Olle Johansson: “Debemos proteger a nuestros hijos de la tecnología Wi-Fi”

“Las radiaciones electromagnéticas no ionizantes de baja intensidad son dañinas para la salud así que debemos proteger a nuestros hijos de la tecnología Wi-Fi; de hecho es de interés público sanitario aplicar urgentemente el Principio de Precaución sobre todos los dispositivos que las emiten”. Quien así se expresa es Olle Johansson, titular de la Unidad de Dermatología Experimental en el Departamento de Neurociencias del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) y uno de los investigadores más importantes del mundo en este ámbito, quien hizo éstas y otras advertencias durante su estancia en España con motivo de unas jornadas sobre salud medioambiental recientemente celebradas en Barcelona en las que desmontó las principales mentiras sobre el tema tras las que se refugian los portavoces de la industria, los políticos, los jueces y numerosos medios de comunicación.

Que los dispositivos emisores de radiaciones electromagnéticas no ionizantes de baja intensidad –desde los Wi-Fi y las antenas de telefonía hasta los propios teléfonos inalámbricos y móviles- afectan negativamente a la salud es algo fehacientemente constatado y sin embargo siguen floreciendo como setas en otoño a lo largo de toda la geografía española porque nuestros representantes políticos –locales, autonómicos y estatales- han optado por mirar hacia otro lado y guardar silencio mientras alcaldes, directores de escuelas, colegios y universidades, periodistas y jueces escuchan embobados los mantras de la industria: “No se ha demostrado científicamente su peligro”, “El estado actual de la ciencia no permite afirmar que las radiaciones electromagnéticas sean peligrosas”, “Las emisiones cumplen la ley”… Mentira tras mentira que ha terminado calando en una sociedad alelada que asume que no ha de ser quien saca un producto a la calle quien demuestre antes su inocuidad sino quien lo consume el que demuestre que le ha dañado. Pasa con multitud de productos que se siguen comercializando a pesar de que contienen sustancias demostradamente tóxicas y pasa con las radiaciones. Lo hemos documentado ya con numerosos artículos que el lector puede leer en este link de nuestra web: www.dsalud.com/index.php?pagina=radiaciones. Así que no es de extrañar que en este ambiente de tancredismo la presencia de uno de los investigadores más importantes del mundo sobre sus efectos en la salud haya pasado prácticamente desapercibida.

Hablamos del profesor sueco Olle Johansson quien debió haber sido invitado hace ya mucho tiempo a hablar ante la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados –como otros insignes investigadores españoles a los que se ningunea desde hace años a pesar de sus conocimientos, profesionalidad y prestigio- y que sin embargo ha tenido que conformarse con comparecer en Barcelona ante 130 personas que llenaban la sala donde se celebró la jornada sobre medioambiente y salud organizada por APQUIRA (Asociación de Personas Afectadas por Productos Químicos y Radiaciones Ambientales) en colaboración con la Asociación Oikos Ambiental, ONG de Mataró especialmente sensibilizada con el problema de la electrosensibilidad.

Profesor en la Unidad de Dermatología Experimental del Departamento de Neurociencias del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) -famoso por ser quien decide el Premio Nobel de Medicina- Johansson es nada menos que coautor del informe BioInitiave 2007, ha publicado más de 500 artículos originales, revisiones, capítulos de libros e informes de conferencias en el ámbito de la Neurociencia -básica y aplicada- y trabajado con investigadores que sí consiguieron el Nobel como Andrew V. Schally y Roger Guillemin, premiados por sus investigaciones sobre la producción de hormona peptídica en el cerebro. Miembro de la Asociación Europea de Neurociencias (ENA), la Organización Internacional de Investigaciones sobre el Cerebro (IBRO), la Academia de Ciencias de Nueva York y la Sociedad Europea para la Investigación Dermatológica (ESDR) -entre otras instituciones científicas internacionales- ha participado en más de 300 congresos y simposios internacionales como orador.

Es más, fue quien introdujo el término clínico “dermatitis de pantalla” para explicar los daños cutáneos que en la década de 1970 desarrollaron muchos de quienes trabajaron ante los primeros monitores de ordenador algunos de los cuales tuvieron además problemas neurológicos. Eso sí, cuando aparecieron los primeros problemas los medios de comunicación fueron rápidamente intoxicados por “especialistas” que afirmaron que se trataba de historias inventadas y los periodistas debían evitar hablar de las mismas para no provocar una psicosis social. Olle Johansson se negó sin embargo a dejar sin más el asunto en manos de psicólogos y psiquiatras y prefirió investigar el fenómeno desde otras áreas –como la medicina del trabajo, la biofísica, la bioquímica, la neurología y la dermatología- comprobando pronto que había personas con una especial sensibilidad a las radiaciones electromagnéticas.

