Las
autoridades sanitarias españolas esperan que en los próximos años más del 90%
de las niñas de entre 11 y 14 años hayan recibido una vacuna tetravalente recombinante
que se supone protege de algunas variantes del
Virus del Papiloma Humano (VPH)
y que ha sido presentada en los medios de comunicación -de forma gratuita- como
"la vacuna contra el cáncer de útero". Llamada
Gardasil está comercializada
en España por
Sanofi-Pasteur-Merck Sharp & Dohme. La decisión fue adoptada
en Consejo de Ministros el pasado 24 de agosto a propuesta del recién nombrado
Ministro de Sanidad y Consumo
Bernat Soria a pesar de que su antecesora
en el cargo y actual ministra de Administraciones Públicas,
Elena Salgado,
no era partidaria de ello, no lo consideraba asunto urgente o prioritario y admitió
además públicamente que "
la efectividad real" de la misma
"sólo
se conocerá dentro de 35 años". En otras palabras, se pretende poner
a centenares de miles de niñas una vacuna cuya eficacia no se ha probado jamás
en ellas y no podrá conocerse hasta dentro de varias décadas. Ignorándose además
si puede o no tener efectos secundarios graves. Panorama que, a pesar de todo,
no ha impedido su aprobación. Es más, el pasado 20 de septiembre la
Comisión
Interministerial de Precios de los Medicamentos fijó en ¡104 euros! el precio
de cada dosis y como cada niña deberá recibir al menos tres el coste por persona
será de ¡312 euros! Seis días después la
Comisión de Salud Pública del Consejo
Interterritorial del Sistema Nacional de Salud acordó incluirla en el calendario
vacunal dando como plazo límite a las comunidades para incorporarla el año 2010.
Eso sí, de forma voluntaria y no obligatoria. La decisión, afortunadamente, será
pues de los padres -o tutores- de las niñas.
Y claro, el lector se preguntará
si existe algún estudio o ensayo que haya demostrado que la vacuna es eficaz en
el grupo de edad para el que se ha aprobado gubernamentalmente. Y debemos decirle
que la respuesta es
NO. No existe
NINGUNO. No hablamos de estudios
de seguridad sino de estudios de eficacia que justifiquen la vacunación. Luego,
¿qué razones hay para la propuesta gubernamental de vacunación masiva? Los escasos
ensayos efectuados para probar su eficacia se han hecho sólo con jóvenes de más
de 15 años. En niñas de entre 9 y 15 sólo se ha testado la "seguridad" y la respuesta
del sistema inmune.
Bueno, pues a pesar de ello las multinacionales que han
decidido hacer negocio con ella -gracias a la
complacencia de las agencias
reguladoras y de algunos gobiernos- han asumido que si es "eficaz" en muchachas
mayores -lo que también es discutible- debe serlo igualmente en las más jóvenes.
Y han decidido proponer a los gobiernos su vacunación. Lo que no se le dice a
la población -y gran parte de los periodistas y médicos ignoran- es que en el
seno de la comunidad médica y científica no hay precisamente consenso sobre este
tema. Entremos a valorarlo.
En la actualidad se conocen más de cien tipos
de
Virus del Papiloma Humano y la
Agencia Internacional de Investigación
del Cáncer entiende que al menos quince de ellos son cancerígenos. Considerándose
además que dos tipos -los numerados como 16 y 18- son responsables del 70% de
los tumores malignos de cuello uterino- y los números 6 y 11 del 90% de las verrugas
genitales o condilomas y de un elevado porcentaje de las displasias cervicales
leves. Bien, pues la vacuna de la que hablamos se supone que protege del contagio
de esos cuatro tipos de virus del papiloma humano (y no del otro centenar de tipos
del mismo virus). Sin embargo, se obvia decir que generalmente las infecciones
por los virus del papiloma humano ceden de forma espontánea -casi siempre antes
de dos años- especialmente en el caso de las adolescentes. Y que sólo cuando no
es así podrían provocar lesiones genitales externas -vulvares y vaginales- además
de verrugas genitales y, a veces, lesiones precancerosas de cuello uterino que
en el caso de que no se tratasen podrían dar lugar veinte o treinta años después
a un cáncer.
