La cryptosina, realmente eficaz para rejuvenecer la piel

Las cremas basadas en baba de caracol que prometen resultados casi milagrosos en la piel no han demostrado científicamente nunca la eficacia que se les atribuye. No es la baba de caracol sino una sustancia distinta segregada además por una única especie -elCryptomphalus Aspersa- y bautizada como Cryptosina por su descubridor, el doctor Rafael Abad Iglesias, la que ha demostrado notable efectos protectores y regeneradores de la piel. De ahí que, una vez reconocida científicamente la utilidad terapéutica de ésta, haya quienes intenten ahora hacer negocio comercializando productos basados en baba del caracol y prometiendo milagrosas recuperaciones en tiempo récord. No se deje engañar.

De vez en cuando aparecen en el mercado determinados productos -normalmente enfocados a mejorar nuestro aspecto externo- que prometen “espectaculares resultados, de forma instantánea y a un precio irresistible” pero sin aclarar en qué se basan, cuáles son sus componentes o cómo han sido elaborados. Quienes los venden suelen valerse del trabajo de expertos que sí han invertido en cambio tiempo y dinero en encontrar esas explicaciones científicas y, al rebufo de la eficacia demostrada por otros, no dudan hasta en adulterar tales sustancias y comercializar “productos milagro” con escasa base científica que apoyan con grandes campañas publicitarias poco rigurosas confundiendo así al consumidor y a los profesionales de la salud que terminan adquiriendo productos de dudosas propiedades -y, en muchos casos, pocas garantías de seguridad- afectando de paso la credibilidad de los otros. Pues bien, eso es lo que está ocurriendo últimamente con cremas basadas en baba de caracol. Al punto de que, al otro lado del océano, el Grupo sobre Fraudes en Materia de Salud de México, Canadá y Estados Unidos ha denunciado la falta de veracidad y rigurosidad científica de decenas de cosméticos elaborados con baba de caracol que se anuncian masivamente en televisión. Lo que también desde hace unos meses sucede en España.
Directamente afectado por esa práctica se encuentra Industrial Farmacéutica Cantabria, una empresa española especializada en productos específicos para Dermatología y Dermocosmética que desde hace años comercializa la línea Endocare cuyo componente principal es una sustancia producida por un caracol –que no es la baba- y no por cualquiera de ellos sino por uno muy concreto. De ahí que hace unas semanas decidiera efectuar una serie de pruebas en su propio laboratorio y analizar el contenido de esos “productos milagro” que anuncian tan excelentes resultados por contener baba de caracol verificando “la ausencia de las moléculas publicitadas, la carencia de algunos de los componentes y la escasa actividad biológica de los mismos, hecho que les obliga a enriquecer el producto con moléculas externas no presentes en la baba de caracol”.
En suma, se trata de productos que no han demostrado la eficacia de la que presumen. Y es que las propiedades regeneradoras y antioxidantes científicamente contrastadas no están en la baba de cualquier caracol sino en una sustancia distinta que excreta una sola especie y que además mantiene sólo su eficacia si está sometida al proceso de producción adecuado. ¿Y de qué caracol hablamos, de qué sustancia se trata y cómo es el proceso de fabricación? Se lo contamos.

