Josefa Rubio Revenga: “Las acusaciones contra José Ramón Llorente son falsas”

El próximo 24 de Enero comenzará en el Juzgado nº 10 de lo Penal de Valencia el juicio que deberá decidir si el presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular (SENO), José Ramón Llorente, tuvo alguna responsabilidad en la muerte del joven Mario Rodríguez, fallecido en julio de 2013 a los 21 años como consecuencia de una leucemia tras ser sometido a quimioterapia. Y también si se le puede condenar por intrusismo profesional aunque nunca se haya hecho pasar por médico y no haya ejercido como tal, simplemente porque en opinión de los jueces de la sección 5ª de Audiencia Provincial de Valencia daba la apariencia de ser así. Hablamos de un caso mediático que ha intentado convertirse en arma arrojadiza contra quienes tratan de ayudar a pacientes de cáncer que eligen complementar su tratamiento con otras terapias naturales o no utilizar los protocolos oncológicos convencionales –cirugía, quimioterapia y radioterapia- por la sencilla razón de que solo en España llevan a la muerte a más 110.000 personas al año.

La muerte por cáncer de Mario Rodríguez en 2013 debería haber pasado desapercibida para la sociedad -obviamente no para su familia- porque desgraciadamente fallecen en España por esa enfermedad más de 110.000 personas al año -la inmensa mayoría de ellas siguiendo estrictamente los protocolos oncológicos hospitalarios de cirugía, quimioterapia y radioterapia- pero no fue así porque su padre –Julián Rodríguez Giner– presentó en enero de 2015 una denuncia contra la persona que le atendió -el presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular (SENO) José Ramón Llorente- acusándole de haberse hecho pasar por médico e incitar a su hijo a abandonar el tratamiento oncológico recomendado, acusaciones que si bien el Juzgado de Instrucción nº 7 de Valencia ya consideró dos veces manifiestamente falsas va a tener que volver a valorar al haberlo así ordenado los magistrados de la sección 5ª de la Audiencia Provincial de Valencia.

Mario se crió y educó con su madre -sus padres se divorciaron hace más de 20 años- y creció en el respeto a las terapias alternativas pero también admirando los beneficios de la ciencia por lo que decidió estudiar la carrera de Físicas, razón por la cual no le era difícil asumir tanto los beneficios de la medicina natural como los de la convencional. Y como muchos otros en circunstancias similares cuando supo que tenía cáncer afrontó con miedo la sugerencia que le hicieron los oncólogos de someterse a quimioterapia porque había vivido en su propio entorno la escasa eficacia de tales tratamientos y vio cómo fallecían entre terribles sufrimientos personas allegadas que se habían sometido a ellos. De ahí que cuando le propusieron someterse a ella para tratar la leucemia que le habían diagnosticado se planteó inmediatamente otras alternativas para intentar superarla. Finalmente optaría sin embargo por seguir el tratamiento quimioterápico recomendado por los médicos pero decidió asimismo fortalecer su organismo siguiendo una dieta adecuada y potenciar las defensas tomando suplementos nutricionales siendo eso lo que le llevaría a acudir a la consulta -aconsejado por su madre- de José Ramón Llorente. Lamentablemente poco después de comenzar el segundo ciclo de quimioterapia tuvo que ser intervenido quirúrgicamente para extirparle el bazo y parte del intestino y terminó falleciendo. No conseguiría superar la enfermedad y en sus últimos días de quimioterapia sufrió intensamente. La revista ha dado cuenta de todo ello en varias ocasiones, la más reciente en el reportaje que con el título Falsas acusaciones contra José Ramón Llorente apareció en el nº 205 y puede consultarse en nuestra web: www.dsalud.com.

El caso es que unos meses después de la muerte de Mario su padre denunció a Llorente ante la Consejería de Sanidad de la Generalitat valenciana responsabilizándole de ella, acusación que ésta rechazó en noviembre de 2013 pero catorce meses después -en enero de 2015- Julián Rodríguez decidiría presentar la denuncia ante los tribunales, momento a partir del cual algunos medios de comunicación le convirtieron en una especie de adalid de la “lucha contra las pseudoterapias”.

