No se quieren médicos independientes no controlados


La OMC defiende la colegiación universal y obligatoria 

LaOrganización Médica Colegial (OMC) –entidad integrada por los presidentes de los distintos colegios médicos de España- aprobó recientemente por unanimidad un documento que postula la obligatoriedad de la colegiación para poder ejercer. ¿La razón o excusa? Que quieren asegurarse de que lo que hace o no cada médico es “deontológicamente correcto”, algo que exigen decidir ellos mismos, es decir, quienes controlan la profesión desde sus cargos de poder a través de comisiones deontológicas.

Asimismo decidieron estudiar los requisitos que deben cumplir los médicos extranjeros para que puedan colegiarse en nuestro país; entre ellos, si tienen los conocimientos mínimos exigibles y los títulos que presentan son auténticos y no comprados. Y es que como los colegios médicos no pueden negar el ingreso a quien el Ministerio de Educación ha convalidado su título y los fraudes son hoy tan numerosos quieren estar en disposición de poderles antes exigir unas pruebas que demuestren que realmente saben de Medicina.

En la misma reunión se presentaron dos informes realizados por la Comisión Central de Deontología de la organización OMC. Uno sobre la campaña de La píldora del día anterior que fue calificada sin más de mera “publicidad encubierta” y otro sobre La libertad de prescripción dadas las medidas adoptadas por diversas comunidades autónomas para “racionalizar” el gasto farmacéutico (cuando lo único razonable respecto a los fármacos es exigir la retirada de todos los que no se justifican, es decir, de la inmensa mayoría).

Según la OMC el “control de la profesión” –ejercido por ellos, evidentemente- garantiza a los ciudadanos “un servicio éticamente responsable” al ser “los garantes de la mejor praxis” y velar ante las “posibles desviaciones en el ejercicio profesional”. De ahí que infieran que la colegiación “obligatoria y universal” sean ”un bien social” que beneficia tanto a los ciudadanos como a los médicos. Añadiendo que la única fórmula para garantizar “la buena práctica profesional” es la “universalización” de su control ya que “si no involucra a todos los ejercientes no hay control”.

La OMC ha llegado a dar “16 razones fundamentales para la colegiación universal obligatoria” que en realidad constituye todo un ejercicio de retórica. Como que así “se garantiza a todos los ciudadanos un servicio profesional y humanista éticamente responsable”, que ello “forma parte del contrato social implícito de la profesión médica con la propia sociedad bajo el principio de subsidiariedad”, que “la propia naturaleza de la profesión médica, desde la categorización sociológica moderna, otorga capacidad de autorregulación profesional para reforzar las funciones y competencias subsidiarias de servicio incondicional a la ciudadanía sanitaria”, que “los objetivos, acciones y proyectos promovidos por los Órganos Rectores Colegiales de los médicos responden a políticas activas de promoción de la salud y de garantías de un profesionalismo socialmente responsable”, que “la Institución Colegial Médica contribuye a articular un tejido profesional, cívico y social insustituible en el marco de una sociedad civil avanzada y participativa”, que “permite que los profesionales médicos se involucren más activamente en el sistema de gobernanza de los derechos sustantivos de ciudadanía sanitaria, tutelados de forma permanente por la OMC”, que “la profesión médica española esté presente y participe en todos los foros profesionales internacionales”, que así “se representa institucionalmente y de forma transversal a la profesión médica con un Órgano Rector único obligado a responder ante el dinamismo disruptivo del conocimiento médico, y en especial, a su compleja -y con frecuencia divergente- estructura especializada en las ciencias de la salud”, que ello se justifica “por la capacidad de adaptación y de respuesta ante el dinamismo en la génesis del conocimiento especializado contribuyendo por ejemplo a la necesaria integración asistencial, docente e investigadora en el ejercicio profesional y permitiendo una gestión eficiente de estas tres funciones a lo largo de la vida del conjunto de la comunidad médica y de cada uno de los profesionales en el ámbito de su especialidad y puesto de trabajo”, que permite “dotar de mayor flexibilidad a los instrumentos de gobierno profesional para enfrentar situaciones y cambios constantes e imprevisibles en el ámbito sanitario y social así como dinámicas políticas y económicas complejas como crisis sanitarias, nuevas leyes que condicionan el ejercicio medico, la formación especializada o plantean dilemas éticos, políticas del medicamento, decisiones administrativas que afectan a la libertad profesional”, que se logra ”una mejor aceptación profesional de las reglas y normas reguladoras que vengan desde el propio acervo y cultura de la profesión, y que permitan aprovechar el extraordinario interés médico por mantener y poner en valor su reputación social” añadiendo que “ello sólo puede ocurrir si se mantiene la regulación y los mecanismos de control dentro de los ámbitos colegiados profesionales”, que se logra “unas mayores garantías de buen gobierno profesional – a posibles requerimientos de la autoridad sanitaria- para responder sobre bases epidemiológicas y poblacionales ante situaciones sanitarias y sociales complejas”, que se obtiene “una mayor eficacia y celeridad para identificar y gestionar desde principios de legitimación pública los incumplimientos o malas prácticas profesionales, o para responder desde la lógica del buen gobierno a las frecuentes y legítimas diferencias intraprofesionales en los dominios de la bioética y otras dentro de las disciplinas afines”, que permite “contribuir desde la participación democrática y profesional a los procesos de evaluación de las innovaciones organizativas, tecnológicas y de gestión así como de la práctica clínica”, que permite “instrumentar con mayor efectividad la gestión de quejas y reclamaciones, tanto de los pacientes o ciudadanos como de los propios profesionales” y que se logra “normalizar desde la confianza y lealtad las relaciones agenciales en el ámbito político y social, con la estructura y marco regulador colegial en el ejercicio profesional de la Medicina”.

