Los errores de diagnóstico son demasiado habituales y provocan la muerte de numerosos enfermos

El 60% de los casos de diagnósticos erróneos que repercuten gravemente en los enfermos se deben a equivocaciones de los médicos. Así se desprende de un informe publicado en octubre pasado en Annals of Internal Medicine tras estudiarse 181 demandas por errores de diagnóstico que provocaron daños serios al 59% de los enfermos tratados y la muerte a un 30%. Los errores más comunes fueron equivocarse al pedir las pruebas -el 55% de los casos- y un seguimiento no adecuado de la evolución del paciente. Los autores del estudio han tratado de sintetizar los errores más comunes para intentar prevenir los numerosos errores actuales.

 “Serán gases”, le dijo la doctora a Griselda -mujer de 43 años residente en Alcalá de Henares (Madrid)- cuando ésta acudió a su consulta por un fuerte dolor abdominal. Solo que el dolor llegó a ser tan intenso que Griselda tuvo que acudir a las siete y media de la mañana al servicio de Urgencias del Hospital Príncipe de Asturias para saber, atónita, que en realidad estaba ¡embarazada! Y así, apenas unas horas después, a las dos de la tarde del pasado 17 de septiembre, daba a luz una niña de ¡tres kilos y cuarto de peso y 49 centímetros de altura! Y eso que durante diez meses había sido sometida a un tratamiento ¡para la menopausia precoz! porque en enero del 2006 había dejado de menstruar tras haber sufrido un aborto el año anterior. Desde entonces acudía casi todas las semanas a ver a su doctora con muy diferentes síntomas que recibían siempre tratamientos distintos. De hecho llegó a tomar en ese tiempo hasta diez fármacos. Algunos para paliar sus ”síntomas estomacales” -náuseas y vómitos- pero también antihistamínicos para la alergia, diuréticos contra la retención de líquidos, concentrado de soja para aliviar “los síntomas de la menopausia”, pastillas para mejorar la circulación… En suma, fue atendida durante meses en numerosas ocasiones y la médica que la “atendió” fue incapaz de darse cuenta de que estaba simplemente ¡embarazada!

Una vez recuperada del parto Griselda fue a ver a su doctora, la enseñó al bebé y le dijo que aquella niña eran sus “gases”. Y ésta, sin amilanarse, en lugar de disculparse por haber cometido un error de bulto tan grave se limitó a decirla que lo importante era que ya se habían pasado sus molestias y lo que tenía que hacer ahora era criarla. Como tantas otras veces, la soberbia se impuso. Porque lo cierto es que la medicación que esa doctora aconsejó a Griselda puede haber afectado al feto. De ahí que ésta, aconsejada por sus padres, haya decidido poner el asunto en manos de un grupo de abogados por si en el futuro aparecen complicaciones.

Este hecho -que acaba de acaecer en nuestro país- lleva obviamente a la sociedad a plantearse la formación, profesionalidad y calidad humana de muchos médicos así como la fiabilidad del sistema. Porque si bien el caso de Griselda ha salido a la luz pública por su espectacularidad cabe preguntarse cuántos casos más hay ocultos en la penumbra de la dejadez administrativa, cuántos errores de diagnóstico se producen en la asistencia ambulatoria y cuántos enfermos acaban con graves daños o, incluso, falleciendo… sin que a los responsables les pase luego nada.

Y es que en los casos de negligencia grave, ¿qué cauces tienen previstos las distintas administraciones sanitarias? ¿Qué pueden hacer los pacientes? El asunto no parece preocupar en las distintas administraciones sanitarias españolas. Probablemente porque casi nadie protesta en tales ocasiones ante el convencimiento de la inutilidad de las quejas a nivel oficial. Y además, cuando éstas se producen intentan siempre ocultarse. De ahí que en España no haya apenas datos sobre este problema.

Y, sin embargo, es hora ya de que el Ministerio de Sanidad y Consumo se plantee en serio tanto el alcance real de los errores de diagnóstico como el de los efectos iatrogénicos de los medicamentos, es decir, de las reacciones adversas producidas como consecuencia de su utilización tanto en el ámbito ambulatorio como en el hospitalario donde, por cierto, siendo mucho más cuantificables siguen sin estar adecuadamente reflejados en estudios detallados.

