Cómo afrontar las candidiasis

La introducción masiva en la población de los antibióticos de amplio espectro, los citostáticos, los inmunosupresores, los corticoides y otros fármacos parecen ser junto a una alimentación inadecuada rica en azúcares y lácteos -infecciones directas aparte- los responsables de la multiplicación de casos de candidiasis que provocan los hongos levaduriformes del género Cándida. Infección fúngica que en la actualidad padecen cada vez más personas algunas de las cuales se enfrentan a casos sistémicos graves. Es pues necesario plantearse nuevas herramientas y estrategias para afrontar un problema que puede además llevar a padecer muchas otras patologías. Lo explicamos en detalle dando a conocer qué puede hacerse en tales casos.

Empecemos explicando que la candidiasis es una infección fúngica (micosis) provocada por hongos de las especies Candida -todas ellas levaduras- de las que la Albicans es la más común y suele introducirse en las mucosas oral, nasal, gastrointestinal y vaginal. Y recordemos que un hongo es un organismo vivo que se diferencia de las plantas en que no tiene clorofila y no realiza la fotosíntesis a partir de la luz solar por lo que para vivir busca su fuente de energía en los vegetales, los animales y el propio ser humano. De ahí que la mayoría sean saprófitos, es decir, seres que viven a expensas de su huésped sin causarle daños aunque en determinadas ocasiones y en las condiciones apropiadas puedan provocarles infecciones; eso sí, solo son peligrosas una cada diez clases de hongos de las 200.000 especies que se calcula existen. Es decir, el 90% son beneficiosas y aprovechables -como es el caso de las setas comestibles (algunas de ellas medicinales) o las levaduras y mohos que se añaden al pan o a los quesos- pero otras pueden dar lugar a infecciones o micosis de tres tipos: sistémicas -cuando invaden vísceras como el esófago, el estómago, los intestinos, los pulmones, el bazo, el hígado o el cerebro-, subcutáneas -cuando se alojan bajo la piel tras entrar por cualquier pequeña herida, excoriación o traumatismo- y superficiales -las que afectan a la piel, pelo, uñas y mucosas-. Siendo las más frecuentes -además de la candidiasis- la tiña -puede estar localizada en el torso, la ingle, el cuero cabelludo o los pies, produce quemazón, picor, descamación o pérdida de cabello y es contagiosa-, la pitiriasis versicolor -la causa el hongo Malassezia furfur y si bien no es contagiosa provoca manchas en forma ovalada de color blanco, rosa, marrón o amarillo que pueden alcanzar gran tamaño y afectar al tronco, el cuello y los brazos- y la aspergilosis -causada por los hongos del género Aspergillus pueden provocar desde una reacción alérgica hasta una enfermedad invasiva grave introduciéndose fundamentalmente en los pulmones y soliendo aparecer en personas inmunodeprimidas.

En cualquier caso la infección fúngica más habitual es la candidiasis y de ahí que en este texto nos centremos en ella y en su principal responsable: la Candida Albicans. Hablamos de un hongo levaduriforme que tiene la capacidad de convertirse en micelio formando hifas y pseudohifas (filamentos largos de ramificación) muy invasivas que pueden penetrar en las mucosas y pasar desde ellas al interior a través de la sangre causando graves daños. De hecho puede…

…distorsionar el equilibrio de la flora intestinal provocando mal aliento, dispepsias, distensión abdominal gaseosa, estreñimiento, diarreas, síndrome de intestino irritable y prurito anal.

…liberar toxinas que reaccionen con neurotransmisores como la dopamina provocando desarreglos mentales y emocionales con pérdida de memoria, cambios de humor, irritabilidad, falta de concentración, etc.

…afectar a las funciones hormonales provocando síndrome premenstrual, endometriosis y otras disfunciones

Y es que la Candida Albicans es un hongo que convive en nuestros intestinos integrado en la microbiota sin causar problemas mientras los lactobacilos y bifidobacterias impidan que prolifere en exceso al competir por los nutrientes y liberar inhibidores de adherencia. Equilibrio que sin embargo puede romperse y hacer que su número crezca en exceso por un alto consumo de azúcares, déficits de hierro y zinc -o mala absorción de ambos minerales-, alteración del epitelio intestinal debido a deficiencias nutricionales, el consumo frecuente de antibióticos, el uso prolongado de antiácidos, antiinflamatorios no esteroideos (AINES), anticonceptivos, corticoides, quimioterápicos, inmunosupresores, citotóxicos o radioterapia, entre otros factores. Propiciando asimismo su proliferación el padecimiento de diversas dolencias -desnutrición, obesidad, diabetes, tuberculosis, hipotiroidismo, carcinomas, leucemia, SIDA, grandes quemaduras, alteraciones del sistema inmune y otras-, la drogadicción, una intervención quirúrgica, el uso de catéteres, prótesis y sondas… Todas estas circunstancias pueden dar lugar a una excesiva proliferación de cándidas aunque si la infección es virulenta y patogénica se debe principalmente a:

-Su dimorfismo. Hablamos de su capacidad para cambiar su forma micelial a una levaduriforme y filamentosa que le permite “sortear” los mecanismos de defensa inmunitaria.

