Fermín Cabal: “La regulación de las medicinas alternativas es imperiosa”

 

Presidente del Consejo General de Colegios Médicos Naturistas de España, Fermín Cabal lleva décadas luchando para dar a las llamadas Medicinas Alternativas el rango universitario que merecen y lograr el reconocimiento profesional y social para los terapeutas que las aplican. Exigiendo, sobre todo, que no se institucionalice la falacia de que son los médicos alópatas quienes deben practicar esas terapias por la sencilla razón de que no hay una sola asignatura en la carrera de Medicina que imparte esas enseñanzas. Hemos hablado a fondo con él.

Su voz denota la determinación de quien está seguro de lo que afirma. Con el añadido de que no oculta lo que piensa. También se percibe que está dolido. Muy dolido. Años de lucha contra un sistema sordo, corrupto y plagado de intereses marcan a cualquiera. Quizás por eso se expresa a veces de forma torrencial e, incluso, visceral. Reacción inevitable ante el profundo rechazo que le provoca la injusticia que lleva años sufriendo. A pesar de lo cual, Fermín Cabal mantiene la misma ilusión que en su juventud y aún confía en que se termine dando razón a sus reiteradas demandas y reivindicaciones. Demandas que, harto de pedir según las normas, exige ya en voz alta y evidente contundencia. Algo que en los últimos años le ha generado fama de intransigencia y falta de diplomacia. Hemos hablado con él a calzón quitado.

-Es usted presidente del denominado Consejo General de Colegios de Médicos Naturistas de España. ¿Puede decirnos cuántas personas aglutina la entidad que representa y qué tipo de profesionales se hallan en él integrados?

-Fui elegido presidente del Consejo General de Colegios de Médicos Naturistas de España, por voto unánime, en la asamblea celebrada en Madrid el 28 de octubre de 1999 con la concurrencia de más de un centenar de asociaciones de profesionales parasanitarios. Hoy están asociados en ella 7.756 personas aunque se calcula que en España ejercen estas medicinas más de 70.000 profesionales que confiamos ingresen pronto. De hecho, está teniendo lugar últimamente un gran aluvión de altas.

-¿Y por qué no se habían dado de alta aún?

-Muchos terapeutas no se daban de alta por temor a las represalias ya que se nos persigue como si fuéramos alimañas. Hay una situación de indefensión tremenda que genera angustia y hasta miedo. Si se hubieran refrendado nuestros estatutos, elevados al Gobierno en marzo del 2000, se habrían dado ya de alta varias decenas de miles de terapeutas que están deseando inscribirse. Sin embargo, los desprecios ignominiosos, los insultos y la pertinaz postura conculcadora de la legalidad de algunos funcionarios públicos y de la propia ministra de Sanidad además de los colegiados médicos, farmacéuticos, ATS, etc., con constantes amenazas y denuncias, hacen imposible aglutinar pacíficamente a nuestros atemorizados colegas. Tenga en cuenta que en el Ministerio de Sanidad y Consumo trabajan como funcionarios muchos médicos convencionales y eso facilita información privilegiada.

Le aseguro que es un auténtico desmadre lo que sucede, una sistemática violación de los derechos humanos como lo prueban los miles de escritos elevados a los poderes fácticos de la Salud, todos sin respuesta. Ahora estamos acudiendo a las querellas judiciales y esperamos que, ¡por fin!, el censo profesional se haga realidad en un tiempo récord. Y será una pena que muchos profesionales se queden fuera por no haberse colegiado a tiempo.

