El virus zika no fue el único responsable de los casos de microcefalia

El 1 de febrero de 2016 la Organización Mundial de la Salud anunció la posibilidad de una pandemia de casos de microcefalia en recién nacidos que atribuyó a un virus -el zika- transmitido por mosquitos. Una alerta que hizo que en Brasil se fumigaran millones de hectáreas llevando ello a la muerte a millones de abejas y a una brutal contaminación del agua y los alimentos. Pues bien, a finales de ese mismo año las autoridades brasileñas reconocerían que el virus no podía ser -al menos por sí solo- el responsable de tales casos asumiéndose que la causa puede haber estado también en la adicción de larvicidas al agua, en la introducción de mosquitos transgénicos, en la inoculación a embarazadas de las vacunas wP y DTaP y, sobre todo, en el uso de peligrosos herbicidas.

 

ZICA

Zika y microcefalia: causa y efecto. Es lo que aún piensa la gran mayoría de los ciudadanos un año después de que el Comité de Emergencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) –invocando el Reglamento Sanitario Internacional de 2005- decretara una alerta internacional sobre el virus zika como causante de microcefalia -un desarrollo de la cabeza menor de lo normal acompañado de problemas neurológicos- el 1 de febrero del 2016. Y lo cierto es que no es así.

En 2015 un grupo de científicos brasileños analizó un inusual aumento de casos de microcefalia en el noreste de Brasil y acostumbrados a trabajar con enfermedades transmitidas por mosquitos enseguida creyeron encontrar al culpable: un virus transmitido por el mosquito Aedes Aegypti. Más concretamente un flavivirus de la familia Flavivirida bien conocida por ser considerada responsable de enfermedades como la fiebre amarilla, el dengue, la chikunguya o “artritis epidémica chikunguya”, la encefalitis japonesa y la Fiebre del zika. De ahí que el miedo a que pudiera estallar una epidemia de microcefalia en 2016 se extendiese no ya por Brasil sino por todo el mundo tras la alarmista alerta de la OMS. Sin embargo la realidad es que la incidencia de casos de microcefalia nunca fue paralela a la incidencia del zika, el globo se desinfló y la alarma se levantó pero el dedo acusador de la opinión pública siguió apuntando al zika y al mosquito merced a lo cual fluyeron cientos de millones de dólares hacia los fabricantes de vacunas y pesticidas.

Pues bien, en marzo de ese mismo año -2016- nuestra revista publicó un artículo titulado El virus zika y las nuevas mentiras de la OMS elaborado por el Doctor en Bioquímica y Biología Molecular Arthur Blair en el que éste afirmaba: “Los datos y hechos aquí expuestos avalan en definitiva la tesis de que la nueva alarma sanitaria activada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) no se justifica. Para empezar, el virus zika no va a expandirse fuera de las zonas tropicales. Y en el caso de que así fuera solo está constatado que su infección sería leve. En cuanto a la aseveración de que puede provocar microcefalias no se ha probado; ni siquiera por parte de los mosquitos genéticamente modificados. Como no se ha probado que éstos sean capaces de erradicar de una zona a los mosquitos silvestres. Y tampoco se ha probado que una vacuna -la que sea- pueda evitar el contagio por el virus zika o sus efectos adversos; ni siquiera que los palie en caso de contagio. Lo único que sí parece probado es que los casos de microcefalia pueden estarlos provocando los plaguicidas que de forma masiva se están utilizando para matar mosquitos sin que a la población se la esté avisando del peligro. Y eso sí que sería manifiestamente criminal. Como parece estar probado que esta nueva alarma sanitaria internacional va a enriquecer aún más a algunas compañías farmacéuticas a costa de la salud y la vida de millones de personas”

Y el tiempo -una vez más- nos ha dado la razón. A finales de 2016 la revista Nature publicaba unas declaraciones de Fátima Marinho, Directora de Análisis de la Información y la Salud en el Ministerio de Salud de Brasil en las que afirmó: “Sospechamos que algo más que el virus zika está causando la alta intensidad y gravedad de los casos”. Y en el mismo artículo Linda Birnbaum, Directora del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental (NIEHS), señalaba: “El zika fue descubierto en 1947 y hasta el momento no había sido implicado en los defectos de nacimiento. Y las cepas actuales del virus no muestran mutaciones significativas que pudieran haber aumentado su virulencia. Así, ¿por qué ahora?”