Por resumir el proceso legal diremos que el Juzgado de Instrucción nº 7 de Valencia decidió el 3 de junio de 2015 archivar la denuncia al no encontrar indicio alguno de delito desestimando posteriormente -el 29 de junio- el recurso interpuesto. Recurrida la decisión ante la Audiencia Provincial de Valencia ésta resolvería el 4 de febrero de 2016 que el juzgado de instrucción volviera a valorar la causa pero éste, tras recibir nuevas declaraciones, volvió a archivar  la demanda el 5 de septiembre alegando en su auto: “De las actuaciones practicadas no se deduce ningún indicio de que el denunciado José Ramón Llorente López, en su actividad legal de homeópata, se excediera en modo alguno en su cometido o influyera en modo negativo en el finado o en su familia respecto del tratamiento médico y hospitalario prescrito. Y tampoco, vistas las últimas testificales y documentales aportadas, que se hiciera pasar por médico constando asimismo que todas las decisiones que le afectaban respecto de su enfermedad fueron tomadas por el propio finado, constando su capacidad al efecto”. Auto que Julián Rodríguez volvería a recurrir ante el propio juzgado sin éxito ya que el 21 de octubre éste rechazó de nuevo sus alegaciones archivando el caso.

El padre de Mario volvería sin embargo a recurrir de nuevo la decisión ante la sección 5ª de la Audiencia Provincial de Valencia que -en un auto insólito de fecha 19 de enero de 2017- revocaría otra vez la resolución judicial ordenando que se sustanciara en una nueva vista oral -entre otras cosas- si Jose Ramón Llorente ejerció como médico aunque nunca se hubiera hecho pasar por tal, Todo ello representa sin ninguna duda –dice el Auto de la Audiencia- actos propios de médico, y en definitiva, del intrusismo profesional penalmente relevante, con infracción no solo de la legalidad administrativa sino con atentado grave contra la salud pública, en general, y daño irreversible al joven MARIO RODRIGUEZ RUBIO. El investigado, entiende este Tribunal, debe responder por sus actos presuntamente delictivos en un juicio oral y público…”

La Audiencia alega asimismo que “amigos y conocidos” de Mario han declarado que éste les decía que Llorente le había dicho “que el tratamiento médico oficial no le iba a funcionar, que siguiera el suyo y que le mandaba pastillas brócoli” (así lo recoge exactamente el nuevo auto de la Audiencia Provincial obviando que ninguno estuvo presente en las conversaciones de Llorente con Mario, que por tanto hablaban de oídas y que su testimonio se contradice frontalmente con los de la madre y tía del fallecido que fueron las que estuvieron en las reuniones). Alega asimismo que la hematóloga Carmen María Benet Campos declaró que Mario le había dicho que “su médico naturista le iba a ajustar la medicación”; declaración ésta -como las anteriores- que sin la confirmación del propio Mario sobre el sentido de sus palabras, si es que las dijo, no significan nada. Pero donde el auto –de apenas dos folios y medio- se centra para ordenar que siga el proceso está en el hecho de que en su anterior escrito había pedido que se le juzgara por un delito de intrusismo. “No se entiende la contravención de lo ya resuelto por este tribunal”, dice textualmente. Añadiendo: “El investigado, entiende este Tribunal, debe responder por sus actos presuntamente delictivos, en un juicio oral y público, representando, desde luego, un desacierto total el auto recurrido en cuanto hace que el investigado se sienta legitimado judicialmente para proseguir con tan peligrosa actividad”.