Hoy, gracias a sus esfuerzos, la Electrohipersensibilidad (EHS) está ya considerada oficialmente en Suecia una “discapacidad funcional”. En España, mientras, se sigue ignorando a las personas electrosensibles que siguen siendo enviadas de consultorio en consultorio sin que ningún médico sepa cómo ayudarles (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Una española con hiperelectrosensibilidad electromagnética decide suicidarse apareció en el nº 158).

Pues bien, Johansson decidió sumarse públicamente en marzo de 2012 a la campaña internacional Escuelas sin Wi-Fi dando a conocer una carta en la que terminaba afirmando: “El desarrollo de las nuevas tecnologías ha sido rápido y mucha gente joven tiene la imperiosa necesidad de estar siempre en contacto con sus amistades y al día de las noticias de Internet. Pero todo ello tiene unos costes que esos jóvenes usuarios/as, adictos a los ordenadores y móviles, pagan en forma de insomnio, estrés y enfermedad mental. Madres y padres: ¿estáis preparados para ello? Porque vosotros podéis ser la puerta hacia un futuro saludable y seguro basado en la necesidad y no en la avaricia”.

MENTIRAS OFICIALES

-Díganos, ¿le parece bien si empezamos hablando de los engaños de las industrias de electricidad y telefonía? La industria dice que no hay peligro porque los efectos térmicos son pequeños, algo discutible que depende de los casos, pero se “olvida” de los efectos no térmicos. De ellos ni habla…

-Cierto. Cuando es evidente que la exposición a radiaciones electromagnéticas puede provocar efectos térmicos agudos en los organismos pero también efectos no térmicos que a menudo aparecen tras exposiciones a largo plazo. Hay ya un número muy elevado de estudios que lo demuestran fehacientemente. Efectos no térmicos que incluyen desde daños en el ADN hasta trastornos y alteraciones de las funciones celulares -como un aumento de las vías estimuladoras intracelulares y/o la alteración del calcio intracelular- pasando por rupturas en la barrera hematoencefálica, disfunciones en el sistema inmune y pérdida de la fertilidad. Daños todos ellos que pueden acabar provocando muy diversas patologías.

Numerosos científicos lo han constatado reproduciendo tales efectos en experimentos controlados de laboratorio. Y son muchos los datos epidemiológicos que indican que la exposición a largo plazo de las radiaciones electromagnéticas provoca problemas de salud: a nivel molecular, celular, tisular, orgánico y sistémico. Evidentemente las investigaciones epidemiológicas no permiten demostrar efectos causales en este caso, especialmente dada la gran cantidad de factores medioambientales que intervienen hoy en nuestra vida diaria pero confirman, de forma pertinaz, las observaciones controladas hechas en los laboratorios.

-Probablemente por eso cada vez más investigadores solicitan la inmediata aplicación del Principio de Precaución.

-Cierto. Los efectos de las radiaciones electromagnéticas son reproducibles y si bien no se puede aún aseverar con seguridad que sean causa de una u otra patología tampoco se puede excluir por lo que se justifica sobradamente que se aplique el Principio de Precaución. De hecho es a mi juicio la única forma de apoyar socialmente la sostenibilidad de las innovadoras tecnologías de comunicación inalámbrica.

El 2 de febrero del 2000 la Comisión Europea emitió una comunicación que decía: “El Principio de Precaución se debe aplicar cuando la evidencia científica es insuficiente, no concluyente o incierta y la evaluación científica preliminar indica que hay motivos razonables para temer que los efectos potencialmente peligrosos para el medio ambiente, el ser humano o la salud animal y vegetal puedan ser incompatibles con el alto nivel de protección elegido por la Unión Europea”. Por tanto son nuestros responsables políticos quienes deberían controlar estrictamente y de forma inmediata la exposición regulando nuevos límites de exposición máximos que tengan en cuenta los efectos a largo plazo y los efectos no térmicos teniendo muy especialmente en cuenta a los grupos más vulnerables como son los fetos durante el embarazo, los niños, los ancianos, los enfermos, las personas genética o inmunológicamente afectadas y las que padecen discapacidad funcional por electrohipersensibilidad. Lamentablemente nuestra investigación -como la de otros- demuestra que el Principio de Precaución no se está utilizando como estaba previsto porque quienes deben tomar las decisiones están siendo engañados por evaluaciones de riesgo inexactas, generalmente procedentes del entorno de la propia industria.