EL CRYPTOMPHALUS ASPERSA

Hace ahora 40 años el doctor español Rafael Abad Iglesias, durante más de dos décadas Jefe del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Ramón y Cajal de Madrid y que falleció el 4 de mayo del 2003, recibió el encargo de buscar un animal apropiado para estudiar las alteraciones cromosómicas que provocan en los pacientes oncológicos las radiaciones ionizantes de los aparatos de Radioterapia. Fue así como, al someter a rayos X y gamma producidos por el cobalto-60 a un pequeño caracol de la especie Cryptomphalus aspersa comprobaría que éste no sólo percibía la agresión –retraía las antenas- sino que segregaba una sustancia para protegerse a la que llamaría cryptosina. Se dio cuenta además de que al mantener las radiaciones sobre el caracol se producían en su piel diversas lesiones que él mismo lograba reparar con sorprendente rapidez. Y ello le llevó a plantearse si no podría utilizarse de alguna forma esa sustancia en la piel humana para lograr la misma reacción defensiva y curativa. Así que a conseguirlo y a crear luego, si funcionaba, productos basados en la secreción de aquel caracol, elCryptomphalus Aspersa, dedicaría desde entonces buena parte de su actividad profesional. Lo que con el tiempo consiguió finalmente. Solo que, como ha ocurrido en tantas otras ocasiones, nadie quiso luego escucharle. Hasta que un día las autoridades soviéticas, que buscaban en todo el mundo algo con lo que tratar las quemaduras por radiación de las víctimas del accidente de Chernobyl, encontraron los trabajos que el doctor Abad había desarrollado y publicado y lo llamaron para probar el producto. Los resultados fueron excelentes y la repercusión internacional tanta que las autoridades de Estados Unidos le dieron de inmediato facilidades para patentar el producto y su proceso de elaboración. Había nacido Endocare, nombre que hoy, tras haber llegado a un acuerdo de comercialización con Industrial Farmacéutica Cantabria, define toda una línea de cosméticos elaborados según la fórmula descubierta, patentada y probada por el doctor Abad.

REGENERADORA Y ANTIOXIDANTE

Expuesta a grandes rasgos la historia del producto (lea en el recuadro que acompaña a este texto central la entrevista que sobre este asunto hicimos en su día al doctor Abad y que apareció publicada en el nº 7 de la revista), detengámonos pues en el pequeño Cryptomphalus Aspersa y en las características que lo hacen tan especial.
Para empezar diremos que se trata de un molusco gasterópodo –que eso es un caracol- cuyo hábitat natural se sitúa en el área mediterránea y el oeste de Europa. Su origen se remonta a hace más de 600 millones de años, durante el periodo Cámbrico. Desde entonces y a lo largo de todo su proceso evolutivo ha conservado la capacidad de percibir cualquier situación de agresión –una quemadura, una radiación solar o de otro tipo, una herida, etc.- y de responder a esos momentos de estrés segregando una sustancia glicoproteica que nada tiene que ver con la baba que utiliza para desplazarse y que no sólo es capaz de regenerar en pocas horas las estructuras dañadas de su piel sino que además le protege de infecciones bacterianas y tumores.
La explicación a tan singulares propiedades llegaría tras numerosos estudios científicos que determinarían que esa secreción, bautizada por Abad como Cryptosina, está compuesta por un conjunto equilibrado y completo de componentes capaces de sustituir los factores regeneradores deficitarios de la piel –también de la humana- y activar su metabolismo celular. Destacando entre ellos:

-Unas proteínas llamadas hemocianinas cuya principal función es la captación, transporte y liberación de oxígeno. Se cree que el caracol las sintetiza activamente pero durante periodos muy cortos y es en los momentos en los que se le somete a una situación de estrés cuando aumenta la secreción.
-Todos los aminoácidos esenciales excepto la metionina y el triptófano.
Proteoglicanos Se trata de macromoléculas formadas por una proteína central a lo largo de la cual se asocian, por su extremo terminal, numerosas moléculas de glicosaminoglicanos sulfatados.
Ácido hialurónico. Se trata de un polisacárido viscoso que existe en la sinovia, el humor vítreo y el colágeno. Hoy se utiliza mucho en la viscososuplementación -una técnica para sustituir el líquido sinovial perdido durante las artroscopias- y como material de relleno en cirugía estética.
-Sustancias antioxidantes y antirradicales muy potentes como la Superóxido Dismutasa y la Glutation-S-Transferrasa.
Calcio. En concentraciones del orden de 1,3 mg/ml. (este mineral estimula el metabolismo celular).

En cuanto a las propiedades constatadas de la Cryptosina se sabe que tiene:

