Los mayores errores médicos se producen en la cirugía estética y en los tratamientos de obesidad

Según la organización médica colegial

Los casos más habituales de mala praxis médica se producen en el ámbito de la cirugía estética y en el de los tratamientos contra la obesidad según Rafael Muñoz, presidente de la Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial (OMC). Entre ellas, el uso de medicamentos de composición desconocida, fármacos que aceleran el metabolismo para perder peso, extractos esteroideos y anfetaminas (este último producto provoca numerosos ingresos en urgencias).
En cuanto a la medicina estética explica que ello se debe a que hay facultativos que llevan a cabo actuaciones sin la acreditación necesaria o mediante técnicas no aceptables deontológicamente.
El tercer lugar lo ocupa la expedición de certificados médicos falsos para justificar ausencias en los juzgados.
La organización médica colegial también reconoció la necesidad de que la Administración aporte mayores recursos para la formación continuada de los médicos porque en la actualidad ésta depende en su mayoría de los laboratorios. Algo que venimos denunciando en esta revista desde su nacimiento.
¿Hasta cuándo va a permitir el Ministerio que los laboratorios sigan con sus prácticas habituales de presión a los médicos? ¿Hasta cuando se va a consentir que se les hagan obsequios, se les invite gratuitamente a congresos, seminarios y conferencias, se les paguen las suscripciones a revistas internacionales, se les regalen “libros de texto” o se les otorguen “subsidios para formación”… con el eufemismo de que no hay por ello “compromiso alguno de contraprestación” por su parte? Porque hay estudios que demuestran fehacientemente que esas acciones hacen aumentar las ventas de los medicamentos de quien  patrocina tales acciones.
Santiago Martín Moreno, médico internista del Hospital General de Segovia, así lo reconocía en un reciente artículo publicado en la revista Medicina Clínica: “Es ingenuo negar la influencia de los regalos que recibimos sobre nuestro comportamiento. Sería acusar también de ingenuidad a una de las industrias más poderosas del planeta cuando se gasta miles de millones en regalos promocionales si no obtuviese ninguna contrapartida”. Le honra su sinceridad.
Es más, el Colegio Americano de Médicos reconocía hace poco en Annals of Internal Medicine el inmenso poder de persuasión de esos obsequios y servicios gratuitos porque generan una especie de obligación compensatoria, de reciprocidad”.
La organización médica norteamericana exige también “mayor transparencia a los investigadores que publican ensayos clínicos en las revistas profesionales” y que puedan “incurrir en algún conflicto de interés a causa de la naturaleza de su contacto con los promotores”. Y la misma transparencia pide a las sociedades médicas e instituciones dedicadas a “formar” a los médicos para que les expliquen “quién” financia esos cursos dejando claro a los asistentes además cuál es el “material docente” y cuál el “comercial”.
Algo muy importante porque, como dice Jaime Aubia, vicepresidente del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona, con todo esto “lo que se está cuestionando es cómo se genera el conocimiento científico, cómo se está investigando, qué se está investigando y cuál es el grado de influencia sobre los investigadores, sobre los líderes de opinión y sobre las publicaciones. Es decir, sobre los médicos que están en el origen del conocimiento científico”.  Un colegio que se ha planteado la posibilidad de amonestar públicamente a los médicos que, participando en estudios farmacológicos, acepten maquillar algunos de los resultados. Y a aquellos que acepten dinero por poner sus nombres en artículos hechos por personal de las empresas farmacéuticas hablando de trabajos y resultados en los que no han participado. Una práctica demasiado habitual hasta ahora.
Lo hemos dicho en esta revista hasta la saciedad: la credibilidad de muchos estudios “científicos” puede -y debe- ser puesta en entredicho. Y los médicos deberían replantearse si lo que hasta ahora han dado por bueno y creen “saber” es correcto o no. Urge una revisión completa de la situación del ámbito sanitario y de los “conocimientos médicos”. Siempre que -a pesar de sus declaraciones- los colegios médicos lo permitan. Que lo dudamos.