La sensibilidad química múltiple

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Actualmente existen catalogadas miles de “enfermedades” cuya etiología o causa oficialmente se desconoce. Por eso los médicos alegan que no pueden prevenirse ni curarse, sólo dar fármacos paliativos a quienes la padecen. La realidad sin embargo es bien distinta: la mayor parte de ellas las provocan -o agravan- los tóxicos que inundan nuestros organismos. Y el problema va en aumento. Al punto de que cada vez más personas han llegado a tal grado de saturación que sus organismos reaccionan ya virulentamente ante cualquier producto -aéreo, alimenticio, textil, higiénico, etc.- que contenga uno o varios de ellos. Siendo su máxima expresión lo que ha dado en denominarse Sensibilidad Química Múltiple, patología que puede llevar incluso a la muerte. Pues bien, con el fin de concienciar a la población de la gravedad y extensión del problema vamos a explicar durante unos meses en esta nueva sección en qué consiste esta patología y qué otras parecen estar relacionadas con el mismo problema, cómo saber si se sufren y, lo más importante, cómo pueden afrontarse. Con el asesoramiento y colaboración del equipo de la Fundación Alborada que dirige la doctora Pilar Muñoz-Calero y que nos ha facilitado gran parte de la información que damos a conocer.

El grado de intoxicación del planeta avanza a pasos agigantados sin que nuestros representantes políticos reaccionen a pesar de que es cada vez mayor el número de personas que enferman por esa causa. Se limitan a alegar que no está demostrada la relación causa-efecto obviando hipócritamente que hay miles de productos químicos usados por la industria que jamás han pasado pruebas de inocuidad y que si no se ha “demostrado” tal relación es porque a nivel institucional no se hacen las investigaciones que ello requiere. Y no se hacen porque para la clase política prima proteger a la industria.
Sin embargo nos está intoxicando todo: el agua que bebemos, el aire que respiramos, los alimentos que ingerimos, la ropa que vestimos, los productos de higiene personal –champús, geles, jabones, lacas, fijadores, tintes, desodorantes, barras de labios, maquillajes, etc.-, los de limpieza –ceras, detergentes, limpiadores, lavavajillas, etc.)-, las pinturas, los productos para tratar la madera, los herbicidas, las radiaciones electromagnéticas artificiales –torres de alta tensión, transformadores, antenas de telefonía, móviles, WiFi, inalámbricos, radares-, los aditivos alimentarios –conservantes, antioxidantes, edulcorantes, potenciadores del sabor, saborizantes, aromatizantes, etc), los fármacos… La lista es interminable. Siendo especialmente peligrosas –porque uno es menos consciente de que se está intoxicando- las radiaciones y las sustancias volátiles que se emiten al aire desde hace años y por tanto inhalamos cada día sin poder evitarlo.
El conocido doctor William Rea -cirujano de corazón y pulmón- explica en varios de los artículos que tiene publicados que al analizar las paredes arteriales de sus pacientes tras las intervenciones quirúrgicas a las que les sometió se encontraron en ellas diferentes tipos de pesticidas así como algunos otros tóxicos. Tóxicos que cuando se acumulan en los tejidos de órganos vitales causan patologías que pueden ser muy graves o mortales aunque otras veces ocasionan “sólo” cuadros de dolor durante años. De hecho asevera que pueden ser la causa de muchos de los casos de fibromialgia. Y de la fatiga crónica. Y de  numerosas esclerosis. Y de la hiperactividad de miles de niños. Es más, todo indica que puede estar detrás del alzheimer, del parkinson y de muchos casos de cáncer. Pero de lo que no hay duda es de que es la causa del llamado Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple –hoy rebautizado de forma abreviada como Sensibilidad Química Múltiple o SQM, y que describe la patología que sufren hoy numerosas personas y cuya característica es la reacción inmediata del cuerpo ante cualquier tóxico… por muy pequeña que sea la cantidad a la que se está expuesto. Una patología que sufrió la doctora Pilar Muñoz-Calero -pediatra y neonatóloga- a quien sus colegas desahuciaron dada la gravedad de su estado y que sin embargo superó tras siete meses de un singular y novedoso tratamiento intensivo en Estados Unidos que, al recuperarse, decidió traer a España para poder ayudar a otras personas en situaciones similares y que hoy se aplica en la madrileña Fundación Alborada (www.fundacion-alborada.org) de la que es presidenta.

