Cómo afrontar con éxito el Síndrome Premenstrual Severo

A millones de mujeres de todo el mundo se les ha diagnosticado el llamado Síndrome Premenstrual, auténtico cajón de sastre para casi 150 síntomas físicos y emocionales que en los casos más severos pueden provocar cuadros de depresión profunda y llevar hasta la extirpación del útero y los ovarios. ¿Y qué lo causa? Según los manuales de Medicina se ignora -como pasa con la mayoría de los “síndromes” y muchas enfermedades crónicas- pero el ginecólogo chileno Jorge Lolas Talhami asegura que se trata de una disfunción uterina provocada básicamente por un proceso inflamatorio crónico -normalmente de origen traumático o infeccioso- que puede terminar provocando otras disfunciones. Y lo cierto es que los resultados conseguidos afrontando así el problema -con antimicrobianos, antiinflamatorios y la erradicación de los tejidos crónicamente inflamados- avalan su planteamiento.

Poco estudiado y menos comprendido el denominado Síndrome Premenstrual se identifica en los libros de Medicina con un amplísimo conjunto de síntomas físicos y emocionales sin causa conocida -se han señalado más de 150 entre alteraciones psíquicas, neurológicas, hidroelectrolíticas, digestivas, mamarias, metabólicas, musculoesqueléticas, cardiovasculares, ginecológicas, sexuales, urinarias, dermatológicas, inmunoalérgicas y estéticas- que suelen manifestarse durante la segunda mitad del ciclo menstrual y desaparecer -aunque no siempre- varios días después. Y lamentablemente sobre sus causas no se ha avanzado mucho desde los tiempos de Hipócrates quien ya asoció algunos trastornos mentales a la menstruación dando precisamente ello origen a la definición de histeria (de la palabra griega hysteros que significa útero).

Durante mucho tiempo se consideró que podía deberse a niveles anormales de hormonas ováricas pero la teoría -nunca confirmada- fue perdiendo peso con el tiempo ya que no explica la gran variedad de síntomas inflamatorios que se llegan a padecer. Además diversos estudios internacionales han confirmado que estas pacientes presentan niveles hormonales ováricos normales.

Por eso millones de mujeres de todo el mundo terminan acudiendo a las consultas de todo tipo de especialistas y si sufren cefalea o jaqueca van al neurólogo, si padecen de trastornos menstruales durante la menstruación y dolor pélvico al ginecólogo, si distensión abdominal y problemas digestivos al gastroenterólogo -que suele diagnosticarlos como “colon irritable”-, si dolores lumbosacros al traumatólogo, si problemas urinarios premenstruales al urólogo -que suele diagnosticarlos como “cistitis intersticial”-, si sequedad de la piel, caída del cabello, uñas quebradizas o agravación de herpes simple -entre otros problemas- al dermatólogo, si hay cansancio inexplicable al inmunólogo -quien lo suele diagnosticar como “Síndrome de Fatiga Crónica” – y así a unos cuantos especialistas más hasta que alguien las termina normalmente dirigiendo al psiquiatra que las “convence” de que buena parte de su sufrimiento se debe a problemas psicosomáticos, neurosis o problemas de depresión y les receta ansiolíticos, relajantes musculares, antidepresivos y otros fármacos meramente sintomáticos de graves efectos secundarios.

Los únicos que normalmente ayudan son los nutricionistas -especialmente si son expertos en Nutrición Ortomolecular- ya que la mayoría de las mujeres con este problema tienen déficits de vitaminas, minerales, aminoácidos, enzimas y oligoelementos. En suma, hablamos de un problema realmente grave, en especial para muchas mujeres ya que algunas acaban desarrollando fibrosis uterina, endometriosis, adenomiosis e inflamación pélvica crónica acompañada de dolores y sangrados que en las etapas más avanzadas pueden acabar con la extirpación quirúrgica del útero (histerectomía) y a veces, incluso, de los ovarios (oforectomía bilateral).

