Artrosis: notable eficacia del plasma rico en factores de crecimiento

El laboratorio Biotechnology Institute (BTI) -que dirige el doctor e investigador Eduardo Anitua- y la Unidad de Cirugía Artroscópica de la Clínica USP de Vitoria (Álava) -de la que es director el doctor Mikel Sánchez- han desarrollado una terapia para tratar las enfermedades degenerativas articulares -como la artrosis- que consiste básicamente en infiltrar plasma autólogo rico en factores de crecimiento en la articulación afectada. Mínimamente invasiva, la técnica ha demostrado su eficacia en distintas fases de la enfermedad al punto de que el 65% de los pacientes con artrosis de rodilla ya tratados presentan mejorías significativas en sólo dos meses. Además todo indica que con este tratamiento se podría interrumpir -o al menos retrasar- el avance de la enfermedad, algo que lo convierte en un método único.

Hace ahora un año recogíamos en estas páginas una interesante entrevista con el doctor Eduardo Anitua, médico e investigador vitoriano que ha alcanzado prestigio internacional por ser pionero en el estudio de la aplicación terapéutica de plasma rico en factores de crecimiento (PRGF) 100% autólogo, método que tiene patentado desde 1999. De hecho actualmente el equipo del doctor Anitua –director del laboratorio Biotechnology Institute (BTI), situado en Vitoria (Álava)- es referencia internacional en el mundo de la investigación de la Biomedicina y la Biotecnología y cada año forma a un gran número de profesionales.

Durante aquella entrevista (que el lector no habitual puede leer en nuestra web: www.dsalud.com) el doctor explicaba que los factores de crecimiento son proteínas solubles producidas y secretadas por las células del organismo aunque es en las plaquetas (en concreto, en sus gránulos alfa), en los macrófagos y en el plasma sanguíneo donde están contenidas en mayor proporción y que administrados mediante el plasma permiten tratar con éxito lesiones que hoy son inabordables con otros procedimientos en áreas de la medicina tan dispares como la implantología oral, la medicina deportiva, la cirugía ortopédica, la oftalmología o la medicina estética. Asimismo nos comentaría que el sistema PRGF también despierta un notable interés en las áreas de la traumatología y la reumatología y que se estaban obteniendo ya muy buenos resultados con la infiltración intraarticular en casos de enfermedades articulares degenerativas.

Pues bien, hace unas semanas el propio doctor Anitua y el doctor Mikel Sánchez –director de la Unidad de Cirugía Artroscópica de la Clínica USP de Vitoria (Álava)- daban a conocer, después de años de trabajo conjunto, que la utilización de este plasma podría llegar a interrumpir o, al menos, retrasar la evolución de la artrosis. De hecho, según ambos doctores el 65% de los pacientes con artrosis de rodilla que han tratado con este procedimiento presentan una mejoría general significativa ¡en sólo 2 meses de tratamiento! Se trata pues de un hallazgo terapéuticamente muy interesante teniendo en cuenta que los tratamientos existentes en la actualidad son meramente paliativos y ni curan la enfermedad ni detienen la degeneración. Además la terapia propuesta por Anitua y Sánchez no produce problemas de rechazo o alergia, ni presenta efectos secundarios adversos y se puede aplicar sin problema las veces que sea necesario. Una buenísima noticia para los millones de personas que, sólo en España, sufren en alguna de sus articulaciones los rigores de la artrosis.

¿Y QUÉ ES LA ARTROSIS? 

La artrosis es la más común de las enfermedades articulares degenerativas. Según los expertos el 70% de las personas mayores de setenta años muestra evidencias radiológicas de esta patología en alguna articulación aunque sólo tienen síntomas la mitad de ellas. Síntomas que son, principalmente, dolor, rigidez y deterioro funcional de la articulación. Por tanto no se trata de una enfermedad “grave” –en el sentido de que no amenaza la supervivencia- pero sí especialmente molesta porque disminuye la calidad de vida de la persona. En concreto, según la Organización Mundial de la Salud el 80% de las personas que padecen artrosis tienen limitaciones de movimiento y un 25% incluso está incapacitada para realizar las actividades normales de la vida cotidiana. De hecho se considera a esta dolencia la cuarta causa de incapacidad entre las mujeres y la octava entre los hombres.

