Condenados a la silla de ruedas… andan

Aún después de los dos artículos que hemos dedicado al método que practican dos cirujanos españoles para resolver algunos casos de esclerosis múltiple –además de otros procesos degenerativos- las asociaciones de afectados que agrupan a estos enfermos, influidas por los médicos que las manipulan, se resisten a creerlo; a pesar de las evidencias. Ésa es la razón –como adelantamos en nuestro número anterior- de que demos nuevos testimonios de personas operadas. Es un asunto demasiado importante para no reiterarnos en él.

Carmen Pombo, vecina del pueblecito lucense de Loseiro, cercano a Sarria, se enteraría a través de nuestra revista de que había personas que tras una operación habían recuperado la movilidad que les había causado la esclerosis múltiple.

Los problemas de Carmen Pombo empezarían en 1982, hace ahora 19 años, cuando sólo contaba 26. Todo comenzó con unos dolores musculares y óseos que no fueron inicialmente considerados un problema grave por los médicos quienes la prescribieron sólo una serie de intensos ejercicios de rehabilitación (de 9 a 13.00 de la mañana) que realizaría durante varios meses en el Hospital Hermanos Pedrosa Posada de Lugo (hoy Fundación Xeral-Calde). Sin embargo, como no mejoraba decidió pedir el alta voluntaria ante la inutilidad de su esfuerzo.

El problema, sin embargo, fue a más. Y comenzó a tener problemas de columna a nivel lumbar y dorsal así como ciática, dolor en las cervicales –especialmente en la nuca- y mala circulación, al punto de que se le dormían la mano y el brazo derechos al ordeñar las vacas. Paralelamente, se le diagnosticaría una neuritis óptica.

Carmen se sometería entonces a toda una serie de análisis y radiografías que, al no aclarar cuál podría ser la causa de sus dolencias, llevaría a su traumatólogo a enviarla al Hospital Juan Canalejo de La Coruña para que se la efectuara una HDL-27 (prueba reumática) al pensar que quizás pudiera deberse a una espondilitis anquilopoyética. Sin embargo, en el Servicio de Reumatología de ese hospital no encontrarían patología reumática alguna.

Carmen empezaría entonces a sufrir un deterioro rápido de su organismo con dolores en las más diversas zonas que la llevaría, además, a tener visión doble y a sufrir pérdidas de equilibrio. Ante tal situación su médico decidiría enviarla esta vez al Hospital de A Baca –también en La Coruña- a fin de que se la hiciese una gammagrafía.

-Cuando llegué allí –nos contaría- apenas podía ya caminar e, incluso, me resultaba difícil mantener el equilibrio para ir por los pasillos de una dependencia a otra. Recuerdo que me atendió una doctora llamada Montoya, especializada en reúma, que me dijo que fuera también al oftalmólogo para ver a qué se podía deber mi problema de visión. En fin, el caso es que al día siguiente me internaron en el servicio de Neurología porque vieron que lo mío no era nada puntual, que los síntomas eran múltiples para una sola patología. Y entonces me hicieron varias pruebas más, incluida una punción lumbar. Estuve ingresada 12 o 13 días y el diagnóstico final fue claro: tenía esclerosis múltiple.

-¿Cuál fue el tratamiento?

-El normal en estos casos. Me daban corticoides con un protector gástrico. A partir de entonces sólo tomaba fármacos. Y cuando tenía un brote me inyectaban Solu-moderin inyectable de 125 miligramos. Pero yo fui empeorando día a día; según los médicos, no había nada más que se pudiera hacer. Con brotes frecuentes. Hasta que llegó un momento de deterioro en que mis rodillas no soportaban ya el peso de mi cuerpo y me vi obligada a comprar una silla de ruedas para desplazarme.

-¿Cuándo fue eso? ¿Cuándo tuvo que recurrir a la silla de ruedas?

-En 1994.

-¿Continuaron luego los brotes?

-Sí.

-Observo que vive usted en una casa de dos pisos. ¿Cómo subía y bajaba las escaleras?