Pero, ¿qué hay realmente detrás de la colegiación obligatoria y universal y por qué los presidentes de los colegios médicos insisten actualmente tanto en ella? Pues es sencillo: para empezar exigen que sea obligatoria porque si fuera voluntaria la mayoría de los médicos ya se habría dado de baja de sus colegios. Sencillamente porque pagan sus cuotas y lo único que realmente reciben son ofertas y ventajas comerciales por pertenecer al colectivo (menos primas en los seguros, viajes, hoteles, talleres, créditos, hipotecas, regalos…). El resto son obligaciones, cortapisas y amenazas. ¿Que un médico no aplica el tratamiento o protocolo que han decidido quienes en cooperación con la industria farmacéutica manejan el negocio sanitario? Se le expedienta. ¿Que ejerce un tratamiento no aprobado o bendecido por ellos? Se le expedienta. ¿Que utiliza terapias que ellos no han bendecido como “científicas” y médicamente aceptables? Se le expedienta. ¿Que trata por ejemplo el cáncer de forma natural sin quimioterapia y radioterapia porque no acepta las tesis impuestas por la gran industria a los oncólogos? Se le expedienta. ¿Que no hace caso de lo que le dicen que tiene que pensar, hacer y decir? Se le expedienta. Los médicos no deben tener derecho a pensar por su cuenta, a estudiar lo que no ha sido oficialmente “bendecido” o a ejercer libremente según lo que le dicte su conciencia y su leal saber y entender. ¿Que alguno osa hacerlo? Se le acusa de “mala praxis” y se le expedienta. Y al que no pida perdón y vuelva al redil de inmediato se le inhabilita profesionalmente alegando que pone en riesgo la salud y la vida de los ciudadanos así como el buen nombre y prestigio de la profesión. Al que sigue las órdenes, en cambio, se le premia. ¿Que lleva a la muerte a 100.000 españoles cada año envenenando y sometiendo a altas dosis de radiación a sus pacientes? Se le premia con distinciones, prebendas y buenos sueldos. ¿Que se presta a vacunar a millones de personas inoculándolas fármacos que jamás han demostrado su eficacia y a los que se han añadido venenos innecesarios por cuya causa muchas sufren graves secundarios cuando no se les lleva a la muerte? Se le felicita, valora y asciende. ¿Que acepta recetar antirretrovirales a quienes se diagnostica como “portadores del VIH” o “enfermos de SIDA” a pesar de que nadie ha demostrado siquiera la existencia de ese supuesto retrovirus? Se le felicita por su labor humanitaria. Y así podríamos continuar hasta la náusea.

¿Colegiación universal obligatoria? Es absolutamente necesaria porque la gran industria farmacéutica no puede andar convenciendo uno por uno a todos los médicos de que sus fármacos son “eficaces” y constituyen la mejor solución para tratar las llamadas “enfermedades”. Los médicos deben aceptarlo sin rechistar y asumir los protocolos aprobados por las asociaciones de profesionales -nacionales e internacionales- que ellas mismas han creado al efecto y, por supuesto, controlan. Como controlan la enseñanza de las facultades de Medicina. Porque la gran industria farmacéutica puede ocuparse de “convencer” a unos cuantos pero no a decenas de miles en cada país. Así que la solución que adoptaron fue la que mejor entienden quienes la controlan: ”militarizarlos”. Y al que no obedezca se le prohíbe ejercer… en nombre de la libertad, la ética, la salud, la vida y la democracia, por supuesto. ¡Faltaba más!