Carlos Nogueira: El futuro de la Medicina está en la bioenergética

Miembro del Patronato de la Fundación Europea de Medicinas Alternativas y responsable del Centro de Enseñanza de la Medicina Tradicional China (CEMETC), el doctor Carlos Nogueira no duda en afirmar que el futuro de la medicina está en la Bioenergética, un novedoso planteamiento del arte de curar que los médicos convencionales terminarán aceptando cuando comprendan los postulados científicos en los que se basa y que entroncan directamente en el nuevo paradigma emergente de la Ciencia moderna.

El doctor Carlos Nogueira, director del Centro de Enseñanza de la Medicina Tradicional China (CEMETC) -escuela asociada a un centro universitario-, está convencido de que es mejor médico… por ser acupuntor. Y es que si bien comenzó estudiando Medicina el conocimiento de primera mano de la curación con acupuntura de una psoriasis que padecía un amigo y que le afectaba de los pies a la cabeza cambió su vida. Es más, en ese momento su interés por tan milenaria ciencia le granjeó tal hostilidad entre sus compañeros que decidió abandonar la carrera de Medicina y estudiar Acupuntura.

Sólo que su osadía –de tal forma podría considerarse su decisión entonces- no acabaría ahí porque, finalizada su formación, instalaría -hace ya 25 años- un centro de acupuntura en la calle de la Pasión de Valladolid a dos pasos tan sólo del Colegio de Médicos lo que le costó diversos conflictos.

Carlos Nogueira visitaría desde entonces en numerosas ocasiones el Lejano Oriente recorriendo el mundo con su maestro Nguyen Van Nghi quien le hizo comprender que la Acupuntura también ocuparía en su día en Occidente el lugar de primer orden que le corresponde cuando los médicos convencionales que hoy se forman lleguen, por convencimiento al constatar las limitaciones propias de la Medicina alopática o convencional que practican, a la realidad última de la acupuntura o la homeopatía.

Al médico de hoy –nos diría Carlos Nogueira-le han enseñado a diagnosticar ytratar a través de técnicas de radiología, laboratorio, microscopio, quimiofarmacia ycirugía. Le han introducido dentro de un modelo fisiopatológico ybioquímico que ha ignorado la existencia de lo energía como fuente integradora yreguladora de toda estructura fisico­química y,por tanto, no puede interpretar yutilizar múltiples recursos diagnósticos yterapéuticos como la Acupuntura, la Homeopatía, la Auriculopuntura, la Reflexología podal  etc.

Quizás por eso Nogueira pasa hoy mucho tiempo tratando de enseñar a los médicos. Claro que el primer paso que dio para ello fue terminar la carrera de Medicina y convertirse en médico convencional en el convencimiento de que así podría contribuir algún día a llevar los conocimientos de la Medicina Tradicional China a la Universidad. De momento ha impartido -e imparte- Acupuntura en los cursos de terapias alternativas y complementarias en la Escuela de Ciencias de la Salud adjunta a la Universidad Complutense de Madrid, el master de Salud Natural de la Universidad de Vigo y en la Universidad de Santiago de Compostela, el master de Acupuntura para la Orden de Médicos de Portugal a través de la Universidad Fernando Pessoa en Portugal, etc.

Una experiencia que le ha permitido descubrir que las reticencias sobre la Acupuntura y su mundo de chacras, nadis y meridianos energéticos se disipan cuando se le explica al médico más ortodoxo que el lenguaje poético que envuelve esta disciplina -viento, madera, fuego…- se corresponde punto por punto con los conocimientos actuales de la Física Cuántica y de los campos energéticos.“Es preciso tender puentes –explica- que permitan el paso a ‘la otra orilla’ sin riesgo de fracasar. Para lo cual es necesario dotar a este tipo de enseñanza de razonamientos comparativos, de nexos de unión que permitan interrelacionar la fisiopatología energética con la física ­funcional despojándola de todo el misticismo y parafernalia del que una pléyade de oportunistas interesados la han rodeado”.

