Las publicaciones científicas están controladas por un reducido grupo de editoriales

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La publicación de trabajos, estudios e investigaciones es clave en el progreso del conocimiento científico y vital para que los investigadores consigan fondos para sus proyectos; de ahí la importancia que tiene el rigor de las publicaciones en las que aparecen y, sobre todo, su independencia. Pues bien, un equipo de investigadores de la Universidad de Montreal ha revisado unos ¡45 millones de artículos! publicados en revistas científicas entre 1973 y 2013 destacando un hecho: la mayoría las controlan cinco editoriales a las que se refieren como The oligopoly of academic publishers (El oligopolio de los editores académicos). Y eso implica que la producción y difusión del conocimiento científico -especialmente en el ámbito sanitario- se halla en manos de unas pocas personas que son quienes deciden qué publicar y qué no y, por ende, lo que se considera científicamente válido o no. Lamentable.

Pocas personas dudan a estas alturas del papel que los medios de comunicación de masas juegan en la sociedad como herramienta de manipulación al servicio de unos pocos grupos poderosos. Lo hemos analizado ya en la revista (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título ¿Son de fiar los medios de comunicación? publicamos en el nº 184) y hemos mostrado cómo fabrican o modelan la opinión pública e, incluso, la emoción pública. No solo influyen decisivamente pues en lo que la ciudadanía debe conocer sino también en lo que debe sentir. Labor que no es sino continuación de otra igualmente importante y decisiva que se centra en el proceso educativo ya que la institución escolar es la que se encarga de modelar esos ciudadanos obedientes, pasivos, indolentes y acríticos que aceptan cualquier mensaje lanzado por los grandes medios sin preguntarse a qué intereses sirven y cuál es su grado de ecuanimidad y honestidad; a pesar de que tal sumisión puede poner en peligro su libertad, su salud y hasta su vida.

Cabe añadir que hoy vivimos en una sociedad en la que la nueva Religión es la Ciencia, la Autoridad Suprema incuestionable –la nueva Iglesia la Comunidad Científica, los textos sagrados que establecen los dogmas –las nuevas encíclicas- las revistas científicas, los nuevos herejes todos aquellos científicos e investigadores que planteen críticas a las verdades establecidas y los nuevos inquisidores –los fanáticos que se arrogan la defensa de los dogmas de fe- los fundamentalistas científicos. Y eso implica que la verdad se somete siempre a la “verdad oficial” que dictan quienes controlan el poder, incluido el ámbito sanitario.

Pocas personas son conscientes de todo esto pero desde la enseñanza primaria hasta la universidad hay en marcha en todo el mundo programas “educativos” que se encargan de inculcar en la gente conceptos y creencias que la inmensa mayoría de las personas asumen como verdades indiscutibles. Al punto de que hoy la ciencia es intolerante y sectaria, algo que acaece muy especialmente entre los profesionales de las ciencias de la salud y la vida; profesionales que luego se encargan de difundir y perpetuar los “dogmas científicos” que garantizan a quienes controlan el poder sus privilegios, sus negocios y su control sobre los demás.

Pues bien, complemento de esos programas educativos son las publicaciones científicas -tanto las especializadas como las divulgativas- que se encargan en cada momento –como los medios de masas- de modelar y fabricar las “verdades sanitarias”. Y señal evidente -y alarmante- de que ese proceso se ha agudizado y agravado es la concentración en muy pocas manos de tales publicaciones.

UN ESTUDIO REVELADOR

A los hechos nos remitimos: un equipo de la Universidad de Montreal (Canadá) coordinado por el profesor Vincent Lariviere hizo un estudio que pone de manifiesto algo enormemente grave: cinco grandes grupos editoriales controlan la publicación de la mayoría de las revistas científicas. En particular las médicas y las correspondientes a las ciencias sociales y naturales. Y hablamos de un mercado que según la agencia de publicidad Out Sell Inc generó en 2011 unos ingresos estimados en 9.400 millones de dólares solo para las revistas en inglés (de las que el 52% son publicaciones estadounidenses). Ascendiendo el mercado global de revistas, libros, bases de datos y otras publicaciones sobre ciencia, tecnología y medicina a 23.500 millones de dólares.

Y como dice Augusto Álvarez Rodrich, economista y periodista peruano, “el control de una porción tan grande del mercado en una sola mano producirá una visión monotemática, especialmente en los temas cruciales en los momentos cruciales”. Y si eso es importante en un medio generalista en uno científico es crucial puesto que las publicaciones no solo informan sino que son el vehículo para establecer los dogmas científicos y sanitarios y clave para que los investigadores consigan -o mantengan- sus fuentes de financiación.