Pero, ¿qué es la artrosis? Pues, básicamente, una enfermedad local, a menudo de origen mecánico, que destruye lenta y paulatinamente una articulación. Lo más común es que afecte a rodillas o cadera pero también puede darse en tobillos, muñecas, cuello, articulaciones de los dedos, en la zona lumbar, etc. Primero se destruye el cartílago que recubre los extremos de los huesos que se articulan y luego aparecen cambios progresivos en los propios huesos que han quedado al descubierto (de ahí, por ejemplo, la protuberancia característica de las articulaciones artrósicas). También afecta a los otros tejidos que están dentro de la cápsula articular como la membrana sinovial, los ligamentos, los músculos periarticulares y los tendones.

En cuanto a sus causas se considera que algunos tipos de artrosis pueden ser de origen hereditario pues se ha encontrado una anomalía genética específica que origina un cambio en los aminoácidos de las proteínas lo que, a su vez, ocasiona un deterioro prematuro del cartílago. También se considera que la degeneración del cartílago puede deberse al deterioro propio de la edad y/o a ciertos factores predisponentes o de riesgo como el exceso de peso, la vida sedentaria, las deformidades en el eje mecánico, etc. Asimismo pueden diagnosticarse casos de artrosis entre personas jóvenes. Esta artrosis “joven” suele deberse a traumatismos, fracturas, roturas de ligamentos, meniscos, etc., o bien ser consecuencia de una enfermedad inflamatoria, metabólica, neurológica, etc. Pero independientemente de cuál sea la causa de la degeneración articular los síntomas son siempre los mismos: dolor, rigidez y dificultad progresiva para realizar ciertos movimientos.

Por lo que respecta a los tratamientos, los actuales ni previenen ni curan la enfermedad. Ni siquiera detienen su evolución. Son, pues, meramente paliativos, destinados a tratar los síntomas y, en concreto, el dolor. En fases más avanzadas de la enfermedad se pueden administrar inyecciones intraarticulares de corticoides o de ácido hialurónico para aliviar temporalmente el dolor o lubricar la articulación, respectivamente. Y cuando la situación ya es insostenible se recurre –en los casos en los que es viable- a la sustitución quirúrgica de la articulación por una prótesis con las complicaciones y riesgos que ello implica para el paciente.

Pues bien, como anticipábamos, la propuesta terapéutica de los doctores Anitua y Sánchez se ha demostrado eficaz en las distintas fases o grados evolutivos de la enfermedad de tal forma que no es descabellado pensar que la infiltración intraarticular de plasma rico en factores de crecimiento en la articulación afectada podría detener o, al menos, retardar el progreso de la degeneración.“La infiltración intraarticular con PRGF –afirma el doctor Anitua- constituye un nuevo enfoque mínimamente invasivo para enfermedades articulares con el que pretendemos retrasar el tratamiento definitivo de las artrosis graves que es la sustitución quirúrgica de la articulación por una prótesis. También en pacientes menos graves estamos obteniendo resultados alentadores debidos al efecto condroprotector y restaurador del equilibrio fisiológico que aporta esta nueva terapia. Los resultados de las investigaciones indican que con ella se puede interrumpir o, al menos, retrasar el avance de la enfermedad”.

Veamos, por tanto, en qué consiste esta exitosa terapia, la única que de momento logra ralentizar la enfermedad.

EFICAZ Y SEGURO

Desde hace seis años Eduardo Anitua y Mikel Sánchez han venido realizando investigaciones preclínicas sobre la eficacia terapéutica del PRGF para tratar enfermedades articulares y hasta la fecha han aplicado este método a más de 500 pacientes con muy buenos resultados. Tan buenos que, por ejemplo, han comprobado que el 65% de los pacientes con artrosis de rodilla que han tratado experimentó una mejoría significativa general a los dos meses de iniciarse el tratamiento. Mejoría que se traduce en una disminución considerable del dolor, en una mayor funcionalidad de la articulación y, por tanto, en un aumento de la calidad de vida de la persona. Y bastaron tres infiltraciones de PRGF separadas entre sí por una semana. Obviamente el efecto terapéutico de este tratamiento se ha valorado utilizando herramientas multidimensionales reconocidas y validadas internacionalmente.

“La eficacia clínica del PRGF en la articulación–explica el doctor Sánchez- se puede atribuir a varios factores importantes. Por ejemplo, este plasma produce un efecto anabólico en el metabolismo del cartílago y bloquea su degradación. Además reemplaza el líquido sinovial patológico y actúa sobre los sinoviocitos –responsables de la producción de líquido sinovial que baña por completo la articulación- estimulando la producción de ácido hialurónico y otras moléculas bioactivas, mejorando el ambiente fisiológico en la articulación, actuando como antiinflamatorio y disminuyendo el dolor”.

