Hijos de la pantalla: el fin de la inocencia

Nacen sometidos a un bombardeo incesante de mensajes mediáticos que exaltan la violencia, la rivalidad y el consumismo. Son la generación de la pantalla y la influencia de sus efectos empieza a traducirse en un alarmante incremento de la agresividad infantil.

Casi a diario nuestro desayuno se ve frustrado por una noticia de violencia infantil que durante cuatro o cinco horas nos deja perplejos y nos lleva a preguntarnos seriamente: ¿qué está sucediendo? A mediodía nos tranquilizamos porque, al fin y al cabo, siempre son los hijos de los demás y no los nuestros. “No –pensamos-,los nuestros nunca cometerían semejantes atrocidades porque les damos todo lo que necesitan para ser felices: ropa de marca, videojuegos, televisión en su propio cuarto…” No estamos con ellos más de una hora o dos al día y, no obstante, ponemos la mano en el fuego para jurar que no les falta de nada. Sin embargo, las nuevas generaciones tienen más carencias que nunca; quizás no de tipo material pero sí emocional: sustituyen los amigos por los “chats” en Internet y aprenden a comportarse mediante la imitación de esterotipos de perfección prefabricados en la recámara del cine y la televisión.

Viven y aprenden en la “cultura de la pantalla” -una cultura donde ficción y realidad son casi la misma cosa- sin la presencia de unos adultos que les ayuden a interpretar y discernir entre el bien y el mal. Cada vez les facilitamos más las cosas y ya no sólo no estamos con ellos por motivos de trabajo sino también por motivos de ocio por lo que para evitar que nos frustren nuestra media hora de descanso ante el televisor les colocamos uno en su propio cuarto. Se calcula que el 33% de los niños madrileños poseen una televisión en su habitación. Pero, ¿nos hemos preguntado por las consecuencias de ese hecho?

EL PODER DE LA TELEVISIÓN 

Pretendía ser cultural y se quedó a medio camino. Si en sus orígenes buscaba ser educativa hoy sólo sirve a un conjunto de intereses publicitarios a los que les importa muy poco las consecuencias de la emisión. Y así, asistimos a diario a una programación violenta, morbosa y distorsionadora de la realidad. En la televisión prima desde hace tiempo el aspecto económico sobre la calidad de los contenidos y el único parámetro decisorio sobre qué se emite y qué no es la rentabilidad.

Son muchos los expertos que aseguran que los medios de comunicación -en especial la televisión- se han convertido en la principal instancia de socialización infantil. Esta afirmación no es gratuita dado el número de horas que los niños pasan frente a la pantalla. No conviene perder de vista que los niños son precisamente eso, niños, y que aprenden por imitación sin apenas capacidad para saber qué es lo que está bien o lo que está mal. Antes observaban a sus mayores, hoy observan personajes de ficción que utilizan la violencia para resolver sus problemas. No es de extrañar, por tanto, que se comporten en la realidad de forma agresiva porque eso es lo que les hemos inculcado.

Cuando hablamos de violencia infantil nos referimos a jóvenes que actúan casi inconscientemente porque apenas son capaces de medir las consecuencias de sus actos, no tienen una idea clara de lo que es la muerte y creen que todo funciona como en el celuloide, mediante trucos que permiten hacer y deshacer la “realidad”.

Además, caer en las garras de la televisión es muy fácil. Ésta no exige ningún esfuerzo, ni físico ni intelectual. Basta con sentarnos frente a la pantalla y seleccionar el canal con nuestro mando a distancia. Nos creemos autosuficientes porque elegimos el programa y, sin embargo, estamos a merced de los programadores; son ellos los que deciden mediante estrategias publicitarias qué es lo que vemos. Estudian nuestros horarios y hábitos de vida, nos tienen totalmente controlados y, para colmo, no importa si vemos una cadena u otra porque en casi todas se difunde la misma “basura” y sólo cambia el maquillaje bajo el cual se nos presenta.

VIOLENCIA AUDIOVISUAL: DE LA FICCIÓN A LA REALIDAD 

Como ya hemos dicho, el niño aprende mediante imitación de lo que ve, es decir, televisión. Se estima que los menores pasan cerca de cinco horas diarias frente a este aparato, un tiempo excesivo que además de privarles de horas de sueño y de relacionarse con otros niños, les lleva a terminar considerando «normales» las conductas de agresividad y violencia gratuitas así como a aceptar de manera natural otro tipo de distorsiones que infunden en el menor una noción de la vida muy alejada de lo que es la realidad y que luego puede generar su díscolo comportamiento en las aulas o actitudes violentas a las que no encontramos explicación.

