Ciudadanos propone que los médicos inicien una caza de brujas para combatir a los “herejes”

El pasado 14 de febrero el Vicesecretario General y Portavoz Adjunto del grupo parlamentario de Ciudadanos, José Manuel Villegas, presentó en el Congreso de los Diputados una Proposición no de Ley en la que alegando la necesidad de proteger a las enfermos de las “pseudociencias” propone que los médicos denuncien a aquellos compañeros -y otros profesionales- que ejerzan toda práctica “alejada de la evidencia científica”. Propuesta inaudita propia de los regímenes no democráticos que pretende imponer no ya a los ciudadanos sino a los propios médicos qué es “científico” en su ámbito y qué no y contribuyan a una intolerable caza de brujas de los que no asuman las verdades oficiales establecidas. ¡Y eso lo propone un partido que se autodenomina liberal! Aunque lo más chocante es que la gran mayoría de los tratamientos convencionales no ha demostrado jamás su eficacia y por tanto deberían prohibirse. Lo explicamos en detalle.

 

CIUDADANOS

La Proposición no de Ley del grupo parlamentario de Ciudadanos es la última expresión de la campaña de desprestigio iniciada hace ya más de tres años contra todos quienes –médicos o no- ejercen la Medicina Tradicional y Complementaria (MTC), expresión que usa la Organización Mundial de la Salud (OMS) para referirse a todas las disciplinas y métodos terapéuticos que no se corresponden con la medicina convencional, es decir, con la medicina ortodoxa basada en estudios estadísticos y epidemiológicos que básicamente utiliza tratamientos farmacológicos meramente sintomáticos y paliativos a pesar de lo cual algunos la llaman pomposamente “medicina científica”. Medicinas también llamadas “complementarias” y/o “alternativas” cuya eficacia terapéutica la OMS no solo no pone en duda sino que insta a los gobiernos de todo el mundo a regular e incluir en los sistemas públicos de salud. Algo que puede comprobarse leyendo el extenso informe Estrategia de la OMS sobre Medicina Tradicional 2014-2023 del que dimos amplia cobertura en el reportaje que con el título ¡La OMS insiste en que se regulen las medicinas tradicionales y alternativas! apareció en el nº 170 y puede leerse en nuestra web: www.dsalud.com. Artículo en el que explicamos que el máximo organismo internacional sobre salud distingue entre medicina tradicional y medicinas complementarias definiendo la primera como “la suma total de los conocimientos, capacidades y prácticas basados en las teorías, creencias y experiencias propias de diferentes culturas, sean explicables o no, utilizadas para mantener la salud y prevenir, diagnosticar, mejorar o tratar enfermedades físicas y mentales” y la complementaria o alternativa como “el conjunto de prácticas de atención de salud que no forman parte de la tradición ni de la medicina convencional de un país dado ni están totalmente integradas en el sistema de salud predominante”. Añadiendo: “En algunos países estos términos se utilizan también para referirse a la Medicina Tradicional”.

En ese informe la propia Secretaria General de la OMS, Margaret Chan, reconoce que en el mundo la medicina tradicional o medicina complementaria es bien “el pilar principal de la prestación de servicios de salud”, bien “su complemento” agregando que es “una parte importante y con frecuencia subestimada de la atención de salud que se practica en casi todos los países del mundo y cuya demanda va en aumento”. Añadiendo: “Muchos países reconocen ya la necesidad de elaborar un enfoque coherente e integral sobre la atención de la salud que facilite a los gobiernos, los profesionales sanitarios y muy especialmente a los usuarios de los servicios sanitarios el acceso a la Medicina Tradicional y Complementaria de manera segura, respetuosa, asequible y efectiva”. De ahí que para la Secretaria General de la OMS uno de los tres principales objetivos de la organización para el periodo 2014-2023 sea fomentar la integración de la medicina no convencional en los sistemas nacionales de salud en muchos de los cuales sus posibilidades se subestiman.

