Demandan al Ministerio de Sanidad y a los laboratorios que fabrican productos con mercurio

El Ministerio de Sanidad y Consumo español y varios laboratorios han sido demandados judicialmente por administrar sin necesidad a los niños vacunas con timerosal -sustancia conservante que contiene mercurio y, por tanto, es nociva para la salud- y se siga además permitiendo el uso de amalgamas dentales a pesar de que también llevan mercurio. Los denunciantes son varias decenas de pacientes que alegan –con razón- que tanto los laboratorios como las autoridades sanitarias conocen desde hace mucho tiempo que el mercurio es altamente tóxico y, por tanto, los daños que les ha provocado a todos ellos eran evitables.

Un grupo de personas pertenecientes a la Asociación Española de Afectados por Mercurio de Amalgamas Dentales y Otras Situaciones (MERCURIADOS), la Asociación para Vencer el Autismo (AVA), la Asociación para Prevenir y Sanar Enfermedades Infantiles (ALDIS) y ANDECO –una asociación que trabaja en la protección ambiental y en la defensa de la salud- decidió hace varias semanas unir sus fuerzas y denunciar ante los tribunales al Ministerio de Sanidad y Consumo español por aceptar de manera innecesaria que haya mercurio en las vacunas y por permitir su utilización masiva en las amalgamas dentales así como contra los laboratorios responsables de ello. Y reclamarán los daños y perjuicios causados en la salud de todos los afectados. El caso lo lleva el bufete que dirige Felipe Holgado Torquemada, experto en Derecho Sanitario y que ya ha tenido éxito en otras demandas de este tipo.

El mercurio es un componente nocivo para la salud que ha sido científicamente relacionado con autismo, parkinson, alzheimer, desorden bipolar, esquizofrenia, esclerosis múltiple, lupus, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, infertilidad, depresión, artritis, cándida intestinal, dificultades en el aprendizaje y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) así como en otras numerosas patologías responsables de discapacidades severas e, incluso, de muerte. De hecho se trata de un potente neurotóxico -especialmente durante los seis primeros meses de vida cuando está en pleno proceso el desarrollo neuronal de los bebés- que se acumula fácilmente en el cuerpo humano envenenándolo.

A pesar de lo cual en España se ha estado permitiendo la inclusión en algunas vacunas de timerosal –o tiomersal- cuando esta sustancia contiene un 50% de etilmercurio. En cuanto a las amalgamas se trata de aleaciones de mercurio con otro metal y las que se emplean en Odontología para empastar dientes y muelas se elaboran mezclando mercurio líquido (50% del volumen total) con plata (35%), estaño (13%), cobre (2%) y una pequeña cantidad de zinc. Tal es la fórmula que da lugar a la amalgama, material utilizado para hacer empastes dentales desde principios del siglo XIX a pesar de que ya entonces algunos miembros de la comunidad científica plantearon dudas sobre su inocuidad. Sus defensores alegan aún hoy que aunque es conocida la toxicidad del mercurio no existe riesgo para la salud de quien lleva una amalgama porque el metal queda bloqueado indefinidamente dentro del diente reconstruido pero hay estudios que demuestran que en sólo cinco años al menos una tercera parte de ese mercurio se ha evaporado siendo absorbido por el cuerpo y pasando así, a través de la sangre y la linfa, a todo el organismo almacenándose en los tejidos.

LA DEMANDA

“Está constatado que tanto después de una vacunación como tras la colocación de amalgamas dentales que llevan mercurio aumentan los niveles de este metal en el organismo de los pacientes. Y existen estudios que han demostrado que tras una vacunación con timerosalse detectan en el cuerpo del receptor niveles de mercurio superiores a los recomendados por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) y la Organización Mundial de la salud (OMS)”, afirma Holgado Torquemada.

El abogado responsable de la demanda agrega: “En España el calendario de vacunación de un niño, desde su nacimiento hasta los 18 meses, supone hasta siete inyecciones de etilmercurio. Y eso implica superar entre cuatro y dieciséis veces los límites establecidos como ‘seguros’ por la FDA (la agencia estadounidense encargada del control de los medicamentos). Solo que es difícil aceptar la existencia de límites ‘seguros’ si consideramos la diferente susceptibilidad individual a padecer los efectos de una intoxicación, algo que no suele ser tenido en cuenta en los estudios de largas series y hace que sus conclusiones sean poco rigurosas”.

