Efecto terapéutico y revitalizador de los bosques

Los humanos hemos convivido estrechamente con la naturaleza durante millones de años hasta que hace apenas un siglo buena parte empezó a perder contacto con ella al encerrarse en el cemento de las ciudades por lo que hoy todos aprovechamos cualquier ocasión para irnos a la costa o al «monte»- La inmensa mayoría alegando simplemente que lo «necesita» cuando en realidad hay una razón «terapéutica» científicamente justificada. En el caso del agua de mar se debe a que contiene los 118 elementos de la tabla periódica en su forma orgánica y biodisponible siendo pues un auténtico suero fisiológico natural concentrado capaz de satisfacer las necesidades minerales de las células que aporta además un importante contenido microbiótico. Y ahora empezamos a saber que en el caso de los bosques hay asimismo una razón: liberan en la atmósfera sustancias volátiles y multitud de microorganismos que modulan nuestro microbioma con sorprendentes efectos positivos en los sistemas vitales, especialmente sobre el inmunitario.

BOSQUES

De las propiedades del agua de mar ya se ha hablado extensamente en la revista y no vamos a incidir de nuevo en ello -puede leer los textos en nuestra web: www.dsalud.com– pero sí de las propiedades terapéuticas de los bosques ya que son mucho menos conocidas. Y no hablamos de algo intangible o espiritual como la sensación de equilibrio y paz que uno percibe -cuya importancia no negamos- sino de algo mucho más conciso y material: estar en el bosque ayuda terapéuticamente -física y energéticamente- a todos los seres vivos. Es más, quienes de verdad aman la naturaleza tienen la clara sensación interna de que todos pertenecemos a ella y no estamos «separados», algo que ya postulan religiones y filosofías de toda índole y ha dado lugar incluso a la sacralización de entidades «mágicas». Amor a la naturaleza y pertenencia a ella que el biólogo y entomólogo inglés Edward O. Wilson definió en 1984 como Biofilia (Biophilia en el original inglés) y explicó detalladamente en la obra que publicó en 1993 junto a Stephen R. Keller con el título The Biophilia Hypothesis.

Fue sin embargo el biólogo austriaco Clemens Arvay quien en 2016 publicaría un singular libro –El efecto Biofilia (Urano)- en el que se analiza de forma específica por qué el bosque tiene efectos curativos llegándolo a considerar “el mejor gimnasio del mundo”. Obra en la que explica que los árboles y otras plantas del bosque emiten un enorme número de gases y compuestos volátiles que llegan hasta nuestra piel y pasan junto con el aire que respiramos al interior del organismo diluyéndose en la sangre y alcanzando hasta la última y más lejana célula del cuerpo. Sustancias que ejercen efectos de muy variado tipo: desde la estimulación o regulación de la actividad inmunitaria hasta la modulación de la segregación de hormonas y neurotransmisores.

Una concepción novedosa en Occidente aunque no tanto en Oriente donde existe desde hace tiempo una antigua tradición espiritual japonesa llamada precisamente Shinrin-yoku o «baño del bosque» que practican hoy cerca de cinco millones de personas en 48 centros designados por la Agencia Forestal de Japón. Agrupación actual que promovieron la Dra. Hiroko Ochiai –cirujana del Tokio Medical Center- y su marido Toshiya Ochiai, director hoy de una «sucursal» creada en Estados Unidos -la Asociación de Naturaleza y Baño del Bosque- que integra ya a más de 300 terapeutas entre los que hay médicos, enfermeras y psicoterapeutas.

Cabe añadir que también la administración nacional de bosques de Corea -el Korea Forest Service– elaboró planes para fomentar y facilitar el acceso a los bosques y realizar en ellos actividades recreativas y terapéuticas pasando de los casi 10 millones de visitantes en 2010 a 13 millones en 2017. De hecho se calcula que el 80% de la población coreana adulta visita los bosques al menos una vez al año.

EVIDENCIAS CIENTÍFICAS

El primer trabajo que constató científicamente los efectos de los bosques en el sistema inmunitario lo efectuó un numeroso grupo de investigadores de varias universidades coordinado por el doctor Qing Li -del Nippon Medical School de Tokio (Japón)- y se publicó en 2007 en International Journal of Immunopatholgy and Pharmacology con el título Forest bathing enhances human natural killer activity and expression of anti-cancer proteins (El baño del bosque potencia la actividad de las células NK humanas y la expresión de proteínas anticancerígenas).

