Chequeo exprés: cómo conocer nuestro estado de salud en unas horas

“Más vale prevenir que curar”es un dicho que todos conocemos pero pocos seguimos. Y, sin embargo, es más inteligente hacerse un chequeo preventivo a fondo cada cierto tiempo que afrontar los problemas cuando caemos enfermos. Claro que eso lleva normalmente mucho tiempo y apenas hay donde acudir. Pues bien, en el Centro de Investigación Biomédica Euroespes ubicado en Galicia uno puede entrar por la mañana y salir pocas horas después tras haber sido sometido a un examen físico tradicional, análisis de sangre y orina, un test de intolerancia alimentaria, un electrocardiograma, placas radiográficas, un TAC completo, escáneres de vista, oído y cerebro con modernos dispositivos, control dietético y psicológico y, finalmente, un test genético que permite conocer nuestros marcadores específicos de riesgo: vascular, tumoral, degenerativo, etc. Ideal para ejecutivos estresados para los que el tiempo es oro.

Siete menos cuarto de la mañana. Aeropuerto de Barajas (Madrid). Cientos de ejecutivo/as y directivo/as se disponen a empezar una dura jornada laboral. El ordenador personal se ha convertido en su herramienta de viaje. Ante las puertas de embarque esperan alineados en largas colas para depositar en bandejas las americanas y los cinturones. Hablan de dinero, de los vaivenes de la economía, de nuevos proyectos, de su ajustada agenda del día… En sus cerebros se gestan gran parte de las decisiones que marcan el desarrollo de sus compañías. Sin embargo, de la larga fila no todos piensan en el trabajo. Algunos han decidido, de acuerdo con su empresa, dedicar las próximas horas a realizar una importante inversión de futuro: hacerse un chequeo médico muy especial. Sólo les llevará una jornada. A la caída de la tarde estarán de nuevo en Madrid pero con su futuro personal mucho más despejado. ¿Su destino? El Centro de Investigación Biomédica Euroespes sito en Bergondo (La Coruña).

Los ejecutivos españoles -según el estudio Work and Life Balance- llegan a trabajar 49 horas semanales y están entre los más estresados de Europa. Sufren un promedio de estrés de 6,2 en una escala del 1 a 10. Otro análisis, éste de la consultora internacional Robert Half -especializada en la contratación de personal especializado- revela además que suelen llevarse el trabajo a casa. Es más, para muchos irse de vacaciones sin un portátil es una agonía. De hecho un 14% se declararon incapaces de salir sin llevarse alguna herramienta que les mantenga conectados al trabajo. Y durante los fines de semana y las tardes que pasan en casa raramente dedican el tiempo completo a la familia. Ganan dinero -más que la media desde luego- y en muchos casos más de lo que pudiéramos suponer… pero quizás sea verdad que lo que ganan en dinero lo pierden en salud.

En el libro Ejecutivo 2.000, el peso de la púrpura sus autores -el doctor Francisco José Flórez Tascón, el pedagogo José Oliva y el empresario Alfredo Calle– describen el prototipo clásico como el de un varón – aunque cada vez más mujeres se incorporan a ese club– ambicioso, competitivo, agresivo e inmerso constantemente en una lucha contra el tiempo y contra otras personas para el que la familia significa poco. Y señalan tres peligros fundamentales para él: el riesgo coronario, la adicción al trabajo y la depresión. Hoy en día el accidente cardiovascular es ya la primera causa de mortalidad en ese grupo laboral. Y, por si fuera poco, en el horizonte -aproximándose cada vez más deprisa- se ciernen sobre ellos dos pesadillas: el Alzheimer –y para cualquiera de ellos peor que la muerte es verse demenciado en vida- y el Cáncer –por el constante uso de teléfonos móviles de última generación.

¿TRIUNFAR A CUALQUIER PRECIO?