Recientemente -bajo el título «Televisión: impacto en la infancia»- se ha publicado un estudio sobre el tipo de televisión en nuestro país y sus consecuencias en el modelo social español. Javier Urra -Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid-, Miguel Clemente -profesor de la Universidad de La Coruña- y Miguel Ángel Vidal -profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca-, todos ellos psicólogos, exponen en este libro sus conclusiones tras un exhaustivo análisis de los contenidos de la programación nacional entre 1996 y 1997. Según su informe, los niños ven todo tipo de programas, incluidos los dirigidos exclusivamente a la población adulta. Algo lógico ya que si disponen de un televisor en su cuarto verán indiscriminadamente todo lo que esté a su alcance. Curiosamente, son los dibujos animados los espacios donde más violencia se emite mientras que en la programación adulta predomina el contenido sexual. Pero abrir a los niños las  puertas de un mundo de adultos no significa hacerles más  inteligentes sino quemar en sus vidas una etapa tan bonita como es la infancia, hasta no hace tanto caracterizada por una envidiable inocencia.

LOS PELIGROS DE LA VIOLENCIA EN TELEVISIÓN 

Son muchas las consecuencias de que los niños se vean sometidos a imágenes violentas que no persiguen sino recrearse en su propia crueldad. A continuación les exponemos algunos de los peligros de estas emisiones que a diario se cuelan en nuestras casas sin ningún tipo de limitación:

-Aprendizaje de conductas agresivas: insistimos una vez más en este aspecto. El menor observa el comportamiento de los personajes que aparecen en televisión y decide imitarlo. A menudo es el actor principal el que ejecuta la violencia y su aspecto atractivo y el hecho de que reciba una recompensa por su actuación facilitan el que el niño siga su ejemplo.

-Desensibilización: es tal el número de actos violentos que se emiten a través de la televisión que llega un momento en el que ni nos estremecemos.

Temor injustificado: si atendemos a los informativos y películas que a diario vemos en televisión podríamos llegar a pensar que vivimos en una sociedad insegura donde nadie está a salvo. Este sentimiento se incrementa cuando la violencia se ejerce de forma injustificada, sobre todo si la víctima es una persona agradable y si el agresor queda sin castigo. La consecuencia, en algunos casos, puede ser la de una reacción violenta ante los demás por miedo a lo que pueda sucedernos en ese mundo que los medios nos han presentado como inseguro.

Justificación de la violencia: si asistimos a una agresividad gratuita y normalizada podemos llegar a justificar nuestros propios actos de violencia reforzando la idea de que obramos correctamente.

-Excitación: las imágenes agresivas aumentan nuestra excitación. Eso explica que determinadas personas reaccionen de forma cruel tras haber contemplado comportamientos semejantes en los personajes de ficción.

En nuestro país -según el informe mencionado- las cadenas con mayor contenido violento entre 1996 y 1997 fueron, en orden decreciente, Antena 3, Tele 5, TVE-1 y Telemadrid –ambas en igual medida– y, por último, la 2.
Antena-3 y Tele-5 emitían -entre ambas- más de la mitad del total de violencia registrada durante ese período.

Respecto al tipo de agresiones que encontraron fueron casi siempre físicas, normalmente gratuitas y, a menudo, acompañadas de humor. También era frecuente la violencia que vanagloriaba al actor y dejaba en ridículo a la víctima. Según los autores, ese «es, exactamente, el tipo de violencia más asimilable y que genera mayor número de respuestas agresivas por parte de los espectadores”.

POR QUÉ SURGE LA VIOLENCIA INFANTIL 

Son muchos los estudios que tratan de resolver este interrogante y aún más las teorías que pretenden servir de respuesta. No existe un único factor que lleve al niño a reaccionar de forma violenta y si bien está demostrada la influencia del cine, la televisión y los videojuegos éstos no explican por sí mismos determinados brotes de violencia a los que últimamente asistimos. En todo caso, entre las distintas explicaciones que podemos encontrar, destacan:

Trastornos mentales, daños cerebrales y alteraciones del aprendizaje.