-Evaluaciones en las que se afirma una y otra vez que “el estado actual de la ciencia” no avala que las radiaciones electromagnéticas a los niveles aprobados produzcan daños en la salud a pesar de la gran cantidad de estudios, trabajos y pronunciamientos de expertos de prestigio que aseveran lo contrario. Es obvio pues que la industria manipula el auténtico “estado actual de la Ciencia”. Lo inconcebible es que los medios de comunicación y la sociedad asuman lo que dicen los “expertos” que acuden a las comisiones de evaluación gubernamentales e internacionales cuando se trata de una minoría que trabaja generalmente al servicio de la propia industria y se obvie lo que dice la inmensa mayoría de los investigadores y especialistas a pesar de que éstos se han pronunciado de forma reiterada en congresos internacionales masivos de los que casi nadie se hace eco.

-Son ciertamente ya muchos los investigadores que han expresado su convencimiento de que los límites de seguridad actuales son insuficientes para proteger la salud pública y no consideran segura la exposición prolongada a los niveles de emisión que se han generalizado. En noviembre de 2009 participé personalmente en un panel científico integrado por expertos internacionales en los efectos biológicos de las radiaciones electromagnéticas que se reunió durante tres días en Seletun (Noruega) y tras un intenso debate en el que se repasó la evidencia científica existente quedó claro que la actual exposición sin precedentes a las radiaciones electromagnéticas artificiales derivadas de las telecomunicaciones y otras tecnologías en todo el mundo terminará teniendo consecuencias negativas para la salud pública. Y de hecho esa reunión fue consecuencia directa de los encuentros y discusiones que empezaron ya a mediados de los años noventa en los que se empezó a recoger la opinión contraria a la oficial de muchos científicos. Al punto de que dio lugar a muchas declaraciones de advertencia: la de Benevento en 2006, la de Venecia en 2008 y la de Londres en 2009.
Ya el Informe BioInitiative de 2007 -un documento de unas 600 páginas en el que se habla de los resultados de ¡más de 2.000 estudios!- deja bien claro que los efectos biológicos de la radiación electromagnética a niveles no térmicos son innegables. Texto que fue posteriormente actualizado dando lugar al Informe BioInitative 2012 que contiene evidencias aún más contudentes que apoyan las resoluciones anteriores.

-¿Cuáles son los principales puntos de coincidencia entre los científicos que denuncian lo que está pasando?

-Coinciden ante todo en la necesidad de modificar la actual legislación a fin de proteger la salud de la población, muy especialmente la de los grupos más débiles que antes mencioné. Y en que hay que adoptar rápidamente medidas preventivas contundentes. Básicamente existe un consenso en los siguientes puntos:

1) Está fehacientemente demostrado que los efectos no térmicos de las radiaciones electromagnéticas de baja intensidad provoca efectos adversos en la salud incluso a niveles muy inferiores a los aprobados legalmente.

2) Los actuales límites de seguridad aprobados por organismos como la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante (ICNIRP), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE) y la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) son inadecuados y obsoletos, cuando menos en lo que se refiere a las exposiciones prolongadas de baja intensidad (Wi-Fi, antenas de telefonía, móviles, smartphones, radares, etc.).

3) Deben aprobarse urgentemente nuevas normas y límites basados en los numerosos estudios biológicos realizados en todo el mundo e incomprensiblemente ignorados por las autoridades. Y,

4) Hay que aplicar de inmediato el Principio de Precaución. Es inadmisible esperar sin hacer nada a que haya nuevos estudios que corroboren los trabajos ya existentes sobre los efectos adversos para la salud de las radiaciones de baja intensidad cuando está demostrado que incluso a niveles de exposición miles de veces por debajo de los estándares de seguridad pública ¡hay efectos adversos!

NOS OCULTAN INFORMACIÓN

-Pues todos los organismos que antes ha citado -y, por ende, nuestros gobernantes que se fían solo de sus consignas- niegan todas las evidencias; de hecho éstos parecen ignorar -o simulan hacerlo- que detrás de ellos están hoy los testaferros de la industria.

