De lo psicosomático a lo somatopsíquico

 

De igual modo que una gotera nos indica que hay una teja rota en nuestra casa el estrés es el revelador universal que nos permite saber cuál es el órgano “débil” de nuestro cuerpo. Pues bien, actuando directamente sobre ese órgano sería posible curar no sólo la dolencia física en sí sino también el problema emocional al que pueda estar asociado ese órgano. Eso es, al menos, lo que nos aseguró el doctor Michel Furter cuando tuvo la gentileza de visitarnos en la redacción de la revista acompañado por el doctor español Luis García Cremades.

 “La salud es el silencio del cuerpo. Cuando el cuerpo está sano es un instrumento mudo. Pero cuando no lo está, habla. Y lo hace generando sensaciones que pueden llegar a ser muy molestas en la cabeza, en el estómago, en el tórax, en un músculo o en el que quiera que sea su punto más débil”.
Con estas palabras empezó la interesante conversación que mantuvimos en la redacción con el doctor Michel Furter, un médico francés de origen suizo, afable y cortés que nos confesaría que a pesar de llevar más de 15 años dictando conferencias y enseñando por muy diversos países su técnica terapéutica -con la que asegura que se obtienen muy buenos resultados en el tratamiento de numerosas dolencias- era la primera entrevista que concedía en su vida. Luego, con aplomo y firmeza, iría contándonos en qué se basa su método y en qué consiste lo que hoy se conoce ya como Técnica Furter.

-Uno de los conceptos más sorprendentes que lleva usted más de quince años defendiendo es la existencia de lo somatopsíquico y, de hecho, se basa en esta idea para tratar a sus pacientes. Pero, ¿ implica eso negar la otra vertiente, la psicosomática?

-No. Estaría loco si negara que la parte psíquica actúa sobre la parte física del ser humano. Yo mismo estuve entre aquellos que buscaban más en la psique que en el soma la resolución de la enfermedad. Pero escuchando cuidadosamente sus quejas llegaba siempre a problemas localizados en el cuerpo físico. Por eso hoy día sigo creyendo en la acción de la mente pero mi acción terapéutica es diferente. Lo que yo vengo a decir es que también existe una acción del cuerpo físico sobre lo psíquico que se debe tener en cuenta. Defiendo, en fin, que no existe sólo el sagrado principio psicosomático, que existe también el somatopsiquismo. Y que se trata, simplemente, de otro camino para llegar a la salud. Gracias a su tangibilidad el cuerpo físico es una puerta de acceso fácil. Nuestro tratamiento obtiene resultados rápidos.

-Es decir, que es su propia experiencia como médico lo que le lleva a hacer tal afirmación…

-Sí. Verá, con mi experiencia profesional y la reflexión he comprendido que el hecho de admitir el papel fundamental de la psique en la salud humana no excluye la influencia somatopsíquica. De hecho, el papel que asumen nuestros órganos es igualmente trascendente y, en ocasiones, decisivo. Si me permite, voy a ponerle un ejemplo que aclarará lo que quiero decir. Y para ello recordaré brevemente los trabajos del fisiólogo y Premio Nobel de Medicina en 1904 Ivan Pavlov.

-Supongo que se refiere al fenómeno del reflejo condicionado demostrado por él y que se considera el paradigma de la psicosomatización.

-Exacto. Pero, a mi modo de ver, también demuestra la importancia del soma, del cuerpo.

-Si me permite, recordaremos al lector que los trabajos a los que nos estamos refiriendo son unos experimentos que le valieron a Pavlov el Premio Nobel y que llevó a cabo con un perro. El fisiólogo ruso consiguió crear en el cerebro del animal una asociación entre el sonido de un timbre y la secreción de saliva. Pavlov comprobó que cuando se le mostraba un pedazo de carne al perro éste segregaba más saliva a causa de la ensalivación automática de las glándulas salivales. En el paso siguiente presentaba la carne al tiempo que hacía sonar un timbre. Después de un cierto tiempo, el sonido del timbre bastaba para provocar la ensalivación. A este fenómeno se le conoce como reflejo condicionado de Pavlov y se pone como ejemplo de fenómeno psicosomático.

