ocoxin: tratando el cáncer con antivíricos y antioxidantes

La combinación de un potente antivírico –Viusid- y un complejo antioxidante con efectos antitumorales –Ocoxin- ha permitido obtener grandes resultados en el tratamiento de numerosos procesos oncológicos. El Viusid posee una poderosa acción antiviral e inmunoestimulante, imprescindible para actuar como complemento de los tratamientos convencionales -quimioterapia, radioterapia y cirugía- que por naturaleza son inmunodepresores. Uno de sus principales componentes es el ácido glicirrínico –que se extrae de la raíz del regaliz- siendo el que lo dota de su gran capacidad antiviral, incluido el VIH. Además el ácido ascórbico, el ácido málico y el sulfato de zinc y los aminoácidos presentes en el producto aportan capacidad antioxidante frente a los radicales libres, directamente asociados en la literatura científica con el cáncer. Por su parte, el Ocoxin aporta el restablecimiento de la función de apoptosis celular -muerte celular programada- y la obstaculización del proceso angiogénico o de creación de nuevos vasos sanguíneos para la alimentación del tumor. Actuando sobre todo gracias una sustancia natural, el té verde, merced a los polifenoles que contiene, sobre todo el Epigalocatequin-Gallate (EGCG). Ambos productos, a su vez, aportan aminoácidos que permiten reforzar el colágeno intercelular para evitar la invasión de las células vecinas y aumentar la producción de antioxidantes. Una moderna tecnología de activación molecular con campos eléctricos ha conseguido además potenciar miles de veces la potencia de sus componentes.
(Más información en el número 61).

Electroterapia contra el cáncer

La Electroterapia es un método que permite necrosar tumores al exponerlos a una corriente eléctrica capaz de poner en marcha en el interior de las células tumorales mecanismos biológicos y electroquímicos que inducen su muerte. Para ello se hace pasar una corriente eléctrica galvánica de entre 4 y 14 voltios aplicando en el tumor y/o en el área adyacente unos electrodos externos o unos electrodos subcutáneos de platino. Y hay que decir que con notable éxito. En cuanto al fundamento teórico que explica los resultados clínicos obtenidos hasta el momento se piensa que la electricidad, al circular a través de los dos electrodos -ánodo y cátodo- implantados directamente en el tumor o área tumoral, da lugar a un proceso electrolítico. El área alrededor del cátodo se vuelve alcalina y la superficie alrededor del ánodo se hiperacidifica. Y son la acidificación y alcalinización que tienen lugar en el tejido, combinadas, las que llevan a la destrucción de las células malignas necrosando los tumores. Unas semanas después éstos desaparecen dejando simplemente una cicatriz lisa e indolora. Cabe agregar que en todo este proceso las células sanas no se ven afectadas ya que la electricidad se abre paso por el camino de menor resistencia… y ése es el de las células cancerosas ya que las mismas tienen –30 miliV e, incluso, menos. La Electroterapia, pues, no sólo tiene carácter terapéutico sino también preventivo ya que además de las células tumorales se eliminan todas las células de baja resistencia que, con bastante probabilidad, habrían acabado convirtiéndose en cancerosas (vea también lo dicho en este mismo número en la sección dedicada a Electromedicina).
(Más información en los números 62, 70 y 72).

La vitamina B17 o amigdalina

La vitamina B17 –también conocida como amigdalina o laetrile- es una de las sustancias legalmente más perseguidas porque su eficacia está demostrada y, por ende, es asimismo defendida por quienes han investigado a fondo sus propiedades. En España un naturópata coreano, Han Dong Kyu, estuvo años utilizándola discretamente tras superar con ella un cáncer que le afectaba ya estómago, intestino grueso y pulmón. Hablamos de una vitamina compuesta por dos moléculas de azúcar -una de benzaldehido y otra de cianuro- que, de forma natural, se encuentran en las semillas de albaricoques, melocotones, uvas, cerezas, manzanas y almendras amargas así como en las pepitas de otros frutos tropicales y -en mayor o menor proporción- en más de 1.200 plantas. Moléculas capaces de eliminar las células cancerosas sin afectar a las sanas debido a la acción de dos enzimas: la beta-glucosidasa y la rodanasa. La primera se encarga de liberar el cianuro en las células mientras la segunda se encarga de neutralizar su efecto tóxico convirtiéndola en thiocianato. Y así sucede en las células sanas. Sin embargo, en las células cancerosas no existe la enzima rodanasa y el cianuro la destruye al eliminar el oxígeno de su interior. Y son muchos los científicos que han avalado tales propiedades.
(Más información en el número 64).