Pues bien, un médico chileno, el Dr. Jorge Lolas Talhami, afirma haber dado con un tratamiento eficaz tras casi 40 años de investigación y tratar a más de 2.000 mujeres con resultados satisfactorios y perdurables en el tiempo. ¿Y cuál es su tesis? Pues que el llamado Síndrome Premenstrual es una disfunción uterina provocada básicamente por un proceso inflamatorio crónico -normalmente de origen traumático o infeccioso- y lo ha rebautizado por eso como Histerotoxemia Cíclica (por hysteros -útero-, toxemia y cíclica -relacionada con el ciclo menstrual). Aunque algunas de sus pacientes lo llamen, agradecidas, Síndrome Lolas (idóneo también porque se trata de su apellido y además evoca el nombre de Dolores). Siendo pues generalmente las secuelas inflamatorias de los traumatismos del parto y las infecciones del útero lo que da lugar a la producción masiva de mediadores inflamatorios como las prostaglandinas y citoquinas junto a otros mediadores igualmente inflamatorios como los tromboxanos, interleuquinas y leucotrienos -de efectos muy parecidos a las prostaglandinas- que al entrar en el aparato circulatorio afectan luego a diferentes áreas del organismo, provocando la amplia variedad de síntomas descritos. Agentes inflamatorios que se generan en esta patología en respuesta del organismo a traumatismos del parto, infecciones microbianas: virus, bacterias (Chlamydia Trachomatis, Micoplasma Hominis, Ureaplasma Urealíticum, Gardnerella Vaginalis, E. Coli y otras) y hongos.

Nosotros definimos el Síndrome Premenstrual de grado Severo o Disfórico -explica Lolas- como una enfermedad de origen fundamentalmente inflamatorio útero-pélvico de evolución cíclica que suele experimentar una agravación progresiva con el tiempo produciendo un compromiso sistémico en el que, básicamente, existiría una disfunción bioquímica importante en la síntesis de los mediadores inflamatorios involucrados en el fenómeno menstrual. Presentándose de forma más severa en aquellas pacientes con deficiencia de neuropéptidos -como encefalinas y endorfinas- y neurotransmisores clásicos como la serotonina y la dopamina. Los efectos multisistémicos de los mediadores inflamatorios sintetizados en cantidades anormales debido a la existencia de la señalada patología ginecológica inflamatoria explicaría el polimorfismo sintomático del Síndrome Premenstrual y las frecuentes confusiones de diagnóstico etiopatogénico que generalmente produce este síndrome en las diversas especialidades médicas”.

Y añade: “Partimos de la premisa de que la patología inflamatoria benigna del cérvix uterino, al igual que los focos inflamatorios crónicos que pueden comprometer el endocérvix, el miometrio, el parametrio y los tejidos blandos de vecindad yuxtauterinos (vecinos al útero), constituyen causa de liberación anormal de mediadores inflamatorios, base del polimorfismo sintomático local y sistémico general del Síndrome Premenstrual. Y considerando que el útero es un órgano que sintetiza gran cantidad de prostaglandina E2 -mediador inflamatorio que según diversas publicaciones juega un importante papel en el desencadenamiento de la menstruación, la maduración y dilatación del cuello uterino durante el parto- su normalidad funcional es de primerísima importancia y ello lleva aparejado darle la máxima atención a cualquier proceso inflamatorio del cuello uterino por pequeño que parezca en los exámenes rutinarios de control preventivo.

Una vez tratada con éxito la patología inflamatoria crónica cérvico-uterina, la mejoría lograda perdura a través del tiempo y va mucho más allá que los efectos sintomáticos o paliativos temporales de los anticonceptivos hormonales y los diversos fármacos o psicofármacos utilizados en la actualidad para abordar cada síntoma de esta compleja problemática multisistémica ya que, al no abordarse la patología ginecológica inflamatoria crónica desencadenante, ésta se va agravando con el tiempo explicando el alto número de histerectomías y cirugías ginecológicas de las diversas complicaciones con las que suelen terminar estas pacientes (…) Hay que destacar que la mejoría perdura en la medida en que nos preocupemos de mantener la ‘salud uterina’ ya que si vuelve a infectarse o inflamarse el útero pueden reaparecer nuevamente los síntomas, demostrándose con ello la estrecha relación de causa-efecto existente”.

EL PEREGRINAR DE ÁNGELA

En otras palabras, si se trata la infección y se erradica la inflamación crónica los síntomas severos desaparecen. Más de dos mil de sus pacientes lo confirman. Y, sin embargo, a pesar de haber sido presentados los resultados y planteamientos en varios congresos mundiales y publicados en distintos medios nacionales -como la Revista Médica de Chile, la Revista de Psiquiatría Clínica, la Revista de Neuropsiquiatría y la Revista Chilena de Dermatología- así como en la Sociedad Chilena de Colposcopia y Patología del Tracto Genital Inferior el trabajo sigue sin ser tenido en cuenta por los especialistas, ginecólogos incluidos.