Pues bien, a juicio del Dr. Nogueira el puente donde están llamadas a encontrarse la Medicina Tradicional China y la medicina convencional es la Bioenergética, una nueva manera de entender la Medicina. Aunque de contornos aún un tanto difusos la Medicina Bioenergética es una disciplina que promueve la integración entre las medicinas energéticas o vibracionales, las prácticas médicas tradicionales y la medicina moderna rescatando lo mejor de cada territorio terapéutico sin olvidar el inmenso potencial autocurativo propio del ser humano. La Bioenergética considera a éste como una unidad de conciencia, producto de la interacción de diferentes campos de energía. Por eso uno de sus propósitos es permitir el flujo de la energía vital en el organismo algo para cual pueden utilizarse desde técnicas terapéuticas a nivel mecánico -con técnicas manuales- y químicas -más propio de la medicina convencional- hasta la utilización de técnicas psicológicas o de sanación espiritual. A fin de cuentas, la Bioenergética sitúa en el mundo energético la causa de los procesos bioquímicos del ser humano y, por tanto, como bien explica el Dr. Carlos Nogueira, en el vértice de la pirámide de la salud. “Nos dicen que somos bioquímica y no es así –manifiesta-. No se produce un enlace si no hay energía. No hay química sin energía. Es la energía la que induce el enlace, la que produce la química. Hoy en día ya no se habla de la molécula de agua como la unión de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Hoy se habla de la molécula de agua como x electrón voltios, la energía necesaria para conseguir el enlace, el tropismo electromagnético. Si es mayor nos salta de orbital y no se produce el enlace. Si es menor lo desestima. Por tanto, si la energía está armonizada las reacciones bioquímicas son consecuentes; si está desarmonizada las bioquímicas estarán también desarmonizadas”.

Quisimos que el Dr. Nogueira nos hablara de la integración de la Bioenergética en el sistema educativo y sanitario, de la realidad energética que la sustenta y de quiénes deben de ser los responsables de dirigir la enseñanza de la Acupuntura en nuestro país.

-En 1971 el doctor E. Gray Diamond, siendo presidente de la junta del Departamento de Ciencias de la Salud en la University of Missouri Medical School, visitó China. Allí pudo observar diversas operaciones quirúrgicas en las que la acupuntura fue el único anestésico utilizado. En un determinado momento, a un hombre le fue extirpado medio pulmón utilizando como sedante una simple aguja de acero que se le insertaba y se hacía girar en un acupunto del brazo izquierdo. Diamond declararía: “El pecho del paciente estaba totalmente abierto. Pude ver su corazón latiendo y durante todo ese tiempo el hombre permaneció hablando con nosotros alegremente y mostrando una absoluta coherencia. En mitad de la operación dijo que tenía hambre y los médicos interrumpieron su trabajo para darle algo de comida”. Desde entonces son cada vez más los médicos que se acercan a la Acupuntura como opción terapéutica pero sin acabar de asumir el sustrato energético que subyace en ella, la existencia de esa energía que la Medicina Tradicional China conoce como Qi y que recorre nuestro organismo a través de un complejo sistema de canales, los nadis y meridianos. Y eso que la existencia de esa energía no es algo que ya pueda discutirse.

El médico alópata, convencional, no cree que existan los nadis y meridianos. Y no cree que los órganos estén unidos por energías que existen y circulan por nuestro cuerpo. Lo primero es, pues, demostrarle que existe esa energía. Y para ello no es preciso recurrir a experimentos complicados como los de Pierre de Vernejoul que demostraron la existencia de los meridianos. Podemos comprobar la existencia de esa energía mediante una simple medición bioeléctrica. El que tenga dudas que siga la Ley de Ohm: intensidad es igual a voltaje partido por resistencia. Está demostrado por ella que cuanta más energía hay en una zona menos resistencia existe al paso de corrientes de bajo voltaje. Si esto se cumple, su intensidad es igual a voltaje partido por resistencia. Y si a una persona la aplico una constante de 12 voltios mientras que en un aparato estoy midiendo la intensidad de forma acústica o lumínica cualquiera puede comprobar que, dependiendo de la zona que esté midiendo, da diferentes resistencias. Y acto seguido no tendrá problema para confirmar que las zonas donde menos resistencia hay es precisamente aquellas donde hace ya miles de años la Medicina Tradicional China situó los meridianos de acupuntura. La piel ofrece más resistencia al paso de corriente de bajo voltaje que el meridiano porque éste tiene más energía. Pero, a su vez, el meridiano de acupuntura ofrece más resistencia que el punto de acupuntura porque el punto tiene más energía. Y el punto de acupuntura ofrece más resistencia que el punto patológico, allí donde la energía se manifiesta a través del calor. Todo ello es fácilmente demostrable con un aparato que mida la intensidad en microamperios. El siguiente paso, más complicado, será hacer entender a los médicos que manipulando la energía de esos puntos y canales podemos regular el interior orgánico.

-Pues parece complicado si se pretende hacerlo hablándoles de alteraciones del “viento”, el “fuego” o la “madera” como causas de patologías.