Así que el fiscal terminó firmando el 3 de abril pasado un escrito -comunicado a Llorente el 11 de mayo de 2017- en el que pediría la apertura de juicio oral ante el Juzgado de lo Penal acusándole de intrusismo profesional por tener en la puerta de su consulta “con la finalidad de aparentar una titulación médica” una placa que ponía Medicina Natural y Medicina Ortomolecular -y eso que el propio fiscal reconoce a continuación que no existen tales “especialidades médicas”- y haber varios vídeos suyos en Internet en uno de los cuales aparece al fondo “un logo que reza Hospital Aquiarius” (lo que no dice es que Llorente estuvo simplemente en él dando una ponencia solicitada por la propia dirección del centro y un periodista le entrevistó con su cámara al terminar siendo quien luego subió a Internet el vídeo). El fiscal agrega que Llorente pautó al joven Mario una dieta y diversas pastillas especificando luego claramente “sin que conste otra finalidad que fortalecer su organismo frente a los efectos de la quimioterapia a la que se sometió Mario Rodríguez” pero agregando que algunas resultaron “contraproducentes con el tratamiento al que era sometido por contener hongos en su composición o un elevado grado de alcohol como base de disolución por lo que le fueron retirados por los doctores que le asistían”. Sustancias ambas comercializadas habitualmente como complementos nutricionales que los médicos del hospital le retiraron al desconocer sus propiedades naturales y que por tanto Mario no utilizó.

En cuanto a lo que Julián Rodríguez Giner -el padre de Mario- solicita es una pena de dos años por intrusismo agravado, cuatro años por homicidio imprudente y 500.000 euros por “daños morales” (con lo que ya se vislumbra lo que realmente busca).

Tal es la acusación de lo que va a dilucidarse el próximo 24 de enero por lo que bien puede afirmarse que en realidad no va a juzgarse a una persona sino a los 160.000 terapeutas no médicos que en Europa ejercen legalmente la Medicina Tradicional y Complementaria (MTC), expresión que usa la Organización Mundial de la Salud (OMS) para referirse a todas las disciplinas y métodos terapéuticos que no se corresponden con la medicina convencional.

Y de hecho tal es a juicio de muchos de los expertos consultados por nuestra revista la razón de la decisión de la sección 5ª de la Audiencia Provincial de Valencia, alineada con la postura mantenida por la Organización Médica Colegial (OMC) –con la complicidad de las autoridades sanitarias- para desacreditar todas las terapias no médicas y limitar al máximo las posibilidades de quienes las ejercen. Estrategia ya denunciada por nuestra revista de forma amplia y que se ha orquestado utilizando a entidades como el Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC), la llamada Asociación para proteger al enfermo de terapias pseudocientíficas (APETP), la ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC), el Círculo Escéptico y varias multinacionales farmacéuticas.

Todo lo antedicho se explicó de forma detallada en el reportaje ¿Quién está detrás de la campaña contra las terapias naturales? que se publicó en el nº 206 y puede leerse en nuestra web: www.dsalud.com. Y hemos decidido recuperarlo a fin de que el lector entienda bien el contenido de la entrevista que hemos mantenido con la madre de Mario, Josefa Rubio Revenga, que fue quien realmente vivió con su hijo la recta final de la enfermedad y quien ya en sede judicial afirmó que las acusaciones de su exmarido eran falsas, que llevaba veinte años separada de él y que José Ramón Llorente no solo no instó a Mario a abandonar el tratamiento oncológico sino que le animó reiteradamente a seguirlo dada su gravedad siendo el joven quien se resistía a hacerlo. Negó asimismo que Llorente se hiciera pasar por médico y dijo que tanto ella como su hijo sabían perfectamente que era naturópata. En suma, desmintió todas las acusaciones de su exmarido.

