De la Medicina Tradicional China a la Medicina Energética

Mientras no se derriben los falsos clichés existentes sobre la Medicina Tradicional China los médicos occidentales no asumirán que está científicamente fundamentada y su eficacia clínicamente probada. Pero cuando eso se sepa de forma masiva, éstos conozcan bien su enorme capacidad preventiva y curativa y, además, asuman la ventaja de que carece de los efectos iatrogénicos de los fármacos sintéticos empezará a practicarse por buena parte de ellos. Así lo asevera al menos el doctor Antonio Carlos Nogueira quien sin embargo se muestra escéptico con las posibilidades de los cada vez más numerosos dispositivos bioenergéticos informatizados de diagnóstico y tratamiento que existen hoy debido a la irregularidad de sus resultados y a que obvian la Regulación Energética que según él sólo un profesional de la salud -y no una máquina- puede realizar con eficacia.

Antonio Carlos Nogueira -miembro de nuestro Consejo Asesor- se formó como médico en la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana y es en la actualidad director en España delCentro de Enseñanza de la Medicina Tradicional China (CEMETC). Diplomado en Acupuntura por el Instituto de Estudios Avanzados de Beijing (China), ex catedrático de Medicina Tradicional y máster en Salud Natural es asimismo miembro de la Academia de las Ciencias de Roma, de la Asociación Latinoamericana de Acupuntura y Moxibustión, de la Sociedad Internacional de Acupuntura, de la Unión Europea de Escuelas de Acupunturay fundador de la Asociación Mundial de Médicos Acupuntores. Ex Delegado en España de la World Federation of Acupuncture -moxibustion Societies -adscrita a la Organización Mundial de la Salud (OMS)– es igualmente presidente honorífico de la Asociación Científica de Titulados Universitarios en Ciencias de la Salud. Cabe añadir que es autor de varias publicaciones entre las que destaca Acupuntura Bioenergética y Moxibustión (Ediciones CEMETC), obra de casi 3.000 páginas publicada en tres tomos con la que ha intentado explicar a sus colegas occidentales, acostumbrados a dar validez sólo a lo que puede medirse, pesarse y estudiarse con el método científico, que también es así en el caso de esta milenaria disciplina oriental.

Nogueira tiene claro que el principal problema que ha tenido la Medicina Tradicional China para su pleno reconocimiento en Occidente es el lenguaje que utiliza y el hecho de que además de una base científica tiene una base filosófica cuyos conceptos tampoco se entienden bien. “El conocimiento es un TAO –nos diría Nogueira usando un término que se puede traducir como camino, vía, método o dirección- compuesto de yang (ciencia) y yin (filosofía). Y es que no puede haber ciencia sin filosofía ni filosofía sin ciencia. Bueno, pues en medicina es igualmente así y se trata de un problema porque en este ámbito concreto en Occidente predomina la ciencia y en Oriente la filosofía”.

De ahí que para él entender que la Medicina Tradicional China es en realidad una Medicina Energética -en el más estricto sentido científico de la expresión- sea el primer paso para empezar a superar el actual rechazo irracional que provoca fruto de la tendencia de la medicina occidental a pensar que la tradición debe quedar restringida a los libros de historia. Y en este sentido habrá que recordar que no es la primera vez que mirar hacia atrás permite avanzar hacia adelante. De hecho durante siglos Occidente y su ciencia vivieron asentados en una cosmogonía basada en conceptos científicos que ya habían sido superados miles de años atrás en Oriente. La teoría de la Tierra como centro del universo perduró hasta Copérnico que fue quien en el siglo XVI cambió el concepto aunque fuera para sustituirlo por el Sol como centro del mismo. Cuando miles de años antes estelas sumerias ya reflejaban -con un inexplicable conocimiento astronómico- cómo eran los planetas los que se movían alrededor del Sol. Y sólo cuando volvió a recorrerse el camino perdido que los sumerios y otros muchos pueblos de la antigüedad ya conocían nuestra ciencia volvió a avanzar. Bien, pues puede que hoy estemos en el mismo punto en lo que a la Medicina se refiere y para progresar sea necesario pararse y mirar hacia atrás con una nueva visión.