Según un estudio sobre el estado de salud del colectivo de alta dirección efectuado por el doctor Ramón Cacabelos -presidente del Centro de Investigación Biomédica Euroespes– una cardiopatía isquémica (lesión del corazón provocada por insuficiente irrigación sanguínea) en un ejecutivo supone no sólo un drama familiar sino una sangría económica para el enfermo, su empresa y el sistema sanitario. Para todos. Diagnosticar la enfermedad tiene un coste aproximado de 2.000 euros, tratarla 1.500 euros más y las horas laborales perdidas por causa de todo ello 8.000 euros a lo que deberán sumarse otros 1.000 por problemas psicológicos. En total, una cardiopatía isquémica suele dejar –a nivel económico- un balance negativo de 12.500 euros. Y en el caso de un ictus Euroespes cifra los costes totales en 33.500 euros. “Realizar programas de prevención –explica el doctor Ramón Cacabelos-no sólo es pues fundamental para detectar riesgos y prevenirlos sino para reducir el coste económico de las enfermedades”.

El informe de Euroespes se basa en los análisis realizados a 192 ejecutivos españoles (126 hombres y 66 mujeres) dentro del Programa de Prevención de Riesgo Cerebral (PPRC) que realiza la institución. Y sus resultados no son precisamente halagüeños. Según el mismo el 22% de los directivos españoles padece problemas de tipo cerebrovascular como mareos, vértigos o dolores de cabeza. Además dos de cada diez tienen un severo exceso de colesterol, mientras un 15% padece cefaleas y un 17% trastornos depresivos. Es más, ¡sólo un 7% revela un estado de salud óptimo! Las pruebas revelaron también que ¡una cuarta parte! mostró resultados anormales en los electrocardiogramas y un 15% en el TAC (escáner cerebral). El informe señala que “la carga de responsabilidad, el estrés y la ansiedad son algunos de los factores desencadenantes de estos problemas de salud” ante los que el doctor Cacabelos sólo ve una solución: “La conducta predictiva –señala-es esencial para establecer mecanismos de prevención capaces de retrasar o incluso evitar la aparición de enfermedades”.

EL PROGRAMA DE PREVENCIÓN DE RIESGO CEREBRAL (PPRC)

Nueve y media de la mañana. Recepción en el Centro Euroespes de Neurociencias de Bergondo. Un 65% de quienes acuden allí lo hacen por iniciativa propia pero muchas empresas, conscientes del valor profesional de las decisiones de sus directivos, han decidido utilizar -como estímulo o privilegio- la posibilidad de someterse al Programa de Prevención de Riesgo Cerebral (PPRC) con el fin de identificar los principales factores de riesgo para su salud a corto y largo plazo. Un programa cuyo principal objetivo es prevenir la aparición de enfermedades neurodegenerativas y cardiovasculares aunque en realidad su campo de acción es tan amplio que permite detectar indicios de cualquier otra patología.

En general el chequeo –nos diría el doctor Víctor Manuel Pichel, miembro del Departamento de Neurociencias Clínicascumple el objetivo de prevenir porque la persona que habitualmente viene a hacerse un chequeo completo como éste, en profundidad, está preocupada aunque no sea de forma patológica. En ese aspecto las personas a las que se les detecta algún tipo de problema suelen seguir las pautas marcadas y en general se consigue el objetivo buscado que es revertir las situaciones detectadas, al menos hasta donde la Ciencia lo permite. Por ejemplo, en el caso del Alzheimer. ¿A día de hoy es incurable? Sí, pero las estrategias preventivas, el afrontar las cosas antes, sirve… muchísimo. No es lo mismo estar muy mal a los 50 años, completamente demenciado, que a los 70. Es una diferencia brutal. Son 20 años más de ser persona. Cada año extra de salud que se consiga, cada mes, cada semana  incluso, ya justifica un chequeo preventivo”.