La dura realidad es que el número de efectos iatrogénicos está aumentando de tal modo en el mundo que cada año hay más gente afectada -en muchos casos con resultado de muerte- a causa de los tratamientos que les proponen sus médicos -en la mayor parte de los casos por reacciones adversas de los fármacos que recetan, sean o no los “adecuados” para la patología del enfermo-, por infecciones adquiridas en los propios hospitales -hoy día auténticos y peligrosos focos masivos de contagio-, por operaciones quirúrgicas innecesarias o por ignorancia o falta de conocimiento, formación y experiencia de los profesionales sanitarios.

Así que una vez más, buscando referencias que nos ayuden a todos –especialmente a los médicos- a entender la dimensión del problema, sus causas y sus posibles soluciones tenemos que recurrir para aproximarnos a conocer nuestra realidad a quienes sí deciden estudiar el problema en la certeza de que la mejor manera de evitar un daño es conociendo la causa que lo origina. A fin de cuentas precisamente en las últimas semanas se han conocido algunos estudios muy interesantes que remarcan la importancia del impacto social de los efectos iatrogénicos, tantas veces denunciados desde estas páginas.

ERRORES EN LA ASISTENCIA AMBULATORIA

Entre quienes decidieron investigar esta cuestión está Tejla K. Gahndi quien, junto a otros colegas, acaba de publicar su trabajo en Annals of Internal Medicine bajo el título de Missed and Delayed Diagnoses in the Ambulatory Setting: A Study of Closed Malpractice Claims (Diagnósticos erróneos y tardíos en el ámbito ambulatorio: estudio de demandas concluidas por mala praxis). Un estudio cuyo punto de partida era difícilmente rebatible: “Aunque los diagnósticos erróneos y tardíos se han convertido en un importante problema de seguridad siguen estando poco estudiados, sobre todo en el ámbito ambulatorio”. Y su conclusión, tras revisar 307 demandas de presunta negligencia por diagnósticos erróneos o tardíos en el ámbito ambulatorio, es que en el 59% de los casos fue la causa de daños en los pacientes. De éstos, un 59% de carácter grave (106 de 181) y un 30% muy grave (55 de 181), tanto que llevó a la muerte a los pacientes.

Debemos aclarar que el estudio no pretendía tanto cuantificar y definir el alcance de los errores como averiguar las causas de los mismos fijándose en los más graves, es decir, en aquéllos que terminan en los juzgados. Por tanto en él sólo se tuvieron en cuenta los que llegaron a los tribunales y no todos. Y es que en la mayoría, en los que no provocan daños muy severos, los afectados no presentan demandas conscientes del alto coste y de la complejidad de todo proceso judicial.

Cabe agregar que para elaborar el estudioGahndi y sus colegas escogieron la muestra de forma aleatoria entre las demandas presentadas contra algunos de los 21.000 médicos asegurados en cuatro grandes compañías. Luego dividieron las mismas en 2 grupos: las generadas a partir del Servicio de Urgencias (122 demandas) y las demás -consulta médica, cirugía ambulatoria, laboratorio de patología o radiología- (307 demandas). Centrando el análisis en este segundo grupo.

Gahndi considera en todo caso válido su análisis como método para conocer las causas ya que las demandas –rechazadas o ganadas e indemnizadas- permiten conocer el comportamiento de los médicos y del sistema en este tipo de casos. Es más, hoy se trata de una realidad tan amplia que en la última década los pleitos por diagnósticos erróneos se han convertido ya en el tipo más común de demandas en Estados Unidos. Y como éstos suelen estar asociados a daños graves se convierten en una magnífica fuente de información ya que todos los datos sobre lo acaecido están en la documentación: registros médicos, opiniones de especialistas e incluso, a veces, resultados de investigaciones internas.

Descubriría así también que el diagnóstico equivocado más corriente estaba relacionado con el cáncer. En unos casos por detectarse de forma tardía y en otros por diagnosticar que el paciente lo padecía cuando no era así (principalmente cánceres de pecho, colorrectal y de piel). Los siguientes diagnósticos equivocados más comunes tuvieron que ver con infecciones (5%), fracturas (4%) e infartos de miocardio (4%).

Otros datos de interés descubiertos son que la mayoría de los errores tuvieron lugar en las consultas (85%) y que los médicos que más equivocan son los de Atención Primaria (42%). “Gran cantidad de médicos de Atención Primaria –se dice en el estudio- trabajan presionados por el tiempo, se ocupan de una gama de problemas clínicos muy amplia, tratan a pacientes predominantemente saludables y trabajan en un sistema de cuidado de salud en el que conocer los resultados de las pruebas no es fácil, los pacientes son a veces malos informadores, existen múltiples informes a mano y la información fragmentada es la norma”.