En suma, la posibilidad de contraer cáncer a causa del virus
del papiloma humano es escasísima. Y de ahí que a fin de justificar la vacuna
se utilice la táctica de generar miedo entre la población recurriendo a estimaciones
mundiales. Por ejemplo, diciendo que cada año hay más de 500.000 casos nuevos
y 280.000 muertes. Lo que se silencia es que la gran mayoría de esos casos aparecen
en países subdesarrollados donde las condiciones higiénicas son pésimas y las
defensas de quienes se contagian están bajo mínimos.
En pocas palabras, no
hay NADA que justifique la vacunación masiva de nuestras hijas. A pesar de lo
cual la aprobación de
Gardasil en la
Unión Europea tuvo lugar en
un plazo inusualmente corto: apenas nueve meses. Y en Estados Unidos en sólo seis.
Cabe añadir que según el
Instituto Nacional de Estadística en España murieron
594 personas en el 2005 a causa de cáncer de cuello de útero -provocado por todos
los tipos de virus- lo que supone una tasa -ajustada por edad- de 2 muertes por
cada 100.000 mujeres... siendo la edad media de las fallecidas de ¡63 años! (tasa
de mortalidad que, por cierto, está entre las más bajas de Europa). Y además,
de esas muertes el 30% se debió a cánceres provocados por tipos del virus no incluidos
en la vacuna.
Así que, ¿alguien puede explicar de forma razonada por qué el
Gobierno ha decidido proponer una vacunación masiva de nuestras hijas, máxime
teniendo en cuenta que
Gardasil es
una las vacunas más caras del mundo?
VERDADES INCÓMODAS En todo esto hay demasiadas
medias verdades. Para empezar no es cierto que la vacuna cuente con apoyo generalizado.
En Estados Unidos -donde se autorizó hace poco más de un año- existe hoy una enorme
controversia porque en algunos estados quieren incluso hacerla obligatoria. Y
claro, varias organizaciones cívicas -algunas opuestas claramente a lo que consideran
una injustificada hipervacunación infantil- han dejado ya sentir su peso. En Texas,
por ejemplo, se decidió obligar a los padres a que todas sus hijas se vacunasen
pero la decisión fue posteriormente revocada. Desafortunadamente en estos momentos
hay otros 20 estados donde se discute si la vacunación debe ser voluntaria o hay
que exigirla para permitir la escolarización de los niños.
Y, sin embargo,
las razones para dudar de su necesidad fueron expuestas por ejemplo en el Editorial
del número de mayo pasado de la revista
JAMA -el diario de la
Asociación
de Médicos Americanos- bajo el título
Obligatoriedad de la VPH - Salud
pública frente a salud privada-, texto firmado por
Lawrence Gostin
-del
Georgetown Law Center de Washington- y la doctora
Catherine DeAngelis
-Editora Jefe de
JAMA-. Y éstos son, resumidos, los argumentos esgrimidos
que, sin embargo, han tenido escaso eco -por no decir nulo- en la mayoría de los
medios de comunicación españoles que, antes bien, han recibido encantados y acríticamente
la aparición de "la nueva y prometedora vacuna" con el infantilismo que ya caracteriza
a la mayoría de ellos.
1) Los datos sobre la eficacia y seguridad de la
vacuna son muy escasos. Según remarcan ambos autores
"los ensayos clínicos
han implicado hasta el momento a una población relativamente pequeña (menos de
12 000 personas) durante un período limitado de seguimiento (5 años). Y nunca
se ha evaluado la eficacia de la vacuna entre muchachas más jóvenes (9 a 15 años)".
2)
La eficacia y seguridad a largo plazo de la vacuna necesita evaluarse con una
población más numerosa, particularmente entre las más jóvenes.
"Un médico
-explican los autores del Editorial de JAMA-
sólo puede proporcionar honestamente
la siguiente información a una muchacha de 12 años para obtener su consentimiento:
'Las tres inyecciones probablemente te protejan de una posible infección que sólo
puedes contraer por contacto sexual pero la investigación no ha demostrado cuánto
tiempo durará la protección ni si puede tener efectos negativos sobre tu salud'".