Es decir, el PRGF consigue mejorar y acelerar la regeneración tisular aportando un conjunto de moléculas bioactivas que potencian y precipitan los procesos naturales de reparación del organismo, en este caso concreto de la articulación afectada. Y es que como nos diría en su día el propio doctor Anitua (remitimos al lector a la entrevista mencionada que publicamos en el número 83 de nuestra revista), “el plasma rico en factores de crecimiento estimula la regeneración de todo tipo de tejidos. De lo que se trata es de imitar y optimizar con PRGF los mecanismos fisiológicos de reparación que se ponen en marcha espontáneamente en todos los tejidos tras una lesión, ya sea causada por un traumatismo, un tratamiento quirúrgico o una enfermedad”.

Para entenderlo mejor cabe recordar en este punto que los factores de crecimiento son proteínas que intervienen en la comunicación celular pues transmiten su información al interaccionar con los receptores situados en la membrana celular. Asimismo actúan simultáneamente en distintos tipos celulares y desencadenan efectos biológicos como la migración celular dirigida, la proliferación y diferenciación celular, la formación de nuevos vasos sanguíneos, etc. Todos ellos acontecimientos fundamentales en la reparación y regeneración de cualquier clase de tejido. “Se ha observado –nos contaba Anitua- que a los cinco días de la aplicación del PRGF hay, dependiendo del tejido, hasta 40 veces más células trabajando en la zona tratada –es decir, reconstruyéndola, cicatrizándola, regenerándola y, en definitiva, curándola- que si se hubiera seguido el protocolo convencional”.

Dicho lo cual debemos añadir que ese plasma tiene otras propiedades específicas que lo convierten en una herramienta terapéuticamente muy interesante. Las recordamos:

-Es 100% autólogo y, por tanto, biocompatible. El organismo lo reconoce como propio y por ello no produce rechazo o alergia. Además no se han constatado efectos secundarios adversos pues lo que se utiliza son las proteínas del propio paciente, es decir, su propia “farmacia” natural. De ahí que el tratamiento con PRGF sea útil para cualquier persona independientemente de su edad o condición.

-Es biodegradable y durante su degradación “in vivo” –es decir, una vez infiltrado o implantado en el tejido que se quiere reparar- libera subproductos o metabolitos naturales que favorecen y potencian los mecanismos de autorreparación de que dispone el organismo. “Esto es –recuerda el doctor Anitua- lo contrario de lo que ocurre con los compuestos sintéticos, cuya degradación origina productos ajenos a la naturaleza del organismo que pueden dar lugar a reacciones inflamatorias que dificultan o incluso inhiben los procesos de regeneración”.

-Es biomimético. Lo cual significa que su interacción con los tejidos receptores mimetiza mecanismos fisiológicos de reparación. Además se puede aplicar repetidamente las veces que sea necesario hasta curar completamente la lesión, herida, quemadura, úlcera, etc. En el caso de la artrosis con solo tres infiltraciones de este plasma se han observado muy buenos resultados.

-Otra característica peculiar del PRGF es su complejidad molecular pues este plasma es un compuesto multimolecular cuyas diversas moléculas van incidiendo en distintas etapas de la reparación.

-Es fácil de obtener. Al extraerse de la propia sangre del paciente su disponibilidad es inmediata e ilimitada.

En suma, si tenemos en cuenta su eficacia la aplicación de PRGF resulta un método mucho más económico que los tratamientos que actualmente se consideran “de elección” para la artrosis. Tratamientos caros y prolongados que en el mejor de los casos sólo palian el dolor y que acaban con muchos pacientes en el quirófano. El sentido común dicta pues que nuestro Ministerio de Sanidad y Consumo debería plantearse la idoneidad de invertir en métodos que resulten más efectivos y menos costosos que los actuales. Y es que a nadie se le escapa que, a medida que aumentan las expectativas de vida de la población, el envejecimiento de la sociedad acarreará un incremento del número de pacientes con artrosis y otras enfermedades articulares degenerativas. Atenderles debidamente supondrá un gasto social y sanitario cada vez más importante. Propuestas eficaces, rápidas, seguras y económicas como la de los doctores Anitua y Sánchez no deberían pues caer en saco roto; máxime cuando es la única que ofrece una esperanza de interrumpir o, al menos retrasar, la progresión de la enfermedad.

