¿Es peligroso el anís estrellado como insinúa Sanidad?

 

En noviembre del pasado año el Ministerio de Sanidad prohibió la venta y distribución de anís estrellado por sospechar que su ingesta podría haber provocado efectos adversos en 20 lactantes. Como los lectores saben, dar infusiones de esta planta a los lactantes para aliviar los problemas de aerofagia es una práctica muy extendida y la recomiendan desde hace décadas los pediatras de todo el mundo. De hecho, es una de las plantas de uso alimentario que más se venden en ultramarinos y supermercados. Luego, ¿cómo explicar tal decisión? Porque, obviamente, no ponemos en duda la existencia de esos casos pero, ¿cómo va de repente a provocar el anís estrellado unos problemas que jamás antes se habían presentado en tantos bebés y en tan corto periodo de tiempo? El sentido común –el menos común de los sentidos- indica que eso es imposible. Y, por tanto, la medida es desproporcionada. Lo inteligente habría sido preguntar a las madres dónde compraron esas partidas, comprobar las marcas y analizar el producto. No paralizar la venta de todo el anís estrellado de forma indiscriminada.
El principio activo del anís estrellado es el anetol y los expertos dudan de que sea el responsable porque los bebés habrían tenido que tomar grandes dosis para padecer los problemas que han tenido, lo que no es probable. La otra posibilidad es que en lugar de tomar la variedad habitual, el Illicium verum Hook o “anís francés” -que de ambas formas se conoce- tomaran Illicium religiosum o Illicium anisetum o "Badiana del Japón" o una mezcla de ambas hierbas. Porque esta variedad no está admitida para su uso como planta medicinal ya que contiene otras sustancias activas y tóxicas como la anisatina.
En suma, paralizar durante tantos meses la venta de anís estrellado para averiguar algo tan simple carece de sentido. Sanidad debería informar de lo que está haciendo. Y explicar por qué si el anís estrellado es tan potencialmente peligroso se sigue vendiendo libremente en todo el mundo. Especialmente porque son muchos quienes creen que detrás de esta medida -y de todas las que el ministerio ha tomado en los últimos meses- se esconde una maniobra de preparación de la opinión pública para que les parezca bien una legislación que a partir de un momento determinado decrete que, por motivos del necesario y adecuado control sanitario, las plantas con propiedades terapéuticas se vendan sólo en farmacias y no puedan adquirirse en herbolarios. Es decir, controlar un sector de negocio al que hasta ahora no habían dado importancia porque se han dado cuenta de que la gente se orienta cada vez más hacia los productos naturales rechazando los fármacos. En suma, se trataría de una maniobra para entregar también a algunas multinacionales farmacéuticas ese trozo del “pastel”.