QUIÉN CONTROLA LAS REVISTAS CIENTÍFICAS

¿Y quién controla hoy las revistas científicas? Pues cinco grandes grupos editoriales:

Elsevier. Fundado por Lodewijk Elzevir en 1880 en Ámsterdam es el mayor grupo editorial de publicaciones científicas, tanto por volumen de revistas como por beneficios; de hecho en 2014 ingresó nada menos que 2.480 millones de libras. Controla más de 2.000 revistas –las más famosas Cell y The Lancet– en las que se publican -de media- unos 360.000 artículos al año a los que acceden doce millones de personas. Pertenece al grupo anglo-alemán RELX Group que tiene su base en Londres, opera en 38 países, posee 28.500 empleados y en 2014 obtuvo unos ingresos de 5.773 millones de libras.

Springer Science + Business Media. Fundado por Julius Springer en 1842 en Berlín edita libros -en papel y electrónicos- y publicaciones sobre ciencia, tecnología y medicina además de alojar varias bases de datos, incluyendo SpringerLink, SpringerProtocols y SpringerImages. Las publicaciones de libros incluyen mayoritariamente trabajos de investigación, libros de texto, monografías y series. Ha editado más de 35.000 libros organizados en 13 colecciones temáticas. Es la mayor editorial de libros científicos del mundo y la segunda en publicaciones científicas: unas 2.000. Tiene más de 5.000 empleados, en la actualidad publica anualmente unos 6.500 libros e ingresa cercad de 950 millones de euros al año. Sus principales oficinas están en Berlín, Heidelberg, Dordrecht y Nueva York.

Wiley-Blackwell. Unión de los grupos estadounidenses Willey -fundado en 1922- y Blackwell -en 1939- tiene 990 empleados, publica unas 1.500 revistas científicas y edita unos 1.500 libros al año.

Taylord & Francis. Fundado por William Francis y Richard Taylord en 1852 en Reino Unido se fusionó en 2004 con Informa convirtiéndose en su brazo editorial con 1.000 revistas y unos 1.800 libros anuales (en su catálogo mantiene más de 20.000 títulos).

Sage Grupo fundado por Sara Miller McCune en 1965 en California (EEUU) tiene unos 1.500 empleados y publica unas 800 revistas científicas y una cifra similar de libros cada año.

CONCENTRACIÓN EMPRESARIAL CONTRA EL CONOCIMIENTO LIBRE

El Consejo de Editores Científicos (CSE), organización profesional sin ánimo de lucro nacida en 1999 con el nombre de Consejo de Editores de Biología (CBE) que se cambió por el actual el 1 de enero del 2000 y que se estableció en 1957 por la Fundación Nacional de Ciencias y el Instituto Americano de Ciencias Biológicas con la misión de crear una red de apoyo para implementar prácticas editoriales responsables y de calidad publicó un denominado Libro Blanco para promover la integridad en las publicaciones científicas -se actualizó en 2012- en el que se dice: “Los propietarios o las sociedades patrocinadoras son responsables de los aspectos financieros y otros asuntos relacionados con la gestión o las políticas empresariales pero deberían reconocer y aceptar la integridad y la objetividad científica de la revista y la independencia del editor y no intervenir en el asesoramiento, selección o edición de los artículos de la revista”. Incluso recomienda que se firme un contrato para asegurar la libertad y responsabilidad del editor manteniéndole libre de interferencias por parte de propietarios y patrocinadores. Una rigurosa advertencia que se basa en el hecho de que si bien los propietarios de las revistas científicas fueron tradicionalmente universidades y asociaciones científicas independientes a partir de la década de los sesenta -especialmente tras el desarrollo de Internet- éstas pasaron a controlarlas  grandes grupos editoriales; es más, se quedaron o compraron la mayor parte porque la mayoría eran económicamente deficitarias. Adquisiciones -y nuevas creaciones- que llevaron a una evidente concentración de cabeceras y títulos en pocas manos que hoy obstaculiza gravemente la libertad de expresión y la difusión del conocimiento. Porque éste, que debería ser de libre acceso, está hoy restringido. Actualmente la suscripción on-line por un año a The Lancet en Europa cuesta por ejemplo 206 euros. Y eso que  los costes de producción de los editoriales se han reducido porque hoy quienes quieren publicar deben a menudo entregar los artículos listos para ser publicados. Es más, para aparecer en gran parte de las revistas “importantes” los autores de un estudio o investigación ¡tienen que pagar! No aparecen pues ya en ellas los más importantes o trascendentes sino aquellos cuyos autores pueden económicamente permitírselo.