3) No se justifica la urgencia por vacunar. El
Virus
del Papiloma Humano no es una enfermedad aerotransportada altamente infecciosa
que justifique una vacunación obligatoria. No hay riesgo inmediato de transmisión
rápida del
VPH en nuestras escuelas al igual que pudiera llegar a ocurrir
en un momento dado con un brote de meningitis o sarampión
4) Los
tipos de alto riesgo del Virus del Papiloma Humano (VPH) -el 16 y el 18- apenas
se dan en España al igual que en Estados Unidos (representan el 3,4% de todas
las infecciones del virus). Es más, en nuestro país la prevalencia de infección
por VPH es una de las más bajas de Europa como en su momento reconoció la ministra
Elena Salgado.
5) La inmensa mayoría de las mujeres que resultan
infectadas por los virus de alto riesgo del VPH no desarrollan cáncer de cérvix.
Es más, el 90% de las personas infectadas por los distintos tipos del virus del
papiloma humano se ven libres de él antes de 2 años.
6) Nada justifica
la vacunación obligatoria entre niñas en edad escolar por lo que ello provoca
inquietud en muchos padres. "Hacer obligatoria la vacuna -afirman Gostin
y DeAngelis-
contribuye a aumentar la preocupación que muchos padres han sentido
siempre sobre la seguridad de las vacunas. Y la obligatoriedad puede tener la
consecuencia involuntaria de aumentar las aprensiones públicas de los padres sobre
las vacunaciones en la niñez". 7) Otra consideración importante
que se plantean los autores es
quién se hará cargo de las posibles compensaciones
a las niñas vacunadas o a sus familias en el caso de que en el futuro se produjeran
efectos nocivos serios... si es el propio Estado el que obliga a la vacunación.
"Haciendo obligatoria la vacunación -señalan- el Estado complicaría probablemente
las demandas en caso de daños, con algunos tribunales sosteniendo que el fabricante
no tendría ninguna -o reducida- responsabilidad por los posibles daños causados
al consumidor. Éticamente, si el Estado obliga a una vacunación por mandato debe
también proporcionar un sistema de remuneración". 8) El comportamiento
de los laboratorios ha sido completamente inadecuado. Así lo afirman ambos
autores al considerar que por ser los directamente beneficiados por las vacunaciones
obligatorias deberían haberse abstenido de financiar medidas para
"persuadir"
a los estados y a los funcionarios de convertir la vacuna en obligatoria.
9) Al tratarse de un Editorial que aúna cuestiones científicas y cuestiones
de política sanitaria los autores se plantean algo que en España ni siquiera se
ha planteado:
¿A qué otros servicios médicos públicos tendrá que renunciar
o dejar de atender la sociedad debido al alto coste de la vacuna y teniendo en
cuenta su relación coste-beneficio? Según los datos provisionales del Padrón
del 2006 el grupo de niñas entre 11 y 14 años en España es de 787.031. Luego si
todas se vacunasen los laboratorios se embolsarían más de
245.000.000 de euros
(más de 40.000.000.000 de pesetas). Gigantesco negocio -sólo en España- que evidentemente
da mucho "juego".
10) En suma, la conclusión final de los autores no
puede ser más explícita y crítica:
"El beneficio privado nunca debe imponerse
a la salud pública". El Editorial termina por ello haciendo una llamada
directa a la prudencia que hubieran debido tener en cuenta los responsables de
Sanidad en nuestro país:
"Dentro de unos años, cuando más datos y experiencias
mejoren los informes disponibles para médicos y legisladores sobre los riesgos
y las ventajas, los estados podrían considerar requerir la vacunación contra el
VPH
como condición para la entrada en la escuela. Pero por ahora es preferible
tomar una postura de acercamiento y ver la vacunación voluntaria contra el VPH
como parte de un paquete para prevenir infecciones de transmisión sexual y cáncer
de cérvix. Un acercamiento sistemático a la prevención incluiría promover una
actividad sexual reducida y formas más seguras de sexo, la investigación del cáncer
de cérvix (los test Papanicolau y las pruebas de VPH
) y educación sobre
el VPH
y el cáncer de cérvix entre alumnos, profesionales de los cuidados
médicos y público en general". CLAMAR EN EL DESIERTO
Debemos agregar que los argumentos de Gostin y DeAngelis vienen a respaldar en
el seno de la comunidad científica la rotunda oposición que desde hace meses mantiene
Diane M. Harper sobre la posible obligatoriedad de vacunar a las niñas
de entre 9 y 15 años.
