El 80% de los ingresos por hemorragias gástricas se deben al consumo de antiinflamatorios

Por culpa de la automedicación y de una prescripción incorrecta

El 80% de los pacientes que ingresan con una perforación gástrica o con hemorragia habían consumido algún antiinflamatorio. Así lo aseguró el doctor Carlos Miranda el pasado 12 de Noviembre durante el VI Congreso Castellano-Manchego y Madrileño de Medicina General que se celebró en Toledo y cuyo comité organizador presidía.
“Los estudios de que disponemos –dijo-demuestran que los ciudadanos abusan del consumo de antiinflamatorios y, entre ellos, incluyo al ácido acetilsalicílico; además, el médico protege muchas veces al paciente sin necesidad y, en ocasiones, además lo hace con medicamentos que no son efectivos”.
Miranda añadiría que un alto porcentaje de los productos usados como gastroprotectores son inadecuados porque no hay evidencia científica de su utilidad real. Y agregó que entre el 10 y el 17% -algunos estudios aumentan ese porcentaje hasta el 30%- de los pacientes que consumen antiinflamatorios de manera habitual sufren úlceras (una incidencia 10 veces superior a la de la población no consumidora). Es más, 540 de las 10.800 personas que en España ingresaron en un año por úlceras o hemorragias terminaron falleciendo.
Actualmente, el consumo de antiinflamatorios no esteroideos va vinculado a problemas de salud de lo más variado, desde los músculo-esqueléticos hasta las inflamaciones de tejidos pasando por los reumatológicos e, incluso, para la prevención de accidentes cardio y cerebrovasculares. Se trata de uno de los grupos de medicamentos más consumidos en todo el mundo entre la población adulta que se automedica (habitualmente mayores de 55 años). En España, algunos autores estiman que el 14% de la población padece enfermedades reumáticas y, consiguientemente, se dan 27 millones de prescripciones de estos productos al año.
“Estamos hablando de un problema de salud importante–diría Miranda- por lo que hay que concienciar a los médicos de su gravedad para conseguir que, por un lado, el paciente deje de automedicarse y, por otro, que la protección gástrica que se prescribe al enfermo sea mucho más eficiente”. Según explicó, hasta el 40% de las prescripciones en este sentido son poco adecuadas.