No está de más, en este sentido, recordar que según un informe aparecido en la revista Medical Economics la mitad de la profesión médica española se encuentra hoy afectada por el síndrome del médico “quemado” o “frustrado” -que en inglés se define como burn out– lo que indudablemente conlleva un riesgo en la atención a los pacientes. Siendo las causas de diversa índole, desde las de tipo social hasta las retributivas pasando por la presión que sobre los médicos ejerce normalmente la organización para la que trabajan.

Añadiremos, volviendo al estudio de Gahndi, que resultó especialmente llamativo el hecho de que el intervalo de tiempo medio entre el momento de los diagnósticos erróneos y de los correctos fue de ¡465 días! Es decir, muchos pacientes tardaron más de un año en recibir el diagnóstico correcto. Y, obviamente, para muchos ya fue tarde…

En síntesis, los principales errores detectados en el proceso de diagnóstico se dieron:

-A la hora de pedir la prueba de diagnóstico apropiada (55%).

-Al hacer el plan de seguimiento (45%). “Casi la mitad de los errores –señalan los autores-involucró un plan de seguimiento inadecuado, un fracaso que se divide uniformemente entre situaciones en las que el médico determinó que ese seguimiento no era necesario y aquéllas en las que la necesidad de un seguimiento estaba reconocida pero el intervalo fue mal seleccionado”.

-Al hacer el historial y al realizar el examen físico (42%).

-Al interpretar las pruebas diagnósticas (37%). “Las estrategias para combatir una mala interpretación de las pruebas –puede leerse en el artículo- podrían incluir, por ejemplo, asignar segundas revisiones de resultados de las pruebas en circunstancias previamente designadas o requerir revisiones rápidas de especialistas cuando los médicos interpretan resultados de pruebas fuera de sus áreas de especialización”.

POCAS SOLUCIONES 

Los factores que contribuyeron a esos errores fueron principalmente, según los autores del estudio, de carácter cognitivo: fallos de valoración (79%), vigilancia o memoria (59%) y conocimiento (48%). “En general, nuestros resultados refuerzan la necesidad de intervenciones que mitiguen el impacto potencial de errores cognoscitivos, reduzcan la confianza en la memoria y fuercen la consideración de planes de diagnóstico alternativo o segundas opiniones proporcionando además sistemas clínicos de apoyo a la decisión”, sostienen los investigadores. Obviamente también intervinieron factores relacionados con los pacientes (46%) como errores en la interpretación de lo recomendado o historias médicas mal confeccionadas.

Los autores reconocen por todo lo dicho en sus conclusiones que la sociedad debe ser consciente de que afronta un problema de difícil solución. “La multifactorial y compleja naturaleza de los errores de diagnóstico –aseveran-sugiere que reducirlos significativamente requerirá de estrategias de prevención de múltiples niveles en el proceso de diagnóstico ya que son múltiples los factores que contribuyen a él. La atención a los 3 puntos vulnerables que nosotros identificamos -decisiones tomadas, interpretación de las pruebas y planificación del seguimiento- son en todo caso un punto de partida útil y promete rendimientos altos, sobre todo en la reducción del número de diagnósticos erróneos de cáncer”.

Para Ghandi y sus colegas es importante que las intervenciones que se adopten para resolver esta situación no tengan carácter voluntario ya que a su juicio los médicos son los primeros en no ser conscientes de estar necesitados de ayuda. Así que proponen que las medidas que se adopten sean obligatorias y estén perfectamente determinadas.

¿Haciendo lo propuesto habría logros significativos a corto o medio plazo? –se preguntan en las conclusiones los autores del estudio-. La respuesta dependerá probablemente de si basta con intervenir sobre los 2 o 3 puntos críticos mencionados para romper la cadena causal o si será precisa una intervención más extensa para evitar los daños. En este sentido nuestros resultados son humildes y subrayan la necesidad de continuar los esfuerzos para desarrollar la ciencia básica de prevención de errores en la medicina pues ésta permanece en su infancia”.
A lo que añadiremos nosotros que en algunos países, como España, la ciencia de la prevención de errores ni siquiera ha nacido.

