Luis Bertelli: “Los jueces deben responder ante la ley como cualquier ciudadano”

Luis Bertelli: “Los jueces deben responder ante la ley como cualquier ciudadano”

El abogado español Luis Bertelli -presidente de la Fundación Justicia Responsable e Independiente (JUREI)- ha conseguido que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid aceptara una demanda de responsabilidad civil contra unos jueces que no condenaron la presunta negligencia de un anestesista. Se trata de un hito en nuestra democracia porque son muchos los jueces que en España actúan con prepotencia e impunidad. Y Bertelli es contundente en ese sentido:“Los jueces deben responder ante la ley como cualquier ciudadano. Es hora de que lo entiendan y asuman”. Hemos hablado a fondo con él.

Hace ahora tres años y medio Luis Bertelli afirmó en estas mismas páginas que “el derecho a la salud no es posible sin una justicia independiente”. Añadiendo: “En España los ciudadanos nunca hemos tenido derechos, únicamente deberes. Y lo más grave es que nos resignamos y seguimos suplicando Justicia en vez de exigirla”. Miembro de nuestro Consejo Asesor este letrado auténticamente independiente que ha denunciado ya a más un centenar de jueces fue entonces contundente llegando a hacer afirmaciones tan duras como ésta: “Veintitrés intensos años de convivencia con el poder judicial avalan la manifestación de este letrado de que en su seno tenemos a los mayores criminales de este país, no sólo por vulnerar impunemente las leyes penales sino por haber arruinado, abusando de su poder, la vida de infinidad de ciudadanos y obligado a tantos justiciables y profesionales a prostituirse conocedores de que los pleitos los ganan los más allegados al juez”. Una convicción que afortunadamente no le ha hecho tirar aún la toalla: “No voy a resignarme jamás a aceptar que 4.000 jueces puedan destruir la vida, el patrimonio y la dignidad de más de cuarenta millones de personas sin que les pase nada”.

Pues bien, que hablaba en serio lo demuestra una vez más que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid aceptara hace escasas semanas investigar su denuncia contra otro grupo de jueces. ¿La razón? Hace ahora 20 años una operación de nariz dejó a Antonio Meño Ortega en coma vigíl irreversible. Resulta que la sencilla intervención a la que se sometió cuando contaba solo 20 años –y que no era ni siquiera necesaria- se efectuó con anestesia general pero al terminar la misma fue extubado de forma precipitada -antes de que recuperara el conocimiento- y ello hizo que aspirase el vómito que le sobrevino al no tener reflejos en la glotis y sufriera un broncoespasmo y una anoxia durante varios minutos que le llevaron al coma. La conducta claramente negligente del anestesista sería recogida de forma detallada por el juez de lo penal que llevó el caso y por ello lo condenó pero, recurrida la misma, la Audiencia Provincial decidió absolverlo de forma sorprendente. Así que bloqueada la vía penal los Meño tuvieron que acudir a la civil perdiendo en todas las instancias a pesar de estar cargados de razón. Pero lo más grave es que fueron además condenados a pagar casi ¡400.000 euros! para abonar los honorarios de los procuradores y abogados ¡del anestesista, la clínica y las compañías aseguradoras! Fue entonces cuando Luis Bertelli, harto de tanta injusticia, decidió ayudar a esos padres a demandar a quienes dictaron esas sentencias. Y el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, para sorpresa de muchos, aceptó investigarlo.

-Cada vez da más la impresión de que quienes realmente manejan España son los jueces…

-Sí, porque prácticamente todo termina delante de un juez. Y los políticos, que lo saben, prefieren por eso controlar a la Justicia antes de que ésta les controle a ellos. Si los jueces metieran en la cárcel a los políticos que roban y les quitaran todo lo robado España empezaría a ser otra pero no es así. Y lo peor de cada caso de corrupción que sale a la luz es que seguirán viniendo más porque a sus autores no les pasa nada.

A cambio los ciudadanos de a pie pagamos esa falta de independencia de los jueces con su ausencia también de responsabilidad. Se les denuncia y no pasa nada.