La Medicina Tradicional China utiliza un lenguaje que fue elaborado a la medida de las culturas orientales; no se basa en nuestra cultura cartesiana, newtoniana y ortodoxa por lo que, como es obvio, no utiliza lo que llamamos un “lenguaje científico”. Y como nosotros estamos educados en la ortodoxia académica necesitamos comprender las cosas en ese lenguaje y además de forma metódica, racional y lógica. Así que nuestros médicos deben entender que cuando la Medicina Tradicional China habla de madera, viento, fuego, metal yagua está hablando de símbolos obtenidos de la naturaleza en cuyo fondo subyacen principios físicos demostrados. Mire, la energía subyacente se representa por su longitud de onda. Pues bien, la madera define un determinado espectro de longitud de onda y el fuego otro. Fuego es, por ejemplo, el color rojo, el sabor ácido, el calor, el verano… Y así ocurre con cada uno de los cinco elementos.

Es decir, si dividimos las radiaciones electromagnéticas en cinco grandes sectores a cada uno de ellos le corresponden unas frecuencias en las que se agrupan colores, sabores, notas musicales, radiaciones electromagnéticas –incluidas las del sol, la luna y los astros… Y esas longitudes de onda influyen –es decir, tienen tropismo electromagnético- sobre un órgano específico. Por ejemplo, el color verde, la nota musical Do, el viento, la primavera y el sabor agrio son estímulos que, por su longitud de onda, influyen en el hígado. Sin embargo, el sabor amargo, la nota musical Re, el calor y el rojo son longitudes de onda que estimulan la función cardiaca.

Color, olor, sabor y notas musicales tienen una frecuencia electromagnética porque todo es energía y esa frecuencia electromagnética, dependiendo de su banda, se corresponde con uno de los cinco órganos principales: hígado, corazón, riñón, bazo-páncreas y pulmón. Que, a su vez, se corresponden con un nombre metafórico: el riñón con el agua, el pulmón con el metal, el corazón con el fuego, el bazo y el páncreas con la tierra y el hígado con la madera. Pero la metáfora no puede ocultarnos que seguimos hablando de energía con distintas longitudes de onda. Una música con predomino de la nota Do estimula las funciones espleno-pancreáticas. Esto es importantísimo saberlo porque, por ejemplo, es la base de la Musicoterapia y en Alcalá de Henares se están haciendo cursos de esta terapia tras comprobar que los pacientes no sólo sangran menos con ella durante las intervenciones sino que la recuperación es mucho más rápida.

Es más, ese es el fundamento de por qué las culturas utilizan una música y no otra. ¿Por qué cree que los escoceses utilizan la gaita? Porque la nota musical predominante en ella es necesaria para estimular un determinado órgano que carecía de los nutrientes adecuados (portadores de una determinada energía) en su medio, mucho más limitado antes que ahora. Todo aquello que compensaba esas carencias era asumido inconscientemente como gratificante por el pueblo e incorporado a su cultura. El folklore de los pueblos, tanto la música como los colores o el vestido, además de manifestaciones culturales esconden terapias de compensaciones energéticas. Y cuando esto se lo explicas a la gente lo entiende. Por eso digo que el puente que unirá la medicina convencional con la oriental será la Bioenergética. Y el medio de cruzarlo prescindir de las explicaciones poéticas en Occidente para sustituirlas por sus equivalentes físicoquímicos.

-O, lo que es lo mismo, arrebatarle a la bioquímica su actual primacía en el entendimiento y origen de la enfermedad para sustituirla por la bioenergía.

En efecto, porque nos dicen que somos bioquímica y no es así. Por una razón bien simple: no se produce ningún enlace químico si no hay energía. No hay química sin energía. Es la energía la que induce el enlace, la que produce la química. Es imprescindible una determinada cantidad de energía para la formación de moléculas y proteínas. Ni más ni menos. Las funciones bioquímicas serán por tanto correctas si los impulsos energéticos que propician los enlaces son los correctos; pero si la energía se desarmoniza las funciones bioquímicas se desarmonizarán y el proceso de la enfermedad dará comienzo. Me hace gracia leer en las revistas -u oír- que entre dos personas “hay química”. De química nada: hay una atracción electromagnética entre ellas que desencadena consecuentemente una serie de procesos bioquímicos y físicos, liberación de adrenalina, testosterona… Cada uno de nosotros tenemos una configuración electromagnética y, como consecuencia, electroquímica.