Tales son algunos de los argumentos citados en la demanda en la que el equipo de abogados denunciante destaca que el riesgo de intoxicación por el contenido mercurial de las vacunas fue de hecho asumido finalmente por las diferentes administraciones sanitarias -tanto por la española como por las extranjeras- y por eso se retiró del mercado y del medio ambiente. “Las vacunas que en el 2003 contenían timerosalestán actualmente libres del mismo y no consta ese producto entre sus excipientes, dato que puede comprobarse si se observa el Vademecum del 2007 en que las vacunas que antes sí poseían el conservante ya aparecen sin él. Esto implica un tácito reconocimiento de su potencialidad tóxica”, explica Felipe Holgado en la demanda que ha presentado.

Hay que subrayar, empero, que según algunos familiares de afectados denunciantes en la vacuna de la gripe del año 2006 aún había mercurio porque toda la que no lleva timerosal debe indicarlo expresamente. “Si no se dice expresamente –aseguran- puede llevarlo sin reconocerlo explícitamente”. Y añaden: “En cualquier caso el problema es que se ha estado usando impunemente durante decenas de años”.

Muy ilustrativo en ese sentido es un informe de evaluación terapéutica publicado por el antiguo Insalud el año 2000 sobre las vacunas con timerosal porque en él se hablaba ya de su posible peligrosidad. Incluso se sugería ya que los laboratorios fabricasen sus vacunas sin esa sustancia. A pesar de lo cual sugería que no dejara de vacunarse a los niños porque los “beneficios” de la vacunación eran “muy superiores a los riesgos potenciales derivados de la exposición a las vacunas que contienen timerosal”. Una afirmación, añadiremos nosotros, absolutamente gratuita y jamás fundamentada científicamente.

Cabe agregar que el bufete de Felipe Holgado basa sus reclamaciones fundamentalmente en dos normas: la Ley 14/1986 General de Sanidad -que en su artículo 10 consagra los derechos de los pacientes y en concreto “que se le dé en términos comprensibles, al paciente y a sus familiares o allegados, información completa y continuada, verbal y escrita sobre su proceso, incluyendo diagnóstico, pronóstico y alternativas de tratamiento”- y la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación -que establece en su artículo 8 que toda actuación en el ámbito de la salud de un paciente “necesita el consentimiento libre y voluntario del afectado una vez que reciba la información prevista”- aunque resultan igualmente de aplicación la Ley de Consumidores y Usuarios así como la Ley de responsabilidad civil por productos defectuosos.

VIDAS ROTAS

Lo cierto es que del consumo de mercurio -tanto en vacunas como en amalgamas dentales- pueden derivarse serios problemas de salud como antes adelantamos y así denuncian los miembros de las asociaciones mencionadas que impulsan la demanda. Entre ellos las dolencias antes mencionadas: autismo, alzheimer, parkinson, trastorno bipolar, depresión, artritis, esclerosis múltiple, lupus, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, infertilidad, cándida intestinal, esquizofrenia, dificultades en el aprendizaje, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y otros trastornos. Dolencias que en muchos casos llegan a paralizar totalmente la vida del afectado y de sus familias causándoles discapacidades severas e, incluso, la muerte.

Es el caso por ejemplo de G. J., una joven madrileña de 35 años que sufre un 83% de disminución de su capacidad orgánica y funcional por culpa de las vacunas con timerosal que le inyectaron meses después de su nacimiento. Esta persona recibió las vacunas de la polio, la viruela y la tosferina a los tres, cuatro y cinco meses de su nacimiento así como la del sarampión a los doce meses.

“La evolución de nuestra hija –explica con dolor F. J., padre de esta mujer- fue normal hasta los 18 meses en que su progreso se estancó. Y no dijo sus primeras frases hasta los tres o cuatro años. Hasta que a finales de 1975, cuando contaba ya con tres años de edad, decidimos acudir a consulta siquiátrica para solicitar un electroencefalograma (EEG) cuyo resultado mostró una insuficiente integración de los potenciales que, según el juicio neurológico, correspondía a una lesión cerebral leve que no la impediría desempeñar un oficio y tener una vida independiente”. Pero no fue así y los siguientes años han sido un calvario de pruebas neurológicas y del lenguaje para diagnosticar a la muchacha. Tampoco han parado las terapias de educación especial desde 1981 -año en que se le diagnosticó autismo- hasta hoy en que G. J. vive prácticamente interna en una clínica-residencia.