-Acción reoxigenante. Proporciona oxígeno a las células mejorando con ello la síntesis de colágeno en los fibroblastos.
Acción antioxidante. Inhibe la actividad de los radicales libres causantes del fotoenvejecimiento prematuro y ayuda a reparar los daños ya provocados.
Acción regeneradora. Estimula la formación de colágeno, elastina, fibroblastos y otros componentes dérmicos. En lo que se refiere al colágeno aumenta el ritmo de degradación del que ya está desnaturalizado permitiendo su recambio y la aparición de nuevas fibrillas. En cuanto a los fibroblastos –células clave en los cambios asociados al envejecimiento y el fotoenvejecimiento- mejora su morfología, acelera su capacidad proliferativa e incrementa su funcionalidad lo que explica su eficacia en el tratamiento de las pieles envejecidas o dañadas ya que da lugar a un incremento de la síntesis de fibras colágenas, elásticas y moléculas hidratantes de la matriz extracelular. En suma, como decía el doctor Abad, “reorganiza los fibroblastos de la piel –esas células que ‘fabrican’ piel sana- e induce la producción de sustancia colágena madura que facilita su regeneración”.
-Actividad sobre la matriz extracelular. Facilita el recambio de la matriz extracelular y el reordenamiento, movimiento y migración de los componentes fibrosos y celulares presentes en la matriz con lo que contribuye al proceso de reparación de heridas complementando así la actividad proliferativa de los fibroblastos.

Cabe añadir que los numerosos estudios científicos llevados a cabo hasta ahora han permitido comprobar que la Cryptosina ejerce también un efecto inhibitorio sobre las metaloproteinasas -es decir, inactivan las enzimas que dañan la matriz extracelular, el colágeno, la elastina, etc.- que contribuyen al daño visible en los casos de fotoenvejecimiento cutáneo.