"Vacunar a una niña de once años es como permitir efectuar
un gran experimento público de salud". Añadiendo:
"Dado que no sabemos
cuánto tiempo pasará hasta que la vacuna Gardasil
necesite un refuerzo
no tiene ningún sentido declararla obligatoria". Y aclaramos que Harper no
es precisamente una activista antivacunas. De hecho ha dedicado los últimos 20
años de su vida ¡a desarrollar la vacuna contra el
VPH! Es investigadora,
médica, profesora y directora del Grupo de Investigación Ginecológico de Prevención
del Cáncer del
Norris Cotton Cancer Center en la
Dartmouth Medical School
de New Hampshire (EEUU). Cualquiera puede consultar en Internet su nombre junto
a las siglas
VPH (Human Papilloman Virus) en
Medline si quiere conocer
sus trabajos o, incluso, acudir a escucharla el próximo 17 de noviembre a Oviedo
donde ha sido invitada a hablar en el
XIX Congreso Anual de la Asociación Española
de Patología Cervical y Colposcopia. Intervendrá a las 9,45 h para hablar
de las evidencias de la vacuna bivalente -tipos 16 y 18- contra el
VPH.
Algo de esto sabrá por tanto.
Pues bien, con la autoridad que le da su experiencia
Harper afirma lo siguiente:
"Es absurdo obligar a la vacunación obligatoria
de muchachas de 11 o 12 años ya que no hay suficiente evidencia recogida sobre
los efectos secundarios como para saber que la seguridad no es un problema".
Y es que según desvela la investigadora norteamericana no se han probado nunca
sus efectos tras ser aplicada con alguna de las otras vacunas que una niña de
once años puede llegar a recibir; por ejemplo, las de la rubéola o la meningitis.
Curiosamente, como directora de un ensayo clínico internacional para probar
la eficacia de la vacuna -en muchachas entre 15 y 26 años- y como autora de importantes
artículos acerca de la eficacia de las vacunas Harper ha sido ampliamente citada
al afirmar que la vacuna podría tener un potencial enorme para suprimir la gran
mayoría de los cánceres de cérvix pero también silenciada cuando comenzó a plantear
la falta de pruebas sobre la seguridad y la eficacia de la vacuna en las niñas
de menor edad.
Para Harper, pues, la idea -no importa las buenas intenciones
que haya tras ella- no es buena. E insiste mucho en que
no se trata de una
vacuna contra el cáncer ni para su cura. Es sólo una vacuna preventiva
para evitar la infección de algunos tipos del
VPH y sólo de ellos, no para
la totalidad de los que pueden acabar derivando en cáncer. Es más, agrega rotunda:
"Merck ha constatado que su eficacia para curar el cáncer es del 0%. Pero es una
vacuna muy, muy buena para prevenir los tipos de VPH
responsables de la
mitad de las lesiones de cérvix de alto grado que causan cerca del 70% de los
cánceres cervicales. En Estados Unidos eso significa que la vacuna prevendrá la
mitad de precursores de alto riesgo de cáncer pero a pesar de ello centenares
de miles de mujeres que se vacunen con Gardasil
y se hagan la prueba anual
con el test Papanicolau
comprobarán que aún así han contraído una displasia
de alto grado". Harper apunta además un dato que ha pasado desapercibido
en el escaso debate público generado en torno a la vacuna en nuestro país: el
VPH no se trasmite sólo a través del acto sexual.
"El VPH -ha explicado
Harper-
es una infección de piel-a-piel. Y aunque la única manera de conseguir
displasia cervical es con una infección de VPH
y éste está normalmente
asociado con la actividad sexual no se extiende sólo mediante el sexo. Tenemos
múltiples informes donde queda documentado. Sabemos que niñas de 3, 5 o 10 años
y mujeres que nunca han tenido relaciones sexuales han dado positivo para los
tipos de VPH que causan el cáncer". Además reveló que la vacuna funciona
sólo si la muchacha o mujer que la recibe no está ya infectada por alguno de los
virus incluidos en ella en el momento de la inoculación. ¿Se harán pues pruebas
previas a la vacunación para conocer ese dato? Porque si se diera el caso de que
en el momento de la vacunación dieran positivo a alguno de esos tipos la vacuna
no sólo no les serviría de nada sino que además se expondrían a posibles efectos
secundarios.