El informe recuerda que la OMS ya se planteó para el periodo 2002-2005 cuatro objetivos básicos:

-Integrar la medicina no convencional –disciplinas a las que se refiere con el nombre genérico de Medicina Tradicional y Complementaria (MTC) en los sistemas nacionales de salud desarrollando y aplicando políticas y programas nacionales.

-Promover la seguridad, eficacia y calidad de la medicina no convencional ampliando la base de sus conocimientos y asesorar sobre las normas y la garantía de calidad que debe exigirse en su ejercicio.

-Hacer más disponible y accesible la medicina no convencional a la gente, especialmente a las personas pobres. Y,

-Promover el uso terapéutico racional de la medicina no convencional entre los profesionales y los usuarios.

Algo que el informe de la OMS admite no haber logrado “a pesar de los importantes progresos realizados en la aplicación de esta estrategia en todo el mundo” dando de forma pormenorizada las razones y aseverando que las trabas encontradas son las que ahora se pretenden resolver lo que exigirá que los estados miembros determinen la situación concreta de sus países y luego “desarrollen y apliquen políticas, reglamentos y directrices” que permitan integrar la medicina no convencional en los sistemas públicos de salud. Para lo cual deben reconocerse públicamente sus posibilidades y asegurarse de que se ejerzan con calidad y seguridad reglamentando su formación, servicios y tratamientos además de procurar su rápida inclusión en el sistema sanitario.

En suma, hablamos de disciplinas sobre muchas de las cuales la mayoría de los médicos de nuestro país ni ha oído hablar porque en las facultades de Medicina españolas se ignoran despreciando las recomendaciones de la propia OMS. Y se desprecian alegando que sus tratamientos no están “científicamente constatados” aunque en realidad esa expresión quiere decir que no se han evaluado clínicamente ¡con estadísticas! Porque la llamada “medicina científica” es una disciplina que se basa ante todo en eso, en meras estadísticas; luego su validez es más que discutible. Pero es que además la propia OMS explica en la página 39 de su informe: “Si bien los ensayos clínicos controlados pueden ofrecer numerosas enseñanzas hay otros métodos de evaluación igualmente valiosos. Entre ellos los estudios de sus resultados y eficacia así como la investigación comparativa sobre la eficacia, los patrones de utilización y otros métodos cualitativos. Y es que es posible proponer y aprovechar experimentos en el mundo real con diferentes modelos y métodos de investigación significativos, valiosos y aplicables. El National Institute for Health and Care Excellence y otros agentes destacan de hecho la necesidad de adoptar modelos y métodos de investigación complementarios que den lugar a una amplia base de datos probatoria que permita orientar los procesos nacionales normativos y decisorios” (las negritas y subrayados son nuestros). En suma, no tiene sentido apostar por una sola forma de afrontar la enfermedad… salvo que se tema la comparación.

Margaret Chan recordaría durante la Conferencia Internacional sobre Medicina Tradicional para los Países de Asia Sudoriental celebrada en febrero de 2013 que “para muchos millones de personas los remedios a base de plantas, los tratamientos tradicionales y los practicantes de las medicinas tradicionales representan la principal fuente de atención sanitaria y, a veces, la única. Esta forma de atención está próxima a los hogares y es accesible y asequible. Además es culturalmente aceptada y confían en ellas muchísimas personas. Es más, la asequibilidad de la mayor parte de las medicinas tradicionales las hace más atractivas en el actual contexto de vertiginoso encarecimiento en la atención de la salud y austeridad casi universal. La Medicina Tradicional destaca además como medio para afrontar el incesante aumento de enfermedades crónicas no transmisibles”. Más claro, agua.