-Tenemos entendido que forman ustedes parte de diversos organismos internacionales…

-Nosotros estamos integrados en la Confederación Internacional de Asociaciones de Profesionales de Medicinas Ancestrales Naturales (C.I.A.M.A.N.) de la que también soy fundador y presidente. Se trata de una confederación domiciliada en Ginebra (Suiza) con miles de asociaciones afiliadas de Europa, África, América y Asia que cuenta con millones de profesionales inscritos. Una confederación, por cierto, que en su VIII Congreso Mundial de Guatemala, celebrado en noviembre del 2000, me designó como “interlocutor único” a nivel mundial. Acuerdo que se ratificó en Guayaquil (Ecuador) con motivo del IX congreso celebrado en el 2002. También estamos en The Foundation of the International Natural Medica cuya sede está en el Estado de Madison (EE.UU) y en varias asociaciones internacionales de India, Hong Kong y, sobre todo, China.

Pero todo esto importa poco ya que el corporativismo médico-farmacéutico es muy poderoso. Máxime al estar dirigido por las multinacionales farmacéuticas y las de la química alimentaria. El tandem que forma la industria farmacéutica y la alimentaría constituye un Goliat indestructible que explota el negocio de la salud en el mundo. De hecho, son los verdaderos poderes fácticos de la Sanidad en el mundo, los que mandan realmente. Los ministros del ramo de los países integrados en la ONU son simples floreros. No pueden ni protestar. Y la Organización Mundial de la Salud (OMS) es también un barco a la deriva en este mar de despropósitos.

Los médicos convencionales, junto a los ministerios de los países miembros de la ONU y la OMS son, repito, simples marionetas en manos de industriales descerebrados que no se dan cuenta de que ellos pueden también ser un día víctimas de sus propias acciones. La alimentación industrial actual reduce las expectativas de vida y está llevando a la enfermedad y al dolor a muchas familias. Ciega de ambición, esa gente sólo piensa en el mercado y en los dividendos, no en la salud que es lo único que importa o les debiera importar. Como decía Calderón de la Barca, “Que siendo el vivir lo más, todo lo demás es menos”. Yael “Príncipe de las Letras”, Miguel de Cervantes, entendió bien la cuestión: “La salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”. Y no olvidemos tampoco la frase profética de Hipócrates: “Que vuestros alimentos sean vuestras medicinas y que  vuestras medicinas sean vuestros alimentos”.

¿Y a qué se debe el actual dislate? Sencillamente a que los laboratorios, por una parte, y las industrias de la caca-comida, por otra, viven de la venta de sus fármacos y de sus envasados… y nadie se atreve a presentarles batalla. Recuerde que vivimos inmersos en el modo del cartel permanente: “No a la guerra, sí a la paz”. Y la consecuencia es morir atropellados por la injusticia, la miseria y el hambre, amén de la ignorancia.

Vivimos comiendo a golpe de decretos y leyes: pastillas, jarabes, cápsulas, ungüentos, polvos, perlas… ¡Una pena de futuro si Dios no lo remedia!

-Ustedes se autotitulan médicos a pesar de que no han cursado la carrera de Medicina alegando que una cosa es ser médico y otra licenciado en Medicina. ¿Puede aclararnos su punto de vista sobre esta cuestión?

-La palabra “médico” no es privativa de ninguna carrera universitaria. Médico,en el concepto académico, es el que cura. Y nosotros curamos. Lo ha admitido hasta el Tribunal Supremo en numerosas sentencias y, especialmente, en las de fecha 19 de junio de 1989 y 5 de julio de 1992, sentando jurisprudencia.

Allende los siglos, la historia nos dice que los médicos eran los esclavos. La misión del médico era la de enfermería, higiene y aseo con análisis de esputos, sangre, heces, sudoraciones, orina, pus, saliva, etc. Es obvio que se trataba de un trabajo poco grato y por eso tal misión no era ejercida con agrado por la elite médica. Y así fue hasta Paracelso, considerado el “padre de la Medicina”, con quien se comienza la etapa relativa al envasado farmacéutico y se incorpora a esta profesión la clase acomodada. Posteriormente, para distinguirse de la plebe y acotar su territorio, en tiempos ya más recientes, se empieza a utilizar el pomposo título de Licenciados en Medicina y Cirugía,selectivo título que hoy continúan emitiendo las facultades de Medicina, unos lugares donde actualmente sólo se imparte lo que puede avalarse con el llamado ”método científico” como si no fuera mucho más científico y válido el conocimiento avalado por la experiencia a lo largo de milenios de práctica. Prefieren apoyarse en las estadísticas aun cuando saben que éstas se manipulas fácilmente y son engañosas.