UN PRODUCTO CONVENIENTEMENTE ELABORADO

Es importante señalar que para que las propiedades terapéuticas de la Cryptosina –actualmente rebautizada como SCA Biorepair Technology– no se pierdan al elaborar los productos hay que seguir unos procedimientos que garanticen su actividad biológica. Y en este sentido hay que señalar que sólo los productos de la línea Endocare que comercializa Industrial Farmacéutica Cantabria lo garantizan y de ahí que a día de hoy sea recomendada por farmacéuticos y dermatólogos de 23 países habiendo sido utilizada ya por más de un millón de personas en todo el mundo.
Para obtener la sustancia se somete al caracol a un estrés físico de rotación-agitación específico y en condiciones controladas de laboratorio que, además de preservar la vida del animal, permiten conseguir una cantidad considerable de secreción glandular pura y biológicamente activa que luego se filtra y centrifuga a alta velocidad para librarla de contaminantes. Posteriormente, a fin de garantizar la conservación y preservar sus propiedades naturales, se añaden a ella sustancias que ajustan su pH. Y finalmente es sometida a rigurosos ensayos de control que evalúan las características del fluido, el control microbiológico y la conservación real de sus actividades biológicas regeneradoras. A continuación la secreción que no va a ser inmediatamente utilizada se congela a -20º C.
Numerosos estudios científicos –nos explicaría la doctora María José Tribó-Boixareu, dermatóloga del Hospital del Mar de Barcelona y participante en varios estudios sobre la eficacia terapéutica de laCryptosina frente al fotoenvejecimiento cutáneo- avalan la secreción obtenida mediante esta tecnología como un producto innovador y eficaz. Se la ha sometido a distintos ensayos biológicos tanto in vitrocomo in vivoque han permitido demostrar su eficacia en individuos con fotoenvejecimiento y su capacidad antioxidante cutánea. Y es que Endocareejerce una doble acción regeneradora y antioxidante. Por una parte, estimula la formación de colágeno, elastina y componentes dérmicos que reparan los signos de envejecimiento mientras que, por otra, minimiza el daño generado por los radicales libres, responsables del envejecimiento prematuro de la piel”.
En cuanto a los ensayos citados por la doctora hay que apuntar que los primeros fueron realizados a lo largo de muchos años por el propio doctor Abad sobre personas con radiodermitis agudas y crónicas, patologías provocadas por la Radioterapia a la que se someten muchos pacientes oncológicos. El último de los efectuados por Abad –en 1999- se hizo sobre 100 pacientes con radiodermitis aguda que se encontraban bajo tratamiento radioterápico o lo habían finalizado el mes anterior. La evaluación clínica se realizaría en base a los siguientes parámetros: eritema, descamación, pigmentación, prurito y quemadura. Pues bien, la mitad de las personas a las que se aplicó el producto en forma de gel una vez al día durante 3 meses mostró una mejoría clínica estadísticamente significativa en relación con el eritema, el prurito y la sensación de quemazón. Resultados que demostrarían quela secreción del caracol actúa en gran parte de las fases que se suceden en el proceso de curación de heridas y que la regeneración de la dermis se produce de forma mucho más rápida.
Singulares propiedades que impulsarían luego a numerosos investigadores a probar sus efectos sobre pieles agredidas por otro tipo de radiaciones. Por ejemplo la solar, como es el caso del fotoenvejecimiento cutáneo. Siendo en este campo donde destacan las investigaciones realizadas por la ya citada doctora Tribó-Boixareu quien asevera que con su uso se produce la disminución progresiva y gradual del porcentaje de pacientes con arrugas finas y gruesas así como una significativa disminución del aspecto fotoenvejecido y de la sequedad y aspereza de la piel. Agregando que mejora los parámetros de elasticidad, alisamiento, firmeza, flexibilidad, hidratación y tersura siendo buena la tolerancia cutánea en el 90% de los pacientes. “Los pacientes tratados con este producto –nos diría