-Sentada y yendo despacio, de escalón en escalón. También podía aún gatear un poco por el suelo. No puede usted imaginarse la impotencia que se siente. Hasta que en octubre del año pasado supe que su revista había entrevistado a dos médicos que trataban algunos casos de esclerosis múltiple, los que se deben a lo que ellos llaman un CTOS. Le di muchas vueltas a la cabeza y lo hablé con mi marido y mi hijo. Me parecía mentira que eso fuera posible porque en ese caso lo normal es que los demás médicos conocieran tal posibilidad. Pero la revista me pareció tan seria y, sobre todo, transmite tanta confianza que decidí pedir hora y viajar hasta Madrid.

-¿Cuándo fue eso?

-El 9 de febrero pasado.

-Continúe, por favor.

-Fui a Madrid en autobús, acompañada de mi hijo. Allí me recibieron los doctores José Pérez Fernández y José Luis Castillo Recarte. Y tengo que decir antes de nada, aún lamentando que se molesten los otros que me han tratado hasta ahora, que fue la primera vez en mi vida que dos médicos me trataban con tanta sensibilidad y humanidad. Siempre había sido tratada con desdén, con cierta lejanía; casi con soberbia. Médicos que te tratan como si fueras un niño y no una persona adulta. Ellos me escucharon más como amigos que como médicos. Y me dieron pacientemente todas las explicaciones que pedí.

-¿Puede decirme cuál era exactamente su situación cuando llegó a la consulta?

-Bueno, llevaba ya casi siete años en silla de ruedas. De hecho, fui a Madrid con mi tercera silla porque las dos anteriores ya las había destrozado. Imagínese…

-Pero, ¿puede describirme sus síntomas?

-¿Por dónde empiezo? –me dice sonriendo-. Mire, llegué a Madrid incapacitada para andar. Lo máximo que conseguía, y con ayuda, era dar dos vueltas a la cocina, caminando despacito. Lo hacía para intentar mantener la musculatura. Pero no podía estar más de quince minutos de pie. Además, tenía ya serias dificultades para sujetar los objetos. Se me caían frecuentemente de las manos porque no podía asirlos con la fuerza necesaria. Últimamente me había cortado dos veces con los cuchillos. Y si tenía que desplazarme cuando mi marido y mi hijo no estaban… gateaba por el suelo. Como un bebé.
-Prosiga, por favor…

-También tenía ya dificultad para orinar sin diuréticos. Y estaba muy hinchada… Hinchadísima. Se me dormían a menudo los miembros. Y tenía siempre los pies fríos. La visión doble aparecía también ocasionalmente. Y los dolores musculares y, sobre todo, de cervicales, eran constantes. A veces sentía, por cierto, como un chasquido en el cuello.

-Bueno, ¿y qué la dijeron cuando contó todo esto?

Me explicaron que a veces los síntomas de la esclerosis múltiple vienen provocados por la falta de sangre y, por tanto, del oxígeno que llega al cerebro. Y que cuando eso se debe a lo que llaman un CTOS, una operación quirúrgica puede resolverlo. Pero también me advirtieron que después de tantos años sufriendo este problema iba a ser difícil -si no imposible- la recuperación total porque mi cuerpo estaba ya anquilosado, que podía tener músculos atrofiados. El caso es que me hicieron todo tipo de pruebas para ver si lo mío era un CTOS de esos y todo indicaba que sí… menos una de ellas. El doppler, creo que se llama. Y la verdad es que cuando vi la cara del médico al ir a darme el resultado me di cuenta de que no me traía buena noticias.

-¿Pues qué le dijo…?

-Que todo indicaba que se trataba de un CTOS menos el aparato ese. Y que, a su juicio, convenía repetir esa prueba un mes después. También añadió que, a pesar de todo, pensaba que mi caso era operable pero que no podía asumir esa decisión sin estar seguro.