Y es que la Bioenergética sitúa hoy en el ámbito de la energía la causa real de todos los procesos bioquímicos, incluidos los que tienen lugar en el interior del ser humano. “Pretenden convencernos de que nosotros somos el resultado de meros procesos bioquímicos cuando no es así –afirma con rotundidad Nogueira-. La verdad es que no se produce un enlace si no hay energía. No hay química sin energía. Es la energía la que induce el enlace, la que produce la química. Hoy día los físicos ya no dicen que la molécula de agua es el resultado de la unión de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Hoy definen la molécula de agua como 0’2 electrón-voltio, la energía necesaria para conseguir el enlace, el tropismo electromagnético. Si el nivel de energía es menor o mayor no se produce el enlace (es lo que se llama el todo o nada en Física Cuántica). Por tanto si la energía está armonizada las reacciones bioquímicas consecuentes serán las adecuadas pero si está desarmonizada estarán alteradas”.

En suma, a partir de esta realidad se abre una nueva manera de contemplar la salud y la enfermedad que hoy se va abriendo paso poco a poco entre nuestros médicos más jóvenes.

UNIVERSIDAD DE SANTIAGO

Hace ahora 12 años empezó a impartirse en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela –el curso tenía una duración de dos años- el Primer Master de Medicina Natural y Comunitaria. Sus organizadores pretendían con él dar a conocer a los futuros médicos otras formas de abordar los problemas de salud. Y para impartir los cursos de Acupuntura se contrató a un prestigioso maestro chino que con su mejor voluntad pretendió explicar a los sanitarios que se apuntaron a él las bases de la Medicina Tradicional China: la Ley Yin-Yang, la Ley de los 5 Movimientos (madera, fuego, etc.), la existencia de  chakras, nadis y meridianos en el cuerpo, etc. La respuesta de los alumnos no se hizo esperar: comenzaron a marcharse en el primer receso. No entendían absolutamente nada de lo que allí se estaba diciendo. Así que ante lo acaecido uno de los coordinadores del curso, el doctor Fernando Pinto, que había sido alumno de Antonio Carlos Nogueira en los cursos de Acupuntura de CEMETC en Galicia, propuso a éste que se hiciera cargo de las clases en sustitución del maestro chino. Nogueira aceptaría pero reiniciaría las clases enfocando la enseñanza desde la Bioenergética tendiendo así puentes que permitieran interpretar primero e integrar después las aparentes diferencias -la mayor parte de ellas simplemente semánticas- entre ambas medicinas.

Las encuestas de valoración realizadas entre los asistentes una vez terminado el master –recuerda Nogueira- premiaron a la Acupuntura Bioenergética con la más alta valoración. El alumnado captó rápidamente que esa estructura holística o integrativa era un auténtico cuerpo doctrinal que permitía explicar el funcionamiento de la mayor parte de las medicinas no convencionales, especialmente de la Homeopatía, la Osteopatía, la Terapia Sacro-Craneal, las técnicas manuales y terapias como la Cromoterapia, la Musicoterapia, la Aromaterapia y otras”.

De hecho el éxito fue tal que las autoridades académicas se plantearon impartir esas mismas enseñanzas a los estudiantes de 5º de Medicina. Y para sorpresa de algunos miembros del equipo docente pronto se comprobó que lejos de recibir rechazo la Acupuntura Bioenergética suscitó gran interés entre el alumnado. Los alumnos, de alguna manera, intuyeron que quizás pudieran reducirse drásticamente los diagnósticos idiopáticos –es decir, de origen desconocido- a través del estudio bioenergético del ser humano. A partir de ese momento se crearon en la Universidad de Santiago de Compostela postgrados en Acupuntura Bioenergética y Moxibustión que permiten a los nuevos médicos iniciarse en el mundo de la energías biológicas.

Nogueira está convencido de que formar médicos en Bioenergética permitirá que el día de mañana éstos sean responsables de equipos interdisciplinarios en los que haya acupuntores, homeópatas y naturópatas, algo que redundará en una mejoría de la atención primaria y permitirá reducir los disparatados costes actuales de la Sanidad Pública.

EL FUTURO PASA POR ESTUDIAR EL PASADO

-¿Realmente piensa que rescatar los conocimientos del pasado es imprescindible para la medicina del futuro?

