Proteger la piel y los ojos en verano es hoy absolutamente necesario

La sociedad aún relaciona bronceado con salud pero eso no siempre es verdad, especialmente si no se toman las medidas de protección adecuadas. Y la razón es simple: debido a la pérdida progresiva de la capa de ozono estar hoy al sol en verano sin la protección adecuada –sobre todo en las montañas- es exponerse a graves problemas de salud. Así que más vale que atienda las recomendaciones que le ofrecemos para evitar dejarse la piel y, quizás, la salud. La situación dista mucho de ser la de hace unos años.

Cada vez más dermatólogos apuestan por la necesidad de cambiar nuestra “cultura solar” y olvidarnos de pasar largas horas tomando el sol para broncearnos. Y es que actualmente es peligroso debido a la disminución de la capa de ozono. A fin de cuentas, el sol que recibimos mientras paseamos por la calle es suficiente para que nuestro organismo sintetice la vitamina D, se fije el calcio en los huesos, se multiplique la producción de glóbulos rojos, se estimule el transporte de oxígeno por la sangre, se active la circulación sanguínea, mejoren enfermedades de la piel como la psoriasis, la dermatitis atópica o el acné y, en general, estemos más sanos. Por tanto, las largas exposiciones al sol para broncearse han dejado de justificarse ante los riesgos evidentes que conlleva. Prueba de ello es el alarmante aumento de casos de cáncer de piel –especialmente entre las personas de tez clara- desde que a mediados de los años 70 empezara a disminuir la capa de ozono.
Hoy sabemos que ese incremento de cánceres cutáneos –así como el de diversas patologías oculares y de manchas en la piel- se debe en buena parte según la Organización Mundial de la Salud (OMS) a la constatación de que más de tres cuartas partes de la población se protege insuficientemente del sol. Una actitud que probablemente se debe al desconocimiento de las nocivas consecuencias de los efectos acumulativos de la radiación ultravioleta en nuestros días. Y si es su caso conviene que sepa que cada persona nace con un “capital solar”, es decir, con una capacidad natural de defensa que se va agotando y no es posible renovar. Por tanto, del uso que hagamos de ese “capital” –según la OMS consumimos más del 50% antes de los 18 años- dependerá nuestro mayor o menor riesgo de padecer problemas dermatológicos o cáncer cutáneo al llegar la edad adulta. Lo que sí está claro es que el 80% de los cánceres de piel actuales está relacionado con el exceso de sol. Preste atención, por tanto, a las recomendaciones que se recogen en el presente texto y disfrute así de un verano sin riesgos.

MEJOR PREVENIR

En suma, para disfrutar del sol veraniego sin correr riesgos debemos tomar una serie de medidas que deberán extremarse en el caso de los niños, de las personas con la piel muy blanca y pecosa o de las personas con antecedentes familiares de cáncer de piel. Y lo mismo cabe decir si se está en la montaña –especialmente si hay nieve- y la playa.
La primera de esas medidas es exponerse al sol de forma gradual aumentando poco a poco el tiempo de exposición. Durante la primera semana se recomienda tomarlo no más de 10-15 minutos por la mañana y ese mismo tiempo por la tarde pero protegidos por una crema que tenga un factor de protección de al menos 25 en el caso de los adultos y de 40 en el de los niños (como mínimo). El tiempo de exposición podrá ampliarse luego a razón de 10 minutos al día hasta llegar a un máximo de dos horas diarias. Siempre con la necesaria protección.
La crema protectora debe aplicarse generosamente -no escatime- al menos media hora antes de exponerse al sol. Y luego repetir la aplicación cada dos horas o después de cada baño. Utilícela incluso los días nublados –los rayos ultravioletas atraviesan las nubes- prestando especial cuidado a las zonas más sensibles: nariz, cara, labios, orejas, escote, calva y empeines. Son las primeras que se queman.
Y sobre todo no tome el sol nunca entre las 12,30 y las 16 horas porque durante ese espacio de tiempo es especialmente pernicioso. En España -tanto en invierno como en verano- la dosis de radiación recibida en ese tiempo supone el 70% del total.
En los lugares abiertos busque sombras o provéase de sombrillas pero no olvide que estar sentado bajo una no le protege totalmente ya que la arena, la hierba o el asfalto –así como la nieve o el agua- reflejan la radiación solar.
También se aconseja pasear, correr o nadar bajo el sol, no tumbarse inmóvil bajo sus rayos. Y, por supuesto, si va a realizar esas actividades no olvide protegerse la cabeza con un sombrero o pañuelo y los ojos con una visera o gafas adecuadas.
Otra importante recomendación es no ponerse perfumes, colonias o after-shaves que contengan alcohol cuando se va a tomar el sol porque pueden provocar la aparición de manchas en la piel, algo que no puede evitar ni la más efectiva crema protectora. Y si está tomando algún medicamento asegúrese de que no tiene efecto fotosensibilizante.
Por último, ni que decir tiene que exponernos a los rayos solares aumenta la sudoración con la consiguiente pérdida de líquido y sales minerales. No espere pues a tener sed para beber ya que ese sería un signo de que está empezando a deshidratarse. Beba agua a menudo y refresque su piel con duchas de agua tibia.