Es más, su hermana Isabel Rubio Revenga -cuñada pues del denunciante y tía del joven fallecido- testificó también -en su caso en el Juzgado de Instrucción nº 11 de Zaragoza- afirmando en sede judicial constarle fehacientemente que Jose Ramón Llorente nunca afirmó ser médico sino naturópata, que su propuesta terapéutica no tenía por objeto curar el cáncer sino mejorar el estado general de Mario y ayudarle a sobrellevar los agresivos tratamientos convencionales, que fue su sobrino Mario quien se mostró reticente a seguir los tratamientos que le proponían los oncólogos y que fueron su madre y Llorente quienes intentaron convencerle de que se sometiera a ellos dada la gravedad de su caso, que la decisión sobre qué hacer la tomó siempre su sobrino porque “era mayor de edad y sabía lo que tenía que hacer” y que fue el propio Llorente quien les pidió que explicaran a los oncólogos lo que le sugería tomar a Mario para que éstos lo valoraran y, en su caso, lo autorizaran (cosa que efectivamente hicieron). Su declaración terminaría con la afirmación de que Julián Rodríguez Giner las había amenazado a ambas diciéndoles que “lo iban a pagar muy caro”. Así consta de forma detallada en la declaración judicial que tuvo lugar el 15 de julio de 2016.

MENTIRAS Y MÁS MENTIRAS

Hasta aquí los datos objetivos según aparecen en los sumarios judiciales. Lo insólito es que hasta hoy nadie se haya preocupado de conocer y difundir la versión directa de la madre de Mario sobre lo acaecido. Ni uno solo de los periodistas que se ha hecho eco de la versión del padre ha difundido la de la madre. ¿Alguien se lo explica? ¿Es ese el comportamiento ético de un profesional de la información? Pues bien, ha sido ella misma la que “harta de mentiras y más mentiras” pidió hablar con nosotros aceptando incluso que la grabásemos con nuestras cámaras de televisión (el video aparecerá en breve en Discovery DSALUD Televisión).

Y es que es hora de contar su versión explicando antes que Josefa Rubio Revenga rompió su relación con el padre de Mario cuando el hijo apenas tenía cinco años por lo que tuvo que sacarlo adelante prácticamente sola. Conviene asimismo explicar que también padece cáncer -de pulmón- y que poco después de la muerte de su hijo hubo que amputarle el brazo derecho a causa de la metástasis. Se trata pues de alguien que conoce bien la enfermedad, sabe lo que supone, se ha informado sobre ella y tiene hoy -según sus propias palabras- una visión transcendente de la existencia y de ahí que trate de encontrar sentido a todas las experiencias de la vida.

Josefa nos contaría antes de empezar a hablar del proceso judicial objeto de este texto que su interés por la curación con alimentos y plantas se los transmitió su abuelo -hombre de campo- siendo aun una niña lo que con el paso de los años le llevaría a interesarse por los beneficios y posibilidades de la medicina natural y a respetarla educando a su hijo en tal convicción. Y que fue ella la que sugirió a su hijo Mario, al no ser partidaria de la quimioterapia, la posibilidad de complementar al menos el tratamiento médico con uno nutricional. De hecho ella ha optado por no someterse ni a quimioterapia ni a radioterapia. Asimismo nos diría que ha solicitado formalmente no tener que ver a su exmarido, Julián Rodriguez Giner, porque su relación a lo largo de los años no ha sido nunca buena. Nos la llegó a calificar de “horrible” asegurándonos que a pesar de ello nunca impidió a su hijo Mario que le viera o quedara con él. De hecho un año antes de que le fuera detectada a Mario la leucemia éste la pidió que admitiera a su padre en casa porque no tenía dónde vivir y ella accedió aunque en ningún momento la relación mejoró; es más, según nos diría se volvió “insoportable”. En fin, transcribimos parte de la entrevista que mantuvimos en su casa de Málaga hasta donde nos desplazamos desde Madrid para charlar con ella. Y esto es lo que nos dijo en relación al objeto de este reportaje:

-Tenemos entendido que usted acudió a la consulta de Jose Ramón Llorente el 8 de enero de 2013 junto a su hijo Mario tras salir del Hospital Arnau de Villanova y comunicársele que padecía leucemia y debía tratarse rápidamente con quimioterapia. ¿En algún momento Llorente aconsejó o insinuó a Mario que debía dejar el tratamiento convencional hospitalario de su leucemia?