-Así es. Pero esto no es nuevo en la historia. La Revolución Francesa fue en realidad una revolución contra los jueces como muy bien explicó Michael Focault. Su primera acción fue destruir el sistema judicial, acabar con los jueces del antiguo régimen que favorecían a los poderosos.

Y con su libro Jueces a juicio propone usted otra revolución… pero esta vez en España.

-Estoy convencido de que en este siglo XXI habrá un nuevo Renacimiento, otra “piqueta demoledora” como lo fue la Ilustración del XVIII. Nuestros jueces no pueden seguir degradando impunemente la dignidad de las personas, ni ningún abogado debería verse obligado a inclinarse reverencialmente ante el juez para ganar el pleito que éste juzga. De eso trata el libro.

Por eso se lee de un tirón, atrapa desde la primera página.

-Quizás sea porque a lo largo del mismo voy mostrando la importancia que tiene exigir de una vez que se nos respete, que los ciudadanos somos el prius -lo primero- y que los políticos y jueces están detrás, son el posterius. No tenerlo claro hace que tiremos la toalla ante el primer contratiempo que surja y solo pierde quien renuncia a defenderse.

Los abogados tampoco salen bien parados en su libro. “Si fueran honestos tirarían la toga y se marcharían a casa” llega a decir usted.

-Es que los abogados somos culpables de tanto sufrimiento y frustración. Más que a la desgracia los seres humanos tememos a la injusticia -como dijera Kant- y los letrados españoles evitan hoy por regla general enfrentarse a los jueces para que reparen las injusticias que cometen olvidándose de que son el único asidero con el que cuentan los ciudadanos para luchar contra la arbitrariedad judicial.

-Arbitrariedad como la que han sufrido Antonio y Juana, con un hijo en coma irreversible por una negligencia médica que los jueces no condenaron…

-Nuestra constitución garantizaba a esos padres el derecho a que su hijo recibiera un cuidado médico acertado pero se lo devolvieron convertido en un vegetal por un fallo anestésico. Acudieron a la Justicia y habiendo soportado durante veinte años la desgracia de tener a su hijo en coma no aguantaron ni un instante la injusticia que supuso que finalmente se absolviera al anestesista por lo que se echaron, literalmente hablando, a la calle. Hoy están acampados con su hijo en la Plaza Jacinto Benavente de Madrid, frente al Ministerio de Justicia, tras haber exigido responsabilidades a los jueces que no condenaron al anestesista. Ante la indiferencia, permítame decirlo claramente, de muchos medios de comunicación y de todos los políticos.

-Sabemos que ha presentado usted en su nombre una demanda contra esos jueces ¡y ha sido admitida a trámite!A pesar de que muchos pensaban que su escrito iba a ir directamente a la papelera.

-Esos agoreros, lejos de acercarse a compartir el dolor de la familia Meño y animarles en su legítima reclamación, iban para aconsejarles que retiraran la demanda porque no conseguirían nada ya que, les decían, los jueces son intocables. Y con esa mentalidad nunca dejaremos de ser un país de sometidos, de gente humillada. Si todos hemos de responder por nuestros fallos, ¿por qué debemos permitir que los jueces no paguen nunca por el daño que hacen?

La jueza de Primera Instancia absolvió al anestesista porque según ella Antonio y Juana, los padres, deberían haber “probado” su incorrecto proceder.

-Si. Pretendía que le dijeran ellos lo que pasó cuando según la jurisprudencia ante un resultado tan desproporcionado como el que se produjo era el anestesista el que tenía que demostrar que todo lo hizo correctamente, que se trató de un caso fortuito o de fuerza mayor, lo que obviamente no acreditó.

-¿Y la Audiencia Provincial?

-En segunda instancia la respuesta de los jueces fue todavía más inexplicable. Después de analizar en la sentencia cuál debía ser el protocolo de actuación de todo anestesista no entraron a comprobar que en el caso de Antonio y Juana ese protocolo no se cumplió y que había de ser por tanto dicho profesional de la Sanidad condenado.

