El llamado índice de Masa Corporal (ICM) no sirve para nada

 

El Índice de Masa Corporal (ICM) es uno de esos indicadores que los “expertos” en problemas de obesidad utilizan para saber si uno tiene sobrepeso –como si los espejos, la familia y los amigos no existieran-. Consiste en dividir su peso por el cuadrado de su altura en metros. Es decir, alguien que pesa 85 kilos y mide 1,74 tiene un índice de 28,07 (85 dividido entre 174 x 174). Pues bien, los expertos entienden que uno tiene un índice normal si éste no llega a 27, que tiene sobrepeso si tiene entre 27 y 30, obesidad moderada si está entre 30 y 40 y obesidad mórbida o grave si la cifra es mayor de 40. Sin embargo, que ese indicador no sirve para nada fue denunciado ya por nuestro director, José Antonio Campoy, en su obra La Dieta Definitiva hace cuatro años porque –explica en ella- “el método no tiene en cuenta ni la edad, ni el sexo, ni la estructura ósea, ni la cantidad de músculo”. Campoy desmiente asimismo en su obra que la grasa sea mala en sí misma y que el sobrepeso y la obesidad dependen en realidad sobre todo de cómo se combinan los alimentos, no de las calorías que se ingieren.
Bueno, pues un grupo de investigadores de la Clínica Mayo de Rochester (EEUU) ha efectuado un análisis –publicado en The Lancet- de cuarenta investigaciones realizadas para justificar que el IMC es un indicador válido de riesgo coronario –los estudios incluían los datos de más de 250.000 pacientes a los que se siguió de media 3 años y 8 meses- y constataron, tras comparar los datos de quienes tenían un peso normal y los que padecían sobrepeso y obesidad, que ¡la tasa de supervivencia es mayor entre quienes tienen un ligero sobrepeso y además sufren menos problemas cardiacos! En sus conclusiones también se explica que el IMC no discrimina realmente entre grasa corporal y masa muscular por lo que alguien puede tener un IMC alto simplemente porque tiene más músculo y no tejido graso.
Los investigadores entienden pues que el Índice de Masa Corporal (ICM) debería abandonarse como medida clínica y epidemiológica del riesgo cardiovascular.
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