Cáncer: el rotundo fracaso de la Quimioterapia

La Quimioterapia consiste básicamente en el tratamiento del cáncer mediante sustancias químicas. Y éstas son, básicamente, de dos tipos: citostáticas –intentan impedir que las células cancerosas se multipliquen- y citotóxicas -destruyen las células cancerígenas-. El problema es que, al margen de su grado de efectividad, no son “selectivas” y, por tanto, también afectan a las células sanas. De ahí sus brutales efectos secundarios. Aunque lo más grave es que a pesar de tales efectos yatrogénicos y sus prácticamente nulos resultados se trata a la inmensa mayoría de los pacientes con ellas.

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La Quimioterapia es uno de los tratamientos más indefendibles de la medicina moderna. Y sólo el hecho de que se presente por los médicos como la única alternativa a una muerte segura permite entender que los pacientes acepten someterse al deterioro físico y psíquico que provoca, más cercano casi a la tortura que a la medicina.

Basta leer los efectos secundarios reconocidos en los prospectos de cualquiera de los productos anticancerígenos que actualmente se comercializan para constatar que si se utilizaran en una persona sana –para qué hablar de una enferma- lo más probable es que ésta acabara muriendo.

Sólo existe una certeza sobre la Quimioterapia: todos los fármacos que se utilizan contra el cáncer son tóxicos y además bajan las defensas naturales del enfermo. Y -por si fuera poco- la mayoría son también cancerígenos.

La Quimioterapia es uno de los tratamientos más devastadores -física, psíquica y emocionalmente- a los que puede someterse una persona enferma de cáncer.  El daño interno que producen se comprueba rápidamente.

A pesar de que la mayoría de los médicos sabe que la Quimioterapia es ineficaz se ven coaccionados a usarla por la presión de la industria.

“Los médicos generalistas –afirma el doctor Alan Levin- son intimidados para seguir protocolos que se sabe que no funcionan. Uno de los ejemplos más evidentes es la Quimioterapia, que no funciona en la mayoría de los cánceres”.

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Junio 2003
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