Inesperado y radical giro en el caso de Antonio Meño Ortega

Tras ocho meses acampados en plena calle para reclamar que se haga justicia con su hijo Antonio, en “coma vigil irreversible y sumido en vida vegetativa” desde el día en que se le realizó una rinoplastia, el inesperado testimonio de un médico que estuvo presente en el momento de los hechos ha cambiado de forma radical el caso. Se trata del doctor Ignacio Frade quien ha reconocido por escrito que el estado actual deAntonio Meño Ortegase debió probablemente a la negligencia del anestesista que le atendió quien habría estado mintiendo todos estos años. De ahí que el abogado de la familia, Luis Bertelli, ha pedido al Tribunal Supremo que se anulen las anteriores resoluciones judiciales ya que se adoptaron basándose en un alegato que ahora se demuestra falso: la existencia de un vómito que nunca se produjo.

La presencia de la familia Meño en la plaza Jacinto Benavente de Madrid -frente a uno de los edificios del Ministerio de Justicia- se ha convertido en algo habitual para los madrileños que a diario pasean por el centro de la capital. Ocho meses llevan instalados allí malviviendo junto a su hijo, víctima de un coma irreversible. Tan habitual se ha vuelto ya su presencia que quizás para muchos han pasado a formar parte del paisaje urbano pero afortunadamente siempre hay alguien que se acerca a interesarse por su historia.

Tal fue de hecho el caso del doctor Ignacio Frade, uno más de los que se acercó por curiosidad… solo que su testimonio puede cambiarlo todo. Porque resulta que el relato que escuchó le era en parte conocido…

La dramática historia de los Meño (lea en nuestra web –www.dsalud.com–  los detalles en el artículo que con el título Luis Bertelli: “Los jueces deben responder ante la ley como cualquier ciudadano” publicamos en el nº 122) comenzó en 1989 cuando su hijo Antonio, entonces con 20 años, decidió someterse a una rinoplastia y lo que debió haber sido ser una sencilla intervención terminó en un coma irreversible por anoxia (falta de oxígeno en el cerebro). Llevado al asunto a los tribunales el Juzgado de Instrucción nº 19 de Madrid dictaría sentencia sobre el caso y condenó en marzo de 1993 al anestesista, Francisco González Martín, por una falta de negligencia o imprudencia al haber extubado al paciente antes de que recuperara la respiración espontánea siendo ello lo que provocó que se tragara un vómito -al encontrarse sin reflejos para reaccionar- como consecuencia de lo cual se quedó sin oxígeno lo que le afectó al cerebro. Tal es lo que se desprendía de los “hechos comprobados” según la sentencia. Sin embargo, recurrida ésta, la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid absolvió al anestesista en Octubre de 1993 en una decisión sorprendente al valorar de distinta manera las declaraciones de los testigos y peritos sin siquiera haber celebrado una nueva vista. Finalizada así la vía penal -por las peculiaridades de nuestro sistema judicial- los Meño tuvieron que acudir a la vía civil perdiendo en todas las instancias. Porque en todas ellas se dio por buena la versión del anestesista: Antonio habría sufrido un vómito cuando ya respiraba espontáneamente y él había hecho todo lo posible para evitar la privación de oxígeno. A pesar de que ninguno de los presentes confirmó la versión del anestesista.

Lo más lamentable sin embargo es que aquellas sentencias hicieron vivir a la familia Meño un auténtico vía crucis judicial y personal que finalizó con una condena a pagar casi ¡400.000 euros! para abonar las costas derivadas de los honorarios de los procuradores y abogados ¡del anestesista, la clínica y las compañías aseguradoras! Fue el momento en que el abogado Luis Bertelli -presidente de la Fundación Justicia Responsablee Independiente (JUREI)- se ofreció a ayudarles demandando a los jueces que habían intervenido en el proceso civil e impugnando las costas.

Cuando la familia Meño terminó su relato en la plaza el doctor Frade no podía dar crédito a lo que acababa de escuchar. Porque él sabía perfectamente que los padres de Meño tenían razón, que el estado de su hijo era el resultado de una negligencia ya que ¡él había estado allí en ese momento, en el quirófano de la Clínica NuestraSeñorade América, el mismo día y a la misma hora en que fue intervenido Antonio. Es más, presenció todo lo acontecido así que, estupefacto ante lo que había pasado luego y que él ignoraba, se ofreció de inmediato a aportar su testimonio. Y así lo hizo en declaración firmada que sería presentada ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid por Luis Bertelli en el marco de la denuncia contra los magistrados que fallaron contra los Meño. Un testimonio que el Dr. Frade está dispuesto a ratificar ante el Supremo si es necesario en el posible recurso de revisión presentado.

“¡DIOS MÍO, SE HA DESCONECTADO!”  