-Ha hecho un buen resumen. Para mí este ejemplo es una buena demostración de hasta qué punto la mente puede influir en el cuerpo. Pero la psicosomatización tiene también limitaciones porque como reconocería el propio Pavlov es imposible condicionar en un perro el reflejo de ensalivación ante el sonido de un timbre… si éste suena cuando el perro no tiene hambre. Por tanto, para obtener un reflejo condicionado es indispensable que se dé además otro parámetro: el de la predisposición fisiológica.

-Si he entendido quiere decir que sólo se logra condicionar la mente del perro si su cuerpo está predispuesto a ello.

-Eso es. Y afirmo que lo mismo ocurre en el caso de las enfermedades. Yo creo que cuando un órgano es débil, cuando está predispuesto, cualquier cosa puede hacerle enfermar: el estrés, la ansiedad, el miedo, la tristeza o cualquier otra alteración psicológica o fisiológica.

-Luego defiende que existe un efecto de la psique sobre el soma a condición de que haya una fisio-disposición.

-Eso es. El hecho psico-desencadenante, que suele ser el estrés, no es más que la gota que colma el vaso. Pero lo cierto es que cada síntoma, aún el psíquico, tiene una localización en el cuerpo físico y es ahí donde nosotros intervenimos. El simple hecho de que los fármacos hagan reaccionar la parte psíquica demuestra que la acción pasa a través del cuerpo físico, de la materia.

-¿Y el estrés es el psicodesencadenante más frecuente?

-Así es. Yo le llamo el revelador universal. Permítame que le ponga otro ejemplo ilustrativo. Mucha gente, al comprobar que se produce una gotera en su salón cada vez que llueve, no deduce que la lluvia es la causa de la gotera; piensa que la única responsable es una teja rota por lo que recurrirá a un albañil para que la cambie.
-¿Quiere decir que el estrés es como la lluvia del ejemplo? ¿Que es lo que realmente revela la existencia de un problema?

-Eso es. Mire, de la misma manera que la lluvia fue la que hizo descubrir una teja defectuosa, el estrés es el revelador universal no ya de una somatización sino de cualquier órgano defectuoso predispuesto a reaccionar patológicamente. El estrés puede reflejarse en cualquier parte del cuerpo pero no lo hace al azar. Suele afectar a uno –o más- puntos débiles que pueden evidenciarse desde la infancia y que la mayoría se transmiten genéticamente. Y si no, hágase esta pregunta: ¿por qué ante una determinada situación emocional una persona se queja siempre del mismo órgano o zona de su cuerpo que, seguramente, es la misma de la que se quejaban su padre o su madre en la misma situación? Por ejemplo, hay personas que cuando se ponen muy nerviosas notan no un dolor pero sí una molestia en la boca del estómago. Ante un examen, una entrevista de trabajo o una situación que logre alterar sus nervios notan siempre esa molestia en el estómago… porque ése es su punto débil. Y otras personas lo sienten en otro lugar. ¡Esto es un hecho y como tal hecho observado la ciencia debería tomarlo en consideración!

ESCUCHAR AL PACIENTE

-Bien, una vez aclarado su posicionamiento teórico pasemos a hablar de su técnica. ¿En qué se basa?

-Ante todo, en escuchar atentamente al paciente, al propietario de la teja rota, a quien padece la molestia. Sólo de esa forma lograremos encontrar el órgano débil que ha de ser tratado.

-Pues eso no es muy corriente. Normalmente sus colegas médicos dan mayor crédito a los exámenes clínicos, biológicos, electrocardiográficos, radiológicos y demás pruebas diagnósticas que a los pacientes. Que, a fin de cuentas, son quienes pueden hablar de sus sensaciones físicas, de dónde les duele, de cuándo y de cuánto.

-No, desde luego no es lo más común pero sinceramente creo que es lo más acertado. En nuestro sistema es el paciente el que tiene las respuestas. El enfermo sabe y verbaliza lo que le pasa. Así que simplemente hay que ir haciéndole preguntas hasta que nos indique con precisión la parte de su cuerpo que es motivo de la visita. Hay pues que dedicarle tiempo, escucharle con interés y hasta el final. Después depende de mí traducir esa información en el nombre de un órgano y escoger correctamente el lugar de proyección que nos permita actuar de manera eficaz.

-Sin embargo, sus colegas siguen diagnosticando una enfermedad en función de una serie de síntomas establecidos en un protocolo.