-Factores biológicos: algunos expertos creen que el hombre tiende a recurrir a la violencia con más frecuencia que la mujer; sin embargo, y como más adelante trataremos, en los últimos años se está dando un brote de violencia femenina que tiraría por tierra gran parte de las bases en que se sustenta esta teoría.

El entorno social: la marginación, la pobreza, el alcoholismo… han sido siempre determinantes a la hora de establecer el perfil del delincuente. No obstante, aunque se trata de factores influyentes la agresividad emana cada vez más de clases sociales medias, altas e incluso muy altas por lo que no puede caerse en el error de pensar que toda la violencia deriva de los sectores marginales ni que todos los marginados son violentos.

La desorganización social: vivimos en una realidad cambiante y, a menudo, no sabemos muy bien cómo hacerle frente. Los niños viven en esa misma situación y se sienten perdidos ante circunstancias como la desintegración del núcleo familiar, la aceptación de un nuevo padre o madre con otros hijos de su anterior pareja, etc. Además, dentro de la ciudad se multiplican las libertades pero también las desigualdades. El hecho de nacer en una cultura que fomenta un consumismo al que no siempre podemos acceder es frecuentemente motivo de violencia.

El racismo, la xenofobia… en fin, las innumerables denominaciones bajo las que se oculta el pensamiento de que quienes son diferentes no tienen nuestros mismos derechos.

El consumo de drogas, entre ellas, el alcohol, siendo ésta la sustancia que más actos violentos lleva asociados.

-La exaltación de valores como la competitividad y la rivalidadque, en ocasiones, lleva a los niños a querer ocupar el papel de vencedor a cualquier precio.

Los malos tratos físicos o psicológicos dentro de la familia.

La ausencia de la figura paterna: muchos psicólogos consideran vital la presencia del padre durante los primeros años de vida del niño. Esto no significa que una madre no sea capaz de sacar adelante por sí sola a sus hijos pero sí es cierto que al asumir el papel de padre y madre al mismo tiempo se multiplican el número de cargas a las que debe hacer frente y eso puede traducirse en algunos problemas que quizás afecten al niño. Quede claro que la mayoría de las madres que carecen de un compañero crían hijos sanos y equilibrados.

NIÑAS AGRESIVAS: LA MASCULINIZACIÓN DE LA SOCIEDAD 

Es el último fenómeno al que hemos asistido en las calles: niñas que, lejos de comportarse como tradicionalmente lo han hecho, se han transformado en “chavalillos” rebeldes a los que difícilmente podemos atribuir un sexo definido. Las teorías sobre factores biológicos y hormonales que hacían del hombre el sexo agresivo caen por tierra ante grupos de chicas que han pasado de robar una barra de labios a liderar actos de vandalismo callejero que nos han dejado a todos con la boca abierta. Para algunos, la respuesta se halla en la progresiva autonomía que la mujer ha ido adquiriendo en la sociedad. El nuevo papel que desempeña y la cada vez mayor igualdad con los hombres parecen tener también su lado negativo e incluso enfermedades que antes se consideraban propias del sexo masculino, como el cáncer de pulmón o la úlcera de estómago, se han pasado al bando del popularmente considerado “sexo débil”, un calificativo que cada vez está más demodé.

LUCHAR CONTRA LA TELEVISIÓN 

Lejos de plantear la guerra a la televisión lo que los profesionales proponen es un uso adecuado de la misma. Para ello es fundamental que los padres asuman un papel activo e inculquen a sus hijos el hábito de no centrar sus vidas alrededor de la pequeña pantalla. No obstante, vivimos en la cultura de la televisión y no podemos cerrarnos a ella; por eso también es importante que sepamos qué es lo que ven nuestros hijos y les ayudemos a interpretarlo.

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA QUE SUS HIJOS APRENDAN A VER LA TELEVISIÓN 

-Los niños nunca deben ver la televisión solos. Siempre ha de haber una persona adulta que, además de mostrar interés por su mundo, critique aquellas imágenes que el menor por sí mismo no puede valorar. Además, el adulto se encargará de hacerle distinguir entre lo que es ficción y lo que es realidad.

-Hay que evitar las luchas familiares por ver un programa u otro. Las decisiones deben tomarse atendiendo a los gustos de todos. En ocasiones puede crearse un turno de elección para que no se salga con la suya siempre la misma persona. Lo fundamental es que se fomente el respeto entre los miembros del grupo. Todas las decisiones han de ser pactadas y razonadas: el niño no debe asistir a un ejemplo de tiranía paterna ni tampoco ha de ser «el rey de la casa«.