TRAS UNA JORNADA AL SOL

Tras un día de sol en la playa o la montaña es necesario proporcionar al cuerpo algunos cuidados especiales destinados a hidratar, refrescar y regenerar la piel. Para empezar, lo más adecuado es darse una ducha de agua tibia o fría. Después aplique una buena y refrescante capa de crema hidratante o after-sun o, si nota su piel seca o estirada, extiéndase sobre la piel aún mojada un aceite corporal. En el caso de que su piel presente rojeces, tire o escueza lo mejor es utilizar áloe vera ya que se ha contrastado que revitaliza la piel y acelera los procesos de reproducción de células nuevas y de eliminación de las muertas. Además, utilizado como cataplasma, alivia y refresca la piel quemada por el sol y previene complicaciones posteriores al tiempo que elimina la sensación de dolor propia de este tipo de quemaduras. Si acepta un consejo le diremos que no está de más llevar consigo algún producto con áloe vera a su lugar de vacaciones de este verano. Lo agradecerá.

CUIDE SUS OJOS EN VERANO

Mención aparte requiere el cuidado de los ojos durante el verano dada su extremada sensibilidad a los rayos ultravioleta. Mayor si cabe que la de la piel porque los ojos no tienen la capacidad de protegerse de la radiación del sol produciendo melanina ni la córnea dispone de la capa queratinizada de la piel. Por eso es necesario no olvidarse de ellos a la hora de protegernos del sol.
Y lo decimos porque la radiación ultravioleta es una de las principales responsables de las cataratas, primera causa de ceguera en el mundo. Ello ocurre porque el cristalino –la lente natural que permite la formación de la imagen sobre la retina- se vuelve opaco por la agresión permanente de la radiación solar. Pero también al sol se deben quemaduras cutáneas, conjuntivitis, queratitis, turbidez del humor acuoso del ojo, destrucción de fotorreceptores y lesiones degenerativas de la delicada piel de los párpados así como algunos casos de maculopatías (la mácula es la zona central de la retina y su afectación origina la pérdida de la visión central).
Para evitarlo lo más efectivo es utilizar gafas de sol que filtren la radiación ultravioleta y, a ser posible, con protectores laterales de forma que eviten la radiación reflejada en el suelo, paredes, en la cara, etc.
Obviamente, no elija sólo las gafas solares por estética sino por su capacidad para protegerle los ojos. Para ello las lentes deben filtrar la luz visible pero también la radiación ultravioleta en las proporciones adecuadas. Las lentes solares que no respondan a estas exigencias son, simplemente, peligrosas. Por tanto, acuda a una óptica y no compre gafas solares en mercadillos o tiendas en las que no le aseguren la eficacia filtrante y protectora. Las que se encuentran en estos lugares sólo filtran la luz visible pero no la radiación ultravioleta y lo que provocan es que se produzca la dilatación de las pupilas al detectar menos cantidad de luz. Y eso ocasiona que en el ojo entre una mayor cantidad de radiación ultravioleta perjudicial y se produzcan lesiones oculares graves e irreversibles.