-Tenemos entendido que uno de los magistrados de la Audiencia anunció un voto discrepante contra la sentencia pero después no lo redactó.

-Es cierto. Ese voto particular que anunciara, contrario al criterio de sus otros dos compañeros, no llegó posteriormente a elaborarlo. Será interesante conocer en el juicio en el que se les pide a todos responsabilidad la razón por la que no lo hizo. Pienso que más que miedo a la demanda interpuesta lo habrá tenido todo este tiempo a su conciencia.

-Los Meño también piden al Congreso que averigüe lo que pasó con su reclamación ante el Comité de Derechos Humanos.

-Antes de acudir al procedimiento civil Antonio y Juana fueron a la vía penal y el Juzgado de Instrucción nº 10 de Madrid condenó al anestesista por negligencia pero éste recurrió y la Audiencia, incomprensiblemente, lo absolvió. Agotados en ese juicio penal todos los recursos en España presentaron en el Comité de Derechos Humanos -con sede en Ginebra- una Comunicación por no haber tenido un juicio justo. Y una firma sin nombre, una “mano negra” como expongo en el libro, la echó para atrás sin leer siquiera la documentación. Por eso han presentado una Petición en el Congreso a fin de que éste exija una explicación a ese Comité que se burla sistemáticamente de los españoles que no tienen fuerza para hacer oír su voz.

Comité de Derechos Humanos cuyo mantenimiento nos cuesta un buen dinero y que sólo sirve para llenarnos una y otra vez de frustración.

-Efectivamente, pero, ¿qué le voy a contar a usted de frustraciones viendo cómo la corrupción de nuestras instituciones va a más, que los jueces no le ponen freno y que cuando llamamos esperanzados a las puertas del Tribunal de Estrasburgo o del Comité de Derechos Humanos nos encontramos con más corrupción?

-Al devolverle el Comité de Derechos Humanos toda la documentación que enviaron Antonio y Juana no queda constancia alguna de esas violaciones cometidas por España.

-Eso es lo más grave. Los Meño, como muchos otros españoles que también enviaron esperanzados sus Comunicaciones, no figuran en los archivos de ese tribunal internacional. No queda documentación alguna que demuestre la razón que tenían y cómo les privaron arbitrariamente de ella. Por eso hace falta una investigación, porque se viene diciendo que en España se respetan los derechos humanos ya que no llegan casos al Comité cuando lo que parece estar pasando es que devuelven esos asuntos sin siquiera analizarse y sin que quede rastro alguno de los mismos en sus archivos.

-¿Cree usted que nuestros diputados van a preocuparse de lo que Antonio y Juana denuncian?

-La Comisión de Peticiones del Congreso de los Diputados respondió a finales de octubre pasado alegando que “sus competencias constitucionales no le permiten exigir cuentas al Comité de Derechos Humanos de Ginebra”.Y la respuesta de los padres del infortunado Antonio fue inmediata, recordándoles que conforme al artículo 93 de nuestra constitución deben garantizar que el Pacto de Derechos Civiles y Políticos que aplica el Comité se cumpla. Evidentemente lo sucedido deja muy claro que ser español no significa nada en el concierto internacional. En Europa se ríen de nosotros porque no tenemos unas Cortes que defiendan nuestros derechos. Por eso los padres preguntan en su escrito qué habría pasado si en lugar de sucederle esto a ellos les hubiese acontecido a unos padres franceses, alemanes o suecos. Y que mucha gente piensa de esta forma lo demuestra que han vuelto a llevar al Congreso cinco mil firmas más de ciudadanos que les apoyan y piden que se investigue lo ocurrido en ese Comité.

Una vergüenza. Hay que aceptar pues que en España no hay Justicia.

-Por supuesto que no hay Justicia. Las teorías modernas sobre la Justicia parten de la base de que todos merecemos la misma atención y respeto pero en España seguimos viendo esa diferencia de trato en los juzgados y tribunales en función de lo que somos y tenemos. La famosa doble vara de medir de la que hablara el cardenal Tarancón. Y lo peor es que hay que pedir que arreglen la Justicia a quienes se benefician con las injusticias.