la doctora- muestran resultados favorables en el primer mes de tratamiento aunque se recomienda un tratamiento no inferior a 90 días para lograr una notable mejoría del aspecto y estado de la piel”. Explicando luego: “Hemos llevado a cabo un trabajo en 15 mujeres para valorar el efecto de esta sustancia sobre los signos de fotoenvejecimiento que se objetivó a través de una biopsia en la zona periocular en el momento de empezar el estudio, al mes y a los tres meses. Y tras efectuar una evaluación histológica se observó una notable mejoría de la arquitectura epidérmica y dérmica con disminución del espesor epidérmico y de los signos de elastosis cutánea así como un incremento significativo del porcentaje de área ocupada por vasos”.
La doctora agregaría que además se realizó una cuantificación de la mejora de las arrugas mediante la técnica denominada Perfilometría Confocal estableciéndose que las pacientes tratadas con el producto mejoran en un 30% la profundidad de las arrugas y que en algunas de ellas la microrrugosidad cutánea -es decir, el potencial reafirmante- mejora hasta en otro 30%, entre otros resultados favorables ya mencionados.
Ya antes -en 1999-, la propia doctora Tribó-Boixareu intervino en otro estudio clínico realizado en el servicio de Dermatología del Hospital del Mar de Barcelona. En aquel caso se trataba de evaluar la eficacia del producto en 32 mujeres que presentaban fotoenvejecimiento de moderado a severo. Se indicó el tratamiento con Endocare dos veces al día durante ocho semanas. Para la evaluación clínica se analizaron los siguientes parámetros: alisamiento cutáneo, firmeza, flexibilidad, hidratación y tersura. Pues bien, los resultados demostraron que los parámetros clínicos evaluados mejoraron progresivamente y que ya a las cuatro semanas la mejoría era evidente en todos los sitios evaluados: frente, mejillas, área periocular y seborreica facial. “El análisis cuantitativo de los métodos instrumentales –nos explicaría la doctora Tribó-Boixareu- mostró reducciones significativas en la profundidad de las arrugas perioculares tras 8 semanas de tratamiento. El porcentaje de reducción global fue superior al 19% lo que representa un dato significativo dado el corto periodo de tratamiento. La elasticidad e hidratación también mostraron mejoría progresiva siendo más marcada al tiempo de finalización del tratamiento. Además el tratamiento ofrece excelente tolerancia y aceptabilidad cosmética”. Así, en las conclusiones de aquel estudio se puede leer: “El producto es eficaz en el tratamiento de los signos que acompañan el fotoenvejecimiento cutáneo por su capacidad para mejorar el alisamiento, la firmeza, la flexibilidad, la hidratación y la tersura cutánea facial” y se considera demostrado que “disminuye el número y profundidad de las arrugas cutáneas”.
De ahí que, con los datos científicos en la mano, esta línea de productos a base de secreción de caracol sea indicada por muchos dermatólogos para tratar aquellos procesos cutáneos que impliquen una necesidad de regeneración y reparación de la piel. Por ejemplo, en el caso de las pieles fotoenvejecidas esta sustancia atenúa las arrugas, rejuvenece la piel, combate los radicales libres, aporta hidratación, reafirma, suaviza la epidermis, le devuelve su tersura y la luminosidad y, en general, la revitaliza. Pero también por sus cualidades es idónea para aplicar sobre pieles dañadas por terapias dermatológicas agresivas como el retinol, el láser o los peelings. Y, según la doctora Tribó-Boixareu, “podría tener utilidad en la prevención del fotoenvejecimiento en mujeres a partir de los 35 o 45 años siempre, eso sí, que acompañen el producto con la debida fotoprotección”.
Endocareestá indicado en todo tipo de pieles, no causa intolerancia y no produce efectos secundarios indeseados pudiéndose encontrar en farmacias y parafarmacias en forma de ampollas, lociones y cremas.
En suma, un producto de eficacia científicamente constatada a diferencia de lo que ocurre con las cremas hechas con baba de caracol cuyos presuntos efectos milagrosos no han sido demostrados.

