Factores de crecimiento para rejuvenecer la piel

Uno de los procedimientos más innovadores entre las técnicas de rejuvenecimiento facial es la utilización de los llamados factores de crecimiento, proteínas secretadas por la mayor parte de las células del organismo que regulan funciones esenciales en la regeneración y reparación de todo tipo de tejidos, incluida la piel. Su aplicación –de forma tópica o intradérmica- estimula la renovación celular, la formación de nuevos vasos sanguíneos y la producción de nuevo tejido de sostén devolviendo al rostro la vitalidad y lozanía perdidas. Con la ventaja añadida de que su uso terapéutico o cosmético, al tratarse de una sustancia autóloga –es decir, extraída del propio cuerpo-, no produce rechazo, reacciones alérgicas o efectos secundarios adversos.

El paso del tiempo, la genética, la exposición al sol, las patologías generales o cutáneas que se hayan padecido, las hormonas, la nutrición, el consumo de mayor o menor cantidad de agua, los hábitos tóxicos, los cuidados cosméticos, etc., son algunos de los factores que causan o contribuyen al envejecimiento de la piel de una persona. En cuanto a cómo se manifiesta ese envejecimiento los expertos establecen una serie de cambios funcionales y estructurales que consisten, por ejemplo, en una disminución de la mitosis o división celular que comporta una menor reparación y renovación de la epidermis y mayores daños oxidativos por acumulación de radicales libres. También se ha observado que se reduce la producción de fibroblastos y su actividad, que se degrada el colágeno y que se desorganizan las fibras elásticas lo que provoca un adelgazamiento del grosor de la piel. Además la mala circulación sanguínea y linfática asociada al envejecimiento trae consigo una disminución del aporte nutritivo y de las secreciones glandulares así como retención de líquidos. La reducción de la secreción sebácea limita a su vez el papel protector de la barrera grasa con lo que la piel se deshidrata, tiende a descamarse, pierde tersura, se forman arrugas, aparecen la flacidez y la atrofia de los tejidos, y aumentan las alteraciones del rostro en forma de manchas, queratosis senil, nevus, etc. Lo que, en su conjunto, genera una cara con un aspecto cansado, sin lozanía y sin vitalidad.
Pues bien, en los últimos años se han desarrollado distintas técnicas de rejuvenecimiento facial que van desde las meramente cosméticas a las que incluyen el paso por un quirófano y se han probado diversos materiales y sustancias para conseguir devolver al rostro un aspecto cuidado y joven. Siendo la incorporación más novedosa en medicina estética la que suponen los llamados factores de crecimiento con los que, según los expertos, se corrigen en mayor o menor medida los procesos antes enumerados implicados en el envejecimiento. Se obtienen buenos resultados sin los inconvenientes -más o menos molestos- de otros procedimientos. Pero, ¿qué son los factores de crecimiento? Para muchos, la herramienta terapéutica del futuro.