-Bueno, es cada vez mayor el número de gente que piensa que así no podemos continuar, que se da cuenta de que los tribunales no funcionan y de que en España los corruptos viven a todo trapo y rodeados de lujo mientras mucha gente honesta no llega a fin de mes.

-Y encima no promocionan la cultura que es lo que permitiría comprender que todos somos iguales ante la Ley y que ha de llegar a ser verdad que el que la hace la paga. Pero nada, la única lectura que se nos ofrece es para que sigamos obedeciendo, votando, pagando, respondiendo…Las preguntas, ya se sabe, continúan haciéndolas los jueces.

Su libro sí se lee…

-Pero no quieren que se lea. Han sido varios los medios de comunicación que se han interesado por él, que se han puesto a escribir sobre el mismo y a recomendarlo pero el Gran Hermano se lo ha impedido al final. Algunas librerías no lo quieren vender y otras lo mantienen oculto y lo sacan del almacén sólo si preguntan por él.

Podríamos decir por tanto que es un libro censurado, prohibido, porque se ve en él el peligro de que pensemos por nosotros mismos, que nos demos cuenta de que lo primero en una democracia ha de ser una Justicia independiente y responsable.

-Entiendo que sí. No quieren que veamos que lo verdaderamente importante en una democracia es que exista una Justicia que sea el dique y también el cauce por donde transcurra esa otra sociedad que todos estamos reclamando, como dijera ya Azaña.

-Y lo peor es que se ha producido una terrible involución. Cada vez tenemos menos derechos y más beneficios si nos estamos quietos y no protestamos.

-Es evidente Las multas de tráfico son el último ejemplo. Pague usted aunque no sea culpable –vienen a decirnos. y le rebajaremos el 50% ya que si recurre puede encontrarse con jueces inclinados del lado de la Administración que le quitarán la razón teniéndola y le condenarán además en costas. O la reciente Ley Orgánica 1/2009 de 3 de noviembre que nos obliga a pagar por cada recurso que presentemos en juzgados y tribunales lo que supone un freno injustificable al derecho constitucional a  los recursos.

-Será entonces más difícil denunciar a los corruptos porque costará  más dinero

-Desgraciadamente va a ser así. Las acusaciones populares ejercidas por valientes ciudadanos que arriesgan hasta su vida denunciando casos de corrupción verán incluso afectados sus patrimonios al tener que pagar por recurrir los autos de archivo, los que denieguen la práctica de prueba o dificulten o impidan la investigación de lo denunciado.

-También cuenta en su libro cómo un hombre fue privado de libertad simplemente porque así lo quiso un juez.

-Fue un caso terrible. Sólo tenía que notificarle un sencillo trámite pero ordenó detenerlo, llevarlo esposado a su presencia, con el daño que ello hizo a su dignidad y consideración social. Ser juez significa hacer uso de la Justicia para imponer la ley sin que nadie se escape pero cuando lo que impone el juez es su caprichosa voluntad entonces no hay justicia sino arbitrariedad. Si además ese juez, al actuar de esa forma es conocedor de la injusticia que comete, estamos hablando ya de prevaricación. ¿Y cuantos jueces en España usan correctamente el poder que les ha sido dado para administrar Justicia? Muy pocos.

-La impresión general es que en Españalos jueces abusan de su poder. Los abogados no es que les respeten, ¡es que les temen!

-Cierto. Y en un Estado de Derecho debería ocurrir todo lo contrario. Los jueces han de transmitir seguridad y tranquilidad al ciudadano, en especial cuando la razón le asiste. Desgraciadamente a menudo no es así porque a muchos les parece más importante conservar a ultranza el buen nombre del poder judicial -aunque éste arruine impunemente vidas como las de los Meño o las de las otras personas de las que hablo en el libro- que reconocer que unos jueces se excedieron en su función. Pocos entienden que el honor de los jueces pasa porque se reparen los agravios que estos cometen. Y el de los abogados por impugnar hasta el orden establecido si este protege indebidamente a los jueces que dañaron ilegalmente a sus clientes.