-Sí; y por eso les extraña tanto que yo proponga buscar un órgano débil en vez de un síntoma que puede no ser unívoco. En la mayor parte de las veces el interrogatorio es sencillo. Cuando le pregunto al paciente sus respuestas son claras y concisas. El enfermo no duda en localizar el lugar exacto donde siente su problema de la misma forma que el dueño de una casa no tarda en encontrar la teja rota que le produce la gotera. El mejor diagnóstico lo hace el propio paciente, con la precisión de sus respuestas y la descripción de sus sensaciones. Esto es lo que parece olvidar la medicina que yo estudié en la facultad.

-¿Qué enfermedades trata con este método?

-Sobre todo, las enfermedades crónicas, aquellas que lleven mucho tiempo sin resolverse, que hayan sido tratadas sin éxito con otros tratamientos y las llamadas “enfermedades psicosomáticas”, como los ataques de pánico o la claustrofobia, así como aquellas en las que el paciente dice “No sé que me pasa pero no me encuentro bien”.

-¿Se refiere a ese tipo de casos en los que el médico te dice un casi insultante “Usted no tiene nada” y si insistes en que te encuentras mal ni te escucha?

-A eso me refiero. Yo he conocido enfermos a los que les han dicho eso de “Usted no tiene nada” que una hora después estaban en cuidados intensivos o una semana más tarde sufrieron un infarto. Por tanto, afortunado el enfermo que tenga una enfermedad reconocida como tal y que tenga escrito en la frente infarto, úlcera gástrica, artrosis o bronquitis. En caso contrario se le llamará ansioso, hipocondríaco o depresivo. Pero si los problemas de los hipocondríacos fuesen debidos sólo a la psique, ¿cómo se explica que con la técnica que yo propongo, con un tratamiento físico, se pueda curar prácticamente a la totalidad de estos pacientes de forma duradera y sin que somaticen el problema a continuación en otra parte?

-Y de las que usted llama “enfermedades reconocidas”, ¿cuáles no trata con su método o para cuáles no obtiene resultados que se puedan considerar satisfactorios?

-De momento no logramos resolver cáncer, cálculos renales, diabetes, esclerosis múltiple, Parkinson, problemas dermatológicos o la obesidad. Tampoco obtenemos buenos resultados en el tratamiento de problemas de refracción como la miopía.

-¿Qué tipo de preguntas le hace a sus pacientes?

-Pues además de preguntarle dónde siente la molestia y en qué situaciones me intereso por saber cuál de sus progenitores se quejaba de la misma enfermedad o de la misma zona o qué dolencias sufrían el padre o la madre cuando tenían la misma edad que ahora tiene el paciente.

-Pero entiendo que, a veces, el paciente no tendrá una respuesta exacta para esas cuestiones.

-Sí, de hecho eso ocurre a menudo. En esos casos hay que saber qué preguntar y dejar al paciente que hable. Por ejemplo, si acude a la consulta un paciente porque siente una molestia en la zona del corazón y responde que nadie de su familia ha sufrido un infarto pero que su padre siempre estaba angustiado y con un miedo constante a morir su respuesta para mí es un indicio de que ese paciente ha heredado el mismo punto débil que su padre, es decir, la zona del corazón.

-También puede ocurrir que la persona describa como molestas dos zonas diferentes de su cuerpo. ¿Qué hace entonces?

-Intento saber cuál es su punto débil más importante con el que hay que comenzar. Y para ello pregunto, simplemente, cuál de las dos le molesta más o con más frecuencia. Una vez que se ha resuelto ese problema procedo a tratar los otros: ¡una teja cada vez!

BUEN DOLOR

-Y cuando encuentra la “teja rota” de su paciente, ¿cómo actúa?

-Estimulando manualmente esa parte concreta del cuerpo físico en el que se proyecta el problema que estamos tratando. Así, actuando sobre el físico se produce una acción sobre la psique; y obtengo la curación no sólo del malestar físico sino también del conflicto psicológico que refleja.

-¿El procedimiento es diferente según la zona de que se trate?

-Digamos que el procedimiento es siempre la estimulación manual. Lo que cambia en cada caso es la profundidad o la presión que se ejerce. Todo depende del tejido en cuestión ya que no se trata igual la piel, un nervio, el tejido conjuntivo o un músculo. Por ejemplo, para tratar una afección del aparato locomotor utilizo el músculo; si hay que tratar el vientre actuaré sobre el tejido conjuntivo; y para tratar un problema en la cabeza recurro al sistema nervioso.