-Efectivamente. Es descorazonador escuchar aún afirmaciones tan falsas como la de que no hay pruebas de que las radiaciones de baja intensidad tengan efectos negativos para la salud o la de que a los límites actuales de exposición las radiaciones son inocuas. Además que no haya pruebas de que algo -lo que sea- sea negativo para la salud no implica que no exista por tanto riesgo alguno. La falta de pruebas concluyentes sobre cualquier efecto adverso no implica que no exista posible peligro. Una cosa no lleva a la otra. En las últimas décadas muchos expertos de otros ámbitos negaron potenciales peligros cuando deberían haberse callado y limitarse a decir: “La verdad es que no lo sabemos”. Casos como el de los rayos X, el tabaco, el asbesto, el DDT, la Encefalopatía Espongiforme Bovina, la exposición a metales pesados, al uranio empobrecido…; en todos ellos y muchos más se enarboló la bandera del “no hay riesgo para la salud” mucho antes de que el verdadero conocimiento mostrara los auténticos y dramáticos resultados de sus efectos. Banderas que solo se arriaron tras constatarse el sufrimiento de muchísimos seres humanos que creyeron a esos expertos y a los representantes políticos de turno. Y voy a obviar hablar de los enormes costes económicos que ello provocó…

-Luego en el caso que nos ocupa la sociedad está siendo deliberadamente desinformada…

-La clave de todo está en la transparencia informativa. En los casos antes citados el público no se enteró de la verdad hasta años después y cuando los numerosos daños personales y económicos ya se habían producido. Y en el caso de las radiaciones electromagnéticas se lleva el mismo camino. Hoy se sabe por ejemplo que los valores fijados para los sistemas inalámbricos -los SAR- son sólo recomendaciones y no niveles de seguridad reales y sin embargo numerosos científicos han constado efectos biológicos adversos a niveles tan bajos como 20 microvatios/kg, luego, ¿cómo puede argüirse con seriedad que una irradiación de 2 W/kg es “segura” cuando es un nivel de radiación 100.000 veces mayor?

Además la industria se ha ocupado de financiar -es decir, de encargar expresamente pagando a sus autores por ello- estudios e informes que contradicen -o aparentan hacerlo- lo que ustedes afirman.

-Esa es otra de las estrategias habituales de las grandes corporaciones e industrias: recurrir a las publicaciones científicas como contrapunto para intentar contrarrestar las evidencias. A la industria del tabaco le funcionó durante muchos años. Solo que uno no puede contrarrestar un trabajo que documenta efectos negativos para la salud con otro -a menudo ni siquiera similar- que no muestre efecto alguno; pero eso no parecen entenderlo las autoridades y los medios de comunicación. Uno solo puede contrarrestar el resultado de un trabajo haciendo una réplica exacta del mismo; y no es eso lo que al público se le presenta.

Por otra parte la investigación en asuntos de salud pública debería ser absolutamente independiente. He insistido mucho en ello en artículos y conferencias durante los últimos 30 años; trabajos que no puedan estar nunca mediatizados por intereses económicos. Pero sigue sin hacerse así cuando es de vital importancia que los científicos involucrados en este tipo de proyectos carezcan de relación alguna con la industria y que los fondos sean totalmente públicos. Así deberían garantizarlo las autoridades democráticamente elegidas en todos los países.

EL DERECHO A VIVIR EN UN ENTORNO SALUDABLE

-En España sigue sin reconocerse la hipersensibilidad electromagnética. ¿En Suecia discute alguien a estas alturas su realidad?

-Es impensable. En Suecia la Hipersensibilidad Electromagnética (EHS) está considerada una alteración funcional oficialmente reconocida, no una “enfermedad”; no precisa pues de diagnóstico médico bastando con que los funcionarios de los servicios sociales municipales certifiquen que existe esa “discapacidad”. Lo grave es que entre los nueve millones de suecos hay en la actualidad ya ¡unos 250.000 que la padecen! Y eso que ningún ser humano llega a ser “discapacitado funcional” si no existe alguna causa medioambiental que provoque esa condición. Luego en realidad es el medioambiente el que debe ser “tratado” y no el enfermo.