-Ciertamente. El conocimiento médico ha estado estancado mucho tiempo porque la sabiduría de la Antigüedad se perdió en buena medida con los saqueos, incendios y guerras que asolaron el mundo entonces. El caso de las bibliotecas de Pekín y Alejandría es paradigmático pero también lo fueron las hogueras inquisitoriales y las quemas de libros de muchas de las revoluciones ideológicas posteriores. Desde el nazismo al comunismo. Todo eso acabó en buena medida con el conocimiento adquirido. Solo que eso mismo ocurrió hace milenios en Oriente. Es el caso del conocimiento adquirido en la espléndida civilización que se conoce hoy como la época de los Emperadores Míticos que gobernaron entre los años 3.500 y 4.000 a.C.. De hecho en buena medida quedó sólo un conocimiento que si bien se trasmitió de forma oral parcialmente de generación en generación al haber perdido sus bases científicas se terminaría sustentando en una mitología capaz de evocarlo. Hoy toca pues redescubrir aquellos conocimientos que no dudaban en asegurar que materia y energía son una misma cosa. Hasta hace apenas unas décadas lo que los orientales afirmaron hace milenios no se podía entender. Pero hoy sabemos que las dos piedras angulares que sustentan la Medicina Tradicional China, la Ley de los opuestos y complementarios -o Ley del Ying y el Yang- y la Ley de los Cinco Movimientos se explican gracias a los dos grandes principios de la Física Cuántica: la Relatividad y la Interdependencia.

En suma, ha habido que esperar hasta el siglo XX para entender que lo que afirma la Medicina Tradicional China se sustenta en los conocimientos de la Física moderna, de la Física Cuántica. Que lo que se creía un cuerpo doctrinal de carácter meramente filosófico y exento de toda base científica está avalado por los conocimientos más modernos, de vanguardia. Por eso la Medicina Tradicional China no logró hasta hace bien poco introducirse en el contexto académico occidental. Afortunadamente aunque sea de manera tímida hoy cuenta ya con el apoyo de muchos médicos y cada vez más centros universitarios que, como casi siempre ocurre, van por delante de la legislación.

No cabe ya la menor duda de que materia y energía son una misma cosa en diferente estado de manifestación. Y que sólo es posible que se realice un enlace químico a través de un aporte energético que permita al electrón el salto orbital. En fin, hay que explicar el significado de los conceptos empíricos de las medicinas vitalistas para que puedan integrarse en el contexto académico-científico y desechar toda la parafernalia ocultista y oportunista que deforma y mutila las medicinas tradicionales cuando antaño éstas tuvieron una plena compresión científica. Cosa diferente sería especular con el origen de tan asombrosos conocimientos así que de momento conformémonos con rescatarlos.

-¿El enfoque bioenergético supone admitir que la bioquímica o la fisiología no están en el origen de la enfermedad y que eso es algo que hace miles de años ya se sabía?

Así es. En Occidente buscamos el origen de las enfermedades en la bioquímica y no está ahí por una razón bien simple: no se produce ningún enlace químico si no hay energía. A nadie le inyectan testosterona en vena cuando está con su amada, ni adrenalina cuando está en la conquista o en alerta. Los campos energéticos de tipo emocional son los que interactúan produciendo las reacciones que todos conocemos. No hay química sin energía. Es la energía la que induce el enlace, la que produce la química. Es imprescindible pues una determinada cantidad de energía para la formación de moléculas, proteínas, azúcares… y por tanto membranas celulares, tejido, órganos, etc. Ni más, ni menos. Las funciones bioquímicas serán por tanto correctas si los impulsos energéticos que propician los enlaces son los correctos pero si la energía se desarmoniza las funciones bioquímicas se desarmonizarán y el proceso, de persistir, puede llevarnos al inicio de la enfermedad. Es necesario entender por tanto, desde un punto de vista estrictamente científico, lo qué son los llamados canales de acupuntura, el halo energético o los reservorios energético que permiten mantener los procesos biológicos en caso de carencia de aportes o gasto excesivo (véase el recuadro)…. Entre otros muchos conceptos que por el lenguaje poético empleado por los orientales no fueron entendidos.

-¿Qué supondría la adaptación de estos conocimientos a Occidente y su generalización?

