Notable valor terapéutico de la espirulina y la chlorella

La espirulina y la chlorella son organismos microscópicos que desde hace millones de años viven en aguas dulces de clima cálido -se desarrollan en lagos, lagunas y estuarios- y se caracterizan por ser más ricos en proteínas que la carne y contener una amplia gama de grasas saludables, vitaminas y minerales. Antivíricos, antibacterianos y antifúngicos ambos microorganismos poseen numerosas propiedades terapéuticas ya que se ha comprobado en ensayos clínicos sus capacidades antioxidantes, antiinflamatorias, desintoxicantes, antialérgicas, hipotensoras, antilipemiantes, anticolesterolemiantes, hipoglucemiantes, antidiabéticas, antidepresivas, inmunoestimulantes, inmunomoduladoras, antienvejecimiento y antitumorales además de protectoras del hígado y los riñones.

 

ALGAS

A mucha gente le resulta sorprendente pero tanto la espirulina -una cianobacteria- como la chlorella -un alga unicelular del tipo Chlorophyta-, microorganismos muy simples que llevan millones de años poblando las aguas dulces de nuestro planeta y obtienen básicamente su energía de la luz solar tienen un altísimo contenido en proteínas, incluidos todos los aminoácidos esenciales: un 70% en el caso de la espirulina en polvo y un 45% en el de la chlorella en polvo. Más del triple que un filete de vaca y mucho más que cualquier concentrado deshidratado industrial de huevos o leche. Vital dato que echa abajo el mito de que para obtener proteínas es imprescindible ingerir carne.

Y aunque son biológicamente distintos -la espirulina es un microorganismo unicelular procariota (sin núcleo) y la chlorella un alga eucariota (con núcleo)- tienen propiedades similares. Hay en todo caso una diferencia importante: la chlorella tiene una membrana protectora celulósica externa difícil de romper por el sistema digestivo lo que complica la liberación de los nutrientes contenidos en su interior; además también difieren en su hábitat pues ésta puede encontrarse en suelos húmedos e incluso en la corteza de los árboles.

En fin, la verdad es que lo correcto sería hablar de espirulinas en plural ya que el género Arthrospira al que pertenecen incluye unas 40 especies siendo las más frecuentes las A. platensis y A. maxima aunque dada la popularidad del término seguiremos hablando en este texto de espirulina en singular. En cuanto a su nombre se debe a que la mayoría de las especies tienen forma de espiral cuando están vivas pudiendo alcanzar las 16 micras de longitud. Y lo mismo cabe decir de la chlorella si bien las especies más utilizadas para la elaboración de complementos alimentarios son las Chlorella pyrenoidosa y la Chlorella vulgaris que han sido también de hecho las más utilizadas en los centenares de estudios -in vitro, murinos y clínicos- realizados. Comercializándose bien deshidratada en polvo, bien líquida mediante extracción acuosa o hidroalcohólica.

Es más, ambos microorganismos contienen hasta un 8% de lípidos -una cuarta parte de ellos omega-3 (especialmente EPA)- y un alto contenido de vitaminas del grupo B, hierro y manganeso. En el caso de la vitamina B12 por cierto en forma de metilcobalamina y no de cianocobalamina como está presente en los animales. Lo constató en la espirulina un equipo del Central Food Technological Research Institute de Mysore (India) dirigido por el Dr. A. Kumudha en un trabajo publicado en 2010 en Journal of Agricultural and Food Chemistry y en la Chlorella vulgaris el mismo equipo cinco años después -en 2015- en un trabajo aparecido en Food Chemistry. Nada menos que 0,37 miligramos por kilo de peso en seco en la espirulina, cantidad nada despreciable ya que el contenido más alto en animales se encuentra en el hígado vacuno con unos 0,80 miligramos por kilo de carne seca. De lo que se ha inferido que para obtener la vitamina B12 diaria que necesita un ser humano basta ingerir unos 10 gramos al día de espirulina.

Hoy, recogida esporádica en sus hábitats naturales aparte, la casi totalidad de la espirulina que se consume procede de cultivos artificiales; principalmente de Estados Unidos, China, India, Tailandia y, ya en menor medida, de Grecia y Francia. En cuanto a la chlorella se cultiva sobre todo en plantaciones de China, Taiwan, Japón y Corea aunque también se produce en menor cantidad en la India y Alemania.

Cabe añadir que la polémica actual respecto a la pureza y presencia de contaminantes en algunos de esos países es más bien interesada porque lo encontrado está muy por debajo de los valores admitidos para muchas frutas y verduras.