-En ningún momento José Ramón Llorente nos dijo nada de eso. Al contrario, él fue quien propuso que fuera a quimioterapia. Yo me eché las manos a la cabeza porque tengo recuerdos que asocian quimioterapia y muerte pero él continuó diciendo que no había ninguna otra alternativa, que era el único medio que tenía Mario para poder seguir viviendo. Yo le pregunté a Mario qué quería hacer y él me respondió: “Él ha dicho que hay que hacer una quimioterapia; pues haremos la quimioterapia”. Muy a pesar mío tomó esa decisión. Pero Mario era mayor de edad y tomaba sus propias decisiones así que se sometió a la quimioterapia. Llorente lo que hizo fue mandarle unos suplementos alimenticios. Y su tratamiento estuvo supervisado constantemente y en todo momento por los médicos del hospital. Allí le quitaron aquello que los médicos consideraron que no era conveniente que tomara; como un producto que contenía hongos alimenticios y un medicamento homeopático con base en alcohol. Lo demás eran complementos para restaurar el posible daño que interiormente le pudiera hacer la quimioterapia. La quimioterapia mata lo malo y mata lo bueno; todo junto. Y el organismo, como consecuencia, empieza a cogerlo todo: constipados, infecciones…

-¿Por qué deciden en un momento dado ir a la consulta de un profesional ortomolecular?

-Mario conocía los efectos de la quimioterapia. Hacía un año había muerto una amiga que yo tenía en el pueblo de cáncer de hígado. Yo la cuidé en sus últimos momentos y sabía lo que eran las consecuencias. Y nosotros conocíamos los beneficios de los productos naturales; en una ocasión le pegaron la sarna y recurrimos a la medicina convencional. Pero no hubo manera. Él sabía que ciertos productos le beneficiaban, que su madre utilizaba sustancias y remedios naturales para la fiebre, para los dolores… Ahí había estado su madre para educarlo. Porque la educación, de pequeño, la dan las madres. Nos dan aquello que seremos de mayores. Mario conocía todo. Y cuando una persona conoce el mundo de las plantas y el de las medicinas convencionales sabe que también puede beneficiarse con ellas un organismo que está falto de nutrientes. Así que le dije: ¿Qué te parece que ahora que te van a dar quimioterapia visitemos a Llorente para completar el organismo con un buen abono? Y Mario dijo que no podía negarse, que las dos cosas podrían beneficiarle. Y el mismo día que le dijeron que había que ponerle quimio fuimos a la consulta de Llorente y le explicamos el caso. Así iba a tener su quimioterapia y a la vez iba a disponer de complementos de vitaminas y minerales para complementar la quimioterapia.

-Así pues Mario aceptó el consejo de José Ramón Llorente de darse la quimioterapia…

-Sí. Llorente me dijo: Josefa, la quimioterapia sí o sí. Y le dimos la primera quimio. En ningún momento le dimos nada a Mario que no estuviera supervisado por los médicos del Arnau. Yo iba por aquello que necesitaba porque se le acababa. Las comidas se las hacíamos en casa porque la comida de los hospitales es lo peor que te puedes echar a la cara; y te lo digo por experiencia propia ya que hace poco estuve ingresada en el Clínico de Málaga.