ERRORES A DIARIO EN LA MEDICACIÓN

Realmente es difícil valorar el impacto en el aspecto humano de los errores cometidos en el ámbito ambulatorio pero no debiera serlo tanto constatar el coste humano y económico de los derivados por el uso de medicamentos. De hecho las cifras van saliendo poco a poco a la luz y cada nuevo estudio revela una realidad más dramática y, sin embargo, evitable. El último dado a conocer es del Instituto de Medicina, entidad creada en 1970 bajo la carta constitucional de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos para “proporcionar consejo independiente, objetivo y basado en la evidencia a los políticos, profesionales de salud y sectores sanitarios privado y público”.

La realidad que ya no se puede seguir obviando es que cuatro de cada cinco adultos estadounidenses toman diariamente medicamentos con receta, genéricos o suplementos dietéticos de algún tipo, casi un tercio toma cinco o más medicamentos diferentes y cuanto más aumenta el consumo mayor es el número de errores y de daños producidos por los medicamentos, especialmente cuando varios médicos prescriben diferentes medicamentos ignorando lo que el paciente ya está tomando.

Esta situación llevó de hecho a los centros del seguro médico Medicare y Medicaid Services a solicitar al mencionado Instituto de Medicina que valorara el impacto de los errores en la medicación y formulara una propuesta nacional para reducirlos. Bueno, pues el informe resultante –Preventing Medication Errors– concluiría que los errores en la medicación dañan ¡a más de millón y medio de norteamericanos al año! si bien no se pudo definir cuántos terminaron muriendo por ello. “Y la estimación de lesiones total es conservadoraafirma el doctor J. Lyle Bootman, Decano de la Facultad de Medicina de Arizona y copresidente del panel del IOM- porque incluye los errores de medicación en hospitales y maternidades así como entre los enfermos ambulatorios del seguro médico del estado pero no los que se cometen en la mayoría de las consultas de los médicos ni los errores de los propios pacientes”.

La realidad es que este nuevo informe se muestra incapaz de cuantificar cuántas personas sufren lesiones graves o mueren por errores en la medicación ya que son sorprendentemente comunes y costosos en todos los ámbitos. “En los hospitales –se afirma en el informe- los errores son comunes en cada paso del proceso de medicacióndecidir el medicamento, prescribirlo, distribuirlo, administrarlo y supervisar su impacto- pero la mayoría ocurre durante las fases de prescripción y administración. Si tenemos en cuenta todos los tipos de errores posibles el paciente de un hospital puede ser víctima, por término medio, de más de un error de medicación al día”.

No olvidemos, por otra parte, que más de millón y medio de errores al año implican un altísimo coste económico. “Estos errores –recoge el informe- son indudablemente costosos -para los pacientes, las familias y las empresas así como para los hospitales, los proveedores de cuidados de salud y las compañías de seguros- pero hay pocas estimaciones fiables sobre ese costo. Según un estudio cada ADE (evento adverso por medicamento) evitable que tuvo lugar en un hospital le costó a éste aproximadamente 8.750 dólares. Por lo que asumiendo que haya 400.000 eventos de ese tipo al año -una estimación conservadora- el coste anual total sería de 3.500 millones de dólares (…) Desgraciadamente estos estudios cubren sólo algunos de los errores por medicación que ocurren cada año en el país y contemplan sólo algunos de sus costes; no tienen en cuenta las pérdida de ganancias, por ejemplo, ni compensación alguna por el dolor y sufrimiento causados. Aunque lo más dramático de estas estadísticas es que gran parte de ese daño es evitable ya que existen numerosas estrategias y técnicas para reducir los errores de medicación”. El doctor Alberto Wu, coautor del informe y profesional dedicado a la seguridad de los pacientes, declararía a la agencia Associated Press al dar a conocer los datos: “Aún estoy sorprendido y asustado de lo común y serio que es este problema”.

El comité de expertos concluyó su informe afirmando que “el estado actual de la situación no es aceptable” e hizo una serie de recomendaciones para prevenir tantos errores en la medicación. Veámoslas.

RECOMENDACIONES

Como decimos, en el informe se mencionan diversas situaciones que hay que afrontar y corregir. Entre ellas la imposibilidad de que los médicos memoricen el uso y las instrucciones de dosificación de los ¡más de 10.000 medicamentos de prescripción y cerca de 300.000 productos genéricos! que hay en el mercado. Y otro tanto cabe decir de las interpretaciones incorrectas y errores a que da lugar la mala letra de muchos médicos cuando escriben a mano sus informes, recomendaciones y recetas. Otro asunto a resolver es la confusión que a veces se genera porque los nombres de muchos medicamentos son parecidos y dan lugar a equivocaciones graves. Y otro no menos grave es el de las confusas instrucciones de uso de algunos medicamentos.