Es más, el ser humano tiene su propia huella dactilar energética que está entre el 0,2 y el 0,09 electrón-voltios, precisamente el “rayo de la vida”, el rayo bioinfrarrojo. Esas cantidades -0,2 y 0,9 eV- son los límites mínimo y máximo. Y entre ambas cada uno de nosotros tiene su longitud de onda. Y aclaro que un electrón-voltio es la energía que adquiere un electrón cuando es acelerado por una diferencia de potencial de un voltio. Es una energía típica de fenómenos atómicos. Por ejemplo, 13,6 eV son los necesarios para desprender el electrón de un átomo de hidrógeno. Los fotones de la luz emitida cuando los electrones de un átomo pasan de un nivel excitado a otro inferior en un tubo fluorescente tienen una energía de unos pocos eV.

Pues bien, yo, por ejemplo, puedo tener una huella energética de 0.173214 electrón-voltio (eV) y si me cruzo con un 0,173214 o un 0,1732215 producirse entonces un efecto electromagnético de atracción al vibrar ambos en similar longitud de onda. Por eso se producen esos efectos repentinos de atracción o repulsión –que algunos califican de “inexplicables”- entre las personas. Lo que sucede es que el ser humano tiene capacidad para modular sus frecuencias y adaptarse a los demás… pero, ya digo, el primer impacto viene marcado por nuestras longitudes de onda naturales.

-¿Y de qué depende nuestra huella digital energética?

En el gameto está el código energético, la huella dactilar del nuevo individuo. Y es el impacto que produce la unión del espermatozoide con el óvulo el que marca la secuencia, que se mantendrá con la mitosis que no es sino una replicación íntegra del gameto en todas sus circunstancias bioquímicas, biofísicas y bioenergéticas. Es pues en ese primer momento cuando se “imprime” la huella energética de cada uno. Es más, de la intensidad de ese primer chispazo energético dependerá luego el desarrollo de la pauta biológica: si tendrás el pelo negro y los ojos marrones, si serás delgado o tendrás las orejas más o menos puntiagudas… Es decir, de la intensidad de la unión entre espermatozoide y óvulo depende en buena medida el estado energético del ser que nace. Y aquí radica la importancia de los padres. Si existe un óvulo con carga electrostática potente, con mucha energía, un protón con mucha masa, con mucho “yin” y hay un espermatozoide con mucho “yan”, muy dinámico, muy activo, la eclosión cuando se encuentren será alta. Pero para que sea así hace falta que ambos -padre y madre- sean personas saludables. Entre otras cosas, por eso los antiguos tenían tan gran respeto a los ancestros, porque eran conscientes de que les habían dado su “capital” de vida, la salud intrínseca, su nivel de vitalidad. Por eso el acto sexual cuando se pretende concebir debería estar muy meditado y hacerse en las mejores condiciones, el día óptimo y en las mejores circunstancias –por ejemplo, sin ingesta de alcohol o drogas- a fin de que la energía sea lo más intensa posible. Ese es el concepto oriental de la concepción.

-Recientemente, distintas sociedades sanitarias -entre las que estaba la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria– denunciaban la falta en la Comunidad de Madrid de 2.285 médicos de familia. Quizás una de las principales consecuencias de ignorar este diseño energético del ser humano sea la pérdida de enormes posibilidades preventivas.

Al no estudiarse desgraciadamente en la Facultad este cuarto sistema, el sistema energético que rige las funciones bioquímicas a través del sistema nervioso y endocrino, los desequilibrios que se producen en la cúspide biológica no se conocen. Cuando se altera la energía comienza a haber una serie de signos clínicos que la medicina occidental no sabe interpretar porque no se ha enseñado a los médicos a hacerlo. Hay numerosos factores que los médicos deberían valorar – como si alguien suda poco o mucho, si las heces son de una manera o de otra, etc.- que hoy no tienen en cuenta porque desconocen cómo interpretarlo. No lo entienden porque nadie se lo ha explicado. Y no entender eso es privar al ser humano de la más importante de las terapias: la preventiva.

Cuando un desequilibrio energético empieza a manifestarse el paciente le dice al médico lo que percibe pero como éste no ve nada en el físico termina mandándole a la cama a descansar o al psiquiatra; o se limita a tratar de aliviar los síntomas más evidentes. Y, sin embargo, la enfermedad es más fácilmente tratable en ese nivel incipiente. Porque lo que no se debe permitir es que la enfermedad pase al nivel bioquímico ya que una vez que se altera la bioquímica (transaminasas, colesterol, glucosa…) se altera la función. Y claro, después comienzan a aparecer lesiones a nivel orgánico.
Me pregunto cómo es posible que el cirujano sea considerado el número uno, la cúspide del sistema sanitario, cuando en realidad representa el fracaso del médico y éste el fracaso del tratamiento bioquímico.