En Discovery DSALUD supimos de sus resultados gracias a una paciente española de 38 años, Ángela, que viajó hasta Chile cansada de peregrinar por los consultorios de diferentes especialistas españoles una vez se le diagnosticó Síndrome Premenstrual Severo o Disfórico. “Pasé más de 20 años -explica- visitando ginecólogos, endocrinos, neurólogos, especialistas en Homeopatía, en Naturopatía, en Medicina Tradicional China, osteópatas, fisioterapeutas, masajistas, psicólogos y psiquiatras, tratando de paliar mi sintomatología: cefaleas, migrañas, irritabilidad, depresión, cambios de humor, retención de líquidos, hinchazón, dolores pélvicos, infecciones vaginales y fatiga. Y en mi largo peregrinar no encontré soluciones, porque todos quienes me trataron en España enfocaron los síntomas desde su especialidad y de manera parcial a cada síntoma lo que quizás funcione en algunos casos pero desde luego no en el mío ni, me consta, en el de muchas otras mujeres”.

Es decir, una historia similar a la de millones de mujeres. “Los síntomas aparecieron prácticamente desde mi primera regla -continuaría diciéndonos- pero no fui realmente consciente de ellos hasta los 17 años en que me di cuenta de que mis cambios de humor y las migrañas coincidían con los días anteriores a la menstruación que era muy dolorosa y me dejaba muy fatigada. Los síntomas se fueron luego ampliando y agravando con la edad, tanto que aún hoy me condicionan en todos los ámbitos afectando a mis relaciones familiares, sociales y de pareja así como en el ámbito laboral. En buena parte porque soy insoportable cuando sufro el síndrome ya que me vuelvo susceptible, irascible y agresiva lo que, además, me deprime y me lleva a no encontrar sentido a nada. En esos momentos lo único que una quiere es morirse. A los 9 o 10 días llega la menstruación, mis reacciones son de nuevo normales y encuentro otra vez sentido a la vida pero al poco tiempo comienzan los dolores de cabeza, los dolores pélvicos y un enorme agotamiento físico que durante una semana me deja sin energía para abordar bien hasta las tareas cotidianas. En total pues 15 días de sufrimiento al mes durante más de 20 años en los que he tenido que depender de fármacos -entre ellos ansiolíticos, antidepresivos y analgésicos- que en muchas ocasiones no me hacían efecto alguno. Además en los últimos años esos periodos de malestar se alargaron porque tras la menstruación pasaba 2 o 3 días con lo que yo llamo ‘resaca’, con muy poca energía y a veces con infección vaginal. A todo ello se sumaría que en algunas ovulaciones sufrí terribles migrañas. En definitiva, en el mejor de los casos me encuentro bien solo diez días al mes”.

Un sufrimiento para el que los médicos tuvieron siempre la misma “solución”: ¡fármacos paliativos! “En mi peregrinar -cuenta Ángela- sólo encontré paliativos a los síntomas haciéndome dependiente de diferentes pastillas anticonceptivas, fármacos antidepresivos y analgésicos que no iban a la raíz del problema. Claro que, ¿cuál es la raíz del problema? Los médicos siempre me dijeron que se debía a un ‘trastorno hormonal’ pero lo cierto es que en todas las analíticas mis hormonas ováricas estaban entre los límites considerados normales. Por eso nunca me conformé con el diagnóstico”. Sería finalmente a través de Internet como Ángela daría con los trabajos del doctor Lolas Talhami, leyó la documentación que tiene en su web (www.sindromepremenstrual.com), habló con decenas de pacientes chilenas y volvió a ver a algunos de los médicos españoles que la habían tratado: “Decidí imprimir los artículos y llevárselos a dos ginecólogos y a un psiquiatra pero los tres hicieron caso omiso con diferentes argumentos que consideré sin sentido, algo que me hizo reflexionar sobre la clase médica llegando a la conclusión de que hay una gran vagancia profesional que, sumada a los intereses económicos de las farmacéuticas y de los propios médicos, impiden que tanto mi enfermedad como muchas otras sean bien estudiadas, diagnosticadas y tratadas”. Y decidió irse hasta Santiago de Chile. Hoy, sin haber completado aún el tratamiento, asegura encontrarse mucho mejor.

Cabe añadir que muchos otros testimonios confirman los buenos resultados de Lolas como puede comprobarse entrando en www.histerotoxemia.blogspotcom, página elaborada por sus pacientes.