Según se explica en él doce varones sanos de entre 37 y 55 años a los que se tomaron muestras en sangre para medir distintos parámetros permanecieron tres días y dos noches en el bosque y tras repetirles la analítica al acabar vieron que había aumentado el número de células inmunitarias NK y la secreción de las enzimas perforina y granulisina (proteasas citotóxicas utilizadas por las células inmunitarias para la destrucción de bacterias patógenas y células tumorales) y las granzimas A y B (proteasas proapoptóticas). En suma, se había estimulado su sistema inmune e incentivado la síntesis de proteínas intracelulares antibióticas y anticancerígenas.

Un año después un equipo similar también coordinado por Qing Li publicaría en la misma revista el trabajo Visiting a forest, but not a city, increases human natural killer activity and expression of anti-cancer proteins (Pasear por el bosque -y no por la ciudad- aumenta la actividad de las células NK y la expresión de proteínas anticancerígenas). Esa vez se analizó a 12 varones adultos de entre 35 y 56 años que pasaron en un bosque el mismo tiempo y tras analizar sangre y orina se detectó en ellos el mismo incremento de células y citoquinas inmunitarias antes descritas y además una significativa reducción de adrenalina en la orina. Los análisis se repetirían a los 7 y 30 días de su retorno del bosque comprobándose que las variaciones inmunitarias se mantuvieron algo más de una semana. Las mismas personas no mostraron variación alguna en sus constantes de sangre y orina tras pasear durante tres días en el entorno urbano de Tokio. Cabe añadir que en este ensayo también se midieron en el bosque los niveles de fitoncidas alfa y beta pineno al considerarse los volátiles que provocan la disminución de cortisol -la hormona del estrés- y lo que estimula al sistema inmunitario.

El experimento lo repetiría el mismo año ese equipo pero esa vez con trece enfermeras sanas de entre 25 y 43 años solo que en ellas se midieron también los niveles séricos de estradiol y progesterona. Publicado el trabajo en 2008 en Journal of Biological Regulators and Homeostatic Agents los resultados de estimulación del sistema inmunitario serían similares a los de los varones atribuyéndose ello igualmente a los fitoncidas emitidos por la arboleda.

Ya en 2009 el mismo equipo publicó en International Journal of Immunopatholgy and Pharmacology el trabajo Effect of phytoncide from trees on human natural killer cell function (Efecto de los fitoncidas sobre la función de las células NK humanas). Se trató de un nuevo ensayo clínico con 12 varones sanos de entre 37 y 60 años que pasaron tres noches en habitaciones de hoteles urbanos en las que se vaporizaron mientras dormían aceites esenciales aromáticos de ciprés hinoki (Chamaecyparis obtusa) ricos en los fitoncidas alfa y beta-pineno. Comparadas las muestras de orina y sangre de antes y después se constató un sustancial incremento del número de células NK así como de la secreción de las enzimas perforina y granulisina y de las proteasas proapoptóticas granzimas A y B junto con una notable disminución del número de linfocitos T así como de la concentración de adrenalina y noradrenalina en la orina. Según los investigadores parece evidente que fue la acción de los fitoncidas del aceite esencial del ciprés sobre las hormonas del estrés lo que provocó la disminución del cortisol y la consecuente estimulación del sistema inmunitario.

Ese mismo año -2009- un grupo de la Universidad de Chiba (Japón) coordinado por B. J. Park finalizó una investigación con 12 estudiantes universitarios con 22 años de edad media a los que se dividió en dos grupos: uno dedicado a pasear 15 minutos en el entorno de una ciudad y el otro en el bosque. Pues bien, según explican en el trabajo que publicaron en Silva Fennica al día siguiente los grupos se invirtieron y pudo comprobarse -tanto en medidas de presión arterial como de variabilidad de la frecuencia cardíaca- los efectos relajantes del paseo por el bosque. Se trata de un estudio muy similar al realizado dos años antes por el mismo B. J. Park pero con otros colaboradores del Forestry and Forest Products Research Institute de Ibaraki (Japón) -se publicó en 2007 en Journal of Physiology and Anthropology- valorando a 12 jóvenes a los que se midió su nivel de cortisol salivar y la actividad cerebral del área prefrontal comprobando que el paseo por el bosque producía en ellos una significativa relajación.

