Los médicos quieren quedarse la exclusiva del ejercicio de las terapias no convencionales

Tras pasarse años diciendo que no habí;a evidencias científicas de su validez…

Después de pasarse años diciendo que no había evidencias científicas que validaran la eficacia de las terapias no convencionales las organizaciones médicas españolas, en un ejercicio sin precedentes de esquizofrenia, cinismo e hipocresía, reclaman ahora ¡la exclusiva de su ejercicio! e, incluso, ¡que se considere profesionalmente “intruso” a todo el que las ejerza sin ser médico! Y a tal efecto han emitido un comunicado afirmando que «es necesario y urgente que la Administración regule la formación en materia de medicinas no convencionales contando con el consenso de la Organización Médica Colegial (OMC) y el Consejo Nacional de Especialidades Médicas a fin de acreditar la capacitación de los facultativos que se dediquen a ello y la regulación de los centros donde se practiquen para así ofrecer garantías a los ciudadanos”.
Así lo reivindicaron hace escasas semanas los presidentes de los colegios médicos presentes en la asamblea de la Organización Médica Colegial que aprobó por unanimidad los criterios de baremación para el visado de capacitación de esas terapias. ¿La razón? Según el presidente de la OMC, Guillermo Sierra, que “las terapias complementarias son cada vez más demandadas por la sociedad«. Una afirmación que corrobora los datos ofrecidos recientemente por Stephen E. Straus -director del Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa de Estados Unidos- al comentar la encuesta anual que realiza el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades norteamericano. ¡Y es que el 55% de los estadounidenses reconoce ya que se trata con ellas combinándolas con los tratamientos de la medicina convencional! Es más, el número de visitas a las consultas de terapias no convencionales ¡supera ya al de los centros de atención primaria! Y, claro, el pánico empieza a apoderarse de nuestros oficiales recetadores de fármacos inútiles y yatrogénicos.
En suma, los médicos españoles pretenden que «nadie pueda ejercer la medicina, incluida la alternativa, sin ser médico” y que se acuse a quien lo haga de “intrusismo profesional«. Dándose la paradoja de que algunos colegios médicos han creado en los últimos años secciones de Naturismo, Homeopatía y Acupuntura para agrupar a todos esos médicos que un día, haciendo caso omiso de lo dicho por sus propios dirigentes colegiales durante años sobre su escasa utilidad, decidieron formarse por su cuenta en esas disciplinas. Aunque en realidad la medida se tomó por el evidente riesgo de división del colectivo médico.
En todo caso, lo más sangrante y vergonzoso –como ya hemos denunciado otras veces- es que esos mismos colegios médicos han habilitado cursos de postgrado o másters en tales disciplinas dedicándose a otorgar titulitos sin validez académica alguna a sus asociados usurpando así las competencias que corresponden al Ministerio de Educación y Ciencia.
El presidente del Consejo Gallego, Sven Gunter, ha llegado a declarar que “el auge de este tipo de medicinas quizás tenga que ver con que los médicos no dedicamos suficiente tiempo a nuestros pacientes». Obviamente, no se plantea que lo que en realidad sucede es que cada vez es mayor el número de gente consciente de que la medicina convencional, alopática o farmacológica es incapaz de tratar con éxito el 95% de las llamadas enfermedades.
En esta revista estamos convencidos de la imperiosa necesidad de que las llamadas medicinas alternativas sean académicamente reguladas cuanto antes. Y que se creen los centros universitarios adecuados para ello. Lo que carece de sentido es habilitar para su ejercicio –y además de forma exclusiva- precisamente a las organizaciones que no sólo no creen en sus fundamentos científicos… sino que los niegan. Es absolutamente ridículo.