-Si bien el comentario puede ser molesto durante la emisión, tampoco es recomendable el silencio absoluto. Debe llegarse al equilibrio entre ambos extremos; de esa forma veremos el programa y fomentaremos la comunicación familiar.

-La televisión no puede quitarle al niño horas de sueño ni tampoco de juego con sus amigos.

-El visionado de un programa no ha de interferir con otras tareas; así, mientras su hijo dibuja o hace los deberes, conviene que no vea la televisión.

-A partir de las once de la noche los contenidos no son recomendables para ciertas edades; además, es una buena hora para que el niño ya esté en la cama.

-Aunque vaya en contra de la tendencia son muchos los psicólogos que consideran que no debería de haber más de una televisión por casa y mucho menos que el niño tenga la suya propia; eso impediría no sólo el control sino también la comunicación.

-Hay que fomentar el gusto por programas culturales que no contengan violencia y que al mismo tiempo sean entretenidos. Aunque cada vez se hace más complejo encontrarlos todavía hay espacios de este tipo.

-Enseñar al niño a ser crítico con lo que ve y explicarle que lo que aparece en televisión no es sino un mundo ficticio cuyo único objetivo es vendernos productos.

Y, por supuesto, plantear alternativas a la televisión; por ejemplo, la práctica de algún deporte, salidas a la naturaleza… En fin, cualquier cosa menos hacer de la televisión una forma de vida.

 


LA AMENAZA DE LOS VIDEOJUEGOS 

Un peligro aún mayor que el de la violencia en televisión es el de los videojuegos. Según dos estudios publicados en la revista Journal of Personality and Social Psychology, los videojuegos no sólo provocan pensamientos negativos y agresivos sino que son mucho más perjudiciales que las películas violentas ya que al ser interactivos el jugador se identifica con el papel del agresor. Dichos estudios, realizados por investigadores de la Universidad de Iowa, revelaron que los varones jóvenes que habitualmente presentan un comportamiento agresivo son los más vulnerables a incrementar sus deseos de agredir al verse expuestos con regularidad a videojuegos violentos.


DÓNDE QUEJARNOS POR LOS CONTENIDOS DE LA PROGRAMACIÓN

-Instituciones de defensa de la infancia:

-Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid.
-Defensor del Pueblo.
-Asociaciones de televidentes.
-Las cadenas de televisión.
-Ministerio de Educación.
-Ministerio de Fomento.


ENTREVISTA A JAVIER URRA
Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid

“Hay que educar a los jóvenes en el respeto, en el amor a la naturaleza y en el ocio sano”

Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid y Presidente de la Red Europea de Defensores del Menor, Javier Urra siempre se ha preocupado por los menores y su papel en la sociedad. Hoy se muestra optimista al contemplar una juventud que  -dice- aún está muy lejos de alcanzar las cotas de violencia propias de otros países.

-Actualmente vivimos inmersos en una oleada de violencia infantil alarmante. ¿Cuál es la situación real y qué lugar ocupa nuestro país dentro de ella?

-Yo creo que España no es un país donde la violencia juvenil sea alarmante. Siempre lo es que haya un menor que cometa un acto delictivo pero según recoge la memoria anual de la Fiscalía General del Estado los menores no cometen más hechos delictivos que los de 50 años aunque el tópico diga lo contrario. Ese tópico se produce porque los medios de comunicación trasladan de esa forma la realidad. Es verdad que hay algunos jóvenes que salen con navajas y que ingieren mucho alcohol, sobre todo en las grandes ciudades. Esa mezcla de alcohol y navajas supone una situación de riesgo. Lo que debemos hacer es, primero, que haya mucha policía de proximidad; segundo, que se hable y se conozca a la gente de los bares porque ellos viven esa realidad; y tercero, no generar más alarma de la necesaria porque eso a lo que lleva es a que los muchachos se armen ante el riesgo de ser atacados. Además, hay que educar a los jóvenes en el respeto, en el amor a la naturaleza y en el ocio, pero en el ocio sano, compartido; por ejemplo, en el desarrollo de la música y el arte. Eso hay que inculcarlo en la más corta edad y entonces los jóvenes se encontrarán con el alcohol y otras cuestiones pero sabrán vadearlas.