Generalmente la suerte no suele estar del lado del débil pero en esta ocasión la declaración del doctor Frade junto al trabajo incansable de Bertelli, -autor por cierto, recordémoslo, de la obra Juecesa juicio (de servidores de la Ley han pasado a ser sus amos)- puede contribuir a desmontar un entramado de intereses corporativos y resoluciones poco o nada razonadas. “Estoy persuadido de que esta declaración en el recurso de revisión –nos diría Bertelli- tirará por tierra cuanto ha sido hecho en el proceso faltándose a las más elementales reglas de la ética y de la verdad”.

Nosotros debemos añadir que es de elogiar el testimonio del Dr. Frade porque podía haber mirado para otro lado -como hacen siempre muchos- y haber seguido con su tranquila vida profesional. Pero fue honesto… y valiente porque nunca es fácil nadar contra los intereses corporativos.

La lectura de su testimonio, en suma, es vital para entender lo que realmente sucedió aquel 3 de julio. El Dr. Frade cuenta que él se encontraba allí porque acababa de obtener la licenciatura en Medicina y Cirugía aprendiendo junto al doctor Miguel Ballester Diez, encargado de la operación. Estaba pues como mero observador sin participación alguna en la intervención. Y esto es lo que cuenta en el testimonio escrito que firmó el pasado 13 de febrero: “Durante la intervención observé que en el monitor de frecuencia cardíaca del quirófano se producía una alteración del ritmo cardíaco por lo que hice un comentario en quirófano y llamaron a la auxiliar de clínica circulante ya que no se encontraba en quirófano el anestesista. El anestesista estaba en otro quirófano en ese momento y la auxiliar de clínica volvió al quirófano donde estaba operándose Antonio Meño diciendo: “¿Qué queréis, que el anestesista está intubando en otro quirófano?” Acto seguido le informaron que algo no marchaba bien y que por favor viniera urgentemente a ese quirófano donde se estaba realizando la rinoplastia.Al cabo de unos minutos apareció el anestesista, levantó los paños que cubrían la cabeza del paciente y comprobó que el tubo de anestesia endotraqueal conectado a la máquina a través de la cual respiraba el paciente SE HABÍA DESCONECTADO Y EL ANESTESISTA EN ESTE MOMENTO EXCLAMÓ: ¡DIOS MÍO, SE HA DESCONECTADO! (las negritas, mayúsculas y subrayado pertenecen al escrito original que reproducimos).

La declaración del Dr. Frade prosigue así: “Inmediatamente el anestesista conectó el tubo a la máquina y comenzó a ventilar al paciente con oxígeno puro y posteriormente le intentó despertar, cosa que no consiguió. Posteriormente dejaron al paciente en coma barbitúrico inducido y pasó a la UVI”.

Hasta ahí la relación de los hechos. El doctor Frade termina sin embargo su declaración explicando la razón de su silencio durante todos estos años. “Pasado el tiempo –escribe- Miguel Ballester me comentó que él había sido absuelto y que el anestesista había sido condenado, considerando que había recibido una indemnización económica para paliar el daño que se le había producido. Posteriormente un día, paseando por la plaza Jacinto Benavente, vi acampada a la familia Meño con su hijo pidiendo Justicia porque no había recibido ninguna cantidad y le condenaban en costas lo que me llevó a hacer la presente declaración que firmo por triplicado”.

Escalofriante. Evidentemente el testimonio del Dr. Frade completa silencios, dudas, olvidos inexplicables de los testigos durante el primer juicio -¿quién puede llegar a olvidar algo así?-, versiones encontradas sobre la duración de la intervención… y de paso confirma en buena parte lo recogido en la sentencia del primer juez que entendió sobre el tema y el único de todos los jueces que han intervenido en este caso que habló personalmente con los implicados (ahora sabemos que no con todos). “QueAntonio Meño Ortega –decía la sentencia del Juzgado de Instrucción nº 19 de Madrid– fue extubado antes de haber recuperado la respiración espontánea, y que hallándose la glotis falta de reflejos, consecuencia de estar bajo los efectos de la anestesia, el vómito que se produjo de forma casi inmediata, 4 o 5 segundos después de extubar, según afirmación del propio (anestesista), pasó directamente a la tráquea, produciendo un broncoespasmo severo, sufriendo durante al menos cuatro minutos una deprivación aguda de oxígeno, y que si el anestesista antes de extubarle hubiera esperado unos minutos más y por tanto a unos fiables signos reveladores (y por tanto visibles y apreciables cuando menos también para la enfermera del quirófano que estaba presente y le ayudaba en su actuación) de que Antonio Meño Ortega había recuperado su respiración espontánea, entonces y sólo entonces debía proceder a su extubación”.

