Las verdaderas razones del fracaso escolar

 

¿Cómo se explica que uno de cada tres niños fracase en la escuela? ¿Tienen sentido las explicaciones que se dan sobre ello? ¿Es culpa del niño? ¿Quizá es que es menos inteligente que sus compañeros? ¿Más vago o rebelde? ¿O es fallo del sistema educativo? Pues bien, a juicio de Carlos Gardeta, director de los Institutos Fay para la Estimulación Sensorial, la mayor parte de los fracasos se debe probablemente a que esos niños tienen una pequeña disfunción por inmadurez del sistema nervioso central. Un problema que podría ser fácilmente corregido si padres, profesores y autoridades no siguieran ignorándolo.

Es ya habitual en estas fechas, recién finalizado el año escolar, ver en los medios de comunicación social multitud de artículosque expresan la preocupación de padres, educadores, responsables de instituciones educativas públicas y privadas, psicopedagogos y políticos por un asunto de interés tan crucial como el fracaso escolar, problema que afecta a uno de cada tres niños, que luego se convierten en uno de cada tres adultos. Sólo que esta situación no se circunscribe a nuestro país ni a la actualidad sino que se viene produciendo desde hace años y en sociedades muy dispares entre sí. ¿Cómo se explica pues el fenómeno?

UN PROBLEMA GLOBAL

Como decimos, en el resto de los países occidentales se produce el mismo fenómeno y prácticamente en el mismo porcentaje. Conscientes pues de que se trata de un problema que afecta a muchas familias nos pusimos en contacto con Carlos Gardeta, director de los Institutos Fay para la Estimulación Sensorial, ubicados en Aravaca (Madrid), un centro al que llegan a diario casos de fracaso escolar. Y como quiera que se trata de un hombre tan afable y abierto como sincero fuimos directamente al grano.

-¿Tiene ustedes datos sobre el actual porcentaje de fracaso escolar?

-Sí. Y son escalofriantes. El 33%, una tercera parte de los niños en edad escolar, fracasa. Es decir, no consiguen aprobar los cursos, no logran formarsey pasar al último nivel educativo escolar.

-Pero, ¿se trata de una situación nueva? Y, por otra parte, ¿ocurre sólo en España o también en otros países?

-La respuesta a esas dos preguntas da precisamente la clave del problema, algo que no se quiere entender. Mire usted, el fracaso escolar se repite año tras año desde hace mucho tiempo. Y ocurre en un alto porcentaje de niños tanto aquí como en los demás países occidentales. Luego la causa no puede ser el sistema educativo ya que es distinto en unos sitios y otros. No son iguales ni los medios, ni el número de alumnos por clase, ni la calidad de los profesores, ni las enseñanzas impartidas, ni los sistemas de evaluación… Y en todos lospaíses, aunque se mejoren esas condiciones, el problema del fracaso escolar persiste. Es obvio pues que la causa de lo que ocurre tiene que ser otra. Es de sentido común. De hecho, todas las “soluciones” aportadas hasta ahora por los expertos se han demostrado ineficaces. Algo que llevamos años anunciando y denunciando sin que se nos escuche.

-¿Según usted se está enfocando mal el problema?

-Es que el problema del fracaso escolar tiene tantos “enfoques” como intereses existen entre las diferentes partes implicadas en el mismo: los padres, los profesores, los psicólogos, los empresarios del sector y, sobre todo, las autoridades educativas…

-¿Las autoridades, sobre todo…?

-Sí. Tienen una gran responsabilidad en este asunto porque como en el fondo no saben qué se puede hacer para resolverlo se dedican a pasarse la pelota unos a otros para quitarse el muerto de encima.

-¿Y los padres?

-Los padres carecen de la suficiente información y se encuentran inermes ante la burocracia y los complicados y elaboradísimos informes que les entregan sobre sus hijos de los que, a veces, no entienden nada. Con lo que muchos deciden –en parte para eludir su responsabilidad- dejar todo en manos de los expertos.