-¿Podría hablarse de una exportación mimética del modelo de violencia norteamericano?

-Yo creo que no. Sí es verdad que Estados Unidos está generando un tipo de mensaje que nos llega a todos a través del cine y la televisión. También es cierto que existen datos muy graves como que el 40% de los jóvenes suecos creen que los adultos mueren por un disparo y nunca por causas naturales. Pero España tiene aún otras características: mucho amor, mucha tertulia y muchos momentos de disfrute intergeneracional. No tenemos aún el problema de los institutos franceses ni tampoco hay que poner arcos metálicos en la entrada de los colegios como sucede en Estados Unidos. Es verdad que antes educaban los padres y hoy educan los padres, los profesores y los medios de comunicación. Si el niño sólo se deja golpear por la violencia su pronóstico se ensombrece; por el contrario, si es educado en el respeto es muy difícil que el día de mañana sea un psicópata y mate. Es casi imposible, yo creo que no existen los asesinos natos.

-¿Cuál ha sido la evolución del comportamiento infantil en los últimos años?

-Si nos remontamos a la época de Grecia, el niño no tenía ningún derecho. En Roma era un ciudadano aunque la patria potestad la tenía el padre, con lo que hasta podía abusar sexualmente de él, hacerlo esclavo o hacerlo expósito. Más recientemente, en Estados Unidos hubo que defender a los niños con la ley de defensa de los animales. En España se legisló para que los menores de diez años no trabajasen más de doce horas. Todo este tipo de cuestiones han ido generando una legislación que se modificaría ostensiblemente con la Convención de los Derechos del niño de 1989 donde se entiende que el niño es un ser con todas las capacidades y potencialidades, que no es que sea el futuro sino que también es el presente y que también tiene derechos y responsabilidades. Y ya en los últimos años, hemos pasado en España de un niño que a los catorce años salía a buscarse la vida a un joven que está hasta los 29 años en casa.

De unos niños que tenían muchos hermanos al hijo único que conoce a su padre, a su abuelo e, incluso, al bisabuelo y que a veces, sobre todo en el mundo occidental, está sobresaturado de juguetes y regalos con lo que se le hace un poco tirano y que esclaviza a sus padres que, por otro lado, no tienen tiempo para jugar con él. A menudo los hijos no saben con quién viven porque los padres están separados o porque cada uno de ellos aporta una nueva pareja y otros hijos. Todo esto contribuye a crear un cierto confusionismo. No obstante, creo que hay una juventud bastante preparada, bastante sana, poco ideologizada políticamente y mucho más proclive a formar parte de ONGs.

-¿Qué consecuencias se derivan del hecho de que los niños vean sin ningún límite la programación adulta?

-Se les quema la etapa de infancia y empiezan a pensar como adultos. Creen que todas las intenciones ajenas son negativas y pierden la ingenuidad e incluso la ilusión. Las etapas de la vida tienen que vivirse poco a poco. Un niño de ocho años no tiene por qué asistir a un espectáculo en el que violencia y sexo van unidos cuando en la realidad casi nunca es así. Un niño puede ver en un año miles de muertes a través de la pantalla y, sin embargo, llega a los 18 habiendo visto únicamente dos muertes reales, la de un amigo y la de un abuelo, por ejemplo. Lo que aparece en la televisión no es la generalidad y lo que debemos evitar es quemar la niñez y predisponerle ya negativamente ante el mundo cuando el ser humano en sí es bastante “majo”.

-¿Qué opinión le merece la programación infantil actual?

-En primer lugar, creo que hay muy poca; en segundo, que debería existir una banda horaria por las tardes que se dedicara a los jóvenes; y, por último, que se debería acabar con la hipocresía de las cadenas. Recientemente se emitió a las tres de la mañana una película infantil. Esto se debe a que las cadenas tienen la obligación de emitir programas infantiles pero, lógicamente ,las tres de la madrugada no es la mejor hora.

-¿A quién debemos exigir responsabilidades?