-Si los que se dedican a la salud supieran que el ser humano es un ente eminentemente energético actuarían directamente sobre la energía. Tendrían así la posibilidad de tratar al paciente en la fase prodrómica (aparición de los primeros síntomas) y, lo que es más importante, detener la evolución de la enfermedad para que no pase a estadios de peor pronóstico y tratamiento (véase el dibujo adjunto). Existen decenas de signos clínicos que no conllevan alteraciones bioquímicas, morfológicas o funcionales en la fase inicial pero que se acabarán manifestando de no fomentarse la capacidad autorreparadora del cuerpo además de, cuando es necesario, actuar terapéuticamente. El organismo está lleno de “timbres de alarma” en forma de dolores, cansancio, sudoración, , sensaciones distérmicas, apetito, sed, modificación del carácter, contracturas musculares, sequedad o excesiva humedad, depresión, irritabilidad… El especialista bioenergético sabe interpretar estos signos englobándolos en un determinado síndrome, generalmente a través de la anamnesis y las biomediciones, para después dar una respuesta adecuada con técnicas bioenergéticas. La mayor parte de los diagnósticos clínicos occidentales no alcanzan estas fases primarias de la enfermedad pues ni las analíticas, ni las múltiples pruebas de imagen (RMN, TAC, etc.) las detectan. Es pues en esa fase subclínica y prodrómica donde más puede aportar la Medicina Energética.

-Denos un ejemplo 

-Pongamos el caso de una cefalea crónica. Para la medicina occidental una vez descartada la posible causa obstructiva, neoformativa o traumática el único recurso son los fármacos analgésicos que inhiban o eliminen el dolor. Para un bioenergético -un acupuntor, por ejemplo- como la cefalea es un signo clínico que puede ser común a diversos síndromes debe hacer ante todo un diagnóstico diferencial basándose en la biomedición y en el cotejo sintomático a fin de determinar el síndrome específico y acabar con la causa raíz. Si la cefalea se acompaña de irritabilidad, insomnio, rojez ocular, contractura muscular, etc., se encuadraría dentro de un síndrome denominado Plenitud de hígado. Pero si la cefalea cursa con astenia, alteraciones dermatológicas, frecuentes afecciones en las vías respiratorias, etc., se encuadraría en un Síndrome de insuficiencia de pulmón. Y si se acompaña de gastralgia e incremento en los periodos interpandriales con abundante meteorismo podría estar en relación con una Plenitud de estómago. Luego, una vez regulado el organismo, con las biomediciones en la mano podemos actuar en un sentido u otro y evitar que la situación llegue a cronificarse.

LA REGULACIÓN ENERGÉTICA

-Hoy existen modernos dispositivos informatizadosde biomedición y sin embargo sabemos que usted se muestra escéptico sobre sus posibilidades. ¿Por qué?

-En la actualidad se están utilizando múltiples aparatos, algunos altamente sofisticados y precisos como los diversos tipos de Riodorakus, el Quantum SCIO, elBIMET, elMORA , el QUANTEC… Y siguen apareciendo más. Muchos de estos biomedidores incorporan además tratamientos con electroacupuntura, barridos frecuenciales, resonancias electromagnéticas, emisiones bioeléctricas resonantes con cada órgano, etc. Pero está constatado que algunos no reproducen el mismo diagnóstico si a la misma persona se le hace el chequeo dos veces de forma seguida. Por otra parte, la experiencia me dice que en otras ocasiones no se usan adecuadamente y no son por ello lo eficaces que debieran. Además los efectos positivos se multiplican exponencialmente cuando previamente se le hace al paciente una regulación energética con acupuntura. En suma, es fundamental regular o armonizar la energía como protocolo previo e ineludible a cualquier tratamiento de restauración de la salud.

-¿Por qué da tanta importancia a hacer una “regulación energética” como paso previo de cualquier tratamiento?

-La regulación energética cumple dos grandes objetivos. El primero tiene que ver con la capacidad de autorreparación que todos los seres vivos poseen. En algunos es excepcionalmente evidente. Es el caso de las lagartijas que cuando pierden la cola son capaces de hacerla creer de nuevo; y otro tanto pasa con las estrellas de mar cuando pierden un brazo ya que pueden volver a reproducirlo. Bueno, pues sin llegar a tanto también los seres humanos poseemos una cierta capacidad de autorreparación. Y si está no se da es porque hay un factor de desequilibrio que lo impide. Y éste es siempre, en su génesis, energético. Bueno, pues al reequilibrar la energía del cuerpo potenciamos las capacidades inherentes a todo ser vivo consiguiendo un efecto beneficioso que, en cascada, se extiende a nivel bioquímico, funcional y orgánico lo que puede llevar a la remisión -drástica o paulatina- de los síntomas. Pero sobre todo -y esto es lo más importante- a prevenir evitando que la enfermedad se manifieste. Antiguamente los médicos chinos examinaban a las personas que estaban bajo su competencia con un diagnóstico integral del pulso y se ocupaban de regularles energéticamente para evitar que enfermaran. Con lo que si el paciente mantenía la salud cobraba su “iguala” y si enfermaba la perdía. Ello hacía bueno el antiguo adagio chino de “mal médico es el que cura, buen médico es el que previene la enfermedad”.