El acupuntor y el homeópata deberían ser hoy los “médicos de familia”. Y proceder tal y como se hacía en la antigua China. Allí, a primeros de otoño se convocaba a todas las personas de una familia, se las tomaba el pulso y se las hacía una revisión clínica de su estado, las equilibraban y ya estaba. Y sólo si fallaba entraba entonces en juego la fitoterapia, la farmacopea e, incluso, la cirugía.

Hay que proponer terapias de acuerdo con la evolución de la enfermedad. ¿Quién cura en la fase energética? El acupuntor. ¿Quién cuando está alterada la función bioquímica? La farmacia, los químicos, especialmente los naturales. ¿Quién cuando está estropeada la funcionalidad? El médico, el fisioterapeuta, el rehabilitador. ¿Quién cuando el órgano está irremediablemente afectado? El cirujano. Pero no hay que olvidar que la intervención de éste, por importante y valiosa que sea, no deja de ser -a nivel general- la demostración de que el sistema ha fracasado. Si ha llegado hasta él es porque el tratamiento médico no funcionó o porque se produjo una causa accidental.

-¿Cómo producimos esa energía que circula por nuestros canales energéticos internos y cuyo control nos permite incidir en el interior de nuestro organismo?

Imagínese que está haciendo aguardiente en una caldera y que su interior empieza a fermentar. Y que de ahí sale un vapor que llega hasta un serpentín desde donde, por condensación, va goteando y saliendo el orujo. Esa es una combustión lenta de tipo orgánico. Bueno, pues exactamente igual ocurre en el estómago cuando cae el alimento. Los jugos gástricos realizan la combustión del alimento. Y ese alimento, como toda combustión lenta, produce tres sustancias: una energética pura -electrones libres-, una energético-material –vapor- y una material -los desechos-. La energía que se desprende irá a lo que la Medicina Tradicional China llama pericardium que es el colector central; el vapor del alimento irá al bazo-páncreas, receptores de parte de la esencia del alimento para transformarse en sustancia; ahora bien, no todo ese vapor que pasa por las rutas oxidativas espleno-pancreáticas se condensa. Y lo que no se condensa, sustancia menos densa, alcanza el pulmón. Y esa glucosa que no fue decantada en antiglucosa (insulina) cuando alcanza el pulmón junta la energía del alimento y la energía del cielo (oxígeno). Luego, cuando llega la glucosa a nivel pulmonar, se produce la oxidación. Y el agua que se produce en ese proceso queda en el pulmón hidratando las vías respiratorias y la sangre porque el excedente va al corazón. Más energía libre que circula por los meridianos de acupuntura más CO2 que es expulsado. Esto es, la energía libre es la que circula por los meridianos, el vapor es el CO2 y la esencia es el agua, fundamental en la hidratación del sistema respiratorio, la piel y la deglución sanguínea.

Esa es la energía que circula por los canales de acupuntura y que es producto de una glucolisis aeróbica exógena. Se produce al nivel de pulmón y es la energía que circula de acuerdo a un biorritmo que comienza a las tres de la mañana en el pulmón y termina a las tres de la tarde en el hígado. Si se le niega el alimento o el oxígeno no hay energía. Es la energía que se llama del cielo posterior porque es la que adquirimos después del nacimiento. Es la que ayuda a no gastar la energía de los nueve meses que acumulamos en las suprarrenales y circula por los meridianos que se extienden a lo largo de todo el cuerpo.

Cabe añadir que donde está la energía está la sangre. Si la energía no circula la sangre no circula. Hasta la última célula epitelial tiene que tener su canal energético. El sistema energético humano tiene unos troncos determinados a partir de los cuales se producen las ramificaciones. Los pozos de acupuntura están en los grandes troncos pero eso no quiere decir que el resto del cuerpo no tenga sus canales de energía. Por ejemplo, desde lo que es la piel hasta el periostio en las extremidades hay tres niveles de energía: externo, medio e interno. Y cada uno es responsable de un nivel de Ph; el externo es ácido –yan- y el interno alcalino –yin-. Son diferentes rutas de resistividad. Esas ramificaciones se acaban uniendo en un canal central desde donde llega la energía hasta el interior de los órganos.

Los médicos occidentales más vanguardistas que empiezan a entender que el ser humano es interdependiente pero no saben por qué se apoyan en la teoría correlativa que habla de tres niveles. El nivel supremo -que sería el sistema nervioso central-, el sistema circulatorio -donde se realizarían todas las funciones biológicas- y un mediador en el tiempo que hace la regulación de la reacción bioquímica: el sistema endocrino.