LOS FACTORES DE CRECIMIENTO

Ya en el número 83 de Discovery DSALUD (puede leerlo entrando en www.dsalud.com) el doctor Eduardo Anitua, pionero español en la investigación sobre factores de crecimiento, los definiría como “un arsenal terapéutico aún por explotar” y como “una posibilidad terapéutica que resulta eficaz donde otras no lo han sido”. “Hablamos –nos explicaba- de proteínas solubles producidas y secretadas por todas las células del organismo aunque se encuentran en mayor proporción en las plaquetas (concretamente, en sus gránulos alfa), en los macrófagos y en el plasma sanguíneo. Hasta ahora se conocen unos veinte y se sabe que desempeñan funciones esenciales en los complejos procesos de reparación y regeneración de tejidos así como en la formación de tejido nuevo”.
Hablamos de unas proteínas que intervienen en la comunicación celular pues, como explicaba el doctor Anitua, “transmiten su información al interaccionar con los receptores situados en la membrana celular. Asimismo actúan simultáneamente en distintos tipos celulares y desencadenan efectos biológicos como la migración celular dirigida (desplazamiento al que llamamos quimiotaxis), la proliferación y la diferenciación celular, la formación de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis), etc. Todos ellos acontecimientos fundamentales en la reparación y regeneración tisular”.
“Los factores de crecimiento –añadiría- activan las células de cualquier tejido, órgano o sistemadonde se apliquen. Y se pueden aplicar donde quiera que haya que estimular la regeneración de un tejido”.
Lo que incluye, obviamente, la piel. De hecho, uno de esos factores -el llamado factor de crecimiento epidérmico– es capaz de inducir la proliferación de queratinocitos y fibroblastos, estimular la angiogénesis, aumentar el grosor de la piel, devolverle su elasticidad y firmeza, aumentar la vascularización de la zona donde se aplica, favorecer la aparición de nueva piel, disminuir los efectos sobre la misma de la oxidación celular y eliminar arrugas. Es más, fue el primer polipéptido aislado y caracterizado como factor de crecimiento. El Epidermal Growth Factor, que tal es su denominación en inglés, fue descubierto en 1960 cuando se observó que esa proteína –producida especialmente en las llamadas glándulas de Brunner del duodeno y en menor cantidad en las glándulas submandibulares pero que se encuentra en casi todos los fluidos corporales- aceleraba la proliferación de la epidermis en cualquier cultivo de células epidérmicas. Ni que decir tiene que ese hallazgo supuso una auténtica revolución en el campo de la biología de la proliferación y la queratinización de tejidos epidérmicos y aún hoy los magníficos resultados que se obtienen con su aplicación para acelerar la cicatrización de quemaduras, tratar queloides, acné y estrías, mejorar los resultados de tratamientos de todo tipo (incluso quirúrgicos), favorecer la consolidación de injertos de piel –como aplicación post-peeling o como tratamiento de base incorporado a los cosméticos- siguen sorprendiendo gratamente a los expertos.
“Estas proteínas–afirmaría Anitua refiriéndose a los factores de crecimientoregulan la remodelación de la epidermis y de la dermis e influyen en la apariencia y textura de la piel. Con ellos se provoca la regeneración celular y la piel mejora porque producen una mayor y más rápida revascularización de la misma. Además estimulan la producción de glicosaminoplicanos, fibras colágenas y elásticas necesarias para sustituir las estructuras alteradas por el envejecimiento. En el caso de la piel los resultados son aún más espectaculares porque se aprecian fácilmente”.
De ahí que los profesionales de la salud que los utilizan para aplicaciones estéticas y cosméticas refieran que al cabo de unos pocos días se pueda observar en la zona tratada un aumento del grosor de la epidermis, una recuperación de su consistencia elástica, una mejoría de la revascularización y una mayor tersura de la piel. Además favorecen la más rápida reepitelización, disminuyen las molestias que sufre el paciente y mejoran los resultados de los distintos tratamientos. Pero lo que también supone una gran ventaja es que al ser autólogos –es decir, extraídos del propio paciente- no producen alergias, rechazo o contagio de enfermedades. “Esto permite afirmar –concluía el doctor Anitua- que en principio no existe ninguna contraindicación absoluta ya que lo que se utilizan son proteínas del propio paciente. Por eso es útil para cualquier persona -independientemente de su edad o condición- y casi para cualquier disciplina médica, incluida la estética”. 