Así que me volví con mi hijo al pueblo y durante una semana no paré de darle vueltas a la cabeza. Me decía una y otra vez: ¿y si resulta que con la operación me curo o mejoro? ¿Estoy dispuesta, a los 45 años, a resignarme a estar lo que me queda de vida en una silla de ruedas por no arriesgarme? ¿Empeorando además día a día porque esto es progresivo…? Siete días después lo tenía claro. Lo más que podía sucederme es que me quedara como estaba. Así que llamé al doctor Pérez Fernández y le dije que quería operarme. Él me insistió en que lo pensase, que dejase pasar algún tiempo, que entendía mi decepción pero que… Y no le dejé seguir: le rogué que lo hiciera, que yo asumía el riesgo. El caso es que terminó aceptando después de hablar con su compañero y un mes después entré en quirófano.

-¿Y…?

-Me operaron a las nueve de la mañana y en una hora estaba de vuelta en la habitación. Sólo notaba las molestias de las heridas.

-Pero, ¿cuándo empezó a notar algo?

-Casi de inmediato. A las pocas horas fui a orinar al baño sola. ¡Sin necesidad de muletas porque no se me doblaban las piernas como antes! Y esa misma tarde empecé a dar pequeños paseos por la habitación. ¡Sólo unas horas después…! Al tercer día podía andar con cierta soltura. De hecho, lo que más me costaba era adaptarme a estar de pie. Veía el suelo muy lejos -se ríe-. Me veía altísima. Supongo que por la costumbre de estar sentada o tumbada todo el día. También noté muy pronto que mi cerebro funcionaba mejor. Y que hablaba con más fluidez. Antes debía apuntarlo todo para acordarme de algo; ahora no. Aunque lo más llamativo fue notar cómo se me fue deshinchando el cuerpo y, sobre todo, la cara. Se notaba casi por horas. Fue tal el cambio en sólo tres días que, al regresar, mi marido no se lo podía creer. Él estaba también enfermo entonces y no pudo acompañarme.

-Y dice que al tercer día volvió ya a su pueblo…

-Sí. Y le voy a decir algo que sé que a la gente le va a costar creer pero que juro que es verdad. Al quinto día de la operación guardé la silla de ruedas y no he vuelto a usarla nunca más. Llevo 3 meses caminando. Hoy me levanto a las 8 de la mañana y subo y bajo las escaleras de mi casa varias veces al día. Paso de pie horas, sin sentarme siquiera. He recuperado la fuerza de las manos y trabajo en la cocina normalmente. Incluso salgo a menudo a dar paseos por el campo.

-Observo, en cualquier caso, que se mueve aún con cierta lentitud…

-Ni siquiera los médicos que me operaron se esperaban una recuperación tan rápida y amplia. He ido a revisión a Madrid dos veces y me dicen siempre que me lo tome con más calma, que vaya despacio, que son casi dos décadas con el problema y seis años en silla de ruedas. Quizás por eso a veces me siento cansada. Pero es que estoy tan contenta. El destino ha puesto todo a mi favor para que yo me recuperase… y yo quiero ayudar al destino poniendo también todo de mi parte.

-¿Y qué dicen los médicos que la trataban anteriormente de su recuperación?

-No he vuelto a verles. Ni me apetece. Salvo al cirujano cardiovascular al que acudo una vez al año y que, a pesar de comprobar lo bien que tengo ahora las piernas, no hizo un solo comentario. Falta de sensibilidad. Eso sí, en el Centro de Salud de Sarria me han felicitado al ver lo bien que estoy.

-¿Y qué comentan sus vecinos? Porque ellos sí conocerían su situación anterior y la actual…

-Están asombrados. Como la gente de mi familia y los amigos. Y como en los pueblos ya sabe que todo se comenta han venido ya a verme varias personas afectadas por el mismo problema y familiares de otras que no pueden desplazarse. Quieren comprobarlo por sí mismos y saber más. Así que les narro mi experiencia y les aclaro que no todos los casos de esclerosis múltiple se deben a la misma causa por lo que deben ser los médicos que me operaron los que tienen que decirles si es su caso.

-Una última cuestión: ¿sabía usted que los especialistas de esclerosis múltiple le dicen a los afectados por esta enfermedad que los cirujanos que la operaron a usted son unos farsantes?