El sistema nervioso, según esta teoría, emite una señal que repercute en el sistema sanguíneo para producir una reacción bioquímica o enzimática regulada en el tiempo por el sistema endocrino. La cúspide biológica sería pues para ellos el sistema nervioso, el receptor la sangre y el mediador el sistema endocrino. Los que aceptan esta teoría piensan que la acupuntura actúa sobre el sistema nervioso, que al pinchar una aguja se actúa sobre el sistema nervioso desencadenando una acción en la sangre a través del sistema endocrino. Y están totalmente confundidos. Hace 5.000 años la Medicina Tradicional China ya decía que el cuarto sistema es el Qi o la energía interactúa directamente con la sangre. Necesariamente se precisa en un ente físico vivo unas rutas energofísicas (sistema nervioso) que transporten la señal y unos mediadores (sistema endocrino) de la intensidad de dicha señal.

-No hace muchos meses los padres de unos niños de un centro escolar vallisoletano apuntaron a una antena de telefonía móvil como responsable de un anormal número de cánceres infantiles. Inicialmente los estudios descartaron esa posibilidad pero el fantasma de la polémica sobre la influencia de las corrientes electromagnéticas sobre la salud sigue estando muy presente. Las autoridades tienden a quitarle importancia pero desde el diseño energético del ser humano que nos realiza parece que hay pocas dudas del impacto.

Empiezo por decirle que la Acupuntura era más efectiva hace 25 años que ahora. Hoy hay que acudir a técnicas complementarias -Auriculopuntura, Fotonterapia, Moxibustión, Fitoterapia…- precisamente porque las radiaciones electromagnéticas descomponen inmediatamente los meridianos. El hombre está entre el cielo y la tierra por lo que responde a ambos. Y si el cielo y la tierra están perturbados, contaminados electromagnéticamente, los meridianos de acupuntura -que son muy sensibles a las radiaciones- se descontrolan fácilmente. Con lo cual la efectividad ha disminuido de 25 años para acá. El cuerpo energético se perturba porque hay una gran contaminación electromagnética que es realmente la polución de nuestro siglo XXI, mucho más importante que la aérea o la acuosa ya que está actuando sobre la cúspide biológica que es el sistema energético.

El problema pues es que apuntar a una antena de forma aislada como responsable única de alteraciones en la salud nos lleva a conclusiones erróneas. Los efectos de la radiación dependen de la cantidad, de la intensidad y del número de fuentes de contaminación electromagnética que nos rodeen y, por tanto, que rodearan a aquellos niños. De ahí que en ese asunto no se tratara tanto de saber como les afectó la antena de telefonía móvil sino de conocer en cada caso qué cantidad de contaminación electromagnética acumularon. Yo puedo estar hablando por el móvil durante horas y no pasarme nada pero si encima me paso horas delante del ordenador y vivo cerca de una antena de telefonía móvil o cerca de un tendido de alta tensión no hay salud que lo resista. Por eso en el caso de esos niños, como en el del resto de la población, no se trata tanto de saber si les afectó en concreto la antena de telefonía móvil sino en conocer en cada caso a que cantidad de contaminación electromagnética procedente de distintas fuentes estuvieron sometidos.

Somos seres infrarrojos que irradiamos energía hacia fuera en una banda que oscila entre las 10 y las 40 micras. Por eso los detectores de infrarrojos son capaces de detectar nuestras siluetas. E irradiamos energía hacia afuera para neutralizar el factor climatológico y medioambiental negativo: frío, viento, humedad, radiaciones solares, radiaciones electromagnéticas negativas… Y ese intercambio activo que tenemos con el medio está a cargo de la energía que desprendemos (concepto de homeostasis) Bueno, pues a esa energía los chinos la llamanWei, el halo. Si uno no tuviera Wei no podría existir. Y esa energía se obtiene a través de un proceso orgánico con un nivel de sutileza tal que vence la gravedad y sale del cuerpo. Es un sistema delicado que se mantiene a partir de la respiración y la comida. Si resulta que yo estoy agrediendo demasiado mi  organismo porque sufro muchas radiaciones electromagnéticas toda mi energía -o casi toda- se dedicará a tratar de combatir esas agresiones. Con lo cual la energía interna se irá agotando y comenzarán los problemas de insuficiencia biológica interna. Además, el daño causado tampoco tiene que ser el mismo en todas las personas. Cuando hay un déficit de energía donde primero repercute es en aquellos órganos que estén más predispuestos biológicamente a contraer una enfermedad. Estas deficiencias son congénitas o adquiridas. Si son congénitas, con poca contaminación electromagnética pueden desencadenarse; pero también pueden desarrollarse con un proceso de contaminación permanente y múltiple por diversas fuentes de corrientes electromagnéticas. El Wei está entonces tan activo que no queda energía para el resto del cuerpo y la debilidad empieza a apoderarse del organismo comenzando la depresión orgánica y la enfermedad.