FACTORES DE CRECIMIENTO Y ESTÉTICA

Uno de los profesionales que emplean los factores de crecimiento para aplicaciones estéticas es el doctor Luis García Cremades, director médico de la madrileña clínica LongeBell Salud. Y con él hablamos de las bondades terapéuticas y cosméticas del tratamiento. Bondades que, como nos comentaría el doctor, conocen cada vez más personas gracias al siempre efectivo sistema del boca-oreja.
-Así es. Muchas personas no han oído hablar nunca de los factores de crecimiento pero cuando ven los resultados en el rostro de una persona que se ha tratado con ellos se deciden por esta opción relativamente novedosa y, desde luego, innovadora.
-¿Son pues estas proteínas tan beneficiosas como se dice?
-Desde luego. Tenga en cuenta que regulan funciones esenciales para la regeneración, remodelación y reparación de los tejidos, tienen la capacidad para atraer y orientar a las células hacia el lugar en que son necesarias, actúan en la división celular para producir células nuevas, favorecen el desarrollo de nuevos vasos sanguíneos y activan la síntesis de la matriz celular, entre otras capacidades.
-Por lo que sabemos en su consulta se utilizan los factores de crecimiento extraídos de las plaquetas. ¿Por qué precisamente los de las plaquetas?
-Porque son relativamente fáciles de obtener. Basta con extraer sangre del paciente –aproximadamente unos 30 centímetros cúbicos, es decir, la cantidad con que se realiza un análisis normal- y someterla a un proceso por el que se separan sus diferentes fracciones. Una de ellas la constituyen las plaquetas de las que liberamos los factores de crecimiento. Y todo ello se hace en la propia consulta el día en que el paciente acude a realizarse el tratamiento porque el proceso apenas dura unos minutos.
-¿Hace mucho que se utiliza esta técnica con factores de crecimiento en estética?
-Pues verá, la utilización de plasma rico en plaquetas es de reciente utilización en general. Le debemos el descubrimiento al doctor Eduardo Anitua, cirujano oral al que ya conocen sus lectores y que fue el primero en utilizarlos para la realización de implantes bucales en los casos en los que el hueso del paciente no es suficientemente consistente obteniendo la regeneración del mismo y, como resultado, un implante dental perfecto. Después se utilizó en Traumatología para tratar fracturas conminutas -es decir, hechas cachitos- e implantes de prótesis articulares con unos resultados tan extraordinarios que luego la técnica se extendió a otras aplicaciones y disciplinas médicas. De ahí que, por ejemplo, los oftalmólogos empezaran a utilizarlos para curar úlceras corneales y otras lesiones oculares (vea en nuestra web el reportaje que la revista dedicó a esta posibilidad en el nº 71)  y que en el campo de la medicina estética se lleve algo más de tres años empleándose para regenerar y rejuvenecer la piel, entre otros usos.
-Decía antes que para un tratamiento corriente basta extraer una pequeña cantidad de sangre, apenas 30 centímetros cúbicos, pero suponemos que eso dependerá de la extensión de la zona a tratar…
-Así es. También depende de si vamos a reinyectar las plaquetas tal cual o después de ozonizarlas.
-¿Y cuál es la razón de que a veces ozonice los factores de crecimiento?
-Lograr una mayor bioestimulación cutánea. Las plaquetas, como antes expliqué, liberan los factores de crecimiento que se encargan -fundamentalmente- de estimular la regeneración celular, aumentar la formación de nuevos vasos sanguíneos y producir nuevo tejido de sostén. Es decir, activan el organismo en la zona donde se liberan ayudando a reconstruir el tejido dañado, efecto reparador que nosotros aprovechamos para rejuvenecer la piel. En cuanto al ozono lo utilizamos porque es un potente desinfectante –antibacteriano, antivírico y antimicótico- que además posee una extraordinaria capacidad antioxidante y por tanto, al tiempo que estimula la desintoxicación ayuda a oxigenar el tejido.
-¿Y cuándo es oportuno ozonizar las plaquetas?
-Bueno, si un paciente está ya siguiendo una terapia sistémica con ozono con nosotros, es decir, si le estamos tratando la sangre para mejorar o mantener la salud al terminar la sesión de Ozonoterapia reservamos una pequeña cantidad de la misma y la utilizamos para extraer las plaquetas partiendo de esa sangre ya ozonizada. La otra opción, si el paciente no está sometiéndose a un tratamiento de Ozonoterapia, es proceder a la extracción de un poco de sangre, obtener las plaquetas y luego ozonizarlas en el interior de la propia jeringa que se utiliza para la reinyección en la piel.
-Teniendo en cuenta que la utilización de factores de crecimiento por sí solos permite ya obtener resultados excelentes suponemos que los casos en que los enriquece con ozono se debe a otras razones…
-Sí, solemos reservar esta técnica para aquellos casos que a nuestro juicio necesitan apoyo extra para lograr la regeneración de la piel; por ejemplo, cuando los pacientes son grandes fumadores o sufren un grave envejecimiento de la misma por excesiva exposición al sol, entre otros.
-¿Y el procedimiento es complejo? ¿Tiene algún peligro potencial destacable?