Sin embargo el Ministerio de Sanidad español contestó a la propuesta parlamentaria de Ciudadanos recordando simplemente que si bien no existe regulación estatal específica sobre las terapias naturales –ningún Gobierno en España se ha atrevido a hacerlo dada la ascendencia sobre ellos y los partidos políticos de las multinacionales farmacéuticas- los productos homeopáticos tienen en toda Europa la consideración legal de fármacos que solo pueden venderse en farmacias y ser prescritos por médicos convencionales y que las terapias naturistas, la Acupuntura y aquellas otras alternativas que sean eficaces deben asimismo dirigirlas médicos en los centros sanitarios, algo que roza la estupidez porque la mayoría de los médicos –excepción hecha de quienes se han formado por su cuenta- no sabe nada ni de Nutrición, ni de Homeopatía, ni de Fitoterapia, ni de Acupuntura, ni de Medicina Naturista ya que ninguna de tales disciplinas se enseña en las facultades de Medicina. Y sin embargo así lo determina el Real Decreto 1277/2003 de 10 de octubre que establece las bases generales para la apertura de centros, servicios y establecimientos sanitarios (no los no sanitarios). Lo que no dijo es que se trata de disciplinas basadas en enseñanzas no regladas pero legales. De lo contrario no aparecerían en la Clasificación Nacional de Ocupaciones en la que con el código 3331 aparecen “los profesionales de la acupuntura, la naturopatía, la homeopatía, la medicina tradicional china y el ayurveda” y en el 3339 “otros profesionales de las terapias alternativas”.

Asimismo aparecen en el Real Decreto Legislativo 1175/1990 de 28 de septiembre por el que se aprobaron las tarifas e instrucciones del Impuesto de Actividades Económicas; concretamente en la Agrupación 84 –Profesionales relacionados con actividades parasanitarias– y más específicamente en el grupo 481: Naturópatas, acupuntores y otros profesionales parasanitarios.

Aún más: el Ministerio de Sanidad emitió en diciembre de 2011 un informe sobre la situación en España de las terapias no convencionales utilizando para clasificarlas las 5 áreas que definió en su día el National Center for Complementary and Alternative Medicine (NCCAM) de Estados Unidos:

  1. Sistemas integrales o completos: Homeopatía, Medicina Naturista, Naturopatía, Medicina Tradicional China, Acupuntura y Ayurveda.
  2. Prácticas biológicas: Fitoterapia, Terapia Nutricional y Tratamientos con suplementos nutricionales y vitaminas.
  3. Prácticas de manipulación y basadas en el cuerpo (Osteopatía, Quiropraxia, Quiromasaje, Drenaje linfático, Reflexología, Shiatsu, Sotai u Aromaterapia.
  4. Técnicas de la mente y el cuerpo: Yoga, Meditación, Kinesiología, Hipnoterapia, Sofronización, Musicoterapia, Arteterapia y otras.
  5. Técnicas sobre la base de la energía: Qi-Gong o Chi-kung, Reiki, Terapia Floral y Terapia Biomagnética o con campos magnéticos.

LA DEMAGOGIA COMO ARGUMENTO

En fin, en el mundo hay numerosas maneras de afrontar los problemas de salud habiéndose desarrollado disciplinas integrales u holísticas que ayudan al organismo a tener un estado saludable recuperando su homeostasis así como el equilibrio espiritual, mental, emocional y energético con métodos, prácticas y productos naturales inocuos. De ahí que también existan hoy más de centenar y medio de métodos terapéuticos que afrontan la enfermedad de forma parcial actuando sobre aspectos o problemas puntuales de cuya eficacia no duda la OMS pero sí la Organización Médica Colegial (OMC) y Ciudadanos para quienes su principal “peligro” estriba en que pueden hacer abandonar a los pacientes los tratamientos que “sí funcionan” y “están científicamente constatados”. Esto es de hecho lo que sostiene el grupo de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados: “Son numerosas las ocasiones en las que un paciente con enfermedad terminal, en numerosos casos abandona un tratamiento con eficacia clínica probada y evidente probabilidad de éxito en la curación de ésta, por terapias naturales o pseudociencias que no poseen evidencia científica alguna con efectos beneficiosos sobre la salud”.

Y con argumento tan demagógico como falaz es como ese grupo pretende defender su postura y propone obligar por ley a los médicos a convertirse en delatores de todo compañero que practique terapias no bendecidas por la gran industria farmacéutica. Argumentos realmente irracionales. En primer lugar porque las terapias que pretenden desterrar de la vida pública son legales y las avala la propia OMS y otros organismos internacionales. Y en segundo porque, ¿cuántas enfermedades terminales tienen “tratamiento de eficacia clínica probada”. Si se califican de “terminales” es porque los propios médicos convencionales dicen que no hay nada que hacer ya por ese enfermo. Luego, cómo va a haber tratamientos de “eficacia clínica probada” para ellos? Si existieran no se les consideraría enfermos “terminales”. Y si no existen, ¿cómo van a abandonarlos?