-Ya. Por eso gracias a sus consejos yo estaba en una silla de ruedas y con todo tipo de problemas y ahora camino y estoy en plena recuperación. Mire, yo no había encontrado en toda mi vida a dos médicos con más calidad humana y honestidad que la de estos dos doctores. Y lo que puedan decir de ellos y de lo que hacen me importa muy poco. Yo, y otros como yo, somos la mejor demostración de que lo que afirman es cierto.

INMACULADA GALLEGOS FERNÁNDEZ 

El segundo caso que traemos a las páginas de la revista es el de una joven granadina que demuestra, una vez más, hasta qué punto la esclerosis múltiple no está relacionada con la edad ya que cada vez es mayor el número de personas jóvenes afectadas.

Inmaculada Gallegos Fernández–que así se llama nuestra segunda interlocutora- tuvo sus primeros problemas de salud con 16 años cuando cursaba segundo de BUP (junio 1990). Sencillamente, le dolía un ojo y sus padres la llevaron al oculista. Éste, al ver el nervio ótico inflamado sospechó que podía tratarse de una neuritis óptica y la mandó al neurólogo quien, a su vez, decidió pedir que se la hiciera un TAC. El diagnóstico se confirmó, la dieron una dosis de corticoides y el problema desapareció. Inmaculada no volvería a tener problemas hasta mayo de 1993, cuando sufrió mareos en el coche.

-No es que las cosas dieran vueltas a mi alrededor –nos diría- sino que se me iba la cabeza para atrás. Era una sensación muy rara. Así que fui otra vez al neurólogo y me mandó una resonancia magnética. Pero al parecer no se veía en ella nada significativo. “Se ve como un punto” –recuerdo que comentó-. Y como en el informe no se decía nada, no hizo caso. Además, los mareos se me habían pasado a la semana sin necesidad de medicación.

-¿Cuándo surgió el siguiente problema?

-Casi tres años después, en 1996. Un sábado estaba haciendo ejercicios de gimnasia y empecé a sentir que se me dormía la frente. Aquello fue a más hasta que el domingo por la noche tenía dormida toda la parte derecha de la cara. Luego, a lo largo de la semana, se me empezaron a dormir la barriga y las piernas, sobre todo las rodillas. Me sentía torpe. Tropezaba con todo, sin sentido. Hasta conmigo misma. Así que tuve que ir otra vez al neurólogo, le expliqué lo que me pasaba y me mandó hacer un análisis de sangre, una nueva resonancia magnética y unos potenciales evocados para ver si los nervios transmitían bien las órdenes. Además pidió que se me hiciera una punción lumbar.

-¿Y cuál fue el resultado esta vez?

-La resonancia me la hicieron el 31 de octubre y en el informe se dice textualmente que padecía “…lesiones difusas, probablemente de desmielinización, compatible con esclerosis múltiple”.

-¿Y qué decidió el neurólogo?

-Me mandó corticoides en vena durante tres días. Y a continuación, nuevas dosis orales. Y mejoré un poco pero al mes tuve una nueva recaída. Se me empezaron a dormir otra vez las manos y la cara. Y me volvieron a mandar más corticoides.

-¿No le dieron un diagnóstico concreto?

-Indirectamente, sí. El neurólogo me dio unos libros sobre esclerosis múltiple para que me los leyera…

-¿Y se recuperó de nuevo?

Me recuperé bastante. Pero posteriormente pidió que se me incluyera en el protocolo para que se me pudiera dar Interferón. Y se me incluyó, con lo que empezaron a inyectarme por vía intradérmica en días alternos. Se supone que es un tratamiento que debes ya seguir siempre pero a los dos meses lo suspendieron por un error. Al parecer, faltaban por rellenar unos datos en el formulario. Resuelto el problema administrativo, un mes después volvieron a dármelo.

-¿Cuándo tuvo la siguiente recaída?

-A finales de junio de 1997. Se me durmió desde el cuello hasta los pies y la mitad derecha de la cara, incluido el ojo. Y de nuevo fui al neurólogo y también de nuevo me mandaron corticoides en vena. Y otra vez se me pasó sólo que en esta ocasión la recuperación fue bastante más lenta.