CARACTERÍSTICAS DE LA SENSIBILIDAD QUÍMICA MÚLTIPLE 

Hablamos de una patología que ha dado lugar a una nueva disciplina médica -la Medicina Ambiental– y presenta las siguientes características:
1) Es multisistémica. Es decir, puede afectar a muy distintos tejidos y órganos, algo que hace difícil para el médico convencional no suficientemente formado detectar o reconocer el problema real. De hecho ello lleva a la mayoría de los médicos a proponer tratamientos que no sólo no ayudan al enfermo sino que a menudo le hacen empeorar; especialmente cuando le sugieren la ingesta de fármacos iatrogénicos.
2) Es valorable. Es decir, se puede detectar con analíticas. En todo caso normalmente es el propio paciente quien da la pista cuando se da cuenta de que no tolera miles de productos que antes usaba, comía o inhalaba.
La prueba diagnóstica más comúnmente empleada para valorar una situación es el testQessi –por las siglas inglesas de Quick Environmental Exposure and Sensitivity Inventory o Test Rápido de Exposición Química y Sensibilidad- que se basa en formular una amplia serie de preguntas al enfermo sobre sus reacciones ante el entorno. Ahora bien, hay otras pruebas de laboratorio que ayudan a identificar el problema de forma más concreta. Destacando entre ellos un test denominado Red Blood Cell que detecta las sustancias potencialmente tóxicas y los metales pesados que contaminan el organismo ¡en el interior de los eritrocitos! –lamentablemente hay que pedirlo fuera porque en España no se hacen-, el test DMPS (siglas de DiMercapto-Propan Sulfato) –para el que se usa la orina del enfermo- y otros que ayudan a identificar el grado de intoxicación del organismo. Asimismo se usa el electroencefalógrafo (EEG) para conocer el potencial evocado exploración neurofisiológica que evalúa la función del sistema sensorial acústico, visual, somatosensorial y sus vías por medio de respuestas provocadas frente a un estímulo conocido y normalizado- y la Tomografía por Emisión de Fotón Único -más conocida como Spect cerebral- ya que son los métodos más utilizados para certificar cómo se encuentra de afectado nuestro cerebro por las sustancias tóxicas.
3) Es crónica. Porque es el resultado de una acumulación de “tóxicos persistentes” en el organismo. Con frecuencia debido a acciones aparentemente de tan bajo riesgo como ponerse laca en el pelo o teñírselo, hablar por el móvil, tomar fármacos comunes, fumigar la casa o el jardín, pintar una vivienda o caminar por encima de tapas de alcantarillas que acababan de ser fumigadas… Ahora bien, debe entenderse que cuando se habla genéricamente de tóxicos se habla de sustancias que intoxican todo organismo vivo. Lo que sucede es que en esta sociedad tolerante con la mentira en la que vivimos se ha utilizado el nombre de “compuestos orgánicos persistentes” para referirse a los “compuestos tóxicos persistentes”. Cuando como bien denuncia el epidemiólogo español Mikel Porta llamar Compuestos Orgánicos Persistentes (COPS) a los Compuestos Tóxicos Persistentes (CTPS) no es más que un intento de ocultar la verdadera identidad de la sustancia y su peligrosidad.
4) Se debe a una saturación. Es el llamado efecto “barril lleno”. Teniendo en cuenta que todos estamos expuestos día tras día a miles de sustancias tóxicas nadie puede hablar medianamente en serio de niveles “insignificantes” porque al final son muy numerosas las que se acumulan en el organismo y, además, interactúan entre sí. No hay por ello manera de hacer un seguimiento diario ni de cuántos tóxicos se acumulan ni en qué órganos o tejidos. La experiencia indica sin embargo que a veces –cada vez de forma más habitual- llega un momento en que el cuerpo no puede acumular más desechos y reacciona virulentamente. Porque ya no puede ni eliminarlos, ni asimilarlos, ni transformarlos. Es cuando se desata la Sensibilidad Química Múltiple (SQM) con signos de rechazo violento a cualquier mínima dosis de sustancia. “El más mínimo olor a una colonia, a un jabón o a un detergente –nos explicaría la doctora Muñoz Calero- puede provocar fuertes náuseas o dolor de cabeza. Y el conservante de un frasco de espárragos una anafilaxis que ponga en riesgo la vida. O un champú desatar una crisis asmática”.