-Las adhesinas. En Microbiología se llama adhesina a los múltiples factores que producen los hongos -y las bacterias- para adherirse a los receptores de las células de su huésped o del material plástico (prótesis, catéter, etc.).

-Las proteinasas. Se trata de enzimas que facilitan su diseminación. Actualmente se han logrado detectar en la Candida albicans 10 isoenzimas con actividad proteinasa que se conocen como SAP -por las siglas en inglés de Secreted Aspartic Proteinase– de las que SAP 1-3 son cruciales para la infección de tipo superficial y las SAP-4-6 son de tipo invasivo.

-Las fosfolipasas. Se trata de enzimas capaces de hidrolizar los fosfolípidos -componentes de las membranas celulares- permitiendo así que las cándidas penetren en las células del huésped aumentando su actividad patogénica.

-Las hifas y pseudohifas. Su presencia incrementa la capacidad invasiva de las cándidas, su adherencia y su resistencia frente a la fagocitosis.

Todos estos factores están controlados por genes que determinan la virulencia de cada infección.

Cabe agregar que la actividad metabólica de las cándidas genera una importante cantidad de residuos tóxicos -se conocen hasta ochenta metabolitos diferentes- siendo éstos los más destacables por su virulencia:

-El acetaldehído. Se trata de una constatada sustancia carcinogénica que interfiere en los receptores de la acetilcolina por lo que puede causar daños que afecten a la memoria, la función muscular y el sistema nervioso en general, aumentar la síntesis de adrenalina provocando episodios de nerviosismo, ansiedad, pánico y taquicardias, reaccionar con la dopamina compitiendo con ella y provocando su déficit lo que puede inducir estados de depresión, insomnio y estrés elevado, liberar histamina, destruir la vitamina B6 -esencial para el equilibrio de las membranas de las mucosas-, bloquear neurotransmisores, destruir enzimas implicadas en las actividades detoxificantes -como la glutatión y la cisteína-, aumentar la peroxidación lipídica dañando la membrana celular, deprimir el sistema inmunitario y competir con hormonas uniéndose a sus receptores de forma que se bloqueen sus funciones.

-El ácido tartárico. Además de ser una sustancia muy tóxica inhibe enzimas que participan en el Ciclo de Krebs como la fumarasa: por tanto, altera la producción de energía por la célula.

-El D-arabitol. Las cándidas generan gran cantidad de esta sustancia que al ser absorbida por el hígado y transformada en arabinosa forma pentosidinas, sustancias responsables de provocar déficits de vitaminas del grupo B y ácido alfa-lipoico, alterar la actividad enzimática y causar enlaces cruzados en proteínas alterando sus funciones y provocando reacciones de tipo autoinmune.

-El indol. Sustancia que aparece al degradarse el triptófano interfiriendo en el metabolismo de la serotonina así como en la actividad del sistema nervioso y en sus receptores.

Debemos añadir que los tóxicos que producen las cándidas expresan moléculas que disminuyen la vía alternativa de las proteínas de complemento, sustancias muy importantes para incrementar la respuesta inmunitaria.

RELACIÓN ENTRE CÁNDIDAS Y NUMEROSAS PATOLOGÍAS

Los patógenos metabolitos citados a los que da lugar una proliferación excesiva de cándidas alteran en suma numerosos procesos bioquímicos propiciando inflamaciones habituales y constantes por lo que no es de extrañar que estén cada vez relacionadas -directa o indirectamente- con multitud de enfermedades. De hecho han sido ya relacionadas con trastornos del comportamiento y el autismo por la Universidad de Estambul, la Universidad de Arizona, el Instituto de Tecnología de California, la Universidad de Australia del Sur y la Universidad de Ohio además de con las migrañas, la depresión, la esquizofrenia, el alzheimer, la esclerosis múltiple, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), la ceguera, las alergias e intolerancias alimentarias, las enfermedades inflamatorias intestinales, la hiperpermeabilidad intestinal, el lupus eritematoso, la fibromialgia, el hipotiroidismo, la artritis reumatoide, la cistitis intersticial, el acné y la prostatitis. Y se está investigando su posible relación con el cáncer, ya sea por sus metabolitos, por la inflamación crónica a la que dan lugar o por la interacción de ambos procesos sobre la actividad celular.

A estas patologías hay que añadir estados preclínicos o síntomas que en sí mismos no son patológicos pero pueden acabar siéndolo como deficiencias enzimáticas, ansiedad, cambios en el estado de ánimo sin causa justificada, dificultades de tipo cognitivo, dolores de diferente intensidad y localización, dispepsia, infecciones recidivantes, inmunodepresión, faringitis recurrentes, cambios patológicos en la microbiota, atopías, fatiga, estrés hepático (por las altas cantidades de residuos tóxicos que debe gestionar, bloqueos metabólicos y agravamiento del síndrome premenstrual.