En cuanto a la chlorella es cierto que es menos digerible que la espirulina pero por eso se comercializa tras deshidratarla y molerla varias veces a fin de romper las cápsulas celulósicas que las envuelven así como mediante otros tratamientos patentados. Existe en cualquier caso un tipo de chlorella que se produce en Taiwan usando luz artificial en vez de solar y da lugar a una chlorella de pared celulósica muy fina fácilmente digerible pero no tenemos constancia de que existan estudios que aseguren que eso no ha afectado a su contenido en moléculas farmacológicamente activas.

Terminamos esta introducción explicando que en la literatura aparece a veces el término CGF (chlorella growth factor) para designar los extractos de chlorella obtenidos mediante agua caliente y se trata pues de una expresión comercial que nada tiene que ver con otros factores de crecimiento biológicos.

Son antiinfecciosos e inmunoestimulantes.

Tanto la espirulina como la chlorella son microorganismos antiinfecciosos -viricidas, bactericidas y fungicidas- y además estimulan el sistema inmunitario. Obviamente hay distintos trabajos que lo demuestran pero por razones de espacio vamos a citar solo algunos de los más recientes.

Es el caso del efectuado por un equipo de la Toyama Medical and Pharmaceutical University de Japón dirigido por el Dr. K. Hayashi que en 1996 publicó en Journal of Natural Products un trabajo según el cual un polisacárido de la espirulina -al que denominaron calcium-spirulan- inhibe la replicación de varios tipos de virus; entre ellos el de la gripe A, el herpes simple, el paramixovirus al que se achaca la parotiditis (paperas) y el virus de la familia paramixoviridae al que se achaca el sarampión a pesar de que nunca se ha aislado (léase en nuestra web –www.dsalud.com– el reportaje que con el título Increíble: ¡la existencia del virus del sarampión no está demostrada! apareció en el nº 202).

Un equipo de la Yonsei University de Corea del Sur coordinado por el Dr. J. H. Kwak publicaría por su parte en 2012 en Nutrition Journal un estudio sobre el efecto inmunoestimulante de la chlorella dando durante 2 meses a 23 personas sanas 5 gramos diarios en forma de tabletas y un placebo a otras 28. Pues bien, transcurrido ese tiempo hubo entre los primeros significativos incrementos en sangre de interferón-y, interleuquina 1beta e interleuquina IL-12 así como un aumento de actividad de las células asesinas naturales (NK), dato indicativo de que potencia el sistema inmune.

Ese mismo año un grupo de investigadores de la Universidad de Teherán (Irán) coordinado por el Dr. M. Soltani dio por su parte espirulina a ratones con candidiasis sistémica duplicando ello su supervivencia media respecto de los animales del grupo de control constatando luego tras su muerte que órganos como el hígado y el bazo no estaban afectados por el hongo. El artículo apareció en 2012 en Journal de Mycologie Medicale.

Tres años después -en 2015- un equipo de la Universidad de Ngaoundere (Camerún) coordinado por el doctor M. E. Ngo-Matip publicaría en Nutrition Journal un ensayo clínico aleatorizado con 320 pacientes afectados por el virus HIV-1 a los que se sometió a una dieta controlada y se les dio un suplemento diario de espirulina observándose al cabo de seis meses una significativa reducción de la carga viral y la mejora de sus parámetros sanguíneos demostrando así su capacidad viricida.

Son inmunomoduladores y antialérgicos.

La congestión nasal y otros síntomas propios de la rinitis alérgica mejoran claramente con la ingesta de espirulina. Lo constató un grupo de científicos turcos de la Eskisehir Osmangazi University dirigido por el Dr. C. Cingi tras tratar a un grupo de personas afectadas por este problema. Lo explican en un trabajo que publicaron en 2008 en European Archives of Otorhinolaryngology con el título The effects of spirulina on allergic rhinitis (Efectos de la espirulina en la rinitis alérgica).

Estudio que de alguna forma confirma un ensayo clínico anterior llevado a cabo por un equipo de la University of California at Davis de Sacramento (EEUU) coordinado por el Dr. T. K. Mao según el cual los polisacáridos de la espirulina inhiben la producción de la interleuquina IL-4 permitiendo restablecer el equilibrio Th1/Th2 y modular la reacción inmunitaria exacerbada. Lo explicaron en un trabajo publicado en 2005 en Journal of Medicinal Food.

Tienen acción antiinflamatoria.