La confirmación a todo lo dicho llegaría el pasado 29 de marzo de 2017 al publicar el New England Journal of Medicine el informe Zika Virus Infection and Associated Neurologic Disorders in Brazil (Infección por el virus zika y desórdenes neurológicos asociados en Brasil) elaborado por un equipo de la OMS encabezado por Christopher Dye, Director de Estrategia de la oficina del Director General. “En vista del aparente resurgimiento de la infección por el virus zika a principios de 2016 –se dice en el informe- se previó un nuevo aumento de casos de microcefalia a finales de año. Sin embargo el resurgimiento no se dio, al menos por tres razones posibles. La primera posibilidad es que en 2016 las infecciones que se atribuyeron al zika y se vincularon a un aumento en la incidencia de casos de Síndrome de Guillain Barré y microcefalia las causara un arbovirus que también transmiten los mosquitos Aedes aegypti (…) Una segunda posibilidad es que la infección del virus zika durante el embarazo fuera condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo de microcefalia en recién nacidos; en otras palabras, se requiere la presencia de algún otro cofactor desconocido. Y la tercera posibilidad es que el miedo a las consecuencias adversas de la infección diera lugar a un menor número de concepciones o a un mayor número de interrupciones de embarazos en 2016 (…) Las tres posibilidades no son mutuamente excluyentes y no puede descartarse ninguna con los datos actuales”.

Meses después la propia OMS reconocía que debía haber otros factores; al igual que muchos años después reconocería Luc Montagnier que además de infectarse con el VIH -cuya existencia a nuestro juicio no está demostrada- se precisan otros cofactores para desarrollar SIDA.

LA VACUNA CONTRA LA TOSFERINA COMO COFACTOR

¿Y cuáles son esos cofactores que pueden contribuir a la aparición de casos de microcefalia y Síndrome de Guillain Barré, principalmente en Brasil? Pues es lo que quiso saber el Dr. James Lyons-Weiler, investigador multidisciplinar con amplios conocimientos en cáncer, análisis bioinformático, genética y biología así como fundador de la revista Informatic Cancer y autor de Cures vs. Profits: Successes Translational Research y Environmental and Genetic Causes of Autism (Curas versus beneficios: éxitos en la investigación traslacional de las causas ambientales y genéticas del autismo). Hablamos de un científico que -junto a otros investigadores y médicos-fundó en 2015 el Instituto de Conocimiento Puro y Aplicado (IPAK por sus siglas en inglés), entidad sin ánimo de lucro que desde sus inicios ha constituido un calvario para quienes consideran la ciencia como un evangelio. Y es que el IPAK está diseñado para realizar investigaciones imparciales y aportar opiniones sobre algunos de los temas más importantes y controvertidos en Biomedicina, Psiquiatría y Sociología, incluyendo entre otros el uso inapropiado de medicamentos, el sobrediagnóstico del trastorno de déficit de atención e hiperactividad, el diagnóstico y tratamiento precoz del alzheimer, la detección y diagnóstico temprano de enfermedades emergentes y la investigación de la seguridad de las vacunas.