MANCHAS SOLARES

En suma, entienda que el sol tomado de forma irresponsable puede resultar tan perjudicial que, en casos de personas que permanecen muchas horas sin protección, a largo plazo y por el efecto acumulativo de la radiación solar los rayos ultravioleta saturarán los sistemas de defensa de la piel, llegan a niveles profundos de la dermis y se transformarán en radicales libres que alterarán el material genético. El siguiente paso probable es la proliferación de células anormales y la formación de carcinomas o melanoma. En definitiva, nuestra afición a broncearnos implica una prolongada exposición a los rayos ultravioletas y ello puede acabar convirtiéndose en la principal causa de la aparición de las manchas solares (también llamadas léntigos) y de la alteración de la estructura de las fibras de colágeno y elastina lo que acelera el proceso de envejecimiento cutáneo. De ahí que las personas que han pasado muchas horas bajo el sol estén especialmente -y, a veces, prematuramente- arrugadas.
En cuanto a los léntigos solares son un signo de fotoenvejecimiento que aparece especialmente en las zonas que menos protegemos del sol como el escote, los antebrazos y el dorso de las manos aunque también pueden darse en el rostro. Se trata de una clara manifestación de fotoenvejecimiento. Un número excesivo de manchas suele ser resultado de una excesiva toma de sol desde la infancia. Y son frecuentes en personas que, por trabajo o elección, se han expuesto con más frecuencia a los rayos del sol… o deberse a que tienen un fototipo I o II (vea recuadro adjunto). Para tratar estas manchas solares se recomienda evitar no sólo tomar el sol sino también su luz, usar crema con filtro solar total y aplicarse cremas despigmentantes por la noche.
En suma, protéjase adecuadamente este verano. No se juegue la salud simplemente por tener un tono de piel más bronceado. No compensa con el elevado riesgo actual.

Sara Muñoz

Recuadro:


Niños: ¡protéjalos bien del sol!

Con los niños las medidas preventivas deben ser aún más rigurosas que en el caso de los adultos siendo importante concienciarles desde pequeños y enseñarles a protegerse del sol porque los efectos de la radiación solar son acumulativos e irreversibles. Es tal la importancia de prevenir que diversos estudios médicos señalan que utilizar al menos una protección 15 durante los 18 primeros años de vida reduce hasta en un 78% el riesgo de padecer cáncer de piel.
Hay que tener en cuenta que, como ocurre con otros órganos de los niños, la piel infantil se encuentra en proceso de maduración por lo que aún no se han desarrollado completamente todos los mecanismos naturales que el cuerpo dispone para  protegerse de los efectos dañinos del sol. Estos son, por ejemplo, el grosor de la piel, la secreción de una cantidad determinada de melanina o el desarrollo de las glándulas sudoríparas, mecanismos aún precarios en los niños. Por eso su piel es menos resistente que la de los adultos.
De ahí se deriva la exigencia de que los bebés menores de 6 meses no tomen el sol de forma directa. Si se les lleva a la playa han de permanecer en ella poco tiempo y protegidos en todo momento con una crema de alta protección, llevar sombrero, permanecer bajo una sombrilla y humedecerles cada cierto tiempo la cabeza. En cuanto a los niños un poco más mayores, como regla general y hasta los 3 años deberán ir protegidos con crema, gorro, camiseta y gafas de sol –o en su defecto, visera- además de darles abundante agua para que no se deshidraten.
Por otro lado, sepa que el cristalino de los niños es casi transparente hasta los 10 o 12 años y absorbe toda la radiación ultravioleta. Por tanto, para evitar daños oculares o la formación prematura de cataratas es imprescindible que utilicen gafas de sol de calidad –no les compre gafas de sol de juguete o que no cumplan con la normativa de la Unión europea en esta materia- y/o visera.


Verdades y falsedades de la protección solar

VERDADERO:

Demasiado sol es peligroso independientemente de la edad.
 Somos sensibles a él durante toda la vida.
Laradiación solar afecta también a los ojos.
 Puede dar lugar a cataratas y a ceguera transitoria en lugares nevados.
La gente de piel clara y pelirroja es especialmente sensible a la radiación ultravioleta.

  Los niños también.

Los efectos negativos de las quemaduras solares son acumulativos.
Se debe tener en cuenta la reflexión de la radiación por parte del agua, la arena, la nieve, etc.
  La radiación directa y la radiación difusa son igualmente importantes.
A mayor altitud es más fácil quemarse.

 Cuanto mayor es la altitud la atenuación de la radiación ultravioleta por la atmósfera es menor.

FALSO:

No te puedes quemar en un día cubierto.
  Las nubes atenúan el calor pero las radiaciones las atraviesan.
Si no siento calor cuando estoy al sol es que no me estoy quemando.
 La sensación de calor procede de la radiación infrarroja, no de la ultravioleta.
Basta con volver a aplicarse crema solar para poder estar más tiempo al sol.

 No es cierto. Pasar hoy día más de dos horas diarias al sol tiene riesgos constatados.

El bronceado protege de las quemaduras por el sol.
 El bronceado sólo protege parcialmente.
Tomar el sol es imprescindible ya que la vitamina D se sintetiza con ayuda de la radiación ultravioleta.