HISTEROTOXEMIA CÍCLICA

¿Y quién es el médico que ha osado rebautizar el Síndrome Premenstrual Severo o Disfórico como Histerotoxemia Cíclica? ¿Alguien recién llegado al mundo sanitario y de escasa experiencia clínica? Todo lo contrario: Jorge Lolas Talhami lleva 49 años ejerciendo su profesión. Desde que se graduó como médico cirujano en 1964 en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Especializado en Obstetricia y Ginecología durante tres años por la Escuela de Post grado de la misma universidad el Dr. Lolas ha dedicado gran parte de su vida al diagnóstico precoz del cáncer uterino -se especializó durante tres años en Colposcopia (examen microscópico del cuello uterino) y Citología-Examen de Papanicolaou y de esta manera comenzó a interesarse por el Síndrome Premenstrual, trabajando -entre 1974 y 1978- como jefe de la Sección de Apoyo Clínico, de la Unidad de Patología Cervical Uterina y del Laboratorio de Diagnóstico Precoz del Cáncer del Cuello Uterino en el Hospital Militar de Santiago.

Es además socio fundador de la Sociedad Chilena de Colposcopia y Patología del Tracto Genital Inferior y miembro de la Sociedad Científica de Chile habiendo creado el Instituto de Investigaciones Ginecológicas. Y que sabe de lo que habla lo demuestra que sus más de treinta años de investigación sobre el Síndrome Premenstrual le llevaron a ser postulado en su país al Premio Nacional de Ciencias Aplicadas los años 2000, 2002 y 2004. Además ha sido galardonado con The Excelence in Health Care Prize 2006 que otorga la Global Organization for Excellence in Health. Posee asimismo el título de Doctor Honoris Causa en Ciencias de la Salud.

El caso es que el Dr. Jorge Lolas presentó en 1999 sus conclusiones en un artículo titulado Cervical Pathology and Premenstrual Syndrome durante el X Congreso Mundial de Patología Cervical y Colposcopia celebrado en Buenos Aires (Argentina) resumiendo el estudio que llevó a cabo con 150 mujeres diagnosticadas de Síndrome Premenstrual de grado severo entre 1995 y 1997 que llevaban años sin encontrar solución a sus problemas. Pacientes que presentaban un común denominador: la presencia de patología inflamatoria uterina crónica, algo que había pasado desapercibido en los exámenes ginecológicos habituales pero no mediante colposcopia o con la prueba de Papanicolaou que revelaron “reacción inflamatoria inespecífica”. Evaluándose en todos los casos la severidad de los síntomas -físicos y psíquicos- antes y después del tratamiento.

Constatado el problema inflamatorio uterino el tratamiento consistió en la administración de antibióticos y antiinflamatorios -orales o inyectados- y, en algunos casos, el uso de Crioterapia -destrucción del tejido crónicamente inflamado mediante congelación- exocervical o endocervical según el tipo de patología; tratamiento utilizado solo cuando había proliferación de células anormales o cervicitis crónica por inflamación recurrente del cuello uterino. En algunas ocasiones se optó también por la Electrocoagulación y, en casos extremos, por la Escisión Electroquirúrgica, método que consiste en pasar una corriente eléctrica por un fino aro de alambre a fin de desprender una capa delgada del tejido anormal.

Bueno, pues tras el tratamiento la mayoría de los síntomas desapareció. Y el tiempo de duración promedio de los restantes se redujo de 16’7 días con síntomas severos a 2’7 días con pocos síntomas y leves. Según el estudio podía pues concluirse que “la patología cervical y las infecciones uterinas juegan un importante rol en la severidad y duración del Síndrome Premenstrual”.

El seguimiento posterior constató que los síntomas no reaparecieron salvo cuando se presentó una nueva infección, casos en los que bastó un nuevo tratamiento con antibióticos para conseguir la remisión total.

Que el tratamiento del Dr. Lolas funciona está por tanto fuera de toda duda. Demostrando su eficacia además un hecho tan significativo como contundente: cuando se congela con criocirugía el conducto endocervical, todos los síntomas del síndrome desaparecen a los pocos minutos y cuando se descongela ¡reaparecen! porque las sustancias inflamatorias vuelven a actuar. Hasta que después de la tercera congelación los síntomas severos ¡dejan de aparecer!

La mayoría de las pacientes afectadas por un Síndrome Premenstrual de moderado a severo acuden al especialista -escribe Lolas- pero éste dispone generalmente de poco tiempo para efectuar una historia clínica global de toda la sintomatología que produce este complejo cuadro clínico; probablemente presionado por la atención de partos, urgencias obstétricas, ginecológicas o cáncer. Por ello no aplican en su evaluación una apreciación clínica integral de las pacientes a fin de llegar al diagnóstico del Síndrome Premenstrual Severo como cuadro inflamatorio sistémico y cíclico; y, lo que es más serio aún, en la actualidad se suele ignorar o subestimar la relación de causa-efecto existente entre el Síndrome Premenstrual Severo y procesos inflamatorios crónicos, especialmente a nivel del cuello uterino.