No es ésta una cuestión de médicos y enfermeras –explica el doctor Donald Berwick, director del Institute for Healthcare Improvement-. La seguridad no es automática. Tiene que ser diseñada en el sistema”. Por eso en el informe que en esta ocasión comentamos se destacan las siguientes recomendaciones de aplicación urgente:

-Poner en marcha cuanto antes un sistema de prescripción electrónica que incluya la mejor tecnología para que la miríada de programas de ordenador usados por médicos, hospitales y farmacias sean compatibles. “Una vez la e-prescripción (es decir, la receta informatizada)esté en el sistema -dice el informe-se podrá seguir al paciente desde el hospital, la consulta o la maternidad hasta la farmacia evitando muchos de los errores de información más comunes hoy. A la luz de lo cual el Comité recomienda que el año 2010 todos los prescriptores y farmacias usen ya e-prescripciones”. En la actualidad menos del 20% de las prescripciones médicas en Estados Unidos son electrónicas según Michael Cohen, coautor del informe que comentamos y presidente del Institute for Safe Medication Practices.

Los programas de ordenador pueden unirse además a bancos de datos para que alerten si la dosis prescrita parece alta o reflejar si el paciente está usando otro medicamento con el que puede interactuar peligrosamente.

-Los pacientes -y sus familiares- deben instar a los médicos y farmacéuticos a que les den toda la información posible sobre las medicinas que van a tomar. Todo enfermo debiera tener una lista en la que figuren todos y cada uno de los medicamentos que se le han prescrito, para qué los toma y en qué dosis a fin de poder mostrarla cada vez que acuda a un médico. “Tome las medidas necesarias –recomienda a los pacientes otro de los autores del informe, el doctor Pace Wilsonpara asegurarse de que sabe lo que está consumiendo y si realmente es lo que necesita”.

-Estados Unidos debería invertir unos 100 millones de dólares al año en investigar los errores que se cometen en relación a los medicamentos para saber cómo prevenirlos. Estando entre los estudios más necesarios uno sobre el impacto de las muestras gratuitas de medicamentos porque frecuentemente carecen del prospecto adecuado.

-La FDA –el organismo regulador de los medicamentos en Estados Unidos- debería obligar a las empresas farmacéuticas a mejorar la calidad de la información de los prospectos que acompañan a los medicamentos ya que a menudo es incompleta o están escritos en una jerga confusa para el consumidor.

-El Gobierno debe dotar a la sociedad de medios de atención inmediata a nivel nacional para ayudar a los enfermos que son incapaces de entender la información impresa de los medicamentos debido a su analfabetismo, a las barreras del idioma o a otros problemas. “Se necesita un esfuerzo para mejorar la calidad de la información -y el acceso a ella- de las medicinas que llegan a los consumidores. El Comité recomienda por ello que la FDA, la Biblioteca Nacional de Medicina y otras agencias gubernamentales trabajen para regularizar y mejorar las hojas impresas de información que sobre los medicamentos hay en las farmacias así como en proporcionar mayor y mejor información sobre ellos poniéndola a disposición del público en Internet además de implementar un servicio telefónico nacional de atención 24 horas de rápido y fácil acceso para los consumidores”.

Aunque, por encima de todo, el Comité que ha redactado el informe plantea la necesidad de cambiar cuanto antes el actual papel del paciente: “El primer paso para mejorar la situación es permitir y animar a los pacientes a que asuman un papel más activo en su propio cuidado médico. En el pasado el sistema fue, en general, paternalista y proveía por los pacientes no esperándose que éstos se involucraran en el proceso. Pero una de las maneras más eficaces de reducir los errores en la medicación es acercarse a un modelo en el que haya una relación más estrecha entre pacientes y profesionales de la salud. Los pacientes deben saber más sobre sus medicaciones y deben asumir más responsabilidad para supervisar esas medicaciones, mientras que los proveedores deben tomar las medidas adecuadas para educarlos, consultarlo todo con ellos y escuchar a los pacientes” Como vemos, todo ello perfectamente extrapolable a nuestra realidad.

¡90 MUERTOS AL DÍA POR ERRORES DE TRATAMIENTO!