-Percibimos cierto retintín cuando menciona la palabra expertos. ¿Incluye en esa apreciación un tanto sarcástica a los psicólogos?

-A muchos. La mayoría de los psicólogos, sumidos en farragosas doctrinas según la escuela a la que pertenezcan, emiten juicios, formulan teorías y proponen soluciones que, al menos de momento y en este campo, han fracasado con notable estrépito.

-¿Y los profesores…?

-Ellos son la diana de las demandas de los padres. La mayor parte se limita a atribuir el problema de esos niños a una necesidad de mayor disciplina y eso es lo único que hacen: aplicarles mayor disciplinay horas de aplicación.

-Es decir, que a su juicio todos los estamentos implicados se limitan a pasarse la “patata caliente”.

-Exacto. “Balones fuera” parece la consigna general. Y mientras, se sigue dando un aterrador 33% de alumnos que no logra entroncarse con el sistema educativo vigente y que no llega a completarlo con éxito. Y yo me pregunto: pero bueno, ¿es que nadie se para a preguntarse en serio qué está pasando?

-Pero, ¿por qué afirma que no son razonables las explicaciones que dan todos esos grupos?

-Verá, hay que partir de la consideración antes expresada de que estamos ante una especie de constante biológica: el 33% de los niños occidentales son incapaces de adaptarse a unas normas educativas…. que son distintas en los diferentes países. Este hecho, por sí mismo, excluye la variable del sistema educativo. Además, la prueba más evidente es la uniformidad de fracaso que se ha producido en todos los planes de estudio, de los que hemos tenido en los últimos treinta años un riquísimo muestrario en nuestro país.

-Pues hablamos de millones de niños…

-Eso es. Millones de niños que están siendo sentenciados al fracaso escolar antes de que lleguen a cumplir los 14 años, algo que va a ser determinante para su futuro, su autoestima y su vida con el impacto global que además tendrá en la sociedad del futuro.

¿POR QUÉ ESE FRACASO ESCOLAR?

-¿Y no podrían los propios alumnos darnos las claves del problema?

Si se les pregunta a los alumnos suelen responder simplemente que les cuesta mucho hacer bien algunas de las tareas que se les exigen. En cambio, si preguntamos a los que les tienen a su cargo lo que dicen es que son distraídos, vagos, inconstantes, niños que no prestan atención a lo que hacen. Sin embargo, todos sabemos que un niño es el ser más inquisitivo y curioso que existe, capaz de cualquier cosa para procurarse información y explicación de todo lo que tiene alrededor. Y sólo cuando no está sano o tiene dificultades biológicas es cuando se “apaga” esta actividad desbordante y arrolladora.

Verá, cuando se examinan los informes periódicos realizados por equipos profesionales que han evaluado procesos de este tipo, como yo he hecho en centenares de casos, uno observa que el fracaso no ha sido un hecho puntual e inadvertido sino todo lo contrario. Es más, lo común es que se haya hecho pasar al niño por un via crucis casi público. Bueno, al niño acompañado por todo un coro formado por sus padres, equipos psicopedagógicos, logopedas, psicólogos, algún que otro médico, profesores, etc. Pues bien, esos informes suelen aseverar que el niño tiene problemas de lectura y de comprensión, que es lento a la hora de captar el lenguaje oral, que le falta concentración, que su nivel de atención es inconstante e insuficiente, que no está conectado en tiempo real a lo que sucede, que no es maduro para entender lo que pasa a su alrededor, que no es capaz de mantener una postura adecuada, que es desordenado, que es vago… Pero nunca explican la causa de esos comportamientos ni, por tanto, ofrecen un tratamiento dirigido a resolver el problema.

LA VERDADERA CAUSA DEL FRACASO

-¿Y cuál es entonces el “quid” de la cuestión?

-Mire, hay un porcentaje importante de fracaso escolar que se produce en todos los países con poca variación, independientemente de su latitud geográfica, del sistema educativo imperante, de las escuelas de formación, del profesorado, de las corrientes ideológicas, de los factores socioeconómicos, etc. Luego tiene que haber un factor oculto que explique este fenómeno universal e independiente del sistema educativo.