Además, ¿de qué presume la autodenominada medicina “científica”? En España mueren mientras son tratadas en los hospitales más de 400.000 personas CADA AÑO; 104.000 de ellas de cáncer. Ahí están las frías cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), varias veces publicadas por esta revista.

 SU USO EN EUROPA

El problema de las mal llamadas medicinas alternativas y complementarias es que a pesar de la insistencia de la OMS, el Consejo de Europa y la Comisión Europea los estados se resisten a regularlas debido a la enorme presión que ejerce la gran industria farmacéutica sobre los gobiernos. Según el Proyecto CAMbrella (http://cordis.europa.eu/result/rcn/57185_en.html) impulsado por la Comisión Europea para conocer la situación legal en la Unión 19 de los 39 países tienen ya legislación general al respecto; 11 de ellos con una ley específica y 8 incluyéndolas sin más en sus leyes sanitarias.

De hecho la Mutualité Socialiste Tournai-Ath de Bélgica reembolsa parcialmente desde 1997 algunos tratamientos complementarios y alternativos, incluidos los medicamentos homeopáticos. Y el Seguro Social de Francia reembolsa a los enfermos los tratamientos de Homeopatía y Acupuntura prestados o prescritos por médicos. Lo mismo que en Finlandia la Acupuntura y otros tratamientos complementarios y alternativos. Y en Alemania. En todo caso fue Suiza el primer país de Europa que las integró directamente en su sistema de salud tras un referéndum celebrado el 17 de mayo de 2009 porque así lo decidió más del 67% de los votantes asumiéndose que tanto la Fitoterapia como la Homeopatía, la Terapia Neural, la Medicina Tradicional China -y por ende la Acupuntura- y la Medicina Antroposófica estuviesen a disposición de los ciudadanos en el sistema público. Y de hecho empezaron a ser sufragadas por el estado desde el 1 de enero de 2012 (lo dimos a conocer de forma amplia en el reportaje que con el título Suiza avala la eficacia de varias medicinas alternativas apareció en el nº 149 y tiene a su disposición en nuestra web: www.dsalud.com). El parlamento portugués aprobó por su parte el 24 de julio de 2013 una ley que regula la práctica de siete terapias no convencionales: la Homeopatía, la Naturopatía, la Medicina Herbal, la Osteopatía, la Quiropráctica, la Medicina Tradicional China y la Acupuntura.

En fin, el intento de la Organización Médica Colegial (OMC) y Ciudadanos de prohibir en España las medicinas complementarias y alternativas no tiene ningún recorrido. Ni social, ni político, ni judicial. El Centro de Información Europeo sobre Medicina Complementaria y Alternativa hizo un informe -lo recoge la OMS en el documento antes citado- según el cual más de 100 millones de europeos ya las utilizan, 20 de ellos regularmente. Es más, quieren que se regulen legalmente, se tenga fácil acceso a ellas, se introduzcan en ambulatorios y hospitales y su ejercicio no se limite a los profesionales sanitarios. Sin duda porque la mayoría de éstos no se ha formado en tales disciplinas y por tanto difícilmente van a poder ejercerlas con seguridad y eficacia.

La propia OMS recoge en su informe un trabajo titulado Complementary and Alternative Medicine Provision in Europe. First Results Approaching Reality in an Unclear Field of Practices (Prestación en Europa de las medicinas complementarias y alternativas: resultados iniciales de aproximación a la realidad de unas prácticas poco conocidas) según el cual en la Unión Europea las ejercen ¡145.000 médicos y 160.000 terapeutas no médicos! Siendo la Acupuntura el método terapéutico más utilizado con 96.380 profesionales de los que unos 80.000 son médicos seguido de la Homeopatía con 50.800 profesionales de los que 45.000 también son médicos.