-Su descripción nos recuerda los puntos reflejos de la Acupuntura. ¿Tiene algo que ver con su método?

– Con mi método no se trabaja con nadis o meridianos, ni con agujas. Nosotros tratamos la zona exacta en la que se siente la molestia porque entendemos que cualquier enfermedad, orgánica o psíquica, puede ser tratada a través del cuerpo fisico en la zona específica donde éste “habla”. No hay necesidad de aprender los puntos de acupuntura.

-Aclarado. Pero si la zona que trata es aquella en la que se siente la molestia, ¿no causa dolor al paciente?

-Sí. Verá, el tratamiento es fuerte por lo que durante el mismo es normal que se produzca dolor. Aunque ¡ojo!, debe quedar claro que nuestro método no es en absoluto brutal. El dolor al que me refiero es soportable tanto por un niño como por un anciano.

-Y suponemos que ese dolor precede a la sanación o, al menos, a la mejoría del estado del paciente.

-Así es. Cuando empezamos el tratamiento el paciente reconoce inmediatamente que estamos actuando sobre la zona justa y que lo que le estoy causando es un “buen dolor”, un dolor necesario, un dolor que ellos mismos perciben como sanador.

-¿Cuánto dura el tratamiento?

-Depende del paciente y de la patología. La duración de cada sesión varía entre 10 y 40 minutos con tiempos de pausa incluidos. Nunca sabemos de antemanno cuantas sesiones seran necesarias para resolver el problema. Algunas las resolvemos de manera inmediata pero otros trastornos, como el insomnio, se nos resisten un poco más. Según nuestras estadísticas necesitamos entre 4 y 6 sesiones semanales para resolver un problema.

INCÓGNITAS

-¿Cómo funciona la técnica?

-No lo sé. No sé cómo funciona ni por qué. Obviamente, como médico que soy sé lo que hago y me muevo con prudencia pero no puedo darle una explicación científica. A ese respecto estoy como quien utiliza un coche sin saber de mecánica. Constato las cosas y obtengo buenos resultados. Mis pacientes se curan y eso es lo que me interesa

-¿Y cuál es su hipótesis?

-Creo que la estimulación que se produce al masajear la zona señalada por el paciente reactiva el poder del cuerpo para autocurarse. Pero aún debo reflexionar más sobre este punto porque si considero que esa hipótesis es la correcta no podría explicar por qué esa capacidad de autocuración funciona para unas patologías y para unas personas y no para otras. Lo que sabemos es que, en la gran mayoría de los casos, estimulando con esta técnica la “zona que habla” en el cuerpo físico del paciente conseguimos que la persona cada vez se sienta mejor, menos enferma y que el cuerpo deje de “hablar”. El silencio del cuerpo: eso es, para mí, la salud.

-Es decir, ¿que para sus pacientes someterse a este tratamiento es poco menos que una cuestión de fe?

-Bien, puede verse así; aunque le garantizo que sólo durante la primera sesión. Después no necesitan tener fe en mí o en la técnica porque ellos mismos constatan que se sienten mejor desde el primer día. Verá, yo no hago promesas. Simplemente propongo un tratamiento y no oculto que no hay garantías ni explicaciones. Y si obtengo un buen resultado es porque he tratado correctamente el cuerpo físico, no por efecto de la sugestión.

-Pero suponemos que sus colegas, otros médicos, serán mucho más escépticos…

-Efectivamente. Y a ellos, precisamente, es a los que más animo a que lo prueben. Les muestro conocimientos tan prácticos y, sobre todo, tan palpables y perceptibles que le aseguro que muchos exclaman: “¿Pero cómo no lo había entendido antes?”. Lo sé por experiencia. Y a ellos siempre les respondo lo mismo: porque deberíais haber escuchado más a vuestros pacientes. Deberíais haberles creído, palpado, saber qué palpar y cómo hacerlo. Antes de nada hay que escuchar al paciente, después confiar en él y, por último, como médicos que somos, verificar sus afirmaciones antes de actuar porque nuestro deber primordial -quizá a veces el único- es no hacer daño. Y si no sabemos cómo ayudar debemos dar paso a otros.

-¿Puede ser más explícito?