La espirulina inhibe asimismo la peroxidación lipídica al aumentar la actividad de las enzimas antioxidantes catalasa y superóxido dismutasa (SOD) a la vez que estimula la producción de anticuerpos y regula la respuesta antiinflamatoria aumentando o disminuyendo la expresión de los genes que la inducen. Siendo al parecer las moléculas más importantes que lo permiten los betacarotenos y la ficocianina. Así lo coligió un numeroso equipo de investigadores de las universidades de Yangtze (China) y Hradec Kralove (República Checa) coordinado por el Dr. Q. Wu según un trabajo publicado en 2016 en Archives of Toxicology con el título The antioxidant, immunomodulatory and anti-inflammatory activities of Spirulina: AN overview (Actividades antioxidantes, antiinflamatorias e inmunomoduladoras de la espirulina: una visión general). Es más, modula las histonas deacetilasas (HDAC) y silencia genes proinflamatorios de los macrófagos según un grupo de investigadores de la Universidad de Connecticut (EEUU) dirigido por el Dr. T. X. Pham.

En 2009 un equipo de la Jiwaji University (India) coordinado por el Dr. N. Kumar ya había publicado en Inflammopharmacology un trabajo según el cual la espirulina reduce la inflamación mejorando el movimiento de las articulaciones; al menos así ocurrió al dar durante 45 días a un grupo de ratones artríticos 0,4 gramos diarios por kilo de peso. Y un año después se constataría que un péptido de la chlorella-11 inhibe la activación de los macrófagos en presencia de lipopolisacáridos bacterianos y es pues antiinflamatorio; lo comprobó -in vitro y en ratones- un equipo de la National Chung Cheng University de Taiwan dirigido por el Dr. J. Y. Cherng cuyo trabajo se publicó en 2010 en International Journal of Immunopathology and Pharmacology.

Son antilipemiantes, anticolesterolemiantes y antiobesidad.

La espirulina reduce en sangre los niveles de triglicéridos, del absurdamente llamado colesterol “malo” (LDL) y del colesterol total y aumenta el nivel de HDL o colesterol “bueno” a la vez que disminuye la hipertensión arterial. Lo constató un equipo de la Universidad Autónoma de México coordinado por el doctor P. V. Torres-Duran tras tratar a 36 pacientes que no cambiaron su dieta habitual pero ingirieron durante 6 semanas cuatro gramos y medio al día de espirulina. El trabajo se publicó en 2007 en Lipids in Health and Disease con el título Antihyperlipemic and antihypertensive effects of Spirulina maxima in an open sample of Mexican population: a preliminary report (Efectos antihiperlipémicos y antihipertensivos de Spirulina maxima en una muestra abierta de población mexicana: informe preliminar).

Unas propiedades que corroboraría un equipo del University Hospital of Heraklion de Creta (Grecia) coordinado por el doctor E. E. Mazokopakis mediante un ensayo en el que participaron 52 pacientes a los que durante 12 semanas se dio un gramo diario de espirulina mientras seguían su dieta habitual constatándose al final una significativa disminución de los niveles de triglicéridos, colesterol total y LDL si bien la presión arterial no mostró en este caso cambios relevantes. El trabajo se publicó en 2014 en Journal of the Science of Food and Agriculture.

Cabe agregar que ya en 2004 un equipo del Fukuoka College of Health Sciences de Japón dirigido por el Dr. S. Hidaka publicó en Phytotherapy Research un trabajo según el cual el extracto de chlorella reduce en sangre el nivel de lípidos y combate la obesidad. Se comprobó con ratas a las que se les extirparon los ovarios para que perdieran masa ósea en la menopausia tras darles el extracto durante 7 semanas. No corrigió en cambio la pérdida de masa ósea.

Poseen acción hipoglucemiante y antidiabética mejorando la resistencia a la insulina.

Un grupo de investigadores del Yakult Central Institute for Microbiologial Research de Tokio (Japón) coordinado por el Dr. S. Shibata dio a ingerir diariamente chlorella durante 11 semanas a un grupo de ratones con diabetes inducida comprobando al final del experimento que habían disminuido en ellos los niveles de colesterol total y hemoglobina glicada (HA1c) y se postergaba el desarrollo de cataratas. El experimento se publicó en 2003 en Journal of Nutritional Science and Vitaminology.

Ocho años después un equipo de la Universidad de Yaounde (Camerún) coordinado por el doctor A. K. Marcel daría durante dos meses 19 gramos diarios de espirulina a 17 personas diagnosticadas como seropositivas –infectadas por el VIH- que mostraban resistencia a la insulina y comprobaron tras ese tiempo que ésta disminuía. El trabajo se publicó en 2011 en Nutrients.

