Jóvenes a los 80 años

Durante siglos las diferentes culturas han buscando con ansiedad la hierba, la pócima o el hechizo capaz de mantenernos eternamente jóvenes. Hoy, el deseo continúa y son muchos los científicos que aseguran que dentro de poco estarán a nuestra disposición nuevas técnicas que permitirán frenar el deterioro .

Son muchas las personas que estarían dispuestas a cualquier cosa para evitar los efectos del tiempo en su carne. Maquillajes, cremas y operaciones quirúrgicas tratan de disimular que los años transcurren irremediablemente y hacen mella en nuestro cuerpo sin importar la raza, el sexo o la religión. En esto todos somos iguales y nuestro rostro y figura reflejan sin piedad los abusos que a lo largo de los años hemos ido cometiendo contra nuestra salud. Pero hasta quienes presumen de vida sana están sometidos al juicio del tiempo y siempre llega un momento, una edad, a partir de la cual todos pagamos el simple hecho de haber nacido, un privilegio del que a veces nos olvidamos.

Bien, pues cada vez son más los científicos que concentran sus esfuerzos en frenar el envejecimiento -tanto externo como interno- siendo muchos los que están convencidos de que los últimos descubrimientos nos sitúan a un tris de conseguirlo. De hecho, la esperanza de vida se ha elevado más de 20 años en tan sólo un siglo y hoy la media se sitúa en los 77. Los más optimistas -como William Haseltine, director deHuman Genome Sciences– prevén que los nacidos en el 2050 alcanzarán los 150 años. Otros, como William B. Schwartz, son un poco más cautos y hablan de la posibilidad de prolongar la media hasta los cien años. Empero, las autoridades sanitarias de Estados Unidos hablan de un aumento de tan sólo tres años de vida para quienes nazcan a mediados de este año.

Ahora bien, las expectativas de mayor longevidad acarrean socialmente consecuencias que no conviene pasar por alto. Así nos lo recuerda el demógrafo de la Universidad de California en Berkeley (EE.UU.) Ronald Lee, quien en un artículo publicado en la revista Time asegura que por cada año que aumente la esperanza media de vida la economía de los diferentes países deberá crecer un 1% a fin de sufragar los gastos sociales y sanitarios que la mayor longevidad generará. También debemos mencionar que a partir de los 65 años son muchas las personas que soportan algún tipo de incapacidad y que la aparición de enfermedades crónicas, trastornos neurodegenerativos y deterioro progresivo de los sentidos son cada vez más frecuentes, con las consecuencias que esto acarrea en la calidad de vida. Por eso el punto de mira científico no está puesto sólo en aumentar la esperanza media sino también en frenar el envejecimiento del organismo ya que, en suma, no sólo queremos vivir más sino que queremos hacerlo siendo jóvenes.

¿POR QUÉ ENVEJECEMOS? 

Todos los seres vivos envejecen y experimentan cambios progresivos desde que nacen hasta que mueren. Muchas teorías tratan de explicar este devenir del proceso vital y aunque ninguna se ha demostrado completamente de todas ellas se pueden extraer ideas interesantes. Veámoslas.

Según la teoría de la senectud programada son los genes los que predeterminan la velocidad a la que envejecemos ya que en ellos se encuentra la información sobre cuánto tiempo vivirán las células. A medida que éstas mueren los órganos comienzan a funcionar mal y con el tiempo son incapaces de mantener las funciones biológicas necesarias para que sigamos viviendo. Eso permite la conservación de la especie porque las personas y animales más viejos mueren a la velocidad requerida para dejar paso a las nuevas generaciones.

Otra teoría muy extendida es la que sostiene que la causa del envejecimiento celular son las continuas alteraciones que nuestro cuerpo experimenta como consecuencia de las reacciones químicas que se producen en su interior. Reacciones durante las cuales se generan los radicales libres -sustancias tóxicas que dañan las células- generando su deterioro, daño que va incrementándose con la edad hasta que llega un momento en el que su función falla y el organismo muere. El primero en hablar de la relación entre los radicales libres y el envejecimiento fue el Dr. Denham Harman –de la Universidad de Nebraska- en 1954 y son pocos quienes hoy la ponen en duda.