Es más, el 29 de mayo de 1997 el Parlamento Europeo instó a la Comisión Europea a regular en el seno de la Unión la enseñanza y práctica de las medicinas no convencionales con 18 argumentos. Entre ellos alegando que son numerosos los médicos que las ejercen por considerar que no son excluyentes sino complementarias de la Medicina convencional, que los estados tienen el deber de garantizar la libertad de elección y de proporcionar información a los ciudadanos sobre todas las posibilidades de tratamiento disponibles y que los médicos tienen el deber y el derecho de utilizar en conciencia y según sus conocimientos todos los medios terapéuticos de los que dispongan. Propuesta que apoyó dos años después –en 1999- el Consejo de Europa puntualizando que no tienen por qué ser necesariamente médicos quienes las ejerzan pero sí profesionales cuyos conocimientos se evalúen convenientemente.

En suma, es ciertamente hora de separar el trigo de la paja porque hay terapias y métodos complementarios y alternativos de seguridad y eficacia igualmente discutibles pero incluirlas junto a otras suficientemente avaladas es sencillamente ridículo. Por eso centros prestigiosos de medio mundo ya han incorporado algunas. Entre ellos –imposible mencionarlos todos dados su número- el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York, el M. D. Anderson Cancer Center de Houston, el Columbia University Medical Center de Nueva York, el Moffitt Cancer Center & Research Institute de Tampa, el University College London Hospital de Londres, el Ontario Cancer Institute and Princess Margaret Hospital de Toronto o la Klinik St. George Hospital de Alemania.

Y MENOS ARROGANCIA QUE EN MEDICINA NO HAY TANTA CIENCIA

 Llama pues la atención que los furibundos e irracionales ataques contra disciplinas que ejercen ya en Europa 145.000 médicos provengan de la Organización Médica Colegial (OMC) y más aún que intente descalificarlas considerándolas “pseudoterapias” –alegando que carecen de “base científica”- o “pseudociencias” intentando ningunear a la OMS, al Parlamento Europeo y al Consejo de Europa. Algo grotesco y despreciable porque su afirmación genérica de que no hay trabajos científicos que avalen su seguridad y eficacia es MANIFIESTAMENTE FALSA. Hay miles de estudios y están publicados en conocidas revistas científicas. En cuanto a las que no cuentan con estudios del tipo de los que publican ese tipo de revistas el propio Ministerio de Sanidad español reconoció en un informe de 2011 –apoyándose en lo que dice la OMS en el informe ya comentado- que “la ausencia de demostración de eficacia no debe ser considerada como sinónimo de ineficacia”.

De hecho los resultados de la propia Medicina convencional están hoy en entredicho. Quienes trabajamos en esta revista lo hemos repetido a menudo: no existe fármaco o tratamiento convencional alguno capaz de prevenir o curar una sola patología crónico-degenerativa. Así que, ¿a qué se refieren quienes hablan de “eficacia clínica probada”?

En su día explicamos que el British Medical Journal –revista médica semanal de la Asociación Médica Británica– decidió averiguar la eficacia real de los tratamientos convencionales poniendo en marcha una iniciativa denominada Clinical Evidence (http://clinicalevidence.bmj.com) para responder básicamente a tres cuestiones: cuántos de los tratamientos comúnmente utilizados se apoya en evidencias de peso, cuántos no deberían utilizarse o hacerlo sólo con mucha precaución y cuáles son las principales lagunas del conocimiento médico. Y para responder a esas preguntas analizaron uno a uno ¡2.500 tratamientos médicos convencionales! Terminada la investigación el resultado fue devastador porque resulta que de los

2.500 tratamientos convencionales analizados solo el 13% son claramente beneficiosos, el 23% pueden ser algo beneficiosos, el 8% están entre beneficiosos y dañinos, el 6% es poco probable que sean beneficiosos y el 4% pueden ser ineficaces y/o dañinos. De los supuestos beneficios del 46% restante no se sabía ¡nada! Ni siquiera si son inocuos o peligrosos. Tal es la realidad sobre la eficacia de la Medicina convencional según desveló hace ahora ocho años –en 2009- el propio órgano oficial de la Asociación Médica Británica. Algo que dimos a conocer ya entonces de forma extensa en el reportaje que con el título La eficacia real de la mayor parte de los tratamientos médicos no se ha constatado ¡nunca! apareció en el nº 116 como puede comprobar leyéndolo en nuestra web: www.dsalud.com.