Para los políticos Harper tiene otro mensaje: la vacunación de
las muchachas más jóvenes hoy no garantiza su protección en el futuro. Porque
nadie sabe aún la duración de los efectos de la vacuna. Se calcula que puede ser
efectiva durante cinco años como máximo pero no se sabe con seguridad. Y ello
significa por tanto que todas tendrán que volverse a vacunar... cada cierto tiempo.
¡Vaya negocio! Una vacuna supercara que hay que ponerse como mínimo cada cinco
años y que ni siquiera garantiza el éxito. Pero claro, esto se silencia.
Finalmente
Harper considera que inocular a muchachas muy jóvenes puede crear a la larga un
falso sentido de protección porque la información al público es tan deficiente
que el propósito de la vacuna ha sido mayoritariamente malinterpretado. Y muchas
de las adolescentes y mujeres que sean vacunadas desarrollarán un falso sentido
de seguridad al creer que han quedado inmunizadas contra el cáncer de cérvix cuando
no es así descuidando los controles anuales que sí se consideran cruciales para
diagnosticar displasias antes de que puedan convertirse en cáncer.
Ésa es
la razón por la que la protección a largo plazo para la prevención del cáncer
es el camino más eficaz a la hora de prevenir.
"La vacuna es buena y ahorrará
un número enorme de vidas en todo el mundo -afirma Harper-
pero si las
mujeres se vacunan y como consecuencia no se realizan sus tests o deciden repetirlos
irregularmente en Estados Unidos tendremos un aumento del cáncer de cérvix porque
con los test Papanilcolau
se obtienen resultados muy buenos. Mi principal
discrepancia radica pues en que no necesitamos vacunas obligatorias para las muchachas
más jóvenes". No nos cabe la menor duda de que la valiente posición de
Harper puede llegar a comprometer sus próximas investigaciones. Porque aunque
ella no tiene personalmente acceso al dinero de
Merck y
GlaxoSmithKline
ambos laboratorios han estado invirtiendo en
Dartmouth para su investigación.
Y los ensayos en los que está trabajando son costosos -entre 4.000 y 5.000 dólares
por paciente y 100 pacientes por estudio- por lo que sus denuncias podrían traerle
problemas si cualquiera de esas dos multinacionales decide cortar el grifo del
dinero ante sus comentarios. Afortunadamente en ella prima la ética:
"Deseo
poder dormir tranquila cuando me acuesto por las noches -diría como colofón
Harper-.
Mi preocupación es conseguir lo mejor para la salud de las mujeres.
Sigue siendo una buena vacuna, pero seamos honestos: no hay que exagerar sobre
su eficacia". ¿SEGURO QUE ES SEGURA?
Por otra parte, ¿qué se sabe en realidad de su seguridad? Los potenciales efectos
secundarios -reconocidos y publicados por
Merck Sharp & Dohme- son dolor,
fiebre, náuseas, vértigos y picores, todos ellos habituales en otras vacunas.
Sin embargo, además de que no se ha investigado qué puede pasar si se da a la
vez que otras vacunas empieza ya a haber indicios de más situaciones de riesgo.
Según
Judicial Watch -una organización independiente que investiga en Estados
Unidos los posibles problemas de corrupción en la Administración- a 15 de mayo
de este año había ya 1.637 informes de reacciones adversas a la vacuna. Un dato
que les fue proporcionado por la propia
FDA cuando la organización, al
amparo de la ley de Libertad de Información -la conocida
Freedom of Information
Act-, pidió esos datos. Y según éstos la muerte de al menos tres personas
parecieron estar relacionadas con la vacuna. Así, una paciente falleció de un
coágulo de sangre tres horas después de ser vacunada con
Gardasil. Y dos
jóvenes, una de 12 y otra de 19, murieron por un problema en el corazón y por
coagulación de la sangre.