Las personas con electrosensibilidad deben tener además la oportunidad de vivir y trabajar en un entorno electro-saludable. Que una persona se vea forzada a abandonar su puesto de trabajo o su hogar porque en el entorno hay radiaciones electromagnéticas artificiales que no puede evitar constituye una flagrante violación de sus derechos fundamentales. Y lo mismo cabe decir de los niños que, cada vez en mayor número, se ven obligados a abandonar sus centros escolares por la existencia en ellos de Wi-Fi, antenas de telefonía y dispositivos similares. ¡No se les puede privar de sus derechos a la educación, a la integridad física, a la salud y, en suma, a la libertad!

Las personas con electrosensibilidad son, en definitiva, víctimas de una legislación inadecuada y de una industria que solo piensa en obtener beneficios. Y eso es intolerable en una sociedad democrática.

-¿Hasta qué punto afecta la electrosensibilidad a quienes la padecen?

-Hay grados. Afortunadamente a la mayoría no les debilita tanto como para que su vida en el entorno habitual se haga imposible y les basta adoptar medidas de aislamiento en el hogar, el lugar de trabajo, los medios de transporte y los lugares de ocio; aún pueden sobrellevar el día a día. Pero para otras el problema es ya devastador y no les queda otra opción que abandonar las ciudades y buscar zonas sin radiaciones electromagnéticas artificiales, algo cada vez más difícil. De hecho muchas viven ya en pequeñas cabañas blindadas o en alejadas tiendas de campaña y remolques. Se trata de auténticos refugiados que han tenido que abandonar esta civilización que llamamos “moderna”. Parece ciencia ficción pero hay numerosos casos en todo el mundo: Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Alemania, Suiza, Francia, España, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá… El problema es cada vez más grave. Tenga en cuenta que en comparación con la radiación natural de la Tierra en la actualidad estamos expuestos a emisiones un trillón de veces mayores; a la unidad hay que añadirle 15 ceros.

-Prevención aparte, ¿puede hacerse algo para ayudar a quienes la padecen?

-Lo fundamental es protegerse de las radiaciones o evitarlas. El primer paso que da en Suecia una persona con discapacidad funcional por hipersensibilidad electromagnética es contactar con los servicios especiales del municipio así como con las diversas organizaciones que se ocupan ya de ello y de las autoridades para obtener ayuda. En cuanto a otras posibilidades un reciente estudio dirigido por Hagström que se publicó en 2013 en Fisiopatología bajo el título Finlandeses electrohipersensibles: síntomas, fuentes y tratamientos recibidos concluye que las opciones de tratamiento oficial, la Psicoterapia y la medicación, no tienen efectos significativos. Según ese estudio al 76% de los 157 encuestados lo que de verdad les ayudó a recuperarse -de forma parcial o total- fue reducir o evitar por completo las radiaciones. En cuanto a las demás posibilidades el trabajo concluye que seguir una dieta adecuada ayudó al 69,4%, la ingesta de suplementos nutricionales al 67,8% y hacer más ejercicio físico al 61,6 %. Resultados que, por cierto, coinciden con los de otros muchos estudios en algunos de los cuales he colaborado directamente.

GRAVE EXPOSICIÓN INVOLUNTARIA DE LOS NIÑOS

-Sin duda porque todo ello ayuda a equilibrar el pH del organismo. Bien, sabemos que su principal preocupación en este momento es el efecto que las tecnologías invasivas como el Wi-Fi, las antenas de telefonía o los móviles tienen en los niños. ¿Cuál es su posición al respecto?

-El artículo 24 de la Convención sobre los Derechos de los Niños aprobada por UNICEF dice: “Los niños tienen derecho a un ambiente limpio y seguro así como a la información necesaria para ayudarles a mantenerse saludables”. Y todos deberíamos asegurarnos de que ese artículo no se viola; es nuestra responsabilidad social y, en gran medida, cuestión de salud pública. Sin embargo muchos de los sistemas Wi-Fi -método de conexión de dispositivos electrónicos (ordenadores, videoconsolas, smartphones, móviles, reproductores de audio digitales…) mediante radiofrecuencias- están situados cerca de las camas, cocinas, salas de juegos, aulas y lugares similares. Y se trata de aparatos que permanecen constantemente encendidos emitiendo radiaciones. Además ahora los ayuntamientos los han instalado masivamente en centros y zonas comerciales y de ocio, universidades, institutos, colegios, escuelas, plazas, parques, jardines… Y están ya en numerosas fábricas, empresas, oficinas y hogares atravesando sus radiaciones la mayoría de las paredes. En suma, un auténtico despropósito pues los ciudadanos empezamos a estar constantemente irradiados sin tener en cuenta nuestra voluntad. Y en el caso de los niños los efectos adversos son mucho más graves; se han constatado posibles daños a corto plazo sobre la memoria, la concentración y el sueño y a medio y largo plazo otros más graves: alergias, trastornos del comportamiento, problemas inmunológicos e incluso cáncer. Así que la instalación de sistemas inalámbricos que supongan la exposición involuntaria a la radiación de microondas pulsátiles debería prohibirse ¡inmediatamente!