Solo que esos datos fueron luego ampliados y actualizados analizando el British Medical Journal no 2.500 sino 3.000 tratamientos convencionales siendo estos los resultados: solo el 11% son claramente beneficiosos, el 24% pueden ser algo beneficiosos, el 7% están entre beneficiosos y dañinos, el 5% es poco probable que sean beneficiosos y el 3% pueden ser ineficaces y/o dañinos. Del otro 50% no se sabe ¡nada! Compruébelo pinchando en http://clinicalevidence.bmj.com/x/set/static/cms/efficacy-categorisations.html.

Y no es el único trabajo que demuestra que la pomposamente llamada “medicina científica” es cualquier cosa menos una ciencia. Según un estudio de la norteamericana Universidad de Duke publicado en Journal of the American Medical Association (JAMA) las evidencias científicas que justifican los protocolos o guías clínicas que los médicos utilizan por ejemplo para el tratamiento de las enfermedades del corazón –causa número uno de muerte en el mundo- son más bien escasas. Un análisis de 16 guías de práctica clínica (CPGs) –avaladas por el American College of Cardiology (ACC) y la American Heart Association (AHA)- reveló que de las 2.711 recomendaciones para el diagnóstico y tratamiento de diversas formas de enfermedades del corazón ¡sólo el 11%! se basaban en múltiples ensayos clínicos aleatorios, considerado el más alto nivel de pruebas científicas. Es más, casi la mitad se basan en el nivel de pruebas más bajo aceptable: las opiniones de los médicos que redactan las guías de tratamiento o protocolos.

¿Y qué decir de los tratamientos oncológicos? Hace ya doce años -en 2005- se publicó en Clinical Oncology un trabajo titulado The Contribution of Cytotoxic Chemotherapy to 5-year Survival in Adult Malignancies (Contribución de la quimioterapia citotóxica a la supervivencia a 5 años en malignidades de adultos) que pretendía cuantificar el beneficio real de la quimioterapia en el tratamiento de adultos con tipos comunes de cáncer y los autores concluyeron que como mucho contribuye a alargar la supervivencia en un 2.3% en Australia y en un 2,1% en Estados Unidos por lo que coligieron que el beneficio en los demás países desarrollados debía estar en el 2,5% en el mejor de los casos; es decir, siendo optimistas. Su conclusión fue clara: a pesar del uso de nuevas y caras drogas -solas o en combinación para mejorar la tasa de respuesta- el impacto de los nuevos tratamientos ha sido escaso. Pero donde el artículo resultó ya demoledor es a la hora de valorar las frías cifras relacionadas con los cánceres más importantes y mortales porque lo máximo que consiguen los tratamientos quimioterápicos es alargar la vida de 2 a 3 meses. Eso es todo.

Y aún así tan exiguo resultado se discute. De hecho ese mismo año -2005- se publicó en British Journal Cancer el trabajo Ten years of marketing approvals of anticancer drugs in Europe: regulatory policy and guidance documents need to find a balance between different pressures (Diez años de autorizaciones de comercialización de medicamentos contra el cáncer en Europa: las política de regulación y documentos de orientación tienen que encontrar un equilibrio entre las diferentes presiones) según el cual los últimos 14 fármacos para tumores sólidos aprobados entonces por la Agencia Europea de Medicamentos apenas mejoraba de media la supervivencia 1,2 meses respecto a los anteriores.