L. J.

Recuadro:


Efectos del Endocare sobre la piel

Distintos ensayos clínicos han demostrado que Endocare

…aporta a la piel un conjunto equilibrado de factores exógenos capaces de sustituir los factores endógenos dañados o deficitarios.
…estimula todo el metabolismo celular.
…tiene actividad antioxidante frente a los radicales libres generados por la radiación ultravioleta.
…protege a las células de los rayos solares.
…inactiva las enzimas que dañan las estructuras de la piel.
…favorece la proliferación de fibroblastos e induce la funcionalidad de los envejecidos.
…facilita el recambio y adecuado ensamblaje de la matriz extracelular
…aporta glicosaminoglicanos, ácido hialurónico, colágeno, elastina, etc., elementos necesarios para la adecuada salud de la piel.
…degrada el colágeno desnaturalizado favoreciendo su sustitución por fibras nuevas.
…aporta oxígeno e hidratación a la epidermis.
…repara la fragilidad de las estructuras cutáneas envejecidas.
…difumina las arrugas.
…suaviza, reafirma y tensa la piel del rostro.
…regenera, revitaliza y rejuvenece la piel.
…es inocua y puede ser utilizada sobre todo tipo de pieles.


Entrevista al Dr. Abad

Discovery DSALUDcontó la existencia de la crema creada por el doctorRafael Abad Iglesias ¡en agosto de 1999! mediante una entrevista efectuada por su colega Andrés Rodríguez Alarcón, por aquel entonces Director Médico de nuestra revista. Publicada en el número 7 complementa perfectamente la información aportada en el texto central de este artículo por lo que la publicamos en este recuadro como homenaje póstumo ahora que no se encuentra ya entre nosotros.
-¿Cómo se le ocurrió que la sustancia generada por un caracol podía ser útil en la regeneración de la piel humana?
-Como muchas otras cosas, casi por pura casualidad. Hace años, estando en Francia, el profesor Lejeune, con el que estudié Genética, me encargó que buscara un animal apropiado para estudiar las alteraciones cromosómicas de las radiaciones. Y mi sorpresa fue que al someter a las radiaciones de rayos X y rayos gamma producidas por el cobalto-60 a un pequeño molusco encontré que no sólo las reconocía retrayendo las antenas sino que segregaba por la piel una sustancia especial, completamente distinta de la que utilizaba para deslizarse y que podía diferenciarse mediante métodos especiales de tinción.
-O sea, que además de producir una sustancia protectora el animal venía a ser como un detector de radiaciones vivo.
-Exactamente. Y no sólo eso: al mantener las radiaciones sobre el caracol -un Cryptomphalus-, se producían pequeñas lesiones en la piel que el bicho curaba con sorprendente rapidez. Eso me llevó a plantearme que si conseguía pasar al ser humano la misma reacción defensiva y curativa conseguiría una auténtica protección contra las radiaciones que hoy día, ya sabe, es uno de los problemas secundarios más importantes de los tratamientos radioterápicos del cáncer.
Este caracol sufrió un detenimiento de su evolución durante el Periodo Cámbrico, hace millones de años, desarrollando un producto restaurador que segrega ante cualquier agente dañino, no sólo ante las radiaciones. De hecho es un animal que no sufre infecciones.
-¿Y cómo actúa el producto en la piel humana?
-Fundamentalmente como hace el propio caracol en la naturaleza, reorganiza los fibroblastos de la piel -esas células que “fabrican” piel sana- e induce la producción de sustancia colágena madura que facilita su regeneración. Pero aún más. Piense que el tejido cerebral se forma de las mismas células embrionarias de la piel y tiene muchos puntos en común con ella. Por eso es posible que en el futuro la acción regeneradora pueda aplicarse también al sistema nervioso central, con todas las consecuencias beneficiosas que ello supondría.
-Así contado parece muy simple.
-No lo fue tanto; ni mucho menos. Uno de los problemas de la investigación es que hay superar muchos fracasos. Al principio encontré que la sustancia natural obtenida por la estimulación de las radiaciones se desnaturalizaba rápidamente y para encontrar un método alternativo tardé más de tres años. Además muchos de los aparatos que necesitaba en el proceso los tuve que construir artesanalmente ya que no tenía dinero para importarlos. No olvide que estamos hablando de los años 60 cuando a España no llegaba – y mucho menos producía- la tecnología de vanguardia necesaria para un trabajo de este tipo. Entre unas cosas y otras pasaron casi diez años hasta que pude empezar con la fase de experimentación animal y unos cuantos más hasta que lo apliqué por primera en un ser humano.
-¿Cómo fue eso?
-Lo recuerdo como si fuera hoy mismo. A un compañero, médico del hospital donde yo trabajaba entonces, tenían que extirparle una pequeña verruga en la espalda y la ayudante de quirófano, inexperta, empapó por equivocación con alcohol los paños de quirófano. Y al aplicar el cirujano el bisturí eléctrico, el pobre paciente se prendió como una tea. Yo estaba muy cerca, en mi laboratorio de Radiobiología, y casi inmediatamente pude aplicar la crema protectora. Bueno, pues pocas horas después mi amigo estaba haciendo vida normal.
-¿Y no ha tenido ninguna ayuda en su investigación a pesar de tan buenos resultados?
-En absoluto. Yo empecé a publicar en revistas técnicas españolas y extranjeras y, cuando pedí ayuda oficial en España, apoyándome en el riguroso trabajo realizado, se me contestó “que no era de interés”.
Las cosas comenzaron a cambiar hace trece años, cuando el terrible accidente de la central nuclear de Chernobyl. El antiguo Gobierno de la URSS buscaba desesperadamente alguna manera de tratar los problemas de las quemaduras por radiación y, como los resultados de mis investigaciones estaban publicados en las revistas médicas internacionales, contactaron conmigo y colaboré en el tratamiento de los afectados por aquella tragedia.
Poco tiempo después, y a través de la repercusión que tuvo mi tratamiento en las víctimas de Chernobyl, la embajada norteamericana se puso en contacto conmigo y como resultado me invitaron a Estados Unidos a dar un seminario sobre mi investigación en un centro especial del Pentágono. Estaban muy interesados en conseguir una sustancia para tratar las quemaduras por radiación y se quedaron sorprendidos por la falta de toxicidad de la cryptosina por lo que tuve todo tipo de facilidades para su patente en aquel país y el posterior desarrollo final del producto. Máxime porque en aquel momento la situación era muy tensa en el Golfo Pérsico -tanto que acabó en guerra- y su empleo militar en quemaduras requería la certeza de que el producto no tuviera efectos colaterales indeseables. Lo que más me impresionó fue el respeto que en ese país muestran al investigador, tanto en los círculos oficiales como en la empresa privada, al que consideran como una fuente de riqueza.
En fin, el caso es que las experiencias duraron más de dos años, al cabo de los cuales empecé el largo proceso para la obtención de la patente y poder pasar la investigación a la industria privada. Pero en aquellos momentos -durante el mandato del presidente Bush– se endurecieron los requisitos científicos, especialmente de los medicamentos, y al final el proceso tardó casi otros siete años durante los que hubo que repetir experimentos que fueron contrastados por otros investigadores.
Y, por supuesto, tuve ayudas. No oficiales pero sí de mi esposa Carmen, de mi amigo Jaime y, curiosamente, de la Fundación Tabacalera. Luego han venido los reconocimientos en Europa y, finalmente, como suele suceder, soy algo profeta en mi tierra…

Este reportaje aparece en
90
Enero 2007
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