-A quienes piden medidas como las que usted propone se les acusa de estar en contra del avance tecnológico que, dicen, supone implementar el Wi-Fi en los centros escolares…

-Quienes hacen esa afirmación ni siquiera aceptan un debate público sobre ello; han impuesto su criterio y exigen a la ciudadanía que lo asuma. Tal es su modo de operar. Y sin embargo eso no es aceptable, especialmente en el caso de los niños; los padres tienen derecho a decidir por ellos pero nadie les ha consultado. Y es intolerable que se les esté sometiendo a las radiaciones de los sistemas Wi-Fi cuando hay estudios científicos sobre su peligrosidad que simplemente se ocultan o se ignoran porque así le interesa a gente que solo busca hacer negocio. Una vergüenza porque se resolvería instalando simplemente cable o fibra óptica.

En el Panel Seletun y en otras muchas declaraciones se advierte del peligro del Wi-Fi y se insta ya a usar el cable o la fibra óptica en todos esos lugares públicos. Incluso se está en general en contra del uso de todo dispositivo inalámbrico: teléfonos, juguetes, monitores de vigilancia de bebés…

-Se alega que su uso ayuda mucho al aprendizaje…

-En Suecia casi todos los niños tienen hoy un portátil en las escuelas y sin embargo las autoridades se están encontrando con que el nivel educativo no ha subido; al contrario, ha bajado y mucho. Los expertos y los políticos aún se preguntan por qué pero en una encuesta realizada a niños se les preguntó qué les haría más felices y la respuesta más común no incluyó ordenadores, videoconsolas, móviles o tabletas. Mayoritariamente respondieron que lo que de verdad les haría más felices era ¡pasar más tiempo con sus padres!

-¿Y qué recomendaría a los padres sobre el uso de esos dispositivos en los hogares?

-Los padres -como los maestros y profesores- tienen derecho a ser informados de la verdad y a conocer los datos que refleja la literatura científica sobre los efectos de las radiaciones electromagnéticas no ionizantes de baja intensidad en la salud de los niños porque son sencillamente escalofriantes. Sorprende por ello que aun tantos padres permitan que sus hijos se expongan constantemente a ellas. Estoy seguro de que si supieran la verdad se replantearían seriamente el uso de muchos de esos dispositivos.

-Una última pregunta: ¿cree usted que la información auténtica llegará pronto a la sociedad?

-Debería ser así. Bastaría con que nuestros representantes políticos y los periodistas la informaran pero, claro, primero habrá que confiar en que éstos conozcan la verdad y no la oculten. Y lo mismo cabe decir de las autoridades sanitarias, de las educativas y de los jueces. Pero mientras es urgente y necesario aplicar el Principio de Precaución y retirar ante todo los Wi-Fi de los lugares públicos. La propia Comisión Europea dijo que así debería hacerse cuando la evidencia científica sobre la seguridad de un producto sea “insuficiente”, “no concluyente” o “incierta” y tal es el caso -como mínimo- de las radiaciones electromagnéticas no ionizantes de baja intensidad. Principio de Precaución que además desplaza la carga de la prueba no debiendo ser pues quienes sospechan con fundamento del peligro quienes demuestren que éste existe sino los que afirman que las radiaciones no ionizantes son inocuas los que deben probarlo. Algo que no ha hecho aún ninguna empresa. Y algo importante: la precaución no puede limitarse a aprobar nuevas normas de diseño y emisión.

En fin, hace casi 70 años aprendimos con dolor las brutales consecuencias de estar sometidos a las radiaciones ionizantes y nos vimos en la necesidad de adoptar estrictas medidas de protección y ahora tenemos que aprender a hacerlo otra vez pero con las radiaciones no ionizantes. Urgentemente.

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
168
Febrero 2014
Ver número