5) Es una “enfermedad” emergente. En 1992 el Instituto de Medicina de Estados Unidos (IOM) definió como “enfermedades emergentes” aquellas cuya incidencia ha aumentado en las dos últimas décadas o amenaza incrementarse en el futuro próximo dejando la categoría de “enfermedades nuevas” para las que no existían antes de 1900. Así que hoy se considera “enfermedad emergente” a toda aquella que:
1) Había sido ya identificada pero se había pasado por alto debido a la imposibilidad de conceptualizarla como entidad noseológica.
2) Existía pero no se reparó en ella hasta que hubo cambios cualitativos o cuantitativos en sus manifestaciones.
3) No existía en una región en particular antes de que se introdujera en ella procedente de otras regiones.
4) Anteriormente existía sólo en la población animal y no afectaba a los humanos.
5) El agente desencadenante de la enfermedad es nuevo o, existiendo, no se daban las condiciones ambientales que permitían su manifestación patológica.
Y es evidente que en el caso que nos ocupa la SQM no la provocan bacterias, virus, hongos o parásitos patógenos sino sustancias químicas sintéticas que han empezado a usarse masivamente en la sociedad en las últimas décadas.
6) Causa mala asimilación y, por ende, desnutrición o desvitalización. Y es que los tóxicos compiten por las mismas vías que usan los nutrientes dificultado o impidiendo que se asimilen las vitaminas, minerales y oligoelementos de los alimentos que ingerimos. Puede provocar pues desnutrición a pesar de seguirse una alimentación sana y variada.
Otras veces la respuesta del organismo es aislar las toxinas introduciéndolas en las células grasas del tejido adiposo para evitar que circulen libremente y dañen órganos vitales. Por eso a veces este problema se confunde con anorexia al valorarse sólo que el paciente pierde peso y parece que no quiere comer; aunque lo peor es que encima se les recetan fármacos -especialmente antidepresivos y ansiolíticos- que lo único que hacen es agravar el problema de intoxicación.
7) Es traumática. Se vive como una agresión. Según el Dr. Martín Pall actúa“como un fuerte golpe en la cabeza”. Lo explicaremos en próximos capítulos pero con ella comienza una especie de ciclo vicioso del óxido nítrico. De forma resumida diremos que dos radicales libres -óxido nítrico y superóxido- producen peroxinitrito, un oxidante muy potente que reinicia una y otra vez el ciclo. Ciclo que cuando se “instala” en los tejidos humanos se repite una y otra vez causando dolor, angustia e incapacidad para realizar cualquier actividad normal pues está comprometida -además de otras muchas- la capacidad de pensar con claridad. Además, por el ensuciamiento celular que se produce debido a la toxicidad también hay insuficiencia de oxígeno en las células y el cerebro.
8) Deteriora el Sistema Nervioso Central. Lo que se debe principalmente a que los tóxicos excitan los receptores ionotrópicos del glutamato (conocidos como NMDA, acrónimo de N-Metil D-Aspartato), neurotransmisor prioritario en la plasticidad neuronal y en la memoria. De ahí que se llame al NMDA “el receptor del aprendizaje”.
9) Es invasiva. Por eso los afectados por intoxicación química pueden desarrollar muy diferentes patologías. En cualquier tejido y órgano. Y ser tan dispares sus síntomas como malestar general, mareos, náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, fiebre, frío, sequedad ocular, dolor de ojos, oídos y/o boca, fatiga, dolores localizados en numerosas zonas del cuerpo, insomnio, pérdida de concentración y de memoria, espasmos intestinales… Cuadros genéricos no específicos que confunden a los médicos quienes optan a menudo por eso en no creer al enfermo y pensar que se inventan los síntomas o, sencillamente, que no están bien de la cabeza. Con lo que los enfermos se traumatizan, se sienten rechazados e incomprendidos y muchos terminan aislándose.