Ya en 2010 el Dr. Park realizaría un estudio más ambicioso junto a otros investigadores de la Universidad de Chiba repitiendo las experiencias con grupos de 12 estudiantes universitarios -en total participaron 280 jóvenes- en 24 bosques japoneses distintos. Medidos sus niveles de cortisol -en saliva-, la presión arterial, el ritmo y la variabilidad cardíaca tras cada prueba se concluyó que los paseos por el bosque promueven una mayor actividad parasimpática. El trabajo se publicó en Environmental Health and Preventing Medicine.

Un equipo del Cardiac and Vascular Center de Seúl (Corea) coordinado por el doctor J. Sung realizaría posteriormente un estudio similar con ancianos hipertensos publicando sus resultados en 2012 en Clinical and Experimental Hypertension con el título The effect of cognitive behavior therapy-based forest therapy program on blood pressure, salivary cortisol level, and quality of life in elderly hyptertensive patients (Efectos de un programa de terapia del bosque basada en la conducta cognitiva sobre la presión arterial, el nivel de cortisol en la saliva y la calidad de vida sobre pacientes hipertensos mayores). Se trató de un estudio clínico en el que 56 ancianos de ambos géneros se dividieron en dos grupos, uno de control y el otro que siguió las pautas habituales del baño del bosque, encontrándose que si bien en los segundos solo se apreció una leve disminución de la hipertensión si se observó en la saliva una notable reducción del cortisol junto con la manifestación de una mejora en la calidad de vida.

En 2014 un equipo del Korea Forest Service de Daejeon dirigido por el doctor J. Lee publicó por su parte en Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine un trabajo sobre 48 adultos que pasearon bien por un entorno urbano, bien por un bosque, comprobando una vez más que éste relaja y hace disminuir la actividad simpática.

Agregaremos que en 2015 un grupo de varias universidades y hospitales de Japón coordinado por la doctora Hiroko Ochiai publicó en International Journal of Environmental Research & Public Health un trabajo titulado Physiological and Psychological Effects of a Forest Therapy Program on Middle-Aged Females (Efectos fisiológicos y psicológicos de un programa de terapia del bosque sobre mujeres maduras) en el que se detalla el seguimiento hecho a 17 japonesas sanas de 62 años de edad media que tras estar en un bosque vieron cómo disminuía tanto su nivel de cortisol como el ritmo cardíaco. Los autores señalan que estas variables fisiológicas corroboran la expresión emocional de las participantes que declararon sentirse más relajadas y más proactivas al final de la experiencia.

Y no solo se han demostrado efectos sobre el temperamento y estado psíquico sino también en relación a conductas adictivas. Un ejemplo es el estudio de un equipo de la Chungbuk National University de Corea dirigido por Won Sop Shin sobre 531 pacientes de 40 años de edad media que sufrían alcoholismo crónico y depresión a los que se dividió en varios grupos para someterles a distintas terapias y de los cuales 47 realizaron tres sesiones de «baño del bosque» con una sensible mejora de su recuperación. El trabajo y sus resultados aparecieron en 2012 en Environmental Health and Prevention Medicine.

Además hay estudios semejantes realizados por investigadores japoneses y coreanos con similares resultados y conclusiones. Ahora bien, ¿se conocen las sustancias que emiten los árboles y plantas del bosque que dan lugar a estos resultados? ¿Y sobre qué sistemas actúan? Veámoslo más despacio.

¿QUÉ SON LOS FITONCIDAS?

Los fitoncidas antes mencionados son compuestos orgánicos volátiles sintetizados por los vegetales que éstos suelen emitir en situaciones de estrés; por ejemplo al ser atacados por depredadores o bien sufrir condiciones climáticas adversas. El término fue acuñado en 1928 por el biólogo ruso de la Universidad de Leningrado Boris P. Tokin (1900-1984) habiéndose encontrado desde entonces unas 5.000 de acción biocida sobre todo tipo de insectos, bacterias y microorganismos pero también como defensa frente a los animales herbívoros. Y no precisamente en pequeñas cantidades: en un día de verano una hectárea de bosque caducifolio libera unos dos kilos de fitoncidas, un pinar cinco y un bosque de enebros 30. Estimándose hoy que un bosque libera al día unos 50 miligramos de compuestos volátiles por metro cúbico. Es más, hay árboles que además de emitir fitoncidas absorben sustancias perjudiciales para la salud; es el caso de los arces. Además los fitoncidas están igualmente presentes en los aceites esenciales y ello avala la gratuitamente criticada eficacia terapéutica de la Aromaterapia… siempre que se trate de aceites naturales y no sintéticos. Y si lo duda sepa que hay estudios científicos sobre ello.