Y no es más que la punta del iceberg:
"Los informes
adversos que provoca la vacuna de VPH
proporcionados por la FDA se leen
como un catálogo de horrores -llegaría a afirmar el presidente de
Judicial
Watch, Tom Fitton-. Cualquier estado o gobierno local sitiado por
las campañas de Merck
para hacer obligatoria la vacuna contra el VPH
para las muchachas jóvenes debería echar una ojeada a esos informes. Es como si
una vacuna no probada, con efectos secundarios peligrosos, se esté vendiendo como
una droga milagro". Recomendación que debieran haber tenido en cuenta Bernat
Soria y su equipo.
Y no han sido los únicos en recoger datos sobre posibles
efectos secundarios. El
National Vaccine Information Center (NVIC) -organización
para la prevención de lesiones y muertes como consecuencia de las vacunas- informó
a comienzos de agosto que según los datos sobre reacciones adversas al
Gardasil
proporcionados al sistema de seguimiento nacional -el
Vaccine Adverse Event
Reporting System (VAERS)- existe lo que ellos consideran una evidencia significativa
estadística de asociación entre el
Gardasil y el síndrome de
Guillain-Barre
(GBS), con un riesgo creciente estadísticamente significativo de
GBS
y otros informes adversos serios cuando
Gardasil se coadministra con otras
vacunas, especialmente con la vacuna meningococal
Menactra de
Sanofi
Pasteur sobre cuyos efectos secundarios también hay numerosas denuncias (el
GBS es una dolencia que se caracteriza porque el sistema inmune del cuerpo ataca
al sistema nervioso periférico y puede llegar a causar parálisis total).
"Nuestro
análisis de los informes al VAERS
sobre el Gardasil -explicó
Vicky
Debold, Directora de Seguridad del Paciente del National
Vaccine Information
Center (NVIC)- indican que había más probabilidades de que acontecimientos adversos
serios, tales como el GBS
, fueran reportados cuando Gardasil
se
había aplicado conjuntamente con Menactra que cuando se aplica sola. Estándares
científicos comúnmente admitidos indican que estos resultados son estadísticamente
significativos y no se pueden desechar como coincidencias. Particularmente, los
datos disponibles del VAERS
muestran que hay más de un 1.000% de incremento
del riesgo después de la administración de Gardasil
, cuando Menactra
es aplicada al mismo tiempo". El
NVIC encontró que, a 31 de mayo,
habían sido 2.227 los acontecimientos adversos tras la vacuna
Gardasil informados
al
VAERS incluyendo 13 casos sospechosos o confirmados de GBS a los que
hay que añadir otros dos informes de GBS conocidos en junio. En total pues 15
casos de GBS y 239 casos de síncope (pérdida temporal de sentido), muchos de los
cuales dieron lugar a lesiones en la cabeza y otras fracturas.
"El principio
preventivo -afirma
Barbara Loe Fisher, cofundadora de y presidenta
del
NVIC-
dicta que la buena ciencia debe preceder a las recomendaciones
sobre vacunas de los CDC
. Los padres tienen derecho a contar con pruebas
sobre la seguridad de las nuevas vacunas como Gardasil
y no a asumir simplemente
que son seguras antes de que se den simultáneamente junto con otras vacunas a
sus niño/as". Un ejemplo de reacción adversa recogido por el
NVIC
fue el de
Shannon Nelson. Atleta del área de Chicago, músico y artista
de 18 años de edad informó al
NVIC que recibió simultáneamente la vacuna
del VPH
(Gardasil), la vacuna meningococcal
(Menactra) y la vacuna
de la varicela (Varivax) el 21 de junio. Una semana después tenía zumbidos, entumecimiento
y debilidad muscular. Fue empeorando progresivamente. A las dos semanas -el 3
de julio- apenas podía caminar ya ni mover los brazos. La hospitalizaron el 5
de julio paralizada con
GBS y pasó 22 días en el hospital.
"Antes de
las vacunas corría seis millas al día -cuenta Nelson-.
Los médicos me dijeron
que probablemente hubiera terminado conectada a un respirador si no hubiera estado
en tan buena forma. Ahora estoy fuera del hospital y hago mucha terapia física.