Ahora bien, hay una visión de la vejez más moderna, asentada en hechos y experiencias que, si bien es discutible, cuando menos la hacen digna de consideración. Y es la que postula que la principal razón por la que envejecemos es porque vemos cómo el resto de las personas lo hacen y eso nos crea la expectativa de que a nosotros también nos ocurrirá. Ese pensamiento determinante es el que nos llevaría al deterioro físico. Sin embargo, si pudiéramos entender los mecanismos que rigen el comportamiento del organismo y la mente humanos seríamos capaces de evolucionar hacia un cuerpo cada vez más perfecto e, incluso, potenciaríamos nuestro sistema inmunológico hasta el punto de curarnos solos, sin necesidad de recurrir a los fármacos de síntesis.

El pensamiento actúa no sólo en el cerebro sino también sobre el resto del cuerpo; de hecho, cuando tenemos una experiencia de tranquilidad el organismo produce sustancias relajantes del mismo modo que ante dolores muy fuertes es capaz de fabricar un analgésico cincuenta veces más poderoso que la morfina.  Está comprobado que la mente induce al cuerpo a generar esas sustancias. Se explica así cómo el sentimiento de euforia incrementa de modo sorprendente nuestras defensas ante las enfermedades. Por tanto, hacer cosas que nos resulten estimulantes beneficia nuestra salud.

Siguiendo con esta línea, se plantea también que la modificación de nuestros pensamientos y de la percepción que tenemos del tiempo podría cambiar completamente nuestro aspecto físico e, incluso, retrasar el proceso de envejecimiento ya que el cuerpo de una persona es la expresión de todas las ideas que tenemos sobre él por lo que si las ideas cambian el cuerpo también lo hará. Dada la rapidez con que el cuerpo se renueva bastaría un año para que, tras canalizar adecuadamente nuestros pensamientos, tuviéramos un aspecto mucho más sano y vital.

Otros estudios de este tipo apuntan que el afecto, el respeto y la admiración hacia nuestros mayores favorecen su longevidad. Es más, un experimento realizado en 1885 por la doctora Ellen Langer -de la Universidad de Harvard- demostró ya en aquel entonces que era posible el rejuvenecimiento físico si se potenciaba el aspecto mental.

ENFRENTARSE AL PASO DEL TIEMPO 

Hay que añadir, por otra parte, que cada vez obsesiona más la idea de “curar” la vejez como si ésta se tratara de una enfermedad cuando el paso de los años es un hecho natural al que hay que hacer frente desde una perspectiva positiva, sin abandonarnos pero sin hacer de él un trauma.

Además, hoy -más que nunca- es relativamente fácil mantenerse jóvenes durante más tiempo: basta seguir los consejos de los expertos, lo que no solemos hacer porque en el fondo lo que deseamos y queremos es que algún científico, en algún lugar del mundo, invente una “pastillita” o método milagroso que nos permita seguir comiendo desmedidamente, fumando, bebiendo y haciendo vida sedentaria… eso sí, estando sanos, fuertes y llenos de energía. Y eso es imposible.

Todos deberíamos ser conscientes de que nuestra salud –buena o mala- depende de nosotros mismos, no del médico. Y que los factores que pueden hacer que nuestro cuerpo envejezca más lentamente son en buena medida controlables: una dieta equilibrada, ejercicio físico moderado, descanso suficiente, tomarse la vida con calma para evitar el estrés y vivir con alegría afrontando las dificultades con optimismo sabiendo que encierran siempre –hasta las situaciones más duras- una lección útil y provechosa para nuestra vida. La alegría vital, interna, es el mejor elixir de juventud que existe. Lo mismo que el amor. Amar rejuvenece.

Obviamente, hay que controlar también los riesgos externos.