Diez de la mañana. Tras las primeras explicaciones y el primer examen médico general donde el historial clínico y familiar adquiere especial relevancia a la hora de conocer el perfil del paciente comienzan las pruebas. Lo primero, los análisis de sangre y orina para recoger la bioquímica, el hemograma y otras pruebas analíticas específicas. De manera general se busca valorar aquellos parámetros que indiquen riesgo cardíaco, circulatorio y cerebral como los niveles de colesterol, triglicéridos, azúcar y hierro –fundamental en el aporte de oxígeno cerebral- así como de las vitaminas del cerebro: la B9 –o ácido fólico- y la B12. Y muchos factores más hasta completar una larga lista de nombres que raramente solemos ver en los análisis habituales. Y a continuación, la toma de tensión y un electrocardiograma.

Terminada esa fase el paciente puede acudir a la cafetería de la clínica a desayunar para tomar fuerzas. Hasta ese momento prohibido ingerir nada. Después llegan las pruebas radiológicas. “Hacemos siempre placas del tórax y de la columna cervical –nos explica el Dr. Pichel-. Es fundamental porque las arterias vertebrales ascienden por el medio de las vértebras y si esa zona está afectada puede comprimirla y ello repercutir negativamente en el riego cerebral”.

Doce de la mañana. Es el momento de dos de las pruebas más específicas del PPRC: la Topografía Óptica y la Cartografía cerebral. Pruebas sencillas, nada invasivas. Tan sólo un sillón, un ordenador, unos cables, unos gorros o redecillas para situarlos en la cabeza y una tecnología única en España que permite ver aquello que sólo con un PET y contrastes radiactivos podría apreciarse.

Con el Electroencefalograma y la Cartografía cerebral se valoran las posibles epilepsias y alteraciones de la conducción eléctrica cerebral asociadas con el estrés, con defectos en el riego sanguíneo o con alteraciones psiquiátricas. “Lo que hace la cartografía –nos explicaría Pichel- es un electroencefalograma pero computerizado que convierte los picos en datos y colores mediante los que medimos, ante diversos estímulos de luz y en estado de reposo, las diferencias de voltaje a nivel de la corteza cerebral para ver como es el funcionamiento eléctrico. Se utiliza para detectar zonas de sufrimiento neuronal, zonas del cerebro que sufren. Muchas veces nos da más información que el escáner u otras pruebas más complicadas porque aunque no los diagnostique puede detectar que hay problemas en una zona del cerebro en la que estructuralmente no parece que haya nada. Sin embargo, si estás viendo un enlentecimiento de las distintas ondas cerebrales en esa zona debes plantearte -y plantear al paciente- que algo puede llegar a ocurrir si esa situación se prolonga indefinidamente”.

Luego, sin moverse de la misma sala –ventajas de la tecnología–, uno se somete a la siguiente prueba: la Topografía Óptica. Se trata de un dispositivo que permite valorar algo tan importante como el aprovechamiento del oxígeno por la corteza cerebral. “Con la Topografía Óptica vamos a ver cómo está funcionando vascularmente el cerebro –nos diría por su parte Iván Tellado, encargado de realizar la prueba- al activar el cerebro y ver cómo llega la sangre tras el estímulo. La activación es auditiva. A través de unos cascos se escucha un pitido y podemos ver cómo el cerebro se activa, cómo llega la sangre a esas zonas cerebrales. El gorro lleva incorporada una luz cercana al infrarrojo que nos permite recoger los cambios de concentración de la hemoglobina que llega al cerebro por los que podemos saber los cambios volumétricos que tienen lugar en la sangre en la proximidad de la corteza cerebral. La luz no es nada invasiva y, sin embargo, resulta muy potente a la hora de atravesar los tejidos. De esta manera monitorizamos el aporte de la oxihemoglobina -portadora de oxígeno- a las zonas que lo están reclamando y, posteriormente, la deoxihemoglobina con el oxígeno ya depositado. Finalmente, tras el estímulo, las neuronas deberían volver a llenarse de oxígeno a través del propio riego sanguíneo. Si en ese proceso detectamos alguna alteración significa que a nivel de la corteza cerebral, la zona más periférica y de vasos más pequeñitos, algo está ocurriendo con el riego sanguíneo. O bien las neuronas no funcionan y no reclaman oxígeno, o bien la sangre no es capaz de reponer lo que se ha gastado. A día de hoy puede que no exista un gran problema pero a diez años vista el funcionamiento neuronal puede llegar a estar muy alterado”.