Y también ese mismo año -2005- el doctor John Ioannidis -investigador especializado en metaanálisis y uno de los expertos más destacados del mundo -ha publicado artículos junto a 1.328 autores diferentes de 538 instituciones de 43 países- publicó en PloS Medicine el artículo Why Most Published Research Findings Are False (¿Por qué la mayoría de los resultados publicados sobre investigación son falsos?) en el que asevera que gran parte de las conclusiones a las que llegan los investigadores biomédicos son exageradas o engañosas cuando no erróneas. Según afirmaría en él el 80% de los estudios no aleatorizados -los más comunes- son erróneos; y lo mismo sucede con el 25% de los ensayos aleatorios supuestamente basados en el “patrón oro” y con el 10% de los grandes ensayos aleatorios basados en el “patrón platino”. Una opinión que desde entonces no ha hecho sino reafirmarse. De hecho el año pasado publicó en PLoS Medicine un trabajo titulado Why Most Clinical Research Is Noto Useful? (Por qué la mayoría de la investigación clínica es inútil?) cuyo título no necesita aclaraciones. ¿Y este es el modelo que la OMC quiere imponer a toda costa a la ciudadanía?

Realmente patético. El conocido médico español Juan Gervás -coordinador de un grupo de investigación y análisis conocido como Equipo CESCA (www.equipocesca.org)- escribió por su parte en Acta Sanitaria un demoledor y significativo trabajo titulado La Medicina como ciencia: menos arrogancia, que tiene poca ciencia en el que aportaba datos del escaso valor de muchos de los estudios que sustentan gran parte de los protocolos utilizados hoy día. Afirmando en él –entre otras muchas cosas- que…

…el 90% de la investigación publicada en medicina es falsa.

…la mayoría de los estudios publicados en revistas científicas es imposible replicarlos.

…el 85% del dinero usado en investigación es puro despilfarro.

…apenas el 11% de los 3.000 protocolos de la medicina convencional han demostrado ser útiles y solo cuando se utilizan correctamente.

…los medicamentos de síntesis causan en la Unión Europea la muerte de 179.000 personas al año.

…las embarazadas, parturientas y madres lactantes están siendo sometidas masivamente a tratamientos y pruebas innecesarias.

…millones de varones se vuelven incontinentes e impotentes a causa de los tratamientos que les mandan los urólogos por atribuirles cánceres de próstata que no tienen.

…millones de mujeres son tratadas por cánceres de mama que en realidad no tienen.

…los psicofármacos llevan cada año a la muerte a más de 500.000 personas. Y,

…la medicina convencional usa pruebas para determinar mutaciones de los genes BRCA cuyas características se niega a revelar.

EL “OBSERVATORIO” DE LA OMC

Pero lo que ya roza el esperpento es el hecho de que la Organización Médica Colegial (OMC) haya constituido un Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias integrado por cinco personas que se autoarrogan el derecho a decidir qué tipo de medicina o terapia es a su juicio científica y cuál no pero que en realidad no han valorado ABSOLUTAMENTE NADA. Se han limitado a hacer una lista de todo aquello que a su parecer pertenece a la medicina no convencional y han decidido que solo por eso son “pseudociencias” o “pseudoterapias”. Incluyendo en ella las medicinas y terapias que la OMS lleva años avalando y pidiendo que se introduzcan en el sistema sanitario de todos los países.