Son de sobra conocidos los efectos del tabaco sobre la salud. Su consumo -independientemente de la edad- no sólo favorece la aparición de enfermedades cardiovasculares y diabetes sino de ciertos tipos de cáncer. Otro tanto ocurre con el abuso del alcohol. Una copa o dos de vino o cerveza son saludables. Más, perjudiciales. E igualmente hay que controlar las condiciones ambientales porque hoy sabemos que la desaparición de parte de la capa de ozono puede llevarnos a sufrir cáncer al no filtrar los rayos ultravioletas del sol, que existen zonas geopatógenas y que las radiaciones y campos electromagnéticos pueden hacernos enfermar, incluso de gravedad. Aunque el peligro más importante está siempre dentro, no fuera: nuestra mente. Porque hoy se sabe que la mayor parte de las enfermedades son de carácter psicosomático, es decir, que se generan en nuestra mente, que los conflictos psicológicos se somatizan. De ahí que debamos tener cuidado con nuestros pensamientos y nuestras creencias.

En cuanto a la alimentación –aspecto importantísimo-, son las frutas, las verduras, las legumbres, los cereales y, en general, todos aquellos alimentos ricos en fibra y pobres en grasa y colesterol la base de una dieta sana. Conviene además moderar el consumo de sal y azúcar, beber mucho agua y aprender a disfrutar de menús equilibrados que sean fuente de aromas y sabores exquisitos.

Moverse es otra forma de prevenir la enfermedad y el envejecimiento. Y no es necesario castigarse: basta con adquirir el hábito de pasear, andar en bicicleta, nadar o incluso cuidar el jardín para que nuestro corazón y nuestros pulmones mejoren su funcionamiento y se incremente nuestra resistencia física y flexibilidad. Llevar una vida activa implica reducir el riesgo de enfermedad. Media hora al día de ejercicio moderado no es ningún sacrificio si tenemos en cuenta todo lo que a cambio podemos ganar en salud.
En definitiva, nuestro estilo de vida es determinante cuando envejecemos. En ocasiones es muy difícil distinguir entre los cambios que el cuerpo experimenta como fruto del deterioro natural y los que son consecuencia de nuestros hábitos. De hecho, una vida sedentaria, una dieta inadecuada y el abuso del alcohol, el tabaco y otras drogas puede dañar nuestros órganos más que el propio hecho de cumplir años. Asimismo, los individuos expuestos a sustancias tóxicas suelen experimentar un decaimiento más rápido en algunos órganos, principalmente en los riñones, el hígado y los pulmones. Por ejemplo, es frecuente que quienes han trabajado mucho tiempo en lugares ruidosos pierdan con el tiempo la capacidad auditiva.

Adoptar un modo de vida saludable es, pues, lo mejor para no envejecer o, al menos, atemperar las consecuencias del proceso.

 Raquel González Arias

Recuadro:


¿SABÍA USTED QUE… 

…si el desarrollo embrionario fetal continuara después del nacimiento seríamos ancianos a los quince años? Pues es así. Y ello se debe al vertiginoso ritmo de reproducción y maduración celular que tiene lugar durante el proceso de embarazo. Relacionado con este hecho existen diversas enfermedades degenerativas que, bajo el término de progería -del griego pro (antes) y geras (vejez)- hacen referencia a un trastorno de envejecimiento prematuro por el cual apenas se sobrepasan los 12 años de vida.


EFECTOS DE LA EDAD EN EL ORGANISMO 

Los efectos de la edad en el organismo dependerán en cada persona de dos factores (sabiendo que es desigual y distinto en los hombres y en las mujeres): de su genética y de su estado de salud. Por tanto, hay quien llega sano a los 80 años sin necesidad de usar gafas y hasta con potencia sexual como para engendrar naturalmente y quien a los 60 es un anciano. En todo caso, los principales problemas que en general suele haber entre las personas mayores son:

-Menor resistencia a las infecciones.
-Disminución de la tolerancia a la glucosa.
-Reducción de la capacidad pulmonar e incremento del aire remanente, es decir, el que permanece tras la espiración.
-Menor flujo sanguíneo hacia los riñones, el hígado, el cerebro y el corazón.
-Menor capacidad del hígado para eliminar toxinas y metabolizar los fármacos.
-Mayor dificultad del riñón para depurar.
-Descenso de la frecuencia cardíaca máxima mientras se mantiene la frecuencia en reposo.
-Problemas de vista como la presbicia.
-Dificultades auditivas, principalmente para percibir los sonidos más agudos (hipocausia).
-Incremento de la grasa corporal en más del 30% y alteraciones en su distribución.