-Lo que quiero decir es que creo que lo que compete a la cirugía debe seguir competiendo a la cirugía. Lo que compete a la farmacología, indiscutiblemente debe seguir siendo competencia de los medicamentos. Pero si se está frente a un caso sin riesgo para el que no se han logrado los resultados deseados con otros métodos, ¿por qué no probar con el que yo propongo cuando está constatado que ofrece excelentes resultados? Numerosas enfermedades pueden mejorarse o curarse con mi técnica. Aún hoy me sorprendo al constatar cómo patologías muy viejas e importantes, como una artrosis, desaparecen a veces en sólo dos o tres sesiones.

-¿Y cuáles son los límites?

-Honestamente, no puedo hablar de los límites del método. Algunos colegas me cuentan que han tratado con éxito casos que ni yo mismo hubiese pensado en tratar. Y, de hecho, por prudencia, tardo un tiempo en mencionar esas nuevas posibilidades en los seminarios donde expongo únicamente lo que se ha comprobado con numerosos casos. Además es necesario hacer más estudios científicos sobre esta técnica. De momento me conformo con ver que funciona y continúo acumulando casos clínicos resueltos para ponerlos bajo estudio. La única vía posible con mi método es la práctica clínica.

-Decía Miguel de Unamuno que el que tiene fe en sí mismo no necesita que los demás crean en él.

Exacto. Verá, yo no necesito que mis colegas me crean. Yo sé que esto funciona. Y lo único que quiero es que lo comprueben por sí mismos, que aprendan el método y lo apliquen. Así, entre otras cosas, cuando lo apliquen podrán decir “Puedo quitarle ese dolor aunque no sé exactamente cómo funciona el método” en vez de tener que confesar “Es el estrés que usted somatiza lo que le produce el dolor pero no puedo ayudarle”. A mí, al menos, me resulta más satisfactoria la primera opción. O menos frustrante, como prefiera. Obviamente, entiendo que lo ideal sería saber y poder pero, como no es el caso, sigo buscando una explicación a lo que compruebo día a día.

VERDAD CIENTÍFICA

No quisimos retenerle más tiempo. Tenía que coger un avión hacia Suiza. Le agradecimos su amabilidad por concedernos su primera entrevista y la oportunidad de ofrecer al lector información sobre una terapia que muchos encontrarán demasiado alejada de la verdad que la ortodoxia médica pregona. Y más cuando su propio descubridor no sabe explicar cómo o por qué funciona. Claro que no conviene olvidar que las medicinas y ciencias a las que actualmente concedemos crédito existían antes de ser recogidas en los libros o explicadas en las universidades. Simplemente se necesitaba que la Humanidad –o alguno de sus especímenes más aventajados- avanzara e hiciera el esfuerzo suficiente como para comprenderlas y convencer al resto de los humanos de la conveniencia de elevarlas a la consideración de “verdad científica”. El tiempo dirá si es el caso del doctor Furter y de su Medicina Somatopsíquica.

L. J.

Recuadro:


 

Dr. García Cremades: “Con el método de Furter no sólo se mejoran sino que se curan múltiples patologías”

El doctor Luis García Cremades, discípulo del doctor Michel Furter, es hoy uno de los pocos médicos que aplica su método en España y confiesa que aún necesita ganar más experiencia en su aplicación. “En el tiempo que llevo aplicándolo –nos diría cuando visitó nuestra redacción en compañía del doctor Furter y de Cherokee, la esposa de este último- he comprobado los excelentes resultados que se obtienen con la técnica manual de Furter. Con ella se trata la profundidad a través de la superficie, el órgano a través de la piel, con resultados sorprendentes y hasta espectaculares”.

Afirma García Cremades que este método se puede aplicar en una amplia serie de patologías del sistema musculo-esquelético, cardiovascular, respiratorio, urológico, ginecológico o gastrointestinal. También se ha comprobado –añadiría-su influencia significativa sobre patologías etiquetadas como psicosomáticas -como la depresión, la ansiedad o las fobias- y también en casos de anorexia o bulimia. Y eso con una frecuencia y regularidad que no pueden ser casuales ni se pueden atribuir al efecto placebo o a la sugestión.”