Bajan la tensión arterial.

Que la ingesta de espirulina mejora los perfiles lipídicos y además potencia la síntesis de óxido nítrico relajándose así el endotelio vascular y disminuyendo la presión arterial lo constató por su parte en ratones un equipo de la Universidad Nacional Autónoma de México coordinado por el Dr. M. A. Juárez-Oropeza dándolo a conocer en un trabajo titulado Effects of dietary Spirulina on vascular reactivity (Efectos del consumo de espirulina en la reactividad vascular) que se publicó en 2009 en Journal of Medicinal Food.

El aumento de la flexibilidad arterial lo confirmaría seis años después un equipo de la Ryutsu Keizai University de Japón dirigido por el Dr. T. Otsuki tras dar durante 4 semanas a 32 personas de entre 45 y 75 años bien chlorella, bien un placebo. El trabajo se publicó en 2015 en Journal of Clinical Biochemistry and Nutrition y en él se explica que entre quienes ingirieron la chlorella aumentó el nivel de óxido nítrico plasmático producido por el endotelio vascular.

Cabe agregar que Otsuki había publicado un año antes en la misma revista junto al Dr. S. Umemoto un trabajo titulado Chlorella-derived multicomponent supplementation increases aerobic endurance capacity in young individuals (Suplementos multicompuestos derivados de la chlorella aumentan la capacidad de resistencia aeróbica en personas jóvenes) según el cual la chlorella incrementa la capacidad respiratoria; al menos así acaeció en un grupo de jóvenes de 21 años de media que tomaron dos tabletas diarias durante 4 semanas.

Agregaremos que en 2006 un grupo del Yakult Central Institute for Microbiological Research de Japón dirigido por el Dr. H. Sansawa había realizado una serie de ensayos con ratones hipertensos a los que dio chlorella observando que a las 21 semanas su tensión arterial se reducía y sufrían menor número de accidentes cerebrovasculares. El estudio se publicó en Journal of Nutritional Science and Vitaminology.

Protegen el hígado.

La espirulina puede disminuir la carga vírica de los enfermos de hepatitis C y reducir su nivel de transaminasas hepáticas indicando ello que protege el hígado; al menos así ocurrió en el 20% de los enfermos a los que se dio espirulina durante seis meses según constató un equipo de la Green Clinic and Research Centre de Alejandría (Egipto) coordinado por los doctores M. Yakoot y A. Salem cuyo trabajo se publicó en 2012 en BMC Gastroenterology.

La chlorella reduce por su parte los niveles de triglicéridos, hemoglobina glicada (HA1c) y ácido úrico y disminuye la resistencia a la insulina en personas con hígado graso no alcohólico; lo constató un equipo de la Baqiyatallah University of Medical Sciences de Teherán (Irán) dirigido por el Dr. Y. Panahi mediante un ensayo clínico aleatorizado en el que se dio a personas afectas de este problema 1,2 gramos diarios durante 3 meses. El trabajo se publicó en 2012 en Hepato-gastroenterology.

Además la chlorella -como la espirulina- es también eficaz en la hepatitis C. Lo constató un grupo de investigadores del Northgate Medical Center de Estados Unidos coordinado por los doctores J. Azocar y A. Díaz mediante un trabajo dado a conocer en 2013 en World Journal of Gastroenterology según el cual 15 de los 18 enfermos que tomaron a diario chlorella durante 12 semanas vieron disminuir sus niveles de transaminasas y la carga viral.

Un año después -en 2014- un equipo médico del University Hospital de Heraklion de Creta (Grecia) dirigido por el ya citado E. E. Mazokopakis publicó en Annals of Gastroenterology el trabajo Spirulina supplementation at a high dosage of 6g daily in NAFLD patients has strong and multiple beneficial metabolic effects and improves their health-related quality of life (La suplementación de 6 gramos diarios de espirulina a enfermos de hígado graso no alcohólico produce fuertes y múltiples efectos metabólicos beneficiosos y mejora la calidad de vida) confirmando que la espirulina tiene efectos hepatoprotectores pues tras dar 6 gramos diarios durante 6 meses a 15 pacientes con hígado graso no-alcohólico disminuyeron en ellos los niveles de triglicéridos, colesterol y transaminasas aumentando paralelamente el HDL y la hemoglobina.

Protegen los riñones.