¿Pueden los neutrófilos encapsular tumores y necrosarlos?

Un físico español, Antonio Brú, aseguró hace varios años haber descubierto que todos los tumores cancerígenos crecen siempre de la misma manera -con independencia del órgano en el que lo hagan- siguiendo un mecanismo común previsible e idéntico en todos los tipos de cáncer. Contradiciendo así la creencia de que cada tumor exige una terapia específica. Sus trabajos demostraron que la auténtica competencia entre las células tumorales, lo que las ayuda a expandirse, no es la necesidad de nutrientes como se suponía hasta ahora -base de las terapias antiangiogénicas- sino el espacio. Y que para vencer un cáncer sólido basta que el cuerpo aporte suficiente cantidad de neutrófilos -glóbulos blancos de tipo granulocito-para que rodeen el tumor encapsulándolo -robando así el espacio que las células cancerosas de la capa externa necesitan para desplazarse y alimentarse- y ello haga aumentar la presión interna con lo que el tumor se queda sin oxígeno y, finalmente, se necrosa desde el centro a los bordes y muere. Para Brú basta pues elevar las defensas del sistema inmune para que el organismo se encargue del resto. Y demostró que el método funciona con varios pacientes pero cuando quiso demostrarlo oficialmente mediante un ensayo clínico el Ministerio de Sanidad y Consumo español le negó tal posibilidad con argumentaciones peregrinas. Finalmente, tras presentar sorprendentes resultados en dos pacientes –el primero con un melanoma en fase IV y el segundo con un hepatocarcinoma terminal- tras inyectarles simplemente G-CSF (factores de crecimiento de colonias de granulocitos) el Ministerio accedió aprobarlo pero sólo para uso compasivo.
(Más información en los números 65 y 74).

El Método Kelley-González

¿Son las enzimas pancreáticas la principal defensa del organismo contra el cáncer? Así lo sostiene el doctor norteamericano Nicholas González quien ha desarrollado un tratamiento natural -estudiado por su eficacia por el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos- a base a enzimas pancreáticas porcinas, dieta y suplementos nutritivos junto a la aplicación de enemas de café para desintoxicar el organismo. González partió de los trabajos del doctor William Donald Kelley quien, a su vez, desarrolló los del embriólogo escocés John Beard que en un artículo publicado ya ¡en 1902! formuló la Teoría Trofoblástica del cáncer. Según la misma las células cancerosas son de la misma naturaleza que las células trofoblásticas encargadas de elaborar la placenta para la instalación del embrión: invasivas, corrosivas y metastásicas. En todos los mamíferos el embrión utiliza las enzimas proteolíticas pancreáticas para detener el crecimiento de la placenta y, por tanto, Beard pensó que quizás pudiera utilizarse el mismo sistema para detener el crecimiento del cáncer. Pues bien, las enzimas pancreáticas no sólo degradan las células cancerosas sino que generan un entorno de pH absolutamente hostil para las mismas que permite digerir el tumor sin dañar al resto del cuerpo. Cien años después hay evidencias científicas más que suficientes que respaldan la relación entre trofoblasto y cáncer. Cabe añadir que Nicholas Gonzalez sometería su tratamiento a los estándares científicos oficialmente admitidos obteniendo resultados muy prometedores; especialmente en el cáncer de páncreas.
(Más información en el número 66).