La propuesta es tan patéticamente ridícula que consideran “pseudociencias” o “pseudoterapias” la Medicina Holística, la Naturopatía, la Homeopatía, la Acupuntura, el Ayurveda, la Medicina Antroposófica, la Nutrición Ortomolecular, la Osteopatía, la Terapia Sacrocraneal, la Quiropráctica, la Reflexología, la Auriculomedicina, las Flores de Bach, la Microinmunoterapia, la Gestalt, la Neuralterapia, la Quelación, la Apiterapia, la Aromaterapia, la Ayunoterapia, el Biomagnetismo, el Par Biomagnético, la Bioneuroemoción, la Biopuntura, la Cristaloterapia, la Cromoterapia, la Dianética, la Dieta alcalina, la Dieta Macrobiótica, el EMDR (desensibilización por medio de movimientos oculares), la Helioterapia, la Hidroterapia de Colon, la Hipnoterapia, la Iridología, la Homotoxicología, la Moxibuxtión, la Nueva Medicina Germánica, la Odontología Biológica y Neurofocal, la Oligoterapia, la Urinoterapia, la Ozonoterapia, la Programación Neurolingüística (PNL), el Psicoanálisis, la Psicología Transpersonal, el Reiki, el Shiatsu, la Dieta Gerson, la Radiónica, las “terapias láser”, las constelaciones familiares… y otras muchas menos conocidas de eficacia algo más discutible. Una mezcolanza absurda que demuestra más allá de toda duda el grado de ignorancia de quienes han elaborado la lista. De ahí que ante tamaño dislate quepa preguntarse qué tipo de ignorantes indocumentados integran ese observatorio. Y nos referimos a Emilio José Molina Cazorla -Vicepresidente de la Asociación para proteger al enfermo de terapias pseudocientíficas (APETP) y Vocal de la Red de Prevención del Sectarismo y abuso de la debilidad (RedUNE)-, el Dr. Vicente Baos -miembro de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC) y el Círculo Escéptico-, el Dr. José Ignacio Landa García -miembro del Consejo Asesor del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos-, el Dr. Mariano Casado Blanco -médico forense ex miembro de la Comisión Central de Deontología Médica de la OMC- y el Dr. Jerónimo A. Fernández Torrente -Tesorero del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos y coordinador del grupo. Individuos que dan como referencia de su “trabajo” dos web cuyo rigor y seriedad son nulos: www.apetp.com/index.php/lista-de-terapias-pseudocientificas y http://infopseudociencia.es/fichas. (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo titulado Fundamentalistas científicos contra el pensamiento crítico que apareció en el nº 135).

Es decir, la Organización Médica Colegial (OMC) se ha puesto en manos de tres médicos sin conocimiento y experiencia reconocidas en medicinas complementarias y alternativas -por lo que difícilmente pueden valorarlas- y, lo que es más inexplicable, del vicepresidente de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC) y el Círculo Escéptico -entidades integradas por un grupito de personas que se cree en posesión de la verdad y se autoarrogan la representación de la comunidad científica- así como de un personaje que no es médico pero hace poco creó junto a un grupo de amiguetes las dos organizaciones en las que actúa –APETP y RedUNE- tras afirmar que un hijo suyo murió por negligencia de un naturópata. Lo que denunció ante un juzgado que de inmediato archivó el caso al no apreciar delito después de valorar los hechos y, sobre todo, tras oír a la madre del joven fallecido aseverar que lo narrado por su marido era falso; decisión recurrida de cuyo fallo nos haremos obviamente eco. Es en todo caso inconcebible que la OMC incluya en el Observatorio que debe valorar qué disciplinas y terapias considera “no científicas” a alguien que ¡ni siquiera es médico! e incluso lo sitúe en primer lugar de la lista de miembros del Observatorio que tiene colgada en su web. ¿Puede explicar por qué la OMC?

En fin, es evidente que la Organización Médica Colegial (OMC) ha perdido los papeles. Es más, sus dirigentes -los actuales y los anteriores- deberían ser inmediatamente procesados de oficio. Y la razón es simple: si tuvieran razón y las terapias que denuncian no son eficaces llevarían años permitiendo que cientos de miles de personas -si no millones- hayan sido estafadas y puesto en peligro su salud y sus vidas; siquiera sea por lo mismo que alegan: no haber accedido a las terapias de presunta “eficacia probada”. Y ESO ES UN DELITO GRAVE. Y si no tienen razón -como aseveramos nosotros- están poniendo gratuitamente en duda la ética y profesionalidad de quienes las ejercen -sean médicos o no- y ESO TAMBIÉN ES UN DELITO GRAVE. Estarían  calumniando, injuriando y atentando contra el honor y la imagen personal y profesional de miles de personas. Entre ellos, más de 145.000 médicos como antes hemos explicado.

Es hora, en suma,  de que el Fiscal Anticorrupción y las fuerzas de seguridad del estado actúen.

 

Antonio Muro y Jose Antonio Campoy

Este reportaje aparece en
DSALUD 205
205
Junio 2017
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