Hay que decir que en agosto de 2003 G. J. comenzó un tratamiento biológico de desintoxicación con omega 3, vitaminas, minerales, probióticos, fibra, enzimas digestivas y tres aminoácidos -glutamina, taurina y carnosina- que está resultando un éxito pero que, sobre todo, demuestra la alta cantidad de mercurio que había en su organismo. Algo que ha podido constatarse con metalogramas, método que analizando el cabello permite conocer el nivel de mercurio en el organismo. El padre nos lo explicaría: “En enero del 2005 los resultados de la prueba de toxicidad fueron cinco veces lo admisible según los estándares americanos y en febrero del 2007 diez veces. Desde que comenzó el tratamiento de desintoxicación mi hija está expulsando pues cada vez mayor cantidad de mercurio. Sus niveles de desecho pasaron de 2.27 a 3.8 mcg/g”. Pues bien, entre los demandantes hay otras 25 personas en situación similar a la de G. J.

EL INFORME KENNEDY

Llegados a este punto es necesario preguntarse si los laboratorios fabricantes de las vacunas con timerosal conocían sus efectos perniciosos para la salud humana. Y muy ilustrativo en ese sentido es un trabajo publicado en junio de 2005 en www.salon.com por Robert F. Kennedy -sobrino del ex presidente estadounidense John F. Kennedy-, abogado de gran prestigio dedicado hoy a denunciar el impacto para la salud de la destrucción del medio ambiente con el título Deadly Immunity (Inmunidad Mortal). Es más, las informaciones ofrecidas por Kennedy han levantado ampollas ya que éste comienza su documento relatando una reunión convocada por el Centro para el Control de las Enfermedades (CDC) que tuvo lugar en Simpsonwood (Georgia, EE.UU.) en junio de 2000 a la que sólo fueron invitadas 52 personas entre las que había funcionarios de alto nivel tanto del CDC como de la FDA, el especialista en vacunas más destacado de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ejecutivos de las principales empresas fabricantes de vacunas como Merck, Aventis, GlaxoSmithKline yWyeth.

Kennedy agrega que los funcionarios del CDC hicieron previamente todo lo posible para asegurarse de la confidencialidad de la reunión y de los documentos utilizados en ella… y que el objetivo era hablar de una inquietante investigación que había suscitado dudas sobre la seguridad de gran cantidad de vacunas administradas a bebés y niños pequeños. Pues bien, en esa reunión se explicaría que un epidemiólogo del CDC llamado Tom Verstraeten, tras analizar una enorme base de datos con los historiales médicos de 100.000 niños, había descubierto que un conservante con mercurio que se incorporaba a las vacunas -el timerosal– parecía ser responsable del espectacular aumento de los casos de trastornos por déficit de atención, hiperactividad y autismo en niños. La noticia era impactante pero tras analizar las estadísticas que confirmaban los datos aquellos funcionarios y representantes de los laboratorios –así lo afirma al menos Robert F. Kennedy- en lugar de tomar medidas para alertar al público y eliminar el timerosal de las vacunas dedicaron el tiempo a discutir cómo ocultar esa información.

Kennedy contaría también que entre las iniciativas tomadas por si a la opinión pública le llegaba parte de la información estuvo la decisión del CDC de pagar al Instituto de Medicina (IOM) para que realizara una nueva “investigación” que encubriera los riesgos del timerosal; en pocas palabras, encargaron a los investigadores que “descartaran” la relación de ese producto químico con el autismo.

“Los fabricantes de vacunas irían retirando paulatinamente el timerosalde las inyecciones administradas a los bebés americanos –contaría a continuación Kennedy-pero siguieron vendiendo suministros con mercurio hasta el año pasado. El CDC y la FDA les echaron una mano comprándoles las vacunas contaminadas para exportarlas a los países en desarrollo y permitieron además que las empresas farmacéuticas continuaran utilizando ese conservante en algunas vacunas americanas, incluyendo varias inyecciones para la gripe y dosis de refuerzo del tétano administradas rutinariamente a los niños de once años”.