En suma, el título que hoy se otorga en las universidades es el de Licenciado en Medicina y Cirugía no el de Médico. Y, por cierto, la inmensa mayoría no son “doctores” aunque la gente les llame así; son sólo licenciados.

En fin, el caso es que los médicos tradicionales fueron siendo relegados a lo largo de todo el siglo XX y sustituidos poco a poco por los nuevos licenciados universitarios, formados sólo en la llamada Medicina alopática cuya base es la farmacología. Con lo que la Medicina Tradicional, histórica, basada en los recursos naturales, fue quedando relegada por el esnobismo imperante de la época… aunque no anulada.

Resumiendo: los históricos y verdaderos médicos somos nosotros, los médicos naturistas, no los alópatas. Y si estamos resurgiendo socialmente, si la gente prefiere cada vez más acudir a nosotros, es por dos razones: la primera, porque la Medicina alopática, la de Facultad, no obtiene resultado alguno en muchas patologías y los fármacos que utiliza tienen numerosas interacciones indeseables y efectos secundarios importantes; y la segunda es que es una Medicina cara y el Tercer Mundo -más de las dos terceras partes del planeta- carece de medios económicos para comprar sus medicamentos. Y, claro, ¿qué hacen en esos países? Pues recurrir a la Medicina ancestral y, armonizándose con la Naturaleza, curarse con métodos naturales y seguros: la alimentación y los principios activos de las plantas. Los médicos naturistas debemos sentirnos orgullosos de este nuevo relevo. Por eso la regulación de las Medicinas Alternativas es imperiosa.

En definitiva, somos médicos, no licenciados en Medicina; médicos naturistas como lo fue Hipócrates. Y es un honor al que ninguno de nosotros, por dignidad y legitimidad, vamos a renunciar. Aceptamos que haya médicos alópatas que exijan la exclusividad de ser considerados “licenciados en Medicina”. Están en su derecho. Ellos son médicos alópatas con el título de licenciados en Medicina y Cirugía y nosotros médicos naturistas no licenciados. No tenemos inconveniente alguno en compartir con ellos la denominación de médicos y la gran responsabilidad que ello conlleva.

-Teníamos entendido que la creación de un colegio profesional corresponde al Parlamento pero ustedes han constituido el suyo tras solicitarlo y alegar luego “silencio administrativo”. Como abogado que es, ¿puede darnos sus razones jurídicas?

-Nos han tenido décadas sumidos en la más absoluta indefensión al no haber norma reguladora alguna de nuestras actividades. En España hay decenas de miles de personas trabajando con casi un centenar de terapias que ayudan a recuperar la salud de forma alegal. Es decir, no son ilegales sino alegales. Cotizan ante Hacienda, tienen su epígrafe correspondiente, pero ni sus enseñanzas ni sus actividades están regladas. Una situación lamentable que ningún gobierno ha querido afrontar. Aun cuando actúan con una espada de Damocles encima. Y no por su culpa sino por la de nuestros representantes políticos que llevan décadas adoptando la irresponsable táctica del avestruz. Pues bien, como quiera que somos médicos –lo reitero, médicos naturistas, no licenciados en Medicina-, en su momento entendimos que la única opción que nos quedaba era asociarnos, colegiarnos. No había otra forma de tener una representación ante los poderes públicos. Y constituimos el Colegio de Médicos Naturistas solicitando su aprobación al Gobierno. Nunca nos hicieron caso. Así que al aprobarse la Ley 6/99, reformadora de la filosofía del llamado “silencio administrativo”, hicimos nuevamente nuestra petición. Como siempre, ni nos respondieron. Y entendimos que el silencio administrativo nos legalizaba como colegio.