Una de la tarde. La mañana transcurre rápidamente y de forma agradable. El ambiente es confortable, el trato exquisito y siempre hay alguien dispuesto a responder a cualquier duda que pueda surgir. Llega la hora del TAC cerebral que permite valorar posibles alteraciones estructurales y anomalías como tumores, microinfartos no detectados y otras. Tumbado, uno escucha el sonido metálico de la máquina mientras alguien va diciendo: “No respire… respire. No respire… respire”. Terminada la prueba que permite conocer el estado del cerebro se pide al paciente que ingiera cuatro pequeños vasos con una sustancia de sabor dulzón intenso. E inmediatamente a continuación se le hace un completo TACtorácico abdominal que permite ver todos los órganos internos. Eso sí, sin contraste porque en principio no se busca ninguna patología y éste es una forma invasiva de abordaje.

Una y media. Es la hora del protocolo neuropsiquiátrico que permitirá valorar nuestro estado de ánimo, los niveles de estrés sociolaboral y nuestras funciones cognitivas: los niveles de atención, memoria y concentración. “Los tests –nos explicaría la psicóloga Verónica Couciero-, cuando se trata de ansiedad o depresión, aportan datos más allá de la subjetividad. A partir de unas preguntas guiadas te devuelven la respuesta con un número sobre el que poder decidir, de una consulta a otra, la evolución más allá de la propia subjetividad, de la persona sujeto del test. Por muy estresante que sea la vida de esa persona, si no hay una repercusión psíquica o médica los datos nos darán una situación normal. Pero si el resultado da alto significa que las cosas comienzan a ir más o menos mal a pesar de sus sensaciones subjetivas. Que sea más o menos tolerable hoy para él no significa que mañana siga siendo igual de tolerable. Hoy no lo nota, pasado no lo nota, pero dentro de cuatro días igual viene a la consulta pensando que la vida no tiene sentido”. Tras la sesión, los sujetos del chequeo suelen ciertamente echar de menos no haber trabajado más con el Brain-Training.

Antes de comer aún hay tiempo de realizar una última prueba sobre el estado cerebral: un Doppler Transcraneal para evaluar las velocidades de flujo de las arterias cerebrales a fin de prevenir o detectar defectos en el riego sanguíneo. “El doppler transcraneal –nos diría el doctor Pichel- es como una ecografía vascular del interior de nuestra cabeza. Lo que medimos son las velocidades y los índices de resistencia de la sangre pero en las arterias principales del polígono de Willis, una estructura anatómica con forma de heptágono situada en la base del cerebro conformado por las arterias que lo nutren. En él las arterias carótidas internas se ramifican en arterias más pequeñas que suministran sangre oxigenada a más del 80% del cerebro. Es una especie de circuito de seguridad compensatorio que garantiza el flujo sanguíneo en el cerebro a través de diversas rutas. Al estar comunicadas entre sí, si una de las arterias carótidas o vertebrales se obstruye las arterias distales más pequeñas pueden recibir sangre de las otras arterias. Cuanto mejor sea el sistema compensatorio más fácil tendremos salvar una posible obstrucción o un déficit. Nosotros lo que hacemos con el doppler es ir a las arterias y medir las velocidades y las resistencias para ver el estado del aporte sanguíneo”.

