Los alimentos ricos en cobre combinados con grasas trans perjudican al cerebro

Una alimentación rica en cobre -sustancia esencial para el correcto funcionamiento del cerebro además de ayudar a mantener sanos los vasos sanguíneos, los nervios, el sistema inmune y los huesos- deteriora sin embargo la capacidad cognitiva cuando la dieta que se sigue es rica en grasas saturadas y/o grasas trans porque ello provoca el acúmulo de placas amiloides y ovillos -característicos del Alzheimer- además de liberar peróxido de hidrógeno, potente oxidante neurotóxico. Así se afirma en un artículo que acaba de publicarse en Archives of Neurology.
Las grasas trans son aquellas cuyas moléculas tienen un ángulo de rotación que les impide ser bien metabolizadas y pasan a ser convertirse en sustancias tóxicas que el organismo no asimila pudiendo provocar inflamaciones y dañando tanto el hígado como el sistema cardiovascular. Y se crean al calentar las grasas y margarinas vegetales a altas temperaturas cuando se someten al conocido proceso de hidrogenización que consiste en calentar el aceite o la grasa a temperaturas que oscilan entre los 120 y los 200º C con hidrógeno a presión en presencia de metales catalizadores -normalmente el níquel, a veces el platino- durante 7 u 8 horas.
No se debería pues –según estos investigadores- ingerir más de 0.9 miligramos de cobre al día. Recordando que el marisco y las vísceras -especialmente el hígado- son los alimentos más ricos en ese mineral así como –aunque en menor medida- las nueces, los cereales enteros, las legumbres y el chocolate. Agregando que deberíamos analizar el agua que bebemos ya que hoy la mayoría de las tuberías de las casas son de cobre.
Por nuestra parte entendemos que el potencial peligro no está en el cobre de los alimentos sino en la ingesta de grasas saturadas –cuyo consumo debe controlarse- y la de aceites y margarinas vegetales parcialmente hidrogenadas (suele señalarse en las etiquetas). Téngalo en cuenta.