La espirulina estimula la producción de superóxido dismutasa (SOD) y glutation y potencia la síntesis de óxido nítrico lo que se traduce en un destacado efecto protector sobre los riñones. Lo constató en ratones con nefrotoxicidad inducida mediante ensayos un equipo de la Atatürk University de Erzurum (Turquía) coordinado por el Dr. A. Karadeniz cuyo trabajo se publicó en 2008 en Phytotherapy Research.

Son antitumorales.

La espirulina es incluso antitumoral; se ha constatado en ensayos in vitro, murinos e, incluso, uno en humanos; nos referimos a un ensayo clínico aleatorizado publicado en 1995 en Nutrition and Cancer por un grupo de investigadores del Medical College Campus of Kerala (India) dirigido por el Dr. B. Mathew. Ese equipo, tras observar regresiones de cánceres orales en hamsters mediante la mera aplicación tópica de extractos de espirulina decidió administrar un gramo diario durante un año a 77 pacientes con leucoplaquia y las lesiones se redujeron un 45% en los tratados mientras que eso solo ocurrió en el 7% de los que recibieron placebo.

Además la espirulina contiene compuestos tetrapirrólicos -como la ficocianina- de actividad biológica similar a las bilirrubinas -potentes agentes antioxidantes y antiproliferativos- que reducen sustancialmente -in vitro y en ensayos murinos- la proliferación de células cancerosas de páncreas. Lo constató un equipo de la Charles University de Praga (República Checa) dirigido por el Dr. R. Konicková y de ahí que lo sugieran como suplemento en el cáncer de páncreas e incluso en el Síndrome de Gilbert (ictericia benigna). El trabajo se publicó en 2014 en Annals of Hepatology.

Y es que la ficocianina de la espirulina lleva a la apoptosis a las células tumorales mediante un mecanismo que altera sus proteínas mitocondriales; lo constató in vitro un equipo de la Wenzhou Medical University de China coordinado por el Dr. R. Pan según explican en un artículo que publicaron en 2015 en International Journal of Biological Macromolecules.

La chlorella, por su parte, provoca la apoptosis de las células tumorales hepáticas según dio a conocer un equipo del UKM Medical Center de la Universiti Kebangsaan de Malasia dirigido por el doctor E. S. Mohd Azamai en un trabajo publicado en 2009 en Journal of the Zhejiang University. Apoptosis que se produce al inhibir la expresión del gen Bcl-2 y aumentar la del gen CASP8 en las células cancerosas.

Es más, posee efectos antineoplásicos en el cáncer de mama. Lo comprobó un numeroso equipo de investigadores de la Comenius University y otras universidades de Eslovaquia dirigido por el Dr. P. Kubatka mediante ensayos con ratones a los que se dio de media una cantidad de Chlorella pyrenoidosa equivalente al 1,5% de su peso impulsando ello la expresión del gen CASP7 y disminuyendo la expresión de los mecanismos tumorales de angiogénesis lo que provocó la apoptosis del 61% de las células cancerosas. El trabajo se publicó en 2015 en Nutrition.

Cabe añadir que ya en 1990 se publicó en Immunopharmacology and Immunotoxicology una investigación efectuada por un equipo de la University of Tokushima School of Medicine de Japón coordinado por el Dr. K. Tanaka según el cual incluir en la dieta de ratones un 10% de chlorella tanto antes como después de inocularles tejido tumoral aumenta la respuesta anticancerosa de forma significativa.

Ralentizan el envejecimiento.

La espirulina aumenta la concentración en sangre de antioxidantes e interleuquina IL-2 al tiempo que disminuye el colesterol total y la IL-6. Lo constató un equipo de la CJ CheilJedang Corporation de Seúl coordinado por el Dr. H. J. Park cuyo trabajo se publicó en 2008 en Annals of Nutrition & Metabolism en el que se describe un ensayo clínico aleatorizado con 78 coreanos de entre 60 y 87 años a parte de los cuales se dio durante cuatro meses 8 gramos diarios de espirulina y al resto un placebo.

Es más, la espirulina tiene propiedades antienvejecimiento merced a la actividad antioxidante de los fenoles y ficocianinas que contiene y a que al ser un probiótico ayuda a tener un microbioma sano y funcional; a fin de cuentas las espirulinas son cianobacterias. Lo ha constatado un equipo del Centro de Investigación CREA de Roma (Italia) coordinado por el Dr. A. Finamore en un trabajo publicado en enero de 2017 en Oxidative Medicine and Cellular Longevity.

Protegen el ADN.