-La pregunta es evidente: ¿cuál es ese factor oculto?

-El descubierto hace ya años a la luz de los modernos conocimientos de la Neurología y la Psicología en lo que a la comprensión del funcionamiento del cerebro se refiere. Hoy se puede comprobar científicamente que en muchos de esos niños las funciones cerebrales que debieran ser capaz de realizar con cada uno de sus órganos sensores no están neurológicamente maduras por lo que algunas -o todas- de las funciones musculares complejas, como el desplazamiento, la manualidad o la función ventilatoria asociada al lenguaje, no están bien desarrolladas.

-Perdone, ¿está diciendo que el fracaso escolar se debe muchas veces a un incorrecto desarrollo del sistema nervioso central y cerebral del niño?

Exactamente. Está constatado que en muchos casos los niños presentan unas mínimas disfunciones debido a que el sistema nervioso central no se ha desarrollado plenamente. Disfunciones ligeras, eso sí, pero que si no son corregidas pueden conducir al niño al fracaso escolar, en el presente, y al profesional y vital en el futuro. Hablo de dismetrías sensoriales, es decir, formas de percibir las cosas de manera ligeramente diferente a como son en realidad por lo que no son entendidas correctamente. Es algo que sume al niño en una evidente confusión y de ahí la lentitud, sus desorganizadas respuestas y el tremendo esfuerzo que le supone comprender las cosas. Una situación que hace que todo se vaya volviendo cada vez más complejo y difícil para él. Así que lo que hace es ir abandonando las tareas que le requieren mayor esfuerzo y desgaste, de todo aquello que precisa de la participación de varios sentidos y de una coordinación muscular compleja.

En esas circunstancias al niño o adulto no le gusta leer por el esfuerzo que le supone y lo infructuoso del resultado con lo que las actividades escolares o laborales que requieran de esta tarea se verán afectadas y el retraso se incrementará aun cuando vaya desarrollando sistemas compensatorios, “muletas” que maquillan su incapacidad.

REORGANIZACIÓN NEURONAL

¿Y hay algo que se pueda hacer para resolver ese problema?

-En los Institutos Fay lo estamos haciendo. Mire, hemos desarrollado una metodología analítica que nos permite encontrar aquellos niveles de organización cerebral en los que hay una deficiente -o, incluso, casi inexistente- red neuronal. Hecho esto, las “herramientas” que empleamos para recuperar al niño son simples programas terapéuticos domésticos con los que poco a poco logramos una completa reorganización neuronal.

-¿A qué se refiere con “domésticos”?

-A que se llevan a cabo en casa y son los padres quienes los ponen en práctica. Nosotros les damos las directrices pero son ellos quienes se implican de forma práctica en el tratamiento de sus hijos.

-¿Y realmente se pueden recuperar conexiones neuronales incorrectas o inexistentes con unos simples ejercicios?

-Sí. Con algo tan simple como restaurar el ritmo y la organización neurológica que, por una razón u otra, se vio afectada en un momento determinado del desarrollo del niño durante su crecimiento. El tratamiento se acompaña de terapias de estimulación del cerebro en las áreas afectadas. Son ejercicios muy simples con los que se logra una estimulación frecuente de baja intensidad. Es decir, es un tratamiento causal y no meramente sintomático.

LA IMPORTANCIA DE LOS SENTIDOS

-Pero, ¿ cómo se logra esa reestimulación del cerebro?

-A través de los sentidos. Ellos son los canales de entrada de información al cerebro. Aunque de los cinco, la vista, el oído y el tacto son los más importantes.

En el caso de la vista, por ejemplo, la función visual cerebral requiere de la adaptación pupilar y de una correcta actividad nerviosa de los músculos oculares extrínsecos. Sólo de esa forma es posible una perfecta adecuación a la luz ambiental que permita al cerebro percibir nítidamente contornos y detalle. Además, al ver de forma simultánea con los  dos ojos producimos la estereovisión cerebral que permite localizar y fijarse en cualquier punto cercano o lejano en el espacio. Pues bien, si eso no ocurre el niño ve como si le hubieran administrado un colirio suave para paralizarle la acomodación de la pupila y el movimiento ocular. Y si no es capaz de mantener un tono adecuado de los músculos extrínsecos se produce un cierto grado de estrabismo con la lógica alteración de la función cortical de la lectura y su comprensión.