Mario pasó su quimioterapia. Se le cayó el pelo. Se lo había cortado antes de iniciar el ciclo porque lo tenía muy largo. Así hizo frente a su nueva situación. Cuando llegó el alta de la primera quimio nos dijeron que había remisión de la leucemia pero a mí no me dijeron que había un 1% de leucemia latente. A mí me dijeron -o yo entendí- que había remitido. Nos pusimos muy contentos. Habíamos cambiado la dieta porque Mario comía mucha carne y mucho embutido y José Ramón dijo que no era la adecuada, que había que cambiarle la dieta. Además le dábamos los suplementos. Antes de salir del hospital fui una vez más a por suplementos alimenticios y le comenté a Llorente que la leucemia había remitido. Lo único que me dijo fue: Si puede ser, ya. La quimio sabes que es un veneno. Cuando le den el alta quiero ver a Mario. Salimos un poco antes. Necesitaba respirar. Teníamos la visita a Llorente a las cuatro y Mario había bajado de peso muchísimo. Me acuerdo que estábamos en un banco tomando el sol, él recostado en mi hombro y su padre al otro lado, y va y dice: Mario, vámonos. Van a ser las cuatro. Vámonos. Si tienes una consulta hay que estar en punto. Con estas palabras. Y Mario le contestó a su padre: Por favor, déjame tranquilo y en paz. Acababa de salir de una enfermedad. No era el momento de presionar a nadie. Uno se tiene que poner en lugar del enfermo. En dos minutos estábamos en la consulta. Llegamos a la consulta con un enfado, evidentemente. Llorente nos atendió y empezó a explicarle en qué consistía la nutrición ortomolecular. El padre de Mario estaba físicamente… pero “no estaba”. Después de estar dos horas en consulta salimos, cogimos un taxi y estando en él el padre de Mario pregunta: “Entonces qué tenemos que hacer ahora con lo que ha dicho? Y Mario y yo le dijimos que si no había oído a José Ramón. Cada poco tiempo Mario llamaba a Llorente para que le diera ánimos, para decirle cómo iba. Y a los 30 días tuvo una recuperación muy buena.

-¿En algún momento José Ramón Llorente se presentó como médico?

-En ningún momento. Simplemente estaba allí. Era una persona, un naturópata, que no se presentó como médico. Ni dijo siquiera que fuera a curar su cáncer. Nada más entrar nos dijo que él no curaba ni un resfriado. Jamás. Lo primero que me dijo -se lo aseguro por la memoria de mi hijo- fue: Yo no curo ni un resfriado. Es el organismo el que le ayudará a curarse dándole una nutrición adecuada y los suplementos necesarios. Ni más, ni menos. Jamás se presentó como médico. Jamás, jamás. A partir de ahí tú tienes que ser responsable contigo mismo, tomar tus decisiones. No puedes dejar que los demás se responsabilicen. No te conocen. No puedes estar esperando a que alguien, algún médico, algún naturópata, se haga responsable de ti. Si tú no te haces responsable de ti, ¿quién lo a va a ser? Y Mario tomó sus decisiones.

-¿Cómo fue la relación entre Llorente y Mario en las semanas siguientes?

Llorente estuvo presente en su vida aunque no estuviera físicamente porque Mario estaba en el hospital y él en su consulta. Llorente le dijo a Mario: Aquí estoy; a la hora que sea, de noche o de día. Durante la recaída fue cuando Llorente estuvo más presente. Sin estar en el hospital. De día, de noche, media hora, diez minutos… Siempre estaba ahí. Cuando Mario hablaba con él me decía que se quedaba más tranquilo. La segunda quimio fue muy dura, muy dura. Había noches que vomitaba un líquido negro, asqueroso, maloliente y se moría de dolor. Por las noches tenía que llamar al médico de guardia para que le pudieran dar un poco de morfina. Se tiraba al suelo de dolor. Entre tanto, el médico de guardia y el que le llevaba me decían que teníamos que haber optado antes por el tratamiento y el trasplante. Yo les dije que yo apoyaba a Mario en lo que decidiera. Parece ser que en esta sociedad no se es bastante adulto a los 21 años. Bueno, finalmente nos fuimos a casa. Y estando allí dos días no podía más con los dolores; no dormía, no comía… Y al tercer día llamé a la ambulancia. Se lo llevaron al hospital y lo ingresaron ¡después de estar doce horas en urgencias con el historial que tenía! Al final, cuando me puse un poco exaltada con los médicos, le hicieron caso.

-Mario sufría y no solo por la enfermedad… ¿La relación entre Julián Rodriguez y usted al parecer también le afectaba?