Un grupo de la Chulalaongkorn University de Bangkok (Tailandia) encabezado por el doctor W. Sayorwan investigó por su parte efectos similares producidos por el aceite esencial de lavanda. En el experimento participaron 20 voluntarios sanos que fueron sometidos a una atmósfera rica en extracto de lavanda comparándolo con otro con el que se usó aceite de almendra midiéndoseles a todos antes y después la presión arterial y el ritmo cardíaco y respiratorio así como la temperatura además de rellenar un cuestionario sobre su estado de confort y relajación. Asimismo se les hicieron electroencefalogramas. El estudio se publicó en 2012 en Journal of the Medical Association of Thailand con el título The effects of lavender oil inhalation on emotional states, autonomic nervous system, and brain electrical activity (Efectos de la inhalación de aceite esencial de lavanda sobre los estados emocionales, el sistema nervioso autónomo y la actividad eléctrica cerebral) y según el mismo la lavanda disminuyó la presión sanguínea, el ritmo cardíaco y la temperatura basal propiciando además una clara sensación de relajación. E incrementó la intensidad de las actividades cerebrales theta (4-8 hercios) y alfa (8-13 hercios).

Dos años después -en 2014- un grupo de investigadores de la Chiba University (Japón) dirigido por M. Igarashi publicó en Complementary Therapies in Medicine un estudio similar en el que se testaron los efectos en la corteza prefrontal de 30 estudiantes universitarias de 22 años de edad media de aceites esenciales de rosa y naranja constatando tanto a nivel psicológico como fisiológico que también tienen efecto relajante.

Posteriormente otro grupo de la misma universidad pero coordinado por el doctor Harumi Ikei evaluó los efectos de la estimulación olfatoria durante apenas 90 segundos del ciprés hinoki (Chamaecyparis obtusa) en 13 jóvenes estudiantes con una edad media de 21 años determinando que disminuía al nivel de oxihemoglobina (oxy-Hb) en el córtex prefrontal -se valoró mediante espectrografía de infrarrojos cercano-, reducía el ritmo cardíaco -se constató con electrocardiografías- y se incrementaba la actividad parasimpática relajando a los participantes. El estudio se publicó en 2015 en Journal of Physiological Anthropology

EFECTOS NEUROLÓGICOS

Existen incluso trabajos científicos que demuestran los efectos beneficiosos de algunos aceites esenciales en los enfermos de alzheimer así como en personas con depresión por su efecto promotor del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) en las neuronas cerebrales. Así ocurrió por ejemplo cuando un equipo de la Universidad de Toyama (Japón) dirigido por el doctor Jun-ya Ueda sometió a un grupo de ratones a la fragancia del extracto de madera de aquilaria (Aquilaria sinensis).

Y es un simple caso entre muchos otros; de hecho las doctoras de la Universidad de Viena (Austria) Clara Dobetsberger y G. Buchbauer realizaron una revisión crítica de todo lo publicado en revistas científicas entre 2008 y 2010 sobre la acción de los aceites esenciales en el sistema nervioso humano y según contaron en 2011 en un artículo publicado en Flavour and Fragance Journal algunos poseen indudables efectos analgésicos y relajantes (anti-estrés) induciendo incluso al sueño. Comprobando su eficacia en personas afectas de epilepsia y trastornos cognitivos, alzheimer incluido.

En 2012 un grupo del University Center of Samaria de Israel coordinado por A. Moussaieff demostraría por su lado que cuando los ratones huelen incienso de Boswellia serrata disminuye el número de corticoesteroides causantes de estrés y aumenta la secreción del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) en sus neuronas.