El segundo objetivo de la regulación energética es facilitar la eficacia de las aportaciones terapéuticas del profesional en el caso de que como consecuencia de un cuadro crónico y complejo no se alcanzara el objetivo de inducir la autorreparación. En ese caso la regulación energética prepara el terreno para una posterior actuación consiguiendo con ello una mayor eficacia y un menor número de sesiones clínicas. Esto es así incluso en campos tan ortodoxos como la fisioterapia y la cirugía ya que está demostrada una mayor hemostasia durante la intervención y una más rápida recuperación posterior.

-¿Es preciso ser acupuntor o experto en Medicina Tradicional China para realizar ese proceso de regulación energética?

-En absoluto. Cualquier profesional de la salud tiene acceso a esa apertura de puertas que supone la regulación energética. Se aprende en pocas horas y lo pueden aplicar todo tipo de profesionales, tanto del ámbito de la medicina ortodoxa como de la erróneamente considerada “heterodoxa” o alternativa. Con la disponibilidad de los modernos dispositivos se trata simplemente de actuar sobre unas determinadas combinaciones de puntos en función de los resultados obtenidos en las gráficas o parámetros de medición. En ellos están reflejados todas las disfunciones y desequilibrios energéticos. Desequilibrios de lateralidad -causantes de alteraciones en la vista, el olfato y el oído-, desequilibrios ente un órgano y su víscera -causantes de disfunciones hepatobiliares, grastropancreáticas o nefrovesicales-, desequilibrios alto-bajo -causantes de insomnios, claudicación intermitente, extremidades inferiores frías, etc.-, desequilibrios de energía–sangre -causantes de estados de hiperactividad o hipoactividad generalizadas-… Todo ello manejando unos criterios simples de fácil aprendizaje.

En el caso de un asma alérgico, por darle un ejemplo, pueden darse dos circunstancias: un déficit de pulmón -predisposición congénita o adquirida)- y una plenitud del hígado como agente desencadenante. Bueno, pues si trato exclusivamente el pulmón podré paliar los síntomas… pero si no elimino el factor desencadenante el cuadro puede recidivar e incluso cronificarse. Los signos clínicos de la deficiencia de pulmón son claros tanto en la fase aguda como en la crónica; sin embargo en la fase subaguda o latente no se detecta la plenitud del hígado si no es a través de biomediciones. Realizada periódicamente la regulación energética evitará que se produzca dicha plenitud con lo cual no se desencadenará el cuadro agudo aunque el individuo tenga predisposición.

-Lo que mantiene usted supone cambiar por completo la mentalidad del médico convencional que debería centrarse en prevenir más que en curar y en dejar de utilizar complejos sistemas de tratamiento para optar por otros mucho más sencillos.

-Es verdad. De hecho lo que habría que hacer ya, sin esperar más, es modificar los planes de estudio de las facultades de Medicina. Porque entre otras cosas en ellas hoy no se enseña el sistema energético que rige las funciones bioquímicas a través del sistema nervioso y endocrino, qué desequilibrios puede ello provocar y cómo prevenirlos y tratarlos cuando se producen. Mire, cuando la energía del cuerpo se altera comienzan a aparecer una serie de signos clínicos que los médicos convencionales son luego incapaces de encontrar e interpretar porque no se les ha enseñado a hacerlo. Veinte mil cuadros distintos que para ellos no tienen justificación. Unos porque no se comprenden bajo el punto de vista occidental y otros porque se consideran poco relevantes (si alguien suda mucha o poco, si las heces son de una forma u otra…). Y no entender esto supone privar al paciente de la más importante de las terapias: la preventiva. Así que hoy vemos cómo muchos pacientes le repiten al médico una y otra vez que se sienten mal y cómo éste, al no encontrar con sus métodos de diagnóstico nada anormal, se limita a decirles que procuren descansar o les mandan al psiquiatra si se ponen pesados. Aunque otras muchas veces se limitan a tratar de aliviar con fármacos los síntomas más evidentes. Cuando la enfermedad es mucho más fácilmente tratable a ese nivel y no debe permitirse que pase al nivel bioquímico. Porque una vez que se altera la bioquímica (transaminasas, colesterol, glucosa…) se altera también la función y comienzan a aparecer lesiones a nivel orgánico. Así que, ¿cómo es posible que el cirujano sea considerado el número uno, la cúspide del sistema sanitario, cuando llegar a la cirugía implica que se ha fracasado en el tratamiento?