En la línea de Furter, afirma que muchas patologías presentan un lugar en el cuerpo que el paciente es capaz de detectar siempre y de forma inequívoca. Una vez se ha localizado el punto exacto se estimula la zona a más o menos profundidad dependiendo de dónde el paciente diga que tiene la molestia. “Y con este método tan simple–comenta- no se mejora la enfermedad: desaparece. Con el tiempo”.

Interrogado sobre cómo funciona el método reconoce, como Furter, que lo ignora. “Aún no lo sabemos–nos diría-. Puede que, simplemente, la estimulación que ejercemos sobre la zona molesta ponga en marcha la capacidad de autocuración del cuerpo. Todavía no hay respuesta científica. Lo que hay son un montón de evidencias y de observaciones que, a mi juicio, son el embrión de una nueva disciplina”.

 


 

En qué casos funciona el Método Furter

Según el doctor Michel Furter, su método terapéutico puede emplearse en multitud de dolencias. Entre ellas, dolores en el pulgar, el codo, la rodilla, el tobillo, el tendón, el talón y la columna (cervicales, dorsales y lumbares); la artrosis; la periartritis del hombro; las ciáticas crónicas; la espondilitis anquilosante; la escoliosis; la mayoría de las jaquecas, incluidas las migrañas; la epilepsia (comprobado con electroencefalograma); el insomnio; los vértigos; la sinusitis; las otitis recurrentes; la fatiga ocular; el ojo seco y ciertos glaucomas; la depresión y “dolencias psicológicas” como angustias, pánico a la muerte, claustrofobia, opresión y suspiros incesantes; las palpitaciones; las arritmias; los dolores tipo angina de pecho; la bronquitis crónica y algunos tipos de asma; el enfisema; la gastritis; la úlcera; el espasmo del plexo solar; la colitis, la recto-colitis hemorrágica; la enfermedad de Crohn; la diarrea crónica emocional; la enuresis; la dismenorrea; los quistes ováricos; la esterilidad funcional femenina; las relaciones sexuales dolorosas; la vaginitis y la leucorrea crónica; la endometriosis; la incontinencia urinaria de la mujer y algunas impotencias. También las fatigas que no se deben a enfermedad (por ejemplo, la anemia) reaccionan favorablemente en la mayoría de los casos (vea www.iuc-furter.com)

 


 

Contraindicaciones

El “método Furter” no provoca efectos secundarios indeseables pero sí está contraindicado en algunos casos:

-la contraindicación es absoluta en todos los casos de riesgo embólico y vascular en general (flebitis, varices, problemas de coagulación, etc.)
-la contraindicación es relativa cuando se utilizan prótesis o se actúa sobre músculos demasiado doloridos.

En cuanto a la edad del paciente no hay limitación. Puede aplicarse tanto en niños de 5 años como en ancianos.

 


 

¿Quién es el doctor Michel Furter?

Nacido en Francia en 1947 -aunque hoy tiene doble nacionalidad: suiza y francesa-, cursó la carrera de Medicina en la Universidad de Besançon. Posteriormente estudiaría también Homeopatía, Acupuntura, Manipulación Vertebral, Medicina Auricular y Fitoterapia desarrollando su tesis doctoral sobre Iridología. Pero aquellos conocimientos no le satisfacían por completo porque a pesar de todo seguía sin poder tratar todas las patologías que llegaban a su consulta. Sería así cómo en los años 80, movido por un inagotable espíritu de búsqueda y tras llegar a sus propias conclusiones, decide poner en práctica una técnica propia a la que llama Medicina Manual Furter y que se basa en la escucha activa del relato que el paciente hace de su malestar y que le permite localizar su órgano débil, aquel en el que casi siempre se refleja siempre una determinada alteración psicológica y que será por ello objeto de su tratamiento manual.

Tras haber evaluado y aplicado su técnica con éxito en numerosos pacientes en 1987 se decide a dar un nuevo paso y dedicarse exclusivamente a enseñar su técnica a médicos de otros países. Y a ello se dedica actualmente.

“Quienes realmente me abrieron los ojos –nos diría Furter- fueron mis pacientes. Ellos me enseñaron a escuchar y a observar al paciente que está dentro de mí. Desde que tuve este rayo de comprensión –o de inspiración, tal vez- ha cambiado mi forma de concebir y practicar la medicina. Y hoy creo que no sería feliz si no contara con el testimonio directo de mi paciente”.
 

Este reportaje aparece en
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Julio - Agosto 2003
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