Apenas deseo ir a la universidad y hacer las cosas que hacía antes, como tocar
la guitarra. Apenas puedo sonreír. Mi madre y yo hubiéramos deseado saber los
riesgos de la VPH, especialmente lo que puede ocurrirle a uno si se aplica junto
a otras vacunas al mismo tiempo". DEPENDE DE CÓMO
SE LEAN Tras el Editorial del
JAMA fue el
New England Journal
of Medicine el que hizo sonar de nuevo las campanas de la prudencia con motivo
del comentario de los resultados de dos estudios
Fase III -Future I y
Future II- sobre la eficacia de la vacuna contra el
VPH. Tampoco en
esa ocasión se incluyó a niñas de 11 a 14 años. Los ensayos se realizaron en jóvenes
de 15 a 26 años y fueron presentados públicamente como la "prueba inequívoca"
de la
efectividad de la vacuna. Solo que eso depende de cómo y quién interpreta
los resultados. Así, los doctores
George F. Sawaya y
Karen Smith-McCune
-médicos de la
Universidad de California de San Francisco (EEUU)- tras
analizar los mismos publicaron un texto en el que afirman que la eficacia de la
vacuna para reducir lesiones cervicales precancerosas de cualquier tipo de
VPH
era más bien modesta pues a los 3 años el 3'6% de las mujeres vacunadas sufrieron
a pesar de ello esos problemas en comparación con el 4'4% del grupo de mujeres
que no se vacunaron. Es decir, los índices de las lesiones más severas no sufrieron
una reducción perceptible como consecuencia de la vacunación.
"Es comprensible
la respuesta positiva que ha suscitado las posibilidades de la vacuna pero debemos
ser equilibrados a la hora de valorarla con lo que realmente se sabe -dice
Smith-McCune-.
La cuestión no es si deseamos proteger a las mujeres contra
el cáncer cervical sino saber cuál es la seguridad y eficacia de esta vacuna específica.
Como con cualquier medida preventiva necesitamos estar absolutamente seguros de
que las ventajas de la vacunación compensan los daños antes de que emprendamos
programas de vacunación masivos. Una de las principales cuestiones es valorar
si apuntar a sólo dos de los al menos 15 tipos de VPH
que causan cáncer
cervical es suficiente para afectar el desarrollo de las situaciones precancerosas
y de cáncer cervical". En suma, se ha afirmado que los estudios
Future
demuestran la eficacia casi del 100% de la vacuna contra los tipos 16 y 18 del
VPH pero tras la lectura del artículo de Sawaya y Smith-McCune se entiende
que ello no implica -estadísticamente- que realmente disminuya la posibilidad
de contraer cáncer cervical.
"Con neoplasia intraepitelial cervical grado 2
o 3 o adenocarcinoma in situ como resultado -informan-
la diferencia en
el riesgo parece ser modesta: 219 de 6.087 mujeres vacunadas (3,6%) recibieron
ese diagnóstico sobre un promedio de 3 años con respecto a 266 de 6.080 mujeres
sin vacunar (4.4%). La diferencia absoluta de riesgo de 0,8% indica que necesitarían
ser vacunadas 129 mujeres para prevenir un caso de neoplasia intraepitelial cervical
o de adenocarcinoma in situ de grado 2 o el 3 durante este período".¿Y
SI LA VACUNA SE DA A LA VEZ QUE OTRAS? Y es aquí donde se abre otro
interrogante que nadie puede aún despejar. ¿Se aprovechan los otros tipos de virus
del hueco dejado por los dos desaparecidos para sembrar su malignidad?
"Al
menos 15 tipos oncogénicos de VPH
han sido identificados -recuerdan
los investigadores-
así que apuntar solamente a 2 tipos puede ser la causa
de que no haya tenido gran incidencia en los índices totales de lesiones preinvasivas.
Los resultados del ensayo Future II
demostraron que la contribución de
los tipos no incluidos en la VPH
a la neoplasia intraepitelial cervical
total o adenocarcinoma in situ grado 2 o el 3 era importante (…) pero la incidencia
total de la enfermedad, sin importar el tipo de VPH
, continuó en aumento
apuntándose la posibilidad de que otros tipos oncogénicos de VPH
llenaran
eventualmente el lugar biológico tras la eliminación de los tipos 16 y 18. Un
análisis de los datos de ensayo sometidos a la FDA
demostró un desproporcionado
-pero no estadísticamente significativo del número de casos grado 2 o 3 de neoplasia
intraepitelial cervical relacionados con los tipos no incluidos en la vacuna de
VPH
entre mujeres vacunadas". En suma, nos parece muy significativo
-según un comunicado de la propia
Universidad de California- que la doctora
Smith-McCune haya decidido no vacunar a sus hijas adolescentes.