Por otra parte, hay que proponer las terapias en función de la evolución de la enfermedad. Porque, ¿quién cura en la fase energética? El acupuntor. ¿Quién cuando está alterada la función bioquímica? La farmacia, los químicos. ¿Quién cuando está estropeada la función? El médico, el fisio, el rehabilitador… ¿Quién cuando el órgano está enfermo? El cirujano. No hay pues que olvidar que la intervención de éste, por importante y valiosa que sea, no deja de representar a nivel global el fracaso del sistema.

Mire, a mi juicio los “médicos de familia” deberían ser profesionales formados en Medicina Bioenergética –con conocimiento suficiente pues de la Acupuntura- y en Medicina Homeopática –porque es eficaz y carente de efectos secundarios negativos-. Y deberían proceder además tal y como se hacía en la antigua China. Allí, a primeros de cada otoño, el médico convocaba a sus pacientes, les tomaba el pulso, les hacía una revisión clínica, les regulaba energéticamente, les daba consejos de nutrición… y listos. Solo después, si aún así enfermaban, es cuando entraba en juego la fitoterapia y la farmacopea. Es decir, el médico cobraba si la persona a su cargo permanecía sana y dejaba de hacerlo si enfermaba.

Antonio F. Muro


Nuevos significados para términos habituales de la Medicina Tradicional China

La experiencia le ha permitido constatar al doctor Antonio Carlos Nogueiraque la reticencia sobre la Medicina Tradicional China que provoca el lenguaje poético con la que ésta describe sus fundamentos desaparece cuando al médico occidental se le explica que sus términos tienen su correlación con los actuales conocimientos de la ciencia moderna. Veamos algunos ejemplos:

Madera, tierra, fuego, metal y agua. Los cinco elementos.

Los chinos utilizan estos cinco símbolos obtenidos a partir de la observación de la naturaleza para describirla. Solo que en el fondo de los mismos subyace un principio físico muy bien conocido hoy: cualquier energía, incluida la de los seres vivos, se puede representar -y por tanto clasificar- por su longitud de onda además de por otros parámetros. Pues bien, los antiguos maestros chinos dividieron todas las radiaciones electromagnéticas -en realidad todos los estímulos del medio, incluidos los emocionales- en cinco grandes “arquetipos” -a cada uno de los cuales le correspondería una “frecuencia”- que agrupan colores, sabores, notas musicales, emociones, influjos ambientales, calor, presión atmosférica, radiaciones electromagnéticas del sol, etc. Es decir, que según sean las longitudes de onda de cada uno de esos grupos –de sus características “energéticas” pues- “resonarán” y se “sincronizarán” entre sí o influirán electromagnéticamente sobre una función fisiológica determinada. Por ejemplo: el viento, el color verde, la nota musical do, la primavera y el sabor ácido son estímulos que por sus características energéticas influyen directamente sobre la función fisiológica “hígado” que podemos traducir como acción, movimiento, capacidad de respuesta y adaptación. En suma, la tradición china -a través de un nombre metafórico- relaciona todos los estímulos del medio ambiente capaces de resonar -en función de sus características energéticas- con cada uno de los cinco órganos -hígado, corazón, bazo, riñón, páncreas y pulmón- formando así las duplas riñón-agua, pulmón-metal, corazón-fuego, hígado-madera y bazo/páncreas-tierra; y, sobre todo, con una respuesta fisiológica determinada.

Los  chakras y meridianos de la Acupuntura.