El tratamiento del cáncer mediante Enzimoterapia

Las enzimas son un tipo de proteínas que tienen la facultad de aumentar notablemente la velocidad de las reacciones químicas de las sustancias de su entorno permaneciendo inalterables. Es decir, se trata de biocatalizadores específicos que se caracterizan porque son eficaces en cantidades pequeñas. Pues bien, son numerosos los estudios que demuestran su eficacia en la mayor parte de las llamadas enfermedades pero, sobre todo, en casos de cáncer. Y aunque la Enzimoterapia es especialmente útil en la prevención primaria (aparición del tumor) y secundaria (recidivas) los efectos activadores y reguladores de las enzimas sobre el sistema inmunitario son útiles en todas las fases de la enfermedad cancerosa. Las enzimas proteolíticas aumentan la immunogenicidad de las células tumorales, apoyan el sistema inmune a distintos niveles y disminuyen la capacidad adhesiva de las células cancerígenas inhibiendo de esa manera el crecimiento invasivo y la formación de metástasis en distintas patologías cancerosas. Datos clínicos objetivos apoyan la eficacia de las enzimas en tumores de cerebro, epiteliales en la región de la cabeza y el cuello, cáncer de pulmón, melanoma maligno, mieloma múltiple, leucemia, linfoma de células T, cáncer de estómago y colon, enfermedades cancerosas del abdomen, cáncer pancreático y tumores en la cerviz, pecho y útero (vea también lo dicho en este mismo número en la sección dedicada a Terapias y Técnicas de Tratamiento).
(Más información en el número 67).

Cómo tratar el cáncer con la Medicina Sistémica

Más de medio millón de personas han sido tratadas ya en 30 unidades médicas de Venezuela y Puerto Rico con la llamada Medicina Sistémica, es decir, mediante adaptógenos -plantas de constatadas propiedades terapéuticas que se caracterizan por potenciar notablemente el sistema inmunitario sin efectos secundarios- con la colaboración de otros procedimientos naturales (productos homeopáticos, bioelectricidad, etc.). Se trata de médicos que actúan sobre el denominado “Triángulo de la Salud” de la Teoría Sistémica -elaborada por el ingeniero venezolano José Olalde- según la cual todo sistema biológico está directamente relacionado con los tres ejes de la salud: la Inteligencia Biológica, la Energía Celular y la Organización. Olalde asevera que cuando en un momento de la vida colapsa la Inteligencia Biológica la consecuencia inmediata es una desorganización celular extrema donde ésta pierde su capacidad autorreguladora y comienza a multiplicarse sin control dando lugar a lo que conocemos como tumor. Cabe agregar que para potenciar tanto la Inteligencia Biológica como la Energía Celular y la Organización celular la Medicina Sistémica utiliza diversos métodos. Siendo el principal la ingesta de una combinación de distintas plantas adaptogénicas. Ahora bien, los Centros Médicos Adaptógenos que la aplican trabajan además con lo que llaman Electroterapia Sistémica Oncológica así como con otros métodos encuadrados en el marco de las llamadas medicinas alternativas (vea también lo dicho en este mismo número en la sección dedicada a Terapias y Técnicas de Tratamiento).
(Más información en el número 70).

Ukrain: potente anticancerígeno

El Ukrain es un producto elaborado a partir de diversos alcaloides extraídos de la Celidonia Mayor (Chelidonium Majus) -planta perenne de la familia de las Papaveraceae– y de una droga sintética -la Thiopea– desarrollado por el investigador ucraniano Jaroslav W. Nowicky que, inyectado en vena en dosis terapéuticas, destruye las células cancerosas al provocar su “suicidio” o apóptosis sin afectar a las sanas como demuestran numerosos ensayos clínicos. El producto se acumula rápidamente en la zona del tumor dando lugar incluso al encapsulamiento de los más grandes gracias a su efecto antiangiogénico (impide la formación de vasos tumorales) lo que en muchos casos facilita su extracción sin peligro de metástasis. Además regenera el sistema inmunitario. Los resultados del Ukrain han sido presentados en 220 congresos y simposios científicos internacionales. Testado en más de 100 líneas de células cancerosas ha demostrado su eficacia en todos los casos y sus efectos aparecen descritos en 192 publicaciones científicas. El Ukrain no produce efectos tóxicos en las células sanas; ni siquiera en concentraciones 100 veces superiores a las que resultan letales para todas las líneas de células de cáncer probadas. El producto aporta beneficios terapéuticos claros en diversos tipos de tumor. En un caso similar al del Bio-Bac en España el Ukrain ha sufrido durante años todo tipo de trabas burocráticas y persecuciones (vea también lo dicho en este mismo número en la sección dedicada a Productos Naturales Recomendables).
(Más información en el número 71).