-La tendencia a nivel internacional es ir a un mayor reconocimiento de las posibilidades terapéuticas de la Acupuntura y la Homeopatía, entre las medicinas energéticas. Aquí andamos como siempre, sí pero no. Es decir, Acupuntura sí… pero dirigida por médicos y enseñada encima fuera de la Universidad y a través de los propios colegios médicos. ¿Podrá ponerse orden en la enseñanza de la Acupuntura y su práctica para que los intereses de los pacientes estén protegidos?

Es necesario, por el bien de la salud, acabar con la anarquía existente en cuanto a la práctica y la docencia de las nuevas medicinas. Es preciso desenmascarar a esas personas que, amparadas en el actual caos legal, ejercen sin ningún fundamento la Acupuntura o la Homeopatía, tanto médicos como no médicos, y, sobre todo, a tanto pseudomaestro que amparado en lo subjetivo de algunos diagnósticos embaucan a sus alumnos con misteriosas leyes y extrañas sutilezas.

La regulación se hace necesaria como se hace necesario que en el mundo occidental la Medicina Tradicional China ocupe de una vez su lugar en la Universidad. Soy de la opinión de que el médico, si además de médico es acupuntor, será un excelente médico y además podrá ejercer la Acupuntura con más criterio. Es más, pienso que en el contexto de la sanidad pública debería ser siempre un médico formado en Acupuntura y Homeopatía el responsable de equipos interdisciplinares en los que haya acupuntores, homeópatas y naturópatas. Y debería ser médico porque en el contexto sanitario actual de Occidente no se concibe que pueda ser de otra forma. Ahora bien, entiendo que en la medicina privada no debería ser obligatoria la condición de médico. Entre otras razones porque la demanda social de acupuntores y homeópatas es cada vez más amplia y hacer la carrera de Medicina hoy, más el periodo que se exige como MIR y los cursos de Acupuntura llevarían a un estudiante a tener que formarse durante al menos diez o doce años. Luego, ¿cómo iba a formarse a corto plazo gente suficiente para dar cobertura a la creciente demanda social? Hay que hacer lo que los chinos en su momento: crear diversos grados de acupuntores. En China existen hoy los llamados médicos descalzos que son una especie de sanitarios de primer grado. Y hay diplomaturas, doctorados, masters… En suma, hay que apostar por la existencia de diversos profesionales que tengan una formación troncal común -fisiología, patología, anatomía…- y después una formación específica. Esa fue nuestra propuesta a los ministerios españoles de Sanidad y Educación. Tenemos que hacer lo mismo que en China: formar profesionales de diversos grados académicos pero en un contexto universitario. Una formación profesional, un ciclo superior para los estudiantes de técnicas manuales -masajista, quiromasajista, etc… Pero para diagnosticar, aunque sea mediante métodos de la medicina oriental, hay que exigir formación universitaria.

-¿Y quién impartiría esa enseñanza universitaria?

En España hay profesionales de primera magnitud a nivel internacional. Tenemos excelentes naturópatas, acupuntores y homeópatas. A excepción de la Homeopatía, donde en Francia hay una gran tradición, en las demás terapias alternativas España está por delante porque hay bastante gente que lleva muchísimos años de docencia y práctica. Y lo que no puede hacerse es meter esta enseñanza en la Universidad sin contar con los profesionales porque será una pérdida de calidad docente. Nosotros tenemos los textos, tenemos la experiencia, tenemos los alumnos. Hay escuelas con estructuras bien preparadas. Luego, ¿qué hay que hacer? De momento, convertir esas escuelas en centros de extensión universitaria. Que la Universidad controle que el plan de estudio sea el correcto, examine y extienda un certificado de extensión universitaria. Hoy no se puede expedir un diploma porque de momento no está regulado pero sí un certificado. Ese sería el paso intermedio en el proceso del que antes hablábamos para que los profesionales tengan un resguardo universitario donde la Universidad certifique que esa persona ha hecho los estudios, con tanta carga lectiva, tantas horas y tantos créditos. Porque cuando se regularice todo eso será un documento válido y nuestras escuelas no tienen hoy un reconocimiento válido académico; sí profesional pero no académico. De ahí que estemos buscando esa validación.