-Las responsabilidades son compartidas. Por un lado, de las cadenas de televisión y, principalmente, de los programadores. Por otro, de la Administración, que no pone los filtros adecuados para proteger a los niños de contenidos concretos. Ahora parece que empieza a establecer ciertos mecanismos de control. Personalmente creo que símbolos como los dos rombos son bastantes interesantes. No son una prohibición sino una especie de fecha de caducidad que advierte sobre los contenidos. A nadie se le ocurre comer un producto caducado y del mismo modo conviene prevenir al público sobre qué es lo que se va a emitir y si le conviene o no consumirlo. Por supuesto, la responsabilidad también es de los padres que deben analizar la televisión desde un primer momento sabiendo qué es lo que se emite y decidiendo qué deben ver sus hijos. En la televisión hay cosas interesantísimas pero hay que saber elegirlas.

-¿Es en España la televisión excesivamente agresiva? ¿Cuál es la relación entre nuestro modelo y el de otros países?

-La televisión en España aún no ha llegado a las cotas de violencia de otros países pero no preveo un buen futuro ya cuando aumente el número de cadenas disminuirá la cantidad de publicidad y probablemente bajen aún más el nivel para conseguir mayor audiencia. Y si bien yo no creo que las televisiones tengan que ser necesariamente educativas, sobre todo las privadas, entiendo que sí tienen una cierta responsabilidad, entre otras cosas porque están apoyadas por el Estado. Si a los niños se les educa positivamente aprenderán a ser positivos. Hace poco nos encontramos con que los menores de 18 años no sabían que estaba prohibido llevar navajas. ¿Por qué no lo sabían? Simplemente, porque la televisión no lo había dicho. La televisión debería emplearse para informar, para fomentar el respeto a uno mismo y no todo lo contrario. Por supuesto que hay voyeurs que disfrutan mostrando su intimidad y que esto aparece en las revistas. Sin embargo, comprar un ejemplar supone un mayor esfuerzo que dar a un botón y ver qué se emite. El problema de la televisión es su gran capacidad invasiva.

-¿Qué puede llevar a un niño a cometer un acto tan brutal como el asesinato?

La verdad es que no lo sé. Creo que hay niños que son enfermos mentales y, por tanto, no tienen ninguna responsabilidad. Pero éstos son los menos. Luego hay otros que son psicópatas, que han sido educados en la dureza emocional y no piensan en las consecuencias de sus actos porque no se les ha inculcado un sentimiento de respeto. Son chavales cuyo pensamiento es “primero yo, luego yo y después yo”. Y no estoy culpando de ello a los padres sino al mal equilibrio de las relaciones interfamiliares.

-Algunos especialistas creen que la televisión y los videojuegos sólo inducen a la violencia a los niños que ya son violentos o que tienen problemas. ¿Qué opina al respecto?

-En principio, no creo que un niño nazca violento. El título más estúpido de una película es Asesinos natos. No hay una determinación genética y está demostrado científicamente. Lo que sí es cierto es que cada uno nace en una familia diferente, con un clima social distinto y una historia propia. Cada uno se va haciendo poco a poco. Lo que sí puede ocurrir es que el niño que se orienta hacia un comportamiento más violento busque luego contenidos que le ratifiquen esa conducta e incluso se vuelva áun más agresivo. En lo que no hay duda es en que transmitir violencia de forma injustificada y gratuita no va a hacer mejor a nadie. Si atendemos a los millones que se gastan en publicidad nos damos cuenta de que esto es así porque es efectivo, porque la televisión tiene un impacto real, el mensaje queda y más si hablamos de un niño. Por tanto, transmitir violencia lleva a que se solucionen los problemas reales de la misma forma.

-¿Es la violencia infantil un problema de clase social o situación marginal o se ha extendido a todos los estratos sociales?

-Antes hablábamos de cristalización de clase, es decir, de una violencia que se producía en las zonas pobres de la periferia. Hoy está golpeando en niños más jóvenes y de cualquier clase social. Esto se debe sobre todo a un sentimiento de dejación y, en buena medida, a la pérdida de la figura del padre, que es fundamental, principalmente en la adolescencia. Además, está surgiendo la agresividad en las niñas que hasta hace poco sólo llegaban a los juzgados por haber robado un top en unos grandes almacenes o haberse pegado por el novio. Hoy empiezan a darse actos grupales y realmente violentos. Subjetivamente, creo que esto se debe a que la sociedad se está masculinizando erróneamente en lugar de feminizarse y aprender a ponerse en el lugar del otro.

-¿Se somete a los niños a demasiadas presiones o se les da un exceso de mimo y sobreprotección?