Pulsos electromagnéticos contra el cáncer: el PAPIMI

Para el investigador griego Panos T. Pappas el cáncer se caracteriza por un estado extremamente bajo de energía celular manifestado por un potencial de membrana de -15 miliV. Una situación ante la cual las células, faltas de energía y nutrientes, empiezan a reproducirse rápidamente a fin de intentar sobrevivir dando así lugar a los tumores. Inanición que se transmitiría a las células adyacentes provocando también en ellas una pérdida en cascada de energía. Así es como se produciría la difusión del cáncer y las metástasis. Bien, pues para intentar contrarrestar esa situación Pappas desarrollaría un dispositivo que emite micro-pulsaciones en nanosegundos (menos de una millonésima de segundo) y produce una “onda” electromagnética que puede penetrar hasta 15 cms. de profundidad en la zona afectada del cuerpo. El dispositivo, bautizado con el nombre de PAPIMI, restaura de esa forma la carga iónica perdida logrando que la célula supere sus problemas. Y con abundancia de energía interior -o bioenergía- la célula supera la dificultad eléctrica y ello permite detener la proliferación incontrolada. En suma, lo que hace es aumentar el potencial de transmembrana de las células llevándolas a un estado saludable de -70 milivoltios. Las exposiciones al PAPIMI refuerzan además el sistema inmune, ejercen una fuerte acción antiinflamatoria, mejoran la nutrición sanguínea y aumentan la oxigenación de los tejidos (vea también lo dicho en este mismo número en la sección dedicada a Electromedicina).
(Más información en los números 62, 70  y 72).

La IRAK-M y la respuesta inmune al cáncer

Un equipo de investigadores españoles encabezado por el físico Eduardo Collazo descubrió que la activación de una proteína -bautizada con anterioridad a su descubrimiento como IRAK-M – supone la desactivación del sistema inmune que, de repente, pasa a mostrarse tolerante con la célula tumoral a la que un instante antes estaba combatiendo. Primero comprobaron que el mecanismo de desactivación o freno era el mismo que en el caso de las infecciones bacterianas a través de esta proteína. La siguiente etapa de la investigación les permitió averiguar cómo el tumor conseguía que las células del sistema inmune se desactivaran descubriendo que el ácido hialurónico es “una de las cosas” que consigue activar la IRAK-M. El ácido hialurónico no sólo se segrega sino que está también anclado en la membrana y en estudios clínicos de Oncología se había relacionado con anterioridad la presencia de altos niveles del mismo con una negativa evolución de la enfermedad. Las estrategias de futuro de este grupo de trabajo pasan por una doble vía: silenciar en las células del sistema inmune el gen de la Irak-M y otros posibles que tuvieran que ver con los mecanismos de tolerancia antes de infiltrarlas de nuevo en el tumor o utilizar anticuerpos antirreceptores. De hecho, en las pruebas realizadas se han utilizado anticuerpos antirreceptores CD44 logrando que no se exprese la IRAK-M. Se trata de una investigación más que apunta a la necesidad de buscar las respuestas al cáncer en la potenciación del sistema inmune.
(Más información en el número 73).