EL LOBBY FARMACÉUTICO

En el caso de las vacunas y amalgamas con mercurio las autoridades públicas, presionadas y/o pagadas por los laboratorios, han defendido siempre a la industria farmacéutica de las demandas de la ciudadanía. Kennedy explica en su informe por ejemplo que el senador republicano estadounidense Bill Frist recibió 873.000 dólares en “contribuciones” de los laboratorios. Y éste trabajó para que se concediera inmunidad a los fabricantes de vacunas ante los 4.200 pleitos presentados por los padres de niños afectados. Es más, Frist intentó con ahínco ocultar las informaciones sobre el timerosal para intentar evitarle a la multinacional Eli Lilly -la compañía que lo desarrolló- tener que declarar ante los tribunales (claro que hablamos de una farmacéutica que como narro en mi obra Traficantes de salud: cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad es una de las que más dinero ha “donado” a los republicanos para sus campañas electorales).

La verdad es que Inmunidad Mortal, título del informe de Robert F. Kennedey, no tiene desperdicio. Así, cuenta que en el 2002, el día después de que Frist incluyera discretamente una cláusula adicional conocida como la ley de protección de Eli Lilly en un proyecto deLey de la Seguridad de la Patria la farmacéutica realizó una aportación de 20.000 dólares a la campaña del senador y compró 5.000 copias de su libro sobre bioterrorismo. El Congreso revocaría la medida en el 2003 pero a principios del 2005 Frist incluyó otra disposición en un proyecto de ley antiterrorista que habría negado una compensación a los niños que sufren los trastornos cerebrales relacionados con las vacunas. Un ayudante de Frist, Andy Olsen, alegaría con cinismo para justificar su actuación que “los pleitos son de tal envergadura que podrían llegar a dejar sin trabajo a los productores de vacunas y a limitar nuestra capacidad de resolver un ataque biológico realizado por terroristas”. La industria fue agradecida. Y para la campaña de aquellos comicios del 2002 los candidatos republicanos al Congreso de Estados Unidos recibieron más de 30 millones de dólares siendo los laboratorios que más contribuyeron Eli Lilly, Bristol-Myers Squibb, Pfizer y GlaxoSmithKline.

PRIMERA SENTENCIA

Tanto las multinacionales farmacéuticas como la Administración estadounidense afirmaron durante lustros que no había evidencia científica de que las vacunas tuvieran relación alguna con casos de autismo. Sin embargo, la Corte Federal de Estados Unidos admitió hace unos meses un caso en el que se relaciona vacunas y autismo. Y en la demanda -hay 4.900 casos pendientes de resolver en la denominada Corte de Vacunas Federal– se acusa claramente al Gobierno norteamericano de saber que las vacunas que contienen mercurio causan autismo.

El personal médico de la División de Compensación por Daños Causados por Vacunas del Departamento de Servicios Humanos y de Salud (HHS) revisó el caso y concluyó que la compensación solicitada por la paciente era adecuada. Los médicos admitieron que la demandante era una niña sana y con un desarrollo normal hasta su visita al médico con 18 meses que fue cuando le fueron administradas vacunas contra nueve enfermedades diferentes, dos de las cuales contenían timerosal. Pocos días después la salud de la niña comenzó a deteriorarse y meses más tarde aparecieron ya síntomas de autismo como insomnio, pérdida de vista y de lenguaje o arqueo del cuerpo. Trascurridos siete meses desde la vacunación el neurólogo Andrew Zimmerman, miembro del Hospital de Neurología del Instituto Kennedy Krieger –reconocido mundialmente como una de las mejores instituciones sanitarias en el estudio de las discapacidades en niños-, determinó que la niña tenía una encefalopatía regresiva -es decir, graves daños en el cerebro- que relacionó con los síntomas de autismo. Un diagnóstico que coincidía con los criterios oficiales de reconocimiento del autismo que se reflejan en el Manual Estadístico para el Diagnóstico de Desórdenes Mentales (DSM-IV), considerado la biblia de la Psiquiatría.

En su sentencia favorable a la demandante se reconoce que “la niña tenía un desorden mitocondrial preexistente que fue agravado por las vacunas lo que le llevó a un déficit en el metabolismo celular energético que, en última instancia, dio como resultado el diagnóstico de desorden autista”.