Al lector le parecerá exagerado pero lo cierto es que la Candida Albicans se ha encontrado mediante autopsias en casi todos los órganos: sistema nervioso central, cerebro, ojos, esófago, estómago, intestinos, colon, riñones, bazo, hígado, corazón, peritoneo… Con un problema añadido: dan lugar a la formación de biofilms o biopelículas -se llama así a las comunidades de microorganismos que crecen en una matriz de exopolisacáridos adheridos bien a tejidos vivos bien a superficies inertes como prótesis o válvulas cardíacas- responsables de más del 80% de las infecciones microbianas según los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos. Está constatado que la Cándida Albicans produce biofilms muy estructurados y de múltiples compuestos -en los que se pueden encontrar células en forma de levadura en ciernes, pseudohifas e hifas encerradas en la matriz extracelular- con el fin de protegerse de todo posible agente antimicrobiano, tanto del propio organismo como de antifúngicos externos. Además el biofilm aumenta la disponibilidad de nutrientes, mantiene la hidratación y favorece la transferencia de material genético. Grave problema cuando el film se forma en un dispositivo médico implantado. De hecho se sabe que solo en Estados Unidos los biofilms son responsables de la muerte de 100.000 personas al año y que en España es el sexto factor de infección nosocomial (adquirida en el entorno hospitalario).

En cuanto a los métodos de detección de la Candida Albicans existe controversia. Hay quienes proponen como marcador el incremento en heces de las unidades de formación de colonias (UFC), quienes proponen analizar la presencia de arabinosa en la orina -al ser un metabolito del hongo que no podemos metabolizar- y quienes postulan ver si hay un aumento anormal de anticuerpos específicos para las cándidas (IgG, IgA e IgM), método considerado más fiable.

Agregaremos que el uso de antifúngicos durante largos periodos de tiempo para prevenir y/o tratar las candidiasis ha provocado ya que a menudo no sean eficaces. De hecho normalmente el hongo no muere con ellos sino que queda inactivado de forma temporal hasta que se presentan condiciones favorables y vuelve a desarrollarse. Es más, suele refugiarse en zonas del cuerpo a los que antifúngicos difícilmente acceden por lo que su presencia suele convertirse en crónica. Y no se olvide que muchos de ellos dañan además gravemente al resto de la microbiota, a las mucosas intestinales y al hígado. De ahí la importancia para combatir las cándidas cuando la infección se origina en los intestinos de «sellar» de las paredes del intestino utilizando principalmente L-Glutamina y arabinogalactanos.

En fin, las situaciones patógenas que puede provocar este hongo son de tal magnitud que difícilmente pueden explicarse en un breve artículo por lo que en caso de padecer candidiasis lo más recomendable es ponerse en manos de un profesional con experiencia lo que no impide que podamos al menos hacer unas recomendaciones generales básicas. Concretamente éstas:

-Eliminar de la dieta los azúcares, harinas refinadas, levaduras y pan así como todos los alimentos de alto índice glucémico: patatas, boniatos, zanahorias, remolachas, cebollas hervidas, plátanos, uvas…

-Eliminar las bebidas alcohólicas.

-Evitar la ingesta de alimentos o sustancias fermentadas, el vinagre, las salsas y los quesos.

Es en cambio útil la ingesta habitual de vegetales crudos: verduras, hortalizas y legumbres -muy especialmente ajos, cebollas y puerros- pudiéndose comer sin problema pescados salvajes y carnes ecológicas (exentas de antibióticos). 

COMPLEMENTOS EFICACES 

Por lo que a posibles suplementos a ingerir se refiere estos son los de eficacia más constatada:

Probióticos. De vital importancia; sobre todo lactobacilos y bifidobacterias cuando se consumen antibióticos o cualquier otra sustancia que pueda dañar la microbiota. A fin de cuentas el espacio del que disponen las bacterias en el intestino es siempre el mismo y se compite por él.

Ácido málico. Ácido dicarboxílico presente en algunas frutas y vegetales no es en sí mismo fungicida pero es esencial en el Ciclo de Krebs que alteran los metabolitos de la Candida Albicans.

Clorofila. Su presencia reduce el crecimiento del hongo.

Magnesio. Mineral responsable de activar la enzima aldehído deshidrogenasa responsable de descomponer el acetaldehído en acetato, sustancia que ya no compromete la salud.

Vitaminas del grupo B. Garantizan la eficacia y equilibrio de la mucosa intestinal.

Glutatión y acetilcisteína (NAC). Aminoácidos con potente acción detoxificante, algo crucial en la candidiasis dada la cantidad de residuos que deben ser eliminados.

Ácido caprílico. Se trata de un ácido graso de potente acción fungicida; se aisló por primera vez de la leche de cabra -de ahí su nombre- aunque ahora se extrae fundamentalmente del aceite de coco.

Aceites esenciales ecológicos de canela, clavo, orégano y tomillo. Eficaces para erradicar la Candida Albicans al ser muy elevado su contenido en fenoles; incluso en las cepas muy resistentes. El de orégano en particular contiene dos aceites esenciales -carvacrol y timol- muy útiles para tratar las candidiasis

Trementina. Se obtiene de la resina de pino y posee acción depurativa, antiséptica, antiinflamatoria y antifúngica.

 

Jose Ramón Llorente

Este reportaje aparece en
211
Enero 2018
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