El caso es que convencido también de que el zika no podía ser la única causa de los casos de microcefalia dirigió una investigación sobre las probables causas de este trastorno neurológico plasmando finalmente sus conclusiones en el documento Areas of Research and Preliminary Evidence on Microcephaly, Guillain-Barré Syndrome and Zika Virus Infection in the Western Hemisphere (Áreas de investigación y evidencia preliminar sobre la microcefalia, el síndrome de Guillain-Barré y la infección por el virus zika en el hemisferio occidental) en cuyos primeros párrafos ya dice: “No se han llevado a cabo estudios cuidadosamente realizados para determinar si el virus zika está asociado con la microcefalia en Brasil y, por tanto, no está demostrado que sea la causa del aumento de casos; en la actualidad sólo se han demostrado asociaciones anecdóticas, temporales y geográficas”. Razón por la que decidieron buscar otras posibles causas o cofactores que lo explicaran. Y los encontraron: las vacunas wP y DTaP que se administran a mujeres embarazadas, mosquitos genéticamente modificados mediante un programa piloto que se puso en marcha en 2012 en esa misma zona de Brasil por la empresa británica Oxitec y un grupo de pesticidas.

De hecho la Asociación Brasileña de Salud Colectiva (ABRASCO) afirma hoy en su Nota técnica sobre la microcefalia y enfermedades relacionadas con el vector Aedes aegypti: los peligros de enfoques con larvicidas y aerosoles químicos que esa patología puede haberla provocado o agravado el envenenamiento medioambiental que provocó la decisión del Ministerio de Salud brasileño de luchar solo contra los mosquitos mediante plaguicidas y larvicidas como el piriproxifeno -larvicida análogo de la hormona juvenil-, el malatión -un peligroso organofosforado- y el glifosato -el herbicida de Monsanto más usado en el mundo a pesar de considerarse probablemente cancerígeno.

“El Ministerio de Salud decidió eliminar mosquitos con tóxicos que afectaron paralelamente a los seres humanos –señala la nota técnica- pero eso no se reconoce: al contrario, se ha ocultado. Es más, los portavoces oficiales repiten afirmaciones falsas como si fueran verdaderas como la de que “las dosis de larvicidas son tan bajas y poco tóxicas que podemos colocarlas en el agua potable sin peligro”. Falta de conocimiento que les lleva también a argumentar que la epidemia es un problema de salud pública que justifica el uso de la fumigación incluso con productos químicos tóxicos tan conocidos como el malatión. Un verdadero sinsentido. Se trata de un plaguicida organofosforado considerado por la propia Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) como potencialmente cancerígeno para los seres humanos. Así que en su intento de eliminar mosquitos muchos humanos sufren graves efectos agudos (morbilidad y mortalidad) padeciendo una muerte lenta, progresiva e invisible que se oculta. Y es que en las enfermedades agudas los daños causados por este tipo de productos se presentan a medio y largo plazo aunque la mayoría se consideren ‘idiopáticas‘, es decir, debidas a causas no definidas o desconocidas”.

Por lo que respecta al posible papel de las vacunas apuntado en el trabajo del IPAK las sospechas recaen sobre la vacuna wP para la tosferina -elaborada con células enteras- y la DTaP -elaborada con fragmentos proteicos en lugar de células que además lleva simultáneamente vacunas para la difteria y el tétanos-. Ambas vacunas existen en Brasil desde antes de 2014 pero la vacunación obligatoria de las embarazadas entró en vigor en diciembre de 2014 utilizando una nueva vacuna producida localmente.

El caso es que los primeros informes de infecciones por el virus zika en Brasil son de mayo de 2015 y en octubre de ese mismo año empezaron ya a aparecer informes de bebés con microcefalia. De ahí que en el informe del IPAK se diga: “Las similitudes observadas son suficientes para justificar un estudio del papel de la vacuna contra la Bordetella pertussis y la vacuna wP como factores causales de microcefalia y otras anomalías del desarrollo. De hecho la vacuna de la tosferina de células enteras se abandonó en el hemisferio Norte porque hubo casos de daños cerebrales”.

Pues bien, hemos logrado que James Lyons-Weiler nos hablara de todo esto.

-Ha pasado un año desde la injustificada alerta de la OMS -otra más- y sabemos que ustedes han concluido la investigación efectuada por el Instituto de Conocimiento Puro y Aplicado (IPAK). ¿Cuáles son las conclusiones? ¿Causó el virus zika los casos de microcefalia detectados en Brasil como aseguró la OMS?