Según un informe de la International Association of Scientific, Technical and Medical Publishers (Asociación Internacional de Editores Científicos, Técnicos y Médicos) que se publicó en 2012 entre el 68% y el 75% de los ingresos de las publicaciones provienen de suscriptores: universidades, bibliotecas, sociedades científicas, asociaciones… Pero ya en 2008 un estudio publicado en la revista Electronic Journal of Academic and Special Librarianship denunciaba que “las bibliotecas académicas no pueden continuar pagando los precios de suscripción continuamente crecientes que las editoriales asignan a las revistas académicas”. Sus autores, Glenn S. McGuigan y Robert D. Russell, consideraban el problema tan grave como para “amenazar la misión de estas bibliotecas” y animaba a contrarrestar el problema mediante alguna estrategia que les permita “continuar ofreciendo los recursos y servicios que se espera de ellas”. Apuntando principalmente a la opción del Open Access o acceso libre.

Claro que ya en enero de 2003 un informe de la Fundación Wellcome titulado Economic análisis of scientific research publishing (Análisis económico de la publicación de investigaciones científicas) advertía que “el mercado está dominado por los intereses de los editores comerciales. Son los agentes económicos que establecen los límites y su comportamiento desconcierta a otros protagonistas del mercado (…) Es evidente que la demanda de artículos aumentará dada la complejidad creciente de la ciencia y lo ocurrido en el pasado reciente. Los ingresos se basan en las suscripciones (…) En estas circunstancias los editores comerciales que buscan maximizar sus beneficios se han dado cuenta de que el control de las revistas más importantes es enormemente valioso, la competición representada por las firmas sin ánimo de lucro es potencialmente dañino y sus productos deben marginarse si quienes buscan el lucro quieren conseguir sus objetivos”. La propia Fundación Rockefeller reconocía entonces que “el sector sin ánimo de lucro publica la mayoría de las revistas esenciales pero cada vez se les hace más difícil sobrevivir bajo la presión de los editores comerciales y acaban uniéndose a ellos para garantizar su futuro y conseguir sus objetivos”.

REBELIÓN EDITORIAL CONTRA ELSEVIER

En suma, hablamos de una situación que viene generando numerosos problemas como consecuencia de los conflictos entre los intereses económicos de los grupos editoriales dueños de las revistas o con contratos para su publicación y los intereses de autores, editores y asociaciones o entidades que, obviamente, tienen otras prioridades: la difusión de sus artículos, los controles de calidad, la publicación de estudios novedosos, el impacto en la comunidad científica, la obtención de subvenciones para la investigación o para realizar labores de formación y un largo etcétera.

Veamos algunos ejemplos de estos conflictos en el caso de Elsevier que al ser el grupo más grande y con mayor volumen de revistas publicadas es también el que más problemas ha generado desencadenando prácticamente todos los conflictos la subida de precios de las suscripciones y la negativa de Elsevier a permitir el acceso gratuito a los artículos.

-En noviembre de 1999, tras 16 meses de infructuosas negociaciones con Elsevier para que ésta redujera los precios de las suscripciones, el Consejo Editorial de la revista Journal of Logic Programming -sus 50 miembros- dimitió en bloque y creó una nueva revista.

-En 2002 la European Economic Association rompió su contrato con Elsevier para publicar la European Economic Review por motivos similares.

-En 2003 el Consejo Editorial de Journal of Algorithms -por sugerencia de su fundador, Donald Knuth–  dimitió en bloque creando otra revista paralela con un precio más bajo.

-En 2005 haría lo propio el Consejo Editorial de la revista International Journal of Solids and Structures aunque en este caso Elsevier reaccionó rápidamente creando otro Consejo Editorial para mantener la revista.

-En 2006 es la revista Topology la que se rebela dimitiendo su Consejo Editorial en bloque y creando otra revista que comenzó a publicar a través de la London Matematics Society.

-En 2008 la École Normale Supérieure cancela su contrato con Elsevier para publicar su boletín Annales Scientifiques de l’École Normale Supérieure.

-Ya en 2015 se han producido otros dos incidentes similares: en mayo dimitió la práctica totalidad del Consejo Editorial de Medical Journal of Australia por despedir Elsevier a su editor Stephen Leader y en octubre pasado los editores de la revista Lingua dimitieron por negarse Elsevier a mantener el acceso libre a la misma.