Obviamente los efectos iatrogénicos de los medicamentos se dan el todo el mundo pero es en Estados Unidos donde hay más datos recogidos para entender en toda su dimensión el problema. Hace unos meses, por ejemplo, informábamos de que ¡un millón doscientos mil británicos al año! son víctimas de incidentes o errores sanitarios, según un informe elaborado por el Comité de Cuentas Públicas de la Cámara de los Comunes. En realidad hay registrados oficialmente unos 940.000 incidentes pero los autores del estudio creen que probablemente haya al menos otros 250.000 errores más no comunicados a las autoridades. Desde la amputación de miembros sanos por equivocación a errores de medicación o interacciones inesperadas de fármacos. Según el presidente del mencionado comité, Edward Leigh, una de cada diez personas que entra en un hospital público es víctima de algún incidente o error médico o sanitario. Reconociendo luego que ignoran cuántas personas mueren anualmente por problemas relacionados con la seguridad y que los hospitales no informan a los pacientes de los errores cometidos ¡en nueve de cada diez casos! Pues bien, ahora se han conocido datos de Italia. Según publicaba el diario italiano La República el pasado 23 de octubre allí mueren ¡90 pacientes al día! por errores médicos y del sistema de salud lo que representa unos ¡32.000 muertos anuales! (cifra que podría ser en realidad de 50.000 según otros estudios). La denuncia la efectuó en Milán la Asociación Italiana de Oncología Médica (AIOM) durante su convención nacional tras barajar diversos estudios realizados al efecto.

Todo esto indica que las muertes debidas a efectos iatrogénicos por diagnósticos y tratamientos erróneos y efectos secundarios de los medicamentos han pasado aconvertirse en el país transalpino ¡en la primera causa de muerte! al superar las cifras de fallecimientos anuales por accidentes de tráfico, cáncer e infartos. Debemos añadir que la mayor parte de las muertes provocadas por errores en Italia se dan en los quirófanos (32%) mientras que por especialidades el mayor número tiene lugar en Ortopedia (16,5 %) seguido de Oncología (13%), Obstetricia (10,8 %) y Cirugía General (10,6%). Otros motivos importantes de muerte son las esperas demasiado largas de enfermos graves y las altas hospitalarias prematuras Además de las pérdidas en vidas semejante cifra de errores representa para la sociedad italiana unos costes anuales de 10.000 millones de euros (12.500 millones de dólares), el 1% del Producto Interior Bruto italiano.

La cruda evidencia de estas cifras hizo que Emilio Bajetta, miembro de la Asociación Italiana de Oncología Médica, tuviera que admitir: “Los errores en los tratamientos son un verdadero problema en Italia”. Por su parte, la ministra de Salud Livia Turco no se atrevió a ratificar tan elevadas cifras precisamente por considerarlas “excesivas” pero reconoció públicamente la gravedad del problema: “Sea lo alto que sea el número –dijo a la prensa-confirma la necesidad de tratar el problema de los errores en los tratamientos”.

Nosotros, en cambio, en nuestra infinita ignorancia -mantenida por todos los integrantes de nuestro sistema- no tenemos al parecer de qué preocuparnos. ¿Errores en España? ¿Muertes a causa de fallos en el sistema o por errores médicos? Basta con no contar, con mirar a otro lado para no ver el problema. Ya sabemos que para los responsables de las administraciones públicas cuando no se habla de un problema éste no existe y si no llega a los ciudadanos éstos no se rebelan. Y si alguno se queja siempre podrán quitarse el asunto de encima diciendo: “Serán gases”.

Helena Santos


Los errores del sistema sanitario son la primera causa de muerte en Estados Unidos

Los datos recogidos en el artículo central de este reportaje sobre la incidencia de los errores sanitarios en Estados Unidos no hacen sino apoyar la tesis del estudio Death by Medicine (Muerte por la Medicina) escrito por Fary Null, Carolyn Dean, Martin Feldman, Debora Rasio yDorothy Smit que se publicó hace ahora algo más de dos años (vea el texto que apareció en el nº 65 de la revista correspondiente a octubre de 2004 entrando en nuestra web:www.dsalud.com) según el cual los tratamientos médicos son ya la primera causa de muerte en Estados Unidos. Según sus datos fallecen más de 780.000 personas cada año a causa de los errores cometidos, entre los que destacan las cirugías innecesarias, los errores de medicación, los efectos iatrogénicos de los fármacos y las infecciones que se cogen en los propios hospitales.