Ese es el camino y no pretender llevar alumnos a las aulas universitarias para que un catedrático que no tiene la más remota idea de anatomía energética de una clase de meridianos. Es preciso conocer la fisiología y anatomía bioenergéticas y, por tanto, los mecanismos de penetración del elemento climatológico, las consecuencias negativas que la perturbación emocional tiene en nuestro equilibrio homeostático, los trastornos bioenergéticos que originan las trasgresiones dietéticas o las predisposiciones ocasionadas por las taras, las alteraciones o los recuerdos genéticos. No es posible pues que un médico convencional sin ese conocimiento sea quien imparta tal enseñanza. Quienes tienen que impartir esa formación son los profesionales que llevan 25 años estudiándola y practicándola, y presenten los suficientes avales académicos y profesionales.  Y se lo está diciendo un médico de carrera.

Finalizamos por razones de espacio a pesar de que nos hubiera gustado continuar hablando con el doctor Nogueira sobre el mundo de las emociones y su relación con la salud y la enfermedad. A fin de cuentas, para la Medicina Tradicional China el pensamiento es energía y como tal juega también un importante papel en el complejo sistema de circulación de energía del organismo. De hecho, hoy en Occidente pocos discuten ya el concepto de lo psicosomático. Pero de ello hablaremos en otra ocasión.

Francisco S. Martín


Acercamientos “experimentales” a la Acupuntura

Ver es creer”, dicen los defensores del empirismo occidental que se resisten a admitir un sistema de meridianos energéticos recorriendo nuestro cuerpo. Pero la verdad es que para creer primero hace falta querer ver. Y cuando se opta por ignorar a priori todo lo que violenta las propias convicciones no hay nada que hacer. El investigador francés Pierre de Vernejoul demostró ya hace tiempo que el sistema de meridianos es independiente de la red vascular inyectando diferentes sustancias -como tecnio radioactivo 99m- en los puntos de acupuntura de los pacientes y controlando su absorción mediante una cámara de gammagrafía.

De Vernejoul comprobó que la sustancia inyectada migraba siguiendo los meridianos clásicos de la acupuntura china mientras que la aplicación del mismo isótopo en puntos de la epidermis elegidos al azar o en las vías venosas o linfáticas no producía difusión alguna comparable.

También los estudios histiológicos realizados por Kim Bong Han sobre conejos dieron como resultado el descubrimiento de una red de túbulos de entre 0´5 y 1´5 micras de diámetro que están situados en los puntos de acupuntura de estos animales. Por ellos se hizo fluir una sustancia inyectada –en esa ocasión P32 u isótopo radiactivo del fósforo- que generalmente discurría por esos conductos en el mismo sentido que la sangre y la linfa en los vasos correspondientes. Sin embargo, en determinadas circunstancias se daba el caso de que lo hacía en el sentido contrario. Un hecho que sugiere que el origen de la formación de esa red de túbulos es distinto al de los sistemas vascular y linfático. En otras palabras, que durante la embriogénesis los meridianos y los nadis podían constituirse antes que las venas y vasos linfáticos. A partir de entonces no faltan especulaciones sobre la posibilidad de que los meridianos sirvan en realidad de “guía espacial” para el crecimiento y desarrollo de los sistemas circulatorios.

Por su parte, el doctor Hiroshi Motoyama y su colega Nakatani idearon un sistema que mide las características eléctricas de los distintos meridianos de acupuntura para deducir informaciones fisiológicas. El aparato, denominado AMI (aparato para la medición funcional de los meridianos), tiene 28 electrodos que se conectan a los puntos terminales de cada meridiano tradicionalmente localizados en las puntas de los dedos de las manos y los pies. La información eléctrica se obtiene mediante agujas de acupuntura o sondas especiales conectadas a esos puntos y los datos obtenidos se transmiten a un ordenador que analiza e interpreta la información. Los puntos que se comparan por medio de la máquina AMI son los terminales de cada par de meridianos. El meridiano del pulmón, por ejemplo, es en realidad un par: uno de los meridianos pasa por el costado derecho y el otro por el izquierdo. Y cuando algún órgano adolece de una dolencia oculta o a punto de manifestarse se observa una marcada diferencia entre los valores eléctricos de cada uno de los meridianos del par asociado. El hecho de que las informaciones suministradas por el AMI guarden efectivamente una correlación con el estado de los órganos internos da credibilidad a la ancestral teoría china que vinculaba los meridianos con los diferentes sistemas del organismo pero, además, permite contemplar la acupuntura no sólo como sistema curativo sino como sistema preventivo.
Por su parte, los doctores Niboyet y Ribaschong demostraron, tras profundos estudios de laboratorio, que la capa córnea de la piel, que normalmente mide 37 micras, en los puntos de acupuntura sólo mide 17.

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59
Marzo 2004
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