Es decir, que al igual que en el régimen de Franco seguimos esperando que la Justicia llegue a la Justicia.

-Lamentablemente así es. En nuestro país, que tiene una larga historia de sumisión y vasallaje, muchos confiamos en que los jueces de la democracia cambiarían esta situación pero nos han defraudado. Pero es que los mismos jueces que privaron a muchos de sus derechos más elementales no podían pasar de un día para otro a garantizarnos que éstos nos serían respetados. Los nuevos jueces vieron lo que éstos hacían sin que nadie les pidiera responsabilidades y les imitaron por lo que siguieron actuando como dueños de la ley y no como sus servidores. Y eso es lo que nos ha llevado a la actual tiranía judicial que padecemos algo que demuestra, entre otras muchas cosas, el libro Jueces a juicio.

-Lo hemos leído y desde luego es intolerable que unos jueces negaran a Asunción, otra de las víctimas del sistema judicial de las que habla usted en él, el dinero que le correspondía para poder sacar a sus hijos adelante.

-Por supuesto. Grave es que no se liquidara pronto la sociedad de gananciales que tenía con su marido para darle su parte pero mucho más grave resulta aún que decidieran no hacerlo para dar con ello un escarmiento a Asunción por haber tenido el atrevimiento de denunciar una y otra vez las dilaciones indebidas que se venían produciendo en su caso. Es más, ni siquiera la publicación del libro sacando a la luz el injustificable abuso de poder de esos jueces ha conseguido poner fin a los retrasos en su proceso. Se niegan a entregarle lo que le pertenece aunque la ley diga que debieron dárselo hace ¡más de trece años! Les da igual. Nuestros jueces están por encima de la ley. Éste y otros muchos casos lo acreditan.

-Pues difícil lo tienen entonces los enfermos que quieran reclamar o exigir sus derechos en los tribunales de justicia.

-Así es. Además en un reciente estudio sobre la Sanidad europea elaborado por el centro de análisis Health Consumer Power House con la colaboración de la Comunidad Europea se suspende a España en lo que al respeto de los derechos de los pacientes se refiere. Si encima decide acudir a la Justicia debe saber que este país “tiene la piedad mal encauzada” como bien dijera el legendario jurista Sánchez Tejerina. Aquí se siente compasión por los infractores de la ley en lugar de tenerla por sus víctimas que quedan siempre en el abandono más absoluto.

-Y también estamos muy lejos de conseguir mejorar la política sanitaria…

-Ciertamente. Claro que aquí ni se escucha a los enfermos… ni a los médicos. Habría que aprender de países como Holanda que sí lo hace y está a la cabeza en ese estudio del que antes hablé. Es inaceptable que no se valore a los buenos médicos ni se cuide la investigación en España. Y es muy triste ver la inversión que se hace para preparar bien a esos profesionales y dejar después que se marchen a ejercer al extranjero a pesar de necesitarlos urgentemente en nuestros hospitales. Es más, a los pocos que contratan les exigen que hagan “guardias” de más de 30 horas sin descansar.

-En Jueces a juicio afirma que el futuro que predijo George Orwel ya ha llegado. Y el libro así lo demuestra.

-Sí. Como él anunciara hemos llegado a un mundo cada vez más deshumanizado en el que el poder que se busca no es ya sobre las cosas sino sobre las personas. Y la gente honrada debería reaccionar cuanto antes porque cada vez que retrocede su espacio lo ocupan poderosos sin escrúpulos aumentando de esa forma su fuerza destructiva. Fundamentalmente ha de protestar esa enorme porción de la sociedad que nunca quiere problemas porque hoy es imposible esperar que aparezcan “salvadores”. Debe ser un esfuerzo del conjunto de los ciudadanos, de todos los que vemos cómo cada vez se nos exige más y se nos da menos.

-Por eso en su libro invita abiertamente a los ciudadanos a que se rebelen de una vez, pero, ¿no cree que tal posibilidad es utópica?