LA APUESTA GENÉTICA 

La Genética pareciera ser hoy la solución futura a todos nuestros problemas de salud y ¡cómo no! también en el caso del envejecimiento. El equipo de Thomas Perls -gerontólogo de la Universidad de Medicina de Harvard (EE.UU.) y autor de Vivir hasta los 100- ha descubierto entre varias familias que parecen predispuestas a la longevidad -todas cuentan con varios miembros que han llegado e incluso superado los cien años y, además, en buen estado de salud- similitudes genéticas que están ahora estudiando.

A estos estudios hay que añadir los experimentos realizados con el gusano Caenorhabditis elegans y la mosca Drosophila melanogaster -conocida también como mosca del vinagre y apodada recientemente Matusalén-. Con la manipulación genética de ambas especies multicelulares se ha conseguido alargar su vida un 35% más.

Otras investigaciones del mismo estilo indican que la existencia de mutaciones genéticas en la mitocondria de un grupo de ancianos podría servir para el desarrollo de fármacos capaces de frenar el envejecimiento biológico.

Por su parte, los expertos en Medicina Regenerativa apuestan también por la Genética y están convencidos de que a partir del cultivo de células-madre y de la clonación será posible crear huesos, cartílagos, tejidos y hasta órganos completos en laboratorio que sustituyan a los dañados (ver el recuadro que sobre ello se publicó en el artículo sobre trasplantes del nº 3 de esta revista). De hecho, en la Universidad de Toronto (Canadá) ya se está trabajando –en su fase inicial- sobre la creación de un corazón humano.


LOS TELÓMEROS, EL SECRETO DE UNA PIEL JOVEN 

La acción de los telómeros en el proceso de envejecimiento y de desarrollo del cáncer es otro de los focos en que se centra la atención científica. La capacidad de reproducción celular depende de una estructura orgánica situada en el extremo de los cromosomas -el telómero- cuya longitud disminuye con cada división. Cuando éste se hace demasiado corto, muere. Bueno, pues según los estudios realizados una enzima llamada telomerasa permite aumentar la vida de la célula aumentando el tamaño de los telómeros que se han deteriorado. Llamativamente, esta enzima está presente durante el desarrollo fetal dejando de actuar después del parto, salvo en los espermatozoides. Además, en las células cancerígenas se recupera la actividad de la telomerasa siendo ésta la responsable de su reproducción incontrolada.
Otros experimentos llevados a cabo por la Universidad de California han conseguido prolongar la vida de la célula sin alargar los telómeros y lo han hecho gracias a la inyección de una proteína capaz de activar la telomerasa. Estos descubrimientos permiten pensar en la posibilidad de proteger las células e, incluso, de prolongar la vida de aquellas que sirven para combatir una enfermedad, como las de la médula o la sangre. Además, se ha demostrado que si se protege a los telómeros la piel mantiene su elasticidad por más tiempo.
Precisamente una de las causas por las que -según los expertos- la oveja Dolly envejeció prematuramente fue por el deterioro de sus telómeros. Fracaso que, sin embargo, parece haberse superado ya que recientemente se ha logrado que las células de seis terneras clonadas no sólo no se deterioraran aceleradamente sino que se mantuvieron mucho más vigorosas de lo normal hasta el punto de observarse una frecuencia de duplicación cinco veces superior a la de otros animales de su misma edad. Este experimento consistió en la introducción de células extraídas de un feto bovino de 45 días en ovocitos de vaca a los que se les había vaciado de material genético y con los que se engendraron seis embriones clónicos. A continuación, estos se implantaron en vacas que hicieron de madres adoptivas hasta el momento del parto. Bien, pues la longitud de los telómeros de las terneras clonadas es bastante mayor que la de otros animales de su edad, lo cual hace pensar en una detención de su reloj biológico. El porqué aún no está claro y todo apunta a que la diferencia entre Dolly y las seis terneras estriba en el tipo de células utilizadas en cada caso (en el primero, procedentes de las glándulas mamarias y, en el segundo, de tejido conectivo). Con este descubrimiento se ha demostrado que se pueden obtener células jóvenes a partir de otras ya maduras, un hecho esperanzador en la lucha contra enfermedades degenerativas como el Parkinson, el Alzheimer, la diabetes o los trastornos cardiovasculares.