La siguiente crisis llegaría en Noviembre de 1998. Estaba haciendo ejercicio en una piscina y se me empezaron a dormir las piernas y la barriga. Y otra vez los corticoides en vena. A partir de aquella crisis me sentía siempre cansada.

Fue entonces cuando un amigo de mis padres, que era médico y tenía también esclerosis múltiple, les comentó que se había operado y se encontraba estupendamente. Y fue él quien nos habló por primera vez de los doctores Pérez Fernández y Castillo Recarte.

-Y fue entonces cuando fue a verles…

-No. Mis padres y yo hablamos primero con el neurólogo que me trataba y él les respondió que qué tenía que ver el escaleno con el sistema inmunológico. Que lo que esos médicos hacían tenía que ser un timo. Pero mis padres habían escuchado a su amigo médico, estudiaron lo que esos otros dos médicos planteaban y les pareció que, a pesar de lo que les decía el neurólogo, aquello tenia sentido. Así que finalmente fuimos a verles.

-¿Cuándo fue eso?

-El 4 de Enero del 99. El día 20 me hicieron una nueva resonancia en cuyo informe se decía que tenía “posibles lesiones desmielinizantes” por lo que se sugería “una investigación LCR de esclerosis múltiple.” Y el 3 de febrero, tras confirmarse que el mío era un caso de CTOS, fui operada.

-Pero, ¿tenía en esos momentos alguna crisis?

-No, no tenía ninguna crisis pero mi equilibrio era malo, no había conseguido recuperarlo.

-¿Y qué cambios percibió tras la operación?

Lo primero que noté, a las pocas horas de salir de la anestesia, es que ya no tenía esa sensación de desequilibrio, de andar como si estuviera borracha. Me encontraba bien. Luego, con el tiempo, noté muchos cambios. Aquel verano, por ejemplo, tomé el sol sin problemas algo que no podía hacer desde hacía dos años porque me ponía fatal. Y volví a hacer excursiones por la sierra y a hacer ejercicio, lo que había tenido que abandonar porque el calor excesivo me provocaba crisis. De hecho, el cansancio crónico que tenía desapareció.

-¿Se ha hecho alguna resonancia magnética tras la operación?

-Sí, dos veces. Una, al año de la operación, el 20 de enero del 2000; y otra en marzo de este año. En ambas se aprecian los focos anteriores pero no parece haber avance alguno. En la primera se dice que se han detectado “algunos focos de alta intensidad de señal en disposición y características compatibles con esclerosis múltiple” por lo que se sugiere que se compare con la anterior para valorar el grado de evolución; y en la segunda se sugiere la existencia de áreas de desmielinización que hacen conveniente descartar la posibilidad de esclerosis múltiple. No se concreta ningún avance.

-¿Ha vuelto a tener alguna crisis en estos dos años?

-Ninguna. Ni síntomas. Aunque en momentos de mucho cansancio tengo a veces una sensación distinta tanto en la rodilla izquierda como en el ojo derecho. Pero son algo así como un recuerdo más que molestia o dolor; supongo que se debe a que son las partes del cuerpo que más resultaron afectadas durante las crisis.

-¿Y qué le ha dicho su neurólogo? ¿Le comentó usted que había sido operada?

-Sinceramente, no. No he vuelto a verle. Estuvo tan negativo cuando le dijimos que existía esta posibilidad… Bueno, la verdad es que un día le llamé para decírselo porque me parecía que debía saberlo pero no estaba. Yo había acudido a él como miembro de ASISA y al parecer ya no atendía a los pacientes de la sociedad, sólo a los de la Seguridad Social. Y no he vuelto a intentarlo. ¿Para qué?

DOS “FARSANTES” MUY SINGULARES 

El número de pacientes operados en los nueve últimos meses que se han ofrecido a la revista para dar sus testimonios es muy amplio. Probablemente, en agradecimiento a haberse enterado de esta posibilidad gracias a los dos artículos que en ella publicamos. Pero, a nuestro juicio, no ha transcurrido tiempo suficiente para hacer una valoración objetiva y por eso no hemos accedido a darles aún esa oportunidad. Y si hemos dado cabida al caso de Carmen Pombo con el que abrimos este artículo es por la espectacularidad de su recuperación. A fin de cuentas, se trata de alguien que tras casi siete años en silla de ruedas ha metido ésta en un armario para no tener que volver a usarla… ¡a los cinco días de ser operada!