El Bio-Bac

El investigador español Fernando Chacón descubrió hace ya ¡45 años! que en todos los tumores malignos existen aminoácidos dextrógiros que no son sintetizados por el organismo lo que le llevó a colegir que el cáncer lo debía causar algo presente en esas proteínas. Y después de muchos años consiguió averiguar que, en efecto, se trataba de unas enzimas que además se caracterizaban por carecer de ADN y, sin embargo, ¡eran capaces de autorreproducirse! Por eso las denominó pribios o enzimas vivientes. Tiempo después constataría que el cáncer comienza cuando un pribio penetra en el núcleo de una célula alterando su código genético y provocando su replicación continua. De ahí que llegara a la conclusión de que esos pribios o enzimas vivientes quizás pudieran ser bloqueados. ¿Sería posible crear una vacuna para evitarlo? Años de investigación le darían una contestación afirmativa. La respuesta estaba en las enzimas de dos hongos concretos -los Streptomyces y los Actomyces– y de algunos bacilos aerobios esporulados. Un conocimiento que le permitiría preparar autovacunas elaboradas a partir de las enzimas con las que el suero del paciente reaccionaba específicamente. Sin embargo fue tal la cantidad de vacunas que se solicitaron al principio que con el fin de ser prácticos y sabiendo que había determinadas enzimas que funcionaban en la gran mayoría de los casos quizás fuera una buena solución preparar un producto que incluyera un lisado de las proteínas más habituales productoras de enfermedades degenerativas y tumorales. Nacería así el FR-91 que sería investigado en laboratorios y hospitales de varios países con éxito y que se empezaría a comercializar con el nombre de Bio-Bac. Diversos ensayos internacionales demostrarían luego su eficacia en enfermedades tan diversas como el cáncer, la osteoartritis, la hepatitis y el sida. La respuesta en España al descubrimiento fue la obstrucción sanitaria y la persecución política y judicial. Estulticia que continúa a día de hoy a pesar de haber sido aprobado ya el producto como complemento dietético y como complemento alimenticio –de ambos modos- en algunos países de Europa. No así en España.
(Más información en los números 45, 46, 47, 48, 49, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 59, 66, 71, 74, 88, 91 y 92).

Utilidad del cartílago de tiburón en cáncer

En las últimas décadas el cartílago de tiburón se ha revelado como un potente antiinflamatorio y analgésico además de estimulador del sistema inmune, regulador de la angiogénesis e inhibidor del crecimiento tumoral, entre otras propiedades. Se cuentan ya por cientos los estudios que en los últimos treinta años se han llevado a cabo sobre este producto alimenticio -del que no se conocen efectos adversos- cuando se toma como coadyuvante en el tratamiento de diversas patologías, incluido el cáncer. Las proteínas del cartílago actúan inhibiendo la formación de nuevos vasos sanguíneos de forma que el tumor –que para desarrollarse necesita formar en su interior nuevos capilares por los que recibir nutrientes- no puede alimentarse con lo que disminuye su tamaño y puede incluso acabar desapareciendo. Hoy el potencial terapéutico del cartílago de tiburón ha sido especialmente investigado en Oncología Clínica tanto en tumores sólidos -mama, pulmón, próstata o riñón- como en los no sólidos -mieloma múltiple-. Se ha constatado que en sólo unos pocos meses el cartílago de tiburón mejora la conducta inmune de las células por lo que teniendo en cuenta que no provoca efecto secundario adverso grave alguno se considera muy útil para subir rápidamente las defensas de personas debilitadas tras someterse a Radioterapia y Quimioterapia (vea también lo dicho en este mismo número en la sección dedicada a Productos Naturales Recomendables).
(Más información en la sección de Alimentacióndel número 74)

Los Factores de Transferencia en el tratamiento del cáncer

Los Factores de Transferencia son cadenas peptídicas compuestas de decenas de aminoácidos que parecen almacenar toda la experiencia del sistema inmune. Y no transfieren anticuerpos ni los crean directamente sino que su función es la de enseñar a las células del sistema inmune a reconocer antígenos específicos que pudieran pasarles inadvertidos. Uno de los principales investigadores en este campo, el doctor Sergio Estrada -investigador del Departamento de Inmunología de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas en elInstituto Politécnico Nacional de México-, ha encontrado que son útiles en todas las enfermedades producidas por bacterias, virus, levaduras y hongos. Es el caso de enfermedades tan distintas como la tuberculosis (meningeal, renal y cutánea), la diabetes tipo II, la otitis, el herpes Zoster y simple, la h

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100
Diciembre 2007
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