EL NEGOCIO DEL CONOCIMIENTO

Y los conflictos no terminan con enfrentamientos puntuales con publicaciones y sociedades: en 2012 se puso en marcha una campaña global denominada The Cost of Knowledge (El coste del conocimiento) a la que se sumaron miles de académicos de diferentes especialidades que se comprometieron a no volver a colaborar más con Elsevier. Hablamos de una campaña que inició el 21 de enero de 2012 el matemático Timothy Gowers que hizo en su blog un llamamiento para boicotear a Elsevier por tres razones: el alto precio de las suscripciones, los paquetes de publicaciones por los que las bibliotecas se ven obligadas a suscribirse a revistas que no les interesan si quieren recibir las consideradas punteras  y el apoyo prestado por este grupo editor a iniciativas legales que persiguen restringir el libre acceso. En  solo siete meses la declaración para no colaborar con Elsevier había conseguido 12.000 firmas aunque Elsevier negó inmediatamente que los precios se hubiesen incrementado y que los paquetes de revistas fuesen obligatorios. Es más, el 8 de febrero de 2013 -es decir, solo 15 días después del llamamiento de Gowers- anunció en una nota de prensa que retiraba su apoyo a la Research Work Act, una de las polémicas leyes objeto de crítica en la campaña. Obviamente Elsevier negó que su cambio de actitud se debiera a las presiones asegurando que los científicos que le habían solicitado que se retirara no formaban parte de la campaña de boicot. Lo singular es que los dos congresistas que iban a defender el proyecto de ley, Darrell Issa y Carolyn Maloney, decidieron no seguir adelante cuando el profesor de la Universidad de Bristol Mike Taylord les acusó de que lo hacían porque en 2011 habían recibido ambos una cuantiosa “donación”.

En estos momentos la campaña continúa en marcha como puede comprobarse en la web http://thecostofknowledge.com/ y el blog http://blog.thecostofknowledge.com (el 30 de octubre de 2015, momento de elaborar este texto, habían firmado ya 15.281 personas de las que 1.021 correspondían a la especialidad de Medicina y 2.036 a la de Biología).

Oligopolio y control del conocimiento científico

En una columna de Vaccinereaction.org titulada La industria de las publicaciones científicas se ha convertido en un oligopolio Rishma Parpia aduce que “el contenido y la producción de las publicaciones científicas en el siglo XXI se ha visto influenciado significativamente por un cambio en la propiedad de las más influyentes revistas médicas” y que “como resultado de ello la industria de las publicaciones científicas se ha convertido en un oligopolio controlado por unos pocos editores cuyos dueños son grandes corporaciones”. Además, detallando las implicaciones que este oligopolio tiene para la comunidad científica, Parpia alude a la pérdida de autonomía de los editores que ha corrido paralela al aumento del control por parte de las grandes corporaciones que de ese modo “favorecen los intereses de las industrias farmacéuticas y médicas”. Pero el problema es aún más grave: “Las revistas médicas tienden actualmente a bloquear la publicación de estudios que aporten evidencias contrarias a las políticas de salud que utilizan productos farmacéuticos, en parte debido a que durante cuatro décadas el Congreso ha aprobado leyes que dirigen a las agencias federales a desarrollar un fuerte entramado financiero público-privado con la industria farmacéutica”. Y añade: “Las universidades y los grupos de investigación académicos se han visto cada vez más implicados con los intereses de estos grandes grupos editores que tienden a favorecer la publicación de artículos científicos que convienen a los intereses corporativos de grandes industrias como las farmacéuticas”.

Por su parte, el catedrático del departamento de Matemáticas de la Universidad Carlos III de Madrid, Francisco Marcellán, afirmaba el pasado mes de noviembre en una entrevista publicada por el Servicio de Información y Noticias Científicas que “existen cinco grandes grupos de revistas científicas que monopolizan el mercado e imponen reglas realmente lesivas para las instituciones”; añadiendo: “Una mala práctica es la de publicación rápida que implica un pago por cada página de la contribución. El otro es el precio de las suscripciones a las revistas que se han incrementado notablemente y que van incluidas en paquetes, tanto en versión impresa como electrónica, realmente gravosas para las instituciones”.

Según Scott Jaschik, editor y fundador de Inside Higher Ed -web especializada en noticias y análisis de temas relacionados con la enseñanza superior-, algunos editores tienen miedo de que los intereses de las grandes corporaciones “limiten el papel de los académicos en la toma de decisiones claves”. Jaschik afirma que grupos editores como Elsevier y Sage consideran las revistas como “máquinas de producir beneficios”.