-Por sí solo, no. El aumento de casos de microcefalia en Brasil no puede atribuirse exclusivamente a la infección por el virus zika. Tiene que haber cofactores desconocidos que hayan jugado un papel clave permitiendo que el virus atraviese la barrera placentaria y entre en el cerebro en desarrollo del feto.

-Sabemos que ustedes han investigado varias posibilidades en ese sentido. ¿Cuáles serían las más probables una vez terminada la investigación?

-Hemos identificado posibles cofactores pero no podemos asegurar cuáles han sido realmente. Podría ser la vacuna DTaP a causa de uno de sus coadyuvantes: el polisorbato 80. Pero también podrían ser los pesticidas utilizados para acabar con los mosquitos. Una investigación estadounidense efectuada en Nueva York encontró que el espray que se utiliza allí para combatir la transmisión del zika está, irónicamente, asociado a una mayor incidencia de autismo, trastorno grave del neurodesarrollo. Pero también podría deberse a una coinfección con otro agente infeccioso como el chikungunya o el virus del dengue. Y asimismo podría deberse a un larvicida utilizado para potabilizar agua. E incluso varios de esos factores a la vez. Y lo digo porque se han encontrado rastros del virus zika en el cerebro de un bebé con microcefalia y hemos identificado un mecanismo plausible p ara que éste pueda inducir lesión cerebral. Pero eso no descarta que la vacuna de tosferina de células enteras pueda contribuir a la enfermedad.

El segundo escenario probable es un efecto acumulativo de mutaciones en el gen MTFHR. Y otra posibilidad es una mutación genética.

-¿Por qué cree que la OMS declaró el estado de alarma apuntando sólo en la dirección del virus zika?

-Que el virus zika es transmitido por mosquitos ya se sabía pero cuando la OMS decidió decretar el estado de alerta desconocía otros datos sobre el aumento de casos de microcefalia en Brasil. Como, por ejemplo, que la alarma por los casos de microcefalia comenzó un año después de la puesta en marcha en Brasil de la iniciativa nacional de salud infantil conocida como Programa Stork por el que se decidió vacunar a las embarazadas contra la tosferina y sugerirlas tomar vitaminas prenatales entre las que estaban el ácido fólico. Cuando es probable que haya entre ellas quienes no metabolicen bien debido a mutaciones en el gen MTHFR. Pero lo más probable es que se haya debido a la vacuna contra la tosferina de células enteras que utilizaron las familias más pobres por ser más baratas. Me contó que así pasaba la Dra. Waldely de Oliveria Dias del Instituto Butantan de São Paulo. Y de hecho el mayor número de casos se ha dado en los barrios marginales más pobres. Algo lamentable porque esa vacuna -la wP– se retiró hace tiempo en Estados Unidos al conocerse casos graves de defectos cerebrales entre los bebés de las madres que las usaron. Hoy usan la DTaP

-¿Se sabe por qué?

Que yo sepa nadie ha descrito aún el mecanismo específico por el que esa vacuna da lugar a microcefalia; sin embargo se sabe que los anticuerpos que induce la vacuna pasan al feto a través de la placenta.

 UNA CORTINA DE HUMO

 -Pues el hecho de que una vacuna u un plaguicida pudieran ser cofactores de la aparición de casos de microcefalia es una razón de peso para que quienes las venden, promueven o recetan prefieran desviar la atención sobre los mosquitos…

-Es difícil saber si hay un programa de control sistémico diseñado para minimizar la percepción por el público del riesgo de que ambos productos den lugar a problemas en el neurodesarrollo o en la aparición de problemas neuropsiquiátricos. Lo que sí sé es que nuestra opinión ha sido tenida en cuenta por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, los Centros para el control y prevención de las enfermedades de Estados Unidos y la OMS pero no han expresado públicamente su interés.