JORNADA DE TARDE

Llegó la hora de comer. Y mejor hacerlo bien no sea que algunos de los manjares de la cocina gallega se conviertan en cosa del pasado tras pasar por la consulta de la doctora Ana Vallejo, la nutricionista encargada de ajustar todos los datos bioquímicos con nuestros hábitos nutricionales. Ella, a la vista de las cifras y respuestas, pedirá un test FIS -que no es sino un test de intolerancia alimentaria basado en la cuantificación de inmunoglobulinas G (igG)- para determinar cuáles son los alimentos que, si somos intolerantes, pueden estar provocándonos obesidad o exceso de peso, cefaleas, ezcemas, mucosidad, problemas gastrointestinales, etc. La doctora Vallejo es además la encargada de marcar el rumbo de la dieta para los próximos meses: más de esto –normalmente frutas, verduras y pescado- y menos de aquello –¿lo adivinan?: dulces y grasas-. Proponiendo a continuación todo un plan dietético personalizado para tratar de recuperar el bienestar y la salud.

Seis de la tarde. Hora del balance final. Con todos los resultados encima de la mesa se procede a un análisis global que interrelaciona unos datos con otros y marca nuestra fotografía biológica del hoy y de nuestro previsible mañana. Los perfiles genéticos que completarán el informe final tardarán algunas semanas en conocerse. En ellos se estudiarán prioritariamente los genes relacionados con el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas y la asimilación de fármacos. “Realizamos un protocolo neurodegenerativo –nos explicaría el doctor Cacabelos-. Es decir, estudiamos los genes más importantes conocidos a día de hoy por estar relacionados con problemas neurodegenerativos para tratar de ver hasta qué punto nuestro cerebro es susceptible de padecerlos. Sabemos que si en los genes estudiados existe alguna alteración hay muchísimas posibilidades de que una persona acabe padeciendo Alzheimer u otra patología. Digamos que nuestra propia información genética nos dice si estamos suficientemente protegidos. Eso no quiere decir que las personas que tienen muy ‘buenos genes’ no puedan llegar a tener una demencia. No soy tan categórico. La pueden tener pero tienen que hacer muchas más burradas que la persona que tienen un trastorno en alguno de los genes señalados. Y aún así, aunque detectemos afectación en unos genes determinados tampoco ello quiere decir al cien por cien que se vaya a desarrollar una demencia o cualquier otro trastorno pero, desde luego yo, me tomaría la vida con mucho más cuidado”. Y es que hoy ya se sabe la Genética no es determinista. Nuestro Genoma lo único que destapa es nuestra vulnerabilidad o nuestra susceptibilidad a padecer algún trastorno pero siempre hay un inductor externo que lo activa.

Ocho de la tarde.Apenas han trascurrido doce horas desde que llegamos en el avión a Galicia y ya estamos sentados en otro de vuelta a casa. Es tiempo para la reflexión y valorar todo lo que nos han dicho. Algunos ejecutivos quizás hayan escuchado más cosas de las que esperaban y hasta puede que regresen con cierta preocupación. Pero lo importante es que se llevan con ellos el tesoro más cotizado por cualquier directivo: información para ir por delante y no a remolque de problemas futuros. La salud es un valor en alza e ignorar los avisos del cuerpo puede a veces suponer algo más que un desplome económico: nuestra propia vida podría dejar de cotizar en el mercado. Saber cómo estamos con antelación en apenas unas horas y estar prevenidos para evitar esos posibles problemas es pues una medida inteligente hoy ya al alcance de muchos y no sólo de ejecutivos. A fin de cuentas el coste, dependiendo de sí se realiza un abanico de pruebas exhaustivo  o sólo aquellas relacionadas con determinadas patologías propias o vinculadas al historial familiar, oscila entre los 2.500 y 6.000 euros, precios quizás no asequibles para todos pero sí para muchas personas y empresas para las que la salud de sus empleados y el tiempo son oro.

Sonia Barahona

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101
Enero 2008
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