Añadiremos que el fenómeno de concentración de propietarios de revistas científicas que estamos describiendo se complementa con un proceso similar en lo que se refiere a publicación de libros científicos, en particular los divulgativos y los de texto. Un ejemplo muy significativo y clarificador nos lo ofrece el estudio publicado en Academia.edu por Jenny Teresita Guerra González, docente del Programa de Relaciones Internacionales de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); de hecho el título de su ponencia habla por sí mismo: Grupos multimedia y ciencia: la concentración de la divulgación científica en Latinoamérica por parte de los sellos editoriales Macmillan Mc-Graw Hill y Santillana. Ponencia en la que explica cómo esas tres editoriales han acaparado la divulgación científica y el conocimiento punta que circula en Iberoamérica, en particular los textos formativos desde preescolar hasta los estudios avanzados de postgrado.

EL IMPACTO DE INTERNET Y EL ACCESO LIBRE

Una investigación llevada a cabo conjuntamente por la Escuela de Electrónica e Informática de la Universidad de Southampton (Reino Unido) y la Universidad de Quebec en Montreal (Canadá) publicada en 2010 en PLoS ONE demostraba que las publicaciones científicas de acceso libre tienen más probabilidades de ser usadas y citadas que las de pago. No obstante, desde su irrupción en el mundo editorial académico el Open Access viene dividiendo a la comunidad científica. Una parte considera que es la mejor forma de difundir los conocimientos debido a su accesibilidad, rapidez y ausencia de filtros e intermediarios mientras otra argumenta que esta modalidad de edición está provocando una rebaja en los estándares de revisión con el objetivo de maximizar los beneficios. Algunos, como la investigadora Ana María García, del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, opinan que el acceso abierto no es la panacea y que debería limitarse a publicaciones sin ánimo de lucro.

Una de las revistas más beneficiadas con este modelo es precisamente PloS, nacida en 2003 y con presencia exclusiva on-line que en diez años ha pasado de publicar unos 1.000 artículos anuales a 33.000 obteniendo en 2013  unos beneficios netos de 9,87 millones de dólares.

La Dra. Alexandra Greer manifestaría por su parte en la revista Synapse de la Universidad de California en San Francisco (EEUU) -en una columna titulada La publicación científica: una industria en constante cambio- que el acceso abierto y otros cambios en la publicación y venta de las revistas científicas han forzado cambios en la forma en que los científicos hacen sus investigaciones. Y citando al Dr. Peter Binfield, fundador de la revista de libre acceso PeerJ, apunta que en los próximos 5 años esta modalidad se convertirá en el modelo dominante.

En definitiva, a la financiación de los estudios clínicos por los laboratorios que pretenden poner sus productos en el mercado, a la firma de artículos por prestigiosos académicos que no los han escrito pero cobran por poner en ellos su nombre, a la financiación indirecta -mediante publicidad o directa- de revistas supuestamente independientes, a la censura y los filtros para impedir la publicación de estudios y artículos que cuestionen los dogmas y el negocio de los fármacos y las vacunas y a la manipulación de estudios exagerando beneficios y ocultando riesgos y efectos indeseados debemos sumar el hecho no menos importante de que unos pocos grupos editoriales publican la mayoría de los libros y artículos científicos, algo grave especialmente en los casos de las revistas médicas, farmacéuticas, alimentarias y biotecnológicas.

 Jesús García Blanca

Recuadro:


Las más importantes revistas médicas con acceso libre

1. New England Journal of Medicine (libre a los 6 meses de su publicación).

2. British Medical Journal (libre desde el principio).

3. Clinical Infectious Diseases (libre a los 12 meses).

4. Brain: a Journal of Neurology (libre a los 12 meses).

5. International Journal of Medical Sciences (libre desde el principio).

6. Pediatrics (libre a los 12 meses).

7. Diabetes (libre a los 12 meses).

8. BMC Medicine (libre desde el principio).

9. Hipertensión (libre a los 12 meses).

10. Mayo Clinic Proceedings (libre a los 6 meses).

11. Journal of Clinical Investigation (libre desde el principio).

12. Heart (libre a los 36 meses).

13. Journal of Neuroscience (libre a los 6 meses).

14. Journal of Infectious Diseases (libre a los 12 meses).

15. Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism (libre a los 12 meses).

16. Obstetrics and Gynecology (libre a los 12 meses).

17. Journal of Nutrition (libre a los 12 meses).

18. Annals of Surgery (totalmente libre).

19. Anesthesiology (libre a los 6 meses).

20. Critical Care (libre desde el principio).

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Diciembre 2015
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