Sin embargo, los hechos no bastan. A algunos les han lavado de tal manera el cerebro que ni la publicación de los espectaculares casos dados a conocer en enero pasado les han servido para reflexionar. Y en algunas asociaciones de afectados por esta enfermedad se sigue diciendo a quienes llaman para informarse que los doctores Pérez Fernández y Castillo Recarte son poco menos que unos farsantes. Eso sí, sin conocerles. Sin hablar con un solo paciente operado. Haciendo gala de un singular talante.

Pues bien, venciendo el natural pudor de ambos médicos –que huyen de toda polémica- vamos a desvelar algo que no habíamos contado aún: la confianza de estos doctores en lo que hacen es tal que familiares de ambos han sido operados de esclerosis múltiple. Por ellos mismos. El segundo caso es reciente y vamos a esperar unos meses para hablar de él. Pero el primero es nada menos que la propia esposa del doctor Pérez Fernández. Y como quiera que ha pasado el tiempo suficiente para hacer una valoración adecuada, vamos a dar brevemente los datos de su caso.

MAUREEN COTTRELL 

La mujer del doctor Pérez Fernández, Maureen Cottrell-nacida en la ciudad galesa de Pontypool hace ahora 60 años- es enfermera de profesión y conoció a su actual marido cuando éste trabajaba en Gran Bretaña como médico. Y el único antecedente que cabe destacar es que teniendo 5 años sufrió ataques de epilepsia debiendo ser tratada de ese problema durante un lustro (cabe añadir, en cualquier caso, que también una hermana menor padeció esa dolencia). Por lo demás, y salvo una operación de apendicitis cuando tenía 16 años, su salud fue siempre bastante buena hasta que en 1977, tras el parto de su cuarto y último hijo, presentó un ligero cuadro de visión doble con adormecimiento y pérdida de fuerza en el brazo derecho. Asimismo, comenzó a sentir inestabilidad y fatiga crónica (astenia). Sin embargo, bastaron tres días de tratamiento con corticoides para que los síntomas desaparecieran durante años.

Tiempo después, en 1986, Maureen volvería a Gran Bretaña con motivo del fallecimiento de su padre y allí desarrollaría un episodio similar al anterior pero de mayor intensidad. Sometida a diversas pruebas analíticas se la diagnosticaría esclerosis múltiple siendo inicialmente tratada con Nuvacthen Depot de 1 mgr.

De regreso a España, el doctor Pérez Fernández entraría de inmediato en contacto con un médico de origen cubano afincado en Estados Unidos al que conocía bien, el doctor Fernández Noda, quien poco antes había descubierto que algunos casos de esclerosis múltiple se debían a una comprensión del opérculo torácico –lo que se conoce como TOS (Thoracic Outlet Sindrome)- y que una simple operación resolvía el problema al desaparecer los síntomas. De ahí que decidiera rebautizarlo y llamarlo con mayor propiedad CTOS (Cerebellar ThoracicOutlet Sindrome)añadiendo la referencia al cerebro. Y lógicamente interesado, quiso conocer su opinión sobre el caso de su esposa.

Fernández Noda confirmaría que el de Maurren era un caso de CTOS. Y sin pensarlo más, el doctor Pérez Fernández decidió operar personalmente a su propia mujer ayudado con el entonces joven doctor Castillo Recarte, con el que lleva trabajando conjuntamente más de 20 años desde que le tomara como pupilo tras haber sido brillante alumno suyo en la Facultad de Medicina del CEU.

A fin de cuentas, Maureen no había vuelto a tener ningún nuevo brote pero el deterioro había sido rápido y progresivo. En el momento de ir a ser operada caminaba con mucha inestabilidad, tenía una marcada disminución de fuerza en toda la parte izquierda de su cuerpo, sufría episodios de pérdida de visión en el ojo izquierdo (lo que se denomina amaurosis fugax), tenía una clara disminución de memoria y había perdido la fuerza en las manos hasta el punto de que no podía hacer ejercicios finos (es decir, abrocharse un botón por ejemplo).