-Mencionaba también el sentido del oído…

-Sí. Ocupa el segundo lugar en importanciay en muchos casos el primero. Durante las pruebas analíticas hemos de localizar los trastornos del área cerebral auditiva, máxime cuando la compleja función auditiva sensorial está abierta constantemente a un mundo de estímulos cuyo desajuste es fuente de graves problemas. El cerebro necesita tener la suficiente capacidad de discriminación de frecuencias auditivas con la fineza necesaria y ser estimulado a niveles adecuados. Cualquier alteración de esta función lleva a la imposibilidad de centrarse en lo que se quiere oír y todo lo que acontece simultáneamente, generándose de otro modo una causa permanente de perturbación neurológica que, con frecuencia, se convierte a su vez en causa desorganizativa de otras funciones.

-¿Quiere decir que hay frecuencias que pueden ser interpretadas por el cerebro como lesivas y ser rechazadas por inadecuadas?

-Eso es. Y hay que decir que el nivel de decibelios que existe en un aula de educación infantil no lograría pasar una inspección laboral de seguridad en el trabajo porque a veces se alcanzan niveles similareso superiores a los de una fábrica. Esta circunstancia potencia la dificultad de discernir la voz del educador y el contenido y significado de lo que dice. Entonces el niño desconecta y se repliega sobre sí mismo. Todo esto lleva a un retraso en la capacidad de desciframiento acústico del lenguaje.

-¿Y lo mismo puede ocurrir con el tacto? ¿Puede ser también fuente de estímulos potencialmente inadecuados?

-Sí. Verá, el tacto genera un riquísimo mundo de información. Una buena percepción táctil es imprescindible y presupone la ausencia de reflejos táctiles que interferirían con una imagen homogénea de uno mismo a nivel cerebral así como de la capacidad de discriminar entre sensaciones parecidas pero distintas. Si no se diera una percepción correcta tendríamos una incapacidad para sentir llevando al cerebro a no saber lo que está sucediendo en el cuerpo y, por tanto, no lo podría reequilibrar a nivel físico e inmunológico. Y, por cierto, falta hablar de la importancia de otro “sentido” que casi nadie tiene en cuenta.

-¿Cuál?

-Uno que siempre se ignora porque apenas se conoce: el que capta la fuerza gravitatoria de la Tierra sobre nosotrosy permite descifrar los cambios de posición y los parametros que interviene en el movimiento de nuestro cuerpo y por lo tanto en la coordinación y cuya percepción continua y correcta posibilita que la percepción de los otros sentidos sea correcta.

PUNTO FINAL

-En suma, según usted la mayor parte de los casos de fracaso escolar se deben a desorganizaciones neurológicas en los niños que, además, se pueden corregir con unos simples ejercicios.

-Simple y llanamente, sí. En buena parte de los casos, las razones del fracaso escolar se deben a un problema de alteraciones anatómicas o neurológicas del cerebro que hacen que éste no pueda adaptarse a un medio progresivamente más complejo.

-Nuestra última pregunta es obvia: ¿realmente se recuperan los niños que se someten a las terapias que ustedes propugnan para resolver el problema? ¿Superan sus dificultades de aprendizaje escolar?

-Nuestra metodología analítica funcional y la terapéutica desarrollada nos ha permitido obtener un alto grado de resultados positivos. Y le aseguro que es una auténtica satisfacción poder reintegrar a un niño que tenía dificultades de aprendizaje a su medio natural sin la patología que le generaba su fracaso escolar. Especialmente porque lo hacen con un nivel de autoestima mucho mayor que le proyecta hacia una vida plena en todos los órdenes.

L. J.
 

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Julio - Agosto 2002
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