-Los juristas con los que hemos consultado entienden que eso no es así porque la constitución de un colegio profesional corresponde a los parlamentos, no es competencia de ningún gobierno.

-En el caso de “colegios profesionales”, organizaciones reservadas a las profesiones que requieren titulaciones universitarias. Nosotros no estamos considerados una “profesión” ni nuestra actividad exige ser licenciado para ejercerla. El asunto está dirimiéndose en los tribunales.

-Usted lleva mucho tiempo exigiendo que se reglamente la formación académica del Naturismo y que se reconozcan los derechos de quienes llevan años -cuando no décadas- ejerciendo como naturistas en sus distintas especialidades. Desde luego, parece un contrasentido que coticen ustedes en Hacienda como naturistas pero que no se reconozcan sus derechos.

-Nos hemos pasado 40 años solicitando a la Administración la creación de una Facultad de Medicina Naturista porque es evidente la conveniencia de que su enseñanza esté legalmente reglada. Es una garantía para todos y, por tanto, una necesidad social. Pero no nos hacen caso.

-¿Cómo valora usted que en España se haya dividido el ámbito de la Medicina en “médicos”, otros “profesionales sanitarios” (ATS, enfermeros, etc.) y el resto se englobe como “profesionales parasanitarios”? ¿Tiene sentido esa división hoy día?

-Esa división es una vergüenza y algún día habrá que resolverlo. La citada ley establece en realidad una bicefalia registral para la Medicina: uno de Medicina Sanitaria para los profesionales de la medicina convencional en sus distintas especialidades -en el Grupo 83 con 9 subgrupos- y otro para lo que llaman Medicina Parasanitaria -en el Grupo 84 y con un solo subgrupo denominado Acupuntores, Naturópatas y otros profesionales parasanitarios, entre los que se encuentran los que realizan Quiromasaje, Digitopuntura, Quiropraxia, Osteopatía, Homeopatía, Bioenergética, Biofeedback, etc. En suma, para el Estado existen sólo dos grupos: los médicos de Facultad… y los demás. Una discriminación injustificable. Los médicos alópatas no son más que la consecuencia de una de tantas formas de entender la salud. Que la Medicina Alopática o Farmacológica se haya convertido poco menos que en la Medicina oficial y casi exclusiva es un absurdo, un disparate que en otros países no se concibe.

-Muchos colegios médicos empiezan a crear en su seno comisiones de Homeopatía, Acupuntura o Naturismo, probablemente las tres formas no alópatas de afrontar la enfermedad más “consentidas”. Y lo curioso es que lo hacen a pesar de que en muchos casos no creen en los fundamentos que las sustentan ni en su eficacia. Que se acepte la Acupuntura, por ejemplo, sin aceptar la existencia de los chacras, nadis y meridianos, es decir, de los circuitos bioenergéticos del organismo, es sencillamente grotesco. Hay una increíble esquizofrenia mental entre los dirigentes de los colegios médicos y del Ministerio de Sanidad.

-Sí, pero lo lamentable es que los médicos alópatas que dicen ser “médicos naturistas” o “especialistas” en Acupuntura, Homeopatía, etc., no son legalmente tales. No existen en el ordenamiento jurídico. Y no les legitima tener uno de esos “masters” de postgrado que dan algunas universidades porque su validez académica es nula. El título será muy oficial pero no faculta para nada.
Como verá, el escándalo es evidente. Ningún médico alópata está legalmente autorizado para ejercer el Naturismo o la Acupuntura, por poner dos ejemplos, pero lo hacen y no se les persigue por ello. ¿Por qué a ellos no se les persigue y a nosotros sí cuando la situación legal es la misma? ¿Por qué? ¿Se aplica realmente el artículo 14 de la Constitución que dice que los españoles somos iguales ante la Ley?Estamos estupefactos. Ellos pisotean impunemente la constitución y no se les castiga. A nosotros, por lo mismo, nos masacran literalmente. ¿Es España un “Estado de Derecho”?