Maureen sería operada en 1990. Y prácticamente todos los síntomas desaparecieron al cabo de sólo unos meses. Hoy goza de espléndida salud y el único recuerdo de aquella amarga experiencia es una disminución de la agudeza visual de su ojo izquierdo. Por lo demás, su recuperación fue total.
¿Le sigue extrañando, amigo lector, que al doctor Pérez Fernández le quede alguna duda sobre lo que hace tras esta experiencia personal, los más de ciento cincuenta casos operados ya en España y los más de 1.500 casos tratados en Estados Unidos por el doctor Fernández Noda?

 José Antonio Campoy

Recuadro:


EL DESCUBRIMIENTO DEL DR. FERNÁNDEZ NODA 

El descubrimiento que hoy está permitiendo en el mundo tratar con cirugía algunos casos de esclerosis múltiple –entre otras patologías- se debe al doctor Fernández Noda, un cirujano cardiopulmonar norteamericano afincado en Puerto Rico y de origen cubano que a principios de la década de los 80 estaba interviniendo un día a un paciente de TOS (lo que se conoce como Síndrome del Opérculo Torácico) que también padecía Parkinson y observó, tras la operación, que al tiempo que se habían resuelto los síntomas del TOS había mejorado la sintomatología de esa otra enfermedad.

Obsesionado por esa posible relación, Fernández Noda comenzaría a investigar casos de pacientes afectados por el Parkinson y otras enfermedades del sistema nervioso central -como la esclerosis múltiple,la epilepsia o algunos casos de Alzheimer-y se encontró con que la mayoría de los pacientes que padecían esas patologías tenían el síndrome compresivo de la base del cuello o TOS. Fue entonces cuando decidió introducir la letra C antecediendo al TOS para dejar claro que el problema afectaba al riego sanguíneo del cerebro. Desde entonces lo llama CTOS.

Tras seguir investigando descubriría que la causa estaba fundamentalmente en la compresión que se producía en la arteria vertebral en tanto provocaba una disminución intermitente de su flujo sanguíneo. Y entendió que eso era lo que originaba la isquemia cerebral subyacente como elemento de minusvalía en la patología del sistema nervioso central. Es decir, que la comprensión intermitente de la arteria vertebral, además de otras patologías, provocaba que no llegara al cerebro la sangre de manera fluida y, por tanto, llegara también menos oxígeno. Su trabajo posterior sería el de diseñar una técnica quirúrgica que permitiera resolver el problema devolviendo a la arteria vertebral su correcto nivel de flujo sanguíneo. Una técnica distinta ala de las operaciones quirúrgicas convencionales en las que se actúa bien desgajando el escaleno superior, el medio y la primera costilla, bien cortando y quitando ésta directamente. Con la técnica que diseñó Fernández Noda se actúa sólo sobre la arteria vertebral. Una operación menos compleja y mucho más efectiva.

Finalmente, y dentro de la más estricta ortodoxia médica, demostraría la participación de la arteria vertebral en la génesis de la patología degenerativa del sistema nervioso central probando las consecuencias que la disminución del flujo sanguíneo tiene sobre la función de las estructuras neuronales del cerebro. Para lo cual realizó de forma sistemática estudios arteriográficos de los troncos supraaórticos, estudios Doppler vasculares -incluido Doppler transcraneal- y estudios de captación de isótopos radioactivos (SPECT y PetScan).

Ahora bien, se trata de una isquemia de naturaleza funcional, no continua. Además, el Dr. Fernández Noda piensa que los fenómenos autoinmunes que se presentan en algunos de estos procesos -particularmente en la esclerosis múltiple- son de naturaleza secundaria y no la causa, tal como en la actualidad se especula. Asimismo, cree que el daño último y las lesiones están producidas por la masiva generación de radicales libres que se forman a causa del déficit circulatorio. El propio doctor aclara por ello que hay que seguir investigando para dar respuestas a estas interrogantes.

Este reportaje aparece en
30
Julio - Agosto 2001
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