Dos años más tarde -en 2014- un equipo de la Jeju National University encabezado por el doctor J. J. Wu publicaría en Complementary Therapies in Medicine un ensayo clínico aleatorizado en el que participaron 25 madres estresadas por la conducta de sus hijos hiperactivos a las que dos veces a la semana durante un mes se les dio 40 minutos de masajes con aceites esenciales constatándose una clara mejoría de sus estados de ánimo que se valoró con evaluaciones psíquicas y se corroboró con electroencefalogramas y una clara disminución del cortisol salivar junto a un significativo aumento del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF).

Agregaremos que un grupo de investigadores de la Chinese Academy of Medical Sciences coordinado por el doctor Pan Xu efectuó una serie de ensayos con ratones a los que se provocó un déficit cognitivo comprobando que hacerles inhalar aceite esencial de lavanda -que tiene linalol como componente activo- protegía sus neuronas. Según explican en el trabajo -publicado en 2017 en Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine- el linalol protege del daño oxidativo al aumentar los niveles de glutation y superóxido dismutasa (SOD) ayudando ello al mantenimiento de la plasticidad de las sinapsis y elevar los niveles de secreción del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) y de la aceticolinesterasa.

ACEITES ESENCIALES ANTITUMORALES

Y por si lo dicho no fuera suficientemente llamativo diremos que un grupo de investigadores de la Université de Québec à Chicoutimi (Canadá) coordinado por M. Sylvestre constató in vitro que el aceite esencial del mirto de Bravante (Myrica gale) posee in vitro propiedades antitumorales en al menos células cancerosas de pulmón y colon; su trabajo se publicó en 2005 en Phytomedicine. Y un año más tarde un grupo de la Chang Mai University de Tailanda dirigido por J. Manosroi que se logra eso mismo con 16 aceites esenciales distintos, entre ellos los de Citrus citratus, Lavandula angustifolia, Ocimum basilicum y Menta spicata; detienen in vitro el crecimiento y proliferación de varias líneas de células tumorales. El estudio apareció en 2006 en Cancer Letters.

En 2008 un equipo de la Université Abdelmalk Essâadi de Tetuán (Marruecos) coordinado por F. Bakkali -del Instituto Curie de Paris- publicaría en Food and Chemical Toxicology un resumen actualizado sobre los mecanismos bioquímicos que explican la acción terapéutica de los aceites esenciales en el que se corrobora que sus sustancias volátiles penetran hasta el interior de las células eucariotas afectando así a distintos organelos e incluso a las mitocondrias. Según explican la actividad antibiótica o biocida de sus terpenos y terpenoides se debe a que merced a su acción lipolítica destruye o daña las membranas celulares de virus e insectos. La gran mayoría de los ácidos esenciales volátiles son pro-oxidantes y llegan a afectar hasta la respiración mitocondrial. Actividad citotóxica, por cierto, que explica su acción antitumoral.

Añadiendo un grupo integrado por investigadores de varias universidades francesas coordinado por Bagora Bayala -de la Universidad de Ouagadougou de Burkina Faso- que el efecto pro-oxidativo de los terpenos promueve la apoptosis de las mitocondrias que no son capaces de reparar los daños en el ADN de sus genes impidiendo así la generación de células defectuosas y, eventualmente, tumorales. Lo explicaron en 2014 en American Journal of Cancer Research exponiendo varios ejemplos de los efectos antiproliferativos de los volátiles terpenoides sobre distintos tipos de masas tumorales.

EFECTOS TERAPÉUTICOS DE LOS TERPENOS

Aunque se calcula que existen unos 40.000 terpenos naturales que pueden ser absorbidos por la piel, la boca, el sistema digestivo y los pulmones los más estudiados por sus numerosos efectos terapéuticos son cuatro: el isopreno, el alfa y beta pineno, el d-limoneno y el cineol.

El isopreno es producido por el cuerpo humano a un ritmo aproximado de 20 miligramos diarios, cifra muy inferior a la producida por un árbol que en un día de verano puede alcanzar esa cantidad en una hora. Y si bien no se sabe a ciencia cierta qué papel desempeña en nuestro organismo -se sabe solo que es un gas con propiedades antioxidantes derivado del metabolismo de los lípidos- es posible que tenga importantes propiedades biológicas teniendo en cuenta que los árboles aumentan su producción y emisión cuando sufren cualquier tipo de estrés, tanto de origen climático (excesivo calor, sequedad, etc.) como biológico (insectos, depredadores, etc.).