Lo que no sabía entonces ese juez -porque nadie quiso decírselo al parecer- es que según el Dr. Frade el anestesista ¡no estaba siquiera en el quirófano! cuando el tubo se desconectó. Bueno, pues a pesar de no saber ese fundamental dato el juez entendió que su actitud fue “negligente por imprudente” y  “generadora de responsabilidad penal y civil”.

FRENTES JUDICIALES 

Como el lector supondrá Luis Bertelli tardó muy poco en presentar este testimonio, primero ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid como parte de su demanda civil contra los jueces que anteriormente habían entendido del caso por considerar que la “familia fue perdiendo instancias por errores secuenciales de los magistrados”. Y después ante el Tribunal Supremo solicitando la revisión de la Sentencia de fecha 14/12/1998 dictada por el Juzgado de Primera Instancia nº 11 de Madrid, de la posterior de la Audiencia Provincial de Madrid y de la dictada al respecto por el Tribunal Supremo.

El sufrimiento de la familia Meño ha sido sin embargo ya tal que Bertelli preferiría llegar a un acuerdo extrajudicial con las partes. “Hemos esperado un tiempo prudencial –nos diría- con el fin de permitir a las partes reclamantes retirar su pretensión y contactar con la familia Meño para buscar una solución extrajudicial que ponga fin a su inmerecido sufrimiento de décadas. No ha sido así por lo que hemos presentado  el recurso de revisión por maquinación fraudulenta y pondremos en marcha el ejercicio de cuantas otras acciones legales procedan. Ya está bien de sufrimiento para una familia que desde hace 20 años no sabe lo que es no sólo disfrutar de un hijo porque lo perdieron si no de un minuto de descanso”. Y por maquinación fraudulenta según Bertelli debe entenderse toda actuación de la parte que haya ganado en un juicio de forma “engañosa, falaz y contraria a la verdad para obtener el resultado procesal pretendido”.

La maquinación fraudulenta –escribe Bertelli en su recurso de revisión- que denunciamos surge a su vez de hechos ajenos al pleito y que por desconocidos no fueron alegados ni discutidos en el mismo aprovechándose de tal circunstancia  el anestesista y la clínica demandados para hacer valer la versión contenida en el informe del primero, contraria a la verdad, siendo palmario el nexo causal existente entre tal proceder malicioso y las resoluciones judiciales cuya rescisión se pretende al  basar éstas su fallo en dicha versión falsa”.

La declaración del Dr. Frade aportada al Supremo podría ser decisiva no sólo para liberar del pago de las costas a los Meño sino también para dar la vuelta a todo el proceso judicial. “El testimonio del Dr. Frade demuestra –afirma Luis Bertelli-que la familia Meño se enfrentó a una maquinación fraudulenta montada sobre un hecho inexistente: un vómito que nunca se produjo. Y tengo su solicitud expresa  para ir por la vía penal contra todo aquel que siga mintiendo”.

La buena noticia es que los Meño no tendrán que preocuparse al menos de las costas por el momento porque el Supremo ya ha respondido a la petición de Bertelli impugnando las mismas como “excesivas”,  declarando nula la cantidad reclamada: unos 400.000 euros. De hecho antes de esta resolución del Supremo la jueza del Juzgado de Primera Instancia nº 11 de Madrid ya había suspendido de forma cautelar la ejecución de las mismas, iniciada precisamente por uno de los cuatro jueces -en este caso una jueza- que intervinieron en el proceso civil y que han sido demandados.

Debemos añadir que antes de conocerse el testimonio del Dr. Frade las buenas gestiones de Luis Bertelli habían permitido conseguir que la clínica renunciara a cobrar lo que reclamaba y las demás partes implicadas se habían mostrado dispuestas a rebajar sus pretensiones a la cuarta parte de lo solicitado… salvo una persona: ¡el anestesista! Éste se mostró inflexible sobre el cobro de las costas que le correspondían, en torno a 70.000 euros. Solo que las cosas han cambiado radicalmente. Ahora se sabe la verdad y van a tener que ser quienes hasta ayer reclamaban cantidades exorbitantes los que deberán intentar llegar a un acuerdo extrajudicial y pagar o enfrentarse a un nuevo proceso que podría acabar con condenas penales para ellos.

La familia Meño–nos recordaría Bertelli- no buscó nunca beneficio económico por el daño que se le hizo a su hijo. Solo pretendieron y pretenden que se les ayude económicamente a paliar el gasto que origina su cuidado, a poder pagar a las personas que necesitan para ayudarles y poder descansar pues desde hace 20 años no se han podido separar un solo minuto de la cabecera de la cama de su hijo. Se van haciendo mayores y les faltan las fuerzas para levantarlo, lavarlo y alimentarlo. A estas alturas ya solo piden lo necesario para poder cuidarlo dignamente”.

 Sonia Barahona

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Abril 2010
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