Sanidad ataca a Fernando Sánchez-Dragó por decir que la melatonina es estupenda

 

Bastó que a Fernando Sánchez-Dragó se le ocurriera decir en el programa Diario de la nocheque dirige en Telemadrid que la melatonina "forma parte de mi elixir de la eterna juventud" recomendando su consumo a los espectadores y criticando a la Administración española por impedir su venta libre -cuando puede adquirirse sin receta en medio mundo, en muchos países hasta en supermercados y cualquiera puede por ello comprarla por Internet- para que a algún botarate del Ministerio de Sanidad y Consumo se le ocurriese acusarle de hacer “publicidad” de un “fármaco” que requiere “receta” -en nuestro país sólo se permite su venta en farmacias y desde apenas hace unos meses- y trasladar la cinta del programa al Abogado del Estado para que éste “estudiase” si cometió por ello delito ya que no está entre los fármacos que pueden anunciarse sin autorización. Y claro, en esta revista nos preguntamos si los funcionarios y cargos políticos que campan a sus anchas por ese ministerio saben distinguir entre información y publicidad o han llegado ya al extremo de que de tanto confundirla ellos en sus actuaciones y declaraciones no saben discernir tampoco cuándo alguien ajeno a ellos se limita a dar información pura y dura.
Al parecer la chorrada se le ocurrió a la Dirección General de Farmacia, siempre lista para retirar del mercado cualquier producto natural e inocuo que sea útil y pueda quitarle cuota de mercado a los fármacos de las grandes multinacionales que no curan nada y encima provocan graves afectos secundarios. Claro que los ministerios de Sanidad de todo el mundo, como tantas veces hemos denunciado, no están al servicio de la salud y de los ciudadanos sino de las grandes multinacionales farmacéuticas cuyos intereses –que no los nuestros- salvaguardan.
Todo el mundo sabe –o debería saber porque es información pública al alcance de cualquiera- que la melatonina es una hormona natural que produce la glándula pineal y se conocen de ella numerosas propiedades. El lector tiene amplia información al respecto en el reportaje que le dedicamos en el nº 83 de la revista (léalo en www.dsalud.com). Texto en el que, entre otras muchas cosas, explicamos que se trata “del antioxidante endógeno más potente que se conoce con innumerables implicaciones terapéuticas”. De hecho se calcula que su capacidad antioxidante es 5 veces mayor que la del glutation y más efectiva en la eliminación de radicales libres que la vitamina E y el ácido ascórbico. Y añadíamos: “Se ha demostrado que si bien su función principal es coordinar y regular los ritmos biológicos también participa en gran variedad de procesos celulares, neuroendocrinos y neurofisiológicos, potencia y estimula el sistema inmune, mejora las funciones de otras glándulas y ayuda a prevenir enfermedades graves -incluido cáncer-, entre otras propiedades. Todo ello sin que se conozcan efectos secundarios indeseables importantes. Si a ello añadimos que cada semana ven la luz nuevos estudios científicos sobre sus beneficios resulta difícil explicarse porqué en España no se autoriza su venta ni siquiera como complemento dietético”.
Asimismo explicábamos que es “un excelente citoprotector natural que ayuda a reducir la presión arterial, combate ciertos desórdenes emocionales, mejora la actividad sexual, puede prolongar la vida y es útil  en otras dolencias”. De hecho hace ya 17 años un trabajo con ratones mostró que el suministro de melatonina prolongaba su vida en un 15%, presentaban menos achaques y enfermedades, y envejecían más lentamente. Estudios posteriores con otras dosis lograrían elevar ese porcentaje hasta el 20%.
Está asimismo demostrado que aumenta la producción de células defensivas e inhibe la síntesis de ADN en al menos siete tipos de células tumorales además de participar en la apóptosis de las células cancerosas. También se sabe que posee capacidad antiangiogénica y antiinflamatoria.
Son miles los estudios científicos que respaldan tales propiedades. Y sin contraindicaciones ni efectos secundarios a las dosis adecuadas por lo que la actitud del Ministerio de Sanidad y Consumo español es, lisa y llanamente, grotesca. Especialmente porque informar de los resultados obtenidos en los estudios científicos no puede jamás considerarse publicidad.
¡Hasta ahí podíamos llegar!