-A su padre no le gustaba que le diéramos complementos alimenticios. No le gustaban las decisiones que tomaba Mario. No le gustaban las decisiones que tomaba yo. La última semana fue muy tensa, muy mala. El padre de Mario y yo no nos podíamos ni ver, ni estar en la misma estancia. Me acuerdo que cuando estábamos los dos en la habitación Mario se ponía peor con lo cual uno de los dos acababa saliendo. Mario estaba angustiado. Yo le decía: ¿Tú me quieres dejar, verdad? Y él me decía: No, no; tú sabes que te quiero mucho. Ya estaba con oxígeno. Las madres de hoy en día no estamos preparadas para pensar que un hijo también se puede morir. Esa semana vendía todas las noches mi alma al diablo para que mi hijo continuara viviendo… pero Mario había concluido su ciclo. La última comida que hizo fue un lenguado que luego vomitó. A partir de ahí recibió la comida a través de la bolsa que te ponen en los hospitales. El penúltimo día -su padre se había marchado y el día anterior le habían puesto el bolo de morfina y ya estaba sedado- las enfermeras me dijeron que había que llamar a su padre. Que si le llamaban ellas o le llamaba yo; porque ellas sabían cómo estábamos su padre y yo. Yo les dije que le llamaran ellas. Vino su padre. Yo llevaba varias noches sin dormir. Vino y cuando Mario tuvo un momento de lucidez y nos vio a los dos discutir volvió a reaccionar mal. Así que me marché y me dormí un rato. Cuando volví supe que Mario no iba a volver a abrir los ojos. 

¿JUSTICIA O VENGANZA? 

-¿Le sorprendió que al cabo de los meses Julián presentara una denuncia contra Llorente acusándole de haberle incitado a abandonar el tratamiento así como de intrusismo profesional?

-Sí, me sorprendió mucho. Yo creo que psíquicamente no está muy bien. Si estuviera bien interiormente pienso que a veces no haría las cosas que hace. Cuando una persona está al menos un poco equilibrada piensa que lo que no quiere para él no lo quiere para los demás. Lo hizo porque cuando Mario murió mi hermana estuvo conmigo una semana en la casa. Yo salí del hospital con sedantes, estuve durmiendo casi un día o dos y según mi hermana -ya que yo no me enteré hasta después- le dijo a Julián Rodríguez que se tenía que marchar de la casa porque si continuaba allí psicológicamente me iba a matar. A partir de ahí comenzó a decir: ¡Putas, hijas de puta! Me las vais a pagar. Y a injuriar, calumniar y maldecir. Ni siquiera me quiso decir mi hermana todo lo que había dicho. Se marchó a finales de agosto y al mes siguiente comenzó a enviarme cartas por debajo de la puerta diciendo que había estado indagando y que Llorente era un pederasta; y es que hay al parecer otro nombre parecido relacionado con abusos a niños que no era médico. Y que teníamos que ponerle una querella. La primera carta que me hizo llegar se la envié a Llorente. Le llamé y le dije que se la iba a enviar por correo para que tuviera constancia de lo que estaba recibiendo. No salía de casa porque no quería ver a nadie. Continué recibiendo correspondencia de mi exmarido para que hiciéramos algo, para que le ayudara. Yo ese tipo de ayuda no la ofrezco. Ofrezco una ayuda donde no haya mal, donde no haya daño. Para hacer daño a los demás, no.