L. J.

Recuadro:


La “farmacia” natural de cada paciente

El doctor Eduardo Anitua patentaría a nivel mundial en 1999 un sistema de obtención de una preparación autóloga denominada Plasma Rico en Factores de Crecimiento (PRGF, por sus siglas en inglés). Ese hallazgo en el campo de la Biomedicina se producía como consecuencia de su búsqueda incesante de soluciones médicas que utilizaran los propios recursos del paciente evitando así rechazos o complicaciones inmunitarias. Y, de hecho, a raíz de sus investigaciones se han desarrollado gran número de aplicaciones clínicas en distintas áreas de la Medicina. Por ejemplo, en Cirugía Oral y Maxilofacial se ha logrado acelerar la formación de hueso y el grado de oseointegración de los implantes aumentando el porcentaje de éxito hasta un 99%. En Medicina Deportiva se han desarrollado diversos tratamientos que permiten incluso que tras una lesión muscular se reduzca hasta la mitad el tiempo de recuperación (de ahí algunas reapariciones en tiempo récord de deportistas de élite lesionados de gravedad). En Cirugía Ortopédica se tratan con éxito fracturas que no consolidaban y también se aplica PRGF en reconstrucciones quirúrgicas de tendones y ligamentos. En Medicina Vascular se usa este plasma para el tratamiento de úlceras y en Oftalmología permite en muchos casos evitar la pérdida de la visión (lea nuestro reportaje al respecto en el número 71 de la revista) También se está empleando este método en Medicina Estética y, como vemos, es muy eficaz para tratar enfermedades articulares. Pero lo más esperanzador y sorprendente es que, a pesar de lo ya conseguido, el propio Anitua sigue diciendo que “el plasma rico en factores de crecimiento constituye un arsenal terapéutico aún por explotar”. ¿El límite? El tiempo lo dirá.


El Bio-Bac, eficaz en artrosis

El Bio-Bac, cuya venta está autorizada ya en toda Europa como complemento dietético y que se hizo mundialmente famoso por sus propiedades anticancerígenas y, sobre todo, por elevar las defensas del sistema inmune -incluso en enfermos de Sida- posee también eficacia contrastada en casos de osteoartritris, es decir, de artrosis.

El ensayo fase I que demostró su actividad condroprotectora en Osteoartritis (Artrosis) se hizo experimentalmente induciendo quirúrgicamente en cobayas la enfermedad y la efectuó en España el Centro de Investigación y Desarrollo Aplicado. El ensayo, terminado el 12 de julio de 1993, constataría que los animales tratados con Bio-Bac mostraban unos niveles de afectación notablemente inferiores a los del grupo de control. El trabajo lo firmaron los investigadores N. Basi, A. Arañó, M. I. Zapateroy R. Mollá.

Cuatro años después, en Julio de 1996, se efectuaría la fase II –“Comparativa de la eficacia y tolerabilidad en tres niveles de dosis en el tratamiento de osteoartritis de cadera o rodilla”- en el Hospital Universitario de Gante (Bélgica) y lo realizó el laboratorio Bio-Pharma. El investigador principal sería el doctor G. Verbruggen –médico especialista en Reumatología de la Universidad de Gante- quien contó con la colaboración de los doctoresP. Calderón, D. Rosillón, A. Stockis, S. Goemaere, L. Goethals, L. De Clercq y F. Raeman. El resultado mostró que la intensidad del dolor disminuía notablemente entre los pacientes afectados por artrosis que tomaron Bio-Bac. Con una tolerabilidad entre “buena” y “excelente”.

Ese mismo año, ante los buenos resultados obtenidos, se efectuó un ensayo fase III –“Comparativa de la eficacia y tolerabilidad en el tratamiento de la osteoartritis. Medición de seguridad y tolerancia”- en el Instituto de Reumatología de Tiblisis (Georgia) por Medinserv (compañía estatal de la República de Georgia). El trabajo –concluido en septiembre de 1996- está firmado por los doctores Guram Tsagareishvili y Guram Javakhadze quienes dirigieron un equipo integrado por los investigadoresDuali, Matzaberidze, Gvenisadze, Nakulia, Japaridze, Chabakiani, Kordzaia y Guliasvhili, todos ellos médicos del Hospital Estatal de Georgia. El resultado no dejó lugar a dudas: el producto poseía una tolerabilidad calificada entre “buena” y “excelente” constatándose un claro incremento de la movilidad funcional y una considerable disminución del dolor siendo los datos “estadísticamente significativos”.
Según los estudios realizados, el Bio-Bac –que en los ensayos no aparecía con su nombre comercial sino con el nombre científico de FR-91– es condroprotector y estimula la cantidad y calidad de sinoviocitos en la bolsa sinovial.

 

Este reportaje aparece en
92
Marzo 2007
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