 No es así. La radiación solar que recibimos durante nuestras actividades diarias al aire libre es suficiente.

No nos podemos quemar mientras estamos en el agua.

 Tampoco es verdad.Incluso nadando es posible quemarse ya que aproximadamente un 95% de la radiación ultravioleta penetra en el agua y un 50% llega hasta una profundidad de 3 metros.


¿Conoce su tipo de piel?

Desde que nacemos todos tenemos una capacidad de adaptación al sol que se conoce como fototipo. Se han descrito seis fototipos que van desde el más sensible al más resistente a la radiación del sol. Sus características son las siguientes:

-Fototipo I:piel, pelo y ojos muy claros. Su sensibilidad a la radiación ultravioleta es muy alta por lo que siempre se quema y nunca se broncea. Factor de protección recomendado: pantalla total.
Fototipo II: piel clara, pelo rubio o pelirrojo, ojos claros. Su sensibilidad también es muy alta y aunque siempre se quema puede broncearse mínimamente. Factor de protección recomendado: de 15 a 20.
-Fototipo III:se quema raramente y se broncea gradualmente. Corresponde a personas con piel clara pero con pelo y ojos castaños. El factor que se recomienda es igual o superior a 15.
Fototipo IV: es la “piel mediterránea” de personas sin pecas y con pelo y ojos oscuros. Se quema poco y se broncea bien. Se recomienda un factor 10.
Fototipo V: es la piel morena propia de iberoamericanos, gitanos o mestizos. Raramente se quema y se broncea muy rápidamente. Aún así necesita un factor 4-6.
Fototipo VI: es el de la piel negra. Nunca se quema y se broncea profundamente. No se ha especificado ningún factor de protección aunque es conveniente protegerse igualmente de los efectos perniciosos del sol.


Consejos prácticos

-No se exponga al sol entre las 12,30 y las 16 horas.
-Empiece a tomarlo de forma gradual y nunca más de 2 horas al día.
-Utilice fotoprotector, incluso en días nublados
-Emplee crema con factor de protección alto y aplíquela generosamente.
-Proteja especialmente las zonas más sensibles de su cuerpo y no olvide utilizar gorro o pañuelo y visera.
-Procúrese gafas de sol con lentes de calidad.
-No tome el sol si tiene herpes o varices.
-Procure no permanecer inmóvil bajo el sol y beba mucha agua.


Cómo aparece el bronceado

Los melanocitos, células situadas en las capas inferiores de las epidermis, son estimulados por los rayos solares y producen melanina, una proteína que actúa protegiendo la piel y absorbiendo la peligrosa radiación ultravioleta. Durante el proceso la melanina penetra  en las células vecinas provocando un oscurecimiento de la piel. Eso es el bronceado. Por tanto, la quemadura se produce cuando la melanina es incapaz de absorber todos los rayos ultravioletas que llegan a la piel.


Factores que influyen en la acción de la exposición solar

Según el Instituto Nacional de Meteorología español éstas son las variables que condicionan los efectos de la exposición al sol:

Altitud: los efectos de las radiaciones aumentan entre un 6 y un 8% por cada 1.000 metros de altitud.
Latitud: la intensidad de la radiación es mayor en el ecuador y disminuye progresivamente al ascender hacia los polos.
Clima: las nubes y la humedad absorben las radiaciones.Sin embargo, las nubes finas dejan pasar la mayoría de la radiación e incluso, en ocasiones, se produce el efecto contrario y la cantidad de radiación aumenta. Además, distintos factores atmosféricos como viento, humedad, contaminación, etc., pueden afectar también a la cantidad o calidad de la radiación solar.
Superficie: la reflexión de los rayos solares varía según la superficie. Así, la nieve refleja hasta un 85% de la radiación; la arena seca un 17%; el agua un 5%; la hierba un 3% y el asfalto un 2%. Además no hay que olvidar que las gotitas de agua sobre la piel actúan a modo de lupa.
La hora del día: cuanto más alto está el sol más intensa es la radiación ultravioleta ya que incide más verticalmente sobre la superficie de la tierra y ha de atravesar menor cantidad de atmósfera.
Estación del año: en otoño e invierno la cantidad de radiación solar es menor que en primavera y verano.
La capa de ozono: su destrucción favorece la llegada de una mayor cantidad de radiaciones ultravioletas -sobre todo del tipo B- a la superficie terrestre lo que favorece la aparición de enfermedades como el cáncer de piel y las cataratas.

Este reportaje aparece en
62
Junio 2004
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