-Cada vez existen más médicos alópatas que practican la Medicina Naturista, se agrupan en colectivos y exigen la exclusividad de la práctica médica naturista. Y rechazan a los naturópatas porque no se formaron en la Facultad. ¿Cuál es su parecer sobre lo que está sucediendo?

-Ese es otro atropello increíble. Los médicos repudiaron en su día un Proyecto no de Ley del grupo socialista, a la sazón en el Gobierno, por el que se pedía la inclusión como “especialidades médicas” de la Acupuntura y la Homeopatía. Y se negaron alegando que no eran “científicas”. Hoy, varios años después, algunos colegios médicos –como usted decía antes- tienen ya hasta vocales de Naturismo, de Acupuntura y de Homeopatía. El colmo de la incongruencia. Y todo esto sucede sin que en las facultades de Medicina se estudie una sola asignatura sobre esas disciplinas. Las ignoran académicamente y no estudian nada sobre ellas durante la carrera… pero las quieren ejercer. Dentro de poco exigirán incluso hacerlo en exclusiva. Su desfachatez no tiene límites.

Asuntos como el del Bio-Bac o el de las plantas retiradas a numerosos laboratorios demuestran que el Ministerio de Sanidad está mal atendido. Yo creo que a los cerebros de los muchos -muchísimos- médicos alópatas que trabajan allí les falta fósforo.

-Es evidente que la falta de una legislación adecuada y realista a la hora de regular la actividad de quienes trabajan en este ámbito se debe a la nula voluntad de la clase política española y a la absoluta dejadez -interesada o no- de los sucesivos ministros de Sanidad para afrontar el problema. ¿Cree que se afrontará este asunto en breve como se afirma? Y en ese caso, ¿están contando con ustedes para hacerlo o han vuelto a ser marginados?

-No creo que afronten el problema porque a los grandes laboratorios farmacéuticos no les conviene. Es fácil comprender que si los productos naturales se convierten en la primera opción para cualquier patología los beneficios de quienes viven de vender fármacos se resentirían enormemente. Y eso no lo van a consentir porque controlan a quienes mandan. Sólo los procesos judiciales, por vía penal, podrán despertar las conciencias y la Ley de la selva dejar paso al imperio de la Ley.

-La verdad es que resulta kafkiano también que la obsoleta legislación sanitaria actual haga que profesionales que han cursado carreras universitarias en facultades o universidades de Medicina de países occidentales de primera línea sean considerados aquí poco menos que “curanderos” o se les agrupe entre los profesionales parasanitarios. Que alguien que ha hecho una carrera de siete años en una Facultad de Osteopatía en Estados Unidos o Gran Bretaña y actúa como cirujano en complejas operaciones quirúrgicas no pueda ni diagnosticar ni tratar a un paciente en España como médico es inaudito. Y quien dice un osteópata dice un homeópata, un quiropráctico, un especialista formado en Medicina Tradicional China… ¿Qué opina?

-Prefiero no opinar. Es tan escandaloso que es mejor esperar a ver cómo el agua desviada de su cauce vuelve al río. Es cuestión de tiempo. Hay ya numerosos procesos judiciales en marcha y acciones sociales que removerán estos lodos.

-Sabemos que están ustedes dispuestos a llegar a un acuerdo con los naturópatas integrados en FENACO para afrontar esta situación juntos y tener mayor fuerza a la hora de buscar soluciones al actual caos. ¿Será posible esta vez tan deseada convergencia? ¿O volverán a imponerse los personalismos?

-Nada me complacería más que lograr un acuerdo. Ojalá esta vez sea posible.

-¿Quiere usted añadir algo más a lo comentado?

-Sí, que hay que acabar con las confrontaciones. Llevamos más de y treinta años enfrentados al Ministerio de Sanidad y a los colegios médicos. ¿No va siendo hora de buscar un acuerdo?

José Antonio Campoy
 

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51
Junio 2003
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