AMALGAMAS DENTALES

En cuanto a las amalgamas dentales –esos empastes de color plateado que muchas personas llevan en sus dientes sin ser conscientes de su peligro potencial- son de mercurio en un 50% tal como se explicó en un amplio reportaje que apareció en el nº 54 de esta revista. Servando Pérez, presidente de la Asociación Española de Afectados por Mercurio de Amalgamas Dentales (MERCURIADOS) y una de las personas que han demandado al Ministerio de Sanidad y Consumo y a los laboratorios fabricantes, no entiende que a pesar de la información que ya hay sobre ello se sigan poniendo en las bocas de las personas.

“Es inconcebible que se permita seguir poniendo amalgamas. Desde 1991 hay informes científicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que alertan de su peligrosidad. Y lo mismo se afirma en el informe Evaluación Mundial sobre el Mercurioelaborado en el 2002 dentro del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)”.

Para Pérez es inaudito además sabiéndose que el mercurio es “el más pernicioso de los metales pesados y el material más tóxico después de los radiactivos. Las amalgamas pueden provocar incluso hidrargirismo o micromercurialismo -es decir, intoxicación crónica por mercurio- y ello agravar o dar lugar a múltiples problemas de salud”.

Profesor e investigador universitario Servando Pérez -afectado de hidrargirismo crónico- se pregunta por ello, junto al resto de los demandantes, algo muy simple: “¿Cuántas personas, incluido el personal médico-sanitario, saben que este tipo de empastes contienen mercurio y/o que expertos de la OMS como el doctor Maths Berlin estiman el peligro en un 1%? Según pudimos constatar en el Congreso Europeo de Pacientes (noviembre 2007), muy pocas. ¿Nos ha informado la Administración sanitaria de la existencia de estos informes que afirman algo tan importante para nuestra seguridad, para nuestra salud? No. ¿Se está ocultando la existencia de estos informes? Eso parece”.

Miguel Jara

Recuadro:


¿Es la intoxicación por metales la causa de la mayoría de las patologías mentales?

Los niños con Trastorno General del Desarrollo (TGD) -nombre con el que la Sociedad de Psiquiatría Americana estudia patologías como el autismo y otros síndromes que están en aumento en todo el mundo- además de estar genéticamente más predispuestos están en la mayoría de los casos intoxicados por metales tóxicos: mercurio, plomo, antimonio, arsénico y cadmio principalmente. Intoxicación que es considerada por la gran mayoría de los profesionales que tratan a estos niños en el plano biológico –así lo afirman entre otros los doctores María Jesús Clavera y Francisco Javier Martínez– la causa principal de sus déficits cognitivos, sensoriales y conductuales. Claro que en los últimos 50 años la exposición del organismo a metales pesados no ha hecho más que aumentar con la ingesta de medicamentos, vacunas, amalgamas, pesticidas y aditivos además de aguas y alimentos contaminados con lo que las personas que no poseen una buena capacidad de desintoxicación terminan sufriendo las consecuencias.

Lo que no tanta gente sabe sin embargo es que también los metales tóxicos pueden eliminarse del organismo aun cuando en esta misma revista hemos dado amplia información al respecto. Es el caso de una quelación intravenosa con EDTA (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el reportaje que publicamos sobre ella en el nº 22), una quelación oral con el Método Rowland (lea el artículo que apareció en el nº 39) o un tratamiento ortomolecular (lea lo publicado en el nº 104) ingiriendo alimentos con capacidad quelante-como el ajo, el rábano, la cebolla, las crucíferas, el limón, la cáscara de psillium (plántago ovata), el diente de león, el cardo mariano y las algas kelp, espirulina y chlorella- además de complementar la dieta con algunas sustancias útiles como varios aminoácidos (el ácido glutámico, el ácido aspártico, la glicina, la cisteína, la histidina, la lisina, la metionina y la taurina), compuestos como la N-acetil-cisteina (NAC), la S-adenosil-L-metionina (SAM), el ácido lipoico, el Indol-3-Carbinol y la MSM (metilsulfonilmetano) además de las vitaminas A, C y el grupo B junto a dos minerales: zinc y selenio.

 

Este reportaje aparece en
107
Julio - Agosto 2008
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