Las investigaciones sobre el Síndrome Premenstrual deberían apuntar a la búsqueda de sus causas en lugar de limitarse a recetar diversos fármacos paliativos para aliviar sus numerosos síntomas. Las mujeres con Síndrome Premenstrual Severo generalmente son catalogadas como ‘normales’ desde el punto de vista ginecológico, debido a que en las etapas tempranas de este cuadro clínico el carácter de las lesiones suele ser microscópico y comprobarlo requiere de técnicas y exámenes especializados (estudios microscópicos, colposcopia, citología e histología) junto con una adecuada interpretación de los mismos. Por eso ante la aparente ‘normalidad’ de todos los exámenes de rutina y la multiplicidad de síntomas estas mujeres suelen ser injustamente descalificadas como histéricas, hipocondríacas, neuróticas, agresivas, lunáticas, bipolares o depresivas”.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

El primer paso del protocolo del Dr. Jorge Lolas es un detenido estudio del historial clínico de la paciente concediendo especial atención a los síntomas y a su relación -aparición y desaparición de los mismos- con el ciclo menstrual. También se investiga la presencia de factores hereditarios -si la madre o las hermanas lo sufren-, factores nutricionales, inmunológicos y antecedentes de infecciones del aparato genital. Además hay que precisar la edad en la que aparecieron los síntomas, cuándo se acentuaron y si se agravaron tras algún parto (fórceps, cesárea) o aborto provocado.

Después se hacen estudios microscópicos que incluyen la búsqueda de parásitos (en especial la Trichomona Vaginalis), virus, bacterias u hongos. El examen ginecológico es muy minucioso y especializado a fin de comprobar la presencia o no de inflamación uterina crónica (estudio colposcópico, citológico y bacteriológico del cuello uterino y, a veces, un examen histopatológico (especialmente del canal endocervical). Se podrá así confirmar o descartar la presencia de patología benigna o inflamatoria cérvico-uterina (endocervicosis y endocervicitis crónica). También es necesario descartar miomatosis, adenomiosis, parametritis, congestión pelviana, inflamación pelviana crónica, patología anexial (de trompas y ovarios) o endometriosis. Aunque en ocasiones se han detectado además trastornos tiroideos, suprarrenales o hipotálamo-hipofisiario

Cabe añadir que el tratamiento, basado principalmente en antibióticos y antiinflamatorios suministrados por vía oral, vaginal e inyecciones, carece de efectos secundarios adversos. Administración que a nivel local se efectúa mediante inyecciones que se aplican directamente en el cuello uterino y en los tejidos del endocérvix. El número depende ya del grado de afectación y de la evolución de la paciente.

Ahora bien, si las lesiones del cuello del útero son menores pueden ser suficientes las inyecciones pero cuando son severas es necesario recurrir a la Crioterapia (congelación) y en algunos -muy pocos- incluso a la Electrocirugía, tratamientos que conviene a veces complementar con ultratermia (microondas) para abordar los procesos inflamatorios pelvianos. Y, por supuesto, es necesario establecer unas adecuadas pautas dietéticas. El proceso termina con controles periódicos que deberán hacerse hasta tener la seguridad de que la curación es total y no se produce una recaída. “La aplicación sistemática de este plan terapéutico -afirma el Dr. Lolas- ha permitido la curación en más del 90% de las pacientes. En ellas se ha comprobado una mejoría de sus molestias locales y generales, dentro de las que se incluye todo el polimorfismo sintomático de orden neuropsiquiátrico. Hay que señalar que los fracasos terapéuticos han ocurrido en una minoría de las pacientes, generalmente debido a la existencia de serias deficiencias inmunológicas, infecciones virales rebeldes o en aquellas pacientes con patología uterina avanzada con complicaciones que pueden no responder en forma exitosa a los señalados tratamientos”.

Agregaremos para finalizar que Ángela no había podido completar en el momento de escribir este texto su tratamiento porque en España nadie ha aceptado continuar aplicando el protocolo iniciado en Chile. “El doctor Lolas me recomendó continuar con las inyecciones en el cuello uterino una vez al mes y unos 10 días antes de la menstruación -nos explicaría- hasta que notara mejoría total en mis múltiples síntomas pero ha sido imposible; ningún médico se ha prestado a ayudarme. El atrevimiento de inyectar directamente en el cuello del útero les parece temerario y no les importa el hecho de que haya muchas pacientes que con este método han sanado ¡de una patología considerada a nivel mundial incurable!”

Es decir, que inyectar el útero con antibióticos y antiinflamatorios les parece temerario pero no así extirpar completamente el útero y los ovarios. Inconcebible lógica.

Francisco Sanmartín

Este reportaje aparece en
168
Febrero 2014
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