A través de una revisión pormenorizada de investigaciones realizadas en todo el país, diarios médicos y estadísticas gubernamentales los autores llegaron a la conclusión de que “la medicina norteamericana causa más daño que beneficio”. Y datos no les faltan para soportar tan dura afirmación porque resulta que durante el año 2001, sobre una población de 278 millones de personas:

-Fueron hospitalizados sin necesidad 8,9 millones de estadounidenses.

-Cerca de 2,2 millones de enfermos sufrieron reacciones adversas mientras estaban en el hospital a causa de los medicamentos que se les prescribió.

-Se prescribieron numerosos antibióticos sin necesidad. El Dr.Richard Besser -miembro del Centro de Control de Enfermedades (CDC)– situó la cifra de antibióticos innecesarios prescritos para infecciones virales en el año 2003 en ¡varias decenas de millones! Y,

-Se efectuaron 7,5 millones de actos médicos y quirúrgicos innecesarios.

Las cifras, evidentemente, son escandalosas. Pero donde el repaso estadístico resulta ya devastador es en el número total de muertes causadas por el mal funcionamiento del sistema. Y es que por causas iatrogénicas, según se recoge en Death by Medicine, murieron en Estados Unidos en un solo año 783.936 personas. Según la investigación, por las siguientes causas:

-Reacciones adversas a los medicamentos en los hospitales: 106.000
-Reacciones adversas a los medicamentos de carácter extrahospitalario: 199.000
-Úlceras mal tratadas: 115.000.
-Malnutrición: 108.000.
-Errores médicos: 98.000.
-Infecciones: 88.000.
-Procedimientos innecesarios: 37.136.
-Problemas relacionados con la cirugía: 32.000.

Por lo que, a la vista de estos datos, los autores llegan a afirmar: “Es evidente que el sistema médico americano es la causa principal de muerte y lesión en Estados Unidos. En el 2001 la mortalidad anual por enfermedades del corazón fue de 699.697 personas mientras la mortalidad por cáncer alcanzó las 553.251 personas”.

Cabe añadir que el trabajo aporta además la fría cifra del coste que la iatrogenia tiene para el sistema sanitario norteamericano:¡282.000 millones de dólares anuales¡ Los autores hacen también una extrapolación a diez años a partir de las cifras más conservadores de las estadísticas utilizadas -algunos autores emplean en sus trabajos factores de multiplicación que podrían haberlas hecho variar al alza- y aun trabajando con los datos más conservadores el número de fallecidos en una década por errores del sistema de salud será de ¡7,8 millones de personas! Mucho más que la suma total de norteamericanos fallecidos en los conflictos bélicos que ha mantenido Estados Unidos a lo largo de toda su historia.

Las cifras pueden parecerles exageradas a algunas personas pero en realidad sólo reflejan los actos iatrogénicos reportados y se calcula que éstos no llegan al 20% de los acaecidos realmente, según señalan diferentes estudios citados por los propios autores de la investigación.

Es más, los autores de Death by Medicine afirman que su estudio -y, por tanto, sus cifras- no está completo ya que aún deben cuantificar la morbilidad, mortalidad y pérdida financiera consecuencia de otros factores que deberán añadirse a los del actual estudio: exposiciones radiológicas, uso excesivo de antibióticos, medicamentos carcinógenos, uso de la quimioterapia, cirugía innecesaria, terapias insuficientemente probadas y otros. Se hace difícil imaginar la cantidad final de fallecidos una vez contabilizados todos los factores…

Es evidente que cuando las cifras son de tal magnitud hablan por sí mismas. Quizás por ello el capítulo de Conclusiones del estudio es breve y se limita a señalar: “Cuando la causa número uno de muerte en una sociedad es el sistema de protección de la salud entonces tal sistema no tiene excusa alguna para abordar sus propias limitaciones urgentes. Es un sistema fallido que precisa de atención inmediata. Lo que nosotros hemos perfilado en este documento refleja aspectos insoportables de nuestro sistema médico contemporáneo que necesita ser reformado desde sus mismos cimientos”.

Lo más dramático es que esta realidad se vive en silencio en todas partes. Y es que los datos e historias individuales, en tanto afectan a personas desconectadas entre sí y no se registran ni publican, suelen pasar desapercibidas para la gran mayoría de los ciudadanos que no viven tales tragedias en sus carnes.

 

Este reportaje aparece en
89
Diciembre 2006
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