DHEA, EL BOOM AMERICANO 

La Dihidroepiandrosterona (DHEA) es una hormona esteroide, pariente de la testosterona y del estrógeno. Han sido muchos quienes han tratado de venderla como la fuente de la eterna juventud ya que algunos científicos creen que el envejecimiento tiene su origen en el descenso de esta sustancia en nuestro organismo. La DHEA se fabrica en las glándulas adrenales a partir del colesterol y su producción es máxima alrededor de los 20 años, comienza a descender a los 30 y es mínima a partir de los 75. La idea inicial en torno a esta hormona era la de introducirla en nuestra dieta como suplemento nutricional. En Estados Unidos -país pionero en lanzar al mercado fármacos “milagrosos” que no precisan de receta médica- comenzaron a venderla sin ningún tipo de restricción hasta que los especialistas, alarmados por el caos y el descontrol consumista, iniciaron una campaña en la que advertían que los resultados de la DHEA se limitaban a ensayos con animales de laboratorio y que se desconocían los efectos secundarios que podría provocar en el ser humano. Otros estudios posteriores con personas apuntan que esta hormona es capaz de mejorar la fuerza muscular y la función del sistema inmunológico, proteger contra trombosis coronarias y disminuir la grasa corporal. Asimismo, su aplicación en crema puede ayudar a prevenir la osteoporosis.
En la otra cara se hallan los efectos colaterales que recientemente se han descubierto: aumento del vello facial y corporal, interrupción de la menstruación y riesgo de enfermedades coronarias en el caso de las mujeres mientras que en los hombres estimula el crecimiento de tumores de próstata que, de otro modo, hubieran permanecido inactivos.
Aún no se conoce el funcionamiento exacto de la DHEA en el cuerpo por lo que de momento lo mejor es actuar con precaución y no automedicarse con fórmulas milagrosas.


NO COMER PARA NO ENVEJECER 

No son pocos quienes creen que el secreto de la eterna juventud no se halla ni en pócimas ni en hormonas sino en las calorías. Desde hace más de sesenta años se sospecha que una de las claves para envejecer mejor y más lentamente consiste en llevar una dieta baja en calorías. Estas convicciones se apoyan en una serie de experimentos realizados con ratas y monos. Según estos ensayos, en los roedores que ingerían entre un 30% y un 60% menos de calorías de lo habitual la esperanza de vida se incrementaba en la misma proporción. Eso no significa que suceda igual en los hombres por lo que para tratar de comprobarlo se ha extrapolado inicialmente el experimento a nuestros parientes más cercanos, los monos, con quienes compartimos alrededor del 95% del genoma. Dado que la media de vida de estos animales es de 30 o 40 años aún es pronto para asegurar que las dietas espartanas favorezcan la longevidad; sin embargo, las nuevas tecnologías parece que acelerarán la obtención de resultados. De momento ya existen datos que demuestran las ventajas de comer menos: elevación de los niveles de colesterol bueno, reducción de los triglicéridos disminución de la presión arterial y menor acumulación de grasa en el cuerpo. A ello hay que sumar un enlentecimiento del declive de la hormona DHEA. En el caso de los ratones se comprobó también una mayor y más duradera capacidad reproductiva de las hembras así como un menor índice de casos de enfermedades asociadas al envejecimiento: cáncer, diabetes, cataratas y fallos renales.

La explicación científica a esta teoría se halla en los radicales libres, una bomba de relojería para las células y el ADN. Se generan en el interior de las células -en las mitocondrias- y su función es la de generar energía. Su acción es muy destructiva ya que dañan la membrana celular, las proteínas de los tejidos y el ADN. La contaminación, los rayos ultravioleta, el alcohol, el tabaco y las drogas son algunos de los agentes externos que también contribuyen a su fabricación. La oxidación que generan los radicales libres es la culpable de ese deterioro; sin embargo, en los animales sometidos a dietas bajas en calorías el nivel de oxidación era mucho menor que en los que seguían una alimentación normal. Ello se debe a que la alimentación restrictiva favorece el que la temperatura corporal sea más baja y, por tanto, el consumo de oxígeno menor. Asimismo, el metabolismo se vuelve más lento y se generan menos radicales libres.