-Siempre he buscado técnicas fáciles de aplicar con pocos o ningún efecto secundario. Y con buenos resultados, por supuesto. Y este procedimiento reúne esas condiciones. Es fácil de aplicar en el sentido de que se puede realizar en la consulta sin peligro para el paciente o el médico. Y no tiene efecto secundario alguno ya que es una especie de implante autólogo. A fin de cuentas estamos reinyectando en el paciente sus propias plaquetas. Por tanto, no hay posibles reacciones alérgicas, lo que sí podría ocurrir con el implante de productos extraños a su organismo. Y, por último, los resultados son extraordinarios. El único posible “inconveniente” es que aunque las plaquetas se inyectan en la piel con una jeringuilla muy fina puede notarse tras el tratamiento algún pequeñísimo punto morado dejado por la aguja en la zona tratada pero desaparece rápidamente y además mientras se puede disimular con facilidad.
-¿El tratamiento mejora sólo la epidermis o los beneficios llegan a niveles más profundos?
-Le explico. La dermis es la capa profunda de la piel que se encarga de producir y reproducir la capa que forma la piel externa, es decir, la que vemos y tocamos: la epidermis. Pero por debajo de ella está el tejido subcutáneo que sería, por así decirlo, el “colchón” donde se apoya la piel. Bueno, pues los factores de crecimiento actúan en los dos niveles. Por un lado activan la regeneración celular de la dermis y eso permite renovar, simultáneamente, la parte externa logrando con ello un mejor aspecto. Y por otro, aumentan la producción de tejido conjuntivo, el que está debajo de la piel, mejorando las fibras elásticas y colágenas.
-¿Cuáles son los resultados que cabe esperar?
-Depende de los casos. Siempre obtenemos una mejoría notable en la calidad de la piel pero evidentemente no es lo mismo tratar una de 35 años bien cuidada que una de 60 que nunca se ha cuidado o está estropeada por los efectos del tabaco o del sol. La piel, cuanto más joven es, mejor responde anatómicamente hablando. Pero atendiendo al resultado todas se benefician mucho del tratamiento y es casi más espectacular en las pieles muy dañadas que en las que no lo están tanto. Tengamos en cuenta que no es un tratamiento cosmético que actúa desde fuera. Es un tratamiento natural y fisiológico que utiliza las propias proteínas de nuestro organismo, seleccionadas y concentradas, para que reparen el daño producido por el paso del tiempo o por las lesiones solares.
-¿Y cuánto tarda en observarse la mejoría de la piel?
-Hay que dar tiempo al tiempo. Los factores de crecimiento tienen que actuar estimulando el tejido; por tanto, no hay un resultado instantáneo. Los efectos aparecen con el paso de los días y aumentan a medida que éstos transcurren.
-Por lo que sabemos, con resultados duraderos…
-Efectivamente, pero siempre que el tratamiento se efectúe de forma adecuada. Verá, cuando usamos plaquetas ozonizadas el tratamiento lo repetimos cada dos meses a fin de permitir que la piel se regenere. Normalmente basta dejar transcurrir 21 días entre sesión y sesión pero con la ozonización la estimulación es muy intensa y por eso dejamos pasar más tiempo para que se estabilice la regeneración y así volver a estimular sobre un tejido de mejor calidad.
-¿Cuántas sesiones son necesarias para completar, digamos, un tratamiento “normal”?
-Basta con tres sesiones que, como digo, se realizan con dos meses de separación una de otra. El resultado de la última sesión se mantiene durante un año o año y medio, momento en el que será necesaria una sesión de refuerzo. Pero, honestamente, lo que duren los resultados también dependerá del tipo de piel que estemos tratando, de las lesiones que tuviera antes y del tipo de vida de la persona.
-¿Cómo se desarrolla una de estas sesiones? ¿Es mucho el tiempo que tiene que permanecer el paciente en la clínica?
-Una vez el paciente está en la consulta se le aplica en la zona a tratar una crema anestésica y se deja que actúe unos minutos, tiempo en el que permanece tranquilamente relajado. Luego le extraemos un poco de sangre a fin de obtener, casi sobre la marcha, el concentrado de plaquetas necesario. Y una vez conseguido el plasma rico en factores de crecimiento, lo ozonizamos en la misma jeringuilla –cuando procede- y luego lo introducimos en la dermis mediante microinyecciones repartidas en esa zona. Terminada la aplicación se procede a poner un producto relajante y descongestivo en la piel tratada. En total, desde que el paciente llega hasta que se marcha puede pasar algo más de una hora.
-¿El tratamiento es meramente estético o se ha de complementar con algún cambio de dieta, de hábitos, etc.?
-Todo cambio positivo en ciertas costumbres -como dejar de fumar, protegerse del sol, etc.- y de dieta -incrementando el consumo de ácidos grasos y antioxidantes, por ejemplo- ayuda evidentemente al cuerpo en general y, por supuesto, a la piel. Aunque a largo plazo y con mucha constancia. Pero aunque el paciente no esté dispuesto a realizar esos cambios los efectos sobre la piel son igualmente buenos, regenerándola y rejuveneciéndola, porque su acción es local y fisiológica.
-Para terminar, permítanos la curiosidad: ¿cuál es  el precio de una sesión?
-Depende de la extensión de la zona que se quiera tratar. Por ejemplo, se puede tratar exclusivamente la zona de los párpados; o desde la frente hasta el escote; o sólo brazos y manos… Pero por darle una orientación le diré que el precio puede oscilar entre los 150 y 500 euros por sesión.
-Gracias, doctor.
-A ustedes.

L. J.

Este reportaje aparece en
89
Diciembre 2006
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