UNA SOCIEDAD DESINFORMADA 

Evidentemente todo lo que estamos contando es posible sólo porque nuestra sociedad –y eso incluye a la clase médica- está desinformada. No poco o mal informada sino desinformada. Es decir, se la está ocultando información pero, sobre todo, se le está proporcionando información manipulada cuando no directamente falsa.
Sólo ese marco explica que puedan estar produciéndose tantos casos de sensibilidad química y haya cada vez más “enfermedades emergentes”. Y por eso tantos miles de personas están hoy padeciendo -ante la incomprensión y suspicacia injustificada de sus conciudadanos- enormes sufrimientos físicos, emocionales y mentales. Personas de todas las edades y condiciones personales y sociales.
Algo que nuestras autoridades se niegan a valorar con la seriedad y rapidez que la situación exige en la absurda convicción de que lo que está ocurriendo es algo inevitable, el “precio a pagar” por vivir en esta sociedad del “progreso”. De ahí que la excusa sea siempre la misma: que no está “científicamente” demostrada la relación causa-efecto de los productos químicos que nos están envenenando con las patologías que cada vez afectan a más personas aun sabiendo que el número de las llamadas “enfermedades emergentes” -es decir, inexistentes hace poco más de dos décadas- se cuentan ya por miles.
“La supuesta ciencia de la supuesta evidencia-denuncia la Dra. Pilar Muñoz Calero-niega valor a los hechos experimentales plenamente constatados por nuestros sentidos. Prefieren aferrarse a la objetividad de unas analíticas creadas por unos laboratorios en búsqueda de unos parámetros concretos muy alejados de la realidad”. Añadiendo sumamente molesta dada su condición de pediatra que trata a muchos niños:”Nosotros, los adultos, podemos elegir entre enterarnos de la verdad o seguir con la venda en los ojos. Podemos optar por realizar cambios o quedarnos en la comodidad y en la inercia de lo ya conocido. Los niños, en cambio, no pueden elegir. Son víctimas inocentes de nuestro egoísmo, nuestra ignorancia o nuestra cobardía. Les estamos robando su futuro”.
Y realmente tiene motivos para su enfado: “He visto a niños amables que sonreían a sus madres y les mostraban toda su ternura que llevados a un entorno que les resultaba agresivo se volvían inconcebiblemente agresivos con ellas. A veces con oler simplemente un perfume. Y yo me pregunto cómo puede ante tales casos dudar alguien de que ese brusco cambio de carácter lo tiene que haber provocado esa sustancia a la que el niño reacciona tan abruptamente. Porque hablamos de  reacciones que se repiten en muchos niños y en muchas situaciones desde hace años”.
Para la doctora Muñoz Calero tales evidencias descartan que estos casos puedan deberse a un problema genético o psiquiátrico. Y no se justifica que para no parecer incompetentes haya médicos que se animen a diagnosticarles patologías que no tienen y recetarles fármacos no sólo inútiles sino iatrogénicos.   “Muchos de mis colegas -nos diría-deberían revisar los principios por los que se rigen, valorar si su comportamiento con los pacientes está siendo ético. No pueden seguir limitándose a recetar fármacos paliativos sin intentar averiguar la causa de las patologías que tratan ya que además muchos de estos fármacos -como los antidepresivos y los ansióliticos- pueden agravar la situación debido a que -según estudios de un grupo de médicos italianos- ya se ha visto que el 90% de las personas afectadas presentan una anomalía funcional de algunas enzimas necesarias para poder metabolizar de forma adecuada este tipo de medicamentos. Es evidente que debemos tener cada vez más en cuenta el estudio de los polimorfismos genéticos así como de la Epigenética”.
Para los miembros de la Fundación Alborada -que ya han organizado en los últimos años en España cuatro congresos internacionales de altísimo nivel de los que casi nadie se ha hecho eco- es lamentable que la inmensa mayoría de los médicos haya dejado de escuchar a los enfermos y valoren su estado sólo atendiendo a las frías cifras de los datos analíticos. “Todo ser humano -asevera la Dra. Muñoz Calero-  está dotado de sentidos y capacidades para detectar lo que le sienta bien y lo que no. Lamentablemente una educación equivocada e interesada nos ha llevado a dejar de atender las señales de alarma que de vez en cuando nos envía el cuerpo y, dopados por la publicidad -a la que se permite ser engañosa-, preferimos hacer caso del médico aunque éste no sepa en realidad nada a nivel humano de nosotros. Ni de lo que pensamos, ni de lo que sentimos, ni de lo que nos preocupa o afecta a nivel espiritual, mental, emocional y físico. O de lo que nos está pasando a nivel social, laboral o familiar. Ni siquiera se interesa por nuestro entorno vital y profesional. ¡Como si todo ello no fuera lo que determina realmente nuestro estado de salud!”.
En suma, cada vez hay más gente enferma en el mundo porque hay un grupo minoritario de personas a las que esta situación les beneficia. Y ni a nuestros presuntos representantes políticos, ni a los profesionales de la salud, ni a los periodistas, ni a la inmensa mayoría de la sociedad parece importarles. Pero como vienen denunciando los miembros de la Fundación Alborada y quienes como ellos están alertando de esta situación en el resto del mundo cada vez hay más niños malhumorados, agresivos, hiperactivos o enfermos de cáncer. Cada vez nacen más niños hipersensibles y con malformaciones y tumores de todo tipo. Un grupo de neurólogos norteamericanos ha llegado a afirmar recientemente que si no rectificamos de inmediato ¡en apenas 20 años no habrá ningún niño menor de 6 años cuyo cerebro sea normal!
La Sensibilidad Química Múltiple, en suma, es una patología extrema que nos está mostrando hasta qué punto los tóxicos son responsables de muchas -por no decir de todas- de las “enfermedades emergentes”. De hecho en estos momentos se consideran ya enfermedades ambientales causadas por tóxicos catorce patologías (hablaremos de ellas en los próximos artículos).
Ha llegado, en definitiva, la hora de impedir que nos sigan contaminando impunemente. De cada uno de nosotros depende. Dé pues un paso al frente y empiece a concienciar del problema a sus allegados y familiares. Nos va la salud y la vida en ello.

José Antonio Campoy

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Noviembre 2010
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