La vergonzosa retirada del mercado de Vioxx deja clara la ética de Merck Sharp & Doohme

Joan Ramon Laporte alertó sobre ese fármaco

La retirada “voluntaria” del mercado en todo el mundo -el pasado 30 de septiembre- del Vioxx (rofecoxib) –un inhibidor selectivo de la COX-2- porque multiplica el riesgo de sufrir un accidente cardiovascular ha dejado en entredicho la ética de su fabricante, la multinacional Merck Sharp & Doohme(MSD). Y ello por varias razones. En primer lugar hay que decir que tras esa decisión “voluntaria” del fabricante, la FDA -agencia estadounidense del medicamento- afirmó que más de 27.000 ataques cardíacos podían haberse evitado si muchos pacientes hubieran sido tratados con otro fármaco en lugar de con Vioxx (la cifra procede de los análisis de pacientes de la base de datos de la aseguradora Kaiser Permanente). En segundo lugar conviene recordar que ya en el año 2000 un estudio apuntaba que la probabilidad de tener problemas cardiacos entre los usuarios de Vioxx era ¡cuatro veces mayor! que entre los que consumían naproxeno. Sólo un año después –en el 2001- otro trabajo publicado en JAMA relacionaba el consumo de Vioxx con un mayor riesgo coronario. Y ya en el 2002 la FDA obligaba a la Merck a advertir a los usuarios de esa posibilidad en las etiquetas. En tercer lugar, laMerck Sharp & Doohme tuvo la desfachatez de querellarse contra el prestigioso farmacéutico español Joan Ramón Laporte porque éste, en el número correspondiente a julio-septiembre del 2002 del Butlletí Groc que publica el Instituto Catalán de Farmacología, calificó de “fraude científico” los ensayos para la aprobación del Vioxx. Y eso que Laporte -catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, jefe del Servicio de Farmacología del Hospital Vall d,Hebron de Barcelona y miembro destacado del Comité de Medicamentos Esenciales de la OMS además de director del mencionado Instituto Catalán de Farmacología- se limitó en su artículo a resumir las críticas aparecidas en revistas científicas del nivel de The Lancet y British Medical Journal. Es más, las críticas vertidas en su artículo no sólo se referían al Rofecoxib sino también al Celecoxib que comercializa la multinacional Pfizer. Laporte afirmó entonces que “la evaluación y financiación de estos fármacos se basaron en información falseada presentada en la Agencia Europea del Medicamento” y además criticó “la manipulación de los resultados científicos” así como “las irregularidades que rodearon la publicación de los estudios”. Laporte cuestionó también el supuesto beneficio de los inhibidores selectivos de la COX-2 y sugería la necesidad de hacer estudios independientes y bien diseñados a largo plazo que evaluaran la efectividad real de ambos fármacos. Laporte –que recibiría entonces cientos de firmas de apoyo, entre ellas la de un catedrático estadounidense que es accionista de la propia Merck y que no dudó en calificar la demanda de “vergüenza”- tuvo la satisfacción de ver cómo la misma era desestimada por el Juzgado nº 37 de Primera Instancia de Madrid que incluso impuso el pago de las costas judiciales a la multinacional (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com- la extensa entrevista que publicamos con Joan Ramon Laporte en el nº 59 de la revista bajo el título Las multinacionales farmacéuticas y la persecución de los disidentes).
Vioxx fue consumido en España el año pasado por unas 270.000 personas, la mayoría mayores de 65 años con artritis reumatoide y artrosis.
Los expertos calculan que la Merck, Sharp & Dohme (MSD)podría tener que hacer frente al pago de unos 10.000 millones de dólares calculando que deberá indemnizar con alrededor de 150.000 dólares a cada paciente afectado. Lo que demuestra -como pasa en otros ámbitos- que pagar indemnizaciones compensa porque se gana mucho más sacando el producto al mercado. Y mientras eso siga siendo así los enfermos estarán indefensos.
Por su parte, Pfizer –la compañía propietaria deCelebrex (celecoxib), principal fármaco competidor de Vioxx– hizo público de inmediato que iba a llevar a cabo un estudio para demostrar que su producto »no sólo no presenta efectos cardiovasculares negativos sino que puede tener un impacto favorable sobre el corazón”. Habrá que verlo. Porque tras hacer ese anuncio reconoció que la presentación intravenosa de Dynastat (valdecoxib) –Bextra en su versión oral-, el COX-2 que estaba llamado a ser el sustituto de Celebrex, también aumenta el riesgo de accidentes trombóticos en pacientes sometidos a cirugía de by-pass.
Tanto las agencias del medicamento estadounidense como la europea han decidido revisar la seguridad de todos los COX-2. Veremos qué nos cuentan.