La chlorella protege del estrés oxidativo y ayuda a la conservación de la telomerasa y la longitud de los telómeros; al menos así afirma haberlo constatado in vitro con células fibroblásticas humanas a las que se añadió una solución acuosa del alga un equipo de la Universiiti Kebangsaan de Malasia dirigido por el Dr. S. Makpol cuyo trabajo apareció en 2009 en African Journal of Traditional , Complementary and Alternative Medicine.

Y podría asimismo ser eficaz en casos de ateroesclerosis, hiperlipidemia e hiperglucemia ya que in vitro inhibe la formación de los productos de glicación avanzada a los que muchos consideran causantes de la mayoría de las patologías degenerativas, diabetes y alzheimer incluidas. Así lo postula un equipo de investigadores de la Kurume University de Japón coordinado por S. Yamagishi, K. Nakamura y H. Inoue en un trabajo publicado en 2005 en Medical Hypothesis.

La espirulina, por su parte, protege al parecer las células madre -especialmente las cerebrales- de los procesos inflamatorios sistémicos; así lo ha inferido al menos un grupo de investigadores de la University of South Florida (EEUU) dirigido por el Dr. A. D. Bachstetter tras suplementar la dieta habitual de ratones con un 0,1% de espirulina y lograr inhibir así el efecto inflamatorio de los lipopolisacáridos sobre células madre del hipocampo; el trabajo se publicó en 2010 en PloS One.

Hasta parece ser útil en caso de anemia pues incrementa los niveles de hemoglobina y leucocitos. Lo comprobó un grupo de la Universidad de California-Davis (EEUU) dirigido por el Dr. C. Selmi mediante un estudio con 40 voluntarios mayores de 50 años con anemia a los que se dio un suplemento de espirulina durante 3 meses; se publicó en 2011 en Cellular & Molecular Immunology.

Otros efectos terapéuticos.

La chlorella parece además ser útil en casos de depresión clínica según un equipo conjunto de la Baqiyatallah University of Medical Sciences de Teherán (Irán) y la University of Western Australia coordinado por el Dr. Y. Panahi tras un ensayo clínico aleatorizado en el que se suministró durante 6 semanas 1,8 gramos diarios de extracto de chlorella a 42 pacientes con esa patología lográndose una significativa disminución de sus índices de depresión en comparación con los 50 pacientes que solo tomaron la medicación habitual. El trabajo de publicó en 2015 en Complementary Therapies in Medicine.

La chlorella reduce asimismo la hipertensión, la anemia, la proteinuria y los edemas durante el embarazo, síntomas de lo que médicamente se denomina preeclampsia; lo constató un equipo de tres médicos japoneses del Saiseikai Nara Hospital dirigido por S. Nakano dando cuenta de ello en un trabajo publicado en 2010 en Plant Foods for Human Nutrition con el título Chlorella pyrenoidosa supplementation reduces the risk of anemia, proteinuria and edema in pregnant women (La suplementación con Chlorella pyrenoidosa reduce el riesgo de anemia, edema y proteinuria en las embarazadas) tras dar a 35 mujeres gestantes 6 gramos diarios de chlorella durante la gestación y otras 35 un placebo.

Terminamos con un llamativo estudio clínico realizado por un equipo de la Kyung Hee University de Corea coordinado por el Dr. S. H. Lee en el que se dio durante 6 semanas a 52 fumadores de entre 20 y 65 años 6,3 gramos diarios de chlorellao un placebo- viéndose que aumentaban en ellos notablemente los niveles de vitaminas C y E así como los de catalasa y superóxido dismutasa (SOD) en los eritrocitos. El trabajo apareció en 2010 en Nutrition.

CONCLUSIONES

 En suma, hay evidencia científica suficiente como para afirmar que tanto la espirulina como la chlorella son útiles como tratamiento -o apoyo de otros- de muy diversas patologías; desde una simple gripe hasta cáncer. La ventaja de la espirulina es que hoy se agrega ya de forma habitual a muchos alimentos dietéticos y orgánicos, incluidos espaguetis y tallarines; hasta en un 2% en algunos casos. Es más, dadas sus numerosas propiedades terapéuticas la ingesta preventiva tanto de espirulina como de chlorella no es desdeñable. Especialmente por las personas mayores dadas sus propiedades antioxidantes y antienvejecimiento, la prevención de la formación de productos de glicación avanzada y su efecto protector de los telómeros; y en el caso de las embarazadas para evitar la preeclampsia.

 

Paula Mirre

Este reportaje aparece en
DSALUD 205
205
Junio 2017
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