A pesar de todo, aún no puede asegurarse que el ser humano se conserve joven durante más tiempo sólo por el hecho de ingerir menos calorías. No obstante, en Estados Unidos son muchos quienes siguen una dieta de 1.800 calorías diarias en el convencimiento de que eso les permitirá vivir más y mejor. El profesor Roy Walford -del Colegio Médico de UCLA-, pionero de esta experiencia, ha publicado más de 325 trabajos y varios libros en torno al envejecimiento y dispone hasta de su propia página en Internet. En ella se facilita información a todos aquellos que quieran iniciarse en el hábito de la frugalidad alimenticia (http://www.waldford.com). Frutas y verduras son la propuesta de Waldford, en realidad la base de toda dieta que se precie de sana y equilibrada.

En cualquier caso, los científicos no pretenden hacernos pasar hambre: su esperanza es que a partir de estos descubrimientos se puedan desarrollar fármacos que generen en el cuerpo los mismos efectos que la reducción de calorías. Ahora bien, se ha demostrado que el 30% de los cambios bioquímicos relacionados con la vejez no están asociados a la dieta hipocalórica, con lo que ésta puede ayudarnos a envejecer mejor pero nunca impedirá el deterioro. Hasta la fecha, lo único que se sabe con certeza es que una dieta equilibrada previene muchos problemas de salud y que comer en exceso acelera el envejecimiento pero no que pasar hambre frene el paso de los años.


MELATONINA, EL SUEÑO DE LA JUVENTUD 

Sólo se han demostrado sus propiedades contra el insomnio; sin embargo, la melatonina sigue presentándose como el “rejuvenecedor” por excelencia. Actualmente se investiga la posibilidad de que esta hormona reduzca el estrés, sea anticancerosa y, además, minimice los efectos secundarios de la quimioterapia. Pero aún no hay nada probado y de momento en España está prohibida ya que su abuso (más de 5 miligramos diarios) puede tener efectos secundarios que van desde la somnolencia desmedida a graves alteraciones del reloj biológico capaces de provocar serios desequilibrios metabólicos.


GH, UNA NUEVA ADOLESCENCIA 

La GH -conocida como “hormona del crecimiento”- es la responsable del desarrollo en los adolescentes. Entre sus propiedades se hallan las de restaurar la masa muscular y redistribuir los adipocitos en ancianos. Sus inconvenientes son algo más que económicos y a su alto coste se suman unos efectos secundarios que van desde la diabetes a los problemas coronarios.


GINGKO BILOBA, EL REMEDIO MILENARIO 

Miles de doctores en todo el mundo prescriben el extracto de Gingko Biloba para potenciar la actividad neuronal. Se trata de una de las sustancias naturales a la que más propiedades se le han atribuido en los últimos años. Según los expertos, potencia la circulación de la sangre que va al cerebro y a las extremidades del cuerpo, tonificando la elasticidad de los vasos sanguíneos. Además, protege los sistemas neuronal y cardiovascular contra el envejecimiento gracias a sus propiedades antioxidantes. Sus defensores alegan la eficacia del Gingko Biloba en el tratamiento de la insuficiencia cerebrovascular ya que reduce la depresión, la pérdida de memoria y el sentido de desorientación. También sostienen que ralentiza la progresión de la enfermedad de Alzheimer en sus fases iniciales.


ALT-711: ¿EL ELIXIR DE LA JUVENTUD? 

Rejuvenecernos a los 80. Eso es lo que pretende el profesor Tony Cerami, científico estadounidense que ha desarrollado un fármaco capaz de fortalecer los músculos y las arterias de perros y monos viejos. El medicamento -denominado ALT-711 o Breaker– se basa en la acción de la glucosa como fuente de energía necesaria para que nuestro cuerpo se mueva pero que, con el paso de los años, provoca una fusión de las proteínas que dificulta esa movilidad.