Lo que nosotros hemos constatado -y podemos pues decir- es que el mayor número de casos de microcefalia en Brasil parece correlacionarse geográficamente con los lugares en los que se usó la vacuna para la tosferina de células enteras. Y que no aumentó el número de casos en otros países en los que el zika estaba pasando por la fase de transmisión activa y no se usó la vacuna. Surinam, por ejemplo, sólo informó de cuatro casos confirmados, diez probables y tres sospechosos de síndromes congénitos asociados con la infección por el virus zika a pesar de que hay ¡miles de infectados! En Brasil en cambio ha habido decenas de miles de infectados y miles de casos sospechosos de microcefalia asociados. Y son datos de 2016-2017 de la Organización Panamericana de la Salud. Luego algo es -o fue- diferente en Brasil.

Mire, el sistema inmune durante el embarazo pueden alterarlo las vacunas con coadyuvantes. Y decirle a las mujeres que cuanto más vacunas se pongan durante el embarazo más sanos serán sus bebés es falso. Es una desinformación muy peligrosa.

-Sobre la seguridad y eficacia de las vacunas hay una conocida e intensa polémica….

-Es difícil generalizar sobre las vacunas pero en este caso concreto solo hay una manera de saber el efecto real de la vacuna de células enteras contra la tosferina: constatar cuántos casos de microcefalia ha habido entre quienes la utilizaron y las mujeres que no se vacunaron. Lo que no es admisible es que las autoridades sanitarias se limiten a decir que no hay pruebas de que las vacunas puedan jugar un papel cuando no se han hecho estudios al respecto. La falta de pruebas sólo lleva a la ignorancia. Además los efectos negativos de esa vacuna en concreto en el neurodesarrollo de los fetos es bien conocido y por eso en Estados Unidos se retiró; luego, ¿por qué se ha permitido su uso en Brasil? Alguien debería responder.

-Hay quienes alegan que son casos minoritarios y el parámetro riesgo/beneficio la justifican…

-La prevención de la tosferina es una prioridad importante de salud pública… salvo que se determine que puede causar microcefalia; al menos en el actual contexto. Y para eso hay que investigarlo, lo que no se hace. Además, si sólo un subconjunto genético es susceptible de sufrir eventos adversos, ¿es lícito pedirles que asuman un riesgo no compartido por el resto de la sociedad que se beneficia?

En Estados Unidos los fabricantes de vacunas han logrado ¡no ser responsables de los problemas de salud causados por las vacunas! ¡Ni los médicos que las recomiendan! Los estadounidenses tienen que demandar al propio Gobierno para lograr una “compensación” si sufren daños causados por ellas y los tribunales raramente admiten que lo que sufren quienes reclaman sea deba a ellas.

Los gobiernos de todo el mundo deben conseguir que los fabricantes de vacunas sean responsables de los daños causados e insistir en la realización de ensayos clínicos prospectivos aleatorios para aprobar nuevas vacunas, acompañados de programas completos de vacunas que comparen la vacunación con grupos de personas no vacunadas. Es más, es una barbaridad inocular a una persona vacunas múltiples o varias vacunas en un mismo día e, incluso, en una misma semana. Espaciarlas permite al cuerpo intentar deshacerse de los aditivos. No olvidemos que el mercurio y el aluminio que llevan algunas son potentes neurotóxicos.

-Pues la industria farmacéutica y las organizaciones médicas -a las que controla– siguen considerándolas uno de los pilares de la prevención de enfermedades y no causa de las mismas…

¿Es consciente que apuntar a las vacunas aunque sea de forma indirecta supone agitar el avispero del actual debate sobre su utilidad?

-No hay ningún campo de investigación en el que se haya perdido tanto la objetividad como en el de las vacunas. Basta asumir y admitir que tienen riesgos para que te consideren un paria. Parecía inconcebible pero vivimos en una época en el que la coerción, las amenazas y la intimidación se usan sin reparo contra quienes cuestionan la gravedad de los daños que pueden provocar. Y hay dos razones para ello: el lucro -lo explico ampliamente en mi obra Curas vs. Beneficios- y el intento bienintencionado de evitar enfermedades.