Los alfa y beta pineno son por su parte terpenos isómeros integrantes de la mayor parte de los aceites esenciales volátiles de las coníferas aunque también abundan en los del romero, la salvia y el cannabis. Y aun a las bajas proporciones que caracterizan sus emisiones por los pinos del bosque tienen un rápido efecto broncodilatador junto con una acción antiinflamatoria por vía de la inhibición de las prostaglandinas inflamatorias PGE-1. Siendo destacable también su efecto antibiótico sobre muchas bacterias patógenas. Según un grupo del Shizuoka Cancer Research Center de Japón dirigido por Masatoshi Kusuhara si se somete a ratones con melanoma a una atmósfera con fragancia de alfa pineno se observa una reducción de hasta un 40% del volumen del tumor. Sin embargo, según explicaron en 2012 en Biomedical Research, no tiene efecto alguno in vitro sobre las células tumorales por lo que deducen que su acción anticancerígena se produce posiblemente a través de la cascada hormonal hipotálamo-adrenal.

El d-limoneno es también un terpeno de conocidas propiedades insecticidas presente en muchísimas plantas que lo emplean como defensa frente a sus depredadores cuyas propiedades ya fueron dadas a conocer ampliamente en el artículo Virtudes terapéuticas del limón aparecido en el nº 164 -correspondiente a octubre de 2013- que puede leerse en nuestra web: www.dsalud.com. Recordaremos pues solo que posee efectos anticancerígenos, antiinflamatorios, antibióticos, antifúngicos e hipotensivos y además disuelve los cálculos de colesterol de la vesícula y relaja el sistema nervioso.

En cuanto al cineol -aceite de eucaliptol- hay muchos estudios que demuestran sus efectos terapéuticos. Es el caso del publicado en 2016 en Advances in Experimental Medicine and Biology por los doctores de la Korea University de Seúl G. H. Seol y K. Y. Kim con el título Eucalyptol and Its Role in Chronic Diseases (El eucaliptol y su papel en las enfermedades crónicas). En él se analiza su acción frente a los problemas cardiovasculares, las enfermedades respiratorias crónicas y los problemas neurológicos, propiedades terapéuticas derivadas de sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios. Según el trabajo citado varios ensayos -in vitro y clínicos- han demostrado los efectos inhibidores del cineol sobre varias citoquinas proinflamatorias; como los factores NF-kB, TNF-alfa y varias interleuquinas.

LOS MICROORGANISMOS DEL BOSQUE Y LA BIODIVERSIDAD

Y los aceites esenciales volátiles no son los únicos compuestos emitidos por los árboles. De hecho emiten moléculas de hidrocarburos, alcoholes y varios ácidos orgánicos -como formatos, lactatos, acetatos y sucinatos- si bien el más dominante es el ácido oxálico. Sustancias distintas que en un bosque frondoso pueden alcanzar concentraciones de hasta 1 gramo por metro cúbico. Y a tales moléculas hay que sumar numerosos microorganismos. ¡Del orden de 100.000 bacterias y esporas de hongos por metro cúbico de aire!

Algo importante porque según un equipo del Bard College de Nueva York coordinado por F. Keesing -su trabajo se publicó en 2006 en Ecology Letters– hay una relación inversa entre la diversidad del medio y el riesgo de contraer enfermedades; y no solo las infecciosas sino también las de origen autoinmune. Luego a menor diversidad biológica, mayor riesgo de enfermedad. Algo ampliamente demostrado en el reino vegetal donde los monocultivos favorecen la expansión y virulencia de las plagas no habiendo mejor plaguicida que la rotación de cultivos y la alternancia espacial de distintas especies de plantas. Y lo mismo cabe decir de las explotaciones ganaderas intensivas en las que se concentra una única especie que se alimenta con dos o tres tipos de alimentos estandarizados.

El bosque natural -no el de las plantaciones forestales con fines de explotación maderera o papelera- es de por si heterogéneo y a ello hay que sumar las variedades de plantas del sotobosque y la extremada diversidad de microbioma edáfico.