El ALT-711 rompe esa fusión aunque de momento sólo se ha probado en animales y aún pasarán varios años hasta que sus resultados puedan trasladarse al hombre. La compañía norteamericana Alteon ya está preparando fármacos de este tipo para comenzar los experimentos en humanos.


CÖMO REJUVENECER… SIN CIRUGÍA 

Lo ideal –según los expertos- es someternos a la técnica de la que vamos a hablar a los 35 o 40 años ya que así no sólo nos quitaremos las primeras arrugas sino que envejeceremos más lentamente. Se trata de una técnica procedente de Estados Unidos -donde se aplica desde los años 80- que no sólo mejora nuestro aspecto exterior sino también el interno. Se basa en la combinación de un tratamiento general antirradicales libres, la regeneración de las capas de la piel y una dieta equilibrada.

El primero de ellos tiene como objetivo estimular la reproducción celular de todo el organismo. Para ello, el paciente debe tomar una dosis adecuada de selenio, vitamina E, SOD (superóxido dismutasa) y N-Acetil Cisteína. Cada persona requiere de un tratamiento individualizado por lo que no todos los pacientes precisan de dosis semejantes. Es fundamental ajustarse a las necesidades de cada persona. El Dr. Santiago Vidal -que ha sido quien ha implantado esta terapia en España- insiste también en la necesidad de aportar a nuestro organismo vitamina C. Según su experiencia, esta vitamina es una de las sustancias antienvejecimiento por excelencia y parece que nos hemos olvidado de ella. Para saciar nuestras necesidades basta con que tomemos al día dos naranjas, mandarinas, kiwis u otro alimento rico en vitamina C. Si decidimos que sea en zumo éste ha de ser natural; no sirven los que se compran en el supermercado ya que la cantidad de vitamina C que contienen es muy inferior a la del jugo de la fruta recién exprimida. Este tratamiento se mantiene de por vida sin que tenga otro efecto secundario que el de mantenernos más jóvenes.

El segundo frente de actuación es externo, centrado en la regeneración de las capas de la piel. Consiste en un tratamiento exfoliante a partir de ácidos no dañinos y sustancias emolientes. Se hace una vez por semana durante todo un mes y su finalidad es la de facilitar la penetración de una crema hecha a base de distintas sustancias, entre las que se encuentra fundamentalmente el extracto de hiedra que será la responsable de la regeneración de la piel. La crema también se aplica una vez por semana y su acción se prolonga hasta la siguiente exfoliación. No supone un engorro para el paciente y a las doce horas de la primera aplicación -si es mujer- puede ya hasta maquillarse aunque conviene que durante un tiempo se proteja del sol con cremas de muy alta protección –factor 40-. Con ello se eliminan arrugas superficiales y pequeñas manchas.

De ahí que sea importante hacerse este tratamiento hacia los 35 años, antes de que las arrugas sean demasiado profundas. No es abrasivo y puede repetirse cada dos o tres años, siempre en función del deterioro de la persona.

Pero eso no es suficiente si no sabemos alimentarnos adecuadamente. Parte esencial de este tratamiento se refiere a la adquisición de unos correctos hábitos alimenticios. Para que el paciente comprenda la importancia de este aspecto recibe la atención especializada de un psicólogo que le explica por qué y para qué comemos y, por tanto, por qué debe cambiar su dieta. En realidad, la dieta que se propone es la Dieta Mediterránea, muy apreciada en Estados Unidos aunque económicamente a nosotros nos cueste menos ponerla en práctica. Una ingesta de aproximadamente 1.700 cal. al día -en función de la actividad del paciente-, mucha fruta y verdura, pescado 3 o 4 veces por semana y -como mucho- un kilo de carne al mes son las guías maestras de esta dieta.

Lo que más llama la atención de este tratamiento es su bajo coste –la N-Acetil Cisteína, por ejemplo, ronda en el mercado las 400 pesetas y el resto de sustancias tampoco son caras-. En España ya se han sometido a esta técnica cerca de dos mil personas que, según el Dr. Santiago Vidal, han ganado no sólo físicamente –aparentando menos años de los que en realidad tienen- sino también en vitalidad y energía.

Este reportaje aparece en
17
Junio 2000
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