Para que el lector no versado lo entienda diremos que elcuerpo energético puede definirse como un fluido bioenergético de carácter electromagnético que rodea al cuerpo e interpenetra todas sus células proveyéndole de la energía necesaria para la manifestación de la vida. Es pues el responsable del mantenimiento del orden celular y, por tanto, de la vida. Y su conexión con el cuerpo físico se realiza a través de unos centros energéticos o vórtices llamados chakras que están en continuo movimiento girando en forma de espiral siendo siete los principales -alineados a lo largo de la espina dorsal- y veintiuno los secundarios aunque hay otros más de menor importancia. De hecho se han detectado en acupuntura más de ochocientos vórtices. El chakra principal está ubicado en el plexo solar, bajo el esternón, y su función es captar y repartir la energía vital a los demás. Pues bien, los canales energéticos o vías por las que discurre esa energía se denominan meridianos, son doce y se sitúan a derecha e izquierda de la línea media repartiéndose en seis meridianos yin y seis yang.

Fueron descritos hace milenios con asombrosa precisión y corroborada su existencia por la ciencia moderna. De hecho como se trata de vías de resonancia electromagnética que ofrecen menor resistencia al paso de corriente de bajo voltaje son perfectamente detectables con diferentes técnicas -mediante mera detección eléctrica, trazadores radioactivos o un simple puente de Winston (microamperímetro)- ya que según la conocida Ley de Ohm si el voltaje permanece constante la disminución de resistencia incrementa la intensidad en un punto. Por eso si el paciente agarra un terminal que le transmita desde una batería un voltaje constante de 12 voltios mientras con una sonda conectada al mismo aparato el terapeuta palpa la piel se observa cómo según se aproxime éste al meridiano aumenta la intensidad y el dispositivo biomedidor suena más, se encienden sus luces de aviso o se eleva la aguja del microamperímetro. Y si se aproxima al punto de acupuntura dentro del meridiano aumenta aún más la intensidad. Que se acrecienta aún más si hay un problema patológico. Todo esto se basa en el hecho de que la piel normal ofrece más resistencia que el meridiano, éste más que el punto y éste más que el punto patológico.

En pocas palabras, la actual tecnología ha constatado que los antiguos chinos tenían razón y los vórtices y canales de energía que describieron realmente existen. Aunque aún haya doctos ignorantes que lo desconozcan.

El místico Halo energético.

Sabemos que la energía es verificable por alguno de los epifenómenos que acompañan su circulación; por ejemplo, el calor. Igualmente sabemos -pura Física elemental- que el calor no es más que energía situada en una determinada banda del espectro electromagnético, concretamente en la banda infrarroja. Y es sabido que en esa banda hay longitudes de onda menores y mayores. Pues bien, las menores, las más próximas al espectro visible, tienen mayor capacidad de penetración y movimiento, y tienden a salir más hacia el exterior. Y es esta radiación a la que los textos clásicos chinos definen como energía Wei ligada a la capacidad del organismo de homeostasia con el medio. Bueno, pues el ser humano emite una emisión electromagnética de aproximadamente 40 micras de longitud de onda dentro del espectro infrarrojo que es fácilmente detectable hoy con los visores de visión nocturna como los que usan los soldados; a través de ellos no se ve ni la piel, ni los huesos, ni la sangre, sólo “halos energéticos” de calor. Es decir, no se ve la materia, se ve sólo la energía. Y tan simple dispositivo –que sin embargo tiene apenas unas décadas- demuestra de nuevo que los chinos tenían razón.

Los reservorios de la energía.

Nuestra energía corporal no suele nunca agotarse –salvo al morir- porque la capacidad adaptativa de todo ser vivo hace que parte de la misma se almacene con objeto de poder utilizarla en caso de perentoria necesidad, de pura supervivencia. Y la deposita en “bolsas energéticas”. Pues bien, ese concepto está incluido en lo que la fisiología china denomina el Riñón Yang. Se trata de un “depósito de energía” ligada a compuestos orgánicos (glucógeno, ácidos grasos…) pero también engloba el conjunto de reacciones biológicas que se ponen en marcha ante situaciones de alto gasto energético como las respuestas adrenalínicas al estrés, las respuestas adaptativas de tipo corticoideo (cortisol o aldosterona), las respuestas hipotalámico hipofisiarias, las respuestas gonadales, etc.

Este reportaje aparece en
122
Diciembre 2009
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