Reproduzco la declaración de su hermana y tía de Mario el 15 de julio de 2016 en el Juzgado de Instrucción nº 11 de Zaragoza donde ella vive tal y como la recogen las actuaciones: “La hermana que vivía en Zaragoza acudió a visitarles en los últimos días de vida de Mario: que en ningún momento Llorente afirmó ser médico y que le dijo y reiteró que sí o sí tenía que ponerse la quimio. Padre e hijo hablaban poco”. Y preguntada si fue ella la que echó de casa a Julián Rodríguez el auto, textualmente, afirma: “Que es cierto porque si no lo echa del domicilio iba a matar a la hermana de la testigo. Que su hermana se encontraba con una depresión y con tratamiento a consecuencia del sufrimiento por la enfermedad y muerte del hijo, sin comer y sin ningún tipo de cuidado por parte de su expareja que convivía con ella en el mismo domicilio. Y que de seguir así hubiera fallecido en el mismo domicilio. Que fue la testigo la que se hizo cargo de su hermana para sacarla adelante. Que no la iba a dejar allí con su expareja en esas condiciones. Que el piso donde cohabitaban era propiedad de la hermana de la testigo por herencia de los padres de ambas. Que el padre biológico Julián Rodríguez Giner no era nada de esa propiedad, que la casa era de la hermana de la testigo y este año vivía allí hacía como un año porque él no tenía donde meterse y le pidió a su hijo que él pidiera a su madre le permitiera vivir allí porque no tenía donde meterse. Que amenazó a su hermana y también a la testigo, insultándole a la testigo y llamándole de todo, y amenazándola a ella y a su hermana que estaba empastillada en la cama, con que lo iban a pagar muy caro”. Josefa: ¿cree que en todo este comportamiento de Julián hay algo de venganza contra usted por las malas relaciones que mantuvieron a lo largo de los años?

-Sí. Porque él creía que iba a quedarse en la casa, a donde había venido por mediación de Mario. Pensó: Mira, tengo casa y a lo mejor me quedo aquí. Y como a esta mujer –por mí- se la va a llevar su hermana. pues yo, de mi capa un sayo. Y al no cumplirse sus deseos empezó a hacer una guerra psicológica contra mí porque sabía cómo era y pensaría que como le había abierto las puertas de la casa donde vivía podía sacar algo más de mi monetariamente. O bien diciéndose Tengo una casa, vivo del cuento, no tengo que pagar y voy a seguir viviendo del cuento.

-¿Cuántas veces acudió Julián a la consulta de José Ramón Llorente?

-La primera vez, cuando salimos del hospital. Y una segunda vez que le envié a por complementos para Mario. Solamente dos veces. En la segunda ocasión me comentó que Llorente le había preguntado cómo estaba Mario y en su respuesta se limitó a decir que estaba bien.

-¿Cómo era la relación de Mario con Julián?

-Buena. Mario se llevaba bien con todo el mundo y era su padre.

-¿Piensa que Julián Rodríguez podría estar siendo manipulado por el lobby de escépticos contrarios a las terapias naturales?

-Yo creo que sí. Un títere más. Está haciendo el papel de su vida. ¡Pues adelante! Pero sí, creo que está siendo utilizado. Ya se lo dije en una ocasión a Llorente: Prepárate. Viene la caza de brujas contra nosotros.

-¿Qué piensa de que haya solicitado medio millón de euros como indemnización?

-Para vivir él. No me sorprende. Sí me sorprende que se utilice la muerte de un hijo por dinero. Más o menos es una persona conflictiva cuando no le salen bien las cosas o cuando ve que alguien le puede obstaculizar lo que está tramando. Con Mario no vivió; estuvo puntualmente pero nada más. A Mario lo eduqué yo, lo crié yo, estuvo siempre conmigo… Él me llamaba superwoman y yo le decía No hijo, soy una mujer muy normal.

-¿Hasta dónde cree que está dispuesto a llegar su exmarido?

-Yo espero, quiero y deseo que se termine aquí, que la Justicia cierre el caso. Posiblemente este señor no se conforme porque detrás tiene a gente y Julián no sabe lo que en realidad se cuece en el puchero. Posiblemente siga actuando porque no sabe hacer otra cosa. No se va a ocupar nunca de su persona, de si lo ha hecho bien, si lo ha hecho mal o para qué está aquí. Va a ser un actor en este mundo y está haciendo el papel de su vida porque su ego es mucho ego.

Tal es el testimonio de la madre. Juzgue el lector. Por nuestra parte solo resta añadir que tendremos a nuestros lectores informados de lo que acaezca ya que en este caso no se está juzgando en realidad a una persona, se están dilucidando las competencias de los 160.000 terapeutas no médicos que según la OMS ejercen en Europa. Aunque luego la sentencia sea revocada o no se aplique en el resto del continente.

 

Antonio Muro

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211
Enero 2018
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