Un equipo de la Universidad de Helsinki (Finlandia) dirigido por el doctor I. Hanski publicó en 2012 en Proceedings of the National Academy of Sciences USA un interesante trabajo titulado Environmental biodiversity, human microbiota, and allergy are interrelated (Interrelación entre la biodiversidad ambiental, la microbiota humana y las alergias) en el que se expone la tesis de que el incremento exponencial de las enfermedades alérgicas e inflamatorias crónicas en los países más industrializados podría estar relacionado con la disminución del contacto de los humanos con la biodiversidad de la naturaleza. Aislamiento del entorno natural que afectaría principalmente al microbioma residente tanto en el sistema digestivo como en la piel y provocaría un desequilibrio en el sistema inmunológico humano. Para demostrarlo compararon los casos de adolescentes alérgicos con otros sanos que habitan áreas de distinta biodiversidad y la composición de la microbiota de su piel encontrando que los alérgicos tienen menor diversidad de gamma-proteobacterias provocando ello una disminución en la expresión de interleuquinas IL-10, citoquinas antiinflamatorias de las células mononucleares de la circulación periférica. De ahí que concluyan que muy probablemente hay relación entre la biodiversidad del entorno natural y el riesgo de alergias.

Dato a tener muy en cuenta dada la cantidad de casos de alergia que empieza a haber en todos los países industrializados. Según un grupo de la Universidad de Londres coordinado por R. Gupta el 39% de los niños británicos y el 30% de los adultos estaban ya afectados por algún tipo de alergia -especialmente asma- hace 14 años. Y es que su trabajo apareció en 2004 en Clinical and Experimental Allergy.

Un grupo del University College de Londres dirigido por G. A. Rook asevera por su parte en un artículo publicado en 2013 en Proceedings of the National Academy of Sciences USA que las modernas prácticas agrícolas, el desarrollo de las ciudades y el estilo de vida urbano disminuyen mucho las oportunidades que tienen las personas de exponerse a una rica biodiversidad, tanto biológica como microbiana, explicando ello el aumento exponencial de las enfermedades alérgicas y autoinmunes en el moderno mundo urbanizado. Si a eso le agregamos las extremadas medidas de profilaxis que caracterizan al entorno moderno -desde el uso sistemático de insecticidas y plaguicidas hasta la cloración del agua- y el abuso de antibióticos es obvio que solo nos queda el bosque -selvas aparte- como auténtico oasis de biodiversidad al que poder exponer nuestros organismos y modular así tanto las células inmunitarias como el sistema neuroendocrino.

Queda añadir que según afirma un numeroso grupo de investigadores de varias universidades finlandesas dirigido por N. Fyhrquist -el trabajo apareció en 2014 en Journal of Allergy and Clinical Immunology- son varias las especies del grupo de las Acinetobacter que dominan las colonias bacterianas residentes en nuestra piel y zona bucofaríngea protegiéndonos de los brotes alérgicos al tiempo que regulan los procesos inflamatorios. La acción potenciadora de estas bacterias sobre los linfocitos Th1 en las células dendríticas regula incluso el estado inflamatorio de las vías respiratorias. Y que realmente es así lo corroboraría un nuevo equipo de investigadores finlandeses encabezado por Jenni Lehtimäki dándolo a conocer en un artículo publicado en abril de 2018 en Proceedings of the National Academy of Sciences USA con el título de Skin microbiota and allergic symptoms associate with exposure to environmental microbes (La microbiota de la piel y los síntomas alérgicos se asocian con la exposición a los microbios del medio ambiente).

Terminamos este artículo indicando que el ingeniero forestal español Jaume Hidalgo impulsó desde el Instituto del Medio Ambiente de la Universidad de Girona -encargado de la protección y conservación de los antiguos bosques y santuarios forestales de Cataluña- el llamado Proyecto Selvans -nombre de una antigua divinidad etrusca- siendo precisamente una de sus actividades la organización de “baños del bosque”; de hecho cuentan hoy con siete itinerarios en bosques de esa provincia. Lo mismo que hace en Cantabria Nansa Natural, encargada de la conservación del bosque del Alto Nansa, al sur de San Vicente de la Barquera. Y otro tanto cabe decir de Terres de l’Ebre que lleva en Tortosa a darse «baños de bosque» al Parque Natural dels Ports.

Y ahora plantéese en serio pasear de forma habitual por bosques naturales lo más frondosos posible porque su cuerpo se lo agradecerá.

María López

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