-No hay nada más horrible que vivir resignados. Es la peor forma de no vivir. Ningún juez es tan poderoso que no podamos dominarlo con la Ley, con la razón y con nuestra fe en esa otra Justicia que merecemos tener en España. La utopía, como dijera Anatole France, es el diseño de un futuro mejor, justo lo que anhelamos todos porque el presente que vivimos no satisface ya a casi nadie.

Van a cumplirse 20 años desde que el ABC, con ocasión de la publicación de su libro Clan Judicial, recogiera en un titular esta frase suya: “La corrupción de la Justicia es una realidad”. Nadie pareció alarmarse entonces ante tamaña afirmación pero el tiempo se ha encargado de corroborarla. ¿No le resulta desolador?

-La verdad es que sí. Más dañino que los delitos de corrupción que han arruinado España es la absolución de los culpables por algunos jueces. Y por más soluciones que se quieran buscar para poner fin a esto no creo que haya ninguna más eficaz que la de conseguir que los jueces se responsabilicen de sus actos y decisiones. Para eso hay que constituir un jurado popular integrado por personas de demostrada equidad e independencia que sea el que se encargue de enjuiciar sus conductas, porque se ha demostrado inoperante que los jueces se controlen a sí mismos.

-Veo que sigue con mentalidad dinámica, positiva, con la ilusión de que es posible cambiar aún la situación.

-El deseo de cambio es la fuerza más poderosa que existe y es la única forma de acabar con la España del siglo XIX. Hay que impedir que los cargos públicos se utilicen para fines particulares, que los propios gobernantes fomenten la corrupción y que los jueces lo consientan. No debemos entregar sin más a cualquiera lo más valioso que tenemos en democracia, nuestros votos, para que se siga marginando a la gente honrada y aprender que la única receta es que no hay que ceder jamás ante el abuso de los poderosos, porque entonces vendrán más abusos.

-Un político espabilado llamó al último Código Penal el Código de la Democracia.

-Sí, un político que fue antes juez. Lo diría por los beneficios que reporta a los que detentan el poder. ¿Sabe usted la pena que le cae a un juez que destroce ilegalmente su vida en un pleito? Dejar de trabajar durante un tiempo. Eso es todo. Sin que la sentencia injusta que dictara en su contra se pueda siquiera anular. Además para que cumpla esa pena primero habría que condenarlo y eso prácticamente nunca acontece. En España no habrá Justicia mientras las represalias y abusos de los que mandan no se castiguen. El Código que los sancione sí será el de la democracia.

-Le preocupará mucho el corporativismo judicial a la hora de juzgar a los jueces del caso Meño…

-Naturalmente. Cuando de denunciar a jueces se trata la norma es la desestimación de la querella o demanda. La excepción es que prosperen. Y eso seguirá siendo así mientras lo aceptemos resignados pero cambiará el día en que entendamos -como sucedió en Los Ángeles- que los jueces deben responder ante la ley como cualquier ciudadano. Es hora de que lo entiendan y asuman. La Justicia nos pertenece a nosotros, no a los jueces. En esa ciudad estadounidense se dictó hace unos años una sentencia que absolvió injustamente a los policías que agredieron a unos hombres de color y durante varios días hubo un caos total. Caos que continuó hasta que el juicio se repitió y los culpables fueron condenados. Todo un ejemplo de cómo la lucha de un pueblo puede reinstaurar el Estado de Derecho cuando éste se viola.

-Su obra Jueces a juicio acaba de aparecer pero ya hay quien ha dicho que marcará un antes y un después en la historia española. ¿Lo cree usted?

-No. No estamos aún preparados para dar el paso que recomiendo. Toca seguir sufriendo durante algún tiempo impotencia y resignación.

-¿Y qué piensa de los que quieren que su libro desaparezca de la circulación?

-Lo daba por hecho. Su lectura socava la creencia de que España es un Estado de Derecho y no somos capaces de asumirlo, nos aferramos a lo que nos gustaría que fuese. Pero la realidad es que después de treinta años de democracia formal continuamos teniendo miedo al poder y la Justicia sigue brillando por su ausencia.

José Antonio Campoy

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Diciembre 2009
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