Lo absurdo es que al menos podrían desarrollarse programas de detección de factores de riesgo e identificar a las personas genéticamente con más probabilidad de sufrir reacciones adversas graves; como el autismo, el déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y los trastornos autoinmunes, entre otros muchos problemas. La investigación objetiva es hoy tabú.

 …TAMBIEN LOS PESTICIDAS

 -Si piensa así -y muchos investigadores a los que hemos entrevistado están de acuerdo con usted- no va a ser fácil que la OMS tenga en cuenta su trabajo sobre posibles cofactores en los casos de microcefalia…

-Cierto. Representantes de la OMS nos reconocieron en 2016 a mí y a otros investigadores que debía haber efectivamente algún cofactor en el caso de Brasil pero ni han propuesto ni llevado a cabo ninguna investigación. Y eso que la esperada segunda oleada de microcefalia para 2016 ¡no se materializó! ¿Y cómo lo explican? Pues algunos lo atribuyen ahora a que la transmisión primaria fue por el chikungunya y no por el virus zika pero eso no es lo que indican los datos. Algo ha cambiado y no saben qué.

El caso es que el propio Gobierno brasileño advirtió de un grave peligro a la población, pidió públicamente a las mujeres que no se quedaran embarazadas, muchas abortaron a propósito por miedo ¡¡y todo ha quedado en nada!

-Mayor motivo para no se entienda que la OMS haya ignorado completamente su trabajo.

-Parece evidente que la OMS partió del paradigma de que si podía controlarse el dengue combatiendo los mosquitos podía hacer lo mismo en el caso del virus zika. Y no debe estar dispuesta ahora a poner en el punto de mira a las vacunas y los pesticidas.

-¿Y cuál es a su juicio el más peligroso?

-Los glifosatos. Según investigadores como la doctora Stefanie Seneff podrían actuar como sustitutivos de la glicina en las proteínas provocando deficiencias neurológicas entre las que se incluiría el autismo y la microcefalia. De hecho a pesar de que la OMS declaró a principios de 2015 el glifosato como “probablemente cancerígeno para los seres humanos” su uso ha permanecido constante en América del Sur.

Es más, las vacunas producidas localmente también podrían contener glifosato ya que los virus para la vacuna se cultivan en un complejo aminoácido derivado de caseína de vaca. La caseína es una proteína láctea que contiene una cantidad considerable de glicina y si se obtiene de leche de vacas alimentadas con maíz y soja tratados con glifosato éste podría sustituir a la glicina en la caseína durante la expresión de la proteína en el organismo. Así que si la vacuna de células enteras contra la tosferina lleva glifosato puede contribuir a provocar microcefalia. Solo que además esa vacuna contiene aluminio y ese mineral tóxico actúa sinérgicamente con el glifosato. En suma, tanto el glifosato como el glufosinato -un imitador del glutamato cuyo uso está aumentando debido a la aparición de malezas resistentes al glifosato- son buenos candidatos para cofactores. Incluso como factores dado lo extendido que está su uso. El problema es que los posibles mecanismos específicos de acción que pudieran dar lugar microcefalia aún no se han descrito.

-Una última pregunta: ¿cuáles deberían ser a su juicio los pasos a seguir ahora?

-Examinar las posibles interacciones de todo lo antes mencionado. Y estudiar las diferencias -genéticas incluidas- entre los casos de las mujeres cuyos bebés desarrollaron microcefalia relacionada con el zika y los de que quienes se infectaron pero sus bebés no resultaron afectados. Puede parecer complejo pero los estudios convencionales de epidemiología no bastan. Hay que tener en consideración las exposiciones médicas y ambientales así como la genética. Y la OMS tiene fondos suficientes para hacerlo rápidamente. Sería eficaz y muy útil… siempre que se contraten exclusivamente investigadores independientes sin conflictos de intereses con las industrias.

De hecho pienso que debería constituirse un laboratorio internacional realmente independiente que estudie a nivel mundial las enfermedades infecciosas emergentes.

 

Francisco Sanmartín

Este reportaje aparece en
DSALUD 205
205
Junio 2017
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