Resumiendo:
nuestro gobierno ha decidido instar a los padres a que vacunen a las niñas de
entre 11 y 14 años con
Gardasil para prevenir que se infecten si mantienen
relaciones sexuales cuando en España las jóvenes empiezan a tenerlas -de promedio-
hacia los 16 años (más en el caso de relaciones coitales). Sin que jamás se haya
probado la vacuna en niñas de esa edad. Que no es útil si la niña no es virgen.
Con una vacuna que se supone protege de la infección de cuatro de los más de cien
tipos del Virus del Papiloma Humano (VPH) existentes y que, por si fuera poco,
apenas se detectan en España. De la que no se sabe por cuánto tiempo protege lo
que puede tener que obligar a ponérsela a las niñas una y otra vez cada pocos
años. Y todo ello para prevenir una infección que en caso de contraerse suele
curarse sola en un plazo máximo de dos años. Que en los poquísimos casos en que
no es así puede efectivamente llevar a padecer una displasia pero se trata de
un problema que tiene tratamiento eficaz. Y que sólo en un número aún más reducido
de casos desemboca en cáncer... ¡20 o 30 años después! Lo que sucede mayoritariamente
en personas con las defensas muy bajas y en lugares de escasa higiene. Y encima
se trata de una vacuna cuya seguridad está en entredicho, especialmente en los
casos en que se combina con otras vacunas porque jamás se han estudiado los riesgos.
Tal es la vacuna que nuestros irresponsables gobernantes pretenden que se pongan
nuestras hijas pequeñas de forma masiva. Y no vamos a insistir en su coste -tanto
para las familias como para el sistema sanitario- pero es escandaloso.
Antonio
F. Muro
La opinión del Dr. Juan Gervás
El Dr.
Juan Gérvas -miembro del equipo
CESCA, colectivo español
que agrupa a muchos médicos de Atención Primaria- es uno de los pocos médicos
que ha levantado públicamente su voz contra la vacunación masiva en nuestro país.
Así lo manifestó el pasado 30 de agosto de 2007 durante el acto que bajo el titulo
Vacunar contra el Virus del Papiloma Humano: implicaciones de una decisión
tuvo lugar en la
Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander:
"Resultan científicamente inentendibles -diría entonces-
las decisiones
del Ministerio de Sanidad y las prisas de las distintas consejerías autonómicas.
También resultan sorprendentes las declaraciones y 'consensos' de las asociaciones
científicas médicas. Algunas veces son sorprendentes por su simplificación y banalización
(…) Conviene pues que los profesionales de Atención Primaria 'protejamos' a las
niñas y adolescentes, hasta ahora sanas y no necesitadas de más cuidados que el
verlas crecer". ¿Y cuáles son las razones argüidas por Gervás para hacer esas
afirmaciones? Pues básicamente las mismas que exponemos en el cuerpo central de
nuestro reportaje:

No
hay datos publicados que avalen la efectividad de la vacunación contra el Virus
del Papiloma Humano.

No
hay razones científicas que avalen las prisas por vacunar.

No
se han definido los objetivos de la vacunación.

Desconocemos
mucho -y esencial sobre la historia natural del cáncer de cuello de útero.

No sabemos el impacto
sobre la percepción del riesgo de enfermedades de transmisión sexual.

Vamos
de extrapolación en extrapolación (de grupos de edad en grupos de edad, de seroconversión
a eficacia, de resultados intermedios a resultados finales, de duración probada
del efecto a supuestos de por vida) y con ello se pierde en seguridad y en ciencia.

Conviene la
prudencia.
En suma, si las autoridades políticas introducen la vacunación
conviene que los profesionales y la población conozcan sus beneficios y riesgos.
Y, en último término, cabría plantear el consentimiento informado a las adolescentes.
Todo ello sin olvidar la necesidad de estudios que permitan valorar el impacto
y la seguridad de tal decisión".