-A los niños de hoy se les sobremima, se les sobreprotege… Un niño tiene que correr, que jugar, que ir a parques, que entrar en contacto con la naturaleza, que tener amigos y también que aburrirse. Es fundamental que tenga tiempo para no hacer nada. Y, a veces, lo que pretendemos es sobrecargarle de conocimiento haciendo que aprenda inglés, que juegue al golf, que toque el piano … Lo que debebemos hacer es dejarle que sea niño, que aprenda lo justo y necesario, que se cultive pero también que se divierta. Sin embargo, lo que hacemos es darles muchísimas cosas y les restamos el sentido de la trascendencia, les evitamos el dolor y la frustración. Ven cosas terribles en la televisión y luego parece que un niño no debe saber que hay muerte. Y eso es fundamental porque debe aprender a valorar la importancia de estar sano.

-¿Cómo pueden los padres detectar precozmente que su hijo es potencialmente agresivo y qué medidas deben adoptar para corregirlo precozmente?

-Lo primero que deben hacer los padres es plantearse cómo son ellos, no vaya a ser que ellos se golpeen y ridiculicen y luego se asombren de que su hijo sea violento. Una vez que se ha analizado eso y si vemos que las cosas están bien planteadas podemos pensar que se trata de un problema de atención o que es hipercinético -si observamos que desde una corta edad se golpea a sí mismo o a los demás-; entonces lo que debemos hacer es ponerlo en manos de un buen psicólogo o psiquiatra infantil. Salvo que se puedan detectar aspectos somáticos o lesiones cerebrales mínimas hay que pensar que algo falla en las pautas educativas.

-Cuándo la violencia ya se ha desatado, ¿qué deben hacer los padres?, ¿existe algún sitio al que puedan acudir?

-Pueden acudir a los centros de protección de las distintas comunidades autónomas que pondrán una serie de intermediadores entre padres e hijos a fin de restablecer la relación. También pueden venir al Defensor del Menor e incluso, en casos graves, acudir a la Fiscalía de Menores.

-Muchos padres renuncian a hacerse respetar por sus hijos, esperan que su comportamiento se corrija con la edad y les dejan actuar a su antojo con tal de no enfrentarse a ellos. ¿Qué les diría a esos padres?

-Que son esquemas que no dan resultado. La violencia emerge en progresión geométrica, es decir, debe cortarse inicialmente o la situación irá a mucho peor. Educar supone decir “no” y poner límites. Hay que intentar ser “amigos” de nuestros hijos pero no “colegas”. Hay una distancia entre unos y otros que hay que respetar. Los padres deben ejercer de padres.

-La televisión se ha convertido en un factor de socialización en el que los niños se inspiran para actuar. ¿Cuál es realmente el papel que ésta debe desempeñar y cómo conseguirlo?

-Debe informar, distraer y enriquecer. Hay que dar cabida en ella a esas personas de la sociedad que no tienen voz, que nunca han sido escuchadas; pero no para que digan tonterías sino para que hablen de su vida, de su cultura. Hay que fomentar una televisión que contribuya a que seamos menos racistas y más tolerantes, que reproduzca el entramado social y que nos haga entender hechos como por qué un niño llega sólo a España. Esto no se logra viendo un partido de fútbol. Hay que elevar el nivel de la programación.

-Respecto al análisis sobre la influencia de la televisión en la infancia en nuestro país, ¿qué fue lo que más les sorprendió?

-Al final las conclusiones han sido las que la gente de la calle ya conocía aunque sí hay datos llamativos como que el 33% de las familias hayan puesto una televisión en el dormitorio de sus hijos cuando todo el mundo critica la televisión. Hay una cierta hipocresía social que debemos reconocer.

-Además de realizar un estudio pormenorizado sobre el impacto de la televisión en los niños, ¿están adoptando alguna medida para corregir la situación?

-Sí, pero sólo hasta donde tenemos competencia. Por ejemplo, en mi caso como Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid sólo puedo actuar en el ámbito que me corresponde. Y aquí, a través de asambleas, hemos conseguido muchas cosas, algunas tan específicas como la prohibición en TeleMadrid de un anuncio de San Miguel en el que un bebé ingería una cerveza.

-De no adoptarse medidas, ¿hacia dónde camina la infancia?

-Yo soy optimista. Creo que la sociedad, en conjunto, va mejorando; aunque aún queda mucho por hacer